lunes, 21 de septiembre de 2026

«¿Dónde me coloco yo en el banquete?... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy el evangelio nos invita a contemplar lo que Jesús puede hacer en una persona que se decide a seguirlo: Mateo, el hombre cuyo oficio no era nada agradable para sus contemporáneos. Era servidor de Roma, cobrando impuestos para una nación opresora. Mateo desempañaba su oficio en una ciudad donde nuestro Señor iba con frecuencia, Cafarnaún. Como tantos otros, habría oído hablar de Jesús. Lo más sorprendente para él fue ser llamado por aquel Maestro para ser uno de los suyos. Nos lo cuenta él mismo y nos dice que su reacción fue levantarse, seguirlo y luego hacer un banquete y nada más, porque él no hace un relato de lo suyo. El objetivo de su evangelio es destacar la obra de Cristo no su propia vida.

Por eso su biografía y demás detalles carecen de importancia para él. Pero contarnos del banquete, eso sí fue importante. Mateo dice que había gente importante, fariseos y publicanos, y otros que pasaban por pecadores; «chusma» decimos en México para referirnos a mucha gente de todo tipo. La sorpresa de los que se sentían «importantes» debió de ser grande al verse en medio de gente de lo ordinario y algo más. Por eso, seguramente molestos, preguntaron a los discípulos por qué el Maestro se juntaba con gente de todo tipo. Como siempre, Jesús tiene palabras muy claras. Su respuesta debió dejarlos muy sorprendidos. Para ello cita a Oseas: «Misericordia quiero y no sacrificios». Y aquí está lo importante de por qué Mateo nos cuenta que hizo un banquete:

Tener misericordia es parecerse a Dios que tiene un corazón donde todos caben sin distinción de raza, de color, de edades o condición de vida. Su persona no entiende de clasificaciones humanas, pero si hay que hacerlas les recuerda un principio elemental, que el médico está para curar a los enfermos. Los sanos no necesitan de él. Les ha e quedar claro que la tarea principal del Maestro de Nazareth es buscar a los pecadores y sanarlos y todos estamos incluidos en esa condición de necesitados. Cristo ha venido a acoger a todos, especialmente a aquellos que más lo necesitamos. Por eso conviene que al recordar este evangelio cada uno de nosotros nos preguntemos: ¿Dónde me coloco yo en el banquete? ¿Me siento necesitado de Jesús? Me identifico solamente como un invitado o más bien me involucro tanto como María, que en un banquete no solo se sentó a la mesa, sino que atendió a los convidados haciendo que descubrieran quien era Jesús. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

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