sábado, 31 de diciembre de 2022

Ha sido llamado a la Casa del Padre el Papa Emérito Benedicto XVI...


Al amanecer de hoy 31 de diciembre, último día de este año de 2022, me enteré de la muerte del Papa Emérito Bendicto XVI. Quiero dedicar unas cuantas líneas como un homenaje para el Papa —como he afirmado en otras ocasiones— a mi juicio, más inteligente de la historia de la Iglesia. De entrada quiero decir que saludé más veces a Benedicto XVI cuando era cardenal que cuando fungió como Sumo Pontífice. Lo recuerdo desde que yo era novicio y estudiaba en Roma, varias veces lo saludé en la plaza de San Pedro, pues, para ir a su trabajo en el Vaticano en el hoy llamado «Dicasterio de la Doctrina de la Fe», del que estuvo al frente por muchos años bajo el pontificado de san Juan Pablo II, cruzaba caminando con sencillez y respondiendo al saludo de quien lo interceptaba, como yo en varias ocasiones. Siendo Papa lo saludé dos veces, una de las cuales, en el aula Pablo VI, quedó plasmada en una fotografía que no logro encontrar. La otra vez fue dentro de la Basílica de San Pedro en una audiencia. Lo recuerdo siempre humilde, sencillo, reservado, prudente, con una discreta sonrisa y gran sabiduría. Comparto ahora algunos datos de su vida y les invito a leer, para conocerlo más y mejor, la biografía «Benedicto XVI, el custodio de la fe» escrito por Andrea Tornielli.

El Papa Benedicto nació en Marktl am Inn, diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927 (Sábado santo), hijo de Joseph Ratzinger y Maria Peintner. Fue bautizado ese mismo día con el nombre de Joseph Aloisius. Su papá, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera, de condiciones económicas más bien modestas. Su madre era hija de artesanos de Rimsting, en el lago Chiem, y antes de casarse trabajó de cocinera en varios hoteles. Joseph pasó su infancia y su adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad cerca de la frontera con Austria, a treinta kilómetros de Salzburgo. En ese marco, que él mismo ha definido «mozartiano», recibió su formación cristiana, humana y cultural. La fe y la educación de su familia lo preparó para afrontar la dura experiencia de esos tiempos, en los que el régimen nazi mantenía un clima de fuerte hostilidad contra la Iglesia católica. Precisamente en esa compleja situación, descubrió la belleza y la verdad de la fe en Cristo. En los últimos meses de la segunda guerra mundial fue enrolado en los servicios auxiliares antiaéreos. De 1946 a 1951 estudió filosofía y teología en la Escuela superior de filosofía y teología de Freising y en la universidad de Munich. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1951. En el año 1953 se doctoró en teología con la tesis: «Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de san Agustín». Fue profesor de teología dogmática y fundamental en varias universidades de Alemania. De 1962 a 1965 dio una notable contribución al concilio Vaticano II como «experto». El 25 de marzo de 1977, el Papa san Pablo VI lo nombró arzobispo de Munich y Freising. El mismo Papa lo creó cardenal, del título presbiteral de Santa María de la Consolación en Tiburtino, en el consistorio del 27 de junio de ese mismo año.

En 1978 participó en el Cónclave, celebrado del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I. En el mes de octubre de ese mismo año participó también en el Cónclave que eligió a Juan Pablo II. San Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Al frente del hoy dicasterio de la doctrina de la fe presentó al Santo Padre el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Escribió muchos libros, varios de los cuales he podido leer y entre los cuales ocupa un lugar destacado: «Introducción al Cristianismo». Recibió numerosos doctorados «honoris causa». Fue un experto pianista y su compositor favorito era Mozart. En el año de 2012, el 21 de abril, beatificó a nuestra fundadora la madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Amó entrañablemente a la santísima Virgen María de la que afirmó: «Cuando la Virgen dijo su “sí” al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva era de la historia, que se sellaría después de la Pascua como “nueva y eterna alianza”». Descanse en paz el Papa Emérito Benedicto XVI quien falleció la mañana de hoy a los 95 años de edad, en el monasterio «Mater Ecclesiae» situado en la Ciudad del Vaticano, del que había hecho su residencia tras su renuncia al papado. 

Padre Alfredo.

«Llegamos al último día del 2022»... Un pequeño pensamiento para hoy


Llegamos al último día de este 2022 en el que seguramente todos hemos tenido de todo, porque así es la vida. Seguramente en algunos momentos hemos experimentado muy viva la presencia de Dios y en algunos otros quizá haya quién se haya preguntado dónde está Dios en este momento. Ciertamente los hombres y mujeres de fe tenemos mucho que agradecer a nuestro Señor al mirar hacia atrás hasta llegar al 1 de enero de este 2022 que culmina. Eso nos hace ser agradecidos y elevar una oración bajo la mirada dulce de la Madre de Dios que nos cobija con su manto. Hoy les comparto una oración que me encontré y que nos viene muy bien para rezar con calma:

«Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de Ti. Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir. Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría. Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. Perdón por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Dentro de muy poco iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos. Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene solo de bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de Ti. Danos, con el cobijo de tu santa Madre, un año feliz y enséñanos a repartir felicidad». ¡Bendecido sábado, ultimo día del 2022!

Padre Alfredo.

viernes, 30 de diciembre de 2022

«La Sagrada Familia y nuestras familias»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo estas líneas pensando, en este día en que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, en mi familia y en todas las familias del mundo. Imagino al Divino Niño en brazos de sus padres José y María en el pequeño establo de Belén y me transporto así, al corazón de cada una de las familias que a lo largo de mi vida he conocido y con muchas de las cuales he compartido momentos inolvidables de gozo, de alegría, de pena, de dolor; momentos de esperanza y de desilusión; momentos de triunfos y fracasos que me han compartido. Leo detenidamente el pasaje del Evangelio que la liturgia de este día nos deja (Mt 2,13-15.19-23) y me imagino la escena de la Sagrada Familia, muy unida frente a la adversidad de tener que huir a Egipto para escapar de las manos de Herodes.

Así, en este día, doy gracias al Señor, como digo, por estas familias que se han cruzado por mi vida en tantos lugares tan diversos: vuelo a recordar familias en las diversas partes de México en donde como misionero he estado, en los Estados Unidos, en Alemania, en España, en Italia, en Costa Rica, En Irlanda en Colombia y en Sierra Leona. Repaso sus rostros, los de todos los que me acuerdo y pido por cada una de estas comunidades de vida y amor. Pido al niño Jesús por la intercesión de María y José por todas ellas y en especial por las familias más frágiles; por las que han pasado o están pasando por momentos de crisis, por los esposos que no tienen trabajo, por las familias de madres que han sido abandonadas, por las familias de los inmigrantes, por las familias con enfermos y ancianos. Y aprovecho estos días en que tengo la oficina de la parroquia cerrada para estar más con la familia parroquial en un ambiente más de fiesta y gratitud y también con mi familia de sangre, compartiendo estos días con mi madre, con mi hermano y su familia.

Pero pienso también en la mundanidad, que ha decretado que familia, fidelidad, obediencia, virginidad, respeto a la vida... queden fuera de la bolsa de los valores de hoy. Pienso en cada padre, que debe ser en el hogar la autoridad que libera a los hijos de la debilidad, del desconcierto y de la indiferencia. Pienso de igual manera en cada madre, que es amor que no deja al hijo sin la figura más entrañable para madurar. Pienso en cada uno de los hijos, que, de la Iglesia doméstica que es el hogar, beben la fe que han de proclamar en medio de este mundo tan confundido y cuyo valor de la familia, como digo, busca hacer a un lado... No digo más, simplemente me brota exclamar: Jesús, José y María, comunidad de fe, comunidad de esperanza, comunidad de amor. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 29 de diciembre de 2022

«Santo Tomás Becket»... Un pequeño pensamiento para hoy

Estamos en el quinto día de la «Octava de Navidad». Este día la Iglesia prolonga su gozo por rememorar el nacimiento de nuestro Salvador y celebra, en forma de conmemoración, la memoria de santo Tomás Becket, un obispo y mártir (1118- 1173) que defendió los derechos de la Iglesia y que murió asesinado en la Catedral de su diócesis de Canterbury. Creo que como este santo, hay muchos más que no son muy conocidos, por eso me quiero detener hoy a hablar de santo Tomás Becket, de manera que su testimonio de vida nos impulse a buscar la santidad en el ambiente en que Dios nos ha puesto. Empiezo mi breve reflexión diciendo que nació en Londres en 1170 y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Fue un gran amante del camino trazado por Cristo para alcanzar la santidad y muy devoto de la santísima Virgen María.

A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del arzobispo de Inglaterra —el de Canterbury— quien vio en Tomás cualidades excepcionales para el trabajo. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia. Tomás como buen diplomático, había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y éste en acción de gracias por tan gran favor, nombró a Tomás —cuando sólo tenía 36 años— como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. El rey Enrique II lo propuso para arzobispo, pero él no quería aceptar. Fue un cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice Alejandro III que lo convenció de que aceptara. Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo: «Si acepto ser arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo». Algunos que envidiaban su condición, empezaron a calumniar al arzobispo en presencia del rey, quien, en un estallido de cólera exclamó: «No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?».

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, a pesar de que sabía todo el bien que Tomás hacía y lo recto que era en su tarea episcopal, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. No opuso resistencia. Murió diciendo: «Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica». Tenía apenas 52 años. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contra el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido hizo penitencia durante dos años, para obtener la reconciliación en 1172. Pidamos a María santísima, rectitud de intención en nuestras vidas y en nuestros compromisos seguros que, como en el caso de santo Tomás Becket, el premio será grande en los cielos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

«Los santos inocentes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Dios es más fuerte que todo el mal que la humanidad pueda hacer. los santos Inocentes, a quienes hoy celebramos en esta octava de Navidad, sin saberlo, han compartido la muerte de Jesucristo y ahora comparten por siempre su gloria. En Dios, todo es gracia. Y al final del camino humano está su vida. Desde el siglo VI de nuestra era, la Iglesia venera en este día a los santos Inocentes, ese conjunto de niños que fueron masacrados por el rey Herodes que buscaba acabar con Jesús, el Divino Niño nacido para nuestra salvación creyendo que le destronaría y le restaría poder. Antes que nada quiero pensar que estos niños mártires, hoy, también tienen nombres concretos en niños, jóvenes, parejas, personas mayores, inmigrantes, enfermos... que piden la respuesta de nuestra caridad.

Sea cual sea la exacta historicidad de la huida a Egipto y del episodio de los niños de Belén que nos narra el Evangelio de hoy (Mt 2,13-18), muy creíble dada la envidia y maldad del rey Herodes, el pasaje de san Mateo nos ayuda a entender toda la profundidad del nacimiento del Mesías. Es la oposición de las tinieblas contra la luz, de la maldad contra el bien. Se cumple lo que Juan dirá en su prólogo: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron». Herodes, sigue habiendo, eso ni dudarlo, pero nosotros... ¿cómo andamos en la vivencia de nuestro compromiso cristiano de vivir la caridad y de defender la vida?

Estos niños son víctimas inocentes e inconscientes del odio y la crueldad con que será tratado Jesús, hasta ser llevado por sus enemigos a la muerte de cruz. Hace dos días conmemorábamos al primer mártir cristiano, a San Esteban. Pero los niños de Belén son sus precursores. Y todos ellos, Esteban y los inocentes mártires, son modelos para nuestra vida cristiana. A nosotros tal vez no nos tocará morir mártires para confesar el nombre de Cristo, pero, de la mano de María, su Madre, debemos presentarle el testimonio cotidiano de vivir de acuerdo a sus enseñanzas, a su Evangelio, es decir, de vivir en el amor y en servicio desinteresado a los demás. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 27 de diciembre de 2022

«San Juan Evangelista en la Octava de Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


San Juan, apóstol y evangelista, en sus escritos, nos habla del amor-comunión de Dios con nosotros, y del amor que hemos de tener a los hermanos. Hoy, en el marco de la octava de Navidad, se celebra su fiesta, ya que es el prototipo de los que hemos de ser discípulos–misioneros de Cristo a quien en estos días contemplamos como un pequeño Niño, recién nacido, en pañales y cobijado en brazos de su Madre. A Ella, al contemplar a san Juan muy de cerca, le pedimos que nos haga un espacio en su regazo para seguir viviendo con corazón de niño estos días de Navidad.

San Juan fue el «discípulo amado» del Señor, que junto con su hermano Santiago el Mayor y Pedro, fue testigo de la gloria de la transfiguración de Jesús y de su agonía en el Huerto. En la última cena reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús y éste le comunicó la traición de Judas. Estuvo presente en el Calvario, al pie de la cruz en la que moría Jesús, y de sus labios recibió a María como su segunda madre. Con ella vivió después en Éfeso, según la tradición. Fue también el primero en llegar a la tumba vacía del Resucitado y el primero en creer, como nos lo narra el Evangelio de hoy (Jn 20,2-9).

Después de haber celebrado ayer a san Esteban, el testimonio del apóstol san Juan. nos habla hoy de un gran testigo que nos ayuda a profundizar en el misterio de la Navidad y a la vez relaciona estrechamente a ese Niño recién nacido con el Cristo que nos salva a través de su entrega pascual y su resurrección. Juan es el teólogo de la Pascua, pero también es el teólogo de la Navidad. Nadie como él ha sabido condensar la teología del Nacimiento de Cristo en el prólogo de su Evangelio: la Palabra, que era Dios, se ha hecho hombre. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

«San Esteban, protomártir de la Iglesia»... Un pequeño pensamiento para hoy


Apenas acabamos de celebrar el nacimiento de nuestro Redentor el día de ayer y hoy, 26 de diciembre, la Iglesia nos pone la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir de la Iglesia. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como un hombre lleno de gracia y de Espíritu Santo que fijó su mirada en Cristo (cf. Hch 6,8-10; 7,55). En este hombre se verificó plenamente la promesa de Jesús a la que hace referencia el texto evangélico de hoy (Mt 10, 17-22); es decir, que los creyentes llamados a dar testimonio en circunstancias difíciles y peligrosas no serán abandonados y desprotegidos: el Espíritu de Dios hablará en ellos.

Al igual que Esteban, también nosotros estamos llamados a fijar la mirada en el Hijo de Dios, que en el clima gozoso de la Navidad contemplamos en el misterio de su Encarnación. Con el Bautismo y la Confirmación, con el precioso don de la fe alimentada por los Sacramentos, especialmente por la Eucaristía, Jesucristo nos ha vinculado a Sí y quiere continuar en nosotros, con la acción del Espíritu Santo, su obra de salvación, que todo rescata, valoriza, eleva y conduce a su realización. 

Dejarse atraer por Cristo, como hizo san Esteban, significa abrir la propia vida a la luz que la llama, la orienta y le hace recorrer el camino del bien, el camino de una humanidad según el designio de amor de Dios que, encarnándose en el seno de María, se ha hecho hombre. Esta fiesta de san Esteban siempre se celebra inmediatamente después de la Navidad para que, siendo el protomártir, esté lo más cercana a la del nacimiento del Hijo de Dios de quien él es testigo entregando su vida. Esto nos hace mirar más de fijo al Hijo de Dios que en estos días contemplamos en el pesebre, custodiado por María su Madre y José. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 25 de diciembre de 2022

«El pregón de Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos el glorioso nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén. Reflexionar en esto llena nuestros corazones de gratitud a Dios que, haciéndose hombre, viene para alcanzarnos la salvación. hoy no escribo de mi puño y letra, sino que quiero invitarles a reflexionar conmigo el hermoso pregón de la Navidad que reza así: «Os anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo; escuchadla con corazón gozoso: Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra y, asignándoles un progreso continuo a través de los tiempos, quiso que las aguas produjeran un pulular de vivientes y pájaros que volaran sobre la tierra. Miles y miles de años, desde el momento en que Dios quiso que apareciera en la tierra el hombre, hecho a su imagen y semejanza, para que dominara las maravillas del mundo y, al contemplar la grandeza de la creación, alabara en todo momento al Creador.

Miles y miles de años, durante los cuales los pensamientos del hombre, inclinados siempre al mal, llenaron el mundo de pecado hasta tal punto que Dios decidió purificarlo, con las aguas torrenciales del diluvio. Hacía unos 2.000 años que Abraham, el padre de nuestra fe, obediente a la voz de Dios, se dirigió hacia una tierra desconocida para dar origen al pueblo elegido. Hacía unos 1.250 años que Moisés hizo pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham, para que aquel pueblo, liberado de la esclavitud del Faraón, fuera imagen de la familia de los bautizados. Hacía unos 1.000 años que David, un sencillo pastor que guardaba los rebaños de su padre Jesé, fue ungido por el profeta Samuel, como el gran rey de Israel. Hacía unos 700 años que Israel, que había reincidido continuamente en las infidelidades de sus padres y por no hacer caso de los mensajeros que Dios le enviaba, fue deportado por los caldeos a Babilonia; fue entonces,  en medio de los sufrimientos del destierro, cuando aprendió a esperar un Salvador que lo librara de su esclavitud, y a desear aquel Mesías que los profetas le habían anunciado, y  que había de instaurar un nuevo orden de paz y de justicia, de amor y de libertad.

Finalmente, durante la olimpíada 94, el año 752 de la fundación de Roma, el año 14 del reinado del emperador Augusto, cuando en el mundo entero reinaba una paz universal, hace 2000 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenía sitio en la posada, de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús,  Dios eterno,  Hijo del Eterno Padre, y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador  que los hombres esperaban. El es la Palabra que ilumina a todo hombre; por él fueron creadas al principio todas las cosas; él, que es el camino, la verdad y la vida, ha acampado, pues, entre nosotros. Nosotros, los que creemos en él, nos hemos reunido hoy, o mejor dicho, Dios nos ha reunido, para celebrar con alegría la solemnidad de Navidad, y proclamar nuestra fe en Cristo, Salvador del mundo. Hermanos, alegraos, haced fiesta y celebrad la mejor noticia de toda la historia de la humanidad». Junto al pesebre, contemplando al Divino Niño, con María su Madre y san José, les deseo a todos: ¡Una muy feliz Navidad en este bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Oración para bendecir la mesa de Noche Buena


Bendice, Señor, nuestra mesa en esta noche de Luz.

Quienes vamos a cenar celebrándote, 

sabemos que la fiesta eres Tú que nos invitas a nacer siempre de nuevo.

 

Gracias por el pan y el trabajo, por la generosidad y la esperanza.

Llena nuestra mesa de fuerza y ternura para ser personas justas, 

llena de paz nuestras vidas y que la amistad y la gratitud alimenten cada día del año.

 

Tú eres bendición para nosotros, por eso, 

en esta noche fraterna, bendice la tierra toda, bendice nuestro país.

Bendice esta familia y esta mesa.

Bendícenos a cada uno de los que estamos aquí.

Amén.

«El cántico de Zacarías nos prepara a la Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estamos ya en vísperas de la Navidad. Hoy el Evangelio es el cántico del Benedictus (Lc 1,67-79), que probablemente era también un cántico de la comunidad, pero que san Lucas pone en labios de Zacarías, el padre de Juan el Bautista, que nos ayuda a comprender el sentido que tiene la venida del Mesías. Hoy, víspera de la Navidad, tras la preparación de las cuatro semanas de Adviento, este himno nos llena particularmente de alegría, pregustando ya la celebración del nacimiento del Señor esta noche.

Quiero aprovechar para meditar en los nombres de la familia del Precursor —Juan el Bautista— que hacen todo un programa de la presencia de Dios en nuestras vidas: Isabel significa «Dios juró», Zacarías, «Dios se ha acordado», y Juan, «Dios hace misericordia». En este canto del Benedictus —que la Iglesia entona cada mañana en el rezo de Laudes— cantamos o proclamamos que todo lo anunciado por los profetas se ha cumplido «en la casa de David, su siervo», con la llegada de Jesús. Que Dios, acordándose de sus promesas y su alianza, «ha visitado y redimido a su pueblo». Que Él nos libera de nuestros enemigos y de todo temor, y que por su entrañable misericordia «nos visitará el sol que nace de lo alto».

A la luz de este cántico evangélico nos adentramos en el día y la noche del año en que más desahogamos nuestra ternura. Las familias se reúnen, los recuerdos nos unen a los que tenemos más lejos... Hoy sacamos al niño que todos llevamos dentro y le dejamos manifestarse, dar y recibir ternura y amor, sin miedos, sin la inhibición con que habitualmente lo reprimimos. Hoy, en lo más central de la Navidad, está permitido ser niño y despedir temporalmente a nuestro adulto. Demos rienda suelta al corazón y experimentemos, aunque sea brevemente, cómo sería un mundo lleno de ternura. Navidad no deja de ser una fiesta que nos llena de esperanza. Con María y José, recibamos a Jesús. ¡Bendecido sábado en el que cae la Noche Buena!

P. Alfredo.

viernes, 23 de diciembre de 2022

«El frío externo y el corazón ardiente»... Un pequeño pensamiento para hoy


Todo parece indicar que esta Navidad, ya inminente, será bajo cero aquí en Monterrey. Se sabe que hace muchos años que el clima no estaba así. En la parroquia tendremos dos Misas de Noche Buena —7 y 8— y las del día de la Navidad el domingo a la 1 y a las 7. Vamos a ver quiénes desafían al frío y asisten a celebrar el nacimiento de nuestro Salvador. Hay quienes me han dicho que será una ocasión para celebrar en la intimidad del hogar este hecho que vino a cambiar el giro de la humanidad, pero junto con muchos, pienso también en tanta gente pobre que no tiene con que cobijarse y en cuyas vidas quiere también nacer nuestro Señor. Se dice que el frío se mantendrá durante este fin de semana de Navidad, lo que hará que esta sea la Navidad más fría en aproximadamente 40 años aquí en la Sultana del Norte y en otros lugares del norte de México.

Para el hombre y la mujer de fe, el frío exterior no apaña el calor que siente el corazón ante inminente llegada de nuestro Redentor. Pobres y ricos, jóvenes y ancianos, niños y adultos preparamos nuestro interior para celebrar este gran acontecimiento pidiendo que el Niño Dios nazca en nuestro ser. La última de las antífonas de la «O» nos ayuda a mantenernos en este ambiente de espera: «Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!». Necesitamos que venga Dios a nosotros y que se quede con nosotros. Necesitamos que se ponga a nuestro alcance, que recorra nuestros caminos y conduzca nuestros pasos. Necesitamos que sienta como nosotros, que conozca nuestras debilidades y nos transmita la fuerza para superarlas. Necesitamos que se haga cercano y amigo, dispuesto a cargar con nuestros fardos y capacitado para curar nuestras heridas. Necesitamos que nos enseñe palabras de vida, que hable al corazón, Legislador que meta su ley en el pecho, promotor de la nueva cultura, la civilización del amor, el reino de la verdad.

La liturgia de la Misa del día de hoy —Mal 3,1-4.23-24; Sal. 24; Lc 1,57-66— dirige nuestras miradas hacia la figura de Juan el Bautista en su nacimiento. Él, el precursor del Mesías nos abre el camino para dejarnos alcanzar por el amor de Dios Padre que envía a su Hijo. Tanto Isabel como Zacarías están de acuerdo en una cosa: la esperanza de Israel no se ha perdido, la utopía es posible. El niño presagia que las expectativas no son inútiles: Dios se ha acordado de su pueblo y envía a un mensajero que prepara el camino para la irrupción del tiempo definitivo. Dejemos que resuene la voz de Juan, en este Adviento que nos invita a la vigilancia, a no vivir dormidos, aletargados, sino con la mirada puesta en el futuro de Dios y el oído presto a escuchar la palabra de Dios. Cada Adviento es ponerse en marcha al encuentro del Dios que siempre viene y ya vamos llegando al final de este tiempo litúrgico para abrir paso a la Navidad. Contemplando a María, ya casi para dar a luz a Jesús, caminemos hacia la dicha de la Navidad. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 22 de diciembre de 2022

«El Magníficat en Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


El canto del Magníficat —que ayer comentaba que se rezaba todos los días por la tarde en la oración de Vísperas— ocupa el espacio del Evangelio en la Misa de hoy (Lc 1,46-56). Y es que la Esposa de Cristo —La Iglesia— quiere hacer suyos los sentimientos de María, tipo y modelo de la Iglesia, y orar con las palabras de la Madre de Dios, pidiendo al Espíritu Santo que llene los corazones de los fieles con las mismas actitudes que tuvo María ante Dios para prepararse así a la llegada de Jesús al corazón. Ya sabemos que las palabras de la Virgen en los Evangelios son escasas. Por eso, este himno nos permite conocer a María santísima por dentro, saber cuáles eran sus sentimientos ante la obra inmensa de la Redención que estaba comenzando dentro de su seno inmaculado.

Así, contemplando estas bellísimas palabras de este maravilloso himno bíblico, nos gozamos por la llegada, ya inminente de la Navidad y con ello la llegada del Rey de las naciones y el deseado de los pueblos. Esto nos lo recuerda la antífona de la «O» del día de hoy que reza: «Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo: ven y salva al hombre, que formaste del barro de la tierra.

Contemplemos con emoción a ese Rey y Deseado de las naciones que es capaz de destruir todos los muros y murallas que separan y aíslan a los pueblos; que consigue hacer que se entiendan y hablen la misma lengua los antiguos constructores de torres babilónicas. Él es capaz de unificar a todos los pueblos; pero una unidad que no mata la diferencia, una unidad armoniosa, pluriforme y liberadora. El es capaz de hacer de todos los pueblos y razas una sola familia, en la que todos se sientan como hermanos verdaderos. Vayamos jubilosos a su encuentro esperándolo con José y María en la inminente Noche Buena. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

«Oh Sol que nace de lo alto»... Un pequeño pensamiento para hoy


El día 17 que empecé a compartir algo sobre las antífonas de la «O» les dije que estas antífonas se utilizaban en las «Vísperas». Alguien me preguntó: ¿Qué son las Vísperas?». Y ahora empiezo mi reflexión comentándoles que se llama «Vísperas» al rezo de los salmos para la tarde en la Liturgia de las Horas, que es la oración por excelencia de la Iglesia después de la Santa Misa. En esta oración, compuesta por salmos y otras partes de la Biblia, incluye siempre recitado o cantado el Magnificat de María, ese cántico de alabanza a Dios de cuando fue a visitar a su parienta santa Isabel. Este cántico del Magníficat se introduce y concluye con una antífona que en estos días, del 17 al 23, tiene una categoría y características especiales con las antífonas de la «O», que, según las he ido compartiendo, ustedes se dan cuenta de que son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven».

La antífona de hoy reza así: «Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia: ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». La historia nos señala que muchos pueblos primitivos adoraban al sol, como padre de vida y fuente de energía. Muchos romanos, no tan primitivos, celebraban a finales de diciembre, cuando los días empiezan a ser más largos, el nacimiento del sol invicto, siempre triunfador del frío y las tinieblas. Nosotros mismos admiramos la fuerza y la belleza del sol, que tanto se necesita. Pero, a pesar de este sol espléndido, a pesar de toda nuestra iluminación artificial y de nuestras cómodas calefacciones, el mundo sigue en tinieblas y el mundo muere de frío porque necesita al «Sol que nace de lo Alto» que es Jesucristo, a quien el Evangelio de hoy (Lc 1,39-45) nos lo presenta como fruto bendito del vientre de María.

¡Cuánta necesidad tiene el mundo de hoy de este fruto bendito del vientre de María que es el «Sol que nace de lo Alto»! Nos invaden en nuestro mundo las tinieblas del odio, de la insolidaridad, de la división. Nos enfrían cada vez más los vientos helados de la violencia y el resentimiento. Se dice que el sol proporciona muchas vitaminas y hablando de este «Sol que nace de lo Alto», necesitamos que venga a hacernos fuertes y a levantar el debilitamiento anímico, por falta de esta vitamina. Preparemos muy bien nuestros corazones para recibir todo lo que Jesús trae consigo y nos quiere otorgar. Todo lo que nos puede fortalecer, todo lo que puede iluminar las tinieblas que nos envuelven. Con María y José caminemos hacia la luz de la Navidad. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 20 de diciembre de 2022

«Llave de David»... Un pequeño pensamiento para hoy


La historia sagrada de nuestra salvación, nos muestra que el hombre es, desde su caída, un preso que está encerrado en la cárcel tenebrosa del error y de la muerte, y necesita una llave para salir. La Iglesia, en este tiempo de Adviento, pide esa llave con la cuarta antífona: «Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel; que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte». El ser humano ha de ser liberado de las consecuencias del pecado y ha de ser liberado por el Mesías Salvador que nace de una Virgen, como hoy nos recuerda el Evangelio (Lc 1,16-38).

En esta antífona, se alude claramente a la profecía de Isaías 22 en la que se dice de el Mesías que vendrá, que sobre él recae la llave de la Casa de David. Sí, Jesús es la llave de nuestra salvación porque Él abre la puerta a la vida nueva que viene después de una conversión. Por eso anhelamos la llegada de Cristo a nuestras vidas para que nos abra la mente y el corazón a los valores del Reino que Él mismo viene a instaurar.

Vuelvo al Evangelio de hoy para ver que el diálogo que se establece entre el ángel y María, puede considerarse como una de las escenas más densas y significativas del evangelio, la experiencia religiosa más trascendental en la historia de una persona y el símbolo del diálogo de Dios con la humanidad. Dios dice su «sí» salvador, y la humanidad, representada en María, responde con su «sí» de acogida: «hágase en mí según tu palabra». Gracias a ese «sí» nacerá la «Llave» que nos abrirá las puertas de la salvación. Con María sigamos viviendo estos días de Adviento. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 19 de diciembre de 2022

«Vidas paralelas y el Renuevo de Jesé»... Un pequeño pensamiento para hoy


A partir de este día, en nuestro camino del Adviento, las dos lecturas de cada día, en la Misa presentan paralelismos y contrastes muy claros, según el estilo de «las vidas paralelas», para ayudarnos a entender los planes de Dios. Hoy, por ejemplo, escuchamos el anuncio del nacimiento de Sansón (Jc 13,2-7.24-25( y el de Juan el Bautista (Lc 1,5-25). Sansón debió ser un forzudo campesino, que llegó a hacer cosas increíbles. Ha sido Dios quien le ha elegido como instrumento en su plan de salvación para Israel. Le hace nacer de padres estériles, cuya oración escucha, y da su fuerza a este joven que ha quedado consagrado a Dios, que se sirve muchas veces de las personas más débiles, pero esta vez busca la colaboración de un hombre conocido por su mucha fuerza para que libere al pueblo de la opresión de los filisteos. Pero cuando Sansón se cree protagonista, y utiliza la fuerza para si mismo, Dios le retira su ayuda, y cae en manos de los enemigos.

En el evangelio, Dios interviene preparando el nacimiento del precursor del Mesías. También en este caso los padres son estériles: así se ve siempre más claro que es Dios el protagonista de nuestra historia de salvación. El hijo de Zacarías e Isabel se llamará Juan, llenará de alegría a todos, también estará consagrado a Dios, estará lleno del Espíritu y convertirá a muchos israelitas al Señor. Será el precursor de Jesús. En el anuncio del ángel se describe muy bien esta misión: «irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto».

Todo esto sintoniza muy bien con la antífona «O» de este día que dice: «Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ven a librarnos, no tardes más». Esta antífona, que habla de Jesús como «un signo para los pueblos», nos hace ver que es Dios quien salva, también hoy. No debemos fiarnos de nuestras propias fuerzas: ni de las físicas como las de Sansón ni de las intelectuales o espirituales, si creemos tenerlas. Cuando Sansón se independizó de Dios perdió su fuerza. Por su parte, Juan el Bautista nunca se creyó el Salvador, sino sólo la voz que proclamaba cercano y presente a ese «Renuevo del tronco de Jesé que es Jesús. Que con María y José, a la luz de todo esto, nuestra actitud en vísperas de la celebración navideña sea la de una humilde confianza en el Señor. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 18 de diciembre de 2022

«Contemplando a san José en el Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es bastante tarde, casi media noche y yo apenas me pongo a escribir. No olvido que estoy compartiendo con mis 17 lectores las antífonas de la «O» que se rezan en la oración de Vísperas y la de hoy reza así: «Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ven a librarnos con el poder de tu brazo». Sí, el Señor viene a librarnos de todo mal. Acercándonos a recibirlo con un corazón sencillo y humilde, como el de san José, de quien el Evangelio de hoy nos habla (Mt 1,18-24), seguramente nacerá nuevamente en nuestro corazón. Ante la figura de san José me quedo en silencio. Lo contemplo en una bellísima imagen que Rogelio y Elisa me regalaron, «san José dormido», que por estos días, en la sala de la casa de mi madre, ha cedido el puesto para allí colocar al Niño Jesús y él, dormido, ha pasado a ocupar un pequeño espacio sobre el trinchador. Lo veo, además, en la escena del nacimiento que colocó también mamá en un estratégico lugar de la sala y le digo: «José, buen José, ¿me ayudas con el pequeño pensamiento de hoy?» No me responde, pero me lleva a leer y me encuentro con un largo pensamiento del Jesuita Javier Gafo (31 de julio de 1936 - 5 de marzo de 2001) que será, mejor, lo que les comparto hoy: 

«En nuestros nacimientos eres, buen José, una figura de segundo plano; casi de tan poca importancia, como el buey y la mula, que una vieja y bella tradición franciscana, situó a ambos lados del Niño. Tú quedas ahí, casi escondido, al lado del misterio del gran Dios, convertido en carne de niño. Poetas conocidos —también los del pueblo— han cantado a ese niño pequeño, Palabra bendita del Dios hecho carne; y también a la Madre pura y sencilla cuyas manos trémulas y firmes acunaban al recién nacido. De ti, con tu barba blanca, hasta sonreían nuestros villancicos, con ratones que roían tus calzones... Y tú estabas firme allí, sintiendo la emoción del padre que espera a su primer hijo. Porque, ¿era tan importante y definitivo que no llevase tu misma sangre? “No tengas reparo”, te había dicho el ángel. No porque dudases de tu esposa, sino porque dudabas de ti mismo; no te considerabas digno, hombre bueno y humilde, de estar cerca del misterio del Dios, que se había metido en tu hogar.

“No tengas reparo”: también lo escucharías en tu interior en la noche de la cueva de Belén... “Le pondrás por nombre Jesús”: Eres tú el que tienes que ponerle ese nombre, que es salvador de los hombres. Eres tú, con tus brazos jóvenes y firmes, —¿por qué te hemos pintado anciano?— el que trabajarás para él; eres tú, en el que el niño se mirará para aprender a ser hombre, cuando crezca día a día, en años, estatura y sabiduría. “No tengas reparo”: nos lo dice hoy el buen José, a los que no osamos acercarnos al misterio del buen Dios... Dios necesita nuevos hombres justos, figuras de segundo plano, que ponen sus manos y su corazón, al servicio del Dios hombre y también del hombre hermano, hecho ya sacramento de aquel que tuvo José entre sus manos en la noche oscura de Belén». ¿Verdad que no tengo más que decir? Sigamos viviendo estos días de las ferias mayores de Adviento con un corazón sencillo y dócil como el de san José y acompañémosle a él y a María en esta dulce espera. Amén. ¡Bendecido domingo IV de Adviento!

Padre Alfredo.

sábado, 17 de diciembre de 2022

«Las ferias mayores de Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy

Entramos ya a la última parte del Adviento y con ello a lo que se llama «Ferias mayores de Adviento». Estas ferias, comprenden los ocho días previos a la solemnidad de la Natividad del Señor, y la liturgia se centra con mayor énfasis en la preparación de la conmemoración anual del nacimiento del Redentor. Los textos litúrgicos, que ya he comentado en años anteriores, nos van disponiendo para acoger y contemplar a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Por ejemplo, el día de hoy, el Evangelio (Mt 1,1-17) nos narra una genealogía —la de Jesucristo— que nos anuncia que el que va a nacer es hijo de esta humanidad que viene a redimir esta humanidad, pero que al mismo tiempo es el hombre nuevo, el Nuevo Adán, una creación nueva, el Hijo de Dios.

Estos días especiales del Adviento, están acompañados por las llamadas «Antífonas de la O» que se recitan los primeros siete días de las ferias mayores y que se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en español «Oh». Estas antífonas fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, como un resumen de los deseos de salvación de toda la humanidad, como un compendio del espíritu del Adviento y se rezan como antífona del cántico evangélico en la recitación de las Vísperas, que es el rezo de la Liturgia de las Horas que se hace al atardecer de cada día. Cada una de estas antífonas empieza, como digo, por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento: el 17, Sapientia (Sabiduría); el 18, Adonai (Señor poderoso); el 19, Radix (Raíz); el 20, Clavis (Llave); el 21, Oriens (Oriente); el 22, Rex (Rey); y el 23 Emmanuel (Dios con nosotros).

Cada día, iré compartiendo cada una de estas antífonas, en español, con el deseo de que las conozcamos o las recordemos y preparemos así la llegada del Mesías a nuestro corazón, a nuestra familia, a nuestra comunidad. Y es que a eso nos ayudan, a preparar el camino del Señor que ya llega. Si la primera letra en latín, después de la «O» en cada una, se lee en sentido inverso, ser forma el acróstico «ero cras», que significa «vendré mañana». La antífona de hoy reza así: « Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación». Aprovechemos estos días en las posadas y en la reflexión de estas antífonas en este tiempo mariano por excelencia. Recurramos a la Virgen María, que, como modelo de esperanza, nos enseña a prepararnos a la venida del Salvador. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 16 de diciembre de 2022

«Empezamos las posadas»... Un pequeño pensamiento para hoy


¿Quién de nosotros —sobre todo si somos mexicanos— no recuerda las posadas cuando éramos pequeños? La petición de posada con los peregrinos de carne y hueso con niños disfrazados de José y María, la Misa de barrio por el mismo motivo, el rezo del Santo Rosario, la piñata, las bolsitas o aguinaldos... Hoy, 16 de diciembre, como cada año, se inicia la vivencia de esta tradición que se inició con la llegada de los españoles es que se establecieron los festejos llamados «Misas de aguinaldo», del 16 al 24 de diciembre. Dichas misas eran realizadas al aire libre, en donde se leían pasajes y se realizaban representaciones alusivas a la Navidad, lo que hoy conocemos como «Pastorelas».  Además, se daban pequeños regalos a los asistentes conocidos como «aguinaldos».

Fue el superior del convento de San Agustín de Acolman, Fray Diego de Soria, quien obtuvo del Papa Sixto V en 1587, el permiso que autorizaba en la Nueva España la celebración de esas «Misas de aguinaldo» Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos y posteriormente, las piñatas. Estas fiestas, que son un novenario para celebrar la Navidad, se establecieron, a su vez, para recordar el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazaret hasta Belén, donde buscan un lugar para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús. Por eso es costumbre de vestir a un niño de san José y a una niña de María para ir pidiendo la posada.

Influencias extrañas a nuestra cultura y a nuestra fe, han ido adulterando, o al menos diluyendo la vivencia de las mismas. Una muestra de esto son las llamadas también «posadas», fiestas paganas que se han convertido en bulliciosas fiestas donde el gran ausente es Jesús. En estas fiestas no están presentes los tradicionales peregrinos, han enmudecido los cantos y ya no arden las multicolores velitas. En estas «posadas», el abundante alcohol ha venido a suplir el tradicional ponche de granada, de tamarindo, de jamaica etc. Esto ha hecho que hoy por hoy poca gente, de manera especial las nuevas generaciones, sepan en realidad qué es una posada y cómo celebrarla. Por eso, en nuestras parroquias, las estamos reviviendo. ¡Bendecido viernes y a pedir posada!

Padre Alfredo.

jueves, 15 de diciembre de 2022

«Viviendo el Adviento con Juan el Bautista»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy el Evangelio (Lc 7,24-30) nos habla de Juan el Bautista, una figura imprescindible en el tiempo de Adviento. La llegada de Juan Bautista a este mundo no pasará desapercibida y muchos se gozarán en su nacimiento (Lc 1,14); se abstendrá de vino y bebidas embriagantes, será un niño consagrado y, como lo prescribe el libro de los Números (6,1), no beberá vino ni licor fermentado. Juan es ya signo de su vocación de asceta. El Espíritu habita en él desde el seno de su madre. A su vocación de asceta se une la de guía de su pueblo (Lc 1,17). Precederá al Mesías, papel que Malaquías (3,23) atribuía a Elías. Nadie en su parentela lleva el nombre de Juan (Lc 1,61), pero el Señor quiere que se le llame así cambiando las costumbres. El Señor es quien le ha elegido, es él quien dirige todo y guía a su pueblo hacia la llegada dichosa del Mesías.

En el texto evangélico de hoy, Cristo declara que Juan no era «una caña sacudida por el viento», sino a un hombre justo que, como predicador, se negó a transigir en sus convicciones ante el repudio de Herodes. Juan proclamó los mandamientos de Dios sin temor a los demás, sin ceder nunca a la opinión popular. Todas las autoridades judías pasaron por alto en silencio el pecado de Herodes; pero Juan nunca pensó en hacerlo. Él se levantó contra ese pecado como una roca, mostrando absoluta fidelidad a Dios ya su Palabra. Se alió con Dios contra el pecado, aun cuando eso le costara la vida (Mt 14,3-12). Todo discípulo–misionero de Cristo debe tomar nota de ello, porque Cristo evaluará el carácter y la oposición contra el pecado que muestre cada uno (Lc 1,17).

Así, este es un buen día, dentro de nuestro camino del Adviento, para revisar cómo es que estamos anunciando a los demás la llegada del Jesús Mesías a nuestros corazones. Son días, definitivamente, en que todos participamos en fiestas cuya celebración gira en torno a la Navidad. Estamos, entre otras cosas, a punto de iniciar oficialmente las Posadas el día 16 y hemos estado ya celebrando anticipadamente el nacimiento de Cristo. El Adviento, acompañados de la figura de Juan el Bautista, nos acerca más al Señor por aquella que, en definitiva, fue quien nos entregó a Jesucristo: la Virgen. Sigamos acompañándola en estos días tan especiales en los que queda fresco el recuerdo de la Inmaculada y de Nuestra Señora de Guadalupe. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

«San Juan de la Cruz y el Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es día de san Juan de la Cruz, uno de los más grandes místicos de la Iglesia, alguien cuya espiritualidad ha influido mucho en otros hombres y mujeres de Dios que, sintonizando con este fraile carmelita, nos ayudan a profundizar en los diversos aspectos que sostienen nuestra fe. San Juan de la Cruz es, además, un poeta profundo que se sirve de la estrofa más genuinamente castellana, como es el romance. En estos romances se une la profundidad teológica con inspiración narrativa del comentario al inicio del Evangelio de San Juan: «En el principio era el Verbo». Él, en sus reflexiones, toma como eje el misterio central del cristianismo en la encarnación del Divino Verbo.

Todos sabemos que la espera y la preparación nunca son fáciles. El tiempo se alarga y la mente tiende a dispersarse por doquier. Sin embrago, la Iglesia nos enseña el sentido de la espera. El Adviento es esa espera. San Juan de la Cruz nos ayuda a vivir plenamente este tiempo privilegiado previo a la Navidad. El Adviento es tiempo de esperanza, de fe, de dilatación del deseo del corazón para recibir a Jesús: un tiempo para esperar con amor el amor. San Juan de la Cruz vivió por el “adventus” —la venida— de su amor más grande, Jesús, y lo buscó incansablemente, reconociendo sus propias limitaciones y dejándose moldear por él.

Durante el Adviento, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la venida de Cristo y es precisamente eso en lo que se enfoca san Juan de la Cruz. Él nos invita a vivir una activa y pasiva espera, dejando que Dios trabaje en el corazón, en las actividades cotidianas que el hombre muchas veces no puede controlar. El Adviento implica espera, pero una espera que da esperanza, San Juan de la Cruz nos enseña que aunque nuestras dificultades —que no faltan— sean terribles y dolorosas, siempre debemos mantener la esperanza de que Dios está obrando. Con este santo que hoy la Iglesia celebra, y con ayuda de María santísima, pidamos que nuestros corazones sean transformados por la luz que brilla en la oscuridad y que la oscuridad no puede vencer. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 13 de diciembre de 2022

«La alegría y el gozo»... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Qué gusto me dio ver la parroquia a reventar —con bancas hasta afuera— para celebrar a la dulce Morenita del Tepeyac! No cabe duda de que nuestro pueblo fiel es guadalupano de todo corazón. Había gente de todas edades, colores y sabores y la Virgen lucía estupenda con el arreglo floral que le hicieron. Estos dos paréntesis marianos que abrimos en el Adviento —La Inmaculada y Guadalupe— nos ensanchan el corazón para recibir con alegría, con inmenso gozo, a Jesús que ya se acerca para venir a ayudarnos a darle a nuestras vidas el sentido que han de tener al sabernos hermanos de Cristo.

Si en algo destacan estas dos celebraciones marianas —aquí en Monterrey hay que añadir la Virgen del Roble que se celebra el 18— es en la actitud gozosa de María, que llena de gracia recibe el anuncio del ángel con inmensa alegría y con esa misma alegría se encamina presurosa a servir a su parienta Isabel para muchos años después venir vestida de guadalupana a nuestras tierras.

Hoy al regresar al camino del Adviento, nos detenemos con una breve estación para celebrar a santa Lucía, virgen y mártir, una santa de los tiempos de la persecución del emperador Diocleciano allá por el año 304. Santa Lucía es patrona de los ciegos porque según se dice, en dos relatos hagiográficos, ella o era ciega o le sacaron los ojos en su martirio. Lo más maravilloso es que aquello no logró quitar de Lucía el gozo y la alegría de vivir eternamente para Dios. Y es que los santos, siempre miran a María y terminan siendo como ella, gozosos. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 12 de diciembre de 2022

«Santa María de Guadalupe, Madre nuestra»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ustedes saben que yo soy mexicano, aunque consciente de que, como misionero, mi corazón ha de ser un corazón universal que supere cualquier tipo de frontera, sin embargo, las raíces mexicanas están en mí y una de esta fortísima raíz es mi esencia guadalupana —incluso mi tercer nombre es Guadalupe—. Los mexicanos solemos poner porcentajes a la pregunta que nos hacen sobre cuántos católicos hay en el país, pero no dudados en decir que el 100% de los mexicanos es guadalupano. El alma de nuestro pueblo es profundamente guadalupana. Y es que santa María de Guadalupe ha estado siempre presente en nuestra historia y en lo más hondo de nuestra fe. Toda la vida espiritual de los mexicanos está fuertemente permeada por una devoción muy tierna y filial hacia la Madre de Dios; y las gestas religiosas más heroicas de nuestro pueblo han estado siempre inspiradas y guiadas por la mano de la Santísima Virgen. México es México gracias a la Virgen de Guadalupe. Sin ella, no se entendería nuestra cultura.

Hoy la celebramos, y el Evangelio (Lc 1,39-48) nos remite a la escena en la que la santísima Virgen se encamina «presurosa» a visitar y ayudar a su parienta Isabel, que, entrada en años, lleva, como Ella, un niño en sus entrañas. Con la misma premura, muchos, muchos años después, se encamina «presurosa», de nueva cuenta, a evangelizar a nuestra gente afirmando que Ella es la Madre del verdadero Dios por quien se vive.  Se apareció a san Juan Diego, se autoproclamó Madre y Reina de todos los mexicanos, y puso su morada en nuestra tierra. Ya todos, creo yo, conocemos la historia.

De esta manera, podemos recordar el día de hoy, con inmensa gratitud, a qué vino santa María de Guadalupe a nuestras tierras de México y América. Es que Ella, siempre «presurosa», quiere manifestar su amor, su ternura, su consuelo y su auxilio a quienes desean conocer a su Hijo, a quienes quieren ser fieles discípulos–misioneros de su Hijo Jesucristo y corresponder a su vocación. También viene «presurosa» a alentar a quienes se encuentran agobiados, atribulados, desamparados, sin esperanza... Vivimos tiempos difíciles, no lo podemos negar, y no podemos quedarnos de brazos cruzados, siendo meros espectadores. Estamos llamados a encaminarnos presurosos a ejemplo de ella, para ser constructores de la sociedad que desea Nuestro Padre común, buscando edificar la civilización del amor. Por algo será que san Juan Pablo II, siempre presuroso como María, durante su cuarto viaje a México, promulgó, aquel 23 de enero de 1999, el día de la Virgen de Guadalupe como fiesta en toda América. ¡Qué dicha tener una Madre tan dulce y cariñosa, y una Reina tan poderosa! Ella es la Madre de Dios y la Madre nuestra. No olvidemos que estamos bajo su cuidado. Con Ella esperemos a Jesús que ya se acerca. ¡Bendecido lunes bajo la mirada dulce de santa María de Guadalupe!

Padre Alfredo.

domingo, 11 de diciembre de 2022

«Ya viene nuestro Salvador»... Un pequeño pensamiento para hoy


Muchos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, están tan confundidos ante el torbellino de tantas ideologías que impregnan el ambiente de la vida diaria, que son capaces de poner sus ilusiones no solamente en gobernantes que apoyen sus ideas raras o les dejen dar rienda suelta a sus impulsos, sino incluso en quienes nunca les han prometido nada ni tienen la intención de hacerlo: cantantes, futbolistas, actores de cine o teatro... Pero también ellos, sin prometer nada, sin presentar solución a ningún problema, son capaces de llenarse de las ilusiones de no pocos: son los ídolos que se enseñorean de las vidas de muchos porque esos muchos así lo han querido.

Para muchos, esta serie de personajes de la vida político o de la farándula, son lo que salva su vida, lo que les da aliento para vivir, los que secundan sus falsas ilusiones. Pero los hombres y mujeres de fe nos preguntamos si todos estos «salvadores» ... ¿son el verdadero salvador que el mundo necesita? El Evangelio de este tercer domingo de Adviento (Mt 11,2-11) nos da la clave para saber si estos salvadores son el verdadero salvador. Basta situarnos ante la pregunta que Juan el bautista manda hacer a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» ¿Qué respuesta pueden dar los abundantes salvadores de nuestro tiempo a esta pregunta? ¿Acaso pueden responder con la misma firmeza con que respondió Jesús? 

Los pequeños salvadores actuales no están capacitados para salvar íntegramente al hombre. Quizá sean capaces de resolver uno o varios problemas, tal vez puedan dar al corazón y al alma un instante de tranquilidad, pero todo lo que pueden ofrecer es efímero, no son incapaces de salvar al hombre en su totalidad por más seguidores que tengan en sus doctrinas y en sus ideologías. El único salvador en plenitud es Cristo a quien esperamos de la mano de María en este Adviento. Ante él palidecen todas las grandezas humanas, incluso todos los montajes religiosos. Este domingo de Adviento nos invita a abrir el corazón para recibir al único que nos trae la salvación plena. ¡Bendecido tercer domingo de Adviento!

Padre Alfredo.

sábado, 10 de diciembre de 2022

«El fuego del Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Empiezo hoy mi reflexión explicando por qué tuve que hacer una corrección en las fechas del nacimiento de san Juan Diego y de su canonización. Resulta que la MacBook Air que me regalaron en el 2014 René y Abby y que me acompaña por doquier desde entonces, ya da señales de ancianidad —hoy todo dura muy poco— y empezó a fallar al escribir las teclas del 1 al 4, por eso, sin percatarme de ello, ayer, que ya era bastante tarde, mandé la reflexión y hasta después me di cuenta de que esas teclas se pusieron rejegas y no quisieron escribir. Hoy la compu ya está en manos de Poncho, el experto en computación que siempre ha visto nuestras máquinas, a ver si puede hacer que resucite. Dios no abandona y escribo con una de las de casa de mi madre.

Seguimos en nuestro camino del Adviento y hoy surge, en la primera lectura de la Misa, la figura del profeta Elías, «el profeta de fuego» cuya palabra, dice la Escritura «quemaba como una llama». Elías entra en la historia bíblica de manera intempestiva, y en este tiempo de Adviento nos viene a recordar el fuego que el Mesías traerá para renovar la tierra y al mismo tiempo nos hace meditar en que el Señor vendrá nuevo y querrá encontrar nuestros corazones ardientes en la vivencia de nuestra fe. Estamos en Adviento pero ya todo habla de la Navidad, Si volteamos a todas partes, vemos mucha decoración a nuestros lados en comercios, oficinas, casas y algunas parroquias que ya han puesto todo lo de Navidad. Nosotros arreglamos para Navidad el día 13, para darle un lugar especial a Nuestra Señora de Guadalupe, como patrona principal de nuestra familia misionera.

Si Cristo vino una primera vez a traer el fuego de la fe que vaticinaba Elías... ¿qué ha pasado con ese fuego? ¿Estamos como sociedad, como familias creyentes, como discípulos–misioneros de Cristo, viviendo en ese fuego en el corazón? El Adviento es un tiempo fuerte de conversión. San Agustín decía que los cristianos debemos convertirnos, cada día, porque la naturaleza humana ha quedado herida por el pecado original y, en consecuencia, al igual que todos los hombres somos proclives a pecar. Es tiempo oportuno de avivar el fuego de nuestra fe. Pidamos a María santísima, a quien ayer celebramos en su Inmaculada Concepción, que nos ayude, que nos aliente, que nos disponga a recibir el fuego que trae Jesús para incendiar a todos en su amor. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 9 de diciembre de 2022

«Escribiendo casi a media noche»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es casi media noche, 11:22 para ser exactos, y yo apenas me voy sentando frente al ordenador —como llaman los españoles a la computadora— para compartir con ustedes mi reflexión para el día de mañana. Casi todos mis 16 ó 17 lectores saben que acostumbro escribir mi reflexión la tarde de un día antes para que alguno, que vive en donde hay otro uso horario, lo tenga a tiempo. Pero hoy no ha podido ser así y aquí me tienen, ya a punto de ir a dormir, pero compartiendo un poco de lo que el señor me manda para ponerme a pensar en Él y en sus intereses. Creo que, como digo, después de encontrarnos cada día por poco más de 5 años, en que escribo cada día mi pequeño pensamiento, tenemos la confianza de sentirnos en familia y perdonar que a estas horas me ponga a escribir. La verdad es que hoy no me puse listo, debí haber escrito al terminar mi oración de la mañana y dejarlo guardado, pero no fue así, me quedé reflexionando en el regalo maravilloso que Dios nos dio con la «Inmaculada Concepción de María» y se me fue el tiempo. Cuando menos pensé ya era hora de irme a Misa y de allí, entre ires y venires, solamente salvé un pequeño espacio para rezar el santo Rosario a las 3 de la tarde y transmitirlo, como todos los días, en mi muro de Facebook.

Entre toda mi actividad en estas últimas horas, destaca el momento maravilloso que vivimos esta tarde el Señor Arzobispo Don Rogelio Cabrera, la madre Georgina Machado, la hermana Silvia Burnes, la señora Sylvia Gómez Elizondo y un servidor, como presentadores del libro que lleva por título «JESUCRISTO» y que escribió hace muchos años la venerable sierva de Dios Gloria María Elizondo, de cuya causa de canonización ustedes saben que soy indignamente el vicepostulador. Este libro, que en vida de la venerable llegó a 90,000 ejemplares en cuatro ediciones, cayó, como muchas obras de profunda y vivida teología en el olvido, pero por gracia de Dios, se ha presentado una nueva edición conservando íntegra la doctrina en la que la madre Gloria María nos acerca a la figura de nuestro Salvador y nos ayuda a crecer en el amor de Dios. Luego vino la Misa de la Inmaculada, presidida por el Señor Arzobispo y la cena para celebrar esta bendición... en fin, el día se acabó pronto. ¡Gracias, padre Hugo por ser tan buen anfitrión y moderador en la parroquia de Nuestra Señora Reina de los Ángeles!

Ahora, luego de tanta palabra, me topo de frente con san Juan Diego, digo que me topo con él porque todos los días 9 de diciembre se celebra a este santo sencillo y dichoso a quien se le apareció la Reina del Cielo vestida de Guadalupana. Juan Diego nació alrededor de 1474 en Cuautitlán, un rinconcito de México a donde llegaron los primeros misioneros que le inyectaron, como a otros más la fe católica. Su causa de canonización, por muy diversos motivos, debió esperar muchos años, pues su canonización se celebró el 31 de julio de 2002. ¡Le pasó como al libro de la madre Gloria! Yo creo que la vida va tan de prisa, que a veces olvidamos o echamos en el cajón de los recuerdos cosas que son muy importantes pero que son rebasadas por otras nuevas que llegan. Pero lo que es de Dios, lo que le pertenece, lo que sale de Él, siempre resalta, en un momento o en otro. Bien dice el Evangelio de hoy (Mt ,6-9), en este camino del Adviento: «La sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras». Bueno, pues llega la media noche y este padrecito se va a dormir, a reparar fuerzas para seguir el día de mañana en los negocios del Señor que a nadie nos deja de su mano. Que María Santísima nos siga acompañando... ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 8 de diciembre de 2022

«La Inmaculada en el camino del Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el camino del Adviento que estamos viviendo y en el que unidos a toda la Iglesia nos estamos preparando para celebrar el misterio del nacimiento del Señor y de su segunda venida, la Iglesia nos invita hoy a contemplar la figura de la Santísima Virgen María, a quien honramos en este día con el título de Inmaculada, reconociendo que en ella Dios obró maravillas inefables al ser concebida sin mancha de pecado. El Papa Francisco, en la Bula Misericordia Vultus dice unas palabras que nos pueden ayudar a reflexionar en torno a esta celebración: 

«Esta fiesta litúrgica indica el modo de obrar de Dios desde los albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.» (Bula, Misericordiae Vultus, n. 3).

En el contexto del Adviento, la celebración de la Inmaculada nos centra más en la verdadera esperanza. Lo que María es —llena de gracia— está llamada a serlo toda la Iglesia. Por ello, la Inmaculada es signo de esperanza. Y no esperamos algo utópico. Lo que esperamos es ya realidad en María. Con ella se ha inaugurada la humanidad nueva. Mirando a la Virgen María, estrella de nuestro Adviento, pidámosle a ella que nos ayude a vivir en nosotros una apertura y disponibilidad del corazón ara acoger en nuestra vida a su Hijo Jesús. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

«Otro Adviento más»... Un pequeño pensamiento para hoy


Con cuánto gozo hemos de vivir este tiempo de Adviento en el que el Señor nos invita a abrir nuestro corazón para recibirlo en un clima de austeridad y de conversión a una vida mejor. ¿Cuántos Advientos llevamos en nuestra vida? Yo creo que, quienes comparten conmigo estos momentos de reflexión llevan, como un servidor, varios Advientos. ¿Cómo los hemos vivido? ¿Cómo hemos experimentado la cercanía del Señor, que viene a salvarnos? ¿Qué prácticas espirituales hemos intensificado en este tiempo de Adviento? Estas son solamente algunas preguntas que cada uno podemos hacernos.

El salmo responsorial de hoy, tomado del salmo 102, tiene un fragmento que reza así: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados». ¡Qué maravilla!, el Señor viene lleno de compasión y misericordia al encuentro de nuestra pequeñez y de nuestra miseria para llenarnos con su gracia. No viene a castigarnos o a fijarse en esa pequeñez nuestra para hacernos menos. No, él viene para llenarnos de gozo y esperanza donándonos una nueva oportunidad de convertirnos a una vida mejor. Él es así, compasivo y misericordioso. Abrámosle un gran espacio en nuestro corazón y en nuestras vidas.

En el lenguaje del mundo antiguo, la palabra «Adviento» era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que salía de su escondimiento para manifestarse con fuerza. Los primeros cristianos adoptaron la palabra para expresar la relación con Jesucristo, el Rey que viene a entrar en esta pobre «provincia» denominada tierra para visitar, lleno de ternura y compasión a todos y llenarnos de su misericordia. Sigamos viviendo intensamente este tiempo de gracia y con José y María preparemos la llegada del Salvador a nuestro mundo, a nuestras casas, a nuestras comunidades y parroquias, a nuestro corazón. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 6 de diciembre de 2022

«Consolad, consolad a mi pueblo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Al abrir el misal mensual, me encuentro con la primera lectura de la misa del día de hoy (Is 40,1-11) que inicia diciendo: «Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios». Son Palabras de Dios, pero son palabras muy humanas, palabras muy significativas que hablan de una gran cercanía del Señor y las siento dirigidas, en especial, a quienes somos pastores del pueblo de Dios. 

El anuncio más consolador que podemos tener en este tiempo de Adviento es que Dios llega, que llega con poder, que perdona a su pueblo sus pecados anteriores, que quiere reunir a todos los dispersos, como el pastor a sus ovejas. Isaías nos ofrece así un retrato poético y amable de Dios como Pastor que vela por su pueblo a través de quienes puedan consolarle. Él tiene entrañas de misericordia para con su pueblo. No quiere que permanezca más tiempo en la aflicción. Ante esta expresión me quedo sencillamente con algunas preguntas: 

¿Ayudamos a otros a volver a la cercanía de Dios? ¿Estamos siendo en este Adviento, ya en su segunda semana, mensajeros de la Buena Nueva para con otros y pastores ayudantes del Buen Pastor? ¿Sabemos consolar a los que sufren y les ayudamos a encontrar el sentido de su vida? ¿Tenemos corazón acogedor para con todos? Sigamos viviendo intensamente este tiempo de Adviento contemplando a María santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación, porque Ella nos trae a Jesús. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 5 de diciembre de 2022

«Angélica, Conchita y Juanita, tres mujeres maravillosas»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy comparto la dicha del cumpleaños de tres mujeres maravillosas que tienen que ver mucho en mi vida, mis tías Angélica y Conchita y la hermana Juanita. Sí, hay gente que por alguna razón especial ocupa un espacio especial en nuestro corazón y en nuestra alma. A mí estas tres mujeres me parecen admirables porque han mantenido en sus vidas el hilo conductor de la fe que les ha hecho llegar hasta esta época de su vida con un joven corazón. Pienso en la primera lectura de la Misa de hoy (Is 5,1-0) en esta palabra sencilla y fuerte que aparece en uno de sus fragmentos: ¡Ánimo! En primer lugar, reflexiono en lo que Dios me ha dado a través de mi tía Angélica, es hermana de mi madre y mi madrina de bautizo —junto con mi tío José, hermano de mi papá que, como él, ya murió— a quien tanto quiero y agradezco el cúmulo de oraciones que ha hecho hasta el día de hoy, a sus más de 80 años. Tía h estado siempre cerca de este su sobrino y ahijado a quien tanto consintió de pequeñito y ayudó a crecer y a quien ahora de sacerdote acompaña con su testimonio de vida y sus valiosas oraciones rogando por mi perseverancia y fidelidad en el ministerio sacerdotal y en mi consagración religiosa como misionero. Me acuerdo de muchos momentos agradables a su lado, algunas idas al cine con ella y su novio —ahora esposo— pero también revivo en mi corazón aquellos momentos en que me subía con ella al púlpito de la Basílica de Nuestra Señora del Roble para rezar el santo Rosario y que me mantienen ahora fiel en esta devoción. 

También en este día cumple años mi tía Conchita, conocida por algunos como Chita y por otros como Connie. Mi tía Chita es prima hermana de mi papá y crecieron juntos de niños, pues sus casas compartían una gran finca en el vecino estado de Coahuila. Así que esta maravillosa mujer es como si fuera hermana de mi padre y a través de ella reflexiono mucho en el regalo de la vida. Muchas veces ha compartido conmigo la historia de su vida, llena de la presencia de la Providencia Divina que nunca abandona, pues pasando por algunas etapas de la vida verdaderamente difíciles, siempre la he visto sonreír. Operada de corazón abierto hace años esa sonrisa no desparece ni se queda quieta, pues tía, a sus casi 90 años, sigue viajando desde su lugar de residencia en Minnesota, en los Estados Unidos para mantener unida a la familia que, por diversos motivos se encuentra dispersada por los Estados Unidos y el territorio mexicano. Ordinariamente desde las 5 de la mañana ya está frente a la computadora para hacer sus oraciones y conectarse con el mundo. ¡Cuántos recuerdos y momentos inolvidables he compartido con ella!

Finalmente voy a la persona de la Hna. Juanita Oropeza, misionera clarisa a quien mucha gente llama con cariño «madre Juanita», título que se ha ganado por vivir intensamente su vocación como religiosa de ser, como decía la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento «madre de las almas». Para mí también ella es como una tía. La conocí yo siendo adolescente, fue mi orientadora espiritual cuando estaba en el grupo de Van-Clar, de donde salí para ir al seminario. La hermana Juanita me ha acompañado en todo mi camino vocacional y el Señor, en su infinita bondad, me ha permitido, por diversos motivos y encomiendas, seguir caminando a su lado y aprender momento a momento de las maravillas que Dios hace en nuestras vidas compartiendo el hermoso carisma Inesiano. Esta maravillosa mujer, visitada por un sin fin de enfermedades y operada físicamente más de 20 veces camina siempre por la vida con una sonrisa en sus labios que parece imborrable y a sus más de 80 años sigue siendo un alma apostólica a quien es difícil frenar. Creo que me extendí mucho, pero como decía santa Teresita: «¡Amor con amor se paga!» Que María santísima siga siendo la fiel compañera de estas tres mujeres maravillosas. ¡Bendecido lunes y muchas felicidades a Angélica, Conchita y Juanita!

Padre Alfredo.

domingo, 4 de diciembre de 2022

«Se vale soñar con una Iglesia de puertas abiertas»... Un pequeño pensamiento para hoy


La historia de la humanidad y la historia sagrada en particular, nos dejan en claro que todos los profetas son soñadores empedernidos. Este segundo domingo de Adviento, Isaías, un hombre de Dios, profeta y poeta al mismo tiempo, sueña en la primera lectura de la Misa de hoy (Is 11,1-10) con lo que ha de venir a la llegada del Mesías: la reunión de todos los pueblos de la tierra, el cese de todas las guerras y contiendas, la paz entre todos los hombres. Para eso utiliza imágenes que nos muestran una «nueva creación», una situación en donde no habrá fuerzas hostiles al hombre... donde el hombre no sentirá temor... donde los instintos agresivos estarán dominados... donde todos los hombres podrán convivir en paz unos con otros. ¡Qué necesario es a la humanidad de nuestros tiempos ese sueño y esa promesa! Una promesa que ya ha sido cumplida en la primera venida del Hijo de Dios y que espera llegar a su plenitud con su segunda venida.

Ayer sábado tuvimos aquí en la arquidiócesis de Monterrey, el último de los 7 encuentros de nuestra Asamblea Diocesana el cual estuvo dedicado a la dimensión de la Pastoral Familiar. El tema nos llevó a ver cuáles son los sueños que nuestra Iglesia tiene en torno a la familia, eje sobre el cual gira la vivencia de la fe fuera de nuestros Templos para impregnar el ambiente en el que, sumergidos los discípulos–misioneros de Cristo, ha de hacer el espacio que el Señor merece para tener un mundo mejor. ¡Se vale soñar como Isaías! Se vale caminar con esperanza de que lo que soñamos ahora se hará realidad no de forma mágica, sino con nuestro compromiso llevado a plenitud.

Más de 480 personas estuvimos en este encuentro eclesial que nos llena de esperanza. Obispos, sacerdotes, religiosos y muchos fieles laicos compartimos momentos de oración y de diálogo Buscando ser, no soñadores de ilusiones, sino soñadores de una realidad que, uniéndonos en familia de fe, nos llevarán a seguir construyendo la civilización del amor. Isaías, en la lectura de hoy, emplea una imagen muy expresiva: habla de un tronco del que brotará un renuevo, una rama nueva, llena de vigor. Es el Mesías, el Enviado de Dios. Sobre él descenderá el Espíritu de Dios con todos sus dones. Con el nacimiento del Mesías irrumpe el Reino de Dios en el mundo y en la historia humana y ahora esperamos su segunda venida mientras nos encaminamos al día en que celebraremos el gozo de recordar su primera venida. Que María santísima nos ayude a que nuestro sueño, se haga realidad. ¡Bendecido segundo domingo de Adviento!

Padre Alfredo.

sábado, 3 de diciembre de 2022

«San Francisco Javier y nuestro Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es día de san Francisco Javier, uno de los primeros compañeros de san Ignacio de Loyola que se convirtió cuando escuchó de Ignacio la frase del Evangelio: «¿De qué te sirve ganar el mundo si arruinas tu vida?...» Su testimonio de vida en santidad, nos viene bien para hacer nuestra reflexión de este día recordando que estamos en el tiempo del Adviento. Sabemos que «Adviento» significa advenimiento y es el tiempo en que la Iglesia nos invita a tener la esperanza en la segunda venida del Salvador. Yo creo que también sabemos que los misioneros siempre mantenemos viva la esperanza de que sean muchos los que conozcan a Cristo y anhelen su venida. 

San Francisco Javier estuvo en tierras de Asia llevando esa esperanza en el Salvador al que esperamos de nueva cuenta. Él nació el 7 de abril de 1506 en el Castillo de su familia en Navarra. Aún recuerdo la impresión que me provocó, cuando yo era novicio y pasé por España unos días y visité aquel castillo con sus torres y sus almenas, su puente levadizo, un castillo como de cuento. Decidido a entrar en los jesuitas, gracias al testimonio de san Ignacio, Francisco Javier hizo sus primeros votos en Montmartre el año 1534, ordenándose sacerdote tres años después en Venecia. Murió en 1552, siendo declarado Patrón de las misiones.

El salmo responsorial de hoy, tomado del salmo 6, tiene un fragmento que dice: «El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas. Tiende su mano a los humildes». Como misionero, en este día de san Francisco Javier y en este tiempo de Adviento, pienso en tanta gente que aún no conoce a Dios y no puede gozar conscientemente de su misericordia, de su perdón, de su gracia, y le pido a este ínclito misionero que interceda por todos los misioneros para que no decaiga nunca el ánimo en nosotros y llevemos gozosos el nombre de Cristo a todos los rincones del mundo. Que María, Reina de las misiones, nos ayude. ¡Bendecido sábado

Padre Alfredo.