Aquí, en una ciudad histórica de nombre Mojokerto, ubicada en la provincia de Java Oriental, aproximadamente a 50 kilómetros al suroeste de Surabaya, nació en 1936 una niña de nombre Anna Clara, quien ahora es recordada como la primera mujer indonesia que ingresó a la comunidad de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento. Su nombre completo era Anna Clara (Anneke) Ong Gwat Lwa Nio y nació el 27 de abril 1936. Hija menor de Gregorius Ong Lien Giok y Dymphina Tio Kiong Ay Nio tuvo siete hermanos.
Luego de haber vivido su infancia y juventud en una familia muy unida y católica, a inicios de la década de los 60 llegó a trabajar en el Hospital San Vicente de Paul en Surabaja como laboratorista. Allí conoció a las Misioneras Clarisas, un grupito de religiosas mexicanas pioneras de la misión de la Familia Inesiana en Indonesia. De aquel encuentro surgió su vocación religiosa y desde el primer momento de su respuesta al llamado vocacional, decidió entregarse por completo a Dios, convirtiéndose, como he dicho, en la primera vocación surgida de esta tierra de misión.
Su ingreso a la congregación fue marcado con un gesto de la misericordia de Dios muy especial, pues fue recibida por la fundadora, la Beata María Inés Teresa Arias, quien providencialmente se encontraba en Indonesia haciendo una visita maternal a sus hijas misioneras en aquellos días 1962. Hay una extensa crónica de la Beata en donde narra su visita. En una carta previa, que había escrito en Cuernavaca, un año antes, el 27 de enero de 1961 a las hermanas de la misión de Indonesia, la madre les decía: «A ver cuando es posible que podamos abrir nuestro noviciado. Podríamos empezar con las aspirantes (porque tendrán que hacer aspirantado como en Japón) en la casa en donde viven ahora. Creo se podría hacer lugar, ¿verdad?».
En noviembre de 1962, a su regreso de Indonesia y Japón, la Beata preguntó por la perseverancia de la hemana Ana Clara: «¿Y las aspirantitas de Indonesia? ¡ah cuánto pienso en ellas! Sobre todo en Anneke, a quien tuve el gusto de conocer y tratar, siendo la primogénita en aquella también amada misión de ¡muchas esperanzas, de muchos anhelos! Que llegue a la meta, y sea fiel a Dios en el tiempo; para que lo sean en la eternidad». ¡Por algo la hermana Ana Clara se sintió siempre acompañada por ella! En ese mismo mes, Madre Inés escribe a sus hijas de Indonesia recomienda que estudie español: «Que mi pequeña Anneke siga estudiando el español y el piano, para que pronto pueda tocar a nuestro Señor en la capilla. ¿Ya engorda? ¿Se siente bien? Más bien se sentirá cuando tenga una hermanita ¿verdad? Le dicen que la saludo cordialmente».
El 12 de enero de 1963 Ana Clara (Anneke) inició su postulantado y, un año después, inició su noviciado. Hay una carta de enero 29 de 1964 en la que la Beata María Inés anota: «Creo que no voy a poder contestarle aparte a Anneke; ya me la imagino que hermosa se ha de ver con su santo hábito. La ví en la revista que me mandaron, con su bata de enfermera; y a todas esas hijas también con Mons. Alibrandi, a quien ya destinaron, según supe a Beirut». Desde su juventud, Anna Clara se caracterizó por asumir con plena responsabilidad cada tarea a ella confiada. Siendo todavía novicia, comenzó su tarea de secretaria del Yayasan Panti Bagija en Madiun (1964-1975), una fundación para la gestión del apostolado de salud de las Misioneras Clarisas en Indonesia, labor que terminó hasta 1975.
A la par de esto recibió su formación inicial en la comunidad de Biliton, allí mismo en Madiun, donde luego emitió su primera profesión el 15 de julio 1967. Seis años más tarde en la Casa Regional, que está en Surabaya. pronunció sus votos perpetuos.
Reconociendo el don que Dios había depositado en ella, en 1975 su congregación la destinó a Roma para que realizara estudios en la Pontificia Universidad Urbaniana, donde se especializó en la Teología Pastoral para las Misiones, formación que concluyó en 1978 y regresó a Indonesia para desempeñar diversas funciones de liderazgo, entre ellas: presidenta del Yayasan Panti Bagija (1980-2002), vicaria regional (1978-1984), superiora regional (1984-1990), secretaria regional (1990-1996) y nuevamente vicaria regional (1996-2002). Mientras fungía como secretaria de la región celebró sus Bodas de Plata el 16 de julio 1991 en Madiun.
A la par de sus responsabilidades en el gobierno regional del instituto, prestó su servicio como analista en el laboratorio del hospital de Madiun (1966-1975), colaboró en el equipo de formadoras, impartió clases en el noviciado (1978-1982). y fue la responsable de la reconstrucción del hospital «Santa Clara» (1997-2002). En 2003 fue destinada a la comunidad de Yakarta, donde continuó su misión como ecónoma local (2003-2009), vicaria local (2009-2012) y responsable de la administración de la Casa de Oración Santa María de Guadalupe» hasta el día en que recibió la cruz de la enfermedad. Aquí en esta casa de Yakarta, en donde escribo ahora esto, le festejaron sus Bodas de Oro el 7 de agosto de 2016 y luego, poco antes de morir, el 15 de junio 2026, festejó su 60º aniversario de una vida marcada por la fidelidad y el amor.
Quienes compartierin la vida comunitaria con ella, en las diversas casas a la que fue destinada, tanto en las comunidades de Indonesia como en la casa general de Roma, la recuerdan como un alma de oración: una hermana buena y a la vez firme, cercana y siempre dispuesta a dar lo mejor de sí.
Como la hermana mayor de esta región, buscó no solamente quedarse con el gozo de haber sido la primogénita y de haber tenido un trato muy directo y lleno de afecto con la Beata María Inés, sino que buscó ser siempre un buen ejemplo para las más jóvenes con su vida, con su palabra, sus obras y su testimonio de vida.
Pocos días después de celebrar sus 60 años de profesión religiosa, Anna Clara comenzó a sentir molestias digestivas y como su estado no mejoraba, la llevaron al hospital donde los médicos le diagnosticaron una infección bacteriana en el estómago y cálculos biliares, sumados a la afección cardíaca que padecía desde hacía tiempo.
Tras varios días ingresada en el hospital de Yakarta, debido al estado de su estómago que ya no pudo recibir nutrientes, le hicieron un procedimiento para que todas sus necesidades nutricionales y terapéuticas se satisficieran a través de la vena central. Luego, contando con su consentimiento y la autorización médica, fue trasladada a Madiun para que continuara su tratamiento en el hospital de las Misioneras Clarisas porque las hermanas, llenas de gratitud por su testimonio de vida y su entrega, querían que Anneke estuviera rodeada de más hermanas y se sintiera en casa, sin dejar de recibir la mejor atención médica. El trayecto en ambulancia duró doce horas durante las cuales estuvo acompañada en todo momento por el equipo médico y por algunas de las religiosas. Sus expresiones de gratitud hacia la congregación y sus hermanas fueron constantes, y manifestó con claridad que ofrecía y soportaba todo aquel sufrimiento con alegría por el bien de la región, de su congregación y de la Iglesia universal.
En su mensaje de agradecimiento a Dios por sus sesenta años de vida consagrada había expresado: «Virgen María, nunca me dejas sola ni un instante, ni siquiera un segundo, siempre me cubres con tu manto maternal, en la alegría y en la tristeza, especialmente durante mi enfermedad. Guíame y enséñame a amar a tu divino Hijo por encima de todas las cosas y alcánzame que un día pueda regresar contigo a la Casa del Padre junto con los ángeles y todos los santos».
Poco a poco su estado de salud se fue deteriorando y su corazón se debilitó cada vez más; sin embargo. su serenidad y su entrega se fortalecieron. Finalmente, el lunes 13 de julio de 2026, a las 14:30 (hora local), con el mismo amor que la acompañó desde su juventud y rodeada del afecto de sus familiares y hermanas, la hermana Anna Clara entregó su alma al Creador.
60 años parecen pocos cuando se piensa en la eternidad, pero en la tierra hablan de toda una vida gastada en favor de Cristo y de la Iglesia. Como el grano de trigo que cae en tierra buena y muere para dar fruto esta generosa misionera entregó su vida en la tierra para volar a la eternidad a los 90 años de edad. Con el corazón lleno de gratitud sin hacer a un lado el dolor de la separación física, las hermanas acompañaron a esta hermana cuya fe inquebrantable y dulzura la llevaron a alcanzar su meta final, el abrazo definitivo con el Padre Misericordioso.
¡Querida hermana Anna Clara Mariani Winantea, que el Buen Dios te conceda, como premio al final de la carrera en esta tierra, por su infinita misericordia, contemplar su rostro!
Padre Alfredo.
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