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sábado, 11 de abril de 2020

SÁBADO SANTO EN LA MAÑANA... SUBSIDIO 4 PARA SEMANA SANTA EN CASA 2020*

*Debido a la situación particular que se presenta en este año debido a la pandemia del coronavirus covid-19 en donde hemos sido dispensados como católicos de participar en la celebración de la Misa y de otros actos litúrgicos en el Templo debido a la cuarentena que nos han impuesto las autoridades y para que estos días, los más importantes en nuestra vivencia de fe, no pasen desapercibidos, utilizo como base el ritual para Semana Santa que el padre José Antonio Muguerza, sacerdote de la arquidiócesis de Monterrey, quien fuera mi maestro de Liturgia en el Seminario de Monterrey ha elaborado.

SÁBADO SANTO
GUÍA PARA DAR EL PÉSAME 
A LA VIRGEN MARÍA  
CON EL ROSARIO EN FAMILIA


Se reza el santo Rosario como de costumbre pero en lugar de los misterios habituales el padre José Antonio nos propone rezar estos misterios especiales para acompañar a María Santísima, la Madre Dolorosa en esta mañana. Conviene poner una imagen de la Virgen junto a la Cruz para ayudarnos a recordar aquellos momentos. Es conveniente que en casa reine hoy un ambiente de silencio hasta la llegada de la celebración de la Vigilia Pascual con la Resurrección del Señor.

PRIMER MISTERIO:  JESÚS MUERE EN LA CRUZ.

En medio de burlas y cargando los pecados de todo el mundo, Jesús está colgando de un madero... La Santísima Virgen está a sus pies y, en medio de su dolor, pero con la confianza puesta en Dios, repite las palabras: "HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA... HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR". Pidamos por todos los hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños, que han fallecido en estos días por la pandemia, para que Dios los reciba en su Reino y a sus familias les dé el consuelo de la paz.
   
Padre nuestro... 10 Aves Marías...

SEGUNDO MISTERIO: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE, LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

En Belén, María tenía en sus brazos a un pequeño niño del que se diría: "Su reino durará por siempre"... Durante 30 años le brindó su amor, su ternura... Le enseñó a caminar y a hablar... Lo vió reír y llorar... Hoy lo tiene, otra vez, en sus brazos, pero sin vida... y recuerda las palabras del anciano Simeón: "Una espada te atravesará tu corazón". Pidamos por todos los doctores, enfermeros, enfermeras y por todos los trabajadores y voluntarios del sector salud, para que la Virgen María los fortalezca y recompense sus trabajos y su entrega por el bienestar de los demás.

Padre nuestro... 10 Aves Marías...
         
TERCER MISTERIO: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO.

Miles lo acompañaron durante su predicación. Uno de sus apóstoles le dijo: "Si es preciso moriré contigo"... Hoy solamente pocos hombres y unas cuantas mujeres lo acompañan... María lo recibió en una gruta y hoy lo regresa al Padre celestial también en una cueva, que es la tumba de Jesús... En Belén lo recibió en su corazón y hoy María deja su corazón, con Él, en su sepulcro. Pidamos por todas las familias que tienen enfermos en sus casas o en los hospitales, para que se fortalezcan con tu Palabra y con la esperanza de la salud del alma y del cuerpo de todos sus seres queridos.
Padre nuestro... 10 Aves Marías...

CUARTO MISTERIO: LA SANTÍSIMA VIRGEN REGRESA A SU CASA.

Verdaderamente cómo sufre el corazón de la Virgen María al ir recorriendo, paso a paso, los lugares en los que vió padecer y morir a su Hijo. Solamente un pensamiento abarca su mente: "Hijo, hijo mío... sólo sé que te amo... Cuánto amor y cuánto dolor... Te amo, hijito mío, corazón de tu Madre". Pidamos que todos los enfermos puedan regresar con salud a sus hogares y que las familias se vean fortalecidas con la unidad y el amor de la Sagrada Familia.
Padre nuestro... 10 Aves Marías...

QUINTO MISTERIO: LA VIRGEN  MARÍA ESPERA EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS.

Nadie, como María, vivió el silencio de Dios... No hay fe más grande que la de Ella... La Virgen espera y cree... No hay luz, no hay apoyo, solamente hay amor, mucho amor. Jesús lo dijo... y lo cumplirá: "Resucitaré"... Esta es su esperanza. Pidamos que nuestra esperanza nos ayude a seguir construyendo un mundo más humano, más lleno de amor y de los valores morales y espirituales y así vivamos el Reino de Dios entre nosotros, en todas partes.
Padre nuestro... 10 Aves Marías...

sábado, 20 de abril de 2019

«Vía Matris»... Una oración para acompañar a María de regreso del Santo Sepulcro


Los términos «Vía Matris», «Via Matris» o «Via Matris Dolorosae» (en español: «Camino de la Madre») se refieren a esta práctica piadosa que sigue el modelo del Via Crucis y tiene la finalidad de reflexionar sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo acompañando a la Santísima Virgen María. El Vía Matris es el camino que ella recorrió de regreso, desde el santo sepulcro, hasta su casa, después de la sepultura del Señor. Es un camino en el que recuerda y revive el Vía Crucis, el Camino de la Cruz pero de regreso. Por lo tanto, lo rezamos acompañando a la Madre Dolorosa de vuelta a su hogar desde la XIV estación hasta la I, en espera de la gloriosa resurrección de nuestro Salvador.


Dedicatoria a la Santísima Virgen María:

Madre de Dios y Madre nuestra, Virgen Dolorosa, hemos recorrido el día de ayer el Viacrucis acompañando a tu Hijo Jesús, esta mañana déjanos seguir contigo, desde el sepulcro hasta el cenáculo, el camino de tus dolores, de tu soledad y de tu reflexión. Recibe, Madre nuestra nuestro corazón, el corazón de cada uno de los miembros de nuestra comunidad parroquial que, en este camino de reflexión, se quiere hacer uno con el tuyo, especialmente hoy, en estos momentos en que nos damos cuenta de que tu Hijo Jesús, Nuestro Señor, por nuestros pecados, fue crucificado, muerto y sepultado. Caminamos contigo esperando el gozo de la resurrección. De tu dolor y de tu silencio aprenderemos la fe, la esperanza, el cántico triunfal de amor renacido tras las tinieblas de este día sábado.


XIV Estación: Jesús fue colocado en el sepulcro


Detrás de la losa de la sepultura, queda tu corazón maternal, semilla de amor eterno, velando en la espera. ¡Cómo nos dolería dejarte sola en estos momentos! Te queremos porque también nosotros somos tus hijos y porque caminamos en este «Valle de lágrimas» bajo tu amparo, y estar a tu lado ahora, es lo que más queremos hacer. Sabemos que pronto veremos a tu Hijo resucitado, y la fe es el arcoíris en la lluvia del dolor. Que el sepulcro sea como una estrella que en medio de la tormenta, nos lleve a puerto, sanos y salvos.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


XIII Estación: Jesús fue descendido de la Cruz


Madre nuestra, aquí estuvo el cuerpo de tu Hijo Jesús, como la flor de su tallo. Flor deshojada, en el dolor de tus brazos purísimos. Aquí cubrieron de mirra —¿Te acuerdas Madre Santa de la visita de los Magos?— la púrpura de sus llagas, llagas que en Ti se han quedado. Fina sábana de nieve veló su cuerpo adorado, y su faz se ocultó tras un sudario. Benditos los que adivinan, tras la llaga del hermano, su divino rostro vivo que espera amor y cuidado. Bendita tú, Madre Dolorosa, que velas por cada uno de tus hijos, con aquel mismo amor que tuviste por tu Hijo Jesús.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria… 


XII Estación: Jesús murió en la Cruz


Aquí, la Cruz… Aquí el grito: «¡Todo está consumado…!» la tiniebla, el terremoto y la lanza perforando tu corazón y tu pecho junto con el Sagrado Corazón de tu Hijo Jesús. Aquí, a los pies de la Cruz, Tu Hijo sacrosanto te dejó el encargo de cuidar de cada uno de nosotros. Pero, ¡hay tantos hijos ingratos! Tú a cada momento nos dices: «No olviden que soy su Madre y que mucho me costaron. Ayúdanos para que, en nuestras vidas, se destierre toda ingratitud y que todos, consagrados a ti, sepamos morir al pecado y renacer a la virtud.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


XI Estación: El recuerdo de los clavos


Sobre la roca tendieron la cruz para desclavarlo. Tú, con tus ojos llenos de lágrimas les rogabas: —¡ Por Dios, no le lastimen las manos!—… Y estaban duras y frías, esas manos benditas que tú muchas veces lavaste cuando Jesús era pequeño, esas manos que trabajaron en la carpintería con tu esposo José, esas manos que hicieron milagros y, tantas veces, filiales, con amor te acariciaron. Manos de Dios, heridas y, como sus pies, de mármol. Manos y pies de tu Niño, por obediencia entregados. Que si dejaron la cruz, es por ir apresurados a quitarnos, a nosotros pecadores, de nuestras miserias los clavos.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


X Estación: Cuando despojaron a Jesús de sus vestiduras


Sobre esta Piedra, a los dados, la militar compañía se jugó la inconsútil y blanca túnica por tus desvelos tejida. Del lino de tus amores virginales Madre pura parecía, pero quedó con su sangre lumbre de azotes, teñida. Viste a tu Hijo desnudo, despojado de todo, inocente, mientras la turba reía. Total entrega de Dios por su criatura caída. ¡Ay, si el pecado del mundo despojado, en carne viva, penitente se cubriera con la vergüenza divina…! Madre Santa, ayúdanos a despojarnos de todo aquello que nos estorba y nos impide seguir a tu Hijo Jesús.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


IX Estación: Cuando viste caer a Jesús por tercera vez


Madre nuestra, en medio del dolor quieres besar la tierra, porque, al llegar al Calvario, también la besó tu Hijo al ser por tercera vez derribado. ¡Era tan dura la carga y tan cruel el populacho! Era llevar en los hombros lo más terrible: el pecado de todos nosotros… Y cayó, cayó de bruces… Tú viste sus divinos labios, en un beso doloroso, de polvo y sangre manchados. Polvo del hombre, miseria y sangre de Dios, juntando en ósculo de perdón el cielo y el mundo ingrato. Ruega, Madre nuestra, por nosotros pecadores y pide a tu Hijo Jesús, que nos levante para seguir en la vida abrazando la cruz para alcanzar, como Él, la gloria de la resurrección.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


VIII Estación: Cuando Jesús consoló a las mujeres de Jerusalén


Y se fueron las mujeres que por tu Hijo lloraron. Las calles huelen aún a miedo bajo el cielo encapotado. Si en el leño verde el fuego del furor rompió en estragos, ¿qué será en el leño seco por la plaga del pecado? ¿Mujeres que lloren? ¡No! En el mundo faltan llantos viriles que reconozcan las voces que claudicaron. ¡Mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos, lloren mientras dura este Vía Matris en el que te acompañamos Madre Dolorosa, y que sintamos el consuelo de Cristo, tu Hijo al que esperamos resucitado!

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


VII Estación: allí donde Jesús cayó por segunda vez


El crepúsculo se apaga y en la callejuela angosta, como en conciencia culpable, se han dado cita las sombras. Aquí tropezó tu Hijo Jesús ─¡ las almas son tan tortuosas !─ y, por segunda vez, la tierra probó el sabor de las rosas. Que el Amor es insistente cuando en verdad se enamora y dos veces, traicionado una y otra vez perdona. Por alzar a los caídos, tu Hijo, nuestro Salvador probó la derrota y a ti te nombró refugio de los que, caídos, lloran...

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


VI Estación: Cuando la Verónica enjugó el rostro de Jesús


En esta tarde de llanto, en tu soledad más sola, es una luz de esperanza recordar a Berenice, la Verónica. El rostro que fue, de alguna manera tu espejo y tu sol, se ocultaba en sombras de sangre, sudor, salivas, polvo y divina congoja. Una mujer, como tú Madre amada, una mujer valiente, rompió la tropa y enjugó la faz amada de tu Hijo con la blancura de su toca. Pintado en sangre quedó el rostro que, al igual que a ti, nos enamora y, pintado en tus pupilas, el llanto no lo borra. Hacia cualquiera de nosotros que miras, la semejanza te asombra: todos los rostros del mundo, que son los de los que somos tus hijos se le parecen ahora.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


V Estación: La gratitud al Cirineo


A Simón el Cirineo detuvieron los soldados. Sudor y polvo traía como ofrenda de los campos. Tu Hijo Jesús, el Cristo, era gavilla redentora de cansancio, y del peso de su cruz tuvo a bien participarnos en él. Simón recibió el madero, primeramente con asco y repulsión. Poquito a poco, el camino le floreció de entusiasmo por ayudar al Mesías Redentor. Porque ir junto a tu Hijo en el sufrimiento humano, es hallar al fin la gloria, es a Él y a ti encontrarse. Ayúdanos Madre Dolorosa, a ver a tu Hijo en cada uno de aquellos que nos piden ayuda, y abre nuestro corazón para traspasar fronteras y ayudar a todos sin esperar a cambio nada en este mundo y ganar así el cielo.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


IV Estación: El encuentro entre Madre e Hijo


Sabemos lo difícil que era seguir de cerca a tu Hijo Jesús que llevaba el peso de la cruz. Te sabemos unida al dolor, aunque lejos en el cuerpo estabas. Pero tu amor maternal se atrevió entre el populacho y pudiste mirar…, míranos María, con esos ojos con que viste a tu amado Hijo. Si vives aún de esa mirada que Él te dio, que retuvo el viril llanto por no doblar la agonía deshojada en tu regazo, tómala prestada para vernos así como Él te vio y ayúdanos a abrir los ojos y el corazón hacia nuestros hermanos que sufren de soledad, de cansancio, de angustia y depresión.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


III Estación: Cuando Jesús cayó por primera vez


¡Mira Virgen Dolorosa si queda en el suelo alguna gota de sangre! Seguro la recogerá la copa de tus besos maternales. Porque, al salir del Pretorio, alguien se atrevió a empujarle y cayó, Varón de burlas, absolviendo a los culpables. ¡Mira Virgen Dolorosa si quedó en el suelo alguna gota de sangre ¡Estaba tan malherido…! ¡El madero era tan grande…! ¡que nadie ponga tropiezos a quien su miseria cargue por este mundo de cruces dolorosas y ambulantes!

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


II Estación: Cuando Jesús recibió la cruz


Sobre sus hombros pusieron el leño de la victoria. Él, carpintero, sabía de maderas olorosas. Y la levantó triunfante, como levanta a su esposa el amante enamorado en la noche de sus bodas. ¿Aborrecerla o amarla? En esta vía dolorosa, la cruz se clavó por siempre en tu corazón de Madre, muy honda. Cruz de Jesús y del hombre, divina cruz redentora, ligero yugo amoroso, ¡puente que lleva a la Gloria! Ven en nuestra ayuda Santa Madre de Dios, para que nos acompañes al cargar la cruz de cada día.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…


I Estación: Cuando condenaron a muerte a Jesús


Anda suelto en la ciudad un silencioso homicida. Tu Hijo, Madre santa, pagó el rescate con su corona de espinas y, por que nada faltara, ofreció vida por vida. Pilato quiso lavar con agua su cobardía y su nombre, para siempre, se quedará como estigma de quien, por temor al mundo, al mismo Dios crucifica. Ahora, frente al Pretorio, la plaza duerme vacía. Un agrio remordimiento en las conciencias vigila. ¿Resucitará? …Preguntan. Y sólo tú sufres tranquila. Sólo tú… Tus compañeras, las dulces y fieles Marías, quieren llevar al sepulcro, el domingo, aceite y mirra. Tú serás, en el mundo a oscuras, la sola luz encendida. Tú, Madre admirable, iluminarás como estrellita nuestro sendero cuando llegue la oscuridad. No nos dejes Madre fiel y llena de dolor, cuando atravesemos gimiendo y llorando este valle de lágrimas.

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…

Un último Deseo

Déjanos seguir contigo por el Vía Crucis de nuestra vida, Señora, sin tu amor la vida sería más angustiosa. Podemos ser los Pilatos, los Cirineos, las Verónicas, los ladrones, los soldados, los fariseos, las llorosas mujeres, el populacho voluble como las olas; podremos ser Judas, Pedro… Tú sabes bien nuestra historia, mas eres dulce refugio, Madre de Misericordia. Déjanos seguir contigo fieles hoy y hasta la hora sorpresiva de la muerte. ¡Amén Madre Dolorosa! ¡Amén por esa alegría que ya te anuncia la aurora! ¡Amén!

V./ Madre llena de dolores…
R./ Acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús, Madre de los pecadores. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria…

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, 
vida, dulzura y esperanza nuestra. 
Dios te salve. 
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, 
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. 
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, 
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, 
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. 
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, 
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Letanía de Nuestra Señora de los Dolores:

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad y un solo Dios, ten piedad de nosotros
Santa María. Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios. Ruega por nosotros
Santa Virgen de las Vírgenes. Ruega por nosotros
Madre crucificada. Ruega por nosotros
Madre dolorosa. Ruega por nosotros
Madre lacrimosa. Ruega por nosotros
Madre afligida. Ruega por nosotros
Madre abandonada. Ruega por nosotros
Madre desolada. Ruega por nosotros
Madre privada de Hijo. Ruega por nosotros
Madre traspasada por la espada. Ruega por nosotros
Madre abrumada de dolores. Ruega por nosotros
Madre llena de angustias. Ruega por nosotros
Madre clavada a la cruz en su corazón. Ruega por nosotros
Madre tristísima. Ruega por nosotros
Fuente de lágrimas. Ruega por nosotros
Cúmulo de sufrimientos. Ruega por nosotros
Espejo de paciencia. Ruega por nosotros
Roca de constancia. Ruega por nosotros
Ancora del que confía. Ruega por nosotros
Refugio de los abandonados. Ruega por nosotros
Escudo de los oprimidos. Ruega por nosotros
Derrota de los incrédulos. Ruega por nosotros
Consuelo de los míseros. Ruega por nosotros
Medicina de los enfermos. Ruega por nosotros
Fortaleza de los débiles. Ruega por nosotros
Puerto de los náufragos. Ruega por nosotros
Apaciguadora de las tormentas. Ruega por nosotros
Auxiliadora de los necesitados. Ruega por nosotros
Terror de los que incitan al mal. Ruega por nosotros
Tesoro de los fieles. Ruega por nosotros
Inspiración de los profetas. Ruega por nosotros
Sostén de los apóstoles. Ruega por nosotros
Corona de los mártires. Ruega por nosotros
Luz de los confesores. Ruega por nosotros
Flor de las vírgenes. Ruega por nosotros
Consuelo de las viudas. Ruega por nosotros
Alegría de todos los Santos. Ruega por nosotros
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros

Oración final:

Oh Dios, en cuya Pasión fue traspasada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según la profecía de Simeón; concédenos propicio, que cuantos veneramos sus dolores y hacemos memoria de ellos, consigamos el feliz efecto de tu sagrada Pasión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Padre Alfredo. 

«La Iglesia calla y acompaña a María»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es «Sábado Santo», un día silencioso en el que la Iglesia contempla la tumba de Jesús. No dice nada, no celebra nada. La Iglesia calla y acompaña a María, la Madre de Jesús que él mismo nos ha dejado por Madre y junto a ella quedamos inundados de silencio. Una parte de nosotros mira a la noche de la muerte del Señor mientras que la otra intuye lentamente la alborada de la resurrección que ya llega. Recuerdo algunas palabras de san Juan Pablo II que refiriéndose a este día dice: «En el Sábado Santo, la Iglesia permanece en la contemplación de este rostro ensangrentado, en el cual se esconde la vida de Dios y se ofrece la salvación del mundo. Pero esta contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! Si no fuese así, vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe (cf. 1 Co 15,14). La resurrección fue la respuesta del Padre a la obediencia de Cristo, como recuerda la Carta a los Hebreos: "El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (Hb 5,7-9)». 

No suena muy difícil reconstruir aquellas horas en que, turbados y perseguidos, o cobardes y huidizos, los Apóstoles y muchos de los discípulos abandonaron al Maestro, simulando que no lo conocieron o se recluyeron llenos de tristeza. Sólo en su Madre, inconmovible en su fe y llena de amor, tenemos los cristianos de ayer y de hoy la seguridad de que ocupó lugar de privilegio la segura esperanza de la resurrección, lo mismo que lo ocupó en la segura esperanza de la encarnación. Hoy es el día para acompañar a María, la Madre. La acompañamos para poder entender un poco el significado de este sepulcro que velamos en la espera de la Vigilia Pascual. Ella, que con ternura y amor guardaba en su corazón de madre los misterios que no acababa de entender de aquel Hijo que era el Salvador de los hombres, como toda madre que pierde a su hijo, está triste y dolida: «Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron» (Jn 1, 11). Hoy vivimos también la tristeza de la otra madre, nuestra madre la Santa Iglesia, que se duele por el rechazo de tantos hombres y mujeres que no han querido acoger aún hasta nuestros días a Aquel que es la Luz y la Vida. 

Jesús permanece muerto en el sepulcro, hoy no hay liturgia, hoy no hay salmo responsorial hasta que no llegue el cúmulo de lecturas y salmos en la noche de la Vigilia Pascual. Hoy la Iglesia cierra su boca, pero no su corazón, ante el momento de mayor desolación de los Apóstoles, que no terminarían de creer que su Maestro había muerto. Aunque no tenemos noticias de dónde se encontraban este día los discípulos del Señor —sólo sabemos que Juan permaneció junto a María al pie de la Cruz hasta el final—, nos los imaginamos completamente abatidos por la tristeza. Pero nosotros esperamos con María, con la Madre que espera y confía a pesar de su soledad, con esos Apóstoles asustados y las otras Marías que desoladas no comprenden la entereza de la Virgen, con los discípulos que han alojado en su corazón la desazón y el miedo abriendo la puerta a la desesperanza. Preparémonos con María, Nuestra Señora de la Soledad, para vivir esta noche, en la Vigilia Pascual, el estallido de la Resurrección y para celebrar y proclamar —cuando se acabe este día triste— con la otra madre, la Santa Iglesia el gozo y la alegría desbordante: ¡Jesús ha resucitado tal como lo había anunciado! (cf. Mt 28, 6). ¡Bendecido Sábado Santo en espera de la Vigilia Pascual! 

Padre Alfredo.

sábado, 31 de marzo de 2018

«Un silencio esperanzador»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy la Iglesia, durante el día, guarda un silencio esperanzador, un silencio que gritará el anhelo de la Resurrección en la Vigilia Pascual la noche de este sábado. En la noche —o por la madrugada en algunos lugares—- tendremos la celebración que es la central de todo el año, la que lleva a su cumbre el camino que empezamos con la Cuaresma y la que inaugura la Cincuentena Pascual: la «VIGILIA PASCUAL». Una vigilia plagada de símbolos muy expresivos: la noche misma y su oscuridad, la luz del fuego nuevo, el Cirio, el pregón, las flores, el aleluya, los sacramentos del Bautismo — en donde hay catecúmenos y reciben el bautismo hoy—, y la Eucaristía —la más solemne del año—. Esta noche, en la celebración hay más lecturas que de costumbre —normalmente, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo—, porque es la noche en que la comunidad cristiana «vela», proclamando la Historia de la Salvación desde los orígenes del mundo hasta la nueva creación de Cristo Resucitado. 

Los libros históricos de la Biblia esta noche nos presentan la creación del mundo y del hombre, recordándonos que ahora es el nuevo Adán, el Hombre verdadero, el Mesías esperado, que centra nuestra atención. La fe de Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo, aparece como figura de Cristo que se entregó a sí mismo para salvar a todos. El paso por el Mar Rojo abierto nos ayudará a entender la Pascua del Señor y la liberación que celebramos radicalmente en nuestro bautismo. Los profetas, en sus cuatro lecturas, nos mostrarán palabras de esperanza y estímulo salidas de la boca de Dios: «los reuniré, les daré un corazón nuevo, los purificaré, serán mi pueblo, los amaré con misericordia eterna, los llenaré de toda clase de dones... Pero sobre todo el Nuevo Testamento, después del canto del gloria, con brillantes expresiones de alegría: flores, música y canto, nos anunciará la gran noticia de la Resurrección y su paralelo sacramental en el Bautismo cristiano, por el que nosotros mismos hemos sido sumergidos en la nueva existencia del Señor como sus discípulos–misioneros y renovaremos las promesas de nuestro bautismo. La Vigilia Pascual que esta noche celebraremos es lo que da sentido a nuestra fe y a nuestra existencia: por eso somos cristianos, por eso nos sabemos discípulos–misioneros, por eso seguimos perseverando a pesar de las dificultades que podamos encontrar, porque Cristo inaugura un nuevo orden, ha resucitado y vive. No seguimos a un libro, o a una doctrina, o a un maestro y fundador de otros tiempos, sino a una Persona Viviente, Jesús, el Mesías y Salvador, que ha sido resucitado por la fuerza del Espíritu y está presente en medio de nosotros, aunque no le veamos, actuando por su Espíritu en nuestro mundo hoy globalizado. 

La vida cristiana no termina en la cruz, sino que nace en esta noche de Pascua. La Resurrección de Jesús lo renueva todo, nos abre a la novedad de su Espíritu vivificante y reciclador. Pero a la vez la Resurrección se nos da en primicia (1 Cor 15,20) y, como toda primicia, tiene algo de seminal, porque lo nuevo siempre nace pequeño. Quizá por eso necesitamos liberar nuestra concepción de la Resurrección de todo tipo de triunfalismo, ya que la experiencia de la Resurrección es siempre humilde y un tanto opaca, porque la realidad no deja de perder su densidad y dureza y sólo podemos captar su huella con los ojos de la fe. Revivir esta noche de la «VIGILIA PASCUAL» la Resurrección del Señor, nos puede cambiar —si queremos— la mirada, el corazón, el alma. Esta noche todos estamos llamados a romper con la mezquindad y la mediocridad. Estamos llamados a poner la fraternidad por encima de rituales, por encima de movimientos y grupos, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos apartan a unos de otros. Estamos llamados a sentir que pertenecemos a la comunidad cristiana; que en ella somos acogidos y amados; que en la Iglesia, impregnada por el gozo de la Pascua, no hay exclusión para nadie. Esta es la noche para echar fuera todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que impide que brille la luz de la Resurrección. Que de las tinieblas de esta noche santa salgamos todos renacidos y revestidos de la luz de Cristo como revestida está María su Madre. Ella nos ayudará a vivir santamente la Pascua y, como ella, a esperar en actitud orante la fuerza del Espíritu que llegará de lo alto. Caminemos hacia esta noche santa de la «VIGILIA PASCUAL» en un silencio esperanzador. 

Padre Alfredo.

sábado, 15 de abril de 2017

SÁBADO SANTO... Una breve reflexión


Los salmos de hoy, en el rezo de la Liturgia de las Horas, hacen referencia al misterio de Cristo en la tumba y a su abandono total a la voluntad del Padre. 

Pensemos hoy en esta oración de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que reza así: «Padre, me pongo en tus manos, me entrego a tu amor, a tu bondad, a tu generosidad; haz de mí lo que Tú quieras, pero dame almas, muchas almas, infinitas almas. Dame almas de niños, de pecadores, dame todas las almas de los infieles y yo te doy mi vida, mi corazón, mi ser todo entero. ¡Haz de mí lo que quieras!, mas déjame vivir y morir en tu amante corazón, para que ahí se caldee el mío y pueda a mi vez calentar a las almas que se acerquen a mí, que todos te conozcan y te amen, es la única recompensa que quiero».

Cada uno de nosotros, en las tareas de cada día, somos invitados a la contemplación del misterio que se hace silencio y que nos invita a ponernos en las manos del Padre como Cristo. «El Espíritu ora en nosotros» (Rom 8,26) y nos hace descubrir que el misterio de Cristo en el sepulcro, se hace invitación a la vida escondida con Él en el camino hacia la Casa del Padre.

Nuestra vida ha de ser «una vida escondida con Cristo en Dios» (Col 3,3). En la noche de este y de cada Sábado Santo se celebra la «Vigilia Pascual», el gozo del resucitado que vence a la muerte. Pidamos con María, Madre llena de dolor pero colmada de esperanza, ser renovados en el Espíritu para renacer a una vida nueva en la luz del Señor resucitado.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

sábado, 26 de marzo de 2016

Una reflexión para el Sábado Santo... a los pies de la «CRUZ» con María.

Mujer, aquí tienes a tu hijo... (Jn 19,26).


Mirando a su Madre de pie, junto a la Cruz, con el discípulo amado, Jesús, poco antes de morir, le dijo a su Madre: "Mujer, aquí tienes a tu hijo" y puso en su corazón el amor materno. Y María acepto por suyos a todos los hijos de la Cruz y se convirtió en Madre nuestra.

El segundo día del Triduo Pascual tiene como centro de meditación la Cruz pensando en la sepultura del Señor en un día de silencio y contemplación, ayuno y espera; un día de calma tensa porque algo grande va a ocurrir. Por la mañana smuchas comunidades rezan la corona dolorosa, porque la piedad cristiana tiene un recuerdo muy especial en este día para la Virgen María, que en el Sábado Santo, especialmente, vuelve a nosotros “sus ojos misericordiosos” porque nos recibió como Madre. 

EI Salvador no quiso dejarnos su testamento hasta la Cruz, un poco antes de morir y allí, antes que nada, lo selló. Su sello no es otro sino Él mismo, como había hecho decir a Salomón, hablando por medio de él a un alma devota: "Ponme como un sello sobre tu corazón" y adorna este sello con su Madre Santísima. Su testamento son las divinas palabras que pronunció sobre la cruz. Dichosos nosotros, que somos hijos de la Cruz con María como Madre, pues tenemos la seguridad de que nuestro Redentor no nos ha abandonado y nos va a dar la gloria.

Mientras como Iglesia esperamos la Resurrección con la Madre del Salvador, se está dando el sueño de Cristo en los brazos del Padre. Cristo, en su infinita misericordia, ha abrazado el trágico destino del hombre en su muerte; ha permanecido en ella y «en la esperanza reposa su carne».

Ayer celebramos la «Adoración de la Santa Cruz». El Misal Romano no dice nada de «Crucifijo» para el Viernes Santo, sino que habla de ostensión y adoración de la «Cruz». 

«La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual» (IGMR n. 274) nos recuerda que lo que se adora aquí, propiamente, aunque con culto de latría relativa, es la Santa Cruz, no el Crucificado.

Por una tradición muy antigua de la Iglesia, para la adoración del Viernes Santo, se utiliza sólo la Cruz, sin la efigie del Cristo crucificado. Además, en la celebración litúrgica de la Pasión del Señor, porque luego de la solemne proclamación del Evangelio que relata la misma, se manifiesta mejor la muerte de Cristo al estar la Cruz desnuda, sin la imagen de Nuestro Señor. La Cruz sola corresponde mejor a la verdad del signo: se adora la cruz «donde estuvo clavado el Salvador del mundo» (como canta el sacerdote invitando a la adoración). Las oraciones, pues, hacen referencia a la Cruz y no a Cristo.

La Cruz «Crucifijo» nos recuerda, en las celebraciones litúrgicas ordinarias, la Pasión de Cristo, pero el momento de la Adoración de la Cruz es posterior a la misma Pasión, que litúrgicamente se celebró en la Primera Parte, con la Liturgia de la Palabra (más aún, teniendo en cuenta que el Viernes Santo no hay celebración sacramental del Sacrificio de la Misa). Se trata de un momento, podríamos decir, de exaltación de la Cruz, un paréntesis en el Viernes Santo, que luego tendrá su magnificación o celebración en «detalle», en la fiesta de la Exaltación de la Cruz. 

Lo que venimos afirmando, está de acuerdo con el origen de este antiguo rito, que tuvo lugar en Jerusalén cuando fue encontrada la Santa Cruz de Nuestro Señor (s. IV). Reliquias de la misma fueron repartidas rápidamente, sobre todo a Roma, de manera que el rito suponía que se adoraban o veneraban «las reliquias de la Santa Cruz». Nada hacía suponer que incluyera la imagen del Crucificado. Además, incluso como ornato del Altar, el Crucifijo entró recién en el s. XIV (Cf. RIGHETTI, M., Manuale di storia liturgica, Áncora, Milano 2005, 2ª Anastatica, I, 536).

Así, al concluir la celebración, se queda en el presbiterio «La Cruz», al pie de la cual está María acompañando a todos sus hijos en espera de la resurrección gloriosa de nuestro Salvador. 

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

jueves, 5 de abril de 2012

SEMANA SANTA...Una pequeña reflexión para cada día

DOMINGO DE RAMOS.

En aquellos días coincidieron en Jerusalén todos los que esperaban un cambio político y religioso. Mucha gente esperaba un cambio, pero, como como sucede en muchos casos, cada uno esperaba eso a su manera y casi nadie reconoció al Mesías en la persona de Jesús.

La Escritura nos dice que el Señor entró a Jerusalén montado en un burro y no en una biga conducida por un auriga como solían ir los personajes importantes del imperio romano que había conquistado aquellos territorios. Cristo quería dejarnos en claro que en medio de un mundo al que le gusta sopesar y calcular todo desde lo que se tiene, o lo que se aparenta tener, el Mesías haría de entrar en nuestras vidas en sencillez para hacernos constructores de paz. Un Rey como Él, no dudó en hacerse uno como nosotros, para que pueda transformar nuestra vida por su sola gracia haciéndonos, como decía la Madre María Inés: "Almas pacíficas y pacificadoras".
Ahora nosotros, como enseña el Papa Benedicto XVI, “hemos visto y vemos todavía ahora los prodigios de Cristo: cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y a ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira para difundir en el mundo la verdad; cómo, en secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Al celebrar su entrada triunfal con ramos y palmas, los creyentes nos unimos a tantos hombres y mujeres que hoy se ven perseguidos por predicar el Evangelio y por trabajar en la búsqueda de la libertad de tantas personas que sufren a causa de gente triunfalista que no ha entendido nada. El Domingo de Ramos en este 2012, puede llevarnos a pedir por tantos políticos que están en campaña y por quienes tienen autoridad para solucionar la tremenda situación de violencia que vemos a nuestro alrededor, recordando que toda autoridad viene de Dios.

JUEVES SANTO.

"Los amó hasta el extremo", así comienza el capítulo 13 del evangelio de Juan, a partir del cual, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación. 

Este día contemplamos el gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.Este día se celebra el día del AMOR. Es el día en que el Maestro se entrega en el servicio humilde y sacerdotal lavando los pies a sus apóstoles y quedándose para siempre en el signo pobre y sencillo de la Eucaristía para manifestarse siempre en el amor. El gesto de Jesús nos invita también a nosotros a ponernos al servicio de los de los que más nos necesitan, los que están a nuestro lado y al mismo tiempo nos hace correr al encuentro de aquellos con los que nadie quiere ir sin buscar pretensiones de triunfalismo y sin herir susceptibilidades.

Hace unos días el Señor se dejaba ungir los pies con un perfume caro acogiendo el gesto de María con sensibilidad y gratitud, ahora es él quien tiene el detalle de lavar los pies a los suyos para dejar el aroma de su entrega por nuestra libertad. Al lavar los pies a los discípulos, el Mesías estaba aceptando lo sucio, lo poco agradable de nuestra condición humana amando a los suyos como son y esperando una transformación al amar.

Muchos aprovechan estos días santos para descansar, ojalá y en este descanso haya un espacio de tiempo para encontrar al Señor en un rato de intimidad, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni basta decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7). Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores amando como Él.

Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad y de «amor» que nos propone la sociedad de nuestros días… ¿es díficil vivir esto? ¿cómo podemos vivir este mandato del amor a los demás en la vida concreta de todos los días? Cristo se ha quedado en la Eucaristía para ser, como dice Madre Inés: "La misión de Jesús visible en el mundo ya terminó, él ya acabó su carrera, más se quedó en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos para seguir desde allí siendo el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien". A través del sacerdocio ministerial la presencia eucarística del Señor llega hasta los últimos rincones del mundo.

VIERNES SANTO.


El Señor sabía el resultado del juicio que se le haría. Sabía que estaba condenado por un mundo que vive en la injusticia y da gran espacio a la maldad. Eso lo saben también hoy muchas personas que son juzgadas injustamente.La pregunta para la reflexión del día de hoy es obvia: ¿Por qué tenía que ser así? La respuesta más profunda y válida solamente Dios puede darla, pues pisamos el terreno insondable de la voluntad divina y su proyecto eterno de redención realizado en Cristo. “Por nosotros y por nuestra salvación”, como decimos en el credo, es la razón teológica que nuestra fe nos descubre para explicar y entender toda la vida de Jesús desde la encarnación a su pasión, muerte y resurrección.

Creemos y decimos que la cruz es la señal del cristiano no por masoquismo espiritual, sino porque la cruz es fuente de vida y de liberación total, como signo que es del amor de Dios al hombre por medio de Jesucristo. El amor que testimonia su cruz es la única fuerza capaz de cambiar el mundo, si los que nos decimos sus discípulos seguimos su ejemplo. Junto a la Cruz de Jesús estaban su

Madre y las otras mujeres con Juan, nosotros también, el día de hoy, podemos estar allí para pedir, como hacía la Madre Inés: "Que su Sangre preciosa se derrame sobre nosotros y nos purifique. Ella decía que el Padre nos puso en manos de su Hijo, como una joya de inapreciable valor, puesto que dio toda su Sangre por nosotros; nos conquistó a fuerza de amor, ¡de exceso de amor!… desde el pesebre hasta la cruz…"

Este día de silencio puede ser una oportunidad especial para hacer un análisis de nuestra vida y tomar la seria determinación, librándonos de palabrerías inútiles, de ponerse del lado del Señor Crucificado buscando cómo colaborar para transformar en oportunidad y estímulo el dolor que oprime hoy a la humanidad.

SÁBADO SANTO.

Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor nuestro. Ante el silencio y la oscuridad del sepulcro, el mundo guarda silencio para aprender del Maestro, y al contemplar su cuerpo destrozado está a la expectativa de un acontecimiento luminoso: La vida total y definitiva que estamos esperando renovará la vida de cada día.

El Sábado Santo no es propiamente una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Dice Madre Inés que, "habiéndose entregado por nosotros hasta la muerte de cruz, en un amor inmenso, espera en retorno todo el amor de que seamos capaces. Es necesario entonces que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos".

El Sábado Santo, con los sagrarios vacíos y las imágenes cubiertas, es una oportunidad para meditar en lo que es la ausencia de Dios, en la fealdad del pecado, que nos aleja de Dios, nos hace perder la visión sobrenatural de los acontecimientos y la oportunidad de llegar al Cielo. Hoy podemos ofrecer a la Santísima Virgen nuestras vidas y decirle que el sacrificio de su hijo Jesucristo y su dolor no fueron en vano.

VIGILIA PASCUAL.

Esta noche solemne la Vigilia Pascual nos ofrece una visión global del paso y del recorrido desde la creación hasta la «Nueva Creación». Se nos presentan unas perspectivas de la Historia de la Salvación desde la creación del mundo hasta la plenitud. Con la encarnación y la resurrección de Jesús, todo el mundo sufre una revolución y a la vez se capacita para tomar parte de la plenitud y soberanía del mismo Señor resucitado, con una nueva y mejor forma de existencia.

Cristo es el primer fruto de esa nueva creación. Su vida, que culmina con su resurrección y glorificación por el Padre, es como la anticipación que deja entrever lo que todavía queda por hacer, y lo que aún falta a la creación y a la humanidad en todas las dimensiones de la existencia. Con la resurrección de Jesús empieza el futuro escatológico, es decir, la plenitud y perfección de paz, de bien, de amor, de vida, de justicia, que serán el Reino de Dios ya realizado; que ya ahora vivimos como inicio y en crecimiento, y que entonces llegará al término definitivo y perfecto.

Este término definitivo y perfecto no se realizará hasta que llegue "el día del Señor". Mientras, vivimos en la realidad de lo que somos y poseemos, con la esperanza de lo que tendremos y seremos. Para llegar, como Cristo a la resurrección, se necesita una vida y una lucha. Por eso

Cuando salgamos esta noche de la celebración de la Vigilia, tenemos que ser testigos de esta Resurrección porque, como dice Madre Inés: "El día de la Resurrección del Señor no es de ayer y no tiene ocaso, es de hoy y para siempre". 

Esta noche podemos unirnos a Su Santidad Benedicto XVI que dice en oración: Concédenos la humilde sencillez de la fe que no se desconcierta cuando tú nos llamas a la hora de las tinieblas y del abandono, cuando todo parece inconsistente. En esta época en que tus cosas parecen estar librando una batalla mortal, concédenos luz suficiente para no perderte; luz suficiente para poder iluminar a los otros que también lo necesitan. Haz que el misterio de tu alegría pascual resplandezca en nuestros días como el alba, haz que seamos realmente hombres pascuales en medio del sábado santo de la historia.

DOMINGO DE PASCUA.

Hoy estalla la fecundidad de Dios en su infinita misericordia. Tanto amor no podía ser vencido por el odio, la envidia y toda la malicia de la humanidad. Tanta entrega no podía ser contenida en un sepulcro de muerte inútil y fatal. Tanta misericordia no podía no despertar de su anonadamiento trágico. También hoy es Dios quien perpetúa su amor. También la resurrección es pura obra divina y pura expresión de amor incontenido e incontenible.

El Domingo de Resurrección o de Pascua que hemos iniciado con la Vigilia Pascual, es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo. Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

Pasión-muerte-resurrección: una sola realidad, una sola vida, que ya no queda fuera de nuestra historia, de nuestra existencia, de nuestro mundo sino que, por el bautismo, con la inhahitación de la Santísima Trinidad, pasa a ser Vida de nuestra vida y triunfo de nuestra muerte. Dice Madre Inés: “El tiempo se acaba pronto, pero tenemos toda la eternidad para gozar sin término de un Dios que nos ama, y a quien desea ser amado, pide nuestra confianza y nuestro celo por la salvación de las almas”. ¡Aleluya! ¡Felices Pascuas! ¡Cristo ha resucitado!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.