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lunes, 30 de diciembre de 2019

Algunas citas bíblicas que prueban que Dios no reprueba que sean hechas imágenes...


Nuestros hermanos separados hablan con insistencia de que la Biblia prohíbe hacer imágenes sin descender a que lo que la Biblia prohíbe es que se hagan imágenes de los ídolos. Dios prohíbe ciertamente la adoración (lo que sólo se le debe a Él), no la construcción de imágenes: «No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni les sirvas» (Ex 20,4-5). Dios mismo, en ciertas ocasiones, es quien ordena la fabricación de imágenes, como encontraremos en algunas citas de la Sagrada Escritura. 

Dios no se puede contradecir, no podría decir sí y no al mismo tiempo, pues ya no sería perfecto y por tanto no sería Dios. Pero si entendemos el verdadero sentido de la Biblia, descubrimos que lo que Dios prohíbe es el adorar las imágenes, es decir, rendirles culto como si se trataran de Dios mismo, cosa que ningún buen católico hace. Los católicos sólo veneramos las imágenes de Jesús, de María y de los santos, en cuanto representan o nos recuerdan a la persona a quien va dirigido nuestro culto, pero la adoración única y exclusivamente se la debemos a Dios, y eso es lo que siempre ha enseñado y enseña la Iglesia Católica. Incluso vemos que el pueblo de Israel, se postraba ante el Arca de la Alianza (la cual estaba formada por dos querubines de oro, porque sabía que estos sólo representaban la presencia de Dios, pero no eran Dios: «Entonces Josué y todos los jefes de Israel … permanecieron postrados delante del Arca de Yahvé» (Jos 7,6).

Les dejo aquí algunas citas que nos pueden aclarar la cuestión:

1) Éxodo 25, 16-22 

«En el arca pondrás las tablas del Testimonio que yo te daré. También harás una tapa de oro puro, de ciento veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho, y en sus dos extremos forjarás a martillo dos querubines de oro macizo. El primer querubín estará en un extremo y el segundo en el otro, y los harás de tal manera que formen una sola pieza con la tapa. Ellos tendrán las alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas la tapa; y estarán uno frente a otro, con sus rostros vueltos hacia ella. Después colocarás la tapa sobre la parte superior del arca, y en ella pondrás las tablas del Testimonio que yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde allí desde el espacio que está en medio de los dos querubines, yo te comunicaré mis órdenes para que se las transmitas a los israelitas». 

2) Números 21, 8-9 

«Y el Señor le dijo: ‘Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado’. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado». 

3) 1 de Reyes 6, 23-27 

«En el lugar santísimo hizo dos querubines de madera de olivo; cada uno medía cinco metros de altura. Las alas de primer querubín medían dos metros y medio cada una, de manera que había cinco metros desde el extremo de una de sus alas hasta el extremo de la otra. El segundo querubín medía también cinco metros; los dos querubines tenían la misma dimensión y la misma forma: uno y otro medían cinco metros de altura. Salomón puso los querubines en medio del recinto interior. Estos tenían las alas desplegadas: un ala del primer querubín tocaba el muro y un ala del segundo tocaba el muro opuesto; y las alas extendidas hacia el centro de la Casa se tocaban una con otra». 

4) 1 de Reyes 7, 28-30 

«Estaban hechos de la siguiente manera: tenían unos paneles encuadrados en un armazón; sobre esos paneles había figuras de leones, de toros y de querubines, y lo mismo sobre el armazón. Tanto arriba como abajo de los leones y toros había unos adornos en bajorrelieve. Cada soporte tenía cuatro ruedas de bronce, con ejes también de bronce, y refuerzos en sus cuatro patas. Estos refuerzos estaban fundidos debajo de los recipientes de agua, sobre el lado opuesto a los bajorrelieves».

Padre Alfredo.

domingo, 12 de mayo de 2019

«Alabanza y adoración a Cristo Buen Pastor»... Un pequeño pensamiento para hoy

La alabanza y la adoración a Jesús Eucaristía siempre han ocupado un lugar importante dentro del culto de nuestra Santa Madre Iglesia. EL salmo 99 [100] que hoy la liturgia dominical nos presenta, es una bellísima exhortación a alabar a Dios y nos gloriamos en él. Este canto de alabanza considerado como una profecía, nos lleva a pensar en ese extraordinario momento en el que todas las personas sabrán que el Señor es Dios, y se harán sus adoradores, y ovejas de su rebaño. Es toda una invitación a sentirnos familia de Dios que le rinde adoración con alegría y gratitud. La cuestión de la alabanza, y los motivos para ello, son muy importantes sobre todo el domingo, el «Día del Señor» en el que nos reunimos alrededor del Buen Pastor. El salmista quiere que todo el mundo sepa que el Señor es nuestro Dios, porque Él es quien nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos, somos su pueblo y ovejas de su rebaño. En una sociedad que sólo da visiones fragmentadas de la realidad, que no sabe cómo encontrar los valores morales fijos, que ha perdido sus utopías humanizantes y que todo lo convierte en instrumento —incluso al hombre mismo—, la figura del «Buen Pastor» nos marca la dirección. 

Jesús es nuestro Pastor y los creyentes somos su pueblo y ovejas de su prado. No puede haber auténtica vida cristiana si no hay un seguimiento del Buen Pastor, no hay pertenencia a la Iglesia sin saberse miembros de un pueblo, ovejas de un rebaño. No se puede decir que se es católico si alguien vive a sus aires, desentendiéndose de los demás —y mucho menos menospreciando a los demás, sean quienes sean estos «demás», amigo o no tanto— no se puede decir que se es católico sin aceptar que formamos parte de una Iglesia, aunque haya en nuestra Iglesia cosas que nos molestan o nos duelen. Este tiempo de Pascua que estamos celebrando no es sólo celebración alegre de la Resurrección de Cristo, anuncio de Vida nueva y eterna para todos. Es también celebración de formar parte del rebaño del Buen Pastor. En la Eucaristía celebramos que somos la comunidad de los seguidores de nuestro Señor. El mensaje de este domingo tanto en el salmo como en el Evangelio (Jn 10,27-30) tiene un gran sentido en el contexto pascual, cuando celebramos la resurrección de Jesús. Porque si Jesús no hubiera resucitado, a lo más sería para nosotros una doctrina o un ejemplo a imitar, pero no el Buen Pastor que nos llama y nos conoce y al que nosotros seguimos. No habría entre él y nosotros una comunión de vida. 

En el Señor resucitado, el Buen Pastor, se nos revela un amor más fuerte que la muerte. Los que reciben ese amor, los que se dejan abrazar por ese amor, superan con Jesús todas las dificultades de la vida y resucitan con él. Participan de su resurrección y la muerte no es para ellos, como discípulos–misioneros del Buen Pastor ya otra cosa que el paso a la verdadera vida. Somos víctimas de una lluvia tan abrumadora de palabras, voces y ruidos que la liturgia de este domingo nos invita a estar atentos, porque inmersos en el ruido del mundo, corremos el riesgo de perder nuestra capacidad para escuchar la voz que necesitamos oír para tener vida, la voz del Buen Pastor. Nadie como María Santísima ha estado atenta respondido a la llamada del Buen Pastor en cada instante. Su deseo: «Hágase en mí según tu palabra», manifiesta un querer, siempre eficaz, de escuchar y responder con santidad a su vocación. Hagamos nuestras sus palabras de modo que lleguen a ser como una canción de fondo en nuestra vida, en cada jornada; especialmente en este día tan vocacional del Buen Pastor. Pidámosle que abra nuestra mente, nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar al Buen Pastor, que él, él bien que nos conoce. ¡Bendecido domingo! 

Padre Alfredo.

jueves, 21 de junio de 2018

«LA EUCARISTÍA, CENTRO DE NUESTRAS VIDAS» (Con escritos de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento)... HORA SANTA 36


Monitor: Hoy nos hemos reunido en actitud de adoración, ante el sacramento admirable de la Eucaristía como tantas veces lo hizo la beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Cristo, en este augusto sacramento, permanece en presencia real y activa entre nosotros. Nos ponemos en presencia de Dios, con un corazón como el de la beata, deseoso de encontrarse con Él. Madre María Inés nos exhorta a vivir estos momentos de oración: «Que nuestra devoción a la Sagrada Eucaristía sea cada vez más tierna, más fuerte, más amorosa, esforzándose en que la oración ante tan Augusto Sacramento en su adoración individual sea para quien quiso permanecer con nosotros hasta la consumación de los siglos, un consuelo al encontrar en el corazón su gran fe, una confianza ilimitada y el deseo de hacerle amar en todo el mundo». (Carta colectiva de enero 27 de 1973). Que nuestros momentos de adoración nos ayuden a gozar más y más intensamente del don que el Señor nos ha hecho en su Cuerpo y en su Sangre.


Canto de entrada:
«TAN CERCA DE MÍ»

TAN CERCA DE TÍ, TAN CERCA DE MÍ,
QUE HASTA LO PUEDO TOCAR,
JESÚS ESTÁ AQUÍ.


Le hablaré sin miedo al oído,
le contaré las cosas que hay en mí,
y que sólo a Él, le interesarán,
Él es más que un mito para mí.

No busques a Cristo en lo alto,
ni lo busques en la oscuridad:
muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.

Míralo a tu lado caminando
paseando entre la multitud,
muchos ciegos son, porque no le ven,
ciegos de ceguera espiritual.



Ministro: Alabemos y demos gracias en cada momento.
Todos: Al Santísimo Sacramento.

Monitor: La Palabra de Dios nos guíe en este encuentro personal y comunitario con el Señor, que es la Palabra hecha carne y el alimento para nuestras vidas. Escuchemos:

Lector 1: De la Carta a los Efesios (1, 3-10):

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado. Pues por Cristo, por su Sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos: hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza. Palabra de Dios.
Todos: Te alabamos, Señor

Momentos de silencio para meditar.


Canto de meditación:
«SEÑOR A QUIÉN IREMOS»

SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?
TU TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.


Soy el pan que os da la vida eterna,
el que viene a mi no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed,
así ha hablado Jesús.

No busquéis el alimento que perece,
sino aquel que perdura eternamente;
el que ofrece el hijo del hombre,
que el Padre os ha enviado.

Pues si yo he bajado del cielo,
no es para hacer mi voluntad,
sino la voluntad de mi Padre,
que es dar al mundo la vida.

El que viene al banquete de mi cuerpo,
en mí vive y yo vivo en él;
brotará en él la vida eterna,
y yo lo resucitaré.


Lector 2: Lectura del santo Evangelio según san Juan (Juan 6, 51-58):
(Si está el sacerdote o el diácono presentes a ellos les toca la proclamación del Evangelio)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben mi sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre. Palabra del Señor.
Todos: Gloria a Ti, Señor Jesús.

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: En la Eucaristía, Jesús nos ha dejado el tesoro más grande de su amor. En este amor se vuelve visible y tangible todo lo que hizo durante su vida; en ella pronunció palabras de amor a los hombres, palabras que revelan el amor del Padre, palabras que provenían de su amante corazón. El Evangelista san Juan nos ha dejado lo que Jesús tiene en su corazón. Son palabras de amor que unen al cielo con la tierra. Cristo nos dice estas palabras de amor en cada celebración eucarística y en estos momentos de adoración; nos las dirige desde el cielo pero también como quien se encuentra en medio de nosotros. La beata María Inés Teresa siempre experimentó la cercanía de Jesús Eucaristía en su vida. Estos textos son sólo un pequeño testimonio de ello:

Lector 1: «Tú, Jesús Eucaristía, que desde el sagrario estás interpelando por nosotros a tu eterno Padre, ofrécele, en aras de tu Sagrado Corazón, esta comunidad misionera; implora para ella las mejores y más abundantes bendiciones de su amor, dile como esta comunidad se propone, con su ayuda, trabajar cuanto le sea posible, por hacer dulce y amable su divina Persona de todos los corazones, por extender su culto y adoración intensamente.» (Estudios y meditaciones, f. 723).

Lector 2: «¡Encarnación de Jesús en la Divina Eucaristía! ¡El más sublime misterio de amor que pudo idear Jesús!» (Carta Colectiva sin fecha)... «Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, en Ti confío». (Pensamientos).

Lector 1: «Te encuentro en la Eucaristía ¡tan real! ¡tan vivo! ¡tan Padre!, que, los velos que te ocultan a mis miradas desaparecen por completo a mi fe». (Experiencias espirituales).

Lector 2: «Jesús Eucaristía, que de este sagrario saldrás todos los días para ostentar tu amor y misericordia desde la custodia, en donde te contempla­rán nuestros ojos y te adorará nuestra alma plena de fe, pidiéndote la conversión de los pecadores, la santificación de los justos y la recom­pensa divina que haz prometido a la caridad, te rogamos colmes de bendiciones a nuestros amigos…» (Estudios y meditaciones).

Lector 1: «¿Verdad que te consuelas en esos corazones que viven solamente para ti? ¿Y en aquellos otros que, viviendo solamente para ti, salen por el mundo para difundir tu Eucaristía, para hacerte amar, para darte a conocer?» (Ejercicios Espirituales de 1950).

Lector 2: «Fijo mis ojos en la Eucaristía, me reclino como el discípulo amado sobre su corazón adorable». (Diario de 1944).

Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: A Cristo Eucaristía llegamos por María. La Virgen Madre es el camino más corto, más fácil y más seguro para llegar a Jesús. Ella es el Sagrario Divino, la Madre de Dios. Y en la Hostia Santa, junto a Jesús, está María y lo adora, porque también es su Dios. María es «El Primer Sagrario» y su principal función es pasar su cielo al pie de los sagrarios con su Hijo Jesús.

Lector 2: Allí escucha nuestras plegarias y atiende nuestros gemidos y oraciones. Allí está de día y de noche, aún en el sagrario más olvidado. Ella estará siempre con nosotros mientras haya en el mundo una Hostia Consagrada acompañando a su Hijo Jesús. Por eso, podríamos también llamarla «María de la Eucaristía» o «María del Santísimo Sacramento».

Lector 1: Ella, al pie de esta custodia, nos invita ahora a hablar a su Hijo Jesús y a escucharlo. La beata María Inés Teresa, siempre acompañada de María Santísima apunta: «La Eucaristía y María, María y la Eucaristía, estos dos amores fundidos en uno, es el centro donde gravita mi alma». (Ejercicios Espirituales de 1936) y nos da este consejo:

Lector 2: «Seamos eucarísticos, muy marianos y muy sacerdotales. Yo espero en su infinita misericordia, que nuestra pequeña familia misionera florecerá en el amor a Jesús Eucaristía, a la Virgen María y al Papa». (Carta colectiva de diciembre de 1978).

Momentos de silencio para meditar.


Canto de meditación:
«OH BUEN JESÚS»

¡OH BUEN JESÚS!, YO CREO FIRMEMENTE
QUE POR MI AMOR ESTÁS EN EL ALTAR,
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE JUNTAMENTE.
AL ALMA FIEL EN CELESTIAL MANJAR (2).


Espero en ti, piadoso Jesús mío,
oigo tu voz que dice: “ven a mí”.
Porque eres fiel, por eso en ti confío,
-todo, Señor, lo espero yo de Ti. (2)

¡Oh buen pastor, amable y fino amante!
Mi corazón se abrasa en santo amor.
Si te olvidé, hoy juro que constante,
-he de vivir tan sólo de tu amor. (2)

Indigno soy, confieso avergonzado,
de recibir la santa comunión;
Jesús, que ves mi nada y mi pecado,
-prepara Tú mi pobre corazón. (2)

Dulce maná y celestial comida,
gozo y salud del que te come bien;
ven sin tardar, mi Dios, mi Luz, mi Vida;
-desciende a mí, hasta mi alma ven (2).



Monitor: En la Eucaristía se manifiesta Cristo en todo su esplendor, puesto que en la Eucaristía no sólo se da una gracia muy especial, sino al autor de la misma gracia. La presencia del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Hostia consagrada significa una presencia personal destinada a hacer surgir la gracia con abundancia ilimitada para abrazar al mundo entero. Aquél que quería nutrir a la humanidad con la propia vida ha elegido la Eucaristía como medio privilegiado para ahondar en toda la profundidad de la vida humana y transformarla en vida divina. Por eso la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento decía que la Eucaristía debe ser el centro de nuestros amores. Escuchemos y meditemos ante Jesús Eucaristía con algunos de sus pensamientos:

Lector 1: «Es de fe, que Jesús en la Eucaristía es el mismo Jesús del Evangelio. Tendré hacia Él los mismos sentimientos de inmensa confianza que tuvieron todos aquellos sencillos de corazón que tuvieron la dicha de contemplarlo en su vida mortal». (A mis queridas compañeras de la Acción Católica).

Lector 2: «Quisiera que todos le conocieran y le amaran en la Eucaristía, que hicieran consistir toda su dicha en estar a sus pies derramando su corazón, entregándole su ser todo entero; que fueran a Él con los sentimientos del publicano, mas con esa confianza plena del Hijo prodigo, derramar sobre el divino Corazón su contrición, sus angustias, sus dolores y sus alegrías». (Meditaciones). 

Lector 1: «Ante un Dios eucarístico el temor no puede anidar en los corazones, sino una santa alegría, porque «él está siempre interpelando por nosotros ante su eterno Padre». Porque él ha pagado por nosotros, porque él se ha cargado con todas nuestras iniquidades; porque en la Eucaristía es un Dios de amor, de misericordia, de perdón». (Estudios y meditaciones).

Lector 2: «En la Eucaristía sobre todo, en el recurso constante al Espíritu Santo, en el abandono filial en los brazos del Padre Celestial, en la confianza sin límites de nuestra Madre Santísima, encontrará el misionero todos los días el sólido alimento que debe repartir a sus hijos». (Lira del Corazón).

Momentos de silencio para meditar.


Monitor: Adoremos a Nuestro Señor Jesucristo presente en esta Hostia Santa con la misma devoción y gratitud con que la Madre María Inés se acercaba a tan augusto sacramento y digamos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Lector 1: Señor Jesucristo, nuestro redentor, te damos gracias por tu voluntad de permanecer entre nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Lector 2: Señor Jesucristo, te bendecimos porque los que comen de tu carne y beben de tu sangre, nunca más padecen hambre y sed, pues son alimentados de vida eterna.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Lector 1: Señor Jesucristo, te glorificamos porque en ti hemos sido elegidos por al Padre para vivir en santidad y para ser saciados con tus bienes espirituales.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Lector 2: Señor Jesucristo, te adoramos, porque en la fracción del pan nos has revelado que el Padre de los cielos cuida de las necesidades espirituales y materiales de sus hijos.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Lector 1: Señor Jesucristo, te adoramos presente en la Iglesia, tu Cuerpo místico y sacramento universal de salvación.
Todos: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Ministro: Señor Jesús, Pastor de la Iglesia, que preparas una mesa ante nosotros y te nos das a ti mismo como alimento: guíanos por los caminos de tu justicia, para que arrancados de las tinieblas y sin temer mal alguno podamos gozar para siempre del descanso de la casa del Padre. Que experimentemos lo mismo que la beata María Inés que decía: «Todo mi anhelo era la Eucaristía… sin la Eucaristía nos sería imposible a vida». (Reflexiones).
Todos: Amén.

Momentos de silencio para meditar.


Monitor: Nos ponemos todos de rodillas para prepararnos a recibir la bendición con el Santísimo Sacramento.


Canto preparación para la bendición:
«TOMAD Y COMED»

ES MI CUERPO, TOMAD Y COMED;
ES MI SANGRE, TOMAD Y BEBED.
PORQUE YO SOY VIDA, YO SOY AMOR.
OH SEÑOR, NOS REUNIREMOS EN TU AMOR.

El Señor nos da su amor como nadie nos lo dio.
El nos guía como estrella en la inmensa obscuridad.
Al partir juntos el pan, él nos llena de su amor:
Pan de Dios, el pan comamos de amistad.

El Señor nos da su amor como nadie nos lo dio.
Como todos sus amigos trabajaba en Nazaret,
carpintero se alegró, trabajando en su taller:
con sus manos Cristo obrero trabajó.

El Señor nos da su amor como nadie nos lo dio:
Era tan grande y tan hondo que murió sobre una cruz,
era tan fuerte su amor, que de la muerte triunfó,
de la tumba sale libre y vencedor.


Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios, que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

(Si está presente un sacerdote o un diácono, éste dará la bendición de la forma acostumbrada).

Ministro: Luego de haber recibido la bendición con el Rey de Reyes y Señor de Señores en esta Custodia Santa, quedémonos con una pregunta que nos laza la beata María Inés Teresa: »¿Quisieras conquistar todos los reinos para Jesús Eucaristía? ¿Quisieras sembrar de Sagrarios, aquellas tierras en donde no es conocido el Dios del amor? Si quieres todo esto, pídeselo a Jesús en tu comunión». (Carta personal, 21 de junio de 1943).

Letanías a Jesús Sacramentado: (Se pueden hacer de manera participada como se sugiere hoy y las guía el Sacerdote, diácono o ministro extraordinario que preside).

Ministro: Bendito sea Dios
Todos: Que escogió a María para hacerla su Primer Sagrario.

Ministro: Bendito sea su Santo Nombre,
Todos: Tres veces Santo.

Ministro: Bendito sea Jesucristo,
Todos: Dios verdadero por quien se vive.

Ministro: Bendito sea Jesús Eucaristía,
Todos: Pan bajado del cielo para dar vida a todas las naciones.

Ministro: Bendito sea su Sacratísimo Corazón,
Todos: Custodiado en el Inmaculado Corazón de María.

Ministro: Bendita sea su Preciosísima Sangre,
Todos: Derramada por la salvación de muchos.

Ministro: Bendita sea su gloriosa Ascensión
Todos: Esperanza de los que dejan todo por él.

Ministro: Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Todos: Luz de nuestras vidas.

Ministro: Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima,
Todos: Que nos dio a luz al Salvador de todos los hombres.

Ministro: Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre,
Todos: Primera evangelizadora de nuestro pueblo.

Ministro: Bendito sea San José, su castísimo esposo,
Todos: Hombre justo, casto y fiel.

Ministro: Bendita sea la beata María Inés Teresa
Todos: Amante incansable de Jesús Eucaristía

Ministro: Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos
Todos: Y en todos aquellos que anuncian su Reino.


Canto final:
«ALMA MISIONERA».
Señor, toma mi vida nueva,
antes de que la espera
desgaste años en mi.
Estoy dispuesto a lo que quieras,
no importa lo que sea,
tu llámame a servir.

LLÉVAME DONDE LOS HOMBRES
NECESITEN TUS PALABRAS
NECESITEN, MIS GANAS DE VIVIR.
DONDE FALTE LA ESPERANZA,
DONDE TODO SEA TRISTE,
SIMPLEMENTE POR NO SABER DE TI.


Te doy, mi corazón sincero
para gritar sin miedo
lo hermoso que es tu amor.
Señor, tengo alma misionera
condúceme a la tierra,
que tenga sed de Ti.

Y así, en marcha iré cantando,
por pueblos predicando,
tu grandeza Señor.
Tendré, mis brazos
sin cansancio,
tu historia entre mis labios,
tu fuerza en la oración.


ALGDR 2018

jueves, 5 de abril de 2018

«LLAMADOS A SER LUZ»... Hora Santa 35 (para el tiempo de Pascua)


Monitor: Al empezar este momento de adoración, en este tiempo de Pascua en el que contemplamos al Señor glorioso junto a la Santísima Virgen María, acompañémoslo en estos momentos de adoración dando gracias por el regalo maravilloso de su resurrección. Entonemos este canto juntos:

CANTO PARA INICIAR LA ADORACIÓN:
«HOY EL SEÑOR RESUCITÓ»

Hoy el Señor resucitó y de la muerte nos salvó.
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

Porque esperó, Dios le libró y de la muerte lo sacó.
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

El pueblo en Él vida encontró; la esclavitud ya terminó.
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

La luz de Dios en Él brilló, la nueva vida nos llenó.
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

Con gozo alzad el rostro a Dios, que de Él nos llega la salvación.
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

Todos cantad: «¡Aleluya!». Todos gritad: «¡Aleluya!».
¡ALEGRÍA Y PAZ, HERMANOS, QUE EL SEÑOR RESUCITÓ!

Ministro: Jesús, que todos te conozcan y te amen.
Todos: Es la única recompensa que quiero.

Se reza tres veces en Padrenuestro, el Avemaría y el gloria intercalando la jaculatoria anterior.

Monitor: Dios habla de muchas formas y hoy se ha acercado aquí, en su Custodia, para pedirte que seas luz de quienes te rodean. En la Vigilia Pascual, del fuego nuevo, hemos encendido el Cirio, que lo representa a Él como luz el mundo. Ahora él mismo, realmente presente aquí, quiere derramar sobre tu corazón su luz, esa luz con la cual, con la alegría de vivir una vida nueva, puedes iluminar la vida de muchos. El Señor desea que seamos transformados en criaturas nuevas, para que con esa luz que nos ilumina con el esplendor que dimana de su resurrección, no andemos en tinieblas, sino en la novedad de vida (Rm 6, 4). No dudes en que él puede iluminar tu vida con esa luz radiante para hacerte luz de las naciones y sal de la tierra. Acércate confiando en que sólo Jesús puede iluminar cualquier clase de oscuridad que haya en el corazón.

CANTO PARA MEDITAR:
«VENID A CELEBRAR»

VENID A CELEBRAR LA PASCUA DEL SEÑOR,
LA JUVENTUD ETERNA DE SU AMOR. (2)

Venid a contemplar, la luz de un nuevo sol.
La paz podemos declarar, el triunfo del amor.
Hoy resucitó, y la libertad salió de su prisión...

Venid a contemplar, que todo está ya en flor.
La primavera vuelve ya vestida de color.
Hoy resucitó, y la libertad nos abre el corazón...

Venid a entonad, una alegre canción.
Con palmas y con fuerte voz a Cristo publicad.
Hoy resucitó, y la libertad su vuelo ya emprendió...

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Iluminados por el Espíritu, escuchemos y meditemos la Palabra de Dios.
Lector (Si está un sacerdote o diácono a él corresponde leer): 

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo                (Mt 5,13-16)

«Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así ha de brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el Cielo.»
Palabra del Señor.

Monitor: Dejemos ahora que esta Palabra de Dios resuene en nuestro corazón.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: Si Cristo hoy mirase nuestro pueblo (ciudad), nos diría como aquel día en el Sermón de la montaña: «Ustedes son la luz del mundo». Ustedes son los que deben alumbrar estas tinieblas. ¿Quieren colaborar conmigo? ¿Quieren ser mis apóstoles?... ¿Quieren ser luz»

Lector 2: El Señor nos hablaría al corazón y nos preguntaría: «¿Quieren colaborar conmigo? ¿Quieren ser mis amigos dejándose iluminar por mí?» Esta es la llamada ardiente que dirige el Maestro a los hombres de hoy. Pero... ¡qué difícil resulta en algunas partes encontrar , aunque sea, un reducido número que le diga «Sí»! La mayoría se queda en sus placeres, en sus proyectos, en sus negocios... Cambiar de vida, consagrarla para la salvación de los hombres, nuestros hermanos, no se puede, no se quiere... no se piensa mucho en eso en el mundo de hoy, que más que en la luz, vive sumergido en las tinieblas del error.

Lector 1: ¡Cuántos son los llamados por Cristo! Escuchan, parecen dudar unos instantes y finalmente el torrente de la vida los arrastra. Pero nosotros hemos respondido a Cristo porque anhelamos ser de esos escogidos, que queremos ser apóstoles. Pero ser apóstoles no solo para hablar de la verdad, sino vivirla, encarnarse de ella, transformarse en Cristo. Ser apóstol no para llevar una antorcha en la mano o poseer la luz, sino para ser luz... ¡una copia fiel de Jesús, como decía la beata Madre María Inés.

CANTO PARA MEDITAR:
«LA LUZ DE JESÚS»

Hay una luz, delante de ti,
que espera por ti, que espera por mi.
Hay una luz, la luz de Jesús,
que espera por ti, que espera por mi.

Te llenará de paz, te llenará de amor
es esa luz, la luz de Jesús.
Ya no hay soledad, Él vive ya en ti,
es esa luz, la luz de Jesús.

Monitor: Escuchemos ahora unas palabras de los escritos del beato Carlos de Foucauld:

Lector 2: «Toda nuestra vida, por muda que sea, tanto la vida del desierto, como en Nazaret, como la vida pública, debe dar testimonio del Evangelio. Toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los techos. Toda nuestra persona debe respirar a Jesús. Todos los actos de nuestra vida deben gritar que le pertenecemos y deben ser una imagen de vida evangélica. Todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, un perfume suyo, algo en lo que resplandezca la imagen de Jesús. Amemos mostrar que somos del Señor, que le pertenecemos, con nuestras palabras y con nuestras acciones... que todo lo que hagamos y seamos grite que pertenecemos a Jesús.»

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Unidos a Jesús Buen Pastor, confiémosle nuestras súplicas. A cada intención respondamos diciendo: Señor, que seamos luz para el mundo de hoy, dando la vida.
Todos: Señor, que seamos luz para el mundo de hoy, dando la vida.

Lector 1: Te pedimos por los sacerdotes para que ejerzan el ministerio trasmitiendo el Evangelio con la vida.

Lector 2: Te pedimos por los consagrados para que, desde la oración cotidiana y la entrega en el servicio a los más necesitados, sean luz en el mundo.

Lector 1: Te pedimos por los matrimonios para que en la unidad y el amor, anuncien el Evangelio a sus hijos desde la propia vivencia de los valores cristianos.

Lector 2: Te pedimos por los misioneros para que, como apóstoles de Cristo, sean sal de la tierra y luz en el mundo.

Lector 1: Te pedimos por las parejas de novios para que vayan formando los valores de familia en base al Evangelio.

Lector 2: Te pedimos por los que gobiernan los pueblos para que, guiados por los valores evangélicos nos guíen en la unidad y la paz.

Lector 1: Te pedimos por nosotros y todos los jóvenes para que vivamos íntegramente el cristianismo, es decir, irradiemos a Cristo en todo lo que hacemos.

Lector 2: Te pedimos por todos los cristianos para que no sólo lleven la luz de Cristo sino también la sean iluminando todos los ambientes que viven en la penumbra de la oscuridad.

CANTO PARA MEDITAR:
«NO HAY MAYOR AMOR».

Y ES QUE NO HAY MAYOR AMOR QUE DAR LA VIDA,
QUE DAR LA VIDA, POR AMOR.
Y ES QUE NO HAY MAYOR AMOR QUE DAR LA VIDA,
QUE DARLE A CRISTO, EL CORAZÓN.

Como grano que al morir da fruto,
y en espiga se transformará.
Así Cristo puesto en el sepulcro,
en nosotros resucitará.
Dale muerte a tu egoísmo,
a tu orgullo y a tu vanidad,
déjalos que caigan en la tierra,
pues muriendo tú florecerás.

Cual pastor que ama a sus ovejas,
y por siempre las protegerá.
Nos conduce Cristo a buenos pastos,
con su muerte nos rescatará.
Con tu vida harás como el pastor,
entregándote sin vacilar.
El que hace de su vida entrega,
siempre vida en Cristo encontrará.

En la Pascua un mandamiento nuevo,
a nosotros nos dejó el Señor:
«Entregar la vida a los hermanos
como Cristo nos la entregó».
Esta es la señal de los cristianos
por la que nos reconocerán:
«El amor con el que nos amamos,
y en la propia entrega a los demás».

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: En este tiempo hermoso de la Pascua, hacemos ahora presente a la Virgen María, ella que nos regaló a Jesús, hoy nos lo coloca en cada altar a través de los sacerdotes para que también lo adoremos hecho Eucaristía. Agradecidos con la Virgen Santísima por el regalo de Jesús Eucaristía le decimos: Madre, ayúdanos a ser luz de tu Hijo Jesús.
Todos: Madre, ayúdanos a ser luz de tu Hijo Jesús.

Lector 1: Madre, estamos seguros de tu protección y te pedimos con todo el corazón que siempre nos cuides para ser apóstoles y misionero como tú.

Lector 2: Ayúdanos a volver a ver lo hermoso de dar la vida, pide a Jesús nos regale su luz para iluminar a todos como tú, Señora de la luz.

Lector 1: No permitas que nos quedemos con la luz de Jesús alumbrando solamente nuestro propio corazón ante tanta miseria y necesidad. Haz que nuestra vida cristiana resplandezca y de luz a nuestros hermanos que llevan la vista nublada.

Lector 2: Intercede para que demos testimonio en la familia, con los amigos y compañeros, solamente así seremos luz para aquellos ojos que son indiferentes y que no pueden ver de manera clara el amor que Dios nos tiene, amor tan grande que se ha quedado en la Eucaristía.

Monitor: Para concluir este rato de adoración, rezemos juntos esta oración por las vocaciones ante Jesús Eucaristía:

Jesús Eucaristía que sientes compasión al ver la multitud
que está como oveja sin pastor,
suscita en nuestra Iglesia y en especial en nuestra Familia Misionera,
una nueva primavera de vocaciones.

Te pedimos que envíes a nuestra Familia Inesiana y a la Iglesia entera
Sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos consagrados según tu corazón,
hermanos y hermanas que nos alimenten con el Pan de tu Palabra y con el
testimonio de vida.

Te pedimos que envíes a nuestra Familia Inesiana y a la Iglesia entera
Sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos consagrados que, por su santidad,
sean testigos de tu Reino.

Te pedimos que envíes a nuestra Familia Inesiana y a la Iglesia entera
Laicos comprometidos que, en medio del mundo,
den testimonio de Ti con su vida y su palabra
y de entre ellos surjan muchas vocaciones.

Buen pastor,
fortalece a quienes ya elegiste;
y ayúdales a crecer en amor y santidad
para que respondan plenamente a tu llamada.

María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros.
Amén.

CANTO PARA LA BENDICIÓN Y/O RESERVA DEL SANTÍSIMO:
«TAN CERCA DE MÍ»

TAN CERCA DE TÍ, TAN CERCA DE MÍ,
QUE HASTA LO PUEDO TOCAR,
JESÚS ESTÁ AQUÍ.


Le hablaré sin miedo al oído,
le contaré las cosas que hay en mí,
y que sólo a Él, le interesarán,
Él es más que un mito para mí.

No busques a Cristo en lo alto,
ni lo busques en la oscuridad:
muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.

Míralo a tu lado caminando
paseando entre la multitud,
muchos ciegos son, porque no le ven,
ciegos de ceguera espiritual.


Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

(Si el ministro es un sacerdote o un diácono, éste dará la bendición de la forma acostumbrada).

Letanías a Jesús Sacramentado: 

Bendito sea Dios que escogió a María para hacerla su Primer Sagrario.
Bendito sea su Santo Nombre tres veces Santo.
Bendito sea Jesucristo, Dios verdadero por quien se vive.
Bendito sea Jesús Eucaristía, Pan bajado del cielo para dar vida a todas las naciones.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón custodiado en el Inmaculado Corazón de María.
Bendita sea su Preciosísima Sangre derramada por la salvación de muchos.
Bendita sea su gloriosa Ascensión, esperanza de los que dejan todo por él.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito, Luz de nuestras vidas.
Bendita sea la gran Madre de Dios, que nos dio a luz al Salvador de todos los hombres.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre, primera evangelizadora de nuestro pueblo.
Bendito sea San José, su castísimo esposo, hombre justo, casto y fiel.
Bendita sea la beata María Inés Teresa, amante incansable de Jesús Eucaristía
Bendito sea Dios en sus ángeles, en sus santos y en todos aquellos que anuncian su Reino.

CANTO PARA LA RESERVA DEL SANTÍSIMO:
«RESUCITÓ, ALELUYA»

RESUCITÓ, ALELUYA;
ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITÓ (2).


Alegría y gozo mis hermanos:
Jesucristo, el Señor resucitó.
Alegría y gozo mis hermanos,
que la muerte, vencida, ya murió.
Alegría y gozo mis hermanos:
el sepulcro vacío se quedó.
Alegría y gozo mis hermanos,
el Señor de la muerte es vencedor.

Alegría y gozo mis hermanos,
los que pobres como Cristo hoy vivís.
Alegría y gozo mis hermanos,
porque vuestro será el reino un día al fin. 


ALGDR 2018

jueves, 15 de febrero de 2018

«Esta tarde con la Samaritana»... Hora Santa 33. Para orar en el tiempo de Cuaresma


Se inicia la Hora Santa con la Exposición del Santísimo mientras se canta.

CANTO DE ENTRADA:
«En Jesús puse toda mi esperanza»

EN JESÚS PUSE TODA MI ESPERANZA,
ÉL SE INCLINÓ HACIA MÍ,
Y ESCUCHÓ MI CLAMOR,
Y ESCUCHÓ MI CLAMOR...

Me sacó de la fosa fatal,
del fango cenagoso;
asentó mis pies sobre la roca,
mis pasos consolidó...

En Jesús puse toda mi esperanza...

Puso en mi boca un canto nuevo,
una alabanza a nuestro Dios,
muchos verán y creerán,
y en Jesús confiarán...

En Jesús puse toda mi esperanza...

Ministro: Creemos en ti, Jesús, Señor de la Eucaristía. Tú nos diste a beber agua viva para que no nos falte nunca el don de tu Espíritu y la experiencia de tu Amor. 
Todos: Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Ministro: Creemos en ti, Jesús, Señor de la Eucaristía. De tus labios, el pedir de beber, es una declaración de amor divino, que ofreces, en la samaritana, a todos los pueblos.
Todos: Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Ministro: Creemos en ti, Jesús, Señor de la Eucaristía. Por el agua del bautismo hemos sido convertidos en tus hermanos menores para adorarte en espíritu y en verdad.
Todos: Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Ministro:  Padre Santo, Tú permites a tus hijos experimentar tu misericordia cuando encontramos a tu Hijo, Jesucristo a quien ahora adoramos. Permítenos escuchar en esta Hora Santa su voz, que nos anuncia tu compasión y tu amor. Haz que en estos momentos lo encontremos, de corazón a corazón, para que apague nuestra sed de vida y para que viviendo con alegría nos parezcamos más a él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.

Monitor: Conocer a Dios es el fundamento para poder amarlo de verdad, porque nadie ama a quien no conoce, escuchemos ahora la experiencia de la samaritana. Nos ponemos de pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS:

Del evangelio según san Juan.                                                                        (Jn 4, 5-18)

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía. Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: «Dame de beber». (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: «¿Cómo es qué tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva». La mujer le respondió: «Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna». La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla». Él le dijo: «Ve a llamar a tu marido y vuelve». La mujer le contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». Palabra del Señor.

Monitor: Guardemos un momento de silencio para la oración y el diálogo personal con el Señor.

CANTO DE MEDITACIÓN:
«LA SAMARITANA»

La tarde era un puñado
de luz y de sudores,
el sol llegaba fuerte
y Jesús sintió sed.
Él llegaba cansado,
de andar por los caminos
y una mujer del pueblo,
le pidió de beber.

ERA SAMARITANA
Y NO SABÍA DÓNDE ESTABA
EL REMEDIO PARA LA SED
ERA SAMARITANA
Y NO SABÍA QUE JESÚS
ES EL CAMINO HACIA LA FE.

Jesús le dijo a aquella
que le negaba el agua,
Si tú me conocieras
no tendrías más sed.
Porque el tiempo se acerca
en que toda la gente,
para calmar sus ansias,
beberán de mi ser.

ERA SAMARITANA...

Su vida estaba turbia
y se estaba dando cuenta,
que aquel con quien hablaba
veía en su interior.
Se fue corriendo al pueblo
y le dijo a los vecinos
en un hombre sediento,
encontré al salvador.

ERA SAMARITANA...

Lector: En el marco de la Cuaresma hacemos nuestra Hora Santa ayudados por el testimonio de la samaritana con su «¡Dame de beber!» (Jn 4, 7), palabras que nos llevan a meditar en la pasión de Dios por toda la humanidad anhelando suscitar en nuestros corazones el deseo del don del «agua que brota para la vida eterna» (Jn 4, 14) y que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). ¡Sólo esta agua que brota de la Eucaristía puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

Se puede hacer el siguiente canon semitonado:

Dame de beber,
Dame de beber,
Dame de beber,
Dame de beber, Jesús.

Momentos de silencio.

Lector: Jesús se presenta ante la samaritana no sólo como la fuente de agua viva, sino como Alguien que nos hace ser «un manantial capaz de dar la vida eterna». Si me acerco a Él, se remedia mi sed, y como discípulo–misionero puedo dar a los demás agua viva; puedo ayudarles a salir de su sed, de su soledad, de su amargura, de su depresión y desolación, para que lleguen a la tierra prometida. Jesús hizo ver a la mujer samaritana que llevaba ya cinco maridos, y que con quien en ese momento convivía, no era su legítimo esposo. Esto es lo que hace el agua de Cristo desde su presencia Eucarística: nos invita a ver con más claridad nuestros pecados para irnos a lavar en el pozo del sacramento de la Reconciliación. Por ello la Cuaresma nos exige lavarnos de tantas manchas que se nos pegan por el camino. En este tiempo privilegiado de conversión, somos invitados a lavar las manchas del pecado y a iniciar una nueva vida.

Se puede hacer el siguiente canon semitonado:

Lávame Señor,
Lávame Señor,
Lávame Señor,
Lávame Señor, Jesús.

Momentos de silencio.

Lector: Nosotros también, como la Samaritana, nos encontramos a Jesús en el pozo, pero ahora ese pozo es la Custodia en donde adoramos desde el silencio de nuestro corazón su presencia, para convertirnos, para beber paz, perdón, serenidad y fortaleza, que nos ayuden a continuar luchando en este desierto de la vida. De manera que a la luz de este relato encontramos que la Cuaresma es un tiempo especial para acercarnos a este pozo eucarístico y adorar calladamente desde lo profundo de nuestro ser pidiendo un nuevo corazón. Sólo bebiendo de esta agua, los sacerdotes y consagrados podrán dar de beber a las almas, los esposos podrán permanecer fieles, sobrellevarse y amarse. los hermanos podrán estar en paz interiormente y convivir en paz en familia. Sólo estando en silencio algunos momentos ante Cristo, los que quieran vivir la Cuaresma encontrarán sabiduría, prudencia y fortaleza para vivir este tiempo de oración, ayuno y limosna.

Se puede hacer el siguiente canon semitonado:

Conviérteme hacia ti,
Conviérteme hacia ti,
Conviérteme hacia ti,
Conviérteme hacia ti, Jesús.

Momentos de silencio.

Monitor: Oremos en espíritu y en verdad a nuestro Padre Dios, fuente de toda vida y misericordia, y digámosle:

R/ Señor, sacia nuestra sed.

1.Por la Iglesia, para que nos acerque a la misericordia de Dios y sea ella la que, como madre y maestra siempre nos dé de beber de la fuente de vida eterna, oremos.

2. Por los pastores de la Iglesia, para que estén siempre disponibles a dar de beber a quienes acuden al pozo del confesionario y puedan escucharlos con paciencia y comprensión, oremos.

3. Por los gobernantes y por los partidos políticos, para que busquen la fuerza del espíritu desde la oración y tomen buenas decisiones ante los problemas de los que más sufren en nuestra sociedad, oremos.

4. Por los niños, adolescentes y jóvenes, para qué sintiéndose verdadera comunidad de la Iglesia de Jesucristo, lleguen a ser fuente de agua viva para todos los sedientos, a través de la vocación específica que elijan, oremos.

5. Por todos nosotros y nuestra comunidad, para qué en la búsqueda de la renovación de nuestras vidas, durante esta Cuaresma, aprendamos a vivir según el espíritu de Jesús, oremos.

Ministro: Padre, muéstranos nuevos caminos hacia ti y hacia los hermanos y que sepamos encontrarnos fraternalmente unos a otros como tú te encuentras con nosotros, en Jesucristo nuestro Señor. Amén

CANTO PARA LA BENDICIÓN:
«OH BUEN JESUS YO CREO FIRMEMENTE»

OH BUEN JESUS YO CREO FIRMEMENTE
QUE POR MI BIEN ESTAS EN EL ALTAR.
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE JUNTAMENTE
AL ALMA FIEL EN CELESTIAL MANJAR.

Pequé, Señor, ingrato he venido;
infiel te fui, confieso mi maldad;
Contrito ya, perdón, Señor te pido,
eres mi Dios, apelo a tu bondad (bis).

OH BUEN JESUS...

¡Oh Buen Pastor, amable y fino amante!
Mi corazón se abraza en fino ardor,
si te olvidé, hoy juro que constante,
he de vivir tan solo en tu amor (bis).

OH BUEN JESUS...

Ministro: Nos diste Señor, el pan del cielo.
Todos: Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

Aclamaciones finales:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

CANTO FINAL:
«MI PENSAMIENTO ERES TÚ»

Mi pensamiento eres Tú, Señor (3v). Mi pensamiento eres Tú.

Porque Tú me has dado la vida. Porque Tú me has dado el existir.
Porque Tú me has dado cariño, me has dado amor. (bis)

Mi fortaleza eres Tú, Señor ( 3v). Mi fortaleza eres Tú.
Mi alegría eres Tú, Señor (3v). Mi alegría eres Tú.

Mi esperanza eres Tú, Señor (3v). Mi esperanza eres Tú.