Por eso su biografía y demás detalles carecen de importancia para él. Pero contarnos del banquete, eso sí fue importante. Mateo dice que había gente importante, fariseos y publicanos, y otros que pasaban por pecadores; «chusma» decimos en México para referirnos a mucha gente de todo tipo. La sorpresa de los que se sentían «importantes» debió de ser grande al verse en medio de gente de lo ordinario y algo más. Por eso, seguramente molestos, preguntaron a los discípulos por qué el Maestro se juntaba con gente de todo tipo. Como siempre, Jesús tiene palabras muy claras. Su respuesta debió dejarlos muy sorprendidos. Para ello cita a Oseas: «Misericordia quiero y no sacrificios». Y aquí está lo importante de por qué Mateo nos cuenta que hizo un banquete:
Tener misericordia es parecerse a Dios que tiene un corazón donde todos caben sin distinción de raza, de color, de edades o condición de vida. Su persona no entiende de clasificaciones humanas, pero si hay que hacerlas les recuerda un principio elemental, que el médico está para curar a los enfermos. Los sanos no necesitan de él. Les ha e quedar claro que la tarea principal del Maestro de Nazareth es buscar a los pecadores y sanarlos y todos estamos incluidos en esa condición de necesitados. Cristo ha venido a acoger a todos, especialmente a aquellos que más lo necesitamos. Por eso conviene que al recordar este evangelio cada uno de nosotros nos preguntemos: ¿Dónde me coloco yo en el banquete? ¿Me siento necesitado de Jesús? Me identifico solamente como un invitado o más bien me involucro tanto como María, que en un banquete no solo se sentó a la mesa, sino que atendió a los convidados haciendo que descubrieran quien era Jesús. ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comenta aquí: