Añade que «la dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como miembros de una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso, de modo que el progreso digital pueda realizarse en el respeto de la justicia y contribuir a la causa de la paz». Una realidad que trae desafíos éticos, educativos, laborales, en el derecho internacional o en la carrera armamentística. Por ello el Santo Padre espera «que el rápido desarrollo de formas de inteligencia artificial no aumente las ya numerosas desigualdades e injusticias presentes en el mundo, sino que ayude a poner fin a las guerras y los conflictos, y a aliviar tantas formas de sufrimiento que afectan a la familia humana».
El blog del padre Alfredo / Fr. Alfredo's blog
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lunes, 1 de enero de 2024
Lee aquí el mensaje del Papa Francisco para la Jornada de la Paz de 2024... «Inteligencia artificial y paz»
lunes, 16 de octubre de 2023
«C’est la confiance»... La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios
No saben ustedes como me llenó de alegría encontrarme en las primeras horas de ayer con esta noticia y lo que me costó posponer el empezar a leer el texto, pues siendo domingo, las misas por celebrar se atravesaron desde primera hora y claro que el Señor lleva la primacía, pues sin celebrarlo a Él, sin escuchar su Palabra y hacerlo llegar a las almas su Eucaristía nada tendría sentido y la santidad no existiría como tal.
Pero la madrugada de este lunes 16, me brindó el gran regalo de la quietud de las primeras horas del día para sumergirme detenidamente en estas maravillosas páginas que comienzan con unas palabras de esta santa doctora de la Iglesia: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor» y que el Papa Francisco considera resumen la genialidad de la espiritualidad de la santita predilecta de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento y a quien tantas otras personas veneramos y sentimos siempre cerca.
En este 2023 se han conmemorado dos fechas importantes en la vida de santa Teresita: el 2 de enero el 150º aniversario de su nacimiento y el 23 de abril el centenario de su beatificación. El Papa Francisco quiso que esta exhortación apostólica vaya más allá de una celebración y «sea asumida como parte del tesoro espiritual de la Iglesia», por eso no la entregó en alguna de estas fechas, sino en otra no menos especial, el día de la memoria de santa Teresa de Ávila, con lo que quiere presentar a esta pequeña florecita, como un «fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española».
La Exhortación está compuesta por cuatro capítulos: «Jesús para los demás» es el primero, «El caminito de la confianza y del amor» el segundo, «Seré el amor» el tercero y «En el corazón del Evangelio» el cuarto y último. Así mismo el documento tiene 53 números en los que Francisco desmenuza la vida y la experiencia espiritual de Teresita, que dejó este mundo a los 24 años de edad.
Haciendo un recorrido por la vida de algunos de los papas, el Santo Padre expone que «la Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica». Teresita, nos recuerda el Papa, conoció a León XIII en su peregrinación a Roma en 1887 a quien pidió permiso para entrar al Carmelo a la edad de 15 años. Nos dice que Pío X percibió su enorme estatura espiritual, luego de la muerte de joven santa y que Benedicto XV la declaró Venerable en 1921, elogiando sus virtudes centradas en el «caminito» de la infancia espiritual. El Pontífice nos narra también que Teresita fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI, «quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él. Este mismo Papa, escribe Francisco, la declaró patrona de las misiones en 1927. Luego, continúa el Papa, la santita fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII.
Posteriormente, dice el Papa, san Pablo VI recordaba con frecuencia sus virtudes cristianas y San Juan Pablo II en 1997 la declaró «doctora de la Iglesia», considerándola además una experta en la scientia amoris. También, «Benedicto XVI retomó el tema de su «ciencia del amor», proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». Y él, el Papa Francisco, canonizó a los papás de Santa Teresita, Luis y Celia en 2015, durante el Sínodo sobre la familia.
Voy a hacer un paréntesis en este pequeño resumen para invitarles a leer una carta que Juan Pablo I, el Pontífice que solamente estuvo un mes al frente de la Iglesia y que, cuando era cardenal de Venecia, en su bellísimo libro: «Ilustrísimos Señor» escribió. Porque ciertamente el Papa Francisco no lo cita en esta Exhortación pero fue un gran amante de la santa de Liseux. Pueden hacer click aquí para leer la carta.
Volviendo al documento, el Papa Francisco en el primer capítulo «Jesús para los demás», presenta la experiencia cristiana en Teresita, desde su oración, su vida mística con alma misionera y sin autoreferencialidad: «En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”», y «el Nombre de Jesús es continuamente 'respirado' por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento».
Como Patrona de las misiones, recuerda el Santo Padre que «como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la invitaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras dice: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar».
El Papa Francisco señala que, impregnada de la misión, ella enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo. Dice que vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: «Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo…». Así lo escribía la santa en las últimas páginas de «Historia de un alma» como su testamento misionero «con un ferviente espíritu apostólico», dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo: «Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí».
En el segundo capítulo, que titula «El caminito de la confianza y del amor», el Papa recuerda el valor de «El camino de la infancia espiritual» propuesto por Santa Teresita del Niño Jesús que subraya la primacía de la acción de Dios y «la confianza» plena en la misericordia de Cristo. Teresita, escribe el Santo Padre, relató el descubrimiento del caminito en su libro «Historia de un alma» en donde ella afirma cosas como ésta: «A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo».
Francisco señala que la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo. Sobre esta «confianza», él nos sugiere no asumirla solo en referencia a la santificación y salvación, sino también como un «abandono cotidiano» en Dios: «Tiene un sentido integral, que abraza la totalidad de la existencia concreta y se aplica a nuestra vida entera, donde muchas veces nos abruman los temores, el deseo de seguridades humanas, la necesidad de tener todo bajo nuestro control».
En el tercer capítulo de la Exhortación, que lleva por título «Seré el amor», el Papa nos invita a ver la «Historia de un alma» como un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: «Ámense los unos a los otros, como yo los he amado». Así, el Santo Padre nos regala un panorama de la repuesta confiada del amor de la santa, a través del prójimo, al amor misericordiosos de Dios. Santa Teresita, nos recuerda el Santo Padre, expresaba en sus escritos su «amor esponsal» con Cristo: «Teresita tiene la viva certeza de que Jesús la amó y conoció personalmente en su Pasión: Me amó y se entregó por mí (Ga 2,20)» dice. Además nos lleva al acto de amor que, con la frase «Jesús, te amo», Teresita experimentaba como la misma respiración. Esta es su clave de lectura del Evangelio, asegura el Papa.
En este mismo capítulo nos invita a contemplar al «Amor» que santa Teresita vivió en la mayor sencillez y experimento en la vida cotidiana: «Teresita vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana», y en el corazón de la Iglesia, donde buscó su lugar, escribe Francisco y nos lleva al momento tan especial en que la santita descubre su vocación en la Iglesia: «comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…».
El Papa explica, con palabras sencillas, que este llamado de Dios a «poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad» le permitió a santa Teresita «pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar». Llegando de este modo «a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás».
Aquí en este capítulo el Santo Padre habla de María santísima y del amor a ella por parte de Santa Teresita. Él expone que María fue la primera en vivir el «caminito» en pura fe y humildad; así que Teresita no duda en escribir: «Yo sé que en Nazaret, Madre llena de gracia, viviste pobremente sin ambición de más. ¡ Ni éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros tu vida embellecieron, Reina del Santoral…! Muchos son en la tierra los pequeños y humildes: sus ojos hacia ti pueden sin miedo alzar. Madre, te place andar por la vía común, para guiar las almas al feliz Más Allá».
Francisco llega en este capítulo a un punto central de su exhortación indicando que «es la confianza la que nos lleva al Amor y así nos libera del temor, es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos, es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer». Esto, asegura el Papa, nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir: «Sólo cuento ya con el amor».
La Exhortación se cierra con un cuarto capítulo de título «En el corazón del Evangelio», en el que recuerda que el anuncio de una Iglesia misionera se centra en lo esencial: «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado», y el aporte especifico que regala Teresita, a quien define como «doctora de la síntesis»: «consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana».
El Papa Francisco afirma que la actualidad de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz perdura en toda su «pequeña grandeza: …En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio» y hace una oración en la que expresa: «Querida santa Teresita, la Iglesia necesita hacer resplandecer el color, el perfume, la alegría del Evangelio. ¡Mándanos tus rosas! Ayúdanos a confiar siempre, como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada día tu caminito de santidad. Amén».
Padre Alfredo.
miércoles, 4 de octubre de 2023
«LAUDATE DEUM» La nueva exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la crisis climática.
«Laudate Deum» está dirigida «a todas las personas de buena voluntad». El Papa, entre otras cosas afirma: que «por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos». También afirma que «es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos».
El Pontífice afirma que hay quienes pretenden «burlarse de esta constatación» o buscan «ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global» y lamenta que también existan quienes «responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados. Como siempre, pareciera que la culpa es de los pobres. Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres». Al advertir que «en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años», Francisco refiere que «no es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX». En la exhortación apunta, además, que «una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia» y resalta que se ha visto obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentra incluso dentro de la Iglesia católica.
El Papa aclara que, ante esta situación, «se nos pide nada más que algo de responsabilidad ante la herencia que dejaremos tras nuestro paso por este mundo». La crisis climática sumada a la pandemia del covid, llevan al Papa a insistir hasta el cansancio sobre dos convicciones: «Todo está conectado» y «nadie se salva solo».
Francisco subraya, en una parte del documento, que «un ambiente sano también es producto de la interacción del ser humano con el ambiente, como ocurre en las culturas indígenas y como ha ocurrido durante siglos en distintas regiones de la tierra». «El gran problema actual es que el paradigma tecnocrático ha destrozado esta sana y armónica relación»
El Papa hace un repaso de las distintas conferencias mundiales, comenzando con la de Río de Janeiro en 1992, pasando por la COP (Conferencia de las Partes) de Copenhague de 2009 y la COP de París de 2015, esta última, un «momento significativo, porque generó un acuerdo que involucró a todos. Puede considerarse un nuevo comienzo, teniendo en cuenta el incumplimiento de los objetivos planteados en la etapa anterior». El Santo Padre nos recuerda que el acuerdo entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 y «presenta un gran objetivo a largo plazo: mantener el aumento de las temperaturas medias globales por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales, intentando aun bajar a los 1,5 grados». Luego de citar brevemente las COP25 de Madrid (2019), la COP26 de Glasgow (2021) y la COP27 de Sharm El Sheikh (2022), el Papa dedica unas palabras a lo que se espera de la COP28 de Dubai, que se realizará del 30 de noviembre al 12 de diciembre.
En esta exhortación, el Papa anima a terminar «de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, ‘verde’, romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos» y expresa su esperanza de que quienes «intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos, más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas».
Francisco señala que «la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano en medio del concierto maravilloso de todos los seres, pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un ‘antropocentrismo situado’. Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas, porque ’todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde’». El Santo Padre, sin hacer de lado la parte espiritual de este valioso documento de gran actualidad, hace un llamado especial: «Invito a cada uno a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga, y a embellecerlo con el propio aporte, porque ese empeño propio tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores. Sin embargo, no puedo negar que es necesario ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán sólo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional».
El Papa concluye su exhortación apostólica afirmando que : «'Alaben a Dios’ es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.
Padre Alfredo.
martes, 14 de septiembre de 2021
«Permiso, gracias, perdón»... Tres palabras importantes en un discurso del Papa Francisco
«Yo, cuando encuentro a uno que se casa… les digo: “¡Estos son los que tienen coraje!” Porque no es fácil formar una familia. No es fácil comprometer la vida para siempre. Hay que tener coraje. Y los felicito, porque ustedes tienen coraje”, dijo.
“A veces me preguntan cómo hacer para que la familia vaya siempre adelante y supere las dificultades. Yo les sugiero que practiquen siempre …tres palabras que expresan tres actitudes…que los pueden ayudar a vivir la vida de matrimonio, porque en la vida de matrimonio hay dificultades: el matrimonio es algo tan lindo tan hermoso, que tenemos que cuidarlo, porque es para siempre. Y las tres palabras son “permiso, gracias, perdón”. Permiso. Permiso: siempre preguntar al cónyuge (la mujer al marido, el marido a la mujer) “¿qué te parece?¿te parece que hagamos esto? Nunca atropellar. Permiso.
La segunda palabra: ser agradecidos. Cuántas veces el marido le tiene que decir a la mujer “gracias”. Y cuántas veces la esposa le tiene que decir al marido “gracias”. Agradecerse mutuamente. Porque el sacramento del matrimonio se lo confieren los esposos, el uno al otro. Y esta relación sacramental se mantiene con este sentimiento de gratitud. “Gracias”.
Y la tercera palabra es “perdón”, que es una palabra muy difícil de pronunciar. En el matrimonio, siempre –o el marido o la mujer- siempre tiene alguna equivocación. Saber reconocerla y pedir disculpas, pedir perdón, hace mucho bien. Hay jóvenes familias, recién casados, muchos de ustedes están recién casados, otros están por casarse. Recuerden estas tres palabras, que ayudarán tanto a la vida matrimonial: permiso, gracias, perdón. Repitámoslas juntos: permiso, gracias, perdón. ¡Más fuerte, todos!”
Bueno, todo esto es muy lindo, es muy lindo decirlo en la vida matrimonial. Pero siempre hay en la vida matrimonial problemas o discusiones. Es habitual y sucede que el esposo o la esposa discutan, alcen la voz, se peleen. Y a veces vuelen los platos. Pero no se asusten cuando sucede esto. Les doy un consejo: nunca terminen el día sin hacer la paz.
¿Y saben por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. ¿Y cómo tengo que hacer, padre, para hacer la paz?, puede preguntar alguno de ustedes. No hacen falta discursos. Basta un gesto. Y se acabó. Está hecha la paz.Cuando hay amor, un gesto arregla todo.
Los invito antes de recibir la bendición a rezar por todas las familias aquí presentes: por los recién casados, por los que están casados desde hace tiempo y por los que se van a casar.
Recemos juntos un avemaría, cada uno en su lengua”.
Después de rezar todos juntos el Ave María, el Papa pidió a las parejas, esta vez en italiano, que rezasen por él.»
Discurso del Santo Padre, en Papa Francisco el 29 de julio de 2016.







