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martes, 29 de septiembre de 2020

LETANÍA DE LOS ÁNGELES...



Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.


Dios Padre, Creador de los Ángeles, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Señor de los Ángeles, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, Vida de los Ángeles, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, delicia de todos los Ángeles, ten piedad de nosotros.


Santa María, ruega por nosotros.

Reina de todos los Ángeles, ruega por nosotros.


Santos Querubines, Ángeles de la Palabra, rueguen por nosotros.

Santos Tronos, Ángeles de la Vida, rueguen por nosotros.

Santos Ángeles de la Adoración, rueguen por nosotros.

Santas Dominaciones, rueguen por nosotros.

Santas Potestades, rueguen por nosotros.

Santos Principados del Cielo, rueguen por nosotros.

Santas Virtudes, rueguen por nosotros.


San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.

Vencedor de Lucifer, ruega por nosotros.

Ángel de la fe y de la humildad, ruega por nosotros.

Preservador de la santa unción, ruega por nosotros.

Patrono de los moribundos, ruega por nosotros.

Príncipe de los ejércitos celestes, ruega por nosotros.

Compañero de las almas de los difuntos, ruega por nosotros.

San Gabriel Arcángel, ruega por nosotros.

Santo Ángel de la encarnación, ruega por nosotros.

Fiel mensajero de Dios, ruega por nosotros.

Ángel de la esperanza y de la paz, ruega por nosotros.

Protector de todos los siervos y siervas de Dios, ruega por nosotros.

Guardián del santo bautismo, ruega por nosotros.

Patrono de los sacerdotes, ruega por nosotros.

San Rafael, arcángel, ruega por nosotros.

Ángel del amor divino, ruega por nosotros.

Vencedor del enemigo malo, ruega por nosotros.

Auxiliador en la gran necesidad, ruega por nosotros.

Ángel del dolor y de la curación, ruega por nosotros.

Patrono de los médicos, de los caminantes y de los viajeros, ruega por nosotros.


Grandes arcángeles santos, rueguen por nosotros.

Ángeles del servicio ante el trono de Dios, rueguen por nosotros.

Ángeles del servicio para los hombres, rueguen por nosotros.

Santos ángeles custodios, rueguen por nosotros.

Auxiliadores en nuestras necesidades, rueguen por nosotros.

Luz en nuestra oscuridad, rueguen por nosotros.

Apoyo en todo peligro, rueguen por nosotros.

Exhortadores de nuestra conciencia, rueguen por nosotros. 

Intercesores ante el trono de Dios, rueguen por nosotros.

Escudo de defensa contra el enemigo maligno, rueguen por nosotros.

Constantes compañeros nuestros, rueguen por nosotros.

Segurísimos conductores nuestros, rueguen por nosotros.

Fidelísimos amigos nuestros, rueguen por nosotros.

Sabios consejeros nuestros, rueguen por nosotros.

Ejemplos de nuestra obediencia, rueguen por nosotros.

Consoladores en el abandono, rueguen por nosotros.

Espejos de humildad y de pureza, rueguen por nosotros.

Ángeles de nuestras familias, rueguen por nosotros.

Ángeles de nuestros sacerdotes y pastores, rueguen por nosotros.

Ángeles de nuestros niños, rueguen por nosotros.

Ángeles de nuestra tierra y patria, rueguen por nosotros.

Ángeles de la santa iglesia, rueguen por nosotros.

Todos los santos ángeles, rueguen por nosotros.


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten piedad y misericordia de nosotros.



martes, 2 de octubre de 2018

«Ángel de Dios, ángel de mi guarda»... Un pequeño pensamiento para hoy

El día de ayer iniciamos la lectura del libro de Job, que estaremos leyendo hasta el sábado y nos encontramos en él a un modelo admirable de paciencia. Pero hoy, ante unas calamidades —que son más grandes que las de ayer, la enfermedad de la lepra, la hostilidad de sus familiares y amigos— Job sufre una crisis profunda en fe en Dios como la que puede sufrir cualquiera de nosotros (Job 3,1-3.11.16.12-15.17. 20.23), porque ¿quién no se ha visto sin pensarlo o sin planearlo en situaciones tan terrible como esta? En la escena aparecen tres amigos que parece vienen a consolar a este bendito hombre que está sumergido en el dolor, la depresión y la desesperación, pero parece más bien que en lugar de brindarle consuelo lo sumergen más en dudas y hasta lo atacan. Job estuvo siete días en silencio, acompañado de estos amigos, hasta que finalmente prorrumpe en el grito tremendo de rebelión que la lectura de hoy nos presenta. Se le ha derrumbado todo: el apoyo de los suyos, su fe, su concepto de la bondad de Dios. Y se hace la gran pregunta de muchos, la pregunta que dice el Papa Francisco que se vale hacerse: «¿por qué a mí?» El grito de Job es desgarrador, prefiere morir y maldice el día en que nació «¡Maldito el día en que nací, la noche en que se dijo: “Ha sido concebido un varón”! ¿Por qué no morí en el seno de mi madre? ¿Por qué no perecí al salir de sus entrañas o no fui como un aborto que se entierra, una criatura que no llegó a ver la luz? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me amamantaron?

¡Qué momentos tan terribles esos en los que la vida parece absurda y detestable! Pero Dios, nunca nos ha dejado solos. Hoy recordamos que todos tenemos un ángel que nos acompaña y que vela por nosotros especialmente en los momentos en que nos sentimos solos y abatidos como Job. La Iglesia celebra hoy a los Santos Ángeles Custodios, esos seres celestiales que nos ayudan a abrazar el plan de nuestra existencia tal como Dios mismo lo diseñó, con un «ministerio» o servicio que ha recibido en la tradición cristiana el nombre de «custodia». Los ángeles, en relación a nosotros, son como hermanos mayores, encargados por el Padre común para conducirnos rumbo a la Patria Celeste. Los ángeles custodios o «ángeles de la guarda», tienen la misión de guiarnos y de apartar de nosotros, en misteriosa medida, los obstáculos del camino. Su «custodia» no consiste en asistirnos y defendernos como lo haría un subalterno, sino en una especie de tutela protectora que se adapta a nuestra libertad humana y que será tanto más eficaz cuanto más nos apoyemos en ella con confianza y buena voluntad. La principal ocupación del ángel de la guarda, nos dice Santo Tomás de Aquino —uno de los más grandes teólogos—, es iluminar nuestra inteligencia: «La guarda de los ángeles tiene como último y principal efecto la iluminación doctrinal» (Suma Teológica I, 113, 2). No hay duda de que cumpliendo esta tarea, hay ángeles buenos que protegen (Dan 6,20-23; 2 Re 6,13-17), que revelan información (Hch 7,52-53; Lc 1,11-20), que guían (Mt 1,20-21; Hch 8,26), que proveen (Gn 21,17-20), y ministran a los creyentes en general (Hb 1,14). Hay muchos más ejemplos de esto en la Escritura. 

Desde el Antiguo Testamento se puede observar cómo Dios se sirve de sus ángeles para proteger a los hombres de la acción del demonio, para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando Elías fue alimentado por un ángel (1 Re 19,5.) cuya presencia es evidente o en este caso de Job en donde no se explica la acción del ángel de la guarda, pero se percibe cómo es que ayuda a Job a superar la terribilísima adversidad que atraviesa y que parece interminable. En el nuevo Testamento también se pueden observar muchos sucesos y ejemplos en los que se ve la misión de los ángeles: el mensaje a José para que huyera a Egipto, la liberación de Pedro en la cárcel, los ángeles que sirvieron a Jesús después de las tentaciones en el desierto, en fin, son innumerables los pasajes que la Escritura nos brinda sobre su existencia y su misión. Hoy leemos en el Evangelio (Mt 18,1-5.10) que nuestros ángeles custodios «en el cielo, ven continuamente el rostro de nuestro Padre, que está en el cielo» (Mt 18.10). Así, debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues además de que él nos guía y nos protege, está cerquitita de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos, porque los ángeles, como nuestros demás hermanos, no pueden conocer nuestros pensamientos y deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber o se los dejamos ver de alguna manera, ya que sólo Dios conoce exactamente lo que hay dentro de nuestro corazón. La beata María Inés Teresa acostumbraba a rezar esta sencilla oración que nos viene bien rezar no solo hoy sino cada día y mejor si lo hacemos bajo el amparo de María, Reina de los Ángeles: «Ángel de Dios, ángel de mi guarda, pues la bondad divina me ha encomendado a tu custodia, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén. ¡Bendecido día!

Padre Alfredo.

sábado, 29 de septiembre de 2018

«Quién como Dios, fuerza de Dios» y medicina de Dios... Un pequeño pensamiento para hoy

A quién no les son familiares los nombres de Gabriel, Miguel y Rafael. Son los festejados de hoy en la Iglesia en el mundo entero. Tres ángeles que son muy especiales y que reciben el título de «Arcángeles», porque en la corte celestial los ángeles desempeñan diversas funciones. Los arcángeles son ángeles que atienden las áreas de los esfuerzos humanos y son, pudiéramos decir, los líderes administrativos de todos los seres celestiales. Un arcángel recibe, usualmente, una tarea de importancia para la humanidad. La Sagrada Escritura nos menciona a estos tres por su nombre: Miguel, en el libro de Daniel y en el Apocalipsis. De hecho la narración que el Apocalipsis nos hace el día de hoy como primera lectura, nos lo muestra expulsando a satanás de los dominios de Dios, al gran traidor y padre de la mentira que osó rebelarse contra un Dios tan bondadoso (Ap 12,7-12). Rafael aparece en el libro de Tobías y Gabriel en el libro de Daniel y en el evangelio según San Lucas. Éstos tres aparecen siempre como mensajeros especialísimos del Señor, de allí sus nombres llenos de significado. Miguel significa «quién como Dios», Gabriel significa «fuerza de Dios» y Rafael «medicina de Dios». 

Creer en los ángeles es creer en la presencia trascendente de Dios en la historia, porque la historia no es sólo lo que se ve, se siente y se toca. Hay una dimensión trascendente, oculta e invisible que por lo mismo no alcanzamos a ver. Los ángeles nos recuerdan y nos hacen visible esa dimensión trascendente. El mundo de los ángeles no es otro mundo, sino la dimensión trascendente de nuestra historia. En la Biblia generalmente no se presenta a Dios actuando en forma directa en la historia y allí donde un ángel aparece en escena, es Dios mismo quien actúa. Se suele enumerar nueve coros u órdenes de la corte celestial. Esta jerarquía se basa en los distintos nombres que se encuentran en la Biblia para referirse a ellos. Dentro de esta jerarquía, los coros de ángeles superiores hacen participar a los inferiores de sus conocimientos y según nos enseña la teología católica, cada tres coros de ángeles constituyen un nivel jerárquico y todos ellos juntos forman la corte celestial. El primero es la jerarquía suprema, integrada por los querubines, los serafines y los tronos; la segunda es la jerarquía media compuesta por las dominaciones, las virtudes y las potestades; finalmente tenemos la jerarquía inferior, conformada por los principados, los arcángeles y los ángeles. En el evangelio de hoy se nos recuerda que los cielos están abiertos y los ángeles suben y bajan sobre Jesús (Jn 1,47-51). 

La Iglesia celebra a estos tres arcángeles —Miguel, Gabriel y Rafael— para agradecer el servicio directo del Señor que realizan para cumplir misiones especiales con la humanidad. Miguel arrojó del cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y mantiene la batalla contra Satanás y sus secuaces para destruir su poder y ayudar a la Iglesia militante a obtener la victoria final. Su conducta y su fidelidad nos invitan a reconocer siempre el señorío de Jesús y a buscar en todo momento la gloria de Dios. Gabriel aparece siempre como el mensajero de Yahvé para cumplir encargos especiales y como portador de noticias felices. Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y a la Virgen María la encarnación del Hijo de Dios. Rafael tiene un papel muy importante en la vida de Tobías al mostrarle el camino a seguir y lo que tenía que hacer. Tobías obedeció en todo al arcángel Rafael sin saber que era un ángel enviado por el Señor. Él se encarga de presentar oraciones y obras buenas a Dios. Y nos deja como mensaje bendecir y alabar a Dios, hacer siempre el bien y nunca dejar de orar. De los tres podemos aprender a saber servir con alegría y obediencia al Señor. Porque los ángeles son ministros de Dios. Y, en especial gracias a estos tres que interceden ante Dios por nosotros, podemos crecer también en gratitud a Dios por habernos dado a tan insignes mensajeros y protectores. No tengamos temor de invocarlos y de solicitar su intercesión. ¿Quién sabe si un día cualquiera hemos sido ayudados por un ángel del Señor sin siquiera habernos dado cuenta? Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los ángeles y de estos santos arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que, en verdad, seamos portadores de la vida de la gracia que Dios quiere que llegue a todos los hombres. ¡Bendecido sábado! 

Padre Alfredo.

lunes, 2 de octubre de 2017

«Guardian Angel from Heaven so bright»... A beautiful Catholic Hymnal.

«Ángel de mi guarda, mi dulce compañía»... UN pequeño pensamiento para hoy


Apenas ayer domingo, «Día del Señor» iniciamos un nuevo mes, octubre, el mes de las misiones y del santo rosario. Hoy, lunes 2, celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios... ¡Nuestro ángel de la guarda! Creo que todos recordamos aquella jaculatoria que muchos aprendimos desde pequeños: «Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día». ¡Qué sencillez tan valiosa la de los niños para orar! Por eso el evangelio de hoy tiene como palabra clave «los niños» (Mt 18,1-5.10). Los niños, en el lenguaje evangélico, nos hacen pensar en las personas que, no solamente siendo pequeños, sino de todas las edades viven con sencillez el contacto con Dios: «los pequeños». Jesús pide que «los niños» estén en el centro de las preocupaciones de la comunidad, pues «el Padre no quiere que ni uno de estos pequeños perezca» (Mt 18,14). El mes misionero lo hemos iniciado, bajo la mirada de María, celebrando a la patrona de las misiones, santa Teresita del Niño Jesús, que, entre otras cosas, solía decir: «Yo soy un alma minúscula que solo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor».

Los niños no se preguntan mucho del porqué de las cosas, gustan del misterio y conviven con él con naturalidad.  Cuando la persona crece, busca ir desvelando esos misterios y hacerlos razonables. Hay cosas que, para entenderlas, necesitan que conservemos esa «infancia espiritual» que caracteriza a santa Teresita, a san Juan Pablo II, a la beata María Inés y a tantos santos más. ¿Cómo es que la fe cristiana habla de los ángeles, como seres que nos acompañan personalmente y que nos protegen por los senderos de la vida? El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de los ángeles y dice citando a san Agustín: «“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel” (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser –afirma el Catecismo–, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20)» (cf. Catecismo Nº 329).

Cada ángel de la guarda es un reflejo misterioso del rostro de Dios en nuestra realidad, y, de hecho, cuando alguien de una manera especial nos muestra una conducta sencilla como la de un niño, un proceder sano y alegre, solemos decir que «es un ángel» o que «tiene ángel». Si somos lo suficientemente sensibles, seguro que tenemos experiencia de experimentar la presencia del ángel de la guarda en nuestra vida, expresado a través no solo del nuestro, sino de todos estos seres misteriosos y por supuesto a través de personas de carne y hueso que también son destellos de Dios para cada uno de nosotros. ¡Desde niños, papá y mamá nos invitaron a ponerle nombre a nuestro ángel, y así, el mío se llama «Agustín», porque nací el 28 de agosto, el día de san Agustín! Les puedo asegurar que, desde que tengo uso de razón, experimento su presencia a mi lado”.

Padre Alfredo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

«LOS ARCÁNGELES»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy celebramos a los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael que, desde el cielo, seguramente al vaivén de su aleteo, gozan de que, como familia de fe, les dediquemos un día especial. ¡Qué alegría saber que nuestro Dios no nos deja solos y nos regala la protección y compañía constante de estos, a la vez excelsos y humildes servidores, de su corte celestial! Miguel «Quién como Dios», nos acompaña en las luchas que hemos de librar contra el maligno; Gabriel «Fuerza de Dios», nos ayuda a mantenernos siempre fuertes, sobre todo cuando la fe comienza a declinar; Rafael «Medicina de Dios», cura nuestras heridas invitándonos a confiar en la infinita misericordia de nuestro Dios. A lo largo de la Escritura y en diversos pasajes, podemos ver la presencia y la acción de estos seres maravillosos. Ellos están siempre con nosotros al mismo tiempo que glorifican a Dios en la liturgia celestial.

Miguel ayudó al profeta Daniel en sus luchas y dificultades (Dan 10,13.21; 12,1). La carta de Judas, en el Nuevo Testamento, dice que Miguel disputó con el diablo el cuerpo de Moisés (Jd 1,9). Fue Él el que venció a satanás, derribándolo del ciego y arrojándolo al infierno (Ap 12,7). Gabriel aparece explicando al profeta Daniel el significado de las visiones (Dan 8,16; 9,21), y fue el Arcángel que llevó el mensaje de Dios a Isabel (Lc 1,19) y a María, la Madre de Jesús (Lc 1,26). Rafael, por su parte, se menciona en el libro de Tobías. Él acompañó a Tobías, hijo de Tobit y de Ana, en su viaje y le protegió de todos los peligros. Ayudó a Tobías a que librara a Sara de un mal espíritu y a curar de la ceguera a Tobit, su padre. 

Cuando Jesús dice en el Evangelio «Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn 1,51) nos está revelando su divinidad y la relación tan profunda, y la vez misteriosa, que tiene con su Padre Celestial y la humanidad. Hoy vivimos tiempos difíciles. Por una parte estamos llenos de tecnología y de aparatos sofisticados para comunicarnos que realmente, bien usados, nos pueden ayudar mucho, pero por otra, con una comunicación que hoy por hoy está un poco desvirtuada. No recibimos suficientes estímulos para hacer el bien y sí mucho material basura. Esto seguramente porque nos falta la principal fuente de comunicación que los Arcángeles nos enseñan: «Hablar con Dios». Miguel, Gabriel y Rafael son símbolos de esa comunicación entre Dios y los hombres. Los Arcángeles, a quienes hoy celebramos, son de hecho, la prueba del amor de Dios que nos guía y se ocupa de nosotros. En el contexto de estos días que vivimos colapsados por los huracanes, terremotos e inundaciones, tampoco podemos olvidar a muchas personas que, han ayudado de muchas maneras con su entrega, su amor y su cuidado. Ellos también, son, por así decirlo, los ángeles de Dios para nuestro pueblo devastado. San Miguel, San Gabriel y San Rafael, rueguen por nosotros con nuestra Señora Reina de los Ángeles. Amén.

Padre Alfredo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Nuestra Señora de los Ángeles y el Reino de los Cielos... Un pequeño pensamiento para hoy

Cada dos de agosto, Costa Rica amanece de fiesta, porque celebra a Nuestra Señora de los Ángeles, una advocación mariana originaria de España que fue declarada Patrona de Costa Rica por el Congreso de la República en 1824 y cuya imagen se conserva «como un tesoro» en la Basílica de Cartago. Por otra parte, y en este mismo día, en el año 1216, en una visión, San Francisco le pidió al Señor, que se encontraba junto a la Virgen y sus ángeles, que le concediese una indulgencia a cuantos visitasen la Iglesia dedicada a la Virgen bajo la advocación de Santa María de los Ángeles. El Señor le ordenó que se dirigiese al Pap Honorio III el favor deseado. Esta indulgencia se conoce como «la indulgencia de la Porciúncula» o «el Perdón de Asís».

El Evangelio de este martes nos habla, en un breve fragmento, de «un tesoro» (Mt 13,44-46), es el tesoro del Reino de los Cielos, y que mejor ejemplo de lo que es este Reino que la vida de la Santísima Virgen María, mujer sencilla, alegre, justa, servicial, amorosa... ¿qué no son estos los valores del Reino? Ella encontró el tesoro de la vida, el tesoro de la felicidad en la aceptación gozosa de la voluntad de Dios y en la vivencia de los detalles pequeños de cada día en Nazareth. Su corazón se ensancha para albergar la Palabra, meditarla, hacerla vida; sus manos se abren para darnos a Cristo.

El también breve texto de la Primera Lectura de hoy (Ex 34,29-35), nos indica hasta tres veces que el semblante de Moisés era radiante. El gozo de ver a Dios ha quedado grabado en su rostro, un rostro radiante como el de María, poseedora del Reino. ¿Cómo es mi rostro? ¿Refleja mi faz la alegría de poseer el tesoro del Reino como María? ¿Comparto este gozo del encuentro con Dios como Moisés? ¡Feliz, bendecido y mariano martes 2 de agosto!

Padre Alfredo.

jueves, 29 de septiembre de 2016

LOS ARCÁNGELES...


En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de «San Miguel», en la vía Salaria, en Roma, se celebran juntamente tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura nos revela sus nombres y las misiones singulares que, a quienes sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, glorificándolo sin cesar, ha encomendado una misión especial en la tierra. La etimología de la palabra "ángel" procede del latín angelus, y este a su vez del griego ágguelos o mal'akj en hebreo, que quiere decir "mensajero" o "servidor" de Dios (Hebreos 1,7). 

Santo Tomás de Aquino enseñaba que los ángeles fueron creados antes que el hombre, porque un ángel rebelde a Dios, fue el culpable de la caída de nuestros primeros padres. Se admite entonces que el Padre del cielo los creó en un principio, cuando sacó de la nada el universo (Concilio de Letrán, 1215). Hay en estos seres espirituales tres instantes: su creación, la prueba de obediencia a que fueron sometidos por Dios,  y el premio en el cielo para los ángeles buenos, y el castigo en el infierno para los ángeles malos. 

San Gregorio Magno afirmaba  que "casi todas las páginas de la revelación escrita, dan testimonio de los ángeles". En la Biblia se registran cerca de 400 veces; tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En la vida del Hijo de Dios, se encuentran desde su nacimiento en el portal de Belén, hasta su triunfante resurrección en Jerusalén, y regreso al cielo. Por eso, Cristo Jesús es superior a todos ellos (Hebreos 1,4), creados por él ( Colosenses 1,16); y sometidos bajo su autoridad y poder (1Pedro 3,22).

Los Arcángeles, junto con los Principados y los Ángeles propiamente llamados así, son los ángeles más cercanos a los humanos. Todos los Ángeles son mensajeros de anuncios importantes. Son llamados «Arcángeles», como los «Ángeles» precisamente porque ejercen un oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman Ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman Arcángeles”.

En el libro de Tobías (12,15) San Rafael se presenta como «uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia». En el Apocalipsis (8,2) San Juan describe: «vi a los siete Ángeles que estaban delante de Dios, y ellos recibieron siete trompetas». Por estas dos citas bíblicas se afirma en la Iglesia que existen 7 Arcángeles aunque sólo conocemos tres nombres de Arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel. Los otros nombres (Uriel, Barachiel o Baraquiel, Jehudiel, Saeltiel) aparecen en los libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras y en algunos escritos de la literatura rabínica. Sin embargo, la Iglesia solamente reconoce los tres nombres que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Los demás pueden servir como referencia, pero no son doctrina.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL:

Miguel significa «¿Quién como Dios?» y su nombre viene del hebreo «Mija-El», que significa eso: «¿Quién como Dios?» y que, según la tradición de la Iglesia, fue el grito de guerra en defensa de los derechos de Dios cuando Lucifer se opuso a los planes salvíficos y de amor de nuestro Creador. La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción a San Miguel Arcángel, especialmente para pedirle que nos libre de las perversidades y asechanzas del demonio y de los espíritus infernales. Se le suele representar con el traje de guerrero o soldado centurión poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo.

Para los hebreos es el Arcángel protector frente al poderío de Persia y Grecia, antiguo patrono de la sinagoga. En la Iglesia de Oriente, así como entre los teólogos de Occidente, se nombra a San Miguel como virrey del cielo, príncipe de la luz, jefe de todos los ejércitos angelicales, custodio de la Iglesia Católica desde hace más de diez siglos, acompañante de las almas en la eternidad, y el ángel del juicio final (1Tesalonisense 4,16). Es además, el guerrero celestial que peleó con el Diablo encima del cuerpo de Moisés (Judas 9); y en el cielo contra el Dragón y sus ángeles rebeldes (Apocalipsis 12,7). Es pues, el símbolo del eterno triunfo de la luz sobre las tinieblas.

San Miguel Arcángel se ha manifestado en varias oportunidades. En Roma se representa en una estatua de bronce desde lo alto del castillo de Saint'Angelo, con resplandeciente armadura, en el acto de envainar su espada mientras contempla la Ciudad Eterna, cuando se posó durante una epidemia, en tiempos del pontificado de San Gregorio Magno en el año 590. Se le han construido enormes santuarios como en monte Saint Michel, en la costa francesa, coronado por una antigua abadía benedictina del siglo XI. El oratorio fue erigido en el año 709. El lugar era un pico que emergía sobre el bosque de ScissY; se afirma que inmediatamente después de haber cumplido monseñor Aubert con el mandato del arcángel, se produjo una tremenda marea que le dio al lugar su forma actual. Durante las cruzadas en Tierra Santa, eran frecuentes los relatos, contados incluso por los propios sarracenos sobre grandes ejércitos del cielo en ayuda de los templarios (monjes-guerreros), comandados por el propio San Miguel.  Por un espacio de dos años, se apareció a Santa Juana de Arco, en compañía de Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita. El Papa León XIII compuso una oración invocando la protección del santo arcángel, que fue enviada a todos los obispos en 1886. Esta plegaria nació después que el Vicario de Cristo al terminar una misa , tuvo una visión de los espíritus infernales que se juntaban sobre la ciudad eterna de Roma.

SAN GABRIEL ARCÁNGEL:

Gabriel significa «Fuerza de Dios» y aparece en el Antiguo Testamento en el libro de Daniel explicándole al profeta una visión del carnero y el chivo (Dn. 8), así como instruyéndolo en las cosas futuras (Dn. 9,21-27).  En los Evangelios, San Lucas (1,11-20) lo menciona anunciando a Zacarías el nacimiento de San Juan Bautista y a la Santísima Virgen María (Lc. 1,26-38) que concebirá y dará a luz a un hijo a quien pondrá por nombre Jesús. San Gabriel Arcángel es conocido por muchos, en la religiosidad popular, como el «ángel mensajero», se le representa con una vara de perfumada azucena y es patrono de las comunicaciones y de los comunicadores porque trajo al mundo la más bella noticia con la Anunciación.

San Gabriel Arcángel se sienta a la izquierda de Dios, Jefe de los querubines, es el ángel de la misericordia, la revelación y la muerte. En el Nuevo Testamento le comunica a Zacarías que sería el padre del precursor del Mesías (Juan Bautista) (Lucas 1,11-20), es el portavoz de la anunciación a María (26-30). Algunos teólogos piensan que fue el ángel que consoló a Jesús en  el  huerto  del  Gethsemaní  (22,43),  y  el que toca la trompeta en el libro del Apocalipsis. Uno de los frescos más antiguos sobre este arcángel, se conserva en una capilla de la Vía Apia, en  Roma;   probando  así  que  desde   el  principio  fue  venerado en la Iglesia Católica. San Gabriel es también nombrado por los musulmanes, quienes creen que fue el mensajero celestial que sirvió como transmisor de la palabra de Alá, cuando dictó el libro del Corán a su profeta Mahoma.

SAN RAFAEL ARCÁNGEL:

Rafael en hebreo quiere decir «Dios te sana». Su nombre se menciona  en el libro de Tobías, en el Antiguo Testamento, y figura en varios capítulos. Allí se lee que Dios envía a este Arcángel para que acompañe a Tobías en un viaje, en el que se casó con Sara. De igual manera San Rafael le indicó a Tobías cómo devolverle la vista a su padre. Por esta razón es invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes y se le conoce como «Medicina de Dios».

San Rafael Arcángel es el guardián del árbol de la vida en el Edén (Génesis 3,24), y jefe del órden de las virtudes, es además el ángel de la providencia, que cuida a la humanidad y a los peregrinos. En el Antiguo Testamento le sirvió de guía a Tobías, indicándole como devolverle la vista a su padre Tobit en Nínive (11, 7-8). Es "uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y que puede entrar ante su presencia gloriosa" (12,15).

En su liturgia, la Iglesia Católica se une a los ángeles para adorar a Dios e invoca su asistencia, pero celebra sólo la memoria a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, así como a los ángeles custodios.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Coronilla de San Miguel Arcángel...


En el año de 1750, San Miguel Arcángel se apareció a la devota Sierva de Dios Antonia De Astónac, religiosa carmelita de Portugal. El arcángel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.

A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aún mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.

En esta coronilla se invocan a los nueve coros de ángeles. Después de cada invocación se reza un Padre Nuestro y 3 Avemarías. Se ofrece esta coronilla por la Iglesia, para que sea defendida de todas las asechanzas del demonio, por la santificación de los sacerdotes y por los que están más alejados de Dios.


En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc.

1. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías

2. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

3. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

4. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, danos señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

5. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

6. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

7. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

8. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

9. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

Se reza luego un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:

*En honor a San Miguel: Padre Nuestro...
*En honor a San Gabriel:Padre Nuestro...
*En honor a San Rafael: Padre Nuestro
*En honor a nuestro ángel de la Guarda: Padre Nuestro

Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.

Oración de León XIII: San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

V/. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Todopoderoso y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos, y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.