Con razón Jesús le dice a Natanael y a los discípulos: «En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Los ángeles están con nosotros y nos envuelven de la presencia de Dios. Por eso nosotros también tenemos que buscar esa higuera bajo la que nos podamos recoger, ese lugar a solas que todos ocupamos para encontrarnos con Dios y con tranquilidad en ese momento sintamos esa paz interior porque nos llenamos de Dios acompañados por sus ángeles. Todos necesitamos mucha ayuda del cielo para llevar adelante la misión que Dios nos ha confiado.
Parte de esa ayuda nos llega de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Quizá podemos pensar —releyendo el evangelio de esta fiesta (Juan 1,47-51)— que a la sombra de la higuera, Natanael pensaba en su proyecto de futuro, qué haría con su vida, qué querría Dios de él, etc. Meditaría a lo mejor pidiendo la luz al Espíritu Santo e inspiraciones de los ángeles, que le ayudarían a adentrarse en esos pensamientos para responder con generosidad a Dios. Eso nos lo hace pensar la respuesta que Natanael da a Jesús: «Rabbí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel». Pidamos a la Virgen a quien le llamamos «Nuestra Señora de los ángeles» que nos preste de su confianza en el Señor, para ver también nosotros cosas mayores. Porque Dios nunca se deja ganar en generosidad, sobre todo si o que buscamos es la paz interior. ¡Bendecido martes!
Padre Alfredo.
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