jueves, 3 de septiembre de 2026

«La pesca abundante... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Luego de una hora de vuelo en Batik Air, ayer llegamos a Surabaya, la segunda ciudad más grande de Indonesia y la vibrante capital de la provincia de Java Oriental. Su nombre proviene de la leyenda de la pelea entre un tiburón —sura— y un cocodrilo —baya y es un importante centro económico, comercial y portuario del sudeste asiático. Aquí estaremos unos cuantos días para tener un encuentro con los alumnos y maestros del colegio que nuestra familia misionera tiene, dar un taller sobre las Causas de los Santos y las Reliquias y compartir una tarde con nuestros hermanos Vanclaristas indonesios. ¡Llegando fue un gusto encontrar a las hermanas Misioneras Clarisas de esta comunidad —entre ellas algunas conocidas— que nos recibieron al estilo inesiano! Entramos a la hermosa capilla donde la Virgen de Guadalupe acompaña a su Hijo oculto en el sagrario y a cenar para luego pasar aquí la primera noche.

Hoy amanecimos tempranito, como lo marca el vaivén de esta agitada ciudad, pues la misa es, de ordinario, tanto en casa como en la parroquia, a las 5 o 5:30 de la mañana. Así que en lugar de entrenar el cuerpo a esas horas como o hago, prolongo el ejercicio espiritual cada día y ya repondré después... El evangelio de este jueves tiene totalmente un tinte vocacional. Es pasaje de San Lucas que narra la llamada de los primeros discípulos (Lc 5,1-11) nos introduce en una escena sencilla, pero llena de profundidad. Jesús está junto al lago y la gente se agolpa para escuchar la Palabra de Dios. Entonces sube a la barca de Simón, quien había regresado cansado y frustrado después de una noche entera sin pescar nada. Desde esa barca, Jesús enseña a la multitud y también prepara el corazón de sus discípulos; después invita a Simón a ir mar adentro y a echar nuevamente las redes. La respuesta de Simón revela cansancio y desaliento: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada». 

Como pescador experto, Pedro sabe que no parece razonable volver a pescar de día, menos aún después de haber fracasado durante la noche, que era el momento más propicio. Sin embargo, se fía de la palabra de Jesús y obedece. Al echar las redes, la pesca resulta tan abundante que casi se rompen, y las barcas están a punto de hundirse. Simón necesita entonces la ayuda de Juan y de Santiago, que se encuentran en la otra barca. Ante esta manifestación del poder de Jesús, un poder que viene del Dios Santo, Pedro descubre una dimensión nueva del Maestro: Jesús no es solo quien enseña con autoridad, sino el Santo de Dios. Por eso él y sus compañeros, dejándolo todo, lo siguieron. Seguir a Jesús exige abandonarlo todo y supone una conversión interior que se expresa en una radicalidad concreta: dar prioridad a su presencia y a su proyecto. San Lucas nos muestra así que la comunidad cristiana nace de un encuentro personal con Cristo, capaz de transformar las tareas ordinarias en misión evangelizadora. Así vivió la Virgen, así vivieron los santos; pidámosle a ella que también nos ayude a seguirlo con la misma disponibilidad.

Padre Alfredo.

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