domingo, 31 de diciembre de 2023

«La Sagrada Familia y el último día del 2023»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy hemos llegado al último día del año 2023 y este domingo coincide con la fiesta de la Sagrada Familia, así que la Oración Colecta de la Misa y en sí toda la liturgia nos habla de la familia de Nazareth y nos invita a hacer vida las virtudes que se vivieron en esa comunidad de vida y amor que es modelo a seguir para toda familia biológica y espiritual.

Habría que decir muchas cosas al llegar al final de un 2023 que ha estado marcado por muchas sorpresas. Ciertamente en todos hemos pasado por toda clase de situaciones que ocuparon las poco más de 8.760 horas que conjugaron todo este tiempo. Este ha sido un día para reexaminarse y para evaluar pensamientos, sentimientos y hechos. Un día en el que yo creo que todos hemos ido a recuerdos y a la vez seguramente hemos hecho propósitos.

Pidamos al niño Jesús por la intercesión de María y José por nuestras familias, y por las familias más frágiles, por las que están pasando por momentos de crisis y abramos el corazón dejándonos sorprender para lo que el Señor nos depara en este 2024 que ya llega. ¡Bendecido domingo y feliz año nuevo!

Padre Alfredo.

sábado, 30 de diciembre de 2023

«La verdadera libertad nos la trae el Niño de Belén»... Un pequeño pensamiento para hoy


El hombre siempre ha aspirado a la libertad, vive en esa búsqueda constante de saberse libre. Hoy la Oración Colecta de la Misa nos recuerda que el único que nos puede dar la libertad total, la libertad plena, es Cristo. La libertad, como la fe, el amor, y la verdad, forma parte esencial del verdadero cristianismo. Donde hay libertad, prosperan la fe, el amor y la verdad. Cuando la libertad está limitada o hay carencia de ella, las demás cualidades inevitablemente se resienten (cf. 2 Cor 3, 17. 

La libertad que nos dio el Hijo de Dios al hacerse hombre y nacer para nuestra salvación, tiene el propósito de que podamos expresar nuestra fe y amor al mayor grado, libre de restricciones impuestas por los hombres, no por Dios. Cualquier pérdida complaciente de esa libertad lleva aparejado inevitablemente un sacrificio de la verdad. Quienes imponen tales restricciones lo hacen, no por la verdad, sino por el error. El amor y la fe, las auténticas «reglas» del cristiano, pueden alcanzar a los pensamientos más íntimos y profundos del corazón si la persona vive con libertad. 

La verdadera libertad, la que nos trae Cristo y que va más allá de lo tangible, no se consigue de «golpe y porrazo», de repente. No es el fruto de un acto de magia, ni de ideologías utópicas, ni un regalo de algún mesías populista que la ofrece sin más. Alcanzar la libertad supone, por tanto, recorrer un largo y complejo camino de liberación dejándose alcanzar por Cristo. Para eso ha venido al mundo, para hacernos libres. Libres como María, la humilde servidora del Señor, libres como los santos, libres como tanta gente buena que con la paz y la fe, que acrecienta esa búsqueda de libertad dejan en el corazón. ¡Bendecido sábado de la Octava de Navidad!

Padre Alfredo.

viernes, 29 de diciembre de 2023

«Luz de las naciones, signo de contradicción»... Un pequeño pensamiento


Si ayer encontré un espacio para sentarme a escribir en la tarde. Hoy viernes casi acaba el día y es que, sumergido en la llegada de una gripilla de esas que llegan inesperadamente, encuentro apenas la oportunidad de escribir algo. Estamos en el quinto día de la Octava de Navidad y la Oración Colecta nos hace ir a la luz de la venida de Jesús para que, al contemplarlo, nos dejemos mirar por el rostro sereno del Padre Misericordioso que nos lo ha enviado.

En el Evangelio Simeón nos habla también de esta luz. El anciano predice que Jesús, esa luz que viene de lo alto, será signo de contradicción en el mundo y además nos dice que el corazón de María será traspasado por una espada. Jesús será siempre un signo de contradicción: unos lo amarán, otros lo odiarán y lo llevarán a la Cruz; unos estarán dispuestos a morir por El, mientras que otros no cesarán en hacerlo desaparecer de la historia y de la superficie de la tierra.

El Papa Francisco, invitándonos a recibir a Jesús, luz de las naciones, nos dice que debemos observar que de este «signo de contradicción», Simeón pasa directamente a la Madre y se dirige a su corazón, vinculando la contradicción, que se refiere al Hijo, con la experiencia interior de la Madre: «Y una espada atravesará tu alma» Así, hace una invitación a cada uno de nosotros a no soltarnos de la mano de María para comprender quién es Jesús. ¡Bendecido viernes de la Octava de Pascua!

Padre Alfredo.

jueves, 28 de diciembre de 2023

«Los santos inocentes y el testimonio de nuestra fe»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo ya al atardecer de este día en el que celebramos a los Santos Inocentes dentro de la Octava de Navidad porque el día se me ha escurrido como agua en diversas actividades del ministerio sacerdotal que en estos días desarrollo acá en Huatabampo. Así que solamente serán unas cuantas ideas para reflexionar un poco sobre esta fiesta que, desde muy antiguo, se celebra en la Iglesia para alentarlos a ser valientes y a crecer en la esperanza de que el Cielo nos espera.

La oración colecta nos invita a dar testimonio de nuestra fe no solamente con nuestros labios, sino con la conducta diaria. Los ejemplos de una vida de fe manifestada en las cosas pequeñas de cada día, están entrelazados en toda la Escritura, especialmente si nos fijamos en las figuras que rodean la infancia de Jesús en el Evangelio. De hecho el mismo Cristo habló extensamente sobre la forma en que debemos comportarnos con los demás, con los amigos y con los enemigos. No obstante, más que eso, la vida que Él vivió, marcada por su amor y compasión en hechos ordinarios, proporciona el mejor ejemplo de cómo debe ser el comportamiento cristiano.

Estos niños inocentes, fueron llamados por Dios dando la vida por la causa de Cristo, nos invitan, con su testimonio, a ser una total pertenencia de Cristo. Ante los sucesos inexplicables que jalonan nuestra existencia, como ese acontecimiento que vivieron los padres y madres de aquellos pequeños, el entendimiento humano puede rebelarse y optar por un ateísmo práctico, pero con eso lo único que logra es bloquear la razón y llenarla de oscuridad y como consecuencia sembrar la desolación. En la vida diaria hay que dar testimonio de nuestra fe aún en esos momentos rodeados de oscuridad. Que María nos aliente para ser valientes. ¡Bendecido jueves sacerdotal y Eucarístico!

Padre Alfredo.

martes, 26 de diciembre de 2023

«En el día de San Esteban»... Un pequeño pensamiento para hoy


La liturgia de estos días de la Octava de Navidad, que celebra la Navidad en ocho días al modo de las grandes fiestas que se preconizaban en el Antiguo Testamento, es muy variada y nos va llevando por diversas celebraciones en torno a las gracias que hemos recibido los discípulos–misioneros de Cristo a raíz de su encarnación y nacimiento entre nosotros. Así caminaremos hasta el 1 de enero en que celebraremos la solemnidad de María, la Madre de Dios y cerraremos estos días de fiesta. Solamente dos grandes acontecimientos se celebran con una Octava: la Navidad y la Pascua.

Hoy, a un día de haber festejado el nacimiento del Mesías Salvador, la Iglesia nos invita a contemplar la persona de Esteban, el primer mártir —protomártir— de la Iglesia y a divisar, con él, el Cielo que nos ha prometido Cristo y al que todos somos invitados a llegar. Esteban es, para todo creyente, la expresión más clara del mandamiento y testimonio de Cristo que dio su vida por nuestra salvación. Él murió por Cristo y murió perdonando y amando a sus enemigos, esos que lo apedrearon despiadadamente. De hecho la Oración Colecta de este día nos invita a aprender de él, que oró por sus enemigos, a amar aun a nuestros enemigos. Según San Gregario de Niza, en los primeros siglos cristianos se quiso solemnizar en torno a Navidad a los grandes Santos que fueron los primeros testigos de Cristo y Esteban es el primero entre ellos.

Entre la fiesta de Navidad y la de San Esteban, existe una profunda conexión en el orden de la santidad y la gracia. Cristo, nacido para nuestra salvación, se sitúa en el centro de nuestro camino hacia la perfección. San Esteban fue el primero en seguirle al Señor por este camino de santidad. Fue su testigo a través de su palabra valiente, de su servicio desinteresado a los pobres como diácono, de su constancia durante el proceso del juicio que le hicieron y sobre todo por su muerte heroica. Su figura se agranda y se ilumina a la luz de Cristo, que vino al mundo gracias al «sí» de María que, con Esteban, nos invita también a nosotros a decir que «sí». ¡Bendecido martes de la Octava de Navidad!

Padre Alfredo.

lunes, 25 de diciembre de 2023

Hoy es Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo, como en otras ocasiones lo he hecho, en el aeropuerto de Monterrey, mientras llega el momento de la partida de mi vuelo a Ciudad Obregón Sonora, de donde por carretera me dirigiré a Huatabampo en un tiempo estimado de hora y media para iniciar esta noche, los Ejercicios Espirituales para nuestras hermanas Misioneras Clarisas de esa querida comunidad a la que hace muchos años no he vuelto. Tengo la ilusión, de que, en un tiempo organizado de estos días hasta el 3 de enero que regrese, Dios mediante, encontraré —y así lo espero— incluso tiempo para rezar el Rosario en Facebook con anteriormente lo podía hacer.

Hoy es Navidad y hace días que no tocaba la computadora porque no encontraba el espacio de tiempo necesario para eso. Los preparativos de la llegada de Jesús de Nazareth, que ha nacido para llenarnos de luz... ¡me traía de un ala! Las diversas oraciones de las Misas para esta solemnidad —vísperas, noche, aurora y día—, me han llevado mucho a pensar en Cristo como luz que viene a iluminar las tinieblas de este mundo. ¡Qué dichosos debemos sentirnos de poder ser luz por haber conocido a Cristo y haberlo recibido en el pesebre de nuestro corazón!

Vivamos con una inmensa alegría, una alegría desbordante estos días de la Octava de Navidad. En el niño de Belén, Dios ha venido a nuestro encuentro para iluminarnos y hacernos protagonistas de la vida que nos rodea. Se ofrece para que lo tomemos en brazos, para que lo alcemos, lo abracemos y lo mostremos al mundo, muchas veces oscuro, que nos rodea a los creyentes. En este niño, Dios nos invita a hacernos cargo de la esperanza que alumbra el camino al cielo. Pidámosle a María, que nos permita abrazar a su Hijo Jesús en este recién nacido Niño de Belén. ¡Feliz Navidad!

Padre Alfredo.

viernes, 22 de diciembre de 2023

«La llegada de la Navidad es inminente»... Un pequeño pensamiento para hoy


La llegada de la Navidad es inminente, ya estamos a día 22 y en el ambiente se percibe, sobre todo, el acelere de mucha gente abarrotando los negocios comerciales para conseguir regalos de última hora, sin embargo eso no nos puede distraer de lo principal que debemos celebrar en ese día de gloria: La llegada del Mesías a nuestra tierra.

La oración colecta de este viernes nos lleva a agradecer, con la llegada del Unigénito, el rescate que Él hace de nuestras vidas al sacarnos del vicio enredoso de la mundanidad a la que el Papa Francisco mucho se refiere. En la parroquia de San Francisco, en el pintoresco estado de Michoacán de nuestro México lindo y querido, y a la que pertenece nuestra Casa Misión Don Vasco de Quiroga, hay una imagen de Cristo conocida como «El Señor del Rescate», agradeciendo precisamente esta acción misericordiosa de Dios al habernos liberado del yugo del mal. Esta imagen, según cuenta la tradición, liberó al pueblo en el siglo XVIII de la peste de viruela negra. La historia señala que fue en el siglo XVIII cuando en esta región azotó la temible peste de la viruela en la cual se perdieron muchas vidas y era tanta la preocupación de la gente de la localidad que un guardián del convento franciscano acudió a los pies del cuadro que ya se encontraba dentro del convento franciscano y suplicó ayudase a todos los habitantes de este municipio infectados por esta terrible enfermedad. Entonces el milagro ocurrió y la peste se fue alejando de las comunidades indígenas. Días después la peste desapareció por completo dejando al pueblo completamente agradecido con la Bendita Imagen que desde ese entonces ocupa un lugar especial en la parroquia.

Agradezcamos que el mismo Jesús Niño al que esperamos ya en estos días, es el mismo que, entregado en la cruz, nos rescató. Preparemos, con María y José, rumbo a Belén, nuestros corazones y abramos la puerta de nuestras almas a la llegada del Salvador. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

martes, 19 de diciembre de 2023

«Valorar el misterio de la encarnación»... Un pequeño pensamiento para hoy

La oración colecta de este día me hace ir a la encarnación de nuestro Salvador, porque invita a honrar este misterio y a celebrarlo con nuestra generosa entrega. Este tiempo de Adviento, previo a la Navidad nos invita a profundizar en este gozo de la Encarnación, elemento esencial de nuestra fe. Pero, ¿qué significa para nosotros como discípulos–misioneros vivir de forma coherente nuestra relación con Jesús, el Verbo de Dios que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros?

¿Qué consecuencias nos trae asumir en profundidad este misterio ante desafíos como el del calentamiento global y la destrucción de la naturaleza que afecta especialmente a los más pobres y vulnerables de nuestro planeta... ante la guerra, que parece no acabar nunca... ante el descarte de tanta gente que la sociedad materializada no contempla como productiva? Hay que dejarnos interpelar por Dios y escuchar el grito de la madre tierra que recibe al Redentor.

La encarnación de Jesús tiene su origen en el amor apasionado del Dios Trino por toda su creación: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo». La beata María Inés Teresa quedó embelesada con este misterio y meditó sobre el gran regalo del amor de Dios que no se contentó con crear el mundo, sino que quiso hacerse uno de nosotros y asumir plenamente la realidad humana. Con ella y bajo la protección de María, la Virgen expectante, abramos nuestro corazón para que Dios mismo se revele en nosotros y nos transforme según su benévola voluntad. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 18 de diciembre de 2023

«Que el nuevo nacimiento de Cristo nos libere del pecado»... Un pequeño pensamiento para hoy


Los Santos Padres, ese grupo más o menos circunscrito de personajes eclesiásticos pertenecientes al pasado, cuya autoridad fue decisiva en materia de doctrina, decían que nuestra única y verdadera «posesión» son nuestros pecados. Porque ellos afirman en sus escritos —que coinciden entre sí—, que no somos dueños sino solamente de eso que hemos creado de la nada. Así, cumpliendo con esta condición, Dios hizo a la criatura, y la criatura hizo el pecado. La oración colecta de la misa de este día dice: «Concédenos, Dios todopoderoso, que a quienes gemimos oprimidos bajo el peso del antiguo yugo del pecado, nos libere el nuevo nacimiento de tu unigénito, que estamos esperando».

Esa serie de pecados de debilidad que asaltan continuamente aún a los que no quieren de ninguna manera separarse de Dios habla de la presencia en este mundo del enemigo, que, como dice la Escritura: «Ronda buscando a quién devorar» (1 Pe 5,8). Estos pecados no sólo existen, sino que Dios permite muchas veces que hagan en nosotros un largo recorrido y nos veamos agobiados y dominados por ellos. El estipendio del pecado es la muerte y, en parte, nos viene bien experimentar el peso de nuestra condición pecadora. «Ha sido conveniente a lo largo de la historia de la salvación, dice santo Tomás de Aquino, que Dios permitiera al hombre caer en pecado, para que experimentando su debilidad, reconociera la necesidad de la gracia» (I-II, 106,3c).

Por eso, en estos días de Adviento, ante la llegada ya inminente de la Navidad, le pedimos al Señor Dios todopoderoso que venga a liberarnos de esta esclavitud del pecado, y eso se logra cuando nos dejamos alcanzar por Cristo, que nace para nuestra salvación y nos mueve a ir a confesar nuestros pecados, esos escondidos, y acoger el perdón de Dios, para pedir perdón a quien hemos ofendido. Así comienza una nueva vida. Y la vía es una sola, la de la humildad. Pidámosla a María santísima, para que ella, a su vez, nos la alcance de Dios y podamos recibir con alegría a su Hijo Jesús en el corazón libres de nuestros pecados. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 17 de diciembre de 2023

«Domingo de Gaudete»... Un pequeño pensamiento para hoy


El tercer domingo de Adviento, es llamado en la liturgia «Domingo de Gaudete» o «Domingo de Alegría», porque está cerca el nacimiento del Niño Dios y eso nosdebe llenar de alegría. Toda la liturgia de este día habla precisamente de este tema al acercarse al día de la llegada del Mesías que anuncia Juan el Bautista en el Evangelio de hoy (Jn 1,6-8.19-28). La oración colecta de la misa hace referencia a la espera fervorosa de la fiesta del nacimiento de Cristo y a irnos preparando a celebrar esa dicha con «vivísima alegría».

La alegría, aunque no lo parezca, es una carencia muy grande en la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Aunque aparentemente hay muchos momentos que invitan a la alegría, son solamente cuestiones pasajeras que se convierten más bien en «distractores» que hacen a un lado la verdadera alegría. ¿Cuánto puede durar la alegría de un concierto de algún artista de moda? ¿Cuánto puede durar el rato de alegría de una obra cómica de teatro? ¿Cuánto tiempo puede abarcar la alegría de una fiesta que termina envuelta en el alcohol y las comidonas en exceso?

La clave de esa vivísima alegría que hemos de vivir la da san Pablo hoy en la segunda lectura (1 Tes 5,16-24). Después de invitar a vivir siempre alegres, el Apóstol e las Gentes dice: «oren sin cesar». Sí, esa es la clave para mantenerse en la vivísima alegría, porque todo lo demás va y viene, el único que permanece es el Señor y la alegría que él puede brindar al corazón aún en medio de las penas y dolores que todos enfrentamos. Es la alegría que acompañó a María santísima en la dulce espera de la llegada de su Hijo Jesús. ¡Bendecido Domingo de Gaudete!

Padre Alfredo.

sábado, 16 de diciembre de 2023

«Ser luz»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy empiezan las posadas y con ello espero poder escribir cada día alguna pequeña reflexión que nos acompañe, basándome, como me he propuesto para este año litúrgico, en la oración colecta de la Misa de cada día. La llegada de la Navidad es inminente ya, es tiempo de pensar en que, como dice la colecta de este día, «la venida del Unigénito del Padre ponga de manifiesto que somos hijos de la luz». Es entonces tiempo de que pongamos empeño en fortalecer nuestros valores cristianos, de modo que la Navidad sea lo que debe ser: una luz que brille en medio de la oscuridad con el nacimiento de Cristo.

Con la ayuda del Espíritu Santo podemos desterrar todo indicio de oscuridad en nuestras vidas y a nuestro alrededor. Buscando ser luz es tiempo de perdonar y reconciliarnos con Dios y con los hermanos, y vivir una vida nueva. Esta es la Buena Noticia que, en los primeros tiempos de la Iglesia San Pablo proclamó en sus cartas, tal como quedó registrado en su epístola a los Romanos (5,1-11). Vivir la Navidad es ser un espacio de luz para los demás, especialmente para los más cercanos, los que conviven con nosotros en casa, en el trabajo, en el circulo de amigos en el que pasamos estos días previos a la Navidad.

Así, buscando ser luz, construimos esa paz que los ángeles anuncian en Belén: paz en la tierra a los hombres que aman al Señor y se aman entre sí, porque la luz hace ver las cosas claras, la situación como es, como se presenta, sin los tapujos que crea la oscuridad. Los seres humanos estamos ante una constante disyuntiva: podemos irnos al lado de la luz que viene de lo alto o dejarnos atrapar por la oscuridad del consumismo, del materialismo, del culto a la mentira reinante en nuestra sociedad. Pidamos a María santísima, en este tiempo de espera de la llegada de nuestro Salvador que ella, Nuestra Señora de la Luz, nos tenga cercanos a su corazón expectante. ¡Bendecido sábado de inicio de las posadas!

Padre Alfredo.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

«El día de Santa Lucía»...Un pequeño pensamiento para hoy


Creo que nunca, como este año, he tenido un Adviento tan accidentado por diversas circunstancias. Mis 4 lectores se habrán percatado de que no he escrito desde el día de la Inmaculada. La verdad la vida me desborda entre tantas cosas, incluso me preguntan: ¿ya no reza el Rosario en Facebook, verdad?... Y es cierto. Repaso las cuentas de la camándula en cualquier momento y lugar haciendo míos los misterios que nos recuerdan que María camina a nuestro lado como lo está al lado de su Hijo Jesús, pero desde hace meses ha sido imposible encontrar la manera de conectarme. Los gigas del plan que tengo se esfuman en poco tiempo.

Hoy es día de santa Lucía. La oración colecta de la Misa nos invita a pedir su intercesión para contemplar la gloria de Dios en el Cielo eternamente. Lucía nació en Siracusa de Sicilia, probablemente, en el año 251 de nuestra era, en el seno de una familia cristiana, que pertenecía a la rica nobleza terrateniente del lugar. Lucio, su padre, murió cuando la niña contaba apenas cinco años, quedando bajo la tutela de Eutiquia, su madre. Con el paso de los años, Lucía se convirtió en una bella jovencita, modesta en su comportamiento y dotada de gran bondad. Su madre soñaba para ella con un feliz matrimonio, pero Lucía abrigaba en su corazón un propósito distinto: Se había consagrado al Señor con voto perpetuo de virginidad. La decisión de Lucía causó estupor entre los paganos, especialmente en un joven de alta sociedad, que deseaba ardientemente casarse con Lucía. Ante la negativa de la joven para atender sus deseos, se confirmó la sospecha de que Lucía fuese cristiana. Así pues decidió denunciarla ante Pascasio, el prefecto de su ciudad Este le ordenó que sacrificara a los dioses, a lo cual, se negó rotundamente contestando «que los que viven casta y piamente, son templo de Dios y morada del Espíritu Santo». Pascasio se enfureció y ordenó que fuera decapitada. Comprendió Lucía que el momento de confesar a Cristo y morir mártir por El había llegado, se arrodilló para recibir el golpe mortal y un esbirro le cortó la cabeza. Era según la tradición, el 13 de diciembre del 304.Así, pudo contemplar la gloria de Dios en el Cielo.

Estamos en Adviento, un buen tiempo para pensar en que nosotros también somos invitados a contemplar esa gloria de Dios, por lo cual hemos de ir preparando en nosotros las condiciones que necesitamos para llegar hasta allá: Vivir en esperanza, fidelidad a Dios, servicio a los hermanos... ¡Hay mucho que hacer! Que santa Lucía nos ayude, intercediendo por nosotros con María, para que, conscientes de que el Cielo nos espera, vivamos este tiempo litúrgico tan especial, con el anhelo de llegar a ver al Señor. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

viernes, 8 de diciembre de 2023

María Inmaculada»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos a la «Inmaculada», el dogma que la Iglesia proclamó en 1854 y que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el momento de su concepción por los méritos de su Hijo Jesucristo. La doctrina católica sostiene que Dios, en previsión del nacimiento de su Hijo, preservó a María de toda mancha o efecto del pecado original. Pienso ahora, mientras escribo en una de las salas de espera del aeropuerto de Guadalajara, mi vuelo a Monterrey, en tantos templos dedicados a la Inmaculada Concepción o como es conocida también: «Purísima Concepción». En mi tierra natal, la Sultana del Norte —La tierra de los Tigres... tenía que decirlo—, tenemos la Basílica de la Purísima Concepción, una verdadera joya de la arquitectura moderna que alberga la imagen de la Inmaculada conocida como «La Virgen Chiquita».

Pienso también en tanta gente que acude a estos templos pidiendo pureza de corazón y rectitud de intención para mantener vivo el compromiso bautismal. Las tradiciones de nuestro pueblo cristiano son todavía, a pesar de los embates de los antivalores de la época, sanas y robustas, aferradas a una fidelidad serena a la Madre de Dios. Mucha gente recurre a la Inmaculada buscando no dejarse engañar por el maligno, seguros de que ella disipa las tinieblas de la cultura de la muerte, como llamaba san Juan Pablo II a la oscuridad de tantas ideologías que, desde su pontificado, empezaban a invadir al mundo.

Pidámosle a María Inmaculada, estrella de la mañana, que aparte de nuestro camino tantas seducciones de la mundanidad; que ella robustezca las energías no sólo de los jóvenes, tan tocados de cerca por esas ideologías nefandas, sino de todas las edades, ya que todos estamos también expuestos a las tentaciones del Maligno. Contemplemos en este día a la más perfecta, a la más bella de las mujeres. «Tota pulchra est Maria» repetía la beata María Inés Teresa cada sábado en honor de María. Que ella, la Reina del cielo y de la tierra nos conserve santos e irreprochables ante Dios. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

martes, 5 de diciembre de 2023

«Adviento, tiempo de conversión»... Un pequeño pensamiento para hoy


El adviento, como todos sabemos, es un tiempo de conversión, un espacio de tiempo privilegiado para trabajar en la propia conversión, buscando volver a Cristo que vino a nacer entre nosotros y que volverá lleno de gloria. Es cierto que lo ideal de la vida de todo bautizado es tener esta actitud de conversión a lo largo de toda nuestra vida, pero la Iglesia, y Dios mismo que nos ama, conoce la debilidad del hombre y nos regala este tiempo para que, al despertar al amor de Cristo que se acerca, trabajemos en el cambio, en la transformación, en la conversión de nuestro corazón.

La oración colecta de la Misa de hoy nos invita a adentrarnos en la realidad de la segunda venida de Cristo, que pondrá de manifiesto la realidad de cada uno. La oración pide al Padre misericordioso que, consolados por la presencia de Cristo, que ya viene, no nos manche algún contagio del antiguo pecado. Esto lo pedimos porque es fácil caer en la falsedad de que esta conversión, esta vuelta hacia Cristo, es algo que se hace con nuestras fuerzas, a través de los propios méritos y no de la gracia que Dios nos infunde.

Cristo ya ha vencido a la muerte, ha vencido sobre el pecado que nos esclaviza y nos mata en vida. Entonces, esta conversión debe expresarse en un abrir el corazón al amor de Dios, en hacer su voluntad, que es el sumo bien. El Espíritu Santo, que baja en Pentecostés, y que es recibido en el bautismo, es la vía para entrar en esta comunión con Dios y aceptar dócilmente su voluntad en un camino de conversión a ser buenos, para ser santos. Que María santísimo nos ayude a no distraernos y trabajar con entusiasmo en nuestra conversión para recibir a Cristo llenos de amor. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 4 de diciembre de 2023

«Ardorosamente»... Un pequeño pensamiento para hoy


La oración colecta de la Misa de este lunes, pide la ayuda de Dios para esperar «ardorosamente» la venida de su Hijo Jesucristo. Me llama la atención esa palabra: «ardorosamente», porque habla de una espera ardiente que se da sobre todo en este tiempo de Adviento, una espera que debe inundar el corazón por el anhelo de que Cristo ya venga por segunda vez. Porque él vino ya por primera vez, viene constantemente en cada persona y en cada acontecimiento y vendrá por segunda vez a juzgar a vivos y muertos.

Su venida gloriosa al final de los tiempos no será otra cosa que la revelación de las venidas que ahora realiza en nosotros. Hay continuidad real entre su venida actual y su venida gloriosa. Exactamente igual que la semilla que se prolonga en el fruto. Esta es la verdad de fe más grandiosa. Quien quiera encontrarse con el Cristo viviente, debe penetrar en el misterio de su presencia. Es necesario que el cristiano tenga una «ardiente» mirada interior. El adviento es radicalmente cercanía y presencia del Señor al que esperamos con ardor.

Que María santísima nos ayude a esperar con ella. A mantener el corazón «ardiente» anhelando que ya venga Cristo nuevamente. La venida del Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente y deja que ese «ardor» en el corazón le llene de alegría. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

«Iniciando el Adviento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Iniciamos, con la gracia de Dios, este tiempo privilegiado del Adviento. A mí me toca empezar este nuevo año litúrgico en Ciudad Victoria, pues por cuestiones de la causa de beatificación y canonización de la venerable Gloria María Elizondo me encuentro en estas pintorescas tierras en la que, entre otras cosas, he podido contemplar, desde ayer, un cielo azul que poquísimas veces se ve en Monterrey y en mi querida Selva de Cemento en donde estoy con más frecuencia.

Este año, para la diaria reflexión que pretendo compartir —esperando sea con más frecuencia que el año pasado— no he elegido el Evangelio o alguna de las lecturas de Misa, sino la oración colecta de cada celebración, que da de alguna mentar la pauta para dirigir las súplicas y oraciones de cada una de las celebraciones litúrgicas de la Iglesia para cada día. Estoy seguro de que el Señor, en cada uno de estos textos eucológicos nos dará algo especial para reflexionar cada día, como sucede en este primer domingo de Adviento en el que resuenan en mi mente y en mi corazón las palabras de la oración que dicen: «Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene a nosotros».

¿Qué viene a encontrar Cristo en nosotros al venir a nuestro encuentro? Ciertamente que lo que queremos es que vea nuestras buenas obras, esas que, por su infinita misericordia podemos hacer en favor de quienes nos rodean. Pidámosle a María santísima, esperando con ella a Jesús que se acerca, que podamos, ante la segunda venida del Señor que vendrá lleno de gloria, presentar un cúmulo de buenas obras, pequeñas, sencillas, humildes pero de peso, al haber hecho algo por nuestros hermanos. Preparemos así nuestro corazón para recibir a ese Cristo que viene a nuestro encuentro. ¡Bendecido primer domingo de Adviento!

Padre Alfredo.

viernes, 1 de diciembre de 2023

«Lo que perdura»... Un pequeño pensamiento para hoy


Iniciamos con gozo y mucha esperanza el último mes de este año de 2023. Definitivamente es una de las épocas más esperadas por la mayoría de las personas porque en este mes celebramos la Navidad y el fin del año civil. De por sí para los católicos el mes está lleno de cosas especiales, tales como celebrar la fiesta de la Inmaculada, el día de la Virgen de Guadalupe el 12 y el caminar de las posadas hasta llegar a la fiesta de la Navidad. ¡Hay que disfrutar mucho cada celebración y cada momento de gozo!

Iniciamos el mes dirigiendo nuestra mirada hacia el Evangelio del día de hoy (Lc 21,29-33) en el que Jesús insiste en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos y en la esperanza, fundada en la su Palabra. Es bueno recordar cómo todo el capítulo 21 de Lucas no busca generar temor ante «lo que pasará» sino más bien, ayudar a las comunidades a leer sus penurias con lentes de esperanza. Frente a los «adivinos», que son pesimistas y ven el vaso medio vacío, que viven lamentándose de que el planeta se está envenenando por culpa de la ceguera humana y anunciando catástrofes a la vuelta de la esquina, Jesús nos enseña hoy a considerar la vida presente como algo pasajero. En este mundo vamos de paso.

Jesús no quiere que nos desentendamos de nuestro compromiso, sino que valoremos aquello que siempre perdura: el amor y la vida, porque más allá de los aparentes signos de muerte y destrucción, es bueno afirmar con fuerza que en todo ser humano existe esa semilla del Reino que, tocada por la gracia, puede brotar y desarrollarse. Por eso, al llegar al último mes del año, hemos de ver cómo hemos aprovechado hasta ahora este tiempo que Dios nos ha regalado para estar en la tierra como caminantes que vamos de paso. De la mano de María hoy nos podemos preguntar: ¿soy testigo de esperanza en medio de las situaciones de muerte que aparecen a mi alrededor? ¡Bendecido viernes, primer día del mes de diciembre!

Padre Alfredo.

jueves, 30 de noviembre de 2023

«San Andrés al fin de mes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos en la Iglesia al Apóstol san Andrés, fiesta que viene muy bien para cerrar con una breve reflexión este mes de noviembre que nos invita a la perseverancia y la necesidad de prepararnos para iniciar mañana el último mes del año. Un mes que iniciamos en el clima del Adviento y que está lleno de bendiciones al celebrar a la Virgen santísima en sus fiestas de la Inmaculada y Guadalupe para luego celebrar la Navidad. 

La figura de san Andrés, juntamente con su hermano san Pedro, nos enseña, en este clima de cierre de mes, cómo vale la pena hacer caso a la invitación de Jesús a seguirle: «Síganme y los haré pescadores de hombres» (Mt 4, 18-22). El evangelista aclara que inmediatamente ellos dejaron las redes y le siguieron. Su confianza en el Señor fue mayor que en lo temporal. Yo quiero preguntarme junto con ustedes: ¿podríamos hacer lo mismo nosotros?

Creo que cerrar noviembre podemos pedirle al Padre Misericordioso que nos ayude a comprender que su amor rebasa nuestros criterios y no depende de nuestras cualidades y limitaciones, sino de lo que Él sabe que necesitamos. Él nos llama como llamó a Andrés, a Pedro y a los otros, para estar con él y para predicar en su nombre con nuestro testimonio de vida. ¡Qué mejor que caminar así, de la mano de María hacia la vivencia de la Navidad! Que no nos desaliente nada que nos sepamos nosotros también «pescadores de hombres». ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo. 

martes, 28 de noviembre de 2023

«Celebrar la vida, celebrar el encuentro con el Señor que vendrá de nuevo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy en mi familia de sangre ha sido un día especial. Mi hermano Eduardo Antonio —el único hermano de sangre que tengo— ha llegado al sexto piso y lo hemos celebrado con gratitud a Dios por el don de la vida que le ha dado y por la hermosa familia que ha formado. Como saben, los sacerdotes también formamos parte de una familia de sangre y no nos olvidamos, en lo posible, de compartir bellos momentos como este del cumpleaños de Lalo. Por eso y por el resto de actividades del día que llenan mi rutina diaria, encuentro hasta ahorita un espacio para escribir un poco de la reflexión que comencé en mi mente y en mi corazón desde el rezo de la Liturgia de las Horas al amanecer, pues, como para muchos de ustedes, mi día ordinariamente empieza a las 4:30 o 5:00 de la mañana en el encuentro con el Señor.

A partir de hoy, y hasta el próximo sábado, el Evangelio de la Misa nos presenta el «discurso escatológico» de Jesús, en el que nos habla de los acontecimientos futuros y los relativos al fin del mundo. Hoy tenemos el segundo lamento de Jesús sobre su ciudad, Jerusalén anunciando su próxima ruina. Pero san Lucas lo cuenta mezclando planos con otro acontecimiento más lejano, el final de los tiempos, porque es difícil deslindar los dos (Lc 21,5-11). La perspectiva futura la anuncia Jesús con un lenguaje apocalíptico y misterioso: guerras y revoluciones, terremotos, epidemias, espantos y grandes signos en el cielo. Pero «el final no vendrá en seguida», y no hay que hacer caso de los que vayan diciendo «yo soy», o «el momento está cerca».

El final de los tiempos, está por llegar. No es inminente, pero sí es serio. El mirar hacia ese futuro no significa aguarnos la fiesta de esta vida, sino hacernos sabios, porque la vida —como la que celebra y agradece hoy mi hermano— hay que vivirla en plenitud, sí, pero responsablemente, siguiendo el camino que nos ha señalado Dios y que es el que conduce a la plenitud. Esta semana, y durante el Adviento, escucharemos repetidamente la invitación a mantenernos vigilantes. Que María santísima, intercediendo por nosotros, nos ayude a permanecer así, atentos, vigilantes, conscientes de nuestra condición de peregrinos que caminan hacia el encuentro definitivo con el Señor. ¡Bendecida noche de martes!

Padre Alfredo.

lunes, 27 de noviembre de 2023

«Aquella viuda en el Templo»... Un pequeño pensamiento para hoy


No escribía nada desde hace días y, como anoté en mis últimas líneas, aquí voy de nuevo con unas cuantas palabras ahora que estamos terminando el año litúrgico y después de unos días de descanso que me permití tomar junto a mi madre y con Manolo y Carmen después del arduo trabajo de la Asamblea Nacional de Van-Clar de este 2023. Debo ser sincero y decirles que he gozado muchísimo estos días que se me fueron como agua y que marcan una de las semanas más maravillosas que he tenido en este año. Me llena de alegría el poder haber tenido la oportunidad de valorar lo necesario que es el descanso para reponer fuerzas y seguir adelante dándole al Señor la gloria que me merece en la entrega diaria.

Ahora voy a las últimas páginas que leeremos, del evangelio según san Lucas, en esta semana 34 del tiempo ordinario, y que se refieren a los últimos días de la vida terrestre de Jesús, justo antes de la Pasión. Hoy Jesús enseña en el Templo, después de haber hablado tanto, en los caminos, en los pueblos, a la orilla del mar, en las sinagogas provincianas. Él, el Hijo de Dios, el Portavoz de Dios, se contenta con reunir a su alrededor, como lo hace un simple orador de paso, a los pocos oyentes que tengan a bien escucharle. Allí vio a los ricos que depositaban sus donativos y también a una viuda necesitada que echaba dos moneditas (Lc 21,1-4).

La mirada de Dios, la apreciación de Dios sobre lo que somos y hacemos es muy importante. Él no se deja ganar en generosidad y por eso está atento a los pequeños signos que hablan de «darlo todo», como la viuda en cuestión. La buena mujer dio poco, pero lo dio con humildad y amor. Y, además, dio todo lo que tenía, no lo que le sobraba. Aunque no sepamos su nombre, su gesto está en el Evangelio y ha sido conocido por todas las generaciones, como el «sí» de María y de los santos, que lo dieron todo por el Reino. Que el Señor nos aliente a darlo todo. ¡Bendecida noche de lunes!

Padre Alfredo.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Desde la xxxv Asamblea de Van-Clar… Un pequeño pensamiento para hoy


Estoy nuevamente de viaje, luego de unos días muy agitados en los que ha sido imposible sentarme a escribir un poco de manera espontánea, dado que más bien he tenido que escribir para terminar tareas pendientes respondiendo correos, haciendo cartas y demás encomiendas que me hacen pasar largos ratos frente a la computadora sin poder darme el lujo de hacer este pequeño pensamiento desde hace algunos días. Tuve, la noche del 16, luego de una noche intensa de trabajo, el anhelo de escribir un poco, pero, para dejar unos cuantos de los 58,760 pendientes a medio resolver ya no dormí y mucho menos escribí. Intenté ayer en mi vuelo a mi querida «Selva de Cemento» en donde solamente estuve unas cuantas horas, entre otras cosas, en una reunión virtual con zoom con uno de nuestros obispos y algunos sacerdotes y continué a Cuernavaca en donde me encuentro. Igual quise escribir en el autobús, pero, de nueva cuenta, caí rendido. Aquí estaré hasta mañana y volaré Dios mediante a una región de nuestro México lindo y querido en donde no sé ni siquiera si habrá señal. Así que lo más probable es que vuelva a dar señales de vida, si Dios permite, hasta el domingo 26 o lunes 27.

Me encuentro aquí en la ciudad de la eterna primavera porque desde ayer nuestra Familia Inesiana se engalana con la celebración de la XXXV Asamblea Nacional de Van-Clar. Estamos reunidos de las diversas regiones de México en donde Van-Clar está presente. Tal vez se preguntará más de uno de mis 7 lectores de dónde viene ese nombre de Van-Clar. La beata María Inés lo eligió porque pensaba —adelantada a sus tiempos— que los laicos eran la «vanguardia» de la Iglesia en la tarea de la evangelización y, por su cariño a Santa Clara —fue 16 años monja Clarisa de clausura antes de la fundación— les puso por nombre: «Vanguardias Clarisas», abreviándolo como VanClar.

Bien, después de este preámbulo que parece querer adueñarse de la reflexión de este pobre padrecito para el día de hoy, voy rápidamente al Evangelio que es de la memoria de la dedicación de las basílicas de san Pedro y San Pablo en Roma y está tomado de san Mateo (Mt 14,22-33). En él, el evangelista nos narra la escena de aquel momento en el que Pedro, caminando por encima del agua como lo hacía Jesús, duda de que pueda culminar el sendero emprendido y empieza a ahogarse. ¡Cómo debe haber quedado grabado en el corazón de Pedro aquella enseñanza!: «hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste? No dudemos nunca de que el Señor está con nosotros. Pidamos con sencillez a María, la Madre de Dios y la mujer rebosante de confianza en el Señor, que nos haga valientes para vivir la fe y contagiarla. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

domingo, 12 de noviembre de 2023

MENSAJE DE APERTURA DE LA ASAMBLEA PARROQUIAL 2023. NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO EN SAN NICOLÁS


Queridos hermanos miembros de los diversos servicios pastorales, movimientos apostólicos y grupos de nuestra querida comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás. Estimado padre Luis, hermano en religión y vicario parroquial (esto si está presente). Muy apreciado diácono Juan, necesario colaborador en nuestra parroquia.

Nos ha convocado el Señor en esta Santa Misa para hacer la apertura de nuestra primera Asamblea Parroquial desde que el Señor quiso ponerme al frente de ella como párroco. Esta reunión, por este motivo, tiene un significado especial al que se une la reciente promulgación del plan de pastoral de nuestra arquidiócesis y la insistente llamada del Santo Padre, sobre todo en la síntesis de la primera fase del Sínodo de los Obispos, que acaba de concluir, para trabajar en sinodalidad.

No solamente el Papa Francisco, sino los papas anteriores, han exhortando a lo largo de un siglo a que todos los bautizados asumamos el compromiso misionero, que es envío y tarea de la Iglesia universal. Las enseñanzas de los Papas siguen orientando, junto al magisterio del Papa Francisco, nuestra acción evangelizadora y pastoral, ayudándonos a superar la idea errónea de que el respeto a las demás religiones y a las culturas de los pueblos tenga que inhibir la proclamación del Evangelio. Tampoco la que hoy llamamos «inculturación» de la fe puede significar capitular ante el reto de las diversas culturas, que han de ser también evangelizadas, porque el Evangelio purifica y transforma todas las realidades humanas y, en consecuencia, también las culturas. El Santo Padre nos invita constantemente a abrir las puertas de la Iglesia para que todos quepan y se encuentren con el Evangelio de la alegría, porque el Evangelio purifica y transforma todas las realidades humanas que convergen en nuestra segunda casa, que es la parroquia.

En el número 20 de la síntesis que el 28 de octubre pasado nos dejó el Sínodo de los Obispos, los participantes, junto al Papa, nos han dicho que «Dios nos está ofreciendo la ocasión de experimentar una nueva cultura de la sinodalidad, capaz de orientar la vida y la misión de la Iglesia. Se ha recordado, sin embargo, que no basta con crear estructuras de corresponsabilidad, si falta la conversión personal a una sinodalidad misionera. Las instancias sinodales, en todo nivel, no reducen la responsabilidad personal de quienes son llamados a tomar parte en ellas, sea por su ministerio o por sus carismas, pero la reclaman después.»

En el número 8, del mismo reciente documento, encontramos lo siguiente: «Los fieles laicos están siempre muy presentes y activos en el servicio al interior de las comunidades cristianas. Muchos de ellos componen y animan comunidades pastorales, sirven como educadores en la fe, teólogos y formadores, animadores espirituales y catequistas y participan en diferentes organismos parroquiales y diocesanos. En muchas regiones, la vida de las comunidades cristianas y la misión de la Iglesia recaen sobre la figura de los catequistas. Además, los laicos prestan el servicio del safeguarding (salvaguardas) y de la administración. Su aportación es indispensable para la misión de la Iglesia; hay que cuidar, por tanto, que adquieran las competencias necesarias.»

Antes de leer este documento, un servidor sentía ya la urgente necesidad de dar paso a nuestra primera Asamblea, para dar paso a ese reto de la sinodalidad que tanto enriquece la vida de la Iglesia. Por muy importantes y útiles que sean el Consejo de Pastoral, la comisión de asistencia parroquial y el Consejo de Asuntos Económicos, se trata siempre de grupos minoritarios en relación con todos los fieles que pertenecen a la parroquia. ¿cómo reunirlos a todos? Resulta, ciertamente, algo imposible. Pero puede haber una institución que, al menos, los represente a todos y les ofrezca la posibilidad de hablar, y colaborar. Esta instancia es la Asamblea Parroquial.

A esto se une, de una manera muy especial, la invitación de nuestro Señor Arzobispo, que estuvo con nosotros presidiendo nuestra fiesta patronal, a trabajar en la puesta en práctica del nuevo Plan de pastoral de esta Iglesia diocesana y el anhelo, de muchos de ustedes, de conocer más la vida y la obra de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que con su espíritu y espiritualidad impregna, de una manera particular, esta comunidad parroquial haciéndola misionera para que todos conozcan y amen al Señor. 

El nuevo Plan de pastoral, como lo vamos a ver en nuestras diversas sesiones de estudio y trabajo, concreta propuestas y tareas con las que hemos de responder al difícil reto de la evangelización de la sociedad de nuestro tiempo, abierta y plural, enriquecida por muchas cosas, pero amenazada también por una serie de ideologías que llegan de muchos ámbitos y ante las cuales, abriendo las puertas de la parroquia, debemos prepararnos para saber cómo actuar conservando el apostolado de la sonrisa, como dice la beata María Inés. 

Quiero traer a colación, en este contexto, una figura bíblica que siento que viene a iluminarnos con su ejemplo ante una situación muy parecida a la nuestra, en la que hemos de enfrentarnos a un mundo que necesita de conversión para volver al camino del Señor. Me refiero a Jonás, porque, como comunidad parroquial, podemos tener su misma tentación, rebelde a la llamada de Dios a proclamar su palabra y exhortar a la conversión de Nínive, la ciudad símbolo del pecado. Jonás conoce la misericordia de Dios, sabe que es compasivo, misericordioso y perdonador, y siente celos del trato que Dios puede dar a los que se conviertan, los que a su juicio no merecen sino la condena eterna como enemigos de Dios y pecadores. El profeta Jonás representa al nacionalismo judío, refractario a la actitud misericordiosa de Dios con los extranjeros que, aunque son pecadores y enemigos de Israel, pueden responder a la llamada de Dios a la penitencia y convertirse. Jonás trata de convencerse a sí mismo de que los habitantes de Nínive son malos por principio y no merecen el perdón de Dios. Su postura es la misma que la del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo: se disgusta por la misericordia gozosa del padre ante el regreso de mal hermano pródigo, que ha vuelto a casa (cf. Lc 15,28-30).

Es la tentación de los buenos que tienden a refugiarse en su propia comunidad de ideas y afectos, excluyendo la novedad y el riesgo de hallarse, en palabras del Papa Francisco, «en salida». No quieren abrir las puertas del cenáculo en el que se han refugiado contra los peligros, y proclamar el Evangelio afrontando dificultades y obstáculos de una sociedad indiferente o marcadamente contraria a su proclamación y vigencia social. Algunos, además de esto, caen en la terrible tentación de criticar y dejar en mal a otros grupos de la parroquia, pastorales o movimientos, pensando que solamente su núcleo es pluscuamperfecto y que todo lo demás está mal, incluso al interno de la parroquia.

Al lado de esta tentación de los buenos está la tentación de los que no dan a la libertad infinita con la que Dios y lentamente han ido convenciéndose de que no es necesario evangelizar, porque Dios tiene caminos de salvación para cada pueblo y cultura, pues «todas las culturas son iguales», dicen con aplomo, y la proclamación evangélica podría atentar contra ellas. Jonás huía de Dios para sustraerse a la misión. Hoy nos parece que la misión ha terminado su tiempo y que es preciso convivir, sin molestarlas con la predicación, con todas las posturas religiosas, la indiferencia y el ateísmo, renunciando a proponer el Evangelio. Se duda de la necesidad de la Iglesia y de los medios de gracia para la salvación y así se relativiza estar o no bautizados, recibir o no los sacramentos de la fe que transmiten la vida sobrenatural a los fieles cristianos y sostienen la comunión de la Iglesia.

No podemos dejar de producir los frutos que Él espera de nosotros mediante la puesta en práctica de los compromisos apostólicos de ustedes, como laicos y el ejercicio pastoral de los que presidimos las comunidades la Iglesia y la pastoreamos con amor, llamados a dar su vida por ella.

Tenemos por delante un arduo trabajo de dos días, nunca antes realizado en esta extensión de tiempo en la comunidad, según me dice la mayoría. A pesar de que no se tratará de pláticas o conferencias solamente, sino de un arduo trabajo en dos días en los que no habrá tiempo de teorizar, hay que agradecer que el Señor nos regala este tiempo que es gracia de salvación. Es tiempo para fortalecer el apostolado de ustedes como laicos, para que la presencia de los cristianos en la sociedad tenga el alcance evangelizador que Cristo ha confiado a la Iglesia. Los diversos apostolados y carismas no pueden encerrarnos en compartimentos estancos en los movimientos o grupos, en una vida a veces paralela a la de Iglesia diocesana como comunidad abarcadora del conjunto de los fieles cristianos, que por el bautismo se hallan integrados en ella.

Todos nosotros, tenemos conciencia de que fuimos creados para alabar a Dios, para estar en contacto con Él, para tenerlo como fundamente de nuestras vidas. En él nos movemos, existimos y somos (Hch 17,28), por eso la Pastoral Litúrgica de nuestra parroquia nos hace vivir, como comunidad, este encuentro profundo con el Señor en la Santa Misa, en la Hora Santa y en las demás expresiones de fe en torno al Señor, a la Santísima Virgen, a los santos ya los beatos.

A nadie escapa que la educación en la fe, la Pastoral Catequética, reviste, al igual que la Pastoral Litúrgica y las demás pastorales, una importancia que no podemos dejar de valorar, cediendo lentamente terreno que el laicismo de una sociedad alejada del cristianismo ha infiltrado en la cultura cristiana. La educación de la fe en la etapa inicial para muchos niños y adolescentes, incluso jóvenes y alguno que otro adulto —tenemos entre el catecumenado para los sacramentos de la iniciación en el curso actual, a una persona de 42 años, que apenas se prepara para recibir el bautismo, la confirmación y la primera comunión—es tarea ineludible de la formación en la fe, de la cual no podemos abdicar en la Iglesia. 

Sin esa formación permanente, estaríamos perdidos, por eso la Pastoral Profética, la pastoral de la Palabra, impregna nuestro caminar como personas y como parroquia. Del mismo modo hemos de fortalecer la formación de todos en la vida familiar conforme a la fe en la Pastoral Familiar, que debe abarcar también el amor a la vida y la defensa de la misma; el acompañamiento de los novios, especialmente a los que caminan ya acercándose al compromiso matrimonial y a los divorciados vueltos a casar o en segunda unión.

Estamos llamados, como comunidad parroquial, a afianzar la dimensión caritativa y social de la vida y la acción de los cristianos en favor de los más necesitados y débiles fortaleciendo la más débiles y olvidadas de nuestras pastorales, la Pastoral Social. A esta se une un área que debemos cultivar, la Pastoral de la Salud. No podemos olvidar, los nuevos retos como el paso de migrantes por nuestro territorio parroquial a quienes nos falta atenderles por lo menos en lo más básico.

Nuestra parroquia, bendecida, además con la presencia y participación de muchos jóvenes, debe tener, también, gracias a la Pastoral Juvenil, un espacio para ellos, porque, como afirma también la síntesis del Sínodo a la que me he referido: «con sus dones y sus fragilidades, al tiempo que crecen en la amistad con Jesús, se hacen apóstoles del Evangelio entre sus coetáneos», y son, como he afirmado varias veces, nuestros relevos en la vida eclesial. Un área importantísima en nuestra parroquia, es la Pastoral del Hermano Mayor, atendiendo a la realidad de que, nuestro territorio parroquial está habitado, en gran parte, por personas que, como su párroco, pasan los sesenta años de vida y requieren, los más grandes, de una atención especial. Falta abrir, entre otras cosas, un espacio especialpara las personas viudas.

Todo esto es evangelizar y hacer de la vida ordinaria de cada día, un campo de misión, sin renunciar a poner mente y corazón en sostener con la plegaria y la colaboración material la acción «ad gentes»: la acción evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión, y el apoyo que hemos de prestar a las Iglesias jóvenes. Para lograrlo también hemos de sentirnos como Iglesia que valora la Pastoral Misionera que envía, porque, como dice el Apóstol en la carta a los Romanos: «¿Cómo van a invocar a Dios, si no creen en él?, ¿Cómo van a creer, si no oyen hablar de él?, y ¿cómo van a oír sin nadie que proclame?, y ¿cómo van a proclamar si no los envían?» (Rm 10,14-15a). Todos los miembros de los grupos que integran nuestra parroquia son hoy como siempre valiosos agentes de evangelización, colaboradores del ministerio pastoral que requieren formación y compromiso.

Un campo especial en esta «Iglesia en salida» es la reciente creación en la parroquia, de la Pastoral Penitencial, que, desde esta condición misionera, lleva, junto a la Palabra de Dios, la esperanza del Señor, que no abandona. 

El número 17 de la síntesis del Sínodo, habla de una Pastoral que en nuestra parroquia está en pañales y que se integra por unas cuantas personas, la Pastoral de las Redes Sociales. Este valioso documento de la Iglesia anota: «Internet está cada vez más presente en la vida de los muchachos y de las familias. Si es verdad que tiene un gran potencial para mejorar nuestra vida, puede también causar daños y heridas, por ejemplo, a través del bullying, la desinformación, la explotación sexual y la dependencia. Es urgente reflexionar sobre cómo la comunidad cristiana pueda apoyar a las familias para garantizar que el espacio online sea no sólo seguro, sino también espiritualmente vivificante. Las iniciativas apostólicas online tienen un alcance y un radio de acción que se extiende más allá de los tradicionales confines territoriales».

Hermanos, vivimos como parroquia, las nuevas realidades del siglo XXI, entre las que destaco que la mayoría de los miembros que están activos en nuestros grupos parroquiales son personas de todas las edades, colores y sabores, que viven fuera del territorio parroquial y que han  encontrado aquí, en esta nuestra segunda casa, un espacio que les abre al encuentro con Dios, con su Madre Santísima, con la beata María Inés y con una comunidad de puertas abiertas

En una carta circular del 29 de junio de 1977, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, expresa algo que ahora, nos viene muy bien: «Lo importante hijos es que no estemos ni un solo momento pasivos ni interior ni exteriormente, que recordemos y en todo momento que «es urgente que Él reine» en los corazones, en las familias, en las comunidades religiosas, parroquiales, diocesanas, nacionales y mundiales. Que Él viva en todos, reine en todos, sea conocido y amado por todos: de palabra y de obra. Mientras vivamos nos movemos y somos».

Hermanos, el Evangelio (Lc 16,9-15) que hemos escuchado en esta Misa de Apertura de nuestra Asamblea Parroquial, viene a iluminar nuestro ser y quehacer en estos días al recordarnos que el que es fiel en las cosas pequeñas, será fiel en las grandes y que no podemos servir a dos amos. De Jesús, queridos hermanos, se burlaron los fariseos, dice también el relato. No entendían ese desapego de las cosas materiales, el dinero en concreto en este pasaje, que él predicaba. También se podrán burlar de nosotros porque ponemos a Cristo y sus intereses en primer lugar y renunciamos, por conciencia ética y cristiana, a hacer los negocios sucios y trampas que otros hacen, al parecer impunemente en el mundo que nos puede contagiar. 

Recordemos el aviso que Jesús repite sobre el peligro de aferrarse a los bienes materiales: nos bloquean para las cosas del espíritu, de modo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino. Los que aceptan el Reino son los que no están llenos de sí mismos ni de ambiciones humanas sino los que saben, como dice la beata María Inés, que Jesús es la única realidad y que en torno a él, especialmente teniéndolo como centro en la Eucaristía, debe girar nuestra vida. No podemos quedarnos como el joven rico del Evangelio, que no acogió la invitación de Jesús y se marchó triste, porque en el fondo, estaba lleno de sí mismo, cosa que también estorba para el Reino.

Este mensaje de apertura parece interminable, pero ya casi llego al final. Quiero terminar, antes de continuar con la celebración de la Santa Misa, invitando a todos a comenzar con ilusión esperanzada este peliagudo trabajo en nuestra Asamblea Parroquial, dispuestos a fortalecer la vida parroquial y proyectarla con voluntad misionera en la sociedad actual. Pidámosle a la Reina de las misiones y Estrella de la evangelización, a quien en nuestra parroquia la vemos vestida de Nuestra Señora del Rosario, que nos ayude a llevar a Cristo a nuestros hermanos. Ella nos alienta a tener a Jesús en el centro de nuestra existencia en lo momentos de gozo, de luz, de dolor y de gloria. Que su intercesión nos ayude a vivir aquella adhesión a Cristo que es comunión por medio de Él con el Padre en el Espíritu Santo, para que el mundo crea que Jesús es el único Salvador de todos.

¡Buen trabajo para todos en esta Asamblea Parroquial!

Padre Alfredo, M.C.I.U.

11 de noviembre de 2023.

viernes, 10 de noviembre de 2023

«El administrador deshonesto»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el Evangelio de hoy (Lc 16,1-8) encontramos una parábola que trata de la administración de los bienes. Se le conoce como la parábola del administrador deshonesto; una parábola que es desconcertante, pues el administrador emplea contactos, conocidos y habilidades comerciales para lograr su objetivo con audacia y astucia, aunque eso lleve prácticamente la acción de robar.

Hay que entender que Jesús no está alabando el robo, sino precisamente esa «sagacidad» del administrador, que sabe calcular bien las cosas y encontrar una salida en una situación extrema. Por eso afirma que los hijos de este mundo saben ser expertos en sus cosas, aunque recurran a triquiñuelas como la que el administrador hace y que los hijos de la luz deben aprender a ser expertos en la solución de sus problemas, usando, por supuesto, no los criterios del mundo —pues que Jesús no avala el pecado— sino los criterios del Reino. La virtud humana de la «sagacidad» consiste en la habilidad para encontrar los medios justos y más eficaces para alcanzar un objetivo, y, en el caso del hombre y la mujer de fe, debe ser la búsqueda de cómo vivir mejor nuestra fe y amor a Dios.

Jesús, continuamente, insiste en que nos arriesguemos y dejemos todo por el Reino de Dios. Hay algunos son muy capaces de obtener lo que se proponen en el ámbito del trabajo, de la familia o con las amistades. En cambio, se comportan con temor y se sienten impotentes a la hora de hablar de Jesucristo y de su doctrina, o de hacer algo por la construcción de la civilización de la justicia y del amor cristianos. Bajo la mirada de María, nos podemos preguntar: ¿cómo andamos en esto? ¿tendremos la audacia para lograr una relación profunda con Cristo? ¿Podremos arrancar del Corazón de Jesús la conversión de quienes se han dejado llevar por los criterios del mundo? ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 9 de noviembre de 2023

«El celo por la Casa del Padre»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estos días he estado acompañando a un grupo de más de 350 señoras miembros de la Agrupación de Esposas Cristianas en Ejercicios Espirituales. Hemos estado reflexionando, iluminados por la Palabra de Dios en el Evangelio de San Lucas y llevando a la vida de cada una y sus circunstancias, el ejemplo vivo de su fundadora la señora María Luisa Josefina Morales Parkman, mejor conocida como la «Señora Campos», por el apellido de su esposo Salvador, también, como ella, de feliz memoria. No falta quien, en medio de las otras ocupaciones del día a día, me dice que me meto en muchos líos porque me comprometo a una y otra cosa. La verdad es que, cuando se trata de Ejercicios Espirituales, me cuesta mucho trabajo decir «no puedo», porque sé del gran bien que el Señor hace en este tiempo que siempre es de gracia.

El día de hoy, junto a las reflexiones que he de compartir con estas maravillosas mujeres, la liturgia de la Palabra, en la fiesta de la dedicación de la basílica de San Juan de Letrán, nos ofrece, en el Evangelio de San Juan, una perícopa evangélica (Jn 2,13-22) que nos deja una gran enseñanza y que sintoniza mucho con los temas que estoy tratando en este retiro particularmente destinado a señoras dirigentes de grupos de mujeres que han sido llamadas a la vocación del matrimonio, algunas de ellas ya viudas. El pasaje nos muestra una actitud de Jesús nada vistas en otros relatos. Jesús expulsa a los mercaderes del templo tomando una actitud fuerte contra ellos, porque el celo por la casa del Padre le devora y no puede ver que a su Padre no se le dé la gloria que le corresponde. 

Al ver la figura excepcional de la Señora Campos, veo el «celo» por la casa de Dios que a ella le devoraba también. No en balde dejó la comodidad de su hogar para lanzarse a fundar una Agrupación que ayudara a la mujer casa a vivir en plenitud su vocación de esposa, madre y apóstol del hogar y del mundo. ¿Conocen ustedes algo de esta increíble mujer? Les invito a buscar en Internet los artículos y videos sobre ella y les pido encomienden a estas señoras que aguantan a este padrecito que no quiere en ellas otra cosa, sino ver hecho vida el ideal de su fundadora. Que María Santísima, cuyo celo por los intereses de su Hijo es siempre motivante, nos ayude. Ella nos dirá: «Hagan lo que Él les diga». ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

«Hay que cargar con la cruz para seguir a Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy

El seguimiento de Jesús nunca ha sido fácil. Eso explica el por qué el Evangelio afirma que algunos no aceptan la invitación al banquete del Reino, porque se trata de una cuestión exigente y no se trata sólo de sentarse a una mesa. En el relato evangélico de hoy (Lc 14,25-33) Jesús nos dice que, para ser discípulos suyos, hay que diferir los asuntos del padre y la madre, la familia, e incluso hay que dejarse sí mismo, además de estar dispuestos a llevar la cruz detrás de Él.

Si se tratara de hacer una selección en las páginas del evangelio, y construirnos, —como algunas gentes de nuestro tiempo quieren— un cristianismo a nuestra medida, «a la carta», entonces sí que tendríamos un camino fácil. Pero el estilo de vida de Jesús es exigente y radical, y hay que aceptarlo entero. La fe en Cristo abarca toda la vida y todas las circunstancias de la vida. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar para ser discípulos–misioneros de Jesús y asegurarnos así los valores definitivos? Para las cosas de este mundo solemos ser muy sabios, y las programamos y revisamos muy bien: negocios, estudios, deportes. ¿También nos sentamos a hacer cálculos en las cosas del espíritu?

Jesús, para llevar a cabo su misión salvadora de la humanidad, renunció a todo, incluso a su vida. Por eso fue constituido Señor y Salvador de todos. Y nos dice que también nosotros debemos saber llevar la cruz de cada día, para hacer el bien como él y con él. Cada quien sabe cuál es esa cruz que ha de llevar y cada uno sabe también las condiciones de terreno por donde ha de llevar la cruz. Pidamos a María santísima su intercesión para no desfallecer en el arduo camino que nos toca recorrer. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

viernes, 3 de noviembre de 2023

«Ver por los que nos necesitan»... Un pequeño pensamiento para hoy


Lo fundamental, en los pasajes en los que Jesús dialoga con sus adversarios sobre el sentido del sábado, es que él quiere darles a entender que la mejor manera de honrar el sábado, que para los judíos es el día santo, es practicar la caridad con los necesitados. Y por eso les echa en cara que por interés personal, por ejemplo para ayudar a un animal de su propiedad, como sucede en el Evangelio de hoy (Lc 14,1-6), sí suelen encontrar motivos para interpretar más benignamente la ley del descanso. Por lo tanto, no pueden atreverse a acusarle a él si ayuda a un enfermo.

Uno de los 39 trabajos que se prohibían en sábado era el de curar. Pero una reglamentación, por religiosa que pretenda ser, que impida ayudar al que está en necesidad, no puede venir de Dios. Será, como en el caso de este pasaje, una interpretación exagerada, obra de las escuelas rigoristas que se habían adueñado de la enseñanza de la ley. A la luz de esto podemos preguntarnos: ¿qué excusas ponemos nosotros para no salir de nuestro horario, en ayuda del hermano? ¿el rezo? ¿el trabajo? ¿el derecho al descanso? Todos los días son días de caridad, en que nos ocupan detalles pequeños de humanidad con los demás.

Es curioso que la «Ley» que se impone en nuestra sociedad actual mueve cielo y tierra para perseguir beneficios individuales, pero poco hace para ayudar al necesitado. A veces, si nos descuidamos, ese mal se nos puede pegar... Hay que pedir la intercesión de María santísima, siempre atenta a las necesidades del prójimo, como nos muestra el hecho de que se encaminó presurosa y estuvo al tanto de los novios en Caná. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 2 de noviembre de 2023

«En el día de los fieles difuntos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ayer nuestra reflexión se centró en ver, para imitar, a todos aquellos que por su santidad, anónima o no, gozan de la plenitud de Dios. Hoy en cambio recordamos a los fieles difuntos. De todos los fieles difuntos no podemos afirmar su comunión con Dios como podemos hacer cuando hablamos de los santos, sino que, más conscientes de sus vidas, de su debilidad, oramos por ellos para que lleguen a unirse a todos los santos del cielo. Evidentemente que las dos celebraciones están muy ligadas, pero hoy, recordando a los difuntos, nos debemos sentir llamados a una actitud de oración, de esperanza, de confianza.

Todos hemos pasado por la experiencia de la muerte de una persona querida. Esos momentos de despedida, ¿no son siempre un momento para hacer balance? ¿Para pensar en la vida? ¿Para pensar cómo amamos a Dios y al prójimo? Y algunos, ya de juventud acumulada —como decía la beata María Inés—, tal vez pensamos en nuestra vida porque toda muerte nos hace pensar que sólo tenemos una vida. Oramos por los difuntos, porque sabemos que no fueron perfectos aquí y porque sabemos que nosotros tampoco lo somos, y seguramente necesitaremos también de los sufragios que eleven los demás por nuestras almas.

Como discípulos–misioneros de Cristo, tanto nuestra vida hoy como nuestra esperanza de resucitar, debe estar centrada en Él. Cuando Jesucristo vivía entre la gente, antes de su muerte nos dijo muchas cosas útiles para vivir plenamente, las podríamos resumir diciendo que dijo que quisiéramos a Dios y nos amáramos unos a otros. ¡No dijo esto y se fue! Lo más interesante es que resucitó, se hizo presente y sigue presente entre nosotros y llama a todos a vivir como él vivió, para después poder seguir viviendo con él en la vida que nunca se acaba. Con María, oremos por nuestros difuntos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

«Ser santos... tarea y conquista»... UN pequeño pensamiento para hoy


Definitivamente me llama la atención, en primer lugar a mí, que no sea capaz de encontrar un espacio en el día para escribir, cosa que tanto me gusta, pero de verdad, creo que la vida me sobrepasa seguramente porque con los años ya no rindo lo mismo. Pero, qué más puedo hacer, aceptar que aunque mucha gente me reclame que no escriba, entienda que esto no es una obligación que nadie me haya impuesto y que el compartir mi pensar, es cosa que yo quiero hacer a pesar de enfrentarme con mi incapacidad de hacer rendir más el día, tal vez por no organizarme. En fin, ya es miércoles y el lunes pasado por la mañana empecé a escribir esto que entrecomillo y que era la reflexión para ese día: «Al leer el Evangelio de hoy (Lc 13,10-17), la figura de la mujer «encorvada» que no podía enderezarse. Es decir, una mujer que no podía ver la vida en plenitud, pues el que pasa la vida agachado solamente ve el piso y no puede contemplar el cielo. Una mujer que, como dice uno de los estudiosos de este pasaje bíblico, se agacha para que otros pasen, que, como describía el profeta exílico, “a ti misma te decían: póstrate para que pasemos, y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle de los que pasaban” (Is 51,23). Esta mujer, si vemos, es todo un símbolo de muchos que, agachados por l vida, sumergidos en tantas preocupaciones, críticas, incomprensiones y demás, van “agachados por la vida”.» Resulta que ya estamos iniciando un nuevo mes, noviembre, y yo aquí sigo sumergido en un sin fin de tareas, proyectos y encomiendas que no logro organizar ni terminar.

Ahora, que es día de todos los santos, retomo el escrito empezado, pero continúo con la reflexión para este día, mientras le pido a Dios que me conceda, si es su voluntad, seguir escribiendo. Y es que la verdad tengo un gran defecto que se ha acrecentado con los años... ¡necesito dormir por lo menos 6 horas diarias y en la noche, después de las 10 no doy una! No cabe duda de que para ser santo se requieren cosas tan sencillas y muchas de las cuales no soy capaz de abrazar. Sólo Dios es Santo, eso lo sabemos. La Santidad es algo propio de Dios. Por eso, hoy 1 de noviembre celebramos su santidad comunicada y manifestada en hombres y mujeres que se abrieron al torrente de la gracia de Dios y respondieron a ella en su vida entregándolo todo, viviendo de una manera heroica. Las bienaventuranzas, que san Mateo nos regala en el Evangelio de hoy (Mt 5,1-12), son un resumen de las enseñanzas de Jesús que nos muestran el modo de vivir cristiano que es una imitación del modo de vivir de Cristo, quien nos vino a demostrar que la felicidad está en la actitud de apertura y sencillez de los pobres, los sencillos, los humildes, los desapegados de los bienes, los pacíficos...

Las bienaventuranzas son un proyecto de felicidad que pasa por la imitación de Cristo, es decir, por la entrega de sí mismo y por la cruz. Jesús proclama bienaventurados a los que el mundo llama desafortunados, porque es Dios el único capaz de colmar el deseo insaciable de felicidad del hombre. Celebramos a todos los Santos, es decir también a los que no tienen un día en el Santoral, a tantos santos desconocidos, nuestros familiares, conocidos de nuestro pueblo, hombres y mujeres que en su vida cooperaron con la gracia, vivieron haciendo la voluntad de Dios y ahora gozan de su presencia en la Iglesia triunfante en el cielo. Dice el Apocalipsis que son una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas. Sus vidas nos dicen que «si se puede», que el camino de las bienaventuranzas es realmente un camino de gozo y plenitud. Con María y todos los santos, demos gracias por el regalo de la tarea y conquista de la santidad. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

domingo, 29 de octubre de 2023

«El centro de la vida ha de ser el amor»... Un pequeño pensamiento para hoy


Definitivamente todo discípulo–misionero de Cristo ha de tener claro que el centro de la vida ha de ser el amor. Ya lo decía santa Teresita: «Mi vocación es el amor». Cuando la beata María Inés Teresa habla de su conversión escribe: «Cuando él me atrajo sobre su pecho, cuando dijo a mi oído las dulces palabras de su amor, vi que había encontrado el único amor que podía saciarme, el único que podía hacerme feliz» (Viva Cristo Rey). San Carlos de Foucauld, en una carta a su amigo converso Luis Massignon le anota: «El amor consiste no en sentir que se ama sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor.» (Carta del 15 de julio de 1916).

El Evangelio de hoy (Mt 22,34-40), que toda el tema del amor, y los ejemplos de vida de tantos beatos y santos, me hace reflexionar que los vacíos de la vida de muchos en la época actual, el desaliento, la tristeza que poco a poco embarga su vida, el martirio de la enemistad familiar, la falta de comprensión y perdón y el miedo son producto de no comprender lo que es el amor a Dios y al prójimo. Ante la pregunta que un doctor de la ley, es decir, un especialista, un letrado, le hace a Jesús sobre cuál es el más grande todos los mandamientos, el Señor le responde que amar a Dios y al prójimo debe ser lo más importante en esta vida, por encima de nuestras posesiones, logros y responsabilidades. Por eso, entre más alguien se aleje de esa instrucción de Jesús, menos cerca podrá estar de alcanzar la felicidad y más tormentoso será su cotidiano vivir.

El corazón es el lugar del cuerpo donde la persona siente. Nuestro Padre Celestial y el prójimo, quieren que les expresemos nuestros sentimientos de amor, pero, para eso, debemos amarnos a nosotros mismos, respetarnos, querernos, cuidarnos. Por su parte, el alma es donde toma las decisiones, donde hacemos nuestra elección de amar a Dios por ser Dios y al prójimo porque es «hermano», un hijo de Dios como yo. La mente es donde uno piensa. Es en nuestra mente que los pensamientos, las impresiones, la inteligencia y el aprendizaje cobran vida. Allí pensamos en cómo amar a Dios y en como hacerle amar. Allí caben las ilusiones, las esperanzas, las inquietudes, los anhelos, las vidas de nuestros hermanos y allí entendemos que, lo que queremos para nosotros, lo anhelamos para el otro. Que María nos ayude a amar así, como Jesús nos marca. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 28 de octubre de 2023

«Simón y Judas»... Un pequeño pensamiento para hoy

Después de llegar a casa a las 3:30 de la mañana debido al atraso de mi vuelo, como suele suceder cuando me toca volar en viernes, me preparo con las oraciones de la mañana para celebrar Misa de 8:00 y Misa de 9:30 por la mañana —no pienso aún en las de la tarde, de precepto— y me gozo de celebrar —tal vez un poco somnoliento, porque muchos de ustedes saben que soy «pájaro madrugador», pero se me descompensa todo cuando me tengo que acostar después de las 10:30 de la noche— la fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo. Dos personajes cuya veneración por parte del pueblo de Dios son muy diferentes. Mientras San Judas Tadeo es recordado e invocado como mediador para las causas imposibles en el mundo entero, pocos recurren a San Simón. La Iglesia los celebra en un mismo día porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos a todas partes a predicar la Palabra de Dios.

El Evangelio centra nuestra atención este día en el relato de la elección de los «Doce» (Lc 6,12-19). Entre ellos, al ver la lista, reconocemos a cada uno de los llamados como único e irrepetible, y vemos, así, el conjunto que nos muestra una gran diversidad de los miembros que han sido llamados a formar—junto a unas mujeres que se mencionarán en otro fragmento del evangelio— este grupo inicial de los que siguieron a Jesús. El Papa Benedicto VXI, de feliz memoria y hablando en una audiencia precisamente de las figuras de Simón y Judas, dice «que el grupo de los Doce es la prefiguración de la Iglesia, en la que deben encontrar espacio todos los carismas, pueblos  y razas, así como  todas  las  cualidades  humanas, que  encuentran  su armonía y su unidad en la comunión con Jesús» (Audiencia general del 11 de octubre de 2006). 

Está por clausurarse mañana 29 la primera etapa del Sínodo sobre la sinodalidad en el Vaticano. Creo que la mayoría de nosotros ha estado al tanto o por lo menos habrá quienes han escuchado o leído una que otra noticia. Este Sínodo, que continuará en octubre del año entrante, nos ha mostrado precisamente esta diversidad que hace una hermosa unidad de vida y acción eclesial de evangelización en la Iglesia. Como Simón y Judas Tadeo, nosotros también, en nuestros tiempos, somos diferentes, pero nos sabemos llamados. Unos, por alguna razón, gozan de la popularidad que sigue teniendo San Judas Tadeo, otras, como San Simón, llevarán una vida más callada y con menos presencia visible en la Iglesia, pero todos, bajo el cuidado de María, la Madre del Señor, caminamos al unísono buscando la gloria de Dios y la salvación de la humanidad. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.