viernes, 13 de abril de 2018

Pequeñas frases entresacadas de «Gaudete et Exultate»... Para una lluvia de ideas en torno a la santidad


«Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad» (n. 15).

«El Señor lo pide todo y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados» (n. 1).

«La palabra "feliz" o "bienaventurado", pasa a ser sinónimo de "santo", porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha» (n. 64).

«Para poder ser perfectos, como a él le agrada, necesitamos vivir humildemente en su presencia, envueltos en su gloria» (n. 51).

«Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión» (n. 4).

«La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final» (n. 109)

«La misericordia tiene dos aspectos: es dar, ayudar, servir a los otros, y también perdonar, comprender» (n. 80).

«El consumismo solo empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo» (n. 128).

«El Evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida» (n. 67).

«Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión» (n. 26).

«Que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7)» (n. 11).

«Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada sólo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias para dedicar mucho tiempo a la oración» (n. 14).

«¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?’, la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas» (n. 63).

«La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (n. 21).

«La misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios. Ella "es la llave del cielo"» (n. 105).

«El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. Ser cristianos es "gozo en el Espíritu Santo"» (n. 122).

«Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida» (n. 158).

«En definitiva, Cristo "es nuestra paz" (Ef 2,14), vino a "guiar nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc 1,79)» (n. 121).

«Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (n. 6).

«Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida» (n. 42).

«Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor» (n. 126).

«Hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo» (n. 125).

«Las bienaventuranzas son como el carnet de identidad del cristiano» (n. 63).

«Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús» (n. 176).

«Acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?» (n. 98).

«La vida cristiana es un combate permanente» (n. 158).

«Llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad» (n. 32).

«Lo que más hay que cuidar es el corazón» (cf. Pr 4,23)» (n. 84).

«El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor» (n. 169).

«El nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada» (n. 1).

«La oración confiada es una reacción del corazón que se abre a Dios frente a frente, donde se hacen callar todos los rumores para escuchar la suave voz del Señor que resuena en el silencio» (n. 149).

«Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos» (n. 16).

«Permitámosle al Maestro que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será sólo palabras» (n. 66).

«No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría» (n. 32).

«La Palabra de Dios nos reclama: "Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad" (Ef 4,31)» (n. 113).

«Su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor» (n. 54).

«Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra» (n. 14).

«Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras» (n. 135).

«Para todo discípulo es indispensable estar con el Maestro, escucharle, aprender de él, siempre aprender» (n. 150).

«Una cosa es un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio, otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo. (n. 38).

«Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro» (n. 66).

«En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos» (n. 8).

«La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas» (n. 141).

«Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo» (n. 7).

«Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra» (n. 14).

«Algunos grupos cristianos dan excesiva importancia al cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos. De esa manera, se suele reducir y encorsetar el Evangelio, quitándole su sencillez cautivante y su sal» (n. 58).

«El camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos "con las lámparas encendidas"(Lc 12,35)» (n. 164).

«La medida que usemos para comprender y perdonar se aplicará a nosotros para perdonarnos. La medida que apliquemos para dar se nos aplicará en el cielo para recompensarnos. No nos conviene olvidarlo» (n. 81).

«El desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal» (n. 163).

«No nos hace bien mirar desde arriba, colocarnos en el lugar de jueces sin piedad, considerar a los otros como indignos y pretender dar lecciones permanentemente. Esa es una sutil forma de violencia» (n. 117).

«No dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero examen de conciencia» (n. 169).

«Es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista» (n. 101).

«Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos» (n. 58).

«Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu» (n. 24).

«Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora» (n. 31).

«Quien de verdad quiere dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia» (n. 107).

«Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio» (n. 19).

«La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio» (n. 158).

«A cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)» (n. 2).

«Quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento» (n. 164).

«Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque "quien quiera salvar su vida la perderá" (Mt 16,25)» (n. 90).

«Es una gracia que necesitamos suplicar: "Señor, cuando lleguen las humillaciones, ayúdame a sentir que estoy detrás de ti, en tu camino"» (n. 120).

«Hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20)» (n. 136).

«La devoción a la Palabra de Dios no es solo una de muchas devociones, hermosa pero algo opcional. Pertenece al corazón y a la identidad misma de la vida cristiana. La Palabra tiene en sí el poder para transformar las vidas» (n. 156).

«Hay una actividad que al unirse a la contemplación no la impide, sino que la facilita, como las obras de misericordia y piedad » (n. 46).

«En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad "de la puerta de al lado", de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, "la clase media de la santidad"» (n. 7).

«¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia» (n. 135).

«Solo la caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo caridad, no soy nada (cf. 1 Co 13,2)» (n. 56).

«Ruego que no entendamos el silencio orante como una evasión que niega el mundo que nos rodea» (n. 152).

«Que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación» (n. 31).

No dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero "examen de conciencia"» (n. 169).

«Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (n. 10).

«Lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, no la cantidad de datos y conocimientos que acumulen» (n. 37).

«Dios nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida» (n. 135).

«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» (n. 9).

«En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad» (n. 15).

«Todos estamos llamados a ser testigos, pero "existen muchas formas existenciales de testimonio" (n. 11).

«Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad» (n. 19).

«Un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos» (n. 93).

«El amor fraterno multiplica nuestra capacidad de gozo, ya que nos vuelve capaces de gozar con el bien de los otros: "Alegraos con los que están alegres" (Rm 12,15)» (n. 128).

«Es necesario pensar que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido mirados con compasión divina» (n. 82).

«No aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural» (n. 160).

«La felicidad es paradójica y nos regala las mejores experiencias cuando aceptamos esa lógica misteriosa que no es de este mundo, como decía san Buenaventura refiriéndose a la cruz: "Esta es nuestra lógica" (n. 174).

«Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas; o bien a decirle al Señor humildemente: "Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras"» (n. 49).

«Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza» (n. 89).

«Son necesarios algunos momentos solo para Dios, en soledad con él (n. 149).

«La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación» (n. 92).

«Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia» (n. 153).

«La vida comunitaria, sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos (n. 143).

«La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria» (n. 101)

«En cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado, está presente la imagen misma de Dios» (n. 61).

«El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia es "el corazón palpitante del Evangelio" (n. 97).

«No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23)» (n. 15).

«Ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis» (n. 96).

«La santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo» (n. 129).

«El mejor modo de discernir si nuestro camino de oración es auténtico será mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia» (n. 105).

«Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados» (n. 140).

«En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven » (n. 85).

«Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros» (n. 133).

«Si no advertimos nuestra realidad concreta y limitada, tampoco podremos ver los pasos reales y posibles que el Señor nos pide en cada momento, después de habernos capacitado y cautivado con su don» (n. 50).

«El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio» (n. 155).

«El encuentro con Jesús en las Escrituras nos lleva a la Eucaristía, donde esa misma Palabra alcanza su máxima eficacia, porque es presencia real del que es la Palabra viva» (n. 157).

«Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros "para que te labren y ejerciten"» (n. 141).

«Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos» (n. 175).

«Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar» (n. 177).

«La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: “Dios te salve, María…”. (n. 176)

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