jueves, 30 de marzo de 2017

QUE TU PASIÓN ME MUEVA A COMPASIÓN... Viacrucis Breve I*

Mi santa madre me ha compartido que, desde que éramos pequeños, tiene la costumbre de escribir cada cuaresma un viacrucis breve —de su propia inspiración o basado en alguna de su infinita colección de viacrucis, novenas, rezos y demás— para orar con él cada viernes de este tiempo fuerte y privilegiado. Esto gracias a que acabo de dar con dos de ellos en mi visita relámpago a Monterrey para celebrar su cumpleaños número 82 y los iré compartiendo con su previa autorización y alguna que otra modificación... ¡Cuántas de nuestras mamás no harán lo mismo y, como yo, ni cuenta nos hemos dado!

QUE TU PASIÓN ME MUEVA A COMPASIÓN
El camino que he de recorrer,
la verdad que debo proclamar,
la vida que tengo que vivir...
¡Te seguiré, Señor, quiero compartir estos momentos, 
pues somos una sola cosa!
(viacrucis de 1994)

Acto de Contrición: Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo no volver a pecar, confío en que por Tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.


PRIMERA ESTACIÓN
«JESÚS ES CONDENADO A MUERTE»


Reflexión: Fueron mis pecados los que retorcieron esa soga en torno de tus muñecas y las anudaron con fuerza.

Propósito: La fuerza de la gracia solo se recibe si estoy libre de pecado. Debo procurar vivir en estado de gracia frecuentando el sacramento de la reconciliación y pedir y dolerme del pecado que se comete en el mundo.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


SEGUNDA ESTACIÓN
«SE OBLIGA A JESÚS A CARGAR LA CRUZ»


Reflexión: Él no fue obligado, eso se pensó, pero es por amor a mí por lo que abraza la cruz y acoge los pecados del mundo. Yo debo acoger en la misma forma la cruz de cada día y no imponer, por mi descuido, cruces a los demás.

Propósito: Si quiero seguirte muy cerca, Jesús amado mío, he de hacer lo que tú hiciste y cumplir siempre con mis deberes y obligaciones.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


TERCERA ESTACIÓN
«JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ»


Reflexión: Jesús, la fortaleza divina, enardecida por el amor, te levantó después del tambaleo, el tropiezo y la caída.

Propósito: El contemplar tu primer caída, Señor Jesús, me mueve a pedir perdón por los que no han podido levantarse y a suplicar al Padre celestial fortaleza, y la gracia de no  condenar a las almas por sus caídas, porque yo también caigo debido a que soy miseria.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


CUARTA ESTACIÓN
«JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE BIENAVENTURADA»


Reflexión: María Santísima salió al camino para encontrar a su Hijo Jesús y estimularle al sacrificio, diciéndole con un gesto silencioso que si necesitaba dos manos más, las suyas estaban vacías y prontas para la tarea de ayudarle a llevar la cruz.

Propósito: Así debo hacer yo también, con ánimo dispuesto, ofrecer mi ayuda, mi tiempo, mi persona, en el tiempo presente

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


QUINTA ESTACIÓN
«SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ»


Reflexión: Antes de llegar al Calvario, el peso que primero se cargó el Cireneo con disgusto, es llevado ya con gozo, pues comprende que la Divina Providencia le ha otorgado el privilegio completamente inmerecido, de poder ayudar a Dios a salvar al mundo. 

Propósito: No debo de olvidarme de agradecer a nuestro Padre celestial mi vida de cada día, teniendo presente que todo contacto con la cruz a lo largo del día es transformador. Tú, Señor, deseas mi cooperación.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


SEXTA ESTACIÓN
«VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS»


Reflexión: Deseaba Berenice —conocida como la Verónica— con sus manos llenas de caridad, enjugar la sangre, el sudor y los salivazos del rostro hermosísimo de Cristo, y lo hizo.

Propósito: Yo, si vivo cada día tu viacrucis, Señor, seré tu consolación en oblación amorosa, además, debo consolar con ternura a mis «cristos» dañados moralmente.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


SÉPTIMA ESTACIÓN
«JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ»


Reflexión: Se desploma bajo el doble peso: su cuerpo bajo la cruz cargada de los pecados de comisión de la humanidad, y su alma bajo la cruz más pesada, cargada de los pecados de omisión.

Propósito: Que no se me olvide, al confesarme, acusarme de los pecados de desamor (pecados de omisión) y agradecer contigo a nuestro Padre celestial, que, a pesar de mis fallas, errores, negligencias y demás, me ha llamado a vivir en tu corazón, Jesús Verbo encarnado, vida de mi alma.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


OCTAVA ESTACIÓN
«JESÚS CONFORTA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN»


Reflexión: Se dirige Jesús a las mujeres que lloran y las amonesta a que oren, no por él, sino por sí mismas y sus hijos.

Propósito: Vivir el dolor por los que no han llegado a conocerte como te conozco yo, por los que no se arrepienten de sus pecados, por todos los miembros de tu cuerpo místico que se hallan enfermos y en trance de morir. He de entregarte la ofrenda de lo que haga cada día y aceptar con sencillez las correcciones que me vienen de ti y de los que en tu nombre actúan.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


NOVENA ESTACIÓN
«JESÚS CAE POR TERCERA VEZ»


Reflexión: El «reato» (obligación de expiar la pena correspondiente a un pecado) moral de cada ofensa, desde la primera cometida por Adán y Eva, hasta la última que se cometa al final de los tiempos, le hicieron caer, pero ahí está la reserva del amor que es la que lo reanima a proseguir el camino.

Propósito: «Todo lo puedo en aquel que me conforta», en esta frase del apóstol san Pablo (Flp 4,13), me apoyaré cuando las fuerzas o el desaliento vengan a mí.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


DÉCIMA ESTACIÓN
«JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS»


Reflexión: Una mano codiciosa agarra y arranca la túnica inconsútil del virginal Jesús.

Propósito: Mi condescendencia con la carne es esa mano, me humillo y avergüenzo y pido perdón por ser mi carne «flaca» (impurezas, inmodestias). He de mover mi voluntad para practicar la autodisciplina y control sobre mí mismo.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN
«JESÚS ES CRUCIFICADO» 


Reflexión: Mientras sus manos están clavando… él ora sumergido en un silencioso dolor.

Propósito: Me doleré de los pecados que se cometen en el mundo y oraré siempre por todas las faltas, errores, imperfecciones y negligencias para repararlas. Jesús, debo ofrecerme contigo por la salvación de las almas porque tú deseas que coopere contigo para salvación mía, de los míos y del mundo entero.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN
«JESÚS MUERE EN LA CRUZ»



Reflexión: Por fin descansan los pies cansados del hombre Dios.

Propósito: La Hostia está en lo alto con el ladrón arrepentido y quisiera yo «robar» el cielo asistido por María tu santísima madre y unirme contigo, amado Jesús, para vivir el ofertorio de cada santa misa que se celebre, entregando al Padre misericordioso todo lo que soy y tengo, para expiar y reparar los pecados que se cometen en el mundo entero.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN
«EL CUERPO DE CRISTO ES BAJADO DE LA CRUZ» 


Reflexión: Dios fue hecho cadáver por obra mía.

Propósito: Que siempre tenga conciencia plena del precio que pagaste por mí, Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre. Quiero ayudarte con mi vida, y tomado de la mano de María tu Madre, para ser tu consuelo en oblación amorosa.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN
«EL CUERPO DE JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO»



Reflexión: Todo está consumado… y sin embargo ahora, precisamente, es cuando todo acaba de empezar.

Propósito: Qué tenga conciencia de que con mi bautismo fui sepultado contigo, Señor Jesús, muriendo a fin de resucitar contigo. Quiero hacer todo por ti, contigo y en ti, Jesús verbo encarnado.

Oración: Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


*Basado en el viacrucis que mi madre hizo en 1994.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La práctica del Yoga... un tema resbaladizo para el cristiano


A MANERA DE INTRODUCCIÓN:

No es poco común en nuestros días, ver propaganda y promociones del Yoga en muchos de los gimnasios grandes y pequeños. Circula también una gran cantidad de libros sobre el Yoga que se venden hasta en las tiendas de autoservicio; abundan los sitios en el Internet que se ocupan de su filosofía y práctica; y seminarios de divulgación en gimnasios, clubs deportivos, centros de Pilates y grupos del cuidado para la salud. El Yoga ha penetrado tan exitosamente en nuestra cultura occidental que incluso, personas católicas, sin tener un pleno conocimiento de lo que es el yoga, lo practican, digamos, de una manera «light» incorporándolo a sus vidas y admirando su propia actitud «inclusiva» —como se dice ahora—, o bien, no ven nada incorrecto con practicarlo y estarían muy sorprendidos de saber que representa alguna amenaza espiritual de cualquier tipo para el cristiano.

El Día Internacional del Yoga, que el 11 de diciembre de 2014, las Naciones Unidas proclamaron para celebrarse cada 21 de junio , ha sido una gran plataforma de difusión de esta práctica. Pero... ¿hasta dónde es algo asumible para el cristianismo? Hablar de Yoga y fe cristiana es un tema ciertamente polémico y de antemano sé que muchos pensarán que exagero, o que soy un sacerdote cortado «a la antigua». Por un lado, hay quienes defienden su plena compatibilidad, según el tipo de técnicas que se empleen y su supeditación a la experiencia cristiana, o incluso hay algunos que llegan al extremo de proponer algunas formas de «yoga cristiano». Por otro lado, hay quienes, exagerando demasiado las cosas, se refieren a la práctica del Yoga como una de las vías ordinarias por las que una persona puede acceder a ser objeto de la acción extraordinaria del demonio. 

I. UN TEMA BASTANTE CONTROVERTIDO:

Hablar de este tema es controvertido y las posturas encontradas y enconadas hacen difícil una reflexión seria, a la luz de la revelación cristiana, sobre este tema. Yo trataré de exponer la postura de la Iglesia a la luz de documentos del magisterio y de la experiencia de fe de la Iglesia Católica, una voz que tiene un valor especial para los creyentes. Es sorprendente el número de católicos —especialmente católicas— que ignoran las consecuencias de practicar el Yoga y que, caen, con cierta frecuencia, en el sincretismo religioso. El Yoga as algo mucho más complejo que lo que suele entenderse por esta palabra en Occidente, donde apenas se conocen los rudimentos psicotécnicos del hatha-yoga y del raja-yoga, de ordinario fuera de su concepción teórica del cuerpo humano y de su contexto filosófico y religioso. Para los verdaderos yoguis, su sistema es una forma de vida integral: existe un modo yóguico de comer, de beber, de realizar la higiene de los diferentes miembros y funciones fisiológicas, de vivir durante el día y de dormir, así como de trabajar, aprender, enseñar, amar, obedecer, mandar, etc.

Es triste ver cómo hoy en día, muchos católicos van perdiendo la confianza en las grandes prácticas espirituales y místicas para la oración y la disciplina que recibieron de grandes santos como Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Francisco de Sales, Santa Teresa de Avila, etc. y ahora siguen espiritualidades y místicas orientales que provienen del Hinduismo y del Budismo. A este respecto, un cristiano sincero debería informarse sobre la compatibilidad del Yoga con la espiritualidad cristiana y sobre la conveniencia de incorporar sus técnicas en la oración y en meditación cristianas. ¡Qué diferencia entre cómo los santos buscan la paz interior, la Paz de Dios y cómo se busca la paz en el Yoga! Si alguna creatura ha estado completamente unida a Dios en Paz ha sido la Inmaculada Virgen María. Así describe el beato Cardenal Henry Newman la paz mística que La Santísima Virgen alcanzó por medio del Verdadero Espíritu Santo, Creador y Fuente de Vida: “Como entonces por flores y frutos se significa, en un sentido místico, los dones y gracias del Espíritu Santo, por lo tanto por un jardín se significa místicamente un lugar de reposo espiritual, quietud, paz, refresco y delicia. […] Tal fue el jardín en el que la Rosa Mística, la Inmaculada María fue cobijada y cuidada para ser la Madre del Todo Santo Dios, desde su nacimiento hasta su desposorio con san José […] Esto fue el resultado de la Inmaculada Concepción. (Meditaciones sobre la Letanía de Loreto para el mes de mayo). 

Hay que ver que para algunos el Yoga es un medio de relajación y de alivio de la tensión, para otros es un ejercicio que promueve la salud y el estar en forma y, para una minoría, es un medio para la curación de enfermedades. Los fines religiosos y espirituales del Yoga son a menudo olvidados o negados en un contexto occidental, la mayoría de la gente se entusiasma de entrada y lo ve simplemente como una forma física de ejercicio. Esta simplificación es injustificada y peligrosa. La reducción del Yoga a una mera técnica de embellecimiento con frecuencia crea efectos desagradables. Son muchos los cristianos que comenzaron a practicar el Yoga por razones de salud física y luego lo han seguido por razones de espiritualidad. Además, los hechos revelan que cuanto más la persona practica Yoga, más propensa es a disminuir su adhesión al cristianismo y más probable se da el hecho de que se adhiriera a la espiritualidad no religiosa y al budismo. 

II. EL YOGA Y SU ESENCIA:

El Yoga podría ser de algún modo compatible con el cristianismo en su vertiente psicotécnica, no en cuanto a su trasfondo ideológico y religioso, ya que para entender el Yoga hay que enmarcarlo en el hinduismo, una religión muy diferente a la cristiana, distante en su concepción de lo divino y lo humano. De hecho, la misma palabra sánscrita «Yoga» viene de la raíz yug o yuj, que significa «unir, juntar, conectar, atar, cargar juntos», lo que equivaldría al término latino «religio», que viene de «religare» «religión». 

Los orígenes del yoga se remontan hasta 5.000 años y durante mucho tiempo sus principios se difundieron a través de la transmisión oral. Finalmente esta tradición fue puesta por escrito y entonces el yoga hizo su aparición en los cuatro antiguos textos hindúes conocidos como los Vedas, el más antiguo de los cuales data del 1.500 a.C. Más tarde, un individuo llamado Patañjali compiló y codificó la suma total del saber sobre el yoga. Las fuentes discrepan sobre cuándo ocurrió esto, con fechas que van del siglo IV a.C. al II d.C. Su obra, llamada el Yoga Sutra, es el texto de más autoridad sobre el yoga, reconocido por todas sus escuelas. Una persona que practica Yoga como una forma de vida se llama un yogui.

III. RESULTADOS DE UNA ENCUESTA REVELADORA:

En el número de junio de 2016 del Journal of Health Psychology ha aparecido un interesante artículo en el que varios investigadores de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) han abordado las razones por las que la gente se inicia en el Yoga y permanece después en su práctica. En una encuesta a nivel nacional, en los Estados Unidos, los autores han estudiado a 360 estudiantes de yoga y a 156 maestros. Unos y otros habían participado al menos en cinco sesiones de Yoga en los últimos tres meses. A todos, varones y mujeres, se les hizo una doble pregunta: ¿Por qué comenzaste a practicar yoga? y ¿Han cambiado tus motivaciones iniciales con el tiempo? Los investigadores de Connecticut llegan a concluir en cuanto al inicio en el Yoga que «tanto los estudiantes como los maestros adoptaron la práctica del Yoga primeramente para hacer ejercicio y reducir el estrés, aunque señalaron otras muchas razones que incluyen la flexibilidad, ponerse en forma y reducir la depresión o la ansiedad». 

Por otra parte, si pasamos a la permanencia en esta disciplina, por parte de los encuestados, «el 62 por ciento de los estudiantes y el 85 por ciento de los maestros informaron de que habían cambiado su razón primaria para practicar o que habían descubierto otras razones; para ambos, la razón primaria que más había cambiado era la espiritualidad». La conclusión, entonces,  de tal encuesta, es que «los hallazgos sugieren que la mayoría se inicia en la práctica del Yoga para hacer ejercicio y reducir el estrés, pero para muchos la espiritualidad se convierte en la razón principal para mantener la práctica».

IV. PRACTICAR YOGA PUEDE SER PELIGROSO PARA LOS CRISTIANOS:

Aunque a simple vista parezca exagerado, practicar Yoga puede ser peligroso para los cristianos por lo que se deduce de estos 15 puntos:

1. Es una disciplina o práctica milenaria, mística-espiritual hindú (1,800 a.C.). cuyas posiciones y ejercicios son inseparables de su cosmovisión; «no hay hinduismo sin yoga, y no hay Yoga sin hinduismo». Nosotros, como cristianos, debemos tener siempre presente lo que la Sagrada Escritura nos dice: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón con toda tu alma y toda tu mente. Este es el principal y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo» (Mt 22: 37-39).

2. La historia nos demuestra que Christopher Isherwood y la Sociedad Teosófica fueron quienes trajeron a Occidente el budismo zen y el Yoga del Oriente. Estas creencias no se conocían antes en nuestra cultura occidental. Los gobiernos estadounidense y británico impulsaron sus planteamientos. Sabemos que la Sociedad Teosófica fue dirigida por masones y ocultistas (Helena P. Blavatsky, Annie Besant, Alice Bailey).

3. En cualquiera de sus formas, la finalidad del Yoga no es únicamente la relajación, la correcta respiración ni el bienestar o control físico, sino la «iluminación». Es, entonces, una «vía de perfección» (de ocho pasos) a través del control de los «elementos físicos y psíquicos» de la persona que pretende el «nirvana» (extinción del sufrimiento) para alcanzar la «iluminación» (apertura del «tercer ojo») y la «unión con Dios». Los yoguis hindúes afirman que los primeros cinco pasos (disciplina moral, purificación corporal y espiritual, posturas gimnásticas-corporales, control respiratorio y desconexión sensorial) son la preparación para alcanzar los grados más altos del «Yoga regio« o «raja Yoga».

4. La «Iluminación» —según las creencias del Yoga— se logra despertando a Shiva (deidad hindú) en forma de serpiente (kundalini), que se dice mora al final de la espina dorsal, o bien, en los genitales, con objeto de que ascienda desde ese punto por la columna vertebral y vaya «activando» uno a uno los seis o siete chakras (centros de energía ubicados a lo largo la espina dorsal), y así se una a su esposa Parvati (diosa «energía») que le espera en la cabeza. El enlace Shiva-Parvati abre el «tercer ojo» a nivel psíquico y… ¿físico? Esta es la meta del «Yoga kundalini» y de la «meditación dinámica». Shiva tiene prominencia entre los dioses del Yoga. Él es el «patrón» de todos los practicantes de Yoga; Él es la deidad de los yoguis por excelencia y es a menudo representado como un yogui. Alrededor de su cuello hay una serpiente, símbolo de su poder sobre la muerte. En su frente hay un tercer ojo, a través del cual se obtiene la visión y el conocimiento místico.  Su toque de tambor para crear el OM se dice que resuena en el corazón y en todo el universo.

5. Distintos instructores y difusores de Yoga, como Ana Paula Domínguez (Directora del Instituto Mexicano del Yoga) confirman que, en efecto, las diferentes posiciones de ese método encarnaban al dios Shiva, a quien los hundues solían adorar mediante un símbolo fálico llamado linga, y que «el objetivo era obtener la liberación al fundirse con aquella poderosa deidad». En Argentina, la maestra Amrit Dev Kaur, especialista en «kundalini yoga», explica así su propio aspecto personal: «el turbante representa votos profundos que tomamos para ser personas que guían a nuestra comunidad. El blanco ayuda a los resultados de la meditación que hacemos, aumenta el aura y el campo electromagnético». Esta gurú dice que el objetivo del Yoga, que se hace trabajando sobre el templo que es el cuerpo, es «unirse con el Uno, con la divinidad». Aunque insiste en aclarar que «el Yoga no es una religión», después afirma que «el Yoga puede ayudar a conectar en un camino personal hacia esta divinidad, conectarte con el alma». Yendo más allá en lo doctrinal, ella plantea que «tenemos un destino y en cada encarnación tenemos la posibilidad de llegar a este destino. En Yoga es ser unido con el infinito, literalmente ser iluminado».

6. La llamada «apertura del tercer ojo» ha sido motivo de interés de los yoguis, swamis y «maestros» orientales, como también de los ocultistas occidentales, pues afirman que con ello se tiene acceso al conocimiento de todo cuanto existe, de toda la realidad, aún de la sobrenatural (por ejemplo, sobre el futuro). Por ello, personalidades como el fundador del satanismo, Aleister Crowley (el satanista más depravado de todos los tiempos), y Jon Klimo (el médium más famoso de la historia), practicaban y recomendaban ampliamente el Yoga. Uno sólo tiene que hojear las páginas del Antiguo Testamento para ver que tales habilidades son realmente poderes ocultos y que están condenados por Dios en la forma más inequívoca y enérgica. (Lev 19, 26.31; Dt. 18,9-14; 2 Re 17,13-15. 17-18; 2 Cro 33,1-2.6)

7. Asociaciones como la Masonería (excomulgada por la Iglesia Católica) promueven dicha práctica oriental. En el ritual llamado «Paladión», el segundo paso (de cinco en total) consiste en la «iluminación» o apertura del «tercer ojo». Willian Shnoebelen (ex satánico y ex masón), quien practicó el ritual, afirma que ese ojo «es el punto de contacto entre los humanos y la conciencia de Lucifer», y se comienza a «pensar como él piensa y a ver con sus ojos...».

8. Gopi Krishna, ex yogui de Cachemira, quien introdujo la teoría del “Kundalini” («energía vital» y «serpiente»), estuvo a punto de caer en la demencia completa en el año de 1937, mientras meditaba sobre su «chakra» superior (o «tercer ojo»). Dijo: «De aquí en adelante, durante largo tiempo, tuve que vivir pendiente de un hilo, debatiéndome entre la vida y la muerte, entre la salud y la enfermedad. (…) He pasado por casi todas las etapas de (...) tipos de mente: mediúmnica, psicótica y otros; durante un tiempo estuve alternando entre la cordura y la locura».

9. El Swami Prabhavananda advierte sobre los peligrosos efectos físicos que pueden resultar de los ejercicios de respiración de las técnicas de Yoga: «A menos que se hagan correctamente, hay una buena posibilidad de dañar el cerebro. Y las personas que practican este tipo de respiración sin una supervisión adecuada, pueden sufrir una enfermedad que ninguna ciencia o médico conocidos pueden curar». Los ejercicios respiratorios tienen como finalidad, en la religión hindú, aspirar el prana = la esencia del éter, el Atman-Brâhman, lo divino, la «fuerza vital”» (la energía). Asimismo, el yogui Shakta Kaur Khalsa afirma: «El mito de que el kundalini es peligroso sólo sería posible mediante una muy mala práctica... la técnica y preparación adecuadas son el aislante necesario para el flujo correcto de la energía kundalini». Toda postura tiene un significado relacionado con el hinduismo, por ejemplo, en la postura del saludo al sol se adora al dios Surya.

10. Ana Paula Domínguez y Marco Antonio Karam (Director de Casa Tíbet México), reconocieron juntos en el programa radiofónico «¿Qué tal Fernanda?», en el año 2004, que el Yoga puede presentar un riesgo para quienes lo practican, debido, en parte, a que en México existen numerosos institutos o escuelas no autorizados para enseñarlo.

11. El sacerdote católico Manuel Guerra, un importante investigador de las sectas, afirma que es un riesgo «suprimir la conciencia», pues según el segundo principio del «sutra» (discurso de Buda), «el Yoga consiste en impedir que la conciencia/pensamiento tome formas diversas», o sea, es la «cesación de la actividad mental».

12. Otro sacerdote estudioso del tema, Alfonso Uribe Jaramillo considera: «El Yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano, es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no lo aparta de Jesucristo, lo llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana». Al final del artículo comparto un video con el testimonio del padre Joseph Marie Verlinde, un ex yogui convertido al catolicismo, que vale mucho la pena ver.

13. El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México señala: «El Yoga es, en su esencia, un ejercicio espiritual y corporal nacido de la espiritualidad hindú. Las posturas y ejercicios, aunque se presentan como un simple método, son inseparables de su sentido propio en el contexto del hinduismo. El Yoga es una introducción a una tradición religiosa muy ajena al cristianismo. La palabra «Yoga» significa «unión». Habría que preguntarnos: ¿unión con qué?». Debido a que el Yoga indica unión, debemos preguntarnos: ¿qué une el yoga? La tradición Yoga clásica sostiene que todo Yoga debe asociarse a los dioses del hinduismo.

14. El Consejo Pontificio para la Cultura y el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso del Vaticano, ubican al Yoga como parte de las muchas prácticas de la New Age, al mismo tiempo en que lo cuestiona como forma de «iluminación».

15. Existen ya testimonios de posesiones demoniacas, parciales o totales, en personas que han practicado el Yoga, debido a que todo eso debilita el alma y deja la puerta abierta al enemigo. Los mismos ocultistas y médiums ya mencionados, confirman lo anterior, pues usaban su cuerpo con esta técnica para entrar en contacto con los «muertos» (espíritus malignos).

V. LO QUE LA IGLESIA CATÓLICA AFIRMA DEL YOGA:

Podemos afirmar que, la Iglesia Católica, no está a favor del Yoga, pero, la Iglesia Católica tampoco está en contra del Yoga. Y no se trata de un juego de palabras, sino de un resumen simple de lo que señala el Magisterio. Algo que podemos encontrar explicado, sobre todo, en un documento que publicó en 1989 la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado por su entonces prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger (Hoy Papa Emérito Benedicto XVI), y aprobado por san Juan Pablo II. Se conoce con su inicio en latín, «Orationis formas», y se trata, como su mismo título indica, de una «Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana» cuyo enlace está al final de este artículo.

Esta carta responde a una preocupación de nuestros pastores por el interés que empezaron a suscitar desde aquellos años, diversas formas de meditación ligadas a algunas religiones orientales y a sus peculiares modos de oración, interés que hacía precisos «criterios seguros de carácter doctrinal y pastoral». El documento insiste en que se refiere a la cuestión del «valor que pueden tener para los cristianos formas de meditación no cristianas», y más específicamente habla de «los métodos orientales». ¿De qué métodos habla? Como explica en su primera nota a pie de página, son «métodos inspirados en el hinduismo y el budismo, como el «zen», la «meditación trascendental» o el «Yoga» que, no pocas veces hoy en día, son utilizados también por algunos cristianos en su meditación».

El dicasterio vaticano encargado de velar por la integridad de la fe podría haber contestado, como pasa en otras ocasiones, con un «sí» o un «no» a la pregunta de si un católico puede practicar el Yoga. Así lo ha hecho en algunos casos, como cuando se le ha preguntado por la validez del bautismo administrado por algunos movimientos de apariencia cristiana. O con una respuesta explicada y razonada, como por ejemplo hicieron los obispos de los EE.UU. hace unos años al tratar el tema del reiki, señalando que es incompatible con la fe cristiana. En el caso del Yoga, según la Iglesia, es necesario un discernimiento cuidadoso, y eso es lo que pretende esa carta que vale la pena leer.

La carta subraya el resumen que hace San Agustín de la experiencia espiritual: «desprecia el mundo exterior y entra en ti mismo; sin embargo, prosigue, no te quedes allí, sino sube por encima de ti mismo, porque tú no eres Dios: Él es más profundo y grande que tú». El hombre descubre dentro de sí mismo algo que lo trasciende. Si se identifica a sí mismo con ello, se equivoca. Por otro lado, no podemos llegar al amor perfecto de Dios si no es en su revelación definitiva: Jesucristo. En él, Dios se ha dado a los hombres.

De entre todas las observaciones del documento, destaca la que habla sobre la consecuencia espiritual y física en el número 28 —cuestión que resulta de la práctica del Yoga, por ejemplo— afirmando que no es siempre lo que parece ser: «Algunos ejercicios físicos producen automáticamente sensaciones de quietud o de distensión, sentimientos gratificantes y, quizá, hasta fenómenos de luz y calor similares a un bienestar espiritual. Confundirlos con auténticas consolaciones del Espíritu Santo sería un modo totalmente erróneo de concebir el camino espiritual. Atribuirles significados simbólicos típicos de la experiencia mística, cuando la actitud moral del interesado no se corresponde con ella, representaría una especie de esquizofrenia mental que puede conducir incluso a disturbios psíquicos y, en ocasiones, aberraciones morales». Me vienen a la mente unas palabras que san Pablo dirije a los Corintios en su segunda carta: «No se maravillen, pues también Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11,14).

En el año 2003, el Consejo Pontificio de la Iglesia Católica para el Diálogo Interreligioso, publicó un documento titulado «Jesucristo: Portador del Agua de la Vida» (cuyo enlace está también al final de este artículo) que, está centrado en el movimiento de la «New Age» (Nueva Era), encontramos incluido nuevamente el tema del Yoga en el número 2: «Entre las tradiciones que confluyen en la Nueva Era pueden contarse: las antiguas prácticas ocultas de Egipto, la cábala, el gnosticismo cristiano primitivo, el sufismo, las tradiciones de los druidas, el cristianismo celta, la alquimia medieval, el hermetismo renacentista, el budismo zen, el Yoga, etc.».

VI. EJERCICIO FÍSICO Y MEDICINA ALTERNATIVA:

Está claro teóricamente para algunos, que me rebaten en este tema, que es posible un Yoga despojado de todo elemento de cosmovisión, filosofía o espiritualidad oriental. Algo que sería asumible por cualquier persona, tenga las convicciones que tenga. Pero la realidad, de la que he hablado y a la vez tomado una muestra aquí, parece demostrar que cada vez es más difícil. Un católico —lo digo a manera de pregunta— ¿podría recibir la Eucaristía y no ser participe de algo religioso? O planteándolo de otra manera: Si un ateo toma y consume una Hostia consagrada ¿podemos sostener que no ha recibido el Cuerpo de Cristo porque no cree que sea lo que es? ¿Podríamos afirmar que simplemente ha «experimentado los mecanismos físicos» de recibirlo pero no se ha involucrado en una actividad espiritual? Técnicamente hablando, la Eucaristía tiene una realidad espiritual independiente de las creencias de quien la recibe, y los estudiosos de la materia afirman que lo mismo ocurre con el Yoga. Así como la presencia real de Cristo está contenida dentro de la Hostia consagrada, independientemente de si quien la recibe cree o no, así también el Yoga tiene un componente espiritual que es real, independientemente del propósito específico de quien lo practica. Recientemente el papa Francisco, por su parte, se preguntaba en una de sus homilías en Santa Marta (9/01/15): «¿Quién nos enseña a amar?». Y contestaba: «tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas esas cosas. Pero todo eso nunca será capaz de darte la libertad de hijo».

Algunas personas que practican el Yoga como ejercicio físico, pueden encontrar una alternativa para en los ejercicios «Pilates», un sistema de acondicionamiento físico —cada vez más popular— desarrollado en el siglo 20 por Joseph Pilates (1880-1967). Hay que decir que el Yoga no trata, primordialmente, de la flexibilización del cuerpo; pero sí del uso de los medios físicos para llegar a un fin espiritual. Por lo tanto el problema de separar en él lo físico de lo espiritual es en verdad una contradicción en sus propios términos. De hecho, si uno consulta la masiva cantidad de material disponible, se hace patentemente claro que las consideraciones referidas a los beneficios físicos son secundarias. Normalmente, el Yoga es presentado como algo que trata primordialmente de actualizar el potencial espiritual propio, logrando «libertad», trascendiendo el ego y cosas semejantes.

Pilates llamó a su método «Contrología», porque creía que su método utiliza la mente para controlar los músculos. El programa se centra en los músculos que rodean la columna vertebral y los órganos internos, que ayudan a mantener el cuerpo equilibrado y que son esenciales para proporcionar apoyo. Pilates —que debo aclarar que yo no lo practico— se basa en ciertos principios para acondicionar el cuerpo entero: la alineación adecuada, centrado, concentración, control, precisión, respiración y movimiento fluido. A partir de esta descripción de los ejercicios de Pilates, me parece que no hay razón alguna de alarma para los cristianos. Todos los cristianos deben estar preocupados con una dieta adecuada y ejercicio para que nuestros cuerpos, que son el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6,19), se mantengan en tan buenas condiciones como sea posible. La mayoría de los programas de Pilates se concentran exclusivamente en los ejercicios físicos. Sin embargo, de todas maneras, hay que tener cuidado porque algunos, tratan de incorporar los aspectos de las religiones orientales o el pensamiento del New Age.

Lo prudente que debe hacer todo cristiano que está considerando la posibilidad de hacer Pilates, es hablar primero con el instructor para determinar sus inclinaciones filosóficas. Si el instructor enseña Pilates puro, no hay nada que impida a los cristianos el participar. 

Respecto a la utilización del Yoga como medicina alternativa, hay tratamientos de medicina alternativa que parecen bastante seguros y que no se oponen a la fe, a menos que al aplicarlos le revuelvan un discurso religioso raro. Las pastillas o nódulos de la homeopatía, las agujas de la acupuntura y los masajes de los quiroprácticos, son ejemplos de ello, aunque en todos los casos —como ya mencioné— hay que ver quién aplica el tratamiento, en qué circunstancias, de que manera y diciendo qué discurso. Hay médicos que dicen que el Yoga puede ser cristiano, si se le mira como una forma de «pacificar» y «armonizar» el organismo, sobre todo a base de ejercicios de respiración. Yo creo que aprender algunas técnicas básicas de relajación es algo que nos hace bien a todos, pero hay que saber que el riesgo de que le revuelvan algo al Yoga es muy, muy alto. Pronto los instructores hablarán de chacras y reservorios energéticos, y de ahí pasarán al aura, o a una versión sobre el alma humana que está diseñada para hablar luego de reencarnación. El efecto final será desastroso. 

A MANERA DE CONCLUSIÓN:

He tocado un tema bastante resbaladizo y lleno de enredos, que tal vez me traerá, como dije al inicio, algunas discrepancias con alguno que otro católico, para elaborarlo consulté la Sagrada Escritura, varios artículos, manuales, documentos de la Iglesia, libros de doctrina católica y protestante, encuestas, etc. de lo cual mucho se puede encontrar bien fundamentado en Internet. Lo que expongo no significa que debamos condenarlo todo, sino sólo discernir, discernir mucho y en todo lugar desde nuestra fe católica, nuestra fe cristiana. La fe vale más que la salud misma, pues hay un salmo que le dice al Señor: «Tu gracia vale más que la vida» (Salmo 62). Dedico esta mi aportación sobre el tema, a todos mis compañeros del energy fitness, que día a día nos encontramos para practicar el ejercicio físico que sostiene de buena manera nuestro cuerpo, Templo vivo en donde mora el Espíritu Santo y que me preguntaron hace unos días: ¿Padre, qué piensa usted del Yoga?

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

viernes, 10 de marzo de 2017

«¡Señor, si tu quieres, puedes curarme!»... Los leprosos de nuestro tiempo

El evangelista san Marcos, al hablarnos de la vida pública de Cristo, casi siempre nos presenta a un Jesús que va de un lugar a otro y que siempre toma la iniciativa. Él nos lo muestra también como  el Dios misericordioso que tiende la mano para transmitir su vida y su salvación. También lo podemos contemplar, en otros relatos, dirigiéndose a las aldeas a llevar el anuncio de la llegada del Reino e increpando al demonio. No hay que olvidar el capítulo 3 en donde Jesús, en los versículos 13 y 14, de una manera muy cálida, llama a los primeros discípulos.

La escena de San Marcos que tomo ahora para compartir esta reflexión sigue una linea un poco diferente, porque se trata de un pasaje en donde aparece un leproso que no espera que Jesús tome la iniciativa, sino que es él quien, con profunda humildad, toma la iniciativa y llega hasta Jesús para arrodillarse y suplicarle: «si tú quieres, puedes curarme». El relato es de por sí interesante, es la única vez que en el evangelio de san Marcos (1,40-45) se muestra a Jesús curando a un leproso; de manera que el milagro reviste una importancia especial.

Este trozo del evangelio que escuchamos, presenta a un marginado. Las leyes de aquella sociedad habían echado fuera a aquel pobre hombre y estaba condenado a vivir al margen para que su persona, castigada por la lepra no contaminara a los demás. En tiempos de Jesús padecer esta terrible enfermedad equivalía casi a estar muerto. Era la peor de las enfermedades y causaba la máxima marginación. Los leprosos, según la ley, debían ir gritando: «¡Soy impuro, soy impuro!». Entrar en contacto con un leproso producía impureza, por eso estaban condenados a vivir aislados, fuera y lejos de los lugares habitados. Esa terrible enfermedad aterrorizaba a cualquiera. Pero lo peor era que la pobre víctima se veía condenada a un aislamiento horrible.

Hoy pudiéramos hablar de varias clases de leprosos y quizá que asusten más que los de aquella enfermedad, hoy se les llama, con un cuidadoso eufemismo: «excluidos sociales» o simplemente:«marginados». Estos on los leprosos modernos, hermanos nuestros que se ven excluidos de tantos bienes de la vida social: Los pobres que viven en la miseria; los que son víctimas de enfermedades antes desconocidas y que actualmente nos espantan como la lepra a la gente de aquel tiempo; los trabajadores mal pagados y explotados; las mujeres víctimas de organizaciones criminales que las reclutan para el vicio; los niños comprados para fines inconfesables; los drogadictos y muchos alcoholizados de los que nadie quiere cuidar; los detenidos en muchas cárceles sin las atenciones debidas a los más elementales derechos humanos.

El paisaje de los leprosos «modernos» es ancho y se va haciendo cada vez más amplio. El abismo del que el Documento de Pueblo ya hablaba en 1979 entre pobres y ricos, crece más y más. El mundo de las plazas y del comercio, neurotizado en sus reductos de bienestar, toma conciencia del crecimiento de la geografía de la pobreza cuando esta invade las tarjetas de crédito que llegan «al tope» y hay que pagar tenencias e impuestos prediales. «Ya no tengo ni un cinco», dice mucha gente. Entonces se empieza a llamar a la pobreza: «crisis económica» y se comienza a experimentar la pobreza a todos los niveles.

Hay una realidad que parece inevitable: Los cinturones de miseria, que alrededor de las grandes ciudades —sobre todo del tercer mundo— crecen y crecen, es la lepra de hoy que nos presenta la realidad, no solamente de la carencia de dinero, sino la falta también de confianza, de salud física y espiritual, de integración familiar, de superación personal, de alimento, de educación, de desarrollo personal y comunitario.

Junto al relato del leproso, pudiéramos considerar el libro más extraño del Antiguo Testamento: El Levítico. Un libro con una serie de tabúes de alimentos, normas de higiene, rituales incontables, un catálogo de prescripciones jurídicas carentes de interpretación viva, tal vez hoy se pudieran comparar con muchos de nuestros convencionalismos sociales, que llevados al extremo llevan a muchos a no ponerse el mismo vestuario en dos fiestas diferentes, o a no poder comer en platos y vasos ordinarios, o tener que estudiar en tal o cual universidad aunque haya que comer a diario cualquier cosa descuidando la salud. El Levítico es un libro que a primera vista resulta difícil. Sin embargo, como dice un teólogo biblista de suma importancia en nuestros días, llamado Luis Alonso Schökel: «En sus páginas se expresa un sentido religioso profundo: el hombre se enfrenta con Dios en el filo de la vida y la muerte, en la conciencia de pecado y de indignidad, en el ansia de liberación y reconciliación». En el fondo del corazón de cada hombre está inscrito eso. Dice san Agustín: «Mi corazón nunca estará tranquilo hasta que no descanse en Dios». Es el ansia de la salud integral, de la salvación plena que requiere el tomar la iniciativa para ir tras de Dios aunque con la seguridad de que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19).

El Levítico, en el capítulo 13, nos habla de una serie de prescripciones sobre las afecciones de la piel. Normas con un carácter higiénico que señalaban la incapacidad de presentarse dignamente ante el Señor y que eran una especie de diagnóstico terapéutico. El sacerdote era el encargado de declarar si la persona era pura o impura. Hay tenemos el sacramento de la reconciliación, con el que Cristo va más allá, nos diagnostica y nos cura.

El leproso que aparece en el Evangelio de Marcos, conocía, casi seguramente, todos esos ritos del Levítico. En su petición, al tomar la iniciativa para ser curado, no iba solamente el deseo de ser curado del estigma de la enfermedad. Sus palabras se pueden traducir hoy en día como el deseo de dejar de formar parte del cinturón de los marginados para volver a casa, para poder sentarse en la mesa de la comunidad y poder participar con pleno derecho de la vida social. Jesús se compadece, se le conmueven las entrañas (así dice el texto  en griego: Σπλαγχνίζομαι «splanchnizomai» en la parte en que el español traduce: «se compadeció de él»). Y antes de hablar —como ahora se usa tanto hacerlo a favor de los marginados—, realiza un gesto: extiende la mano para tocarlo. El leproso queda curado inmediatamente. La solución requiere del contacto personal, la cercanía cálida y acogedora, fruto no de un discurso, sino del que se hace prójimo, del que se hace cercano y toca su realidad. Hay un camino de vuelta a la inclusión social: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés».

La fe de aquel pobre, y el poder salvador de Jesús habían hecho posible el milagro. Jesús añade por su cuenta que guarde silencio, pero viene un contraste fortísimo,  el recién sanado no se puede contenerse, divulga el milagro. El marginado se convierte en testigo del amor curativo de Dios para todos. Por eso nuestra reflexión en torno a este tema se completa con un pequeño trozo de la primera carta de san Pablo a los corintios que nos dice que la Buena Noticia de Reino que anuncia Cristo no es cosa del oriente ni del occidente, ni del norte ni del sur: «Hermanos —nos dice san Pablo— hagan todo para gloria de Dios buscando la salvación de todos» (1 Cor 10,31).

Para terminar, quizá haya que seguir meditando todo esto ayudados del salmo 31que dice: «Perdona, Señor, nuestros pecados». Perdona, Señor, que no hemos visto a los leprosos de hoy, porque estamos muy ocupados en darnos gusto a nosotros mismos; perdona, Señor, que no hemos tocado a los leprosos de hoy porque estamos atentos a ver nuestras carencias económicas —que a decir verdad, no creo que sean tantas—; perdona, Señor, que no hemos salido al encuentro de nuestros hermanos leprosos porque hemos hecho una tormenta en un vaso de agua con nuestros pequeños problemas; perdona, Señor, porque no hemos podido alcanzar nosotros mismos nuestra propia curación, porque hemos querido hacer el Evangelio del estilo que se nos acomode...

Pidámosle a la Santísima Virgen María, la llena de gracia, la mujer fuerte e itinerante, que es portadora de la salud de su Hijo a los enfermos, que nos dé la sencillez y la humildad que necesitamos para acercarnos a su Hijo reconociéndonos como somos para decirle también nosotros: «¡Señor, si tu quieres, puedes curarme!».

* Meditación basada en una homilía que pronuncié el 13 de febrero de 2000