miércoles, 29 de julio de 2026

El consuelo de la Palabra de Dios... Un pequeño pensamiento para hoy


No hay duda de que Jeremías, el profeta a quien estoy siguiendo esta semana en la primera lectura de la misa diaria y quien sólo tenía unos 17 años cuando Dios lo llamó, mantuvo una gran lucha interna por la suerte de su pueblo. Él les suplicaba que escucharan porque sabía lo que iba a suceder, pero el pueblo no escuchaba. Debido a la profunda tristeza que eso le causaba, es conocido como «el profeta llorón». El dolor y los constantes lamentos que expresó por el destino de su pueblo lo hicieron famoso. Su misión consistió en advertir sobre el castigo inminente y la destrucción de Jerusalén por parte de los babilonios a causa de la desobediencia y la idolatría. Jeremías sufría al saber las tragedias que sufrirían sus compatriotas y familiares si no se arrepentía, pero su mensaje fue rechazo y él, por esa razón, condenado a la soledad. Fue ignorado, perseguido y marginado por sus propios vecinos y gobernantes por considerar que daba un mensaje duro. Gran parte de sus sentimientos han quedado plasmados en su libro profético y en en el libro de las Lamentaciones.

El pasaje de hoy (Jer 15,10.16-21) nos hace ver que este profeta no encontró consuelo de parte de nadie y que hay veces, sobre todo en los momentos más oscuros de tu vida, en que el único consuelo que nos queda como algo de valor, es una palabra que venga de Dios. Jeremías recordó que la Ley del Señor había sido hallada en el templo y estaba a su disposición. Por eso dice que la devoró, la digirió y llegó a formar parte de él. ¡Cuando necesitamos hoy introducirnos en la Palabra de Dios! Lo que necesitamos no es simplemente un pequeño aprendizaje superficial de algunas reglas, o meramente una breve línea directriz, a algunos pasos a seguir. Necesitamos digerirla para que entre a formar parte de nuestro ser. Traerá alegría al corazón tal como hizo con Jeremías. Solo la Palabra de Dios puede lograr este efecto.

Jeremías se acerca a Dios con mucha confianza porque ha demostrado fidelidad a su Dios quien, desde que lo llamó lo ha acompañado, pero ahora él siente que lo ha desamparado y lo acusa de haberlo engañado. Mientras que Jeremías se acercaba al servicio de Dios con alegría (versículo 16), solo recibió indignación, ira y amargura a cambio (versículo 17). Por esta razón, el profeta puede acusar a Dios de engañarlo. Como un arroyo que se seca, él siente que la promesa de la bendición de Dios ha quedado vacía. El profeta suponía que Dios lo apoyaría si obedecía el llamado al ministerio, pero en cambio solo experimentó abandono. Dios le recuerda a Jeremías que el sufrimiento que ha experimentado es tal como se anunció. Por lo tanto, Jeremías no debe derrumbarse ante la adversidad, sino redoblar su compromiso con su vocación profética. La persecución no ha frustrado la promesa de Dios de liberar y vindicar, y Dios le recuerda que su perseverancia es el medio por el cual el pueblo se arrepentirá de su pecado. En medio de la injusticia, Jeremías no debe permitir que el mal venza al bien como nosotros tampoco debemos hacerlo, a pesar de que haya momentos en que nos sentimos como él. Que la Virgen, que en muchos momentos de su vida no vio con claridad lo que Dios tenía planeado, pero que siempre confió escuchando la Palabra, nos ayude a perseverar. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo. 

martes, 28 de julio de 2026

«Que el Señor se acuerde de nosotros»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Sigo deteniéndome en estos días, como lo propuse ayer, en el libro del profeta Jeremías de la primera lectura de la misa. Este martes el pasaje es del capítulo 14 del versículo 17 al 22  y nos sitúa en uno de los momentos más desgarradores de la historia de Israel. El profeta no contempla el sufrimiento de su pueblo con fría indiferencia, sino con el corazón partido describiendo una realidad terrible: sequía, hambre, espada y desolación profunda. Sus lágrimas corren día y noche por la herida de la «hija de su pueblo». Lo más impactante de este texto no es solo la descripción de la crisis, sino la honestidad brutal de la oración que le sigue. El pueblo, a través del profeta, reconoce su culpa: «Hemos pecado contra ti». Pero inmediatamente después, se aferra a la fidelidad de Dios con un argumento desesperado: «Por amor de tu nombre no nos desprecies... acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros». En medio de la ruina absoluta, cuando la tierra está seca y los falsos ídolos de las naciones vecinas demuestran ser incapaces de traer una sola gota de lluvia, surge una certeza absoluta: «¿No eres tú, Señor, Dios nuestro? En ti esperamos». Este pasaje nos deja una enseñanza crucial para la vida: la verdadera fe no consiste en negar la realidad de nuestras crisis, sino en saber hacia dónde mirar cuando todo se desmorona. A menudo, cuando enfrentamos sequías espirituales, problemas económicos o rupturas emocionales, caemos en la tentación de buscar «lluvia» en los ídolos modernos —el control absoluto, las distracciones, el materialismo o la aprobación de los demás». 

Jeremías nos invita a vaciar el orgullo, a reconocer nuestra vulnerabilidad y a recordar que nuestra única roca firme es la fidelidad de Dios, incluso cuando nosotros mismos hemos fallado, hemos pecado... «Hasta los profetas y los sacerdotes andan errantes por el país y no saben que hacer». Para ilustrar esto, viene muy bien recordar una conocida historia que nos hace sonreír, pero que da en el clavo: Se cuenta que un pueblo agrícola sufría una sequía terrible que amenazaba coEsperarn destruir todas las cosechas. Desesperado, el párroco convocó a todos los habitantes a una jornada especial de oración en la plaza principal para pedirle a Dios que enviara la lluvia. El día señalado, la plaza se llenó por completo. La gente iba con caras largas, discutiendo sobre lo seca que estaba la tierra y lo terrible que sería el invierno si no llovía. El sacerdote subió al altar improvisado, miró a la multitud y, antes de empezar a rezar, se quedó en silencio. Luego, con un suspiro, dijo por el micrófono:—Hermanos, hoy nos hemos reunido aquí para pedirle a Dios, con toda nuestra fe, que mande la lluvia... ¡Pero veo que en realidad ninguno de ustedes cree que lo va a hacer! La gente se miró extrañada y un feligrés gritó desde el fondo:—¿Por qué dice eso, padre? ¡Si venimos todos a rezar! El sacerdote sonrió con tristeza y respondió:—Venimos a pedir que llueva, pero entre los cientos de personas que están aquí... ¡ni uno solo ha traído un paraguas! Solo una niña de ocho años en la primera fila vino con sus botas de agua y su paraguas abierto.

Esta simpática anécdota conecta perfectamente con el final del pasaje de Jeremías. El profeta y el pueblo exclamaron: «En ti esperamos». Esperar en Dios en medio de la sequía significa tener la audacia de la niña de la historia. Significa que, aunque el suelo esté agrietado y el panorama sea gris, nuestra confianza en su fidelidad debe ser tan real que estemos listos para abrir el paraguas. La oración auténtica transforma nuestro lamento en una expectativa activa y esperanzadora. Que María nos ayude siempre a levantarnos de las caídas para volver a empezar y recibir la lluvia de la gracia. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo

lunes, 27 de julio de 2026

«El cinturón de Jeremías y el nuestro»... Un pequeño pensamiento para hoy


Mi reflexión de hoy y de toda esta semana girará en torno a Jeremías en la primera lectura de la misa de cada día. ¿Por qué? La verdad no lo sé, solamente puedo decir que Dios me lo ha pedido y así lo haré. Tal vez el viernes, último día del mes, entenderé el por qué. Pero voy a mi reflexión del texto de hoy que es Jeremías capítulo 13, versículos del 1 al 11. Lean ustedes también el texto que es, de cierta manera, simpático. No es esta la primera vez que Dios invita a Jeremías a realizar una acción simbólica para ilustrar y representar mejor un mensaje para su pueblo. En este caso, valiéndose de algo ordinario como lo es el cinturón, una prenda que se ajusta al cuerpo, una prenda visible y de cercanía, el Señor da a entender que así acercaba a Israel a su Amor, a su Ley, a su fidelidad y a sus favores… Israel era como ese cinturón que Dios quería llevar y lucir.

Sin embargo, este pueblo elegido se dejó corromper y se echó a perder en ambientes paganos, desvirtuándose y prácticamente desintegrándose… No pudo servir de cinturón ya que no se ajustó a la cintura de Dios. El Señor, que es siempre misericordioso, nos invita a ajustarnos a Él. Y puede parecer excesivo para un ser humano, ajustarse a Dios… El hecho de que nos llama permanecer, a ajustarnos a su lado, no puede verse como un exceso de exigencia… ¿qué no podremos reconocer, un exceso de amor y de confianza en esa invitación? ¿Habrá «alguien» que espere algo mejor de nosotros? ¿Habrá un sueño más grande que ese Sueño con el que Dios nos sueña a nosotros sus criaturas?

El Señor no se espanta de nuestros pecados, pero sí se duele cuando nos atrincheramos en nuestro corazón obstinado y le damos la espalda al sueño, al proyecto que Dios tiene de una humanidad ajustada a Él. Esta Palabra ha de cuestionarnos. Porque mirando el conjunto de la historia de Israel nos parece incomprensble tanta resistencia a la propuesta de Dios… ¿pero no nos encontramos más de una vez nosotros también en esa misma experiencia? Yo estoy ahora en unos días de retiro con un grupo de 17 misioneras de todos colores y sabores en un ambiente de silencio y paz que me invita a preguntarme si aunque a veces sea difícil y complicado —como el andar de aquí para allá— me ajusto con alegría a la voluntad de Dios o le aflojo al paso y por lo tanto al cinturón de la fidelidad y del gozo de perseverar. Que la Virgen Madre no me suelte de su mano y me ayude a revisar que esté bien ajustado. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 26 de julio de 2026

«El tesoro y la perla»... Un pequeño pensamiento para hoy

Este domingo emprendo un nuevo viaje, esta vez a la Casa Noviciado de nuestras hermanas Misioneras Clarisas para poner un granito de arena, como cada julio desde hace muchos años, en la vida espiritual del grupo de hermanas que harán su consagración perpetua y de quienes celebran 25 o 50 años de vida consagrada con unos días de ejercicios espirituales dentro de la llamada «Experiencia Inesiana» que abarca en su totalidad, un mes. Voy siempre con el corazón agradecido, por haber recibido de ellas, nuestras hermanas mayores en la Familia Inesiana, tantas bendiciones y porque eso me hace sentirme más de cerca con nuestra madre fundadora, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Hacer ejercicios espirituales es importante para el consagrado, a pesar de vivir siempre bajo la mira de Dios, porque son días especiales que permiten fortalecer el interior, redescubrir el sentido de la vida y tomar mejores decisiones. Además, no puedo dudarlo como experiencia propia, funcionan como un descanso para el alma, al igual que el deporte cuida del cuerpo. ¡Acompáñenme con su oración en este itinerario de una semana en el que caminaremos profundizando en la misericordia del Señor en nuestras vidas! Mañana empezamos Dios mediante.

Y como para preparar mi ser y quehacer para esta experiencia, el Señor me regala este domingo estas maravillosas parábolas del tesoro y la perla —Mateo 13, 44-46—, que, aunque san Ignacio de Loyola, el creador del método de los Ejercicios Espirituales no las cita palabra por palabra en su texto autógrafo, toda la estructura metodológica de la dinámica de Ejercicios está diseñada para que el ejercitante descubra su propio «tesoro» — Jesús— y tenga la fuerza interna para «venderlo todo» por Él. Las parábolas del Reino, bien sabemos, ocupan un lugar central en la predicación de Jesús. A través de imágenes sencillas y cotidianas —un campo sembrado, un poco de levadura, un tesoro escondido, una perla preciosa— nos lleva de la mano en una realidad misteriosa que no se impone con espectacularidad ni se presenta como algo acabado. El Reino de Dios no es un espectáculo admirable ni una meta ya conquistada; es una presencia dinámica que exige búsqueda, decisión y compromiso. Por eso los Ejercicios son necesarios. En los días de retiro, como estos que tendremos, las imágenes evangélicas del tesoro escondido y la perla de gran valor no solo ayudan a representar al Reino de Dios, sino que sirven como el núcleo dinámico para el desapego, la elección de vida y la configuración con Jesucristo.

Las dos parábolas, tras una introducción idéntica, narran el descubrimiento de algo tan valioso que los protagonistas no dudan ni un instante en vender todo lo que tienen para adquirirlo. ¡Cualquiera sería feliz con un descubrimiento semejante! En las dos parábolas, los bienes que poseen los protagonistas del relato, pocos o muchos, son suficientes para que con su totalidad puedan adquirir lo que han encontrado. Y es que cuando uno encuentra el Reino de Dios, bien porque ha tenido la suerte inesperada de encontrarse un tesoro o bien porque lo va buscando, habiendo oído hablar de él, entonces todo está en poner en marcha la sabiduría y el coraje de que uno es capaz, los cinco sentidos, arriesgarlo todo, entregar todo lo que uno tiene, por ello. Por eso lo importante de estas dos parábolas es la decisión que toman ambos protagonistas. El Reino aparece aquí como un don al alcance de todos, de los afortunados y de los inquietos, de los que sin buscarlo lo encuentran por casualidad y de los que lo descubren al final de una ardua búsqueda. Para responder adecuadamente a ese don, aceptándolo y haciéndolo suyo, hay que vivir plenamente la vocación específica que Dios nos ha dado. Cuidarla, cultivarla, alimentarla. Que María santísima ayude a estas hermanitas a obtener un gran futo para vivir en plenitud su desposorio con Cristo y a mí me de las palabras persuasivas que acompañen su «sí». ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 25 de julio de 2026

«El apóstol Santiago y su hermano Juan; derecha, izquierda, izquierda derecha»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Hoy es día de apóstol Santiago y, en el Evangelio, san Mateo (Mateo 20,20-28) nos lleva a una escena a la vez simpática y comprometedor. Los hijos de Zebedeo —Santiago y Juan— convencieron a su madre de que se acercara a Jesús para que le pidiera el honor de sentar a sus hijos a la derecha y a la izquierda en su reino. El Señor escucha a la madre alcahueta —como se dice en México— y se dirige para responder, no a ella, sino a ellos, para decirles que todavía les quedaba por recorrer un largo camino de conversión hasta comprender la realidad del reino que Jesús anunciaba. Seguro que no entendieron posiblemente el alcance de la pregunta que Jesús les hizo: «¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

El relato nos cuenta que los otros diez apóstoles, se indignaron ante la petición de Santiago y Juan, porque eran conscientes de la situación y en el fondo ellos también querían puestos especiales y los hijos del Trueno —como eran conocidos—se les habían adelantado. Esto nos deja una enseñanza grandísima, sobre todo a quienes por una u otra razón, nos toca estar al frente de algo, ocupando puestos de «importancia» que debemos entender, son pasajeros. Al seguir a Jesús no hay privilegios de sentarse a su derecha o a la izquierda, nuestro vida junto a él es servicio, no «carrerismo» como recordó varias veces en su pontificado el papa Francisco. papa Francisco. Siempre puede ser una tentación olvidar la escala de valores de Jesús en el Evangelio, por eso la Beata María Inés repetía: «Si no es para salvar almas, no vale la pena vivir».

Ser grande y ser el primero se traduce, desde los valores del Evangelio, en hacerse pequeño y servidor de todos. Con razón uno de los títulos que ostenta el papa, unido a los de vicario de Cristo, santo padre, y sumo pontífice, está el de «siervo de los siervos de Dios». Con el servicio, no solo Santiago sino los demás apóstoles y los primeros cristianos, daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ni la persecución ni la cárcel los detenían. No hacían caso de aquellos que pretendían apagar su voz y no querían reconocer sus signos ante el pueblo. La historia nos narra que para acallar su voz, Herodes mandó decapitar a Santiago. Es el primer apóstol mártir por dar testimonio de la resurrección del Señor. Que junto a María santísima la fe de Santiago y el testimonio de su vida entregada nos alientan en el seguimiento de Jesucristo. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 24 de julio de 2026

¿Cómo acogemos la Palabra?... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Qué delicadeza de Nuestro Señor el detalle de explicar la parábola de sembrador! Con esto el evangelio de hoy (Mateo 13,18-23) es una homilía de Jesús que pone el foco en algo muy concreto: ¿Cómo acogemos la Palabra? En esta escena evangélica la semilla que se va a sembrar es buena y el sembrador es generoso; el problema —o la oportunidad— está en el terreno. Cierto que a nuestro alrededor hay corazones endurecidos, donde nada penetra; hay corazones superficiales, donde las emociones prenden, pero no arraigan; hay corazones llenos de espinas donde las preocupaciones, el consumismo o el famoso estrés acaban ahogando lo importante. Y está el corazón bueno que, como tierra buena, acoge en su interior la semilla, se deja transformar y da fruto.

Aquí Jesús nos da la clave: hay que tener un corazón de tierra buena. No tanto el ser personas perfectas, sino personas que viven disponibles, abiertas, con ganas de dejarse transformar. Tener un corazón que no se queda en escuchar, sino que traduce la Palabra en vida concreta: en gestos, decisiones, compromisos, acciones. Jesús nos invita a cultivar nuestro corazón para que sea fértil. ¿Cómo? Cuidando una escucha real, con tiempos de silencio, profundidad y encuentro con Dios meditando la Palabra, arrancando los abrojos, revisando qué nos está comiendo por dentro y haciendo camino de fe con otros, en comunidades que sean espacios de vida y crecimiento.

Ese 100, ese sesenta, ese 30 cuando habla de dar fruto, no es algo abstracto. Es compromiso real de más bondad, más generosidad, más perdón, más amor... más don de sí. Pidamos a María santísima que nos presente su corazón. Ese corazón en donde la semilla floreció. Ese corazón de tierra buena que no vivió en este mundo para sí y que sigue generando espacios de vida alrededor. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 23 de julio de 2026

«Los que viven sin ver ni escuchar a Jesús»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY







El Evangelio de hoy (Mateo 13,10-17) seguramente centra la atención de mis 16 lectores en unas palabras desconcertantes que salen de la boca de Jesús: «al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero el que tiene poco, aún es poco, se le quitará». Son palabras que se refieren al aumento o disminución de la capacidad para entender el mensaje de Cristo. Unos, como discípulos–misioneros, comprenderán y se alegrarán con esa luz, Jesús los llama «dichosos», porque sus ojos sí ven y sus oídos sí oyen, demostrando un corazón dócil y abierto. Pero los que se endurecen voluntariamente quedarán más confundidos. 

La cuestión para Jesús es sencilla. Él nos pide docilidad, sencillez de corazón, apertura para poder acoger sus palabras y ponerlas en práctica. Aunque es posible que no nos sintamos capacitados para ello o que simplemente hayamos endurecido el corazón. La época actual ha endurecido el corazón de muchos debido a una combinación de factores psicológicos, sociales y tecnológicos que ofuscan la fe. Debido a eso mucha gente no sabe enfocar el dolor, las frustraciones o la soledad. El Señor, en este pasaje, nos dice que la gente oye pero no entiende y mira pero no ve, aclarando con palabras fuertes que no se trata de una incapacidad mental, sino de una decisión del corazón de no querer recibir el mensaje porque mantener el corazón duro evita tener que cambiar de vida o confrontar los propios errores.

La palabra original en griego, que califica ese corazón, sugiere un corazón que se ha vuelto grueso, insensible o «calloso». La familiaridad con las cosas sagradas que muchos católicos viven sin una fe real y profunda adormece la conciencia. La falta de hambre espiritual cierra la puerta a una revelación más profunda del amor de Dios y se queda solamente en cumplir... ¡como uno que cumple una orden, pero sin escuchar con atención lo que se le pide!  Por eso, en nuestra oración, debemos pedir a Dios confiadamente: «Señor, ayúdame, abre mi corazón, haz que vea, haz que oiga para que comprenda lo que quieres decirme». Que María nos ayude a unir nuestro corazón al de Jesús en todos los momentos de nuestra vida, viéndolo y escuchándolo en medio del vaivén del turbulento mundo de hoy. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

MISA EN LA INSIGNE Y NACIONAL BASÍLICA DE GUADALUPE EN EL 45 ANIVERSARIO DEL REGRESO A LA CASA PETERNA DE LA BEATA MARÍA INÉS TERESA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

miércoles, 22 de julio de 2026

«A la urgencia de la misión como Magdalena, 45 años del retorno a la Casa del Padre»... Un pequeño pensamiento para hoy

Este miércoles la vivencia de nuestra fe nos regala una coincidencia providencial. Mientras la Iglesia entera celebra la fiesta de Santa María Magdalena, en la Familia Inesiana contemplamos con profunda gratitud el 45º aniversario del tránsito al cielo de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento y el pasaje de Juan 20,1-2.11-18 que leemos en la misa de hoy, entrelaza de forma perfecta la vida de estas dos grandes mujeres. Ambas experimentaron un paso radical: de las lágrimas del sepulcro a la urgencia de la misión. Al celebrar a Santa María Magdalena y el legado de la Beata María Inés Teresa, el Señor nos invita a vivir un encuentro transformador con Cristo resucitado que nos impulse a compartir la alegría de la fe en n uestra condición de discípulos–misioneros. Como la Magdalena y la Beata María Inés, estamos llamados a superar nuestros miedos y convertir el dolor en una misión apasionada de evangelización, llevando la luz de la esperanza a todo el mundo.

El Evangelio nos muestra a María Magdalena llorando junto al sepulcro vacío. Su dolor es inmenso porque piensa que le han quitado a su Señor. Muchas veces la vida de la Beata María Inés también estuvo rodeada de noches oscuras, enfermedades y las lógicas dificultades de fundar una obra misionera de gran calibre. El llanto de la Magdalena cesa cuando escucha una sola palabra de los labios de Jesús: «¡María!». Al ser llamada por su nombre, reconoce al Maestro. De igual manera, la Beata María Inés experimentó un encuentro vivo con el Resucitado que transformó su existencia. Por otra parte Jesús le dice a la Magdalena una frase que es desconcertante: «¡No me retengas!» Es que el encuentro con Cristo no es un privilegio para guardarlo de forma egoísta, sino un fuego que exige ser compartido. Esta misma dinámica marcó los 45 años del legado de la Madre Inés. Aunque inició su vida religiosa como Clarisa en el claustro contemplativo, el fuego del Resucitado no le permitió quedarse allí. Escuchó el llamado a edificar una familia misionera y comprendió que contemplación y acción van de la mano. Su amor al Rsucitado presente en la Eucaristía la impulsó a «retener» únicamente el amor de Dios para luego dispersarlo por el mundo entero, enviando evangelizadores a donde Cristo no era conocido.

El Evangelio nos dice que María Magdalena corrió a decirle a los discípulos la frase que cambió la historiade la humanidad: «¡He visto al Señor!». Por esto, la Iglesia la aclama como la Apóstol de los Apóstoles. Podemos afirmar, con certeza, que Madre María Inés Teresa fue, en nuestro tiempo, una verdadera sucesora de ese espíritu de la Magdalena. Su vida entera clamó: «¡He visto al Señor y urge que él reine!» Su carisma misionero y su sonrisa constante —que los testigos describían como el reflejo de la Pascua— fueron el anuncio vivo de que la muerte ha sido vencida. Su promesa solemne a la Virgen de Guadalupe de «hacerla amar por el mundo entero» nació de esa misma certeza pascual. Al igual que Santa María Magdalena y la Beata María Inés, dejémonos transformar por la voz de Jesús que a nosotros también nos llama por nuestro nombre. Salgamos de nuestros propios sepulcros de miedo, tibieza o tristeza, y corramos a anunciar con nuestra vida la alegría de la Resurrección. Que junto a la Virgen, a María Magdalena y la Beata María Inés Teresa alcancemos el ser, por la gracia del Resucitado, misioneros incansables de la bondad y el amor de Dios. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 21 de julio de 2026

«Olivia Trejo Solorio, una vida de entrega con convicción»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCIII


Toda persona consagrada está llamada a anticipar la victoria de Dios sobre la muerte ya en los días de su existencia terrena, pues, animada por la gracia del Espíritu, vive aquí abajo anticipando lo que
será la vida futura. 

La vida religiosa es la concreción del deseo de estar con Cristo en una unión que se prepara en este mundo y llega a su plenitud en el cielo. Así fue la vida en este mundo de la hermana Olivia Trejo Solorio, una mujer de una búsqueda constante de la voluntad de Dios entre los vaivenes que toda existencia terrena puede tener.

Olivia Trejo Solorio nació el 19 de julio de 1946 en Celaya, Guanajuato, un lugar pintoresco del centro de México mundialmente famoso por su tradicional cajeta artesanal elaborada con leche de cabra, ganándose el título de la «Capital de la Cajeta"» o la «Ciudad más dulce del mundo». Allí mismo fue bautizada el 15 de agosto de aquel mismo año. Siendo todavía muy pequeña, su familia emigró a los Estados Unidos instalándose en California, en donde recibió la educación elemental.

Fue en esas tierras californianas en donde Olivia escuchó la voz del Señor y respondió a su llamado ingresando a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 27 de diciembre de 1964 iniciando su formación como postulante. La Beata María Inés Teresa había fundado en Los Ángeles una guardería que hasta la fecha da un gran servicio a los hijos pequeños de inmigrantes de varias naciones y cuyos recursos económicos son limitados. Allí los pequeños van aprendiendo a convivir siguiendo los protocolos que una sociedad, formada por múltiples culturas, ha de seguir. Los niños aprenden, además, sus primeras palabras en inglés.

El 8 de diciembre de 1965, esta hermana, que se distinguió desde joven, entre otras cosas, por su refinada educación, dio un paso más convencida de que Dios le llamaba a conocer más a fondo la vida consagrada en el estilo trazado por la Beata María Inés Teresa iniciando su noviciado para hacer su primera profesión religiosa como religiosa Misionera Clarisa dos años después, el 8 de diciembre de 1967 y luego consagrarse definitivamente el 8 de septiembre de 1974.

Sus primeros años como religiosa los vivió allí esa región de Estados Unidos donde estudió enfermería,. En 1977 fue enviada a la región de México en donde se especializó en Espiritualidad. En 1980 regresó a California y continuó estudiando para obtener el diploma de Bachelor in Arts y su acreditación como maestra.

Allá mismo hizo estudios especializados para enseñar a adultos con problemas de aprendizaje. Siendo, en aquellos tiempos, una de las primeras hermanas en alcanzar ese grado de preparación.

Siempre inquieta por ir buscando cumplir la voluntad de Dios, hizo un alto en su vida como Misionera Clarisa, experimentando en 1987, un año especial de discernimiento para ver si podía incorporarse al Instituto de Notre Dame,  una congregación religiosa dedicada en exclusiva a la educación, haciendo una experiencia de vida en esa congregación para regresar, convencida de su vocación de Misionera Clarisa al año siguiente viviendo en plenitud su carisma y entregándose con los dones que Dios le concedió.

Así vivió por muchos años hasta que en Roma, el Señor la vio madura para celebrar las Bodas del Cordero.

Que el Señor le haya regalado a la hermana Olivia el gozo de contemplar su rostro en la eternidad.

Padre Alfredo.


«La familia de Jesús, una familia que trasciende los lazos de sangre»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

En el evangelio de hoy (Mt 12,46-50) nos topamos con unas preguntas retóricas de Jesús: «¿Quién es mi madre?» «¿Quiénes son mis hermanos?» Son dos preguntas que lejos de suponer un cierto menosprecio a su familia y, sobre todo a su Madre, quieren significar —en relación con la primera lectura (Miq 7,14-15.18-20)—, que solamente la fe y el emor constituyen la verdadera familia de , la familia que trasciende los lazos de sangre y, que, por ende, debe ser también la base de la fraternidad humana deseada por Dios.

El mejor ejemplo de esto es precisamente María, la siempre fiel, la mujer que dio un «Sí» incondicional a un Dios que le pedía no ya una fe inquebrantable, sino su propia vida y la vida de su pueblo, Israel. Con ella y en Ella, como Madre que escucha la Palabra y la pone en práctica, Dios se hace presente entre nosotros de una manera nueva, increíble diría yo. El Dios Siempre fiel se hace uno de nosotros y nace así una nueva familia, un nuevo pueblo «que hace la voluntad del Padre»

Jesús, con la respuesta que da a estas preguntas que hace alguien de quien no sabemos nada, nos invita a formar parte de la verdadera familia de los hijos de Dios, la Iglesia, que construye el Reino desde una fraternidad inquebrantable que nace de la fe y del amor y va más allá de los lazos de sangre. Ciertamente es un exigente compromiso en el que no bastan solo nuestras fuerzas, pero también una consoladora esperanza y una unidad que hemos de vivir con un tinte familiar con María. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

«Theresia Sri Mudjiati, una mujer consagrada que supo cosechar»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCII

En la Lira del Corazón, hace muchos años, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento escribió: «Mi tarea penosa, la de sembrar en el dolor, llena de lágrimas ya terminó, ahora me toca segar contigo en la alegría, y llena de júbilo santo poseerte eternamente...»

El camino de la vida consagrada, suele presentarse como un campo de cultivo exigente. El esfuerzo se realiza con lágrimas en los ojos. La vida de seguimiento de Cristo está llena de alegría que fortalece al alma para sembrar la Palabra de Dios en los campos del mundo, pero la tarea implica también sacrificios, pérdidas y el dolor que todos, en algún momento, debemos transitar. La tarea muchas veces es penosa, por las dificultades que se van presentando, pero ciertamente que ninguna cosecha nace sin antes haber enterrado una semilla en la oscuridad del suelo.

El 3 de febrero de 2016, hace ya 20 años, fue llamada a la Casa del Padre, en Indonesia, la hermana Misionera Clarisa Theresia Sri Mudjiati. Theresia dejó este mundo en la casa de Ngawi en este país en donde la Iglesia católica local cuenta con una fuerte labor de la Familia Inesiana. La sede en Ngawi funge como el noviciado oficial de las Misioneras Clarisas en Indonesia. Allí, además de encontrarse el espacio dedicado a la formación espiritual y académica de las jóvenes indonesias que aspiran a consagrar su vida al carisma inesiano, hay una ardua labor misionera de las hermanas que, fieles al legado de su fundadora, brindan asistencia social y acompañamiento espiritual en las comunidades de la región.

El Señor bendijo a la hermana Theresia con la cruz de una larga y penosa enfermedad, pues durante más de dos años, los últimos de su vida, sufrió las consecuencias de una embolia cerebral. Esta enfermedad la llevó con serenidad y paz, preparándose cada día al encuentro del Esposo convencida, como toda alma consagrada a Dios, que el dolor nunca tiene la última palabra. Nada es en vano. La enfermedad en el consagrado y en general en todo bautizado, es el agua que prepara la tierra para un fruto extraordinario. La promesa final es la transformación radical del sufrimiento en gozo. 

En la Familia Inesiana recordamos cómo nuestras hermanas de la Región de Indonesia, con fraternal solicitud estuvieron en todo momento al pendiente de ella, sobre todo en estos últimos días de su agonía y en esos momentos en que iba ya a recibir el premio de los que en esta vida han dejado todo para seguir a Cristo Esposo.

Llegar al momento de la cosecha junto a lo divino, implica, en toda comunidad religiosa, que el dolor, el cansancio, la enfermedad, se disipa para dar paso a una alegría que no es pasajera, sino profunda y permanente. Al final de la vida, luego de un largo periodo de sufrimiento, el júbilo santo viene a recordarnos que el propósito de haber sostenido la marcha en los días oscuros era alcanzar una comunión eterna en el descanso definitivo al estilo de Dios, que no es quietismo infecundo sin más, sino intercesión por quienes siguen en la tierra gracias a la comunión de los santos. La muerte fue, para la hermana Theresia, el abrazo que reparó cada herida causada por la enfermedad y la certeza de que todo lo sembrado en el dolor florece para siempre en un amor que ya nada puede marchitar.

Que María Santísima, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, nos alcance a todos el don de la perseverancia en la fe y en la vocación.

Padre Alfredo.

«La gente buena y santa en nuestro camino»... Un pequeño pensamiento para hoy

No hay duda alguna de que Dios quiere de nosotros un corazón humilde, un corazón agradecido y tierno; equitativo, misericordioso y compasivo; un corazón equilibrado, sacrificado, atento a las enseñanzas, precavido para no desviarse del camino. Para no salirnos del sendero, el Señor, en su infinita misericordia, nos pone junto a personas buenas y santas para guiarnos y cuidarnos en la vida. Estos compañeros de camino nos inspiran a hacer el bien y a mantenernos firmes en la fe. En mi caminar por la vida, el Señor ha puesto mucha gente de esta clase: mis padres, Lalo mi hermano,  las tías Celina (†) y Angélica, la madre Juanita, la Beata María Inés, la madre Teresa Botello (†), el señor arzobispo Rafael Bello (†), San Juan Pablo II, el beato Eduardo Pironio, mis padrinos los monseñores Juan Esquerda y Juan José Hinojosa (†) y mucha gente más que he dejado huella, pero hoy quiero hablar de uno de mis amigos del alma que, con una sutileza increíble y un humor extraordinario, a sus casi 90 años, rejuvenece mi espíritu en un instante y lo eleva al gozo de sentirme amado y llamado por Dios a vivir plenamente mi vocación sacerdotal–religiosa–misionera. Me refiero al padre Abundio.

Abundio calca perfectamente en su ser y quehacer lo que Miqueas nos deja en herencia en la primera lectura de hoy (Miq 6,1-4.6-8) Este profeta, según podemos ver en este trozo de la Escritura, es un maestro por antonomasia, que, con pocas palabras y con el mejor modo de hacerse entender, nos enseña mucho. En primer lugar nos enseña que es de Dios de donde procede siempre y solamente el bien; luego nos muestra que es Dios mismo quien ha devuelto la libertad de hijos a todos y que espera siempre una respuesta, no para engrandecerle a él, sino para perfeccionarnos nosotros y ser lo que debemos ser porque libremente elegimos seguirle. Finalmente nos recuerda que la repuesta que nos pone con alegría ante él, esta forjada de humildad reconociendo a nuestro excelso Señor como quien da sentido a lo que somos y hacemos. ¡Cuánto aprendo del padre Abundio con solo mirarlo, con sentir su cariño de padre y de hermano, con sus consejos y con su testimonio de una vida cargada de años —con los achaques correspondientes— y marcada por una portentosa fidelidad y perseverancia!

¿Haz pensado en las personas buenas y santas que Dios ha puesto en tu vida comenzando con nuestras familias, ya sean biológicas o no? Podemos guardar recuerdos maravillosos, conmovedores e inolvidables de familiares y amigos que, en diversas circunstancias de la vida nos han acercado o regresado a Dios. Hay recuerdos que quizá desearíamos olvidarlos sin importar a qué categoría pertenezcan, pero los que vienen de gente de bien, representan la mano activa o de Dios en nuestras vidas. Desde que llegamos a este mundo, como peregrinos que vamos de paso, recibimos bendiciones y más bendiciones de estas personas que Dios pone en nuestro camino. Sus vidas nos inspiran, nos enseñan a perseverar y nos muestran caminos concretos de santidad. A través ellos Dios nos concede ayuda, consuelo y fuerza para seguir su voluntad. No olvidemos que junto a ellos nos acompaña María, los santos, la Iglesia por la comunión de los santos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 19 de julio de 2026

«PACIENCIA, PACIENCIA»... Un pequeño pensamiento para hoy

La liturgia dominical al celebrar la Eucaristía, es siempre muy rica y este domingo no es la excepción. Las tres lecturas y el salmo están perfectamente integradas para recordarnos que el Señor es bueno y misericordioso, que es compasivo y sobre todo, es un Dios paciente. (cfr. Sáb 12,13.16-19; Rom 8,26-27; Mt 13,24-43 y el salmo 85). Su fuerza, su poderío, sí, sabemos que está en la justicia, pero más que eso, como dice Madre Inés, en su misericordia, en la indulgencia, en la benignidad de su corazón de Padre y hoy, luego de darle un vistazo a estas lecturas, podemos decir que indudablemente también en su paciencia. 

Dios es paciente porque permite que el bien y el mal coexistan en el mundo y espera por la conversión humana, como ilustra la parábola de la cizaña. Dios es paciente, porque espera unos meses a que de un granito tan pequeño como el de la mostaza brote un arbusto. Dios es paciente porque espera que la levadura fermente la masa. ¿Pero cuánto tardan el trigo y la cizaña en crecer? ¿En cuánto dura el crecimiento de la mostaza para llegar a ser un arbusto? ¿Cuánto tiempo tarda la levadura en fermentar la masa? El trigo y la cizaña llegan a su madurez entre 130 y 180 días. El granito de mostaza en tres o cuatro meses ya es un arbusto que ha e fortalecerse y la levadura tarda entre 3 o 4 horas. Pues Dios, como nos damos cuenta, es mucho, muchísimo más paciente con nosotros.

La paciencia de Dios con nosotros es infinita e incondicional. A diferencia de nuestra paciencia humana, la de él no depende de nuestro comportamiento, sino de su naturaleza misericordiosa, de su compasión, de su bondad. Su propósito no es castigarnos al primer error, sino darnos el tiempo y la oportunidad de arrepentirnos y cambiar. En la Sagrada Escritura, en otros pasajes, esta paciencia divina se describe como «lenta a la ira». Lejos de cansarse de nuestras fallas, Dios, como Padre bueno y cariñoso que nos ama, nos ofrece una y otra vez su gracia. Su mayor deseo es que nadie se pierda y todos tengan la oportunidad de acercarse a Él, sosteniéndonos con amor incluso cuando nos desviamos del camino. De seguro Jesús vio el crecimiento del trigo y la cizaña desde pequeño, al igual que los granos y arbustos de mostaza en los grandes patios de las pequeñas casas del oriente medio y allí, en la pequeña casita de Nazareth, vio fermentar la masa. Que María nos ayude a valorar la paciencia de Dios y a ser agradecidos. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

«María Luisa Ruiz Estrada, la hermana que hablaba desde el silencio de su sí»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCI

Hay personas que pasan por el mundo aparentemente sin hacer mucho ruido. Personas sencillas que de manera callada van sembrando la semilla de la Buena Nueva por donde pasan. Este es el caso de la hermana María Luisa Ruiz Estrada, una Misionera Clarisa que dejó este mundo a los 93 años de edad y cuya larga vida, consagrada al servicio de Dios dejó, en lo oculto de las pequeñas y grandes tareas de la  ida ordinaria, las huellas de Cristo.

La hermana María Luisa, desde joven, fue una mujer muy ejemplar en su vida cristiana destacando por ser una colaboradora siempre fiel y disponible en la parroquia de su pueblo, especialmente como catequista. 

Atraída por Dios a la vida misionera, ingresó a la congregación de del Santísimo Sacramento, de quien aprendió a vivir con sencillez y alegría las más preciadas virtudes.

Las hermanas que la conocieron la recuerdan hasta hoy como una hermana generosa y silenciosa en la vida de comunidad y con un espíritu muy mariano, pues siempre dejaba ver un intenso amor a la Santísima Virgen.

Fue una hermana que realizó con empeño los trabajos de la Vida de Nazareth, esa vida oculta que nos recuerda los años de Cristo en las tareas que no brillan pero que, en una vida de comunidad, son básicas seguía teniendo en su cuarto la máquina de cocer para hacer lo que sabía era necesario a la comunidad, pues era una excelente costurera. 

Luego de una delicada operación de columna, tuvo que convalecer y cuando se le preguntaba cómo estaba, con una sonrisa en sus labios, respondía: «¡Como Dios quiere!» Sus familiares la visitaban en el convento con mucha frecuencia mientras se recuperaba y la rodeaban de cariño y atenciones al igual que la comunidad. Pero, la voluntad de Dios es que no permanezcamos para siempre en este mundo y, por el peso de los años, se le dejaron venir nuevas complicaciones, que por su misma edad, médicamente no se le pudo hacer más
En un lapso corto de tiempo llegó a su vida la insuficiencia renal, los dolores que no le daban descanso y el desgaste de quien era imparable en los pequeños servicios. En sus últimos días ya no podía tomar sino poquísimo alimento. Aunque conservaba un rostro sereno, se veía que no tenía aliento ni para abrir sus ojos, mismos que cerró estando rodeada de hermanas que, rezando y cantando, la acompañaban en su silencioso y tranquilo tránsito al cielo.

No recuerdo con exactitud la fecha de su fallecimiento y no tengo más datos. No hay tampoco una fotografía a mi alcance pero su rostro quedó grabado en mi mente y en mi corazón. Me basta cerrar los ojos y verla sonreír con sencillez y sentir su silencio, reflejo de un alma pacífica y pacificadora.

¡Gracias hermana María Luisa por haber dejado las huellas de Cristo en mi vida!

Padre Alfredo.

«EL TRIGO Y LA CIZAÑA ADENTRO Y AFUERA»... Homilía en el Triduo Inesiano en la Casa Madre



HOMILÍA EN EL TRIDUO INESIANO
DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026
CASA MADRE
CUERNAVACA, MORELOS, MÉXICO

Sáb 12,13.16-19
Sal 85
Rom 8,26-27
Mt 13,24-43

En esta época de la historia que nos toca vivir, donde con mucha frecuencia —de vez en diario— predominan la prisa, el juicio rápido, la intolerancia, el acelere; la Palabra de Dios de este domingo nos presenta, en las lecturas que hemos escuchado, a un Dios paciente y misericordioso que ofrece esperanza. En los tres trozos de la Escritura en la misa de hoy, se revela el verdadero rostro de Dios: un Dios paciente, compasivo y misericordioso. Por su parte, complementando esto, el salmo responsorial, nos recuerda que el Señor es bueno.

Nuestro Dios, queridos hermanos, no actúa como muchos fundamentalistas o extremistas apocalípticos quisieran. Dios tiene sus propios caminos, a veces a primera vista lentos e incomprensibles. Jesús, con la primera de las tres parábolas que hemos escuchado, nos sorprende mostrándonos la seguridad y confianza del dueño del campo en donde crece el trigo y la cizaña y en el que, al final, antes de la cosecha —aunque sean muy parecidos— se diferenciarán.

El día de ayer nos hablaban del mundo de hoy, de su lenguaje, de su forma de ver la vida, de la manera tan particular de llevar la vida, en donde puede ser difícil distinguir la cizaña del trigo. Hay que tener paciencia y esperar los acontecimientos finales. Esta parábola, que es exclusiva de Mateo, nos hace ver que en el campo del mundo no es solamente Dios quien siembra, hay otros que lo hacen... Pero lo importante y decisivo es saber esperar. No hace falta ser duros como el pedernal, no vale la pena actuar como inquisidores desaforados; al bien y a la bondad hay que darle sus oportunidades. ¿Por qué querer ir de prisa y adelantarse inútilmente corriendo el riesgo de arrasar con lo bueno que haya?

Nuestra Madre fue conocida y admirada por su paciencia heroica en las grandes pruebas, en las tareas ordinarias, en los incontables viajes y en la gestión de nuevas obras. En su vida de fundadora y de superiora general, vio crecer el trigo y la cizaña juntos y supo esperar a ver los frutos. A la hora de su retorno a la Casa del Padre, luego de que la cizaña se había separado del trigo, había más de 250 hermanas en 9 países, hoy la familia sigue creciendo.

Como misioneros, todos nosotros recorremos caminos, entramos en muchos corazones y sembramos la buena semilla del Evangelio. Sin embargo, a veces, no lo niego, desanima un poco el ver que, junto al fruto del esfuerzo, también crece a nuestro alrededor la división, la indiferencia o el egoísmo. Es el misterio del trigo y la cizaña que se sigue dando. Además hay que recordar que el trigo y la cizaña crecen también, al mismo tiempo, en nuestra mente y en nuestro corazón.

En dos de sus cartas, la Beata María Inés toca este tema de la cizaña e ilustra muy bien esto: En la primera de estas cartas apunta: «Bueno hijos, pidan mucho por nuestras misiones; son de Dios, y muy nuestras, de todo nuestro instituto; las debemos amar mucho y rogar y sacrificarnos para que se logre mucho fruto en las almas, y que el demonio no vaya a meter la cizaña». (Carta colectiva del 1 de junio de 1962). En la otra dice: «Ustedes, por caridad, no hagan caso de insinuaciones o críticas que les puedan llegar, no hay que constituirse en sembradores de cizaña». (Carta las Misioneras Clarisas de Costa Rica en marzo de 1970).

Jesús nos enseña que la misión principal del discípulo–misionero es cuidar el crecimiento del trigo y procurar que produzca frutos abundantes, incluso en medio de las dificultades que pueda acarrearle el crecer junto a la cizaña. Crecer junto a la cizaña para el hombre y la mujer de fe, sea cual sea su vocación específica, es crecer en Dios, porque sabemos y confiamos que Cristo nuestro Señor es nuestra defensa contra la «mala hierba». Redescubramos, a la luz de esta Palabra, el valor de la paciencia, de la comprensión y de la esperanza. El Señor sigue actuando en la historia y haciendo crecer el trigo en medio de las dificultades.

Este hermoso triduo inesiano en el que estamos participando, nos ayuda a abonar el terreno de nueva cuenta y a sembrar a sabiendas de que, como en la vida de nuestra fundadora, aparecerá la cizaña. Hay que ir adelante con esperanza. Hay que seguir gastando la vida por el Reino, sabiendo que al final de los tiempos, Dios mismo recogerá el trigo limpio en su granero. Pidamos a María santísima que n os ayude, como buena jardinera, a que nuestras vidas sigan siendo esa buena tierra donde la semilla de Dios dé fruto abundante. Amén.

Padre Alfredo.

sábado, 18 de julio de 2026

«Hora Santa para pedir perdón y preprarse a la reconciliación»... HORA SANTA 45


Monitor:
Bienvenidos queridos hermanos y amigos. Nos reunimos en oración, porque queremos adorar en esta Hora Santa a Jesús Sacramentado. Él desea inmensamente estar a nuestro lado y por eso nos invita a orar como sus discípulos-misioneros. Nuestro alimento en este espacio de tiempo será estar con Él en el Sacramento Eucarístico y escucharle en su Palabra, para ir, después, al encuentro de los hermanos más alejados. Nos ponemos de rodillas para entonar el canto y recibir a Jesús que llega en la Eucaristía.

CANTO
«ALTÍSIMO SEÑOR»

Altísimo Señor, 
que supiste juntar
a un tiempo en el altar,
ser cordero y pastor
Quisiera con fervor, 
amar y recibir
a quien por mí 
quiso morir.

Cordero divinal 
por nuestro sumo bien,
inmolado en Salén, 
en tu puro raudal
de gracias celestial, 
lava mi corazón,
que el fiel te rinde 
adoración.

Suavísimo maná, 
que sabe a dulce miel,
ven y del mundo vil 
nada me gustará.
Ven y se trocará 
del destierro cruel
con tu dulzura 
la amarga hiel.

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: Jesús Eucaristía, queremos pasar esta Hora contigo, para consolarte, y para hacer alguna reparación por medio del amor de nuestro pobre corazón, por la agonía que sufriste en Gethsemaní. 

Lector 2: En aquella hora solitaria fuiste abandonado, y las criaturas que Tú creaste para amarte, no te amaron. El peso de todos nuestros pecados recayó sobre Ti, y el de los míos también.

Lector 1: Por el dolor que te causamos entonces con nuestros pecados, queremos esforzarnos en satisfacerte con nuestro amor. Fortalece Jesús mío nuestro débil corazón, para que aunque sea en pequeña medida, te de consolación.

Lector 2: Sagrado Corazón de Jesús, fortalecido en tu agonía por un Ángel, confórtanos en estos momentos en los que reconocemos que somos pecadores y que siempre estamos necesitados de ti.

Momentos de silencio para adoración.

Si está presente un diácono o un sacerdote, hace esta pequeña lectura. Si no, la lee alguien más: 

Del Evangelio según San Lucas (Lucas 22, 39-44)
«En aquel tiempo salió Jesús y, según su costumbre, se fue al Monte de los Olivos; y los discípulos lo siguieron. Al llegar al lugar, les dijo: “Oren, para que no caigan en tentación”... En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre. Palabra del Señor. 

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: A cada petición vamos a responder: Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.

Por los que no quieren salir de sus pecados y más bien perseveran en ellos. R/
Por los incrédulos que dudan de la presencia real de Jesucristo en este adorable Sacramento. R/
Por los que desprecian tu presencia amado Jesús en el Santísimo Sacramento. R/
Por los que te profanan Jesús en tu presencia real en cuerpo, sangre, alma y divinidad. R/
Por los que ultrajan las Hostias Consagradas. R/
Por los que te reciben sin contrición, sin deseo de corregirse. R/
Por los irrespetuosos ante tu presencia real. R/
Por los soberbios que se creen merecedores de tan Altísimo Sacramento. R/
Por los desconfiados de las gracias y dones de Jesús en su presencia en la Eucaristía. R/
Por los que le son indiferentes ante su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad presente en todos los Sagrarios del mundo. R/
Por los que se presentan con fastidio ante El, Jesús Eucaristía. R/
Por los que prefieren divagar durante la Santa Misa, y en la adoración frente a el Santísimo Sacramento. R/
Por los que hablan, se duermen u ocupan ese tiempo sagrado en cosas terrenas. R/
Por los que no se reverencian, o lo hacen sin amor ante Su presencia Eucarística. R/
Por los que no se arrodillan en los momentos más sagrados en la Santa Misa, así como al entrar y salir del templo de Dios. R/

CANTO
«HASTA LA LOCURA»

Me puede faltar todo en la vida, me puede faltar hasta la vida
Pero nunca quiero que me falte, el deseo de amarte hasta el final.
Quiero amarte hasta el extremo, sin reservas darme por entero
Como los que se han enamorado, yo te canto mi amado, hasta el final.

Hasta la locura te amo, Señor
Ya no quedan dudas en mi corazón
De que te amo, de que te amo, Señor (bis).

Tú eres todo lo que tengo, todo lo que sueño y cuanto pienso
Y mi corazón te lo he entregado, desde siempre mi amado, hasta el final.

Hasta la locura (…)

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: Señor nuestro Jesucristo, nos acercamos a tu altar llenos de arrepentimiento por nuestros pecados, pero también llenos de confianza porque estamos seguros de tu misericordia.

Lector 2: Tenemos conciencia de que nuestros pecados son muchos y de que no hemos sabido dominar nuestros corazones y nuestras lenguas. Por eso, Señor de bondad y de poder, con nuestras miserias y temores nos acercamos a Ti. 

Lector 1: Fuente de misericordia y perdón, venimos a refugiarnos en Ti que has dado la vida por salvarnos, antes de que llegues como juez compasivo, pero justo, como debe ser, a pedirnos cuentas.

Lector 2: Señor, a pesar de todo no nos da vergüenza descubrirte a Ti nuestras llagas. Nos dan miedo estos pecados, cuyo número y magnitud solo Tú conoces, pero confiamos en tu infinita misericordia.

Lector 1: Señor nuestro Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, míranos con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchanos, pues espero en Ti. Ten compasión de nuestros pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Lector 2: Te adoramos, Señor, porque diste tu vida en la cruz y te ofreciste en ella como redentor por todos los hombres y mujeres del mundo, de todo tiempo y lugar.

Lector 1: Adoramos Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados. Mira, Señor, a estos pobres pecadores, creados y redimidos por Ti. nos arrepientimos de nuestros pecados y proponemos corregir sus consecuencias.

Lector 2: Purifícanos de todas nuestras maldades para que podamos recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre nos ayuden Señor, a obtener de Ti el perdón de nuestros pecados , buscando el sacramento de la reconciliación y la satisfacción de nuestras culpas; nos libren de nuestros malos pensamientos, renueven en nosotros los sentimientos santos, nos impulsen a cumplir tu voluntad y nos protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén.

CANTO
«MORA EN MÍ, AMADO MÍO».

Mora en mí amado mío,
come mi pan, sacia tu sed.
Mi fuente en Ti se torna en río,
lo que tengo, lo que soy, a todos doy.

Te doy mi amor, te doy mi tiempo,
sin titubear confía en mí.       
Vive en mi amor, vive en mi huerto; 
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

Cristo en amor tan generoso
desde la cruz lección nos dio.   
Como amo yo, amen con gozo,
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

En el amor fraterno unidos  
con Cristo en Santa Comunión.  
Moren en mí como en un nido,  
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

Momentos de silencio para adoración.

CANTO PARA RECIBIR LA BENDICIÓN:
«¡OH, BUEN JESÚS!»

¡Oh, buen Jesús!  
Yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu cuerpo y sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar,
al alma fiel en celestial manjar (2 veces).

Dulce maná y celestial comida,
gozo y salud de quien te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi Luz, mi Vida,
Desciende a mí, hasta mi pecho ven. (bis)

¡Oh buen Pastor! amable y fino amante,
mi corazón se abraza en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que constante,

he de vivir tan solo de tu amor (bis).

Espero en ti piadoso Jesús mío,
oigo tu voz que dice: ven a mí
por que eres fiel, por eso en ti confío,

todo, Señor, espérolo de ti (bis).

(Si el ministro es sacerdote o diácono, hará las oraciones y dará la bendición, de otra manera, se hacen las oraciones correspondientes y se reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario).

Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

BENDICIÓN

Últimas oraciones:

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el Santo Nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la gran Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa Asunción
Bendito sea el nombre de María: Virgen y Madre
Bendito sea san José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO FINAL PARA LA RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO:
«VASO NUEVO»

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti Señor,
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser, Señor amado,
como el barro en manos del alfarero,
toma mi vida hazla de nuevo,
yo quiero ser un vaso nuevo.

Te conocí y te amé,
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname Señor

pues te amo y nunca te olvidaré.
























«DEJARNOS MIRAR POR JESÚS»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo esta mañana mi reflexión desde este bendito lugar «La Casa Madre» en donde la Beata María Inés Teresa echó a andar el proyecto misionero que Dios, acompañado de su Madre santísima le encomendó: «La Familia Inesiana». Y lo hago en este marco hermoso que, desde ayer, renueva el carisma en cada uno de los más de 150 representantes de las 6 expresiones inesianas compartimos este «Triduo Inesiano». Mientras que la confabulación para el mal que en muchas partes del mundo busca instalarse en el corazón del hombre llevándolo a la guerra, a la violencia, al acoso, a las enemistades y las discordias, incluso en gente que se considera buena. Madre Inés, como Miqueas (2,1-15) no se queda callada y nos habla de esperanza. Así es y así se ha de vivir: el mal no tiene lugar en el corazón del que pertenece al Señor. Ni el odio, ni la mentira, ni el robo a los pobres, ni el racismo o la xenofobia es parte de la viña del Señor.

Madre Inés, con su testimonio de vida, que ayer hemos contemplado muy de cerca, nos invita a dejarnos mirar por Jesús con su actitud de apertura, seguro de que el bien y la bondad son la expresión de la misericordia a pesar de los pesares del mundo actual y que nada del mal ni de ninguna otra triquiñuela del enemigo puede, como dice el Evangelio de hoy (Mateo 12,14-21) quebrar la caña desquebrajada, ni apagar la mecha vacilante. Es verdad que vivimos tiempos de mucha incertidumbre, quizás más oscuros de los que hemos vivido en los últimos años, pero también es verdad que gente buena, gente santa como madre Inés, nos llenan de esperanza. Los tiempos en que ella escuchó la llamada el Señor y quiso responder con fidelidad, eran tiempos turbulentos. La persecución religiosa arreciaba en México y ella, con una valentía impresionante pero seguro acompañada del miedo natural de todo mortal, emigró, sin ser acompañada por ningún miembro de su familia, a los Estados Unidos para poder realizar su vocación.

No podemos dejar de proclamar que todos vivimos tiempos duros en los que nos damos cuenta de que somos cañas desquebrajadas; todos somos mechas que vacilamos entre la esperanza y el desengaño y la Palabra de Dios, pero los gestos de Jesús y el ejemplo de los santos, como estamos viendo en estos días aquí en Casa Madre, renuevan como siempre la confianza en que podremos seguir adelante. La confianza de que ante el dolor, la persecución o la muerte no estamos totalmente perdidos, nuestro lote nos lo ganó Aquel que lucha por el derecho de todos, por la dignidad ante todo y de todo ser humano, Aquel que, en el silencio de su amor, nunca nos abandona. Hay que dar gracias a Dios con María por personas como la Beata María Inés, cuya vida, es una muestra clara de lo que Dios espera de nosotros. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 17 de julio de 2026

«LA LEY DE LA MISERICORDIA Y DE LA COMPASIÓN»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Muchas veces he compartido que estar en la Casa Madre de nuestra Familia Inesiana es una bendición y una gracia muy especial. Aquí estamos este fin de semana el padre Carlos Careaga, el hermano José Carlos Piña y un servidor por parte de los Misioneros de Cristo junto a más de 150 miembros de las demás expresiones del Carisma Inesiano de muchos de los países en donde está establecida esta obra inspirada por Dios a la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, que este año cumple 75 años de haberse fundado precisamente aquí, en esta tierra de la eterna primavera escuchando la voz de Dios que por años y años nos ha hablado, como miembros de la Familia Inesiana, por medio de la vida y la obra de nuestra fundadora. Cada vez que vengo a la Casa Madre pienso en cuántas cosas tan difíciles vivió esta santa mujer que, a los 47 años de edad, se enfrentó a la vida de fuera el claustro al recibir, como muestra de que todo era voluntad de Dios, el rescripto de aprobación de su obra misionera. ¡Cuántos sacrificios!, ¡cuántas dificultades!, ¡cuántos obstáculos a vencer! pero a cambio... ¡cuántas gracias! 

No es casualidad que el evangelio de hoy (Mateo 12,1-8) me lleve a encontrarme con Jesús que ofrece vida sin fin, «enredado» en cuestiones legales, como tantas otras veces, con los fariseos. Para los fariseos todo se jugaba en el estricto cumplimiento de la Ley. Una ley que contaba con más de 613 preceptos —248 positivos y 365 negativos— que pretendían regir y controlar la vida entera de la persona. Quienes no los cumplían al pie de la letra eran, además de pecadores, personas impuras. Cierto que una gran parte del pueblo no los cumplía porque... ¡no los conocían! Es realmente difícil poder aprender 613 mandatos y tampoco se enseñaban a la gente sencilla, que era analfabeta en su mayoría, además de que las Escrituras estaban reservadas a las élites religiosas. Creo que ante esto vale la pena preguntarnos si nos sabemos los 10 mandamientos.

La cita elegida en esta ocasión por Jesús: «quiero misericordia y no sacrificio», (Os 6,6) nos deja ver que para Él lo único que hay que hacer es todo aquello que contribuya al bien del ser humano, y lo único que no hay que hacer es aquello que le hace daño. Es así como toda ley puede tener sentido. La primacía del amor, la misericordia, la compasión… por encima de toda normativa, precepto, casuística. Jesús lo anuncia con palabras y gestos, y terminará su vida pidiéndonos a sus discípulos–misioneros que nos amemos. No hay otra obligación, no hay otra prioridad. Es de esto e donde brotó la fuerza de Madre Inés para que la obra inspirada por Dios marchara en perseverancia y fidelidad. Al ver su vida nos damos cuenta de que la vida vivida con autenticidad no es fácil, pero no podemos excusarnos tratando de ignorar o tergiversar lo que Jesús propone. De hecho, desde nuestras pequeñas experiencias de compasión, solidaridad, entrega, compromiso con los más vulnerables, amor a los otros… es seguro que podemos dar continuidad a lo que la Beata, que nunca se soltó de la mano de María, empezó. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 16 de julio de 2026

«EL YUGO SUAVE Y LA CARGA LIGERA»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de la misa de este jueves es sumamente corto. San Mateo sitúa este pasaje (Mateo 11,28-30) justo después de haber reprendido a algunos pueblos —Corazín, Betsaida, Cafarnaúm— que habían presenciado milagros peo que no se habían arrepentido. La reprensión del Maestro es fuerte. El ambiente es pesado. No se trata de un sermón pacífico junto al lago como muchos otros, sino de un momento de confrontación, de rechazo casi unánime. Este contexto de resistencia y aparente fracaso de Jesús habla de que no siempre Jesús hablaba desde un pedestal de éxito. Estas pocas palabras provienen de un hombre que acaba de sufrir el rechazo, que ha visto a la gente indiferente a lo que ofrecía y que, a pesar de todo, se vuelve hacia los que se quedan y les dice: «Vengan».

La expresión «los que están fatigados y agobiados por la carga» designa dos tipos de fatiga. Están los que trabajan, es decir, los que se agotan en un esfuerzo constante e infructuoso. Y están, por otra parte, los que soportan una carga, es decir, los que han recibido un peso que no pidieron. Unos se agotan intentando, otros se ven aplastados bajo el peso de lo que se les ha impuesto. Y en tiempos de Jesús, al diario trabajar había que añadir un «yugo» muy especial —La Ley— que se había vuelto más pesado debido a las interpretaciones acumuladas causadas por una casuística que transformaba cada acción cotidiana en una ocasión para el pecado potencial y que no dejaba ser libre.

Jesús no condena ni el trabajo ni la Ley ni. No dice: «Deséchenlo todo». Dice: «Tomen mi yugo sobre ustedes». Su yugo es la relación con Él que da fuerza para llevar la carga. En este pasaje Jesús no dice: «Deja tu carga y descansa», sino: «Deja tu carga y toma la mía». No se trata de quitar el yugo, sino de intercambiar un yugo por otro.  La diferencia entre su yugo y los del mundo reside en él mismo: «pues soy manso y humilde de corazón». El amo determina la naturaleza del yugo. Un yugo impuesto por un tirano es diferente de un yugo impuesto por alguien que te conoce, te ama y comparte tu carga. Y lo curioso es que Jesús conoce muy bien nuestras cargas, esas pesadas que no provienen tanto de la realidad objetiva sino de lo que creemos que deberíamos ser, de lo que imaginamos que los demás esperan de nosotros, de lo que nos imponemos para aparentar estar a la altura. El yugo de Jesús aligera porque pide algo más: no desempeño, sino humildad. Pidamos a la Virgen, a quien hoy celebramos como Nuestra Señora del Carmen que nos ayude. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 15 de julio de 2026

San Buenaventura y los sabios y entendidos... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy amanezco en el aeropuerto de Monterrey acompañado por la hermana Silvia Burnes. Vamos a mi querida «Selva de Cemento» a una reunión con uno de los postuladores más destacados de México, el Dr. George Herbert Foulkes. Mientras esperamos el vuelo, repasando las lecturas de la misa de este miércoles, me topo con lo que parece una paradoja: hoy celebramos a San Buenaventura, Doctor de la Iglesia y uno de los grandes sabios de la historia, pero el Evangelio nos muestra a Jesús dando gracias al Padre por esconder sus misterios a los sabios y entendidos, revelándolos a la gente sencilla (Mateo 11, 25-27). Esta aparente contradicción se resuelve al entender que Jesús no critica la inteligencia, sino la soberbia espiritual de quienes confían solo en su intelecto y desprecian a Dios. La grandeza de San Buenaventura fue, precisamente, poseer una sabiduría de amor unida a un corazón de niño, destacando siempre por su sencillez, humildad y por saberse guiado por la fe.

Él logró unir la más alta teología con una profunda mística que brotaba de su capacidad contemplativa. Desde niño, cuando se llamaba Giovanni di Fidanza, quedó prendado de la humildad de San Francisco de Asís, quien intercedió por él y lo sanó milagrosamente de una grave enfermedad. Con el tiempo, ingresó a la orden franciscana y llegó a ser su Ministro General durante 17 años, logrando unificarla en tiempos de división, por lo que es considerado su «segundo fundador». Destacó como sacerdote defendiendo la fe católica con una profundidad impresionante y una claridad excepcional, lo que llevó al Papa Sixto V a declararlo Doctor de la Iglesia en 1588. Su obra maestra, «El Itinerario de la mente hacia Dios», refleja su convicción de que estudiar teología y filosofía no sirve de nada sin la oración. A pesar de ser una de las mentes más brillantes de la Edad Media, sus contemporáneos solían encontrarlo lavando platos o trapeando pisos, equilibrando el estudio riguroso con el carisma de pobreza de San Francisco.

Los misterios del Evangelio se siguen ocultando a los soberbios que creen bastarse a sí mismos, pero se revelan a los humildes que reconocen que toda sabiduría viene de lo alto. Ese es nuestro reto actual: estudiar y profundizar en nuestra fe, pues la falta de formación debilita la vivencia religiosa y nos vuelve vulnerables ante ideologías o sectas. La incapacidad de defender la doctrina, el abandono de los sacramentos y una fe inconsistente nos desafían a ser nuevos «Buenaventuras» que unan el conocimiento con el encuentro con Nuestro Señor en momentos privilegiados de oración. Que la Virgen María, con quien San Buenaventura tuvo una profunda devoción rezando el rosario con sencillez, interceda por nosotros y nos ayude. ¡Bendecido miércoles! 

Padre Alfredo.

lunes, 13 de julio de 2026

«En el día internacional del TDAH»... Un pequeño pensamiento para hoy


El mundo celebra hoy el día internacional del TDAH —Trastorno de déficit de atención e hiperactividad—. Oficialmente el TDAH es un trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades con la concentración, la atención y el control de los impulsos que afectan la vida diaria de la persona. Por lo tanto se trata de un neurotipo diferente. En esencia, la persona que tiene este cerebro divergente se rige por un sistema operativo distinto al del Cerebro Estándar con algunas características que superan a otras. La ciencia estima que hay entre un 2.5 y un 4.4% de personas con esta divergencia. Las personas con TDAH son sumamente distraídas; a veces «viven en la luna» y tienen dificultades para seguir órdenes porque parece que no escuchan cuando se les habla. Son muy inteligentes, generalmente con coeficientes muy altos, pero son desorganizados a morir y nunca saben dónde han dejado sus cosas, pierden todo y son descuidados. Tumban, empujan, quiebran, chocan con los muebles y con frecuencia saltan de una tarea a otra sin terminarla, ya que evitan situaciones que implican un nivel constante de esfuerzo mental.

Una persona con déficit e hiperactividad es impulsiva porque actúa de forma inmediata, sin reflexionar, sin pensar en las consecuencias o en el riesgo o el peligro, ni para sí mismos, ni para los demás. Inquietos con las manos o los pies, poco están sentados en las situaciones que lo requieren hacen todo con mucha pasión. Siempre activos hasta en los lugares en que es inapropiado y hablan y hablan de forma excesiva respondiendo antes de ser formulada completamente una pregunta. Tienen dificultad para esperar su turno y frecuentemente interrumpen conversaciones o temas de estudio y debate. En los deportes destacan por una excesiva actividad motora porque siempre están en continuo movimiento, corren, entrenan mucho, saltan... Con todo esto podemos pensar con certeza que la oración en una persona con TDAH y en general su vivencia de fe y práctica de la religión, puede ser un poco diferente a la de un católico neurotípico. En la Iglesia hay más de un santo neurodivergente aunque ningún santo ha sido reconocido oficialmente como tal. Quienes me conocen de cerca saben que cada día algo tiene que ver conmigo Santa Teresitas del Niño Jesús —o yo con ella—. Descubrí desde hace muchos años, que a veces le costaba concentrarse en la oración y recurría a pequeñas oraciones para superar este obstáculo. También era conocida por su sensibilidad y por haber luchado contra la escrupulosidad en su infancia. Otros santos que, al leer su biografía, me llaman la atención por algo relacionado con esto son San José de Cupertino, San Juan María Vianney —el santo cura de Ars— y Santo Tomás de Aquino.

Aunque los días especiales que el mundo mundial hace sobre enfermedades, trastornos y demás, creados para combatir el estigma social y educar sobre la prevención y acompañamiento de todo esto, no coinciden con las celebraciones de la Iglesia. Me parece una «diocidencia» —coincidencia— que este día internacional del TDAH pueda ser iluminado por el Evangelio de hoy que nos dice que hay que cargar con la cruz que nos toca (Mateo 10,34 al 11,1). Exigirnos una vida auténticamente evangélica, supone afrontar y enfrentar la presencia de cualquier «defecto de fábrica en nosotros». Jesús no ha venido a traer paz sino guerra. ¡Qué extraño suena esto en labios de Jesús, el Príncipe de la paz! Pero son palabras suyas que iluminan para no instalarnos y querer que el mundo cambie para que estemos a gusto quienes tenemos alguna divergencia. El seguimiento de Jesús no puede encontrar impedimento, aunque provoque sufrimiento y trabajo al doble. No es extraño que un cerebro divergente traiga consigo malentendidos, incomprensiones, rechazos. El discípulo no puede llevar una vida distinta a la de su maestro y convertida en un «muro de las lamentaciones» escudándose una y otra vez. En la escala de valores del cristiano no pueden darse razones ajenas al Evangelio. A veces el dolor pasa por nuestra vida. No es definidor de una vida, pero en él puede haber algo de verdad. Etty Hillesum Hillesum, aquella joven intelectual, pensadora y escritora judía neerlandesa, mundialmente conocida por el profundo testimonio que dejó en sus diarios y cartas sobre los horrores de la ocupación nazi en Ámsterdam y que murió asesinada a los 29 años en el campo de concentración de Auschwitz dijo algo que merece la pena señalar en este día para animar a quienes sufren por este trastorno que parece «chistoso» pero que, ciertamente causa dolor: «El dolor no es el lugar de nuestros deseos sino el de nuestra verdad». Con un cerebro neurotípico o con uno divergente la vida es real, es esta que nadie puede arrebatarnos, ni el pecado, ni la depresión, ni la soledad, ni la incomprensión, porque tiene «sabor a cruz» y eso nos acerca al Señor. Que María nos ayude a pasar las cuentas del rosario, aún con distracciones y a mirar a su Hijo en el Sagrario, aunque el vuelo e una mosca nos desconcentre para ser como él dando la vida con amor. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.