domingo, 29 de octubre de 2023

«El centro de la vida ha de ser el amor»... Un pequeño pensamiento para hoy


Definitivamente todo discípulo–misionero de Cristo ha de tener claro que el centro de la vida ha de ser el amor. Ya lo decía santa Teresita: «Mi vocación es el amor». Cuando la beata María Inés Teresa habla de su conversión escribe: «Cuando él me atrajo sobre su pecho, cuando dijo a mi oído las dulces palabras de su amor, vi que había encontrado el único amor que podía saciarme, el único que podía hacerme feliz» (Viva Cristo Rey). San Carlos de Foucauld, en una carta a su amigo converso Luis Massignon le anota: «El amor consiste no en sentir que se ama sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor.» (Carta del 15 de julio de 1916).

El Evangelio de hoy (Mt 22,34-40), que toda el tema del amor, y los ejemplos de vida de tantos beatos y santos, me hace reflexionar que los vacíos de la vida de muchos en la época actual, el desaliento, la tristeza que poco a poco embarga su vida, el martirio de la enemistad familiar, la falta de comprensión y perdón y el miedo son producto de no comprender lo que es el amor a Dios y al prójimo. Ante la pregunta que un doctor de la ley, es decir, un especialista, un letrado, le hace a Jesús sobre cuál es el más grande todos los mandamientos, el Señor le responde que amar a Dios y al prójimo debe ser lo más importante en esta vida, por encima de nuestras posesiones, logros y responsabilidades. Por eso, entre más alguien se aleje de esa instrucción de Jesús, menos cerca podrá estar de alcanzar la felicidad y más tormentoso será su cotidiano vivir.

El corazón es el lugar del cuerpo donde la persona siente. Nuestro Padre Celestial y el prójimo, quieren que les expresemos nuestros sentimientos de amor, pero, para eso, debemos amarnos a nosotros mismos, respetarnos, querernos, cuidarnos. Por su parte, el alma es donde toma las decisiones, donde hacemos nuestra elección de amar a Dios por ser Dios y al prójimo porque es «hermano», un hijo de Dios como yo. La mente es donde uno piensa. Es en nuestra mente que los pensamientos, las impresiones, la inteligencia y el aprendizaje cobran vida. Allí pensamos en cómo amar a Dios y en como hacerle amar. Allí caben las ilusiones, las esperanzas, las inquietudes, los anhelos, las vidas de nuestros hermanos y allí entendemos que, lo que queremos para nosotros, lo anhelamos para el otro. Que María nos ayude a amar así, como Jesús nos marca. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 28 de octubre de 2023

«Simón y Judas»... Un pequeño pensamiento para hoy

Después de llegar a casa a las 3:30 de la mañana debido al atraso de mi vuelo, como suele suceder cuando me toca volar en viernes, me preparo con las oraciones de la mañana para celebrar Misa de 8:00 y Misa de 9:30 por la mañana —no pienso aún en las de la tarde, de precepto— y me gozo de celebrar —tal vez un poco somnoliento, porque muchos de ustedes saben que soy «pájaro madrugador», pero se me descompensa todo cuando me tengo que acostar después de las 10:30 de la noche— la fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo. Dos personajes cuya veneración por parte del pueblo de Dios son muy diferentes. Mientras San Judas Tadeo es recordado e invocado como mediador para las causas imposibles en el mundo entero, pocos recurren a San Simón. La Iglesia los celebra en un mismo día porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos a todas partes a predicar la Palabra de Dios.

El Evangelio centra nuestra atención este día en el relato de la elección de los «Doce» (Lc 6,12-19). Entre ellos, al ver la lista, reconocemos a cada uno de los llamados como único e irrepetible, y vemos, así, el conjunto que nos muestra una gran diversidad de los miembros que han sido llamados a formar—junto a unas mujeres que se mencionarán en otro fragmento del evangelio— este grupo inicial de los que siguieron a Jesús. El Papa Benedicto VXI, de feliz memoria y hablando en una audiencia precisamente de las figuras de Simón y Judas, dice «que el grupo de los Doce es la prefiguración de la Iglesia, en la que deben encontrar espacio todos los carismas, pueblos  y razas, así como  todas  las  cualidades  humanas, que  encuentran  su armonía y su unidad en la comunión con Jesús» (Audiencia general del 11 de octubre de 2006). 

Está por clausurarse mañana 29 la primera etapa del Sínodo sobre la sinodalidad en el Vaticano. Creo que la mayoría de nosotros ha estado al tanto o por lo menos habrá quienes han escuchado o leído una que otra noticia. Este Sínodo, que continuará en octubre del año entrante, nos ha mostrado precisamente esta diversidad que hace una hermosa unidad de vida y acción eclesial de evangelización en la Iglesia. Como Simón y Judas Tadeo, nosotros también, en nuestros tiempos, somos diferentes, pero nos sabemos llamados. Unos, por alguna razón, gozan de la popularidad que sigue teniendo San Judas Tadeo, otras, como San Simón, llevarán una vida más callada y con menos presencia visible en la Iglesia, pero todos, bajo el cuidado de María, la Madre del Señor, caminamos al unísono buscando la gloria de Dios y la salvación de la humanidad. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Carta de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos al Pueblo de Dios

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Cuando se acerca la conclusión de los trabajos de la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, queremos, con todos vosotros, dar gracias a Dios por la hermosa y rica experiencia que acabamos de vivir. Este tiempo bendecido lo hemos vivido en profunda comunión con todos vosotros. Hemos sido sostenidos por vuestras oraciones, llevando con nosotros vuestras expectativas, vuestras preguntas y también vuestros miedos.

Han pasado ya dos años desde que, a petición del Papa Francisco, se inició un largo proceso de escucha y discernimiento, abierto a todo el pueblo de Dios, sin excluir a nadie para “caminar juntos”, bajo la guía del Espíritu Santo, discípulos misioneros siguiendo a Jesucristo.

La sesión que nos ha reunido en Roma desde el 30 de septiembre constituye una etapa importante en este proceso. Por muchos motivos, ha sido una experiencia sin precedentes. Por primera vez, por invitación del Papa Francisco, hombres y mujeres han sido invitados, en virtud de su bautismo, a sentarse en la misma mesa para formar parte no solo de las discusiones, sino también de las votaciones de esta Asamblea del Sínodo de los Obispos. Juntos, en la complementariedad de nuestras vocaciones, de nuestros carismas y de nuestros ministerios, hemos escuchado intensamente la Palabra de Dios y la experiencia de los demás. Utilizando el método de la conversación en el Espíritu, hemos compartido con humildad las riquezas y las pobrezas de nuestras comunidades en todos los continentes, tratando de discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy.

Así hemos experimentado también la importancia de favorecer intercambios recíprocos entre la tradición latina y las tradiciones del Oriente cristiano. la participación de delegados fraternos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales ha enriquecido profundamente nuestros debates. Nuestra asamblea se ha llevado a cabo en el contexto de un mundo en crisis, cuyas heridas y escandalosas desigualdades han resonado dolorosamente en nuestros corazones y han dado a nuestros trabajos una gravedad peculiar, más aún cuando algunos de nosotros venimos de países en los que la guerra se intensifica.

Hemos rezado por las víctimas de la violencia homicida, sin olvidar a todos a los que la miseria y la corrupción les han arrojado a los peligrosos caminos de la emigración. Hemos garantizado nuestra solidaridad y nuestro compromiso al lado de las mujeres y de los hombres que en cualquier lugar del mundo actúan como artesanos de justicia y de paz.

Por invitación del Santo Padre, hemos dado un espacio importante al silencio, para favorecer entre nosotros la escucha respetuosa y el deseo de comunión en el Espíritu. Durante la vigilia ecuménica de apertura, experimentamos cómo la sed de unidad crece en la contemplación silenciosa de Cristo crucificado. “La cruz es, de hecho, la única cátedra de Aquel que, dando su vida por la salvación del mundo, encomendó sus discípulos al Padre, para que ‘todos sean uno’ (Jn17,21). Firmemente unidos en la esperanza que nos da Su Resurrección, Le hemos encomendado nuestra Casa común, donde resuenan, cada vez con mayor urgencia, el clamor de la tierra y el clamor de los pobres: ‘¡Laudate Deum!’”, recordó el Papa Francisco precisamente al inicio de nuestros trabajos. Día tras día, hemos sentido el apremiante llamamiento a la conversión pastoral y misionera. Porque la vocación de la Iglesia es anunciar el Evangelio no concentrándose en sí misma, sino poniéndose al servicio del amor infinito con el que Dios ama el mundo (cf. Jn 3,16).

Ante la pregunta de qué esperan de la Iglesia con ocasión de este sínodo, algunas personas sin hogar que viven en los alrededores de la Plaza de San Pedro respondieron: “¡Amor!” Este amor debe seguir siendo siempre el corazón ardiente de la Iglesia, amor trinitario y eucarístico, como recordó el Papa, evocando el 15 de octubre, en la mitad del camino de nuestra asamblea, el mensaje de Santa Teresa del Niño Jesús. “Es la confianza” lo que nos da la audacia y la libertad interior que hemos experimentado, sin dudar en expresar nuestras convergencias y nuestras diferencias, nuestros deseos y nuestras preguntas, libremente y humildemente.

¿Y ahora? Esperamos que los meses que nos separan de la segunda sesión, en octubre de 2024, permitan a cada uno participar concretamente en el dinamismo de la comunión misionera indicada en la palabra “sínodo”. No se trata de una ideología, sino de una experiencia arraigada en la Tradición Apostólica. Como nos recordó el Papa al inicio de este proceso: “Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad […] promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos” (9 de octubre de 2021). Los desafíos son múltiples y las preguntas numerosas: la relación de síntesis de la primera sesión aclarará los puntos de acuerdo alcanzados, evidenciará las cuestiones abiertas e indicará cómo continuar el trabajo”.

Para progresar en su discernimiento, la Iglesia necesita absolutamente escuchar a todos, comenzando por los más pobres. Eso requiere, por su parte, un camino de conversión, que es también un camino de alabanza: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” ( Lc10,21). Se trata de escuchar a aquellos que no tienen derecho a la palabra en la sociedad o que se sienten excluidos, también de la Iglesia. Escuchar a las personas víctimas del racismo en todas sus formas, en particular en algunas regiones de los pueblos indígenas cuyas culturas han sido humilladas. Sobre todo, la Iglesia de nuestro tiempo tiene el deber de escuchar, con espíritu de conversión, a aquellos que han sido víctimas de abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial, y de comprometerse concretamente y estructuralmente para que eso no vuelva a suceder.

La Iglesia necesita también escuchar a los laicos, a las mujeres y a los hombres, todos llamados a la santidad en virtud de su vocación bautismal: el testimonio de los catequistas, que en muchas situaciones son los primeros en anunciar el Evangelio; la sencillez y la vivacidad de los niños, el entusiasmo de los jóvenes, sus preguntas y sus peticiones; los sueños de los ancianos, su sabiduría y su memoria. La Iglesia necesita escuchar a las familias, sus preocupaciones educativas, el testimonio cristiano que ofrecen en el mundo de hoy. Necesita acoger las voces de aquellos que desean ser involucrados en ministerios laicales o en organismos participativos de discernimiento y de decisión. La Iglesia necesita particularmente, para progresar en el discernimiento sinodal, recoger todavía más las palabras y la experiencia de los ministros ordenados: los sacerdotes, primeros colaboradores de los obispos, cuyo ministerio sacramental es indispensable en la vida de todo el cuerpo; los diáconos, que a través de su ministerio representan la preocupación de toda la Iglesia por el servicio a los más vulnerables. Debe también dejarse interpelar por la voz profética de la vida consagrada, centinela vigilante de las llamadas del Espíritu. Y debe también estar atenta a aquellos que no comparten su fe, pero que buscan la verdad, y en los que está presente y activo el Espíritu, Él que ofrece “a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (Gaudium et spes 22, 5).

“El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” (Papa Francisco, 17 de octubre de 2015). No debemos tener miedo de responder a esta llamada. La Virgen María, primera en el camino, nos acompaña en nuestro peregrinaje. En las alegrías y en los dolores Ella nos muestra a su Hijo y nos invita a la confianza. ¡Es Él, Jesús, nuestra única esperanza!



Ciudad del Vaticano, 25 de octubre de 2023

martes, 24 de octubre de 2023

«San Rafael Guízar y Valencia... el Buen Pastor»... Un pequeño pensamiento para hoy


Sin duda alguna uno de los personajes mexicanos más queridos y dignos de imitar por todo discípulo–misionero es San Rafael Guízar Valencia. Su vida es ejemplo no sólo para obispos, sacerdotes, religiosos, sino para todo hombre y mujer sea cual sea su vocación específica pero que quiera vivir una fe comprometida. Hpy la Iglesia lo celebra en México con calidad de fiesta. San Rafael Guízar Valencia nació en Michoacán el 26 de abril de 1878, a sus 23 años, se ordenó sacerdote y Benedicto XV lo quinto obispo de Veracruz, el 1 de agosto de 1919. Murió el 6 de junio de 1938. El 29 de enero de 1995 fue beatificado por San Juan Pablo II y el 15 de octubre del 2006 el Papa Benedicto XVI lo canonizó.

Su búsqueda de la santidad se manifestó desde que era seminarista. Con el afán de ayudar a varios de sus compañeros vendía dulces y helados. También realizaba rifas para pagar sus misiones e invariablemente repartía lo que tenía. Esta generosidad continuó toda su vida al grado de vender su anillo y cruz episcopal para suavizar el hambre, el dolor de los pobres y en su lugar portaba una cruz de latón. La pureza fue una virtud que siempre lo acompañó. Debido tal vez a que Dios grabó en su corazón el deseo del cielo confiaba en que el Señor le facilitaba todo lo necesario para evangelizar. En una misión en Tabasco, mandó a sus misioneros con termómetro en mano ante el Santísimo para orar y lograr que descendiera la temperatura de 45 grados a 39 para poder misionar. En otra ocasión suplicó a Dios que cesara la lluvia para continuar la misión y lo consiguió.

San Rafael muestra perfectamente, en su vida, la figura del Buen Pastor que el evangelista San Juan nos presenta en evangelio de esta fiesta (Jn 10,11-16). En su tarea episcopal pasó por muchas situaciones difíciles que no le impidieron, en medio de la persecución religiosa que se acrecentaba día a día en la época de la cristiada, mantener abierto el seminario de su diócesis; el único que permaneció así. El último día de su vida expresó: «Yo quisiera seguir viviendo hasta que todos los hombres sobre la tierra amasen a Nuestro Señor... Yo le pido a Nuestro Señor que me conceda vivir aún más para salvarle almas, o que me conceda, Él sabrá cómo, seguir misionando aquí en la tierra después de muerto. Pidamos, junto con la de María santísima, la intercesión de San Rafael, para que sepamos defender nuestros valores y nuestra fe con la acción y con la oración en la sencillez de vida. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

P.D. Probablemente no tendré oportunidad de escribir hasta el próximo sábado o domingo.

domingo, 22 de octubre de 2023

«El DOMUND 2023»... Un pequeño pensamiento para hoy


Después de algunos días de no haber compartido por escrito mi reflexión diaria con ustedes —cosa que con toda seguridad se repetirá en unos días— escribo estas líneas en este domingo en el que la Iglesia celebra el «DOMUND», es decir, el «DOMingo MUNDial de las misiones», para recordarnos a todos nuestra esa condición de discípulos–misioneros que desde el bautismo hemos recibido y que nos compromete a sabernos enviados a conquistar —como decía la beata María Inés— el mundo para Cristo. En estos momentos en los que la Iglesia entera está celebrando el Sínodo, recordamos de forma especial que es necesario salir de nosotros mismos y caminar juntos. De eso surge esta dinámica misionera que nos lleva a evangelizar en comunión y fraternidad. Así entraremos en el corazón de la misión.

El lema que el Papa Francisco escogió para este año es: «Corazones ardientes, pies en camino» y está tomado del Evangelio de san Lucas (24,13-35) en el marco de lo que conocemos como el pasaje de los discípulos de Emaús. Cristo resucitado sale al encuentro de estos dos discípulos–misioneros y deja algo especial en ellos. «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24, 32). Es este ardor el que todos los bautizados tenemos que recuperar, del encuentro personal con Cristo ante lo que uno no puede quedar igual. Bien nos dice el Evangelio de este domingo (Mt 22,15-21) «Den, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Como bautizados una de nuestras tareas es no dejar enfriar la Palabra que hemos recibido, cuidarla, acrecentarla, y darle a así a Dios lo que le corresponde sin dejarnos atrapar solamente por las cosas que hay que darle al César, que son todas las cosas de este mundo material. 

Los discípulos–misioneros, con el corazón ardiente, tenemos que mantener nuestros pies en camino, porque en las cosas de Dios nos hay, como en la cosas del César, tiempo para teorizar. No nos dejemos llevar por el cansancio, la desilusión, o el abatimiento, como los discípulos de Emaús, dejemos que el Señor que ha salido a nuestro encuentro y que camina a nuestro ritmo, nos enseñe, nos consuele y aliente y que la santísima Virgen nos ayude también caminando con nosotros para que renovando el compromiso misionero que hemos recibido en el bautismo salgamos al encuentro de quienes no conocen a Cristo o lo han hecho a un lado. ¡Bendecido DOMUND para todos y una felicitación especial a todos los miembros de nuestros grupos de Van-Clar que en diversos países renuevan su compromiso!

Padre Alfredo.

miércoles, 18 de octubre de 2023

«San Lucas evangelista»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Iglesia celebra hoy la fiesta de San Lucas, autor del tercer Evangelio y del libro de los Hechos de los Apóstoles, y a quien San Pablo se dirige como «el médico amado» (Col 4,14). Gracias a él conocemos algunas de las enseñanzas más emblemáticas y profundas del Señor, como la parábola del hijo pródigo o la del buen samaritano. A lo largo de su Evangelio, San Lucas nos da a conocer la misericordia divina. Al mismo tiempo, tenemos que recordar que este es el Evangelio de la oración —cuya importancia subraya una y otra vez (3,21; 5,16; 6,12; 9,18.28-29; 11,1; 22,41.44-45 etc)—, como queriendo señalar que la misión de buscar a la oveja perdida sólo es posible si se tiene una viva relación y diálogo íntimo con nuestro Padre Dios.

La cita del Evangelio de hoy (Lc 10,1-9) es una pequeña muestra de esto. San Lucas nos muestra un momento crucial en la vida pública de Jesús, que es la prolongación de su misión en los discípulos. El Maestro, luego de prepararlos y darles el ejemplo, los envía para que extiendan y den a conocer a todos las noticias sobre el Reino de Dios. Este santo evangelista nos cuenta que el Señor quiere esparcir su mensaje por todas partes y envía cada vez a más discípulos–misioneros a extender el anuncio de la Buena Nueva. Ahora, antes de enviar a este grupo, les hace ver que la oración debe marcar el arranque de la tarea, ya que es Dios quien llama personalmente a los operarios, es Dios el que nos dice como y cuando sembrar la semilla, es Dios el que nos enciende en deseos de que muchas personas conozcan la gracia y alegría de la fe.

Todos, creo yo, hemos leído, si no es que todo, gran parte del Evangelio de San Lucas. Hay que pedirle a él, en especial en este día, que haya muchos obreros para la mies, que entre ellos, nosotros que ya nos sabemos sus discípulos–misioneros, sepamos estar muy unidos a Dios por la oración y plenamente dispuestos a ponernos en sus manos para la misión que nos ha encomendado. Que María, a quien la tradición nos dice que San Lucas retrató en una pintura, interceda junto a este gran santo evangelista por nosotros y los nuestros. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

lunes, 16 de octubre de 2023

«C’est la confiance»... La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios

El Papa Francisco publicó este domingo 15 de octubre una nueva exhortación apostólica titulada en francés: «C’est la confiance». Se trata de un documento especial sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150° aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz para reconocer el tesoro de su «caminito espiritual».

No saben ustedes como me llenó de alegría encontrarme en las primeras horas de ayer con esta noticia y lo que me costó posponer el empezar a leer el texto, pues siendo domingo, las misas por celebrar se atravesaron desde primera hora y claro que el Señor lleva la primacía, pues sin celebrarlo a Él, sin escuchar su Palabra y hacerlo llegar a las almas su Eucaristía nada tendría sentido y la santidad no existiría como tal.

Pero la madrugada de este lunes 16, me brindó el gran regalo de la quietud de las primeras horas del día para sumergirme detenidamente en estas maravillosas páginas que comienzan con unas palabras de esta santa doctora de la Iglesia: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor» y que el Papa Francisco considera resumen la genialidad de la espiritualidad de la santita predilecta de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento y a quien tantas otras personas veneramos y sentimos siempre cerca.

En este 2023 se han conmemorado dos fechas importantes en la vida de santa Teresita: el 2 de enero el 150º aniversario de su nacimiento y el 23 de abril el centenario de su beatificación. El Papa Francisco quiso que esta exhortación apostólica vaya más allá de una celebración y «sea asumida como parte del tesoro espiritual de la Iglesia», por eso no la entregó en alguna de estas fechas, sino en otra no menos especial, el día de la memoria de santa Teresa de Ávila, con lo que quiere presentar a esta pequeña florecita, como un «fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española».

La Exhortación está compuesta por cuatro capítulos: «Jesús para los demás» es el primero, «El caminito de la confianza y del amor» el segundo, «Seré el amor» el tercero y «En el corazón del Evangelio» el cuarto y último. Así mismo el documento tiene 53 números en los que Francisco desmenuza la vida y la  experiencia espiritual de Teresita, que dejó este mundo a los 24 años de edad.

Haciendo un recorrido por la vida de algunos de los papas, el Santo Padre expone que «la Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica». Teresita, nos recuerda el Papa, conoció a León XIII en su peregrinación a Roma en 1887 a quien pidió permiso para entrar al Carmelo a la edad de 15 años. Nos dice que Pío X percibió su enorme estatura espiritual, luego de la muerte de joven santa y que Benedicto XV la declaró Venerable en 1921, elogiando sus virtudes centradas en el «caminito» de la infancia espiritual. El Pontífice nos narra también que Teresita fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI, «quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él. Este mismo Papa, escribe Francisco, la declaró patrona de las misiones en 1927. Luego, continúa el Papa, la santita fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII.  

Posteriormente, dice el Papa, san Pablo VI recordaba con frecuencia sus virtudes cristianas y San Juan Pablo II en 1997 la declaró «doctora de la Iglesia», considerándola además una experta en la scientia amoris. También, «Benedicto XVI retomó el tema de su «ciencia del amor», proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». Y él, el  Papa Francisco, canonizó a los papás de Santa Teresita, Luis y Celia en 2015, durante el Sínodo sobre la familia.

Voy a hacer un paréntesis en este pequeño resumen para invitarles a leer una carta que Juan Pablo I, el Pontífice que solamente estuvo un mes al frente de la Iglesia y que, cuando era cardenal de Venecia, en su bellísimo libro: «Ilustrísimos Señor» escribió. Porque ciertamente el Papa Francisco no lo cita en esta Exhortación pero fue un gran amante de la santa de Liseux. Pueden hacer click aquí para leer la carta.

Volviendo al documento, el Papa Francisco en el primer capítulo «Jesús para los demás», presenta la experiencia cristiana en Teresita, desde su oración, su vida mística con alma misionera y sin autoreferencialidad: «En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”», y «el Nombre de Jesús es continuamente 'respirado' por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento».

Como Patrona de las misiones, recuerda el Santo Padre que «como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la invitaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras dice: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar».

El Papa Francisco señala que, impregnada de la misión, ella enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo. Dice que vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: «Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo…». Así lo escribía la santa en las últimas páginas de «Historia de un alma» como su testamento misionero «con un ferviente espíritu apostólico», dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo: «Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí».

En el segundo capítulo, que titula «El caminito de la confianza y del amor», el Papa recuerda el valor de «El camino de la infancia espiritual» propuesto por Santa Teresita del Niño Jesús que subraya la primacía de la acción de Dios y «la confianza» plena en la misericordia de Cristo. Teresita, escribe el Santo Padre, relató el descubrimiento del caminito en su libro «Historia de un alma» en donde ella afirma cosas como ésta: «A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo».

Francisco señala que la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo. Sobre esta «confianza», él nos sugiere no asumirla solo en referencia a la santificación y salvación, sino también como un «abandono cotidiano» en Dios: «Tiene un sentido integral, que abraza la totalidad de la existencia concreta y se aplica a nuestra vida entera, donde muchas veces nos abruman los temores, el deseo de seguridades humanas, la necesidad de tener todo bajo nuestro control».

En el tercer capítulo de la Exhortación,  que lleva por título «Seré el amor», el Papa nos invita a ver la «Historia de un alma» como un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: «Ámense los unos a los otros, como yo los he amado». Así, el Santo Padre nos regala un panorama de la repuesta confiada del amor de la santa, a través del prójimo, al amor misericordiosos de Dios. Santa Teresita, nos recuerda el Santo Padre, expresaba en sus escritos su «amor esponsal» con Cristo: «Teresita tiene la viva certeza de que Jesús la amó y conoció personalmente en su Pasión: Me amó y se entregó por mí (Ga 2,20)» dice. Además nos lleva al acto de amor que, con la frase «Jesús, te amo», Teresita experimentaba como la misma respiración. Esta es su clave de lectura del Evangelio, asegura el Papa.

En este mismo capítulo nos invita a contemplar al «Amor» que santa Teresita vivió en la mayor sencillez y experimento en la vida cotidiana: «Teresita vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana», y en el corazón de la Iglesia, donde buscó su lugar, escribe Francisco y nos lleva al momento tan especial en que la santita descubre su vocación en la Iglesia: «comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…».

El Papa explica, con palabras sencillas, que este llamado de Dios a «poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad» le permitió a santa Teresita «pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar». Llegando de este modo «a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás».

Aquí en este capítulo el Santo Padre habla de María santísima y del amor a ella por parte de Santa Teresita. Él expone que María fue la primera en vivir el «caminito» en pura fe y humildad; así que Teresita no duda en escribir: «Yo sé que en Nazaret, Madre llena de gracia, viviste pobremente sin ambición de más. ¡ Ni éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros tu vida embellecieron, Reina del Santoral…! Muchos son en la tierra los pequeños y humildes: sus ojos hacia ti pueden sin miedo alzar. Madre, te place andar por la vía común, para guiar las almas al feliz Más Allá». 

Francisco llega en este capítulo a un punto central de su exhortación  indicando que «es la confianza la que nos lleva al Amor y así nos libera del temor, es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos, es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer». Esto, asegura el Papa, nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir: «Sólo cuento ya con el amor».

La Exhortación se cierra con un cuarto capítulo de título «En el corazón del Evangelio», en el que recuerda que el anuncio de una Iglesia misionera se centra en lo esencial: «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado», y el aporte especifico que regala Teresita, a quien define como «doctora de la síntesis»: «consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana».

El Papa Francisco afirma que la actualidad de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz perdura en toda su «pequeña grandeza: …En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio» y hace una oración en la que expresa: «Querida santa Teresita, la Iglesia necesita hacer resplandecer el color, el perfume, la alegría del Evangelio. ¡Mándanos tus rosas! Ayúdanos a confiar siempre, como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada día tu caminito de santidad. Amén».

Padre Alfredo.

Lee o descarga la Exhortación haciendo click aquí

«Esos que piden una señal»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el pasaje evangélico de hoy (Lc 11,29-32) Jesús pasa a responder a una cuestión que le habían presentado y que está en un párrafo anterior —«Otros, para tentarlo, le exigían una señal que viniera del cielo» (Lc 11,16)—. Al ver que la gente iba tomando partido a su favor (Lc 11,29), se pone a denunciar la perversidad de los que se aprovechan de la gente que se acaba de liberar y que lo quieren comprometerlo a lanzarse ciegamente a una empresa que llevaría al pueblo a un fracaso estrepitoso. Jesús sabía que de falsos mesías había habido ya una colección —como la que sigue habiendo hasta el día de hoy—. Esos falsos mesías son los que incitan el pueblo a tomar las armas en nombre de Dios. En este caso en concreto reclaman una señal espectacular, una intervención contundente de Dios. Jesús les sale con algo imprevisto, porque en lugar de una señal irrebatible y prodigiosa, provocada por un Dios milagrero que interviene en los asuntos humanos, les anticipa que su señal será el fracaso del Hombre, su muerte, en manos de los poderosos y explotadores del hombre.


Con una analogía, «la señal de Jonás», y dos ejemplos, «la reina del Sur» y «los ninivitas», Nuestro Señor responde de manera categórica a los que, en lugar de escuchar el mensaje, se dedican a comprometer la empresa de Dios entre los hombres: «Porque de la misma manera que Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive», invitándolos a la conversión, «así va a serlo también el Hombre para esta generación. La reina del Sur se pondrá en pie en el juicio para carearse con esta generación y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y hay más que Salomón aquí. Los habitantes de Nínive se alzarán en el juicio para carearse con esta generación y harán que la condenen, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás, y hay más que Jonás aquí» (11,30-32). 

«Escuchar» la sabiduría del mensaje de Jesús, superior a la de Jonás, es la invitación que dirige Él mismo a todo hombre de buena voluntad. Hay que ver que los dos ejemplos han sido tomados intencionadamente a partir de personajes ajenos a la promesa hecha a Israel. Se han invertido los términos: los dirigentes religiosos y los responsables políticos de Israel serán condenados por el testimonio de extranjeros, considerados por ellos como depravados e incrédulos. «La vida da muchas vueltas», solemos decir. Y ciertamente al dejar entrar a Cristo a nuestras vidas, las cosas toman un giro nuevo que muchos no supieron ni han sabido entender. Que María, la Madre del Señor, interceda por nosotros para que seamos capaces de entender. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo. 

domingo, 15 de octubre de 2023

«El traje de fiesta y la confianza en Dios»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy amanecí más que feliz y tal vez por eso mi reflexión ocupará el espacio de dos, pensando que ayer no escribí porque no pude extender más el día. Pero estoy feliz porque desde temprana hora me encontré con el gran regalo de que el Papa Francisco da hoy a la Iglesia con una nueva Exhortación Apostólica llamada: «C’est la confiance» —Es la confianza— sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150° aniversario del nacimiento de la doctora de la Iglesia y patrona de las misiones Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz reconociendo el tesoro de su «caminito espiritual». El Santo Padre cita en el comienzo del texto una frase de la joven santa francesa que, considera, resumen la genialidad de su espiritualidad: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor». Así que me perdonan lo largo de la reflexión, la leen en partes o simplemente dejan de leer. Empiezo, a la luz de esta carta del Papa reafirmando que ciertamente la confianza en Dios es una cuestión de inmenso valor, es algo que no nos libra de los momentos inciertos o difíciles de la vida que todos pasamos. Sin embargo, sí nos ayuda a enfrentarlos con entereza y con fe. Está más que claro que quien confía en Dios sabe que Él no lo abandona ni permite situaciones que vayan más allá de lo que pueda soportar. De alguna manera encuentro relación de esto con el Evangelio de este domingo (Mt 22,1-14), cuando el rey que preparó el banquete para las bodas de su hijo manda a sus criados a buscar «invitados exprés» para asistir a la fiesta porque los que realmente habían sido requeridos no respondieron. ¡Que inmensa confianza en la invitación del rey deben haber sentido todos aquellos que, ante la inesperada adversidad fueron invitados!

Todos somos invitados a confiar en que lo que el Señor dispone para nuestras vidas es lo mejor. Y debemos estar preparados «con el traje de fiesta» para vivir en esa confianza. Y ese traje de fiesta nos viene de Dios. Hemos de tener la confianza de que Él, que nos proporciona esta vestimenta, nos da lo mejor. Se dice que la costumbre en el Oriente, incluso hasta nuestros días, es que el anfitrión agasaje a sus invitados con trajes de honor. Estar en la boda sin el vestido de bodas, ofrecido gratuitamente, implica que el hombre de la parábola pensaba que su vestido regular era suficientemente bueno y no tenía por qué aceptar el regalo del rey. En el tiempo de Cristo las túnicas blancas largas eran vestidas para ocasiones públicas, y los que aparecían en tales ocasiones con otra vestimenta se consideraban merecedores de castigo. El anfitrión preparaba tal vestido para cada uno de sus invitados. Era esto lo que hacía inexcusable la conducta del invitado en la parábola de Jesús; él podría haber tenido un vestido apropiado de bodas si lo hubiese aceptado y recibido, es decir, si hubiera «confiado» en el rey. El punto de Jesús es que Dios nos quiere a todos en el banquete, por lo que hizo posible que todos tengamos sin cargo, porque no tenemos para pagar por ello, «el vestido de fiesta» que necesitamos para estar allí. 

¡Cuánto nos falta para crecer en la confianza en Dios! Son los pecadores que depositan toda su confianza en Dios, como la samaritana, como Zaqueo, como Magdalena, como tantos otros a lo largo de la historia, los que son bienvenidos, las personas que saben que son pecadoras y que confían en Dios. Podemos gozar del fruto glorioso de la victoria de Cristo solo confiando en Él, aceptándolo y rindiéndonos a su amor, como Él lo hizo ante su Padre misericordioso que es nuestro Padre. Hemos de confiar en que Dios nos ama sin medida e incondicionalmente. Tenemos que pensar que nuestra confianza ha de estar siempre puesta en Dios que tiene lo mejor para nosotros, incluso los momentos de Cruz, como sucedió a Jesús o a Santa Teresita misma, sumergida desde jovencita y por poco tiempo, en la enfermedad que la llevó a la entrega de su vida en la confianza de que eso era lo mejor... «el traje de fiesta» que el Señor tenía para llevarla al Cielo. Ella gozaba contemplando a Nuestra Señora de las Victorias, una imagen de la Virgen que tenía. Pidámosle a Ella también que interceda, para que crezcamos en la confianza. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

viernes, 13 de octubre de 2023

«Divididos»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de este día, tomado de Lucas 11,15-26 nos muerta que la oposición contra Jesús, por parte de sus enemigos, llegó a extremos curiosos cuando algunos afirmaban que si echaba fuera los demonios, era por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios. Claro que ante esto es lógico preguntarse: ¿Cómo se puede luchar contra el demonio precisamente en nombre del demonio?

Jesús, como era de suponerse, respondió con ironía, preguntando si es que había guerra civil en los dominios de Satanás, y también, en nombre de quién echaban los demonios los que en Israel ejercían el ministerio de exorcistas, que también los había. Lo que pasaba es que los enemigos de Jesús no querían llegar a la conclusión que hubiera sido la más lógica: «Ha llegado a ustedes el Reino de Dios». Todos estamos implicados en la lucha entre el bien y el mal. El mal —el «indecente» como le llamaba mi querida Esthela Calderón, de feliz memoria— sigue existiendo y nos obliga a no permanecer neutrales, sino a posicionarnos en su contra, junto a Cristo. Al leer cómo Jesús libera a los posesos y cura a los enfermos, estamos convencidos de que «el Reino de Dios ya ha llegado a nosotros», que su fuerza salvadora ya está actuando.

Ciertamente que, en nuestro diario vivir, no estamos nunca seguros de haber vencido al mal y al pecado. Puede venir ese espíritu maligno «con otros siete espíritus peores» y «meterse a vivir» en nosotros si no nos ponemos listos. Pidámosle a María santísima que nos preste un poco de su gran humildad para decir como en el Padre Nuestro: «no nos dejes caer en la tentación». ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 12 de octubre de 2023

«Atrevimiento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Nuestra oración es, en la mayoría de los casos, una oración de petición, pero ciertamente nada tiene que ver con un regateo económico o con una victoria que alcanzar. En la oración pedimos, invocamos, suplicamos, es decir; apelamos a una realidad reconocida. Dios siempre nos escucha. Él no se hace el sordo ante nuestra oración, porque todo lo bueno que podamos pedir ya lo está pensando antes Él, que quiere nuestro bien más que nosotros mismos.

Cada vez que hacemos una oración de súplica asumimos el riesgo de pedirle algo a Dios, precisamente porque Él mismo ha establecido con nosotros vínculos de familiaridad, como nos narra el Evangelio de hoy el mismo Cristo con el ejemplo que pone del amigo inoportuno (Lc 11,5-13). En Misa, por esta razón, la introducción más común al Padre Nuestro recalca la frase: «Nos atrevemos a decir». Se trata, como digo, de un «atrevimiento» de nuestra parte ante la bondad de Dios. 

Sabemos que nuestra audacia no es la insolencia de unos hijos mal educados, sino la prerrogativa de unos hijos que pueden permitírselo todo, porque «son de casa», son «amados». Así, de esta manera, no debemos temer de que nuestra oración se haga insistente, porque Dios mismo nos da la seguridad de escucharnos. Acudamos a María Santísima para que ella nos anime a seguir pidiendo con la confianza de hijos de Dios. ¡Bendecido jueves eucarístico y sacerdotal!

Padre Alfredo.

martes, 10 de octubre de 2023

«Una sola cosa es necesaria»... Un pequeño pensamiento para hoy


«Una sola cosa es necesaria», dice Jesús a Marta en el Evangelio de hoy (Lc 10,38-42). La práctica de Jesús no se caracterizó por el activismo ni por las obras espectaculares y costosas. Su labor se concentró en formar una comunidad, en transformar la mentalidad de las personas, en celebrar los signos del Reino, en rescatar a los marginados y dar a la mujer y al hombre un lugar en la comunidad humana. Todo lo hizo con la sencillez de un predicador itinerante. Al final de su vida lo único que tuvo fue la lejana compañía de alguna de sus discípulas–misioneras junto a su Madre y la soledad de la cruz. Allí enfrentó solo el destino, el ideal, por el cual luchó y murió. Sin embargo, su obra continuó en la historia gracias a que su Espíritu animó a sus seguidores y amigos a persistir en la obra que él había empezado y a insistir en su estilo de vida.

En este pasaje del Evangelio tan típico, de Marta y María en Betania, se nos hace un llamado a no creer que nuestra labor como discípulos–misioneros del Señor consiste en un activismo desmedido. O, peor, aún, que nuestra tarea es andar urgiendo a los demás para que se conviertan en activistas frenéticos. El Evangelio, nos invita más bien a crecer en el silencio, formándonos como oyentes y servidores de la palabra de Dios. Atentos al devenir de la vida cotidiana pero concentrados en lo que el Maestro nos propone.

Caminemos de la mano de María santísima y busquemos ser animadores de la comunidad eclesial estando primero «a los pies del Señor». Pues, nuestra acción en el mundo no es únicamente un conjunto de actividades a favor de un ideal, sino una forma de hacer crecer la presencia de Dios, el Reino, entre los hermanos. Y para esto, necesitamos de la palabra del Maestro, que nos guíe en cada momento por el camino adecuado. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 9 de octubre de 2023

«El prójimo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy el Evangelio nos ofrece una de las páginas más hermosas del evangelio: la parábola del buen samaritano, que sólo nos cuenta San Lucas. La pregunta inicial del doctor de la ley me parece muy buena y creo que de alguna manera todos nos la hemos hecho: «¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Jesús, en un primer momento, le remite a la ley del Antiguo Testamento, a unas palabras que los judíos repetían cada día: amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo (cf. Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18) que centran todo en el amor.

Pero, ante la siguiente pregunta, Jesús concreta más quién es el prójimo. En su parábola, Ese samaritano tenía buen corazón hace todo eso que sabemos que nos narra la parábola con un desconocido. ¿Dónde quedamos retratados nosotros en todo esto? ¡Cuántas ocasiones tenemos de atender o no a los que encontramos en el camino: familiares enfermos, ancianos que se sienten solos, pobres, gente necesitada de escucha! Muchos no necesitan ayuda económica, sino nuestro tiempo, una mano tendida, una palabra amiga. 

El buen samaritano por excelencia fue Jesús: él no pasó nunca al lado de uno que le necesitaba sin dedicarle su atención y ayudarle eficazmente. Al final de la historia, de nuestra historia, el examen será sobre estos detalles: «me diste de comer... me diste de beber... me vestiste... me fuiste a ver». Estoy seguro que la voz de Jesús resuena hoy claramente en nuestros corazones: «Anda y haz tú lo mismo». Con ayuda de María, salgamos al encuentro del prójimo... ese, el que más nos necesita. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 8 de octubre de 2023

«La viña y unos trabajadores aprovechados»... Un pequeño pensamiento para hoy


Contrastando con la gran alegría que nos ha dejado en la parroquia la presencia tan grata y reconfortante del señor arzobispo de Monterrey en nuestra fiesta patronal ayer, el Evangelio de este domingo (Mt 21,33-43) nos lleva a una parábola bastante intensa y dramática enfocada a los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo, en la que Jesús no oculta su crítica. La parábola de los viñadores homicidas lleva a todos a entender que ellos, los principales dirigentes, son los responsables que Dios ha encargado conducir a su pueblo, llevarlo hacia Dios; pero se han dedicado a apropiárselo, a creerse los dueños, a aprovecharse de sus cargos por interés propio.

Es fácil captar que el propietario de la viña representa a Dios, que formó su pueblo con delicadeza y afecto, como expresan las diversas acciones en la parábola  —plantarla, cercarla con una valla, cavar el lagar, construir la torre, contratar a los viñadores—; Dios ha hecho todo lo posible para cuidar de su pueblo, y ha escogido a unas personas para que la viña produjera fruto. En contraste con las atenciones del propietario, los viñadores responden rechazando a sus enviados, maltratándolos, asesinándolos… Los enviados representan a los profetas que Dios envió al pueblo de Israel durante toda su historia; llevaban un mensaje de parte de Dios, casi siempre de conversión, de denuncia de las injusticias, de exigencia de fraternidad, pero el pueblo se negó a hacerles caso. Finalmente envió a su hijo, es decir, Dios envía a Jesucristo para hacer oír su palabra de salvación en el mundo, pero los líderes del pueblo lo atraparon, lo sacaron de Jerusalén y lo mataron.

Los cristianos debemos ver en esta parábola la historia de nuestra salvación. Desde el principio, en la creación, Dios ha querido formar un mundo donde todo era bueno, después los hombres y mujeres lo hemos estropeado, negándonos a darle a él los frutos de amor, justicia y solidaridad que nos pedía —es cierto que la parábola va dirigida a los líderes, pero no solo a ellos, también nos interpela a nosotros—. Dios ha continuado enviándonos su mensaje de muchas formas, pero ha sido más cómodo para muchos de nosotros no escucharlo. Dios nos ha enviado a su propio Hijo a quien ha resucitado para la salvación de todos. Nuestra familia, nuestros amigos, la parroquia, la humanidad, todo es la viña del Señor. El creó todo por amor, ahora la ha dejado en nuestras manos, acompañados de su Madre santísima. Nos toca recoger la cosecha, vivir en hermandad, sembrar justicia y paz. El fruto es el amor, el hombre libre y cumplidor de la Palabra de Dios, pero siempre con la conciencia de que la viña, es de Él. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 7 de octubre de 2023

«Nuestra Señora del Rosario»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora del Rosario, y, en mi parroquia, dedicada a ella, estamos de gran fiesta; a las 7 de la tarde presidirá la Eucaristía el arzobispo de Monterrey don Rogelio Cabrera López, quien nos regalará su presencia para enfervorizarnos más como comunidad que camina bajo la mirada de María santísima. La beata María Inés Teresa, en su libro La Lira del Corazón, dice que «en los misterios del Rosario se presentan a nuestra consideración la misericordia y suavidad divinas» y así es. En efecto, por medio del rezo del Santo Rosario gustamos de esa misericordia que es infinita y que, en las diversas situaciones que pasamos en la vida —misterios gozosos, de luz, de dolor y de gloria— sustenta nuestro andar con el cariño de su Madre santísima.

Nuestra Señora del Rosario es uno de los títulos más amados por todos los fieles cristianos. Reiterando el rezo del saludo angélico del avemaría, con amor y sin cansancio, la invocamos suplicando su intercesión y su consuelo, su ayuda espiritual y material. Todos sabemos que al confiarnos a la Madre del Señor, nos sentimos cerca de su divino Hijo. El Rosario es una oración de orígenes históricos que se remonta al siglo IX, pero hunde sus raíces en la revelación bíblica y el los relatos evangélicos de los misterios de Cristo, a los que Dios ha querido asociar a la Madre del Señor. Es una plegaria que engarza las rosas de cada una de las avemarías para formar un ramillete de cincuenta avemarías por cada una de las tres partes del rosario, que en el siglo XV puso en práctica Alán de Rupe siguiendo la devoción mariana de santo Domingo de Guzmán.  

Todos sabemos que la fiesta de la Virgen del Rosario fue instituida por el santo papa Pío V en el aniversario de la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), que la tradición piadosa atribuye al auxilio de la Madre de Dios, habiendo obteniendo la cristiandad la victoria sobre los enemigos mediante el rezo del Rosario. Como día especial fue instituido por el Santo Papa Pío V en el aniversario de esa batalla. El rezo frecuente, e incluso diario, del Santo Rosario ha marcado durante siglos la piedad del pueblo de Dios, y el rosario se ha convertido en la plegaria que aúna la fe profesada y la fe vivida en brazos de María y junto a su corazón. Que el rezo del rosario nos ayude a acercarnos a Cristo y en él al designio de Dios para nosotros, en el que se encierra nuestra felicidad eterna. ¡Bendecido sábado y felicidades a toda nuestra comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás!

Padre Alfredo.

viernes, 6 de octubre de 2023

«Ay de ti»... Un pequeño pensamiento para hoy


Las ciudades de Corzaín, Betsaida y Cafarnaúm, al nordeste del Lago de Tiberíades, allá en la Tierra Santa, delimitan el triángulo, el «sector» en el que más trabajó Jesús. Esas ciudades recibieron mucho... Serían ricas de grandes riquezas espirituales si hubiesen querido escuchar. Si se las compara a las ciudades paganas de Sodoma, Tiro y Sidón, éstas son unas «pobres» ciudades que no han tenido la suerte de oír el evangelio. 

En el Evangelio de hoy, Jesús se queda con éstas últimas, porque las primeras tres se han llenado de soberbia y cerraron sus oídos a las enseñanzas de Cristo. Para Jesús el punto de referencia del hombre, en cuanto a su verdadero valor, es el juicio de Dios que ve a lo profundo del corazón y juzga en el amor. Esta apreciación «del punto de vista de Dios» es a menudo bastante diferente de las apreciaciones corrientes del mundo: las ciudades paganas, que no recibieron tanta predicación como las cristianas, serán tratadas menos severamente que las ciudades privilegiadas por una escucha de Dios más abundante, aunque no eran aún evangelizadas. ¿Estoy convencido de esto? Y si es así, ¿qué exigencia me sugiere?

Después de esto, en la parte final de este trocito evangélico, son sorprendentes las palabras con las que Jesús destaca la grandeza de la tarea apostólica o misionera de sus seguidores: es una participación a la misión misma de Jesús. Dios quiere necesitar de nosotros. Siempre hay hombres y mujeres por los cuales habla Dios. Que María nos ayude a saber escuchar a quienes debemos y a ser también nosotros, personas que seamos capaces de hablar en nombre de Dios. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 5 de octubre de 2023

«¡Pónganse en camino!»... Un pequeño pensamiento


El mensaje que Jesús deja en el Evangelio de hoy, es una indicación dirigida a los discípulos–misioneros de todos los tiempos: «¡Pónganse en camino!». Y es que cada vez que nos ponemos en camino, Él —como nos recuerda el relato de los discípulos de Emaús—, se pone a caminar con nosotros.

La vida de todo católico, de todo discípulo–misionero de Cristo no puede ni debe ser una vida inactiva, sino que, sostenida por la oración, sigue hacia un camino específico porque el camino es como una trayectoria que contiene un conjunto de verdades. Nuestra vida, como hombres y mujeres de fe, debe destacarse por caminar y estar en movimiento constante como Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien sin parar (cf. Hch 10,38). La gran realidad es que debemos caminar con Dios porque vamos de camino al cielo.

En Cristo, siempre de camino, se manifiesta la grandeza de Dios, que es su humildad: Ha querido caminar con su pueblo. Jesús, vive con esta actitud de humildad y quiere caminar con el pueblo de Dios, caminar con los pecadores; incluso caminar con los soberbios. Pongámonos en camino y, bajo la protección de María, demos continuidad a la tarea encomendada por el Señor a sus discípulos. ¡Bendecido jueves eucarístico y sacerdotal!

Padre Alfredo. 

miércoles, 4 de octubre de 2023

«LAUDATE DEUM» La nueva exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la crisis climática.


El día de hoy 4 de octubre de 2023, día de San Francisco de Asís, el Papa Francisco lanza una nueva exhortación apostólica  titulada «Laudate Deum» —Alaben a Dios—, para tratar en ella el tema de la crisis climática que tanto preocupa al mundo. En poco más de 12 páginas el Papa nos recuerda que han transcurrido ocho años desde que apareció su encíclica «Laudato si» (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común, y que escribe ahora ante la falta de «reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre».

«Laudate Deum» está dirigida «a todas las personas de buena voluntad». El Papa, entre otras cosas afirma: que «por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos». También afirma que «es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos».

El Pontífice afirma que hay quienes pretenden «burlarse de esta constatación» o buscan «ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global» y lamenta que también existan quienes «responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados. Como siempre, pareciera que la culpa es de los pobres. Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres». Al advertir que «en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años», Francisco refiere que «no es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX». En la exhortación apunta, además, que «una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia» y resalta que se ha visto obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentra incluso dentro de la Iglesia católica.

El Papa aclara que, ante esta situación, «se nos pide nada más que algo de responsabilidad ante la herencia que dejaremos tras nuestro paso por este mundo». La crisis climática sumada a la pandemia del covid, llevan al Papa a insistir hasta el cansancio sobre dos convicciones:  «Todo está conectado» y «nadie se salva solo». 

Francisco subraya, en una parte del documento, que «un ambiente sano también es producto de la interacción del ser humano con el ambiente, como ocurre en las culturas indígenas y como ha ocurrido durante siglos en distintas regiones de la tierra». «El gran problema actual es que el paradigma tecnocrático ha destrozado esta sana y armónica relación»

El Papa hace un repaso de las distintas conferencias mundiales, comenzando con la de Río de Janeiro en 1992, pasando por la COP (Conferencia de las Partes) de Copenhague de 2009 y la COP de París de 2015, esta última, un «momento significativo, porque generó un acuerdo que involucró a todos. Puede considerarse un nuevo comienzo, teniendo en cuenta el incumplimiento de los objetivos planteados en la etapa anterior». El Santo Padre nos recuerda que el acuerdo entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 y «presenta un gran objetivo a largo plazo: mantener el aumento de las temperaturas medias globales por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales, intentando aun bajar a los 1,5 grados». Luego de citar brevemente las COP25 de Madrid (2019), la COP26 de Glasgow (2021) y la COP27 de Sharm El Sheikh (2022), el Papa dedica unas palabras a lo que se espera de la COP28 de Dubai, que se realizará del 30 de noviembre al 12 de diciembre.

En esta exhortación, el Papa anima a terminar «de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, ‘verde’, romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos» y expresa su esperanza de que quienes «intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos, más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas».

Francisco señala que «la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano en medio del concierto maravilloso de todos los seres, pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un ‘antropocentrismo situado’. Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas, porque ’todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde’». El Santo Padre, sin hacer de lado la parte espiritual de este valioso documento de gran actualidad, hace un llamado especial: «Invito a cada uno a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga, y a embellecerlo con el propio aporte, porque ese empeño propio tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores. Sin embargo, no puedo negar que es necesario ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán sólo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional».

El Papa concluye su exhortación apostólica afirmando que : «'Alaben a Dios’ es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.

Padre Alfredo.

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«San Francisco, el Papa Francisco y el Sínodo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este día, además de que marca, hasta el 29 de este mismo mes en el Vaticano, la Asamblea General del Papa con obispos de todo el mundo llamada «Sínodo de los obispos» y en la que por primera vez en la historia de los Sínodos, las mujeres podrán votar sobre lo que se hable en el encuentro, se celebra, en la Iglesia Universal, la memoria de San Francisco de Asís (1182-1226), el santo que ha marcado el pontificado del Papa. Francisco, cuyo nombre de pila era Giovanni di Pietro Bernardone, fue un hombre que vivió en un momento en que la Iglesia, muy similar a la Iglesia de nuestros tiempos, tenía una desesperada necesidad de una nueva evangelización y de una tarea de auténtica sinodalidad. No es entonces difícil imaginar que el Papa Francisco lo tenga por «amigo íntimo», porque ambos son amigos de Cristo. Como escribió el Papa Benedicto XVI de feliz memoria en Deus Caritas est: «También los amigos de Jesús deben ser amigos entre sí». 

El Evangelio de hoy (Lc 9,57-62) nos ayuda a ver la característica primordial de San Francisco, para quien la vivencia de la pobreza, en el sentido de desprendimiento total de todo lo que ate y aparte de Dios, fue algo esencial para amar a la Iglesia, que es es signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. Pero, hoy, ante la apertura de este Sínodo, que es un tiempo de gracia muy especial, y al que me siento muy unido de manera especial con la presencia de monseñor Oscar Taméz, obispo de Ciudad Victoria que participa allá en el Vaticano y con quien me mantengo en contacto, la Iglesia llega sufriendo el quebrante de la división. Sí, por las noticias que nos llegan, nos damos cuenta de que el cuerpo de Cristo está herido. Parece que algunos miembros de la Iglesia no logran entender que cuando infligen dolor a los otros miembros, en realidad se hieren a sí mismos. «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren juntamente», nos dice san Pablo. El Papa Francisco sabe que las divisiones destruyen lentamente a la Iglesia. En una homilía de hace dos años, había dicho: «el diablo tiene dos armas poderosísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero... las divisiones en la Iglesia no dejan que crezca el reino de Dios... Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra de esta: siempre contra, no existe el óleo de la unidad, el bálsamo de la unidad» (12 de septiembre de 2016). 

El Santo Padre ha entendido muy bien que las divisiones y la ambición son las enfermedades diabólicas que afligen a la Iglesia actualmente. Y san Francisco ofrece a Iglesia dos poderosos antídotos: fraternidad y pobreza evangélica. En la iglesia de San Damián, allá en Asís, San Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Ve y repara mi iglesia que como ves, está en ruinas». Mientras Francisco escuchaba la voz de Jesús desde la Cruz, abrazaba también su propia cruz y la llevó muy bien. San Francisco abrazó la cruz de Jesús y reconstruyó la Iglesia. Tratemos de honrarlo ayudándole, bajo la protección de María santísima a construir la Iglesia de nuestro tiempo y a acrecentar la unidad. Pidamos, desde nuestra pobreza, desprendiéndonos de todo lo que contamina nuestros corazones, que los frutos de este Sínodo sean abundantes y llenen de esperanza no solo a la Iglesia, sino al mundo entero. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 3 de octubre de 2023

«Sin ánimo justiciero ni fiscalizador»... Un pequeño pensamiento para hoy


El evangelista san Lucas, comienza el Evangelio de hoy (Lc 9,51-56) recordándonos que ha llegado para Jesús la hora «de salir de este mundo». El Señor ha terminado su predicación en Galilea, y todo va a ser desde ahora «subida» a Jerusalén, o sea, hacia los grandes acontecimientos de su muerte y resurrección. De paso va a ir adoctrinando a sus discípulos sobre cómo tiene que ser su seguimiento.

La primera peripecia en el camino les pasa cuando tienen que atravesar territorio samaritano y no les reciben bien «—porque los samaritanos no podían ver a los judíos, sobre todo si van a Jerusalén—. La reacción de Santiago y Juan es drástica: «¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?» A la luz de esto podemos dejarnos interrogar sobre nuestra reacción cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien: ¿somos tan violentos como los «hijos del trueno», Santiago y Juan, que quieren que baje un rayo del cielo y fulmine a los que no les han querido dar hospedaje? ¿reaccionamos así cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra? 

Jesús no pierde la paz y por eso los reprende. Hay que entender que si aquí no nos escuchan, vamos a otra parte y seguiremos evangelizando, allá donde podamos. Sin impaciencias. Sin ánimo justiciero ni fiscalizador. Sin dejarnos hundir por un fracaso. Evangelizando, no condenando: «porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder, sino a salvar». Con la compañía de María, sigamos adelante. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 2 de octubre de 2023

«Ángel de mi guarda»... Un pequeño pensamiento para hoy


Celebramos el día de hoy a los Santos Ángeles Custodios. Apenas hace unos días acabamos de recordar a los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel y ahora pensamos en el ángel que nos cuida. ya sabemos que los seres humanos no estamos solos en el mundo creado, con nosotros y confiados a nuestra responsable custodia, se halla el orden animal de tantos seres vivos que comparten con nosotros este prodigioso escenario y soporte del mundo creado que habitamos; y sobre nosotros, el mundo celestial, donde Dios es glorificado por los ángeles y al que son asociados los santos.

Dios ha creado a los ángeles, que glorifican al Creador, y ha querido asimismo encomendarles auxiliarnos en la tarea de alcanzar nuestra salvación eterna. La sagrada Escritura dice que los ángeles fueron creados por Cristo y para él, porque todo cuanto existe fue creado por Dios mediante su Verbo eterno, «en los cielos, en la tierra, las cosas visibles y las invisibles… todo fue creado por él y para él» (Col 1,16). También los ángeles fueron creados por Cristo, en él y para él, y así leemos en la carta a los Hebreos, con referencia a la encarnación del Verbo, que cuando Dios, en su designio de salvación de la humanidad, «introduce a su Primogénito en el mundo, dice: “adórenle todos los ángeles de Dios”» (Hb 1,6).

Tenemos que tener bien presente que Dios ha querido que toda nuestra vida ha de estar rodeada de la custodia y la intercesión de los santos ángeles, y cada uno de nosotros goza de esta especial protección de Dios que nos asiste por medio de los ángeles custodios, sin quebrar nuestra libertad de seres moralmente responsables de nuestros actos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336). Confiemos a la intercesión de la Virgen María y de nuestros santos Ángeles custodios nuestra vida y nuestras familias, pidiendo para todos la bendición de Dios. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 1 de octubre de 2023

«Todos los días me encuentro con Santa Teresita del Niño Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cuando la celebración de la memoria de un santo cae en domingo, no se celebra, porque la liturgia marca, obviamente, que la celebración del domingo está por encima de todo. Así que este día, en que recordamos a Santa Teresita del Niño Jesús, la liturgia no la celebra, pero mi corazón sí, porque muchos de ustedes conocen la cercanía de la santa en cada paso de mi vida. Ella, desde el día de mi ordenación sacerdotal, hace 34 años, me ha acompañado cada día manifestándose de una manera muy particular: una foto, una mención, una frase, un regalo... siempre ella se hace presente, encontradiza. Esta carmelita descalza, proclamada por Pío XI, el 14 de diciembre de 1927, como patrona universal de los misioneros y de las misiones y luego nombrada doctora de la Iglesia —la más joven por cierto— por San Juan Pablo II, sin siquiera haber salido de su querido convento en Lisieux, me da cada día, una lección nueva.

Así, puedo asegurar que Santa Teresita es mi amiga fiel y compañera de cada día en la vivencia de mi ministerio sacerdotal junto a mi Madre Fundadora, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que la llamaba con cariño: «Mi santita predilecta». De hecho hay muchas referencias a ella en los escritos de la beata. Ahora que he tenido unos días muy difíciles, muy complicados por diversas situaciones, sobre todo relacionadas con la parroquia que me han encomendado —y que me queda bastante grande— pienso, por supuesto, mucho en ella, y me anima a hacer cosas como estas: conservar, a pesar de todo, la sencillez de alma; hacer por amor a Dios mis pequeños servicios y tareas todos los días; conservar siempre, como lo hizo la beata María Inés imitándola, la sonrisa con los que me rodean. Cosas como estas son las que esta Doctora de la Iglesia llama su «caminito». Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios que a mí, a pesar de que voy apenas en el primer escalón, me ha ayudado.

Yo creo que Teresita me anima, además, de una manera muy especial como Misionero de la Misericordia, para que siga buscando pregonar, como ella, la misericordia divina manifestada en Cristo como fuerza que levanta, que rehace, que sostiene en medio de las adversidades de la vida. Ella habla y no teme contradecir a quienes predican que la misericordia de Dios solo era para «grandes pecadores». En eso ella es contundente y me hace pensar en el Evangelio de este domingo (Mt 21,28-32), cuando el hijo menor, que no era un gran pecador, sino alguien que simplemente dice de manera impulsiva que no quiere obedecer, lo hace finalmente y cumple la voluntad del Padre. Que María santísima, a quien Santa Teresita veneró como Nuestra Señora de las Victorias nos ayude a ganar la victoria salvando nuestra alma y la de los demás. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.