miércoles, 30 de septiembre de 2026

«Para seguir a Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy


El evangelio de hoy (Lucas 9, 57-62) nos muestra a tres personas que quieren seguir a Jesús o que reciben de él la invitación. Pero el Señor no les endulza el camino: les advierte que seguirlo no garantiza gratificaciones, compensaciones ni comodidades —«el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza»— y les plantea una exigencia muy clara: ¡no mirar atrás! Dios espera nuestra respuesta, y el evangelio nos abre a una aventura cuyo final no podemos prever. Para emprenderla hay que salir de las comodidades cotidianas y de esos espacios familiares y seguros a los que tanto nos aferramos. ¡Cuánta gente «cuarentona» sigue sin salir de la casa de sus padres porque allí «está becada» y puede gastarse el sueldo a lo lindo sin responsabilidad alguna!

Cuando aquellos hombres piden tiempo para enterrar a sus padres o despedirse de sus familias, Jesús no les está pidiendo que desprecien su historia ni sus raíces. Les está mostrando que la llamada no admite excusas interminables ni aplazamientos. Para seguirlo hay que llevar sólo lo indispensable y poner el corazón entero en la construcción del reino de Dios, venciendo la incertidumbre y el miedo al cambio. Ante la grandeza y la soberanía de Dios que proclama la primera lectura, tomada del libro de Job (Job 9, 1-12), nuestra respuesta no puede quedarse en un buen deseo: ha de convertirse en misión y en esfuerzo por hacer comunidad. Arriesgarlo todo por el evangelio tiene un propósito: preparar la mesa de la fraternidad para que nadie quede excluido. Y, en ese camino, el único equipaje verdaderamente necesario es la misericordia y el amor de Dios.

En este día recordamos también la inmensa tarea de san Jerónimo, que dedicó su vida a traducir la Biblia para ponerla al alcance de todos. Su conocida afirmación —«ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo»— ilumina el evangelio de hoy: seguir al Señor supone escuchar su Palabra y dejar que ella ordene nuestros afectos, aligere nuestro equipaje y nos ponga en camino. Pidamos a san Jerónimo y, por supuesto, a María Santísima, la mujer que supo escuchar y guardar la Palabra, que nos ayuden a comprender que la Biblia no es un refugio para alejarnos de la vida, sino una lámpara para reconocer a Cristo y servirlo en nuestros hermanos. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

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