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sábado, 2 de agosto de 2025

«EL JUBILEO»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Qué significativo me resulta que mientras en Roma se celebra este fin de semana el Jubileo de los jóvenes en el marco de este Año Santo, la liturgia de la Palabra de la Misa de hoy (Lv 25,1.8-17) nos presenta el origen del jubileo en el Antiguo Testamento. Eso me da la oportunidad y a ustedes junto conmigo, de reflexionar un poco en el sentido que un jubileo tiene para el hombre y la mujer de hoy. En el Antiguo Israel, el Jubileo se celebraba cada 50 años y ofrecía un reseteo total. La idea del Jubileo viene del Yobel (יובל) del Antiguo Testamento, que expresa el resonar del shofar «cuerno de carnero”». Este cuerno resonaba por todo el territorio para marcar el momento de regresar al orden establecido cada 50 años. Algunos expertos van un paso más allá y vinculan Yobel con el verbo hebreo «jabal», que significa «restituir» o «devolver». En todo caso, la idea la que nos remite es esta: restaurar lo que se había perdido.

Esta restauración hacía que la gente reconociera que la paz y la justicia solo eran posibles bajo una soberanía superior. Hasta la tierra descansaba durante el Jubileo, una práctica que debía expresar la confianza absoluta de todo el pueblo en que el sustento no venía solo del esfuerzo humano, sino especialmente de las bendiciones de Dios. Además, esta pausa servía para recordar que los israelitas no eran propietarios absolutos de los recursos que explotaban. El descanso, en este reseteo, también permitía reflexionar sobre lo que importaba de verdad. Era una oportunidad para volver a centrarse, reforzar compromisos y vivir según un sistema más justo. Otro aspecto central del Jubileo era la liberación de esclavos, una acción cargada de significado tanto práctico como espiritual. La misericordia, era el eje fundamental del Jubileo. Cancelar deudas, liberar esclavos, redistribuir recursos eran acciones que no se realizaban como meras transacciones. Eran recordatorios de un modelo donde los valores se imponían a la acumulación y el abuso. El Jubileo evitaba que las desigualdades se enraizaran. Renovaba las bases de una comunidad más equitativa. El Jubileo, en su origen y tal y como lo plantea el Antiguo Testamento, conectaba con la esperanza humana de un nuevo comienzo. 

El Jubileo Católico, está basado en este hecho histórico y es un evento trascendental dentro de la Iglesia Católica no cada 50, sino cada 25 años, invitando a los fieles de todo el mundo a un tiempo de renovación espiritual, reconciliación y encuentro. Este año el lema es, como he compartido en otras reflexiones: «Peregrinos de la Esperanza», un lema que en el Jubileo busca inspirar a las personas a reflexionar sobre la misericordia, la solidaridad y la construcción de un mundo más justo, a través de peregrinaciones, oraciones y acciones concretas que promuevan la unidad y el servicio a los demás. Como signo visible del inicio de este tiempo de gracia, se lleva a cabo la apertura de las Puertas Santas, un gesto simbólico que invita a los creyentes a vivir este tiempo con fe y esperanza. Todos los miembros de la Iglesia hemos sido invitados a ir a Roma, participar, cruzar la puerta santa y ganar la indulgencia plenaria que esto concede. Algunos ya hemos podido vivir esta experiencia y para cada una de las vocaciones, las etapas de vida y las ocupaciones, se va viviendo de forma diferente, muy espiritual, profunda e impactante, como sucede este fin de semana con la presencia de más de medio millón de jóvenes. ¿Esperarás 25 años si puedes peregrinar este? Pidamos a la Virgen, «Esperanza Nuestra» que nos ayude a aprovechar todas las gracias de esta fiesta. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

sábado, 14 de junio de 2025

«Jubileo del deporte y el sueño cumplido de Frank»... Un testimonio

«CAMPEONES, PERO SOBRE TODO ARTESANOS DE ESPERANZA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este fin de semana, Roma se convierte en el escenario de una gran fiesta deportiva con motivo del Jubileo del Deporte, el vigésimo gran evento del Año Santo 2025. Miles de atletas, tanto profesionales como amateurs, junto con entrenadores, dirigentes de asociaciones deportivas y familias enteras, llegarán desde los cinco continentes para participar en esta cita especial. Ya sé que están pensando que me gustaría estar allí, pues conocen mi pasión por el deporte. Aunque debido a varias circunstancias ajenas a mí, ya no comparta fotografías que les alienten a entrenar, sí les dejo muchos pensamientos y frases que les ayuden a entrenar con ganas. La famosa Plaza del Popolo se ha transformado en un animado «Pueblo del Deporte» con la «Fiesta del Deporte», en donde niños, jóvenes y adultos de todas edades y colores, goza de la posibilidad de probar diferentes disciplinas deportivas, ver demostraciones en vivo y conocer más sobre el mundo del deporte. De allí, esta tarde, se realizará un peregrinaje hacia la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, recorriendo algunas calles del centro de Roma: Via del Corso, Via Tomacelli, Ponte Cavour, Piazza dei Tribunali, Piazza Pia y Via della Conciliazione. Mañana a las 10:00 de la mañana el papa León XIV presidirá la Misa solemne en la Basílica de San Pedro.

Yo creo que todo deportista cristiano debe ser teológico, porque cuanto más comprende un atleta la grandeza de Dios, es menos probable que camine buscando su propia gloria, aunque en el caso de los sacerdote, se nos critique o se nos juzgue a veces sin comprender esto. En la Sagrada Escritura observamos que es valioso ponernos a prueba, examinarnos y considerar nuestros caminos, incluyendo nuestro corazón y por supuesto, la forma en que practicamos los deportes (2 Co 13,5; 1 Co 11,28; Sal 119,59). La primera lectura de hoy (2 Co 5,14-21) inicia afirmando: «El amor de Cristo nos apremia»... De entrada, al ver estas palabras y en medio del gozo de este jubileo me pregunté: ¿Cómo haría San Pablo para mantenerse en forma y poder responder al reto de evangelizar? El «Apóstol de las Gentes» se embarcó en cuatro viajes misionales principales, recorriendo unos 14 725 kilómetros en catorce años. Su disposición a recorrer grandes distancias para predicar de Cristo ayudó a establecer el cristianismo en todo el Mediterráneo porque, como expresa: El amor de Cristo le apremiaba. Por el tipo de deporte que practico, desde joven, entreno en un gimnasio —cuando me cambian de misión busco alguno cercano— y hago parte de mi vida de oración a quienes voy conociendo en el mismo. Voy aprendiéndome sus nombres, los invito a la misa dominical e incluso he catequizado y bautizado a algunos adultos que vivían lejos de Dios. A algunas de estas personas las confieso, las acompaño espiritualmente, bendigo sus casas o sus carros... de esta manera el GYM es para mí, un espacio de evangelización privilegiado. 

Como deportista —a pesar de las críticas, malos juicios o malos entendidos que puedas encontrar incluso de parte de los más cercanos a ti—, puedes darle gloria a Dios mostrando una actitud de agradecimiento y gozo. Entrena conscientemente pensando en todo momento que el amor de Cristi te apremia como a San Pablo. Quiero terminar mi reflexión de este día recordando a mi querido papa Francisco, quien en uno de sus discursos, de esos que uno guarda, expresó: «Los lazos entre la Iglesia y el deporte son una bella realidad que se ha ido consolidando en el tiempo, porque la comunidad eclesial ve en el deporte un válido instrumento para el crecimiento integral de la persona humana. La práctica del deporte, en efecto, estimula una sana superación de sí mismos y de los propios egoísmos, entrena el espíritu de sacrificio y, si se enfoca correctamente, favorece la lealtad en las relaciones interpersonales, la amistad y el respeto de las reglas» (Mensaje a los delegados de los comités olímpicos europeos el 23 de noviembre de 2013). Yo no sé si la santísima Virgen María practicó algún deporte, pero la Biblia afirma que «se encaminó presurosa» (Lc 1,39) a visitar a Isabel... sin estar en forma no hubiera podido ir presurosa, ¿qué no? ¡Bendecido sábado recordando a María siempre!

Padre Alfredo.

martes, 28 de junio de 2022

EL LOGO DEL JUBILEO DEL 2025*...


El logo del jubileo del 2025 fue presentado en la Sala Regia del Vaticano. Mons. Rino Fisichella afirma: La fragilidad experimentada en estos últimos años, unida al miedo por la violencia de las guerras, no hace sino hacer paradójica la condición humana. Urge vivir el próximo Jubileo a la luz de la esperanza.

“Que el Jubileo sea un verdadero acontecimiento eclesial capaz de sostener la fe y ser un estímulo para la evangelización”. Esta esperanza fue señalada por Monseñor Rino Fisichella al presentar el Logo Oficial del Jubileo 2025, que se celebrará, precisamente, con el lema “Peregrinos de esperanza”. En este contexto histórico es urgente, dijo el Presidente del Dicasterio para la Promoción de la Nueva Evangelización, vivir el próximo Jubileo "a la luz de la esperanza":

Cada Año Santo, en la historia de la Iglesia, adquiere todo su sentido cuando se inserta en el contexto histórico que vive la humanidad y especialmente cuando es capaz de leer los signos de las ansias y angustias unidas a las expectativas que la gente percibe. La fragilidad experimentada en estos últimos años, unida al miedo por la violencia de las guerras, no hace sino hacer paradójica la condición humana: por un lado, siente el poder de la técnica que determina los días de forma preponderante; por el otro, a menudo se encuentra incierta y confundida acerca de su futuro. De aquí surgió inmediatamente la urgencia de vivir el próximo Jubileo a la luz de la esperanza.

El Logo.

Para la realización del Logo el Dicasterio para la Promoción de la Nueva Evangelización organizó un concurso con un alto índice de participación: se recibieron 294 propuestas de 213 ciudades y 48 países diferentes. El rango de edad de los participantes fue de 6 a 83 años. De hecho, - ponderó el presidente del Dicasterio - se han recibido muchos dibujos hechos a mano por niños de todo el mundo y fue realmente conmovedor revisar estos dibujos, fruto de la imaginación y la fe sencilla. 

Lectura teológica del logo.

Monseñor Rino Fisichella ofreció una lectura teológica del logo: en primer lugar, el Logo representa cuatro figuras estilizadas para indicar la humanidad que proviene de los cuatro puntos cardinales. Se abrazan, para indicar la solidaridad y fraternidad que debe unir a los pueblos. Se notará que el primero de la fila está aprehendido a la cruz. Es el signo no sólo de la fe que abraza, sino de la esperanza que nunca puede ser abandonada porque la necesitamos siempre y sobre todo en los momentos de mayor dificultad. Es útil observar las olas que están abajo y que están agitadas para indicar que la peregrinación de la vida no siempre se mueve en aguas tranquilas. Frecuentemente las vicisitudes personales y los acontecimientos del mundo imponen con mayor intensidad el llamado a la esperanza. Por eso hay que destacar la parte inferior de la Cruz que se prolonga en forma de ancla, que se impone al movimiento de las olas. Como sabemos, el ancla se ha utilizado a menudo como metáfora de la esperanza. El ancla de la esperanza, de hecho, es el nombre que recibe en el lenguaje de los marinos el ancla de reserva, utilizada por las embarcaciones para realizar maniobras de emergencia para estabilizar la barca durante las tormentas. No se debe pasar desapercibido que la imagen muestra cómo el camino del peregrino no es un hecho individual, sino comunitario, con la impronta de un dinamismo creciente que tiende cada vez más hacia la Cruz. La Cruz no es estática, sino también dinámica, se inclina hacia la humanidad, sale a su encuentro y no la deja sola, ofreciéndole la certeza de la presencia y la seguridad de la esperanza. Finalmente, se ve claramente, en color verde, el Lema del Jubileo 2025, Peregrinantes in Spem.

El lema: “Peregrinos de esperanza”, Peregrinantes in Spem

“Peregrinos de esperanza” es el lema elegido para este acontecimiento para expresar la necesidad de dar sentido al presente y así pueda ser propedéutico en un verdadero impulso hacia el futuro para reconocer y responder a los diversos desafíos que plantea el tiempos. Estamos dando los primeros pasos en la cultura digital. “El próximo Jubileo no puede dejar de entrar en esta cultura”, afirmó Mons. Rino Fisichella.

Se deberá permitir – dijo - que millones de usuarios se conviertan en peregrinos también a través de la tecnología digital y se muevan por los caminos captando la belleza y sacralidad del momento a través de la recepción de noticias que, si bien permiten recordar siglos de historia, aún obligan a permanecer enraizados en el presente con el compromiso que ello requiere.

Los próximos dos años.

Dos años faltan para el Jubileo, y, tal como pidió Papa Francisco, el 2023 estará dedicado “a repasar los temas fundamentales de las cuatro Constituciones conciliares para que la Iglesia respire de nuevo la enseñanza profunda y actual producida por el Vaticano II, cuyo 60° aniversario de su apertura se celebrará el 11 de octubre”, explicó Fisichella. Para ello se encuentran en preparación “una serie de subsidios ligeros, escritos en un lenguaje cautivador”, para que “quien no recuerde el acontecimiento, tenga curiosidad y se adentre en el contenido del Concilio para descubrir el anhelo innovador que permitió a la Iglesia entrar con conciencia en el tercer milenio de su historia”.

El 2024, por su parte, será “un año dedicado a la oración” para crear un contexto favorable al Jubileo y permitir a los peregrinos prepararse para este acontecimiento, que es ante todo “espiritual”. Oportunamente, se anunciarán los eventos específicos que acompañarán estos dos años para tener un primer esquema preparatorio. 

* El Logo certifica oficialmente las iniciativas, los proyectos, las comunicaciones y los eventos que se propondrán para la preparación y celebración del Jubileo 2025. Podrá ser utilizado por todas las comunidades de forma gratuita exclusivamente para las iniciativas de carácter pastoral sin fines de lucro. Mientras que el uso del Logo con fines comerciales a nivel nacional o internacional está sujeto a derechos de autor (copyright) y es administrado por el Dicasterio.

viernes, 21 de octubre de 2016

LA VIVENCIA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA EN LOS MONASTERIOS DE CLAUSURA...


Hace poco, relativamente, me tocó visitar, como Misionero de la Misericordia, dos Monasterios de comunidades diversas y en dos países distintos. El primero fue el Monasterio de las Madres Trinitarias de María, en West Covina, California, en Estados Unidos; el segundo fue el Monasterio De Nuestra Señora Reina De La Paz, de las Clarisas Capuchinas en Perote, Veracruz, en México.

De una u otra manera, la palabra «misericordia» inunda todos los carismas de la vida religiosa, y por supuesto la vida en la clausura de los monasterios. Un amor compasivo de ida y vuelta circula dentro de cada comunidad, y lo proyecta, sobre todo a través de la oración y el sacrificio que se ofrece por la humanidad entera, a los corazones de quienes viven en la miseria de la injusticia, la pobreza, la violencia, la falta de libertad y en las tinieblas del mundo actual.

No puedo describir el gozo inmenso que en cada uno de estos dos monasterios despertó la llegada de un «Misionero de la Misericordia». Una monja muy anciana, con lágrimas en sus ojos exclamó llena de gozo: «¡Nunca me imaginé que un Misionero de la Misericordia viniera a nuestro Monasterio! ¡Somos tan poquitas y tan lejos!».

En un estilo de vida pobre y sencillo, es fácil percibir el gozo de seguir a Cristo y vivir para Él. Cada uno de los monasterios, con su estilo particular  de vida, según sus fundadores, es un oasis en medio del mundo en donde la vivencia de la misericordia de Dios, mediante el seguimiento de Cristo por la profesión de la consagración religiosa, se hace signo y testimonio de esta misericordia infinita en la Iglesia y en el mundo. La meta de cada monje y de cada monja, es siempre hacer presente la misericordia divina, mediante la espiritualidad del seguimiento de Cristo anonadado para la vida del mundo, con un profundo sentido eucarístico, junto a una dependencia singular y confianza sin límites en María Santísima en una vida de clausura, en el mundo, pero sin ser del mundo (Juan 15,19).

Frente a cualquier «tendencia innatural de depreciar el mundo y sus valores», tras las huellas del Señor, en el monasterio se participa de la dinámica encarnatoria de Cristo, el Señor de la Misericordia, estando en el mundo sin ser de él.

Estar en el mundo significa para estas religiosas de clausura, asumir el mundo visible creado por Dios como proyecto a realizar mediante un recto dominio sobre sí mismas y sobre todo lo creado. Estar en el mundo significa para cada una de ellas —al igual que en los monasterios de varones— asumir el propio papel histórico y comprometerse intensamente a ofrecer un espacio en donde la misericordia es el pan de cada día. Estar en el mundo significa para ellas evangelizar la cultura y las culturas del hombre, como expresión de la misericordia, que ofrece espacios en donde frente a Jesús Eucaristía o al repaso de las cuentas del Santo Rosario, se implora para el mundo la misericordia que allí, dentro de las cuatro paredes del monasterio, se vive con alegría y en paz.

No podemos olvidar que a pesar de haber sido bautizados aún hay algo en nosotros que nos inclina al mal. El Papa Francisco nos recuerda que todos somos pecadores y estamos necesitados de la misericordia y el perdón de nuestro Dios, porque nadie estamos totalmente libres de la influencia alienante del mundo antagónico a Dios. Por tanto, en respuesta al llamado que Dios les ha hecho, estas mujeres buscan, en el monasterio, poner todo empeño no sólo para no acomodarse al mundo presente rechazando sus criterios y pseudo-valores, sino también para conformarse día a día con el Dios misericordioso mediante la continua conversión. Así, recibir a un Misionero de la Misericordia en el Monasterio, brindó la oportunidad de echarse un clavado al corazón, hacer un buen examen de conciencia y acercarse al sacramento de la reconciliación para celebrar la Eucaristía con un corazón nuevo.

La misión que se tiene en cada monasterio, exige en primer lugar dejarse iluminar por la luz de Cristo misericordioso, permitiendo que Aquel que es la Luz de los hombres (Jn 8,12) ilumine plenamente el propio ser y disipe todo lo que en el consagrado haya de oscuridad, de pecado, de mal. Quien a la luz de la verdad sobre Dios y sobre el hombre revelada por el Señor de la Misericordia descubre cada vez más y reflexiona continuamente sobre su propia identidad, no podrá ser confundido, ni engañado, ni avasallado por el dinamismo alienante del mundo y, a la vez, como discípulo-misionero, ofrecerá al mundo un  espacio en donde la misericordia se puede palpar a flor de piel.

La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fue formando su corazón misionero en el ambiente de un convento de clausura «El Ave María», allí pasó 16 años de su vida inmersa en la infinita misericordia de Dios. Ella escribió: «¡Cada alma que amas Jesús, y que corresponde a tu amor es una historia deliciosa de tu misericordia, de tus ternuras! Es la página más hermosa de tu misma vida, si me permites la expresión, porque en ella haces derroches de tu ciencia por excelencia, que es amar, darte por entero, entregarte sin reserva, para que las almas también se te den, se te entreguen sin reservas; eres el Mendigo del amor».

¡Dios, en su infinita misericordia, siga suscitando la vocación a la vida consagrada en la clausura!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

sábado, 15 de octubre de 2016

EL CENTENARIO DE LAS APARICIONES DE FÁTIMA...


El 13 de Mayo de 2017, se celebrará el Jubileo de los 100 años de la primera aparición de la Madre de Dios en Fátima, así como el 13 de Octubre lo será para el "milagro del sol".

Hace 99 años, el 13 de octubre de 1917, ante más de 70,000 peregrinos en Fátima (Portugal), se produjo el «Milagro del sol», en el que, luego de la última aparición de la Virgen María a Jacinta, Francisco y Lucía, los tres pastorcitos elegidos por ella, se pudo ver al sol moverse, en una especie de danza, según relataron todos los que estaban ahí. Luego de una lluvia voraz, las ennegrecidas nubes se abrieron y dieron espacio al astro rey, que según los testigos lucía como un suave disco de plata. Entonces, la luz del sol tomó diferentes colores y el sol pareció caer sobre las miles de personas, que se habían ya puesto de rodillas.

El milagro aquel duró alrededor de tres minutos. Además del «Milagro del sol», los pastorcitos comentaron que veían imágenes de Jesús, la Santísima Virgen y San José bendiciendo a la multitud. La Virgen se presentó como la Señora del Rosario.

Fue el día 13 de mayo de 1917 que los tres pastorcitos – Lucia, Francisco y Jacinta – vieron por primera vez a Nuestra Señora en Cova de Iria, en Fátima, Portugal. La Santísima Virgen aparecería a ellos cinco veces consecutivas, casi siempre el día 13 del mes, hasta octubre de aquel año.

El mundo estaba sumergido en las incertezas y en el sufrimiento de la Primera Guerra Mundial, que todavía se complicaría al poco tiempo con la irrupción de la llamada gripe española y, mucho peor, con la victoria de la revolución comunista en Rusia.

Al mismo tiempo, la sociedad aceleraba su caída en la rampa de la crisis de la fe y de la moral hasta llegar al punto en que nos encontramos hoy. Nuestra Señora venía a traer palabras de esperanza, un llamado a la conversión y oración por la conversión de los pecadores. Sobretodo, venía a hacer la promesa de una gran victoria:

«Por fin, Mí Inmaculado Corazón triunfará!»

El mensaje de la Virgen de Fátima sobre el rezo del Santo Rosario comienza el 13 de mayo de 1917. En aquella ocasión Lucía preguntó si ella y Jacinta irían al cielo, y la Virgen les confirmó que sí, pero cuando preguntó por Francisco, la Madre de Dios contestó: «también irá, pero tiene que rezar antes muchos rosarios». Luego la Virgen señaló: «Recen el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra».

En la segunda aparición la Virgen María se les presentó después que ellos rezaron el Santo Rosario, y en la tercera ocasión Nuestra Señora les dijo: «Cuando recen el Rosario, digan después de cada misterio: "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".»

Para la cuarta aparición, Jacinta le preguntó a la Madre de Dios lo que quería que se hiciera con el dinero que la gente dejaba en Cova de Iría. La Virgen les indicó que el dinero era para la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario y que lo que quedaba era para una capilla que se debía construir. Más adelante, tomando un aspecto muy triste, la Virgen les manifestó: «Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener quién se sacrifique y rece por ellas».

Al llegar el día de la quinta aparición, los niños pudieron llegar a Cova de Iría con dificultad debido a las miles de personas que les pedían que presentaran sus necesidades a Nuestra Señora. Los pastorcitos se pusieron a rezar el Rosario con la gente y la Virgen, al aparecerles, animó nuevamente a los niños a continuar rezando el Santo Rosario para alcanzar el fin de la guerra.

En la última aparición, antes de producirse el famoso milagro del sol, en el que el astro pareció desprenderse del firmamento y caer sobre la muchedumbre, la Madre de Dios pidió que hicieran en ese lugar una capilla en su honor y se presentó como la «Señora del Rosario». Posteriormente, tomando un aspecto más triste dijo: «Que no se ofenda más a Dios Nuestro Señor, que ya es muy ofendido». Esto sucedió el 13 de octubre de 1917.

El fallecimiento de la Hermana Lucia en 2005, poco antes de la del Papa Juan Pablo II, nos recordó vivamente las apariciones de Fátima. Hasta el fin de su vida, a los 98 años, ella fue un testimonio vivo, y recordaba al mundo las palabras de la Santísima Virgen. San Juan Pablo II, el Papa que más se mostró vinculado a Nuestra Señora de Fátima, nos recordaba el 13 de mayo de 1982: «La invitación evangélica a la penitencia y a la conversión, expresada con las palabras de nuestra Madre, siguen siendo actuales (...) Incluso hoy, es más urgente!»

¡Ha iniciado ya el Año Jubilar de las apariciones de Fátima!

En la parroquia de «NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA» de la colonia Pro-Hogar de la delegación Azcapotzalco, en Cd. de México, se puede ganar la indulgencia plenaria de este centenario, con las condiciones requeridas: participar en la Misa, comulgar estando en gracia y orar por las intenciones del Santo Padre. Allí mismo se está rezando diariamente esta oración del jubileo:

«Señor Jesucristo que en Fátima, Portugal, 
a través de tres niños nos invitas a todos: niños, jóvenes y adultos 
a reflexionar sobre nuestra vida y ser conscientes del error, 
la maldad y el pecado en el mundo, para mejorarlo, 
danos un corazón abierto a tu gracia para experimentar tu amor 
y como discípulos y misioneros tuyos 
trabajemos por nuestras familias 
y nuestra comunidad parroquial, 
para ser testigos de tu misericordia, justicia y paz. 

Virgen María, nuestra Señora de Fátima, 
movidos por el Espíritu Santo, 
a través de tu Inmaculado Corazón nos consagramos 
a Jesucristo nuestro Señor para honra del Padre 
y salvación de la humanidad.

Jesús, que todos te conozcan y te amen,
es la única recompensa que quiero.

Beatos Francisco y Jacinta, rueguen por nosotros.»