lunes, 21 de septiembre de 2026

El valor moral hoy y siempre...


A lo largo de la historia, las sociedades humanas han necesitado normas y brújulas invisibles para orientar sus decisiones. Estas guías no están escritas en leyes físicas, sino en la conciencia colectiva e individual: son los valores morales. Un valor moral es una cualidad o principio que le otorga sentido a nuestros actos, permitiéndonos juzgar si una conducta es buena o mala, justa o injusta. Valores como el respeto, la honestidad, la solidaridad y la responsabilidad funcionan como los cimientos que sostienen las relaciones humanas y la paz social. En una época marcada por el individualismo y los cambios constantes, reflexionar sobre el valor moral no es un ejercicio meramente filosófico, sino una necesidad vital. Nos invita a preguntarnos quiénes somos, cómo nos relacionamos con los demás y qué tipo de legado humano queremos construir en nuestra comunidad.

Llamamos valor a la cualidad que ostenta todo objeto que en sí mismo representa una preferibilidad, una superioridad. Se dice sencillamente que valor es «lo que vale»; pero para que una cosa valga necesita un reconocimiento. Por ejemplo, el oro tiene valor porque toda la humanidad ha reconocido que vale. Diríamos entonces que «valor es lo que vale para el hombre, y vale para lo que tenga significación en su vida». Hablar de valor, entonces, es hablar de dignidad humana. El valor moral es la mediación objetiva de la moralidad. Se integra de dos dimensiones: la realidad ética y la referencia religiosa, que en nuestro caso es hablar de una referencia cristiana.


a) REALIDAD ÉTICA

El valor moral cristiano, en cuanto realidad ética genérica, dice relación a la construcción normativa de lo humano. En la realización ideal de lo humano es donde reside el constitutivo del valor moral. Es decir, el valor moral dice relación a «promover a todos los hombres y a todo el hombre» (PP 14 de S.S. Pablo VI).
El valor moral se da en un proceso histórico y no como una realidad abstracta. Ya decíamos que la moral es una ciencia eminentemente práctica. 

Se da, además, como un dinamismo siempre creciente y no como la repetición de algo previamente dado. «La moral se vive». Yo creo que todos nos hemos hecho estas preguntas: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? En todo hombre existe la sensación de vivir, de vivir para algo, y en razón de algo. La idea que cada hombre tiene de lo que es, de su origen, de su destino, lo lleva a buscar una cierta manera de actuar, a un modo de vivir conforme a un valor moral.

El valor moral se presenta como una liberación de cada hombre y de todos los hombres y como un despliegue de humanidad que lleva al mismo hombre al desarrollo de su creatividad y a establecer un compromiso de hacer siempre una nueva humanidad.


b) REFERENCIA RELIGIOSA-CRISTIANA

El constitutivo específico del valor moral cristiano es Cristo, en cuanto que es interiorizado en el vivir de cada creyente. Este cristocentrismo del constitutivo del valor moral cristiano puede ser expresado de diverso modo. De hecho han existido formas diferentes de exponer el horizonte religioso de la ética cristiana. Algunos ejemplos son los siguientes:

La forma como cada hombre ordena los valores en su vida, obedece a su reconocimiento de las dignidades que representan estos valores. A la manera en como el hombre ordena los valores le llamamos «jerarquización»; así, hablamos de la «jerarquización de valores».

La jerarquización de valores, conforme a la moral, no permanece en un plano reflexivo, sino que se manifiesta en forma práctica y concreta. Hay en filosofía una ciencia, a parte de la ética o de la moral en teología, que estudio los valores y se llama axiología. No nos ocuparemos de ella, pero conviene saber que existe. Esta ciencia filosófica se plantea con sentido metódico y proyección abierta, la búsqueda de las esencias y de las variantes de los valores, para conocer, a través de ellas, otro sendero que conduzca a mejorar nuestra concepción de lo humano.

Los valores se van viviendo según la convicción moral de la persona, por eso, quien no tiene y vive una auténtica moral bien cimentado, será casi imposible que tenga una adecuada jerarquización de valores.

° El ejercicio de la caridad.
° La búsqueda del establecimiento del Reino de Dios.
° La imitación de Cristo.
° La realización del Cuerpo Místico de Cristo.
° El seguimiento de Cristo en sus diversas formas.

El valor moral va haciendo que el hombre ordene en su vida una serie de valores que regidos por la moral van marcando su caminar. Que los hombres vivan diversos valores y los consideren en manera diversa no quiere decir que se pierda la universalidad del valor moral, sino que este se realiza en valores concretos que el hombre va realizando en su diario vivir y a los cuales les va dando un cierto precio.

Padre Alfredo.

«¿Dónde me coloco yo en el banquete?... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy el evangelio nos invita a contemplar lo que Jesús puede hacer en una persona que se decide a seguirlo: Mateo, el hombre cuyo oficio no era nada agradable para sus contemporáneos. Era servidor de Roma, cobrando impuestos para una nación opresora. Mateo desempañaba su oficio en una ciudad donde nuestro Señor iba con frecuencia, Cafarnaún. Como tantos otros, habría oído hablar de Jesús. Lo más sorprendente para él fue ser llamado por aquel Maestro para ser uno de los suyos. Nos lo cuenta él mismo y nos dice que su reacción fue levantarse, seguirlo y luego hacer un banquete y nada más, porque él no hace un relato de lo suyo. El objetivo de su evangelio es destacar la obra de Cristo no su propia vida.

Por eso su biografía y demás detalles carecen de importancia para él. Pero contarnos del banquete, eso sí fue importante. Mateo dice que había gente importante, fariseos y publicanos, y otros que pasaban por pecadores; «chusma» decimos en México para referirnos a mucha gente de todo tipo. La sorpresa de los que se sentían «importantes» debió de ser grande al verse en medio de gente de lo ordinario y algo más. Por eso, seguramente molestos, preguntaron a los discípulos por qué el Maestro se juntaba con gente de todo tipo. Como siempre, Jesús tiene palabras muy claras. Su respuesta debió dejarlos muy sorprendidos. Para ello cita a Oseas: «Misericordia quiero y no sacrificios». Y aquí está lo importante de por qué Mateo nos cuenta que hizo un banquete:

Tener misericordia es parecerse a Dios que tiene un corazón donde todos caben sin distinción de raza, de color, de edades o condición de vida. Su persona no entiende de clasificaciones humanas, pero si hay que hacerlas les recuerda un principio elemental, que el médico está para curar a los enfermos. Los sanos no necesitan de él. Les ha e quedar claro que la tarea principal del Maestro de Nazareth es buscar a los pecadores y sanarlos y todos estamos incluidos en esa condición de necesitados. Cristo ha venido a acoger a todos, especialmente a aquellos que más lo necesitamos. Por eso conviene que al recordar este evangelio cada uno de nosotros nos preguntemos: ¿Dónde me coloco yo en el banquete? ¿Me siento necesitado de Jesús? Me identifico solamente como un invitado o más bien me involucro tanto como María, que en un banquete no solo se sentó a la mesa, sino que atendió a los convidados haciendo que descubrieran quien era Jesús. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 20 de septiembre de 2026

«Algunos no tiene la culpa de haber sido encontrados tarde»... Un pequeño pensamiento para hoy

El evangelio de este domingo (Mt 20,1-16) nos ofrece la parábola de los obreros de la viña, una de las más significativas en torno al misterio del Reino de Dios. Es una parábola que nos puede recordar, en su resultado final, la parábola del hijo pródigo, porque en el fondo se quiere hablar de la misma persona: Dios. A él podemos verlo como un padre que espera a su hijo y le ofrece misericordia, o como patrón de una viña que busca obreros durante todo el día. Y aquí aparece lo primero que conviene reflexionar: Dios no se cansa de salir a buscarnos. Él sale temprano, sale al mediodía, sale cuando ya parece tarde, y sale incluso cuando nosotros pensamos que ya no vale la pena. Si la Iglesia fuera una oficina humana, quizá habría un letrero que dijera: «Se reciben discípulos–misioneros de Cristo de 9 a 7; pero como la Iglesia no es el edificio, sino la viña del Señor, parece que el horario es más amplio que el de una panadería por ejemplo, porque la misericordia de Dios no cierra ni por inventario.

La salvación de los hombres no funciona con los criterios de este mundo. ¿Se acuerdan que un día escribí algo sobre la lógica de Dios, que es tan diferente de la nuestra? «Mis caminos no son sus caminos» (Is 55). Todo en esta parábola parece ser desconcertante y a la vez original. La justicia estricta, con sus cargas pesadas y absurdas, queda subordinada a la misericordia o la generosidad. El dueño de la viña es generoso con todos, a nadie le ha pagado mal. No hay rebajas, pero hay caridad. Así funciona el Reino, no el mundo, y así se hace justicia de una forma absolutamente distinta a la de cualquier otra institución. El trabajo «de sol a sol» en aquellos tiempos era de doce horas, que se dividían habitualmente de tres en tres. Supongamos que de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Los primeros jornaleros fueron contratados a las 6 de la mañana, y los últimos, a las 5 de la tarde, la undécima hora. Es muy posible que aquellos hombres no merecieran ese jornal desde el punto de vista de la justicia simple o productiva, pero desde la bondad de Dios han recibido gratuitamente lo que necesitaban, porque Dios no llega nunca tarde. 

Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de la salvación. Todos los jornaleros pudieron llevar a sus casas el pan de cada día, unos por justicia y otros por generosidad. Pero eso no acontece más que en el que por encima de la justicia helada de los hombres, se mueve en la misericordia de la salvación, del perdón y de la solidaridad. Hay una pequeña fábula que quiero compartir: «Una vez, un sembrador tenía dos sacos de trigo; uno grande, lleno desde temprano, y otro pequeño, casi vacío, que encontró al caer la tarde. Cuando llegó la noche, puso semilla en los dos campos. El vecino le dijo: “¿Por qué gastas semilla en ese terreno que llegó tarde?” Y el sembrador respondió: “Porque la tierra no tiene la culpa de haber sido encontrada al final del día; si recibe semilla, también puede dar fruto”». Tal vez así mira Dios nuestra vida: no sólo contando las horas trabajadas, sino mirando el hambre que traemos, la esperanza que nos queda y el fruto que todavía podemos dar. Y bueno... tal vez tampoco fue justo que los novios de Caná quedaran bien con un vino que no habían comprado —¡saludaron con sombrero ajeno!—, pero bastó la voz de María que serenamente dijera: «Hagan lo que él les diga». ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 19 de septiembre de 2026

«Aquí se queda un pedazo de mi corazón»... Un pequeño pensamiento para hoy


Aquí en Indonesia la gente siembra mucho. ¡Cómo agradezco a Dios el viaje que hice de Surabaya hasta aquí a Yakarta en tren! Me basta cerrar los ojos para volver a contemplar la hermosura de los arrozales junto con los campos de maíz y de hortalizas. Aquellos extensos campos fueron como una catequesis silenciosa: cada espacio hablaba de manos pacientes, de jornadas humildes, de sudor escondido y de una esperanza que no hace ruido, pero que sostiene la vida. Esos campos me hablaban de esfuerzo, pero sobre todo de confianza en el futuro: se siembra porque se espera; se deposita la semilla en la tierra porque se cree que, a su tiempo, dará fruto.

El evangelio de hoy (Lc 8,4-15) nos recuerda que no toda semilla llega a dar fruto: unas caen en el camino y los pájaros se las comen; otras encuentran piedras que entorpecen su crecimiento; otras quedan sofocadas por las zarzas que les roban la fuerza y la sazón. Allá en El Tigre, en nuestra misión de Michoacán en México, después de sembrar, los campesinos vuelven a sus campos cada mañana a mirar la tierra aparentemente vacía y que precisamente porque no se ve nada, hay que cuidar más la semilla. Así sucede también con la Palabra de Dios: muchas veces trabaja en silencio, escondida en lo profundo del corazón. Y, sin embargo, a pesar de esas pérdidas y esperas, la parábola de hoy nos entrega un mensaje profundamente esperanzador: la semilla dará abundante cosecha cuando sea acogida con fe y alegría por los pobres, los pequeños y los pecadores, por todos aquellos que saben abrir el corazón a la Palabra de Dios.

Ayer, cuando terminé mi última conferencia, me pedían una palabra, no pensé decir más de lo que dije: «aquí se queda un pedazo de mi corazón». Creo que lo que tenía que decir lo he dicho en cada misa y en cada conferencia que he dictado a este último grupo inesiano. Sé que, empezando por mí, hemos acogido la Palabra con humildad, porque conocemos qué clase de tierra somos, cómo la tratamos, cómo la cuidamos y cómo la defendemos. Sembramos un cuerpo humano, un cuerpo terreno, hecho de la tierra que ha querido consagrarse a Dios; y sabemos que la fuerza del Espíritu lo hace fructificar como cuerpo espiritual, hasta llegar a ser imagen de Cristo. Quiero orar y decirle al Señor: Mira nuestra gratitud por estos días y aumenta en nosotros el deseo sincero de acoger la semilla de tu Palabra. Haz que esta simiente sea también sembrada en los surcos de toda la humanidad. Que nuestras vidas proclamen con fidelidad la Palabra divina y el mensaje de Madre Inés, junto con María, para que tengamos siempre un corazón abierto a la palabra de vida y de salvación. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 18 de septiembre de 2026

«DISCÍPULOS AGRADECIDOS EN COMUNIÓN Y CAMINO SIEMPRE SIRVIENDO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Casi llego al final de estos días maravillosos que he pasado en este hermoso archipiélago del sudeste asiático y mi corazón se llena de gratitud por el camino compartido con dos grupos de 30 misioneras clarisas indonesias, ya que entre ellas solamente hay una costarricense que está en la casa de Vietnam. La reflexión y la gracia de Dios que nos ha acompañado en esta «Experiencia Inesiana» que antes había vivido solamente en México. No me parece casualidad que para iluminar el cierre de esta experiencia inesiana y renovar nuestra misión en medio del mundo, aparezca el evangelio de hoy (Lc 8,1-3) regalándonos un ícono luminoso de seguimiento y servicio: aquellas mujeres que caminaban con Jesús que me recuerdan a estas hermanitas consagradas con las que he compartido la mayoría de las conferencias que he impartido en esta isla de Java. El texto nos dice que a Jesús lo acompañaban los Doce, y también algunas mujeres: María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras que «les servían con sus bienes». En ellas contemplamos no solo una imagen de la vida consagrada, sino también una llamada para todos los bautizados: caminar cerca del Señor, poner la vida al servicio del Reino y sostener la esperanza allí donde Dios nos ha sembrado.

Este pasaje rompe esquemas y nos regala tres claves fundamentales para la Iglesia de hoy: Primero, ser discípulos agradecidos, porque todos hemos experimentado de algún modo el amor transformador y sanador de Jesús. Segundo ser discípulos-misioneros en comunión y camino, porque Jesús incorpora a su comunidad a hombres y mujeres que anuncian juntos el Reino. Y tercero, servidores concretos que sostienen la misión con lo que son y con lo que tienen. Y pongo en tercer lugar esto no porque se ad e menor importancia, sino que, al contrario, quiero detenerme más en esta clave ya que el «servir» —diakonia— es el mismo término que Jesús usa para definir su propia misión, y por eso no pertenece solo a él o a algunos cuantos: es vocación de todo cristiano. También mi misión como sacerdote aquí en Indonesia en este viaje misionero que casi termino, me ha permitido contemplar esta verdad con especial fuerza: comunidades sencillas, familias, jóvenes, Vanclaristas y consagradas que, desde la discreción de la vida cotidiana, hacen visible el rostro cercano, materno y servicial de la Iglesia indonesia.

El mundo y la Iglesia nos necesitan a todos. Cada uno en su comunidad, en su trabajo, en su familia o en su misión cotidiana con la tarea de sostener el Evangelio no solo con recursos materiales, sino con una fe encendida, humilde y perseverante que contagie. Que el testimonio de María Magdalena, Juana y Susana, junto con el espíritu misionero de la beata María Inés, nos ayude a seguir caminando con Jesús y a reconocerlo vivo en los pueblos que servimos. Desde mi propia experiencia sacerdotal en Indonesia, donde tantas veces la fe crece en medio de la sencillez, la diversidad y el diálogo paciente, les digo: ¡seamos testigos de Resucitado y colaboremos con el compromiso misionero que recibimos en el bautismo a sostener con esperanza nuestro entorno formado por quienes esperan —a veces sin saberlo de una manera concreta— la llegada del Reino. «Oportet Illum Regnare»... ¡No lo olvidemos! Que María, la primera discípula, guíe nuestros pasos para que el anhelo de Madre Inés, de que todos conozcan y amen a Jesús, se haga realidad. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 17 de septiembre de 2026

«DOS MANERAS DE MIRAR»... Un pequeño pensamiento para hoy


Muchos pasajes del evangelio me hacen encontrarme con la beata María Inés y esta escena del evangelio de la misa de hoy (Lc 7,36-50) no es la excepción. El relato nos pone delante de dos maneras de mirar: la de Simón, el fariseo, encerrado en el juicio y seguro de su propia rectitud, y la de aquella mujer pecadora que se acerca a Jesús con lágrimas, arrepentimiento y amor. Simón ve una falta y se escandaliza; Jesús ve un corazón herido que busca perdón. En esta escena, de la que muy bien pudiéramos formar parte, comprendemos que sólo Dios conoce el fondo del corazón y que no nos corresponde condenar al prójimo ni reducirlo a su pasado. Todos caminamos sobre la misma tierra frágil, todos llevamos heridas escondidas y todos necesitamos que la misericordia del Señor nos alcance, nos levante y nos enseñe a mirar con más compasión.

Madre Inés vivió esta enseñanza con profunda humildad. Como se sabía pequeña y necesitada de la gracia, no miraba a nadie desde arriba; había aprendido que quien ha sido levantado por Dios no puede pisotear el polvo del hermano. Su humildad no era debilidad, sino verdad interior: reconocía que todo bien viene del Señor y que nadie puede presumir de santidad si antes no se deja purificar por el amor de Cristo. Por eso su vida no se gastó en criticar ni señalar, sino en servir, contagiar alegría y llevar alivio espiritual. Su ejemplo nos recuerda que la misericordia sana, reconcilia y abre caminos donde la soberbia sólo deja heridas. Cuando una persona se sabe amada y perdonada por Dios, se vuelve más paciente, más cercana y capaz de sostener al que tropieza.

El problema de Simón, en esta escena evangélica, no era ver el pecado de aquella mujer sino no reconocer el suyo. Ella, en cambio, se acerca a Jesús sin justificarse, confiando en que su misericordia es más grande que todos sus pecados. Sus lágrimas hablan de arrepentimiento, pero también de esperanza; sus gestos muestran que el amor verdadero nace cuando el alma descubre que no ha sido rechazada, sino acogida. También nosotros necesitamos acercarnos así al Señor: sin máscaras, sin excusas, con la certeza de que Él puede transformar la culpa en paz y la vergüenza en gratitud. Pidamos a la Virgen María que nos enseñe a mirar como mira Jesús: con verdad y ternura, con claridad y misericordia. Y que el Señor nos conceda un corazón humilde para pedir perdón, limpio para no juzgar y agradecido para amar mucho, porque mucho hemos sido perdonados. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

«Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estos días, en los que comparto con nuestras hermanas Misioneras Clarisas de la región de Indonesia —que comprende las comunidades de Indonesia y Vietnam— el evangelio de san Lucas ilumina cada día de nuestro andar, y hoy creo que ilumina también un aniversario más de la Independencia de México. No es casulaidad que el pasaje del capítulo 7 que tenemos para la misa (Lc7,31-35) nos hable de una generación que critica tanto la austeridad de Juan el Bautista como la cercanía de Jesús, actuando como niños caprichosos en la plaza pública. Al pensar desde lejos en este aniversario de la independencia en el contexto actual, este pasaje me ofrece una profunda luz crítica y analítica sobre nuestra realidad social y política en México. La metáfora de los niños que tocan la flauta y nadie baila, o que cantan lamentos y nadie llora, retrata una profunda indiferencia afectiva y social que vive la sociedad actual ante una compleja acumulación de crisis sociales, económicas e institucionales que afectan directamente la vida diaria

Al igual que en la cita, la sociedad actual en México vive un descontento que parece ser ya crónico, donde las propuestas de cambio se descartan inmediatamente aún por el mismo gobierno que se unde en su propio lodo y las tragedias nacionales, que son terribles, a veces se normalizan, perdiendo la capacidad de indignación o de empatía real por la mayoría de las gentes atrapadas en el sin sentido del consumismo desaforado que intenta a como dé lugar, distraer a todos. El pasaje muestra cómo los líderes de la época buscaban pretextos para desacreditar: a Juan lo llamaban endemoniado y a Jesús, glotón y borracho. En el México contemporáneo, esto se refleja en la polarización política que no evalúa el fondo de las acciones o propuestas de los ciudadnos para el país. La Independencia no puede ser para los católicos de hoy solo un evento histórico para romper con una corona extranjera, sino un proyecto continuo para construir una nación justa que ha costado, a lo largo de los años, mucha sangre derramada. El reto es grande, lo sé, pero también sé que no es imposible.

Este texto sagrado nos recuerda que la palabra de Dios es siempre viva y actual y por eso hoy nos confronta con la inmadurez de una generación que prefiere la queja al compromiso y que solamente se presenta con la piel del espectador que solo critica en la «plaza pública» —las redes sociales— y transita hacia una ciudadanía resignada ante los daños del narcotráfico y de otros males más. El versículo final de la escena nos recuerda que la verdad y la justicia no se miden por el ruido de las descalificaciones ni por los espectáculos al estilo del circo romano, sino por sus frutos tangibles. La madurez de nuestra soberanía solo se puede alcanzar, cuando seamos capaces de reconocer lo que edifica a la nación, sin importar de qué sector provenga, priorizando el bien común sobre el sectarismo y los pleitos entre partidos de uno u otro color. La Independencia se alcanzó en aquella lucha presidida por el estandarte con la Guadalupana, señal de que nuestro Padre Dios nos quiere libres. Que ella nos ayude a alcanzar del Señor la verdadera y duradera libertad. ¡Bendecido miércoles y viva México!

Padre Alfredo.

martes, 15 de septiembre de 2026

«A los pies de la cruz con María, la madre valiente»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Muchas veces me he preguntado por qué casi todas las mujeres que aparecen en los evangelios cerca de Jesús se llaman María como su Madre. He llegado a pensar que quizá sea para que no olvidemos que la Virgen, aun siendo la Inmaculada, comparte con nosotros mucho de lo que somos y vivimos. Ella no supo que había sido concebida sin pecado; vivió como nosotros dejándose sorprender por Dios. Desde esta certeza imagino la escena del Evangelio de hoy (Jn 19,25-27) y los invito a volver allí, con el corazón abierto para ponernos al pie de la cruz y dejarnos bañar por la sangre redentora de Jesús.

Todos habían huido llenos de miedo y también de dolor para no presenciar aquel escarnio: el Maestro, el Amigo, el Hijo, estaba allí agonizando en la cruz. Pero su Madre y algunas cuantas valientes permanecían firmes, con los ojos fijos en el rostro sangrante de Cristo y atentas, junto a Juan, a sus últimas palabras. La Virgen, el discípulo amado y aquellas mujeres valientes nos enseñan que el amor verdadero no abandona en la hora oscura. A los pies de la cruz María nos acoge también a nosotros en nuestros dolores y nos recibe con la ternura de su corazón generoso.

¿Puede haber dolor más grande que el de la Virgen, quien sufrió tanto por decirle «sí» a Dios? Me vienen a la mente tantos momentos de dolor que ella vivió: la incertidumbre ante la reacción de José por el embarazo, el camino difícil hacia Belén, el nacimiento de su Hijo en un pesebre maloliente, la angustia ante la amenaza de Herodes, la huida a Egipto sin mapas ni GPS… y, finalmente, el estar al pie de la cruz. Por eso es la Virgen de los Dolores: porque cualquiera de nuestros dolores cabe en el corazón de María, ese corazón atravesado por una espada más profunda que la incomprensión, la enfermedad, la soledad y tantas otras heridas que atraviesan el nuestro. Recurramos siempre a ella; no nos dejará solos y, lo más hermoso, nos llevará a su Hijo Jesús. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo. 

lunes, 14 de septiembre de 2026

«Besar la cruz para establecer la paz»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


En Indonesia —que en estos días es mi casa— hoy se preconiza a Cristo crucificado con la fiesta de «La Exaltación de la Santa Cruz» que en México celebramos el 3 de mayo. Especialmente en Bandung, la capital de la provincia de Java Occidental, en done está la «Gereja Katolik Paroki Salib Suci» —Parroquia de la Santa Cruz—, un templo católico histórico vinculado a la presencia de la Orden de la Santa Cruz —Canónigos Regulares de la Orden de la Santa Cruz, OSC—. La presencia de estos religiosos, conocidos en algunos países como «crucíferos» se remonta al 9 de febrero de 1927 con la llegada de los tres primeros misioneros holandeses: el P. Jacobus Hubertus Gomans, el P. Yohannes de Rooy y el P. Marinus Nilessen quienes arribaron a las entonces Indias Orientales Neerlandesas y establecieron su centro de actividades en Bandung. En un país de mayoría musulmana, no podemos pensar en festividades de la Santa Cruz asociadas a la cultura popular o la construcción como ocurre en América Latina. La comunidad católica de la zona se concentra en una fiesta dando gracias a Dios por la redención de Cristo que une a todos los habitantes del mundo como un solo pueblo receptor de la salvación a pesar de las fronteras que el hombre multiplica dada vez más.

Cuando Juan Pablo II visitó estas islas del sudeste asiático, allá por 1989, voló de Indonesia a Timor Oriental, que en aquel entonces era una provincia indonesia. Al aterrizar en la isla —una zona bajo un fuerte conflicto y ocupación militar en ese momento—, Juan Pablo II besó una cruz colocada en la tierra y la apretó contra el suelo en lugar de besar, como ordinariamente lo hacía en los viajes, directamente el suelo. Este acto fue ampliamente interpretado como un símbolo de amor, respeto y profunda cercanía con el dolor y los padecimientos de una población que sufría por la búsqueda de una independencia pacífica que se alcanzó 2002. Aquel gesto de San Juan Pablo, de un simple beso a una cruz, trajo como consecuencia una relación entre Indonesia y Timor Oriental que hasta el día de hoy es sorprendentemente cordial, positiva y pragmática, con grandes ventajas políticas y de imagen internacional para las dos naciones.

El mensaje teológico del sufrimiento de Cristo en la Cruz todo lo abraza. San Juan Pablo II explicó, en aquella ya lejana visita, que el sufrimiento de los pueblos encuentra sentido en la Cruz de Cristo, la cual no es un símbolo de derrota permanente, sino el camino hacia la resurrección y la reconciliación. Exhortó a los habitantes a no responder al odio con odio y a ver la cruz como un recordatorio de que las fuerzas del amor y la justicia terminan venciendo las pruebas más difíciles. Este gesto histórico dejó claro al mundo que los cristianos no adoramos ni exaltamos una cruz vacía, sino en ella al crucificado. Pero hay que explicarlo nuevamente con acciones concretas como esta de aquel beso inolvidable, porque occidente ha hecho muchas veces de la cruz «un adorno» en los cuellos, muñecas y orejas de creyentes y no creyentes y eso distorsiona el amor. No exaltamos la cruz en la fiesta de hoy, sino al crucificado a cuyo pie estaba su Madre, la Magdalena, Juan y deberíamos estar cada uno de nosotros. Pidamos a la Virgen que nos ayude a comprender. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 13 de septiembre de 2026

«La hermana Anneke, la primera Misionera Clarisa indonesia»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCIV

Desde hace casi un mes estoy en Indonesia, un país que es un mosaico vibrante de fe profunda, hospitalidad abrumadora y asombrosa diversidad cultural. Tierra de contrastes y armonía en un ambiente de minoría cristiana y  mayoría musulmana; periferia de las grandes ciudades sedienta de esperanza. Aquí la Iglesia es joven, dinámica y está llena de rostros sonrientes que viven on entusiasmo el valor de la acogida haciendo destacar la calidez y el respeto. Espacio geográfico y teológico de quienes reciben al misionero no como a un extraño, sino como a un hermano enviado por Dios.

Aquí, en una ciudad histórica de nombre Mojokerto, ubicada en la provincia de Java Oriental, aproximadamente a 50 kilómetros al suroeste de Surabaya, nació en 1936 una niña de nombre Anna Clara, quien ahora es recordada como la primera mujer indonesia que ingresó a la comunidad de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento. Su nombre completo era Anna Clara (Anneke) Ong Gwat Lwa Nio y nació el 27 de abril 1936. Hija menor de Gregorius Ong Lien Giok y Dymphina Tio Kiong Ay Nio tuvo siete hermanos.

Luego de haber vivido su infancia y juventud en una familia muy unida y católica, a inicios de la década de los 60 llegó a trabajar en el Hospital San Vicente de Paul en Surabaja como laboratorista. Allí conoció a las Misioneras Clarisas, un grupito de religiosas mexicanas pioneras de la misión de la Familia Inesiana en Indonesia. De aquel encuentro surgió su vocación religiosa y desde el primer momento de su respuesta al llamado vocacional, decidió entregarse por completo a Dios, convirtiéndose, como he dicho, en la primera vocación surgida de esta tierra de misión.

Su ingreso a la congregación fue marcado con un gesto de la misericordia de Dios muy especial, pues fue recibida por la fundadora, la Beata María Inés Teresa Arias, quien providencialmente se encontraba en Indonesia haciendo una visita maternal a sus hijas misioneras en aquellos días 1962. Hay una extensa crónica de la Beata en donde narra su visita. En una carta previa, que había escrito en Cuernavaca, un año antes, el 27 de enero de 1961 a las hermanas de la misión de Indonesia, la madre les decía: «A ver cuando es posible que podamos abrir nuestro noviciado. Podríamos empezar con las aspirantes (porque tendrán que hacer aspirantado como en Japón) en la casa en donde viven ahora. Creo se podría hacer lugar, ¿verdad?». 

En noviembre de 1962, a su regreso de Indonesia y Japón, la Beata preguntó por la perseverancia de la hemana Ana Clara: «¿Y las aspirantitas de Indonesia? ¡ah cuánto pienso en ellas! Sobre todo en Anneke, a quien tuve el gusto de conocer y tratar, siendo la primogénita en aquella también amada misión de ¡muchas esperanzas, de muchos anhelos! Que llegue a la meta, y sea fiel a Dios en el tiempo; para que lo sean en la eternidad». ¡Por algo la hermana Ana Clara se sintió siempre acompañada por ella! En ese mismo mes, Madre Inés escribe a sus hijas de Indonesia recomienda que estudie español: «Que mi pequeña Anneke siga estudiando el español y el piano, para que pronto pueda tocar a nuestro Señor en la capilla. ¿Ya engorda? ¿Se siente bien? Más bien se sentirá cuando tenga una hermanita ¿verdad? Le dicen que la saludo cordialmente».

El 12 de enero de 1963 Ana Clara (Anneke)  inició su postulantado y, un año después, inició su noviciado. Hay una carta de enero 29 de 1964 en la que la Beata María Inés anota: «Creo que no voy a poder contestarle aparte a Anneke; ya me la imagino que hermosa se ha de ver con su santo hábito. La ví en la revista que me mandaron, con su bata de enfermera; y a todas esas hijas también con Mons. Alibrandi, a quien ya destinaron, según supe a Beirut». Desde su juventud, Anna Clara se caracterizó por asumir con plena responsabilidad cada tarea a ella confiada. Siendo todavía novicia, comenzó su tarea de secretaria del Yayasan Panti Bagija en Madiun (1964-1975), una fundación para la gestión del apostolado de salud de las Misioneras Clarisas en Indonesia, labor que terminó hasta 1975.

A la par de esto recibió su formación inicial en la comunidad de Biliton, allí mismo en Madiun, donde luego emitió su primera profesión el 15 de julio 1967. Seis años más tarde en la Casa Regional, que está en Surabaya. pronunció sus votos perpetuos. 

Reconociendo el don que Dios había depositado en ella, en 1975 su congregación la destinó a Roma para que realizara estudios en la Pontificia Universidad Urbaniana, donde se especializó en la Teología Pastoral para las Misiones, formación que concluyó en 1978 y regresó a Indonesia para desempeñar diversas funciones de liderazgo, entre ellas: presidenta del Yayasan Panti Bagija (1980-2002), vicaria regional (1978-1984), superiora regional (1984-1990), secretaria regional (1990-1996) y nuevamente vicaria regional (1996-2002). Mientras fungía como secretaria de la región celebró sus Bodas de Plata el 16 de julio 1991 en Madiun.

A la par de sus responsabilidades en el gobierno regional del instituto, prestó su servicio como analista en el laboratorio del hospital de Madiun (1966-1975), colaboró en el equipo de formadoras, impartió clases en el noviciado (1978-1982).  y fue la responsable de la reconstrucción del hospital «Santa Clara» (1997-2002). En 2003 fue destinada a la comunidad de Yakarta, donde continuó su misión como ecónoma local (2003-2009), vicaria local (2009-2012) y responsable de la administración de la Casa de Oración Santa María de Guadalupe» hasta el día en que recibió la cruz de la enfermedad. Aquí en esta casa de Yakarta, en donde escribo ahora esto, le festejaron sus Bodas de Oro el 7 de agosto de 2016 y luego, poco antes de morir, el 15 de junio 2026, festejó su 60º aniversario de una vida marcada por la fidelidad y el amor.

Quienes compartierin la vida comunitaria con ella, en las diversas casas a la que fue destinada, tanto en las comunidades de Indonesia como en la casa general de Roma, la recuerdan como un alma de oración: una hermana buena y a la vez firme, cercana y siempre dispuesta a dar lo mejor de sí. 

Como la hermana mayor de esta región, buscó no solamente quedarse con el gozo de haber sido la primogénita y de haber tenido un trato muy directo y lleno de afecto con la Beata María Inés, sino que buscó ser siempre un buen ejemplo para las más jóvenes con su vida, con su palabra, sus obras y su testimonio de vida. 

Bendecida por Dios con una memoria prodigiosa, mantuvo el cultivo de ese don hasta su edad avanzada. De esta manera, se convirtió en una auténtica crónica viviente que conservaba cada recuerdo, persona y acontecimiento con absoluta precisión destacando no solo por eso, sino por su sencillez y humildad; reconociendo con madurez sus limitaciones y pidiendo, con total confianza,  ayuda a sus hermanas, la cual siempre agradecía con una sincera sonrisa. En sus últimos años quienes la conocían, tanto hermanas como vanclaristas, amigos y bienhechores, la veían como una dulce abuelita: siempre dispuesta a acoger a todos, con el don de escuchar con paciencia. Destacó durante toda su vida religiosa por ser una persona meticulosa en el cuidado de sus relaciones, manteniendo siempre un vínculo cercano con las familias, amigos de la congregación, los bienhechores y los sacerdotes, quienes la respetaban y admiraban sinceramente.

Pocos días después de celebrar sus 60 años de profesión religiosa, Anna Clara comenzó a sentir molestias digestivas y como su estado no mejoraba, la llevaron al hospital donde los médicos le diagnosticaron una infección bacteriana en el estómago y cálculos biliares, sumados a la afección cardíaca que padecía desde hacía tiempo.

Tras varios días ingresada en el hospital de Yakarta, debido al estado de su estómago que ya no pudo recibir nutrientes, le hicieron un procedimiento para que todas sus necesidades nutricionales y terapéuticas se satisficieran a través de la vena central. Luego, contando con su consentimiento y la autorización médica, fue trasladada a Madiun para que continuara su tratamiento en el hospital de las Misioneras Clarisas porque las hermanas, llenas de gratitud por su testimonio de vida y su entrega, querían que Anneke estuviera rodeada de más hermanas y se sintiera en casa, sin dejar de recibir la mejor atención médica. El trayecto en ambulancia duró doce horas durante las cuales estuvo acompañada en todo momento por el equipo médico y por algunas de las religiosas. Sus expresiones de gratitud hacia la congregación y sus hermanas fueron constantes, y manifestó con claridad que ofrecía y soportaba todo aquel sufrimiento con alegría por el bien de la región, de su congregación y de la Iglesia universal.

En su mensaje de agradecimiento a Dios por sus sesenta años de vida consagrada había expresado: «Virgen María, nunca me dejas sola ni un instante, ni siquiera un segundo, siempre me cubres con tu manto maternal, en la alegría y en la tristeza, especialmente durante mi enfermedad. Guíame y enséñame a amar a tu divino Hijo por encima de todas las cosas y alcánzame que un día pueda regresar contigo a la Casa del Padre junto con los ángeles y todos los santos».

Poco a poco su estado de salud se fue deteriorando y su corazón se debilitó cada vez más; sin embargo. su serenidad y su entrega se fortalecieron. Finalmente, el lunes 13 de julio de 2026, a las 14:30 (hora local), con el mismo amor que la acompañó desde su juventud y rodeada del afecto de sus familiares y hermanas, la hermana Anna Clara entregó su alma al Creador. 

60 años parecen pocos cuando se piensa en la eternidad, pero en la tierra hablan de toda una vida gastada en favor de Cristo y de la Iglesia. Como el grano de trigo que cae en tierra buena y muere para dar fruto esta generosa misionera entregó su vida en la tierra para volar a la eternidad a los 90 años de edad. Con el corazón lleno de gratitud sin hacer a un lado el dolor de la separación física, las hermanas acompañaron a esta hermana cuya fe inquebrantable y dulzura la llevaron a alcanzar su meta final, el abrazo definitivo con el Padre Misericordioso. 

¡Querida hermana Anna Clara Mariani Winantea, que el Buen Dios te conceda, como premio al final de la carrera en esta tierra, por su infinita misericordia, contemplar su rostro!

Padre Alfredo.

sábado, 12 de septiembre de 2026

«Un cristiano no puede envenenar su corazón»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Uno de los libros más transcendentales del Antiguo Testamento es el Eclesiástico, cuyo autor hebreo se conoce como el Sirácida, por eso es llamado también «Sirácide». Se le llama «Eclesiástico» debido a su por su amplitud de temas sapienciales, catequéticos, teológicos. Durante siglos solamente se conoció el texto griego, hasta que paulatinamente, primero en una antigua sinagoga del El Cairo, y después en Qumrán y en Massada, fue apareciendo el texto hebreo y se ha reconstruido en su totalidad. Este domingo la liturgia de la palabra nos muestra una parte de este libro maravilloso (Eclesiástico 27,33-28,9) en la que aparece una serie de sentencias sapienciales, que consisten en una exhortación al perdón recalcando que hay que desterrar sobre todo el rencor y la ira que hacen tanto daño al corazón no del otro, sino de quien los anida en su corazón y da espacio a la venganza. 

Lo anterior contrasta con la segunda lectura de este domingo, que tiene una connotación escatológica inigualable que nos centra en el kerygma, en la proclamación de la muerte y resurrección del Señor, que es lo que da sentido a nuestro paso por este mundo y que, contrario al rencor y a la ira que se pueda llevar en el corazón, el cristiano no puede envenenar su corazón con el deleite del egoísmo por la venganza. El cristiano tiene que afrontar un reto que es el desvivirse por los demás sin guardar ninguna cosa que reconcoma el corazón.

El rencor y la cólera que no salen del corazón destruyen a la persona: Ciegan el alma y aniquilan la esperanza guardando cosas y más cosas de un pasado caduco que no vale la pena guardar. El evangelio de hoy (Mt 18,21-35) one el dedo en la llaga y nos mueve a reconocer que Dios no es vengativo ni rencoroso. Creo que nos bastaría recordar cuántas veces Dios ha tenido paciencia con nosotros, cuántas veces nos ha esperado mientras vivíamos encerrados en nuestras propias cuentas, cuántas veces Dios ha vuelto a empezar conmigo cuando yo ya había dejado de creer en mí mismo. Cuántas veces su misericordia fue más grande que mi pecado. Solo así se puede dar paso al perdón acompañado del olvido y no de raciones de cólera o rencor. María no guardó rencor con los verdugos de su Hijo Jesús... ¿quién soy yo para guardar rencor, a veces de cosas tan insignificantes? Hay que recordar: «setenta veces siete». ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

«Católicos y musulmanes y el dulce nombre de María»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Para un católico, pronunciar el nombre de María no es simplemente recordar a un personaje del pasado; es invocar una presencia viva, un refugio seguro y un modelo perfecto de vida cristiana. Aquí en Indonesia hay tres santuarios emblemáticos en los que la gente expresa su viva devoción mariana: El de Medan en Sumatra, dedicado a Nuestra Señora de la Salud, el de Yogyakarta con la gruta de Lourdes más antigua de Indonesia a donde acuden tanto católicos como musulmanes y el de Ambarawa, en Java Central. A ellos acuden miles de indonesios porque mucha gente celebra con profunda devoción este día del «Dulce nombre de María», que mezcla la herencia litúrgica de los misioneros europeos con la rica vida comunitaria de una cultura que conserva una honda reverencia por los nombres sagrados.

Invocar el «Dulce Nombre de María» se asocia directamente en las familias indonesias a momentos en los que se busca consuelo, paz o protección frente a las dificultades cotidianas, meditando en las virtudes marianas más apreciadas por la idiosincrasia local: la humildad —kerendahan hati—, la obediencia —ketaatan— y la constancia en la fe —iman—. Pero aquí en este bellísimo archipiélago del sudeste asiático, el nombre de María también es profundamente respetado en la tradición islámica. En especial, tengo entendido que en la isla de Flores las festividades marianas llegan a integrar a vecinos de distintas creencias en un espíritu de armonía comunitaria.

Curiosamente, la liturgia de hoy nos regala un pasaje del Evangelio de san Lucas que nos habla de construcción de casas, de árboles y de frutos (Lc 6,43-49). Y es que si miramos con los ojos de la fe, nos damos cuenta de que nadie ha encarnado mejor estas palabras de Jesús que la Santísima Virgen: «No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos». María es el árbol bueno por excelencia; el fruto de su vientre es Jesús, la salvación del mundo. Su nombre refleja la pureza de su corazón y nos recuerda que también estamos llamados a cuidar el nuestro, para que nuestras palabras y acciones den gloria a Dios. Que ella interceda por nosotros para no ser cristianos superficiales; que al pronunciar su nombre encontremos esperanza, paz y alegría, y que su ejemplo nos mueva a ser árboles que den buen fruto y casas bien edificadas sobre la roca de la Palabra de Dios. ¡Bendecido sábado! 

Padre Alfredo.

viernes, 11 de septiembre de 2026

«QUE LA COMUNIDAD NO QUEDE INCOMPLETA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es sorprendente cómo inicia el Evangelio de la misa de hoy (Lc 6,39-42) y cómo resuena en estos días tan especiales de la Experiencia Inesiana que estamos viviendo en Yakarta: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?» Escuchar estas palabras de Cristo en el silencio de la Eucaristía nos lleva, de inmediato a un momento de reflexión profunda. El Señor, con una pregunta tan sencilla y profunda, nos invita a encender la luz de la verdad en los rincones más oscuros de nuestro corazón y de nuestra convivencia. Es fácil caer en la tentación de pensar que esa ceguera está en los demás; sin embargo, Cristo nos conduce esta mañana —empezando por mí— a mirar hacia adentro.

Cada uno de nosotros es necesario dentro de una comunidad —sea familia, trabajo, grupo, amigos, presbiterio o vida consagrada—. Sin la aportación de lo que yo soy y de lo que hago, la comunidad queda incompleta. Es verdad que nadie es indispensable, pero en el trabajo en equipo todos contamos. Nos acompañamos unos a otros al encuentro con Cristo y al servicio de los hermanos. Entonces surge una pregunta importante: ¿qué pasa si nos convertimos en guías ciegos y al querer corregir el camino del hermano terminamos llevándolo al hoyo de la amargura, del desánimo o de la división? No podemos permitir que nuestra vida interior se apague; porque, si la oración personal y comunitaria, la misa y la adoración, los momentos de comida y de recreo o de convivencia en familia, se vuelven algo mecánico, la guía que podremos ofrecer será la de un ciego que guía a otro ciego.

Jesús nos advierte de este peligro para recordarnos dónde está la verdadera fuente de nuestra luz. En nuestra vida de discípulos–misioneros de Cristo, a veces sentimos el peso del cansancio, de la rutina y de la fragilidad humana. En estos días compartidos con nuestra Familia Inesiana en Indonesia, al recorrer el Testamento Espiritual de la Madre María Inés, Jesús nos habla con dulzura y nos dice: «No cargues con el peso de ser la luz del mundo por tus propias fuerzas; déjame ser el colirio de tus ojos con mi misericordia y compasión; déjame ser tu luz». Dejémonos guiar también por la Madre de Jesús, la Virgen de la mirada dulce y del corazón confiado. Que ella nos acompañe siempre y nos enseñe a guiar a los demás con la ternura que cada hermano necesita. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 10 de septiembre de 2026

«Ser misericordiosos es una decisión valiente»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


La misericordia atraviesa todo el evangelio de san Lucas de manera explícita e implícita, porque expresa así el corazón mismo de la enseñanza de Jesús. Al final del pasaje de hoy (Lc 6,27-38), el Señor nos invita a imitar al Padre, cuyo amor no distingue entre buenos y malos, sino que abraza a todos sin medida. Esta invitación resume el evangelio entero: no juzgar, no condenar, perdonar de corazón y dar con generosidad. 

San Lucas nos muestra de esta manera a un Dios que no nos espera con una libreta de notas para castigarnos, sino con los brazos abiertos para recibirnos. Ser misericordiosos no es un sentimiento pasajero ni una debilidad: es una decisión valiente. Significa mirar al hermano con los ojos de Cristo, dejar a un lado el juicio, no condenarlo por sus errores y acompañarlo con un corazón compasivo, caminando a su paso. Porque, si somos sinceros, a veces, en las prisas de cada día nos parecemos a aquel señor que le decía a Dios: «Señor, dame paciencia… ¡pero dámela ya!». Y el Señor, con infinita ternura, nos va enseñando que la paciencia, como la misericordia, no se improvisa: se aprende amando.

Por eso hoy Jesús nos recuerda que la medida que usemos con los demás será la que Dios use con nosotros. Pidamos esta mañana la gracia de mirar el mundo con los ojos de Cristo, reflejo de la misericordia del Padre, para ser canales de su amor y constructores de paz en un mundo que tanto la necesita. Que la Virgen Madre, cuya mirada se cruzó tantas veces con la de Jesús, nos ayude a entender que la misericordia no es debilidad, sino la fuerza del amor divino que reconstruye y da vida a la comunidad de discípulos misioneros de Cristo. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

«Desde el sermón del llano... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El Evangelio el breve relato de san Lucas sobre las bienaventuranzas (Lc 6,20-26). A diferencia de san Mateo, Lucas presenta solo cuatro y sitúa este discurso en un terreno plano, conocido como el «Sermón del llano», no en la montaña a la que hace referencia Mateo. Además, utiliza términos muy concretos, como «pobres» y «hambrientos», poniendo el acento en la realidad social inmediata. A Dios no podemos separarlo de nuestro diario vivir.

Como bautizados, hemos de reconocer que la pobreza y el hambre también atraviesan la vida ordinaria de todo cristiano. Todos necesitamos de Dios y acudimos a su misericordia desde nuestra propia fragilidad. Por eso, las bienaventuranzas no pueden quedarse en una hermosa enseñanza: han de convertirse en una propuesta concreta de vida. Su lectura y meditación nos plantean, como discípulos–misioneros de Cristo en el siglo XXI, llamados a continuar la obra de Madre Inés, preguntas profundas: ¿cuáles son nuestros valores?, ¿qué actitudes apreciamos de verdad?, ¿qué criterios orientan nuestras decisiones? ¿Creemos realmente que los criterios de Jesús son aquellos desde los cuales hemos de optar y decidir?

No se trata simplemente de preguntarnos si somos buenos o malos; el discernimiento cristiano es más fino y exigente: ¿cómo miramos a nuestros hermanos de comunidad? ¿Es nuestra mirada la de Jesús, capaz de descubrir en el otro su hambre y su sed? Solo desde ahí podremos releer las bienaventuranzas en nuestra vida diaria. Ya casi al final de su vida, el 16 de abril de 1980, en una carta colectiva, Madre María Inés destacaba que «para entrelazar bien los eslabones de las bienaventuranzas, debemos dejar que el Espíritu Santo suelde, por decir así, un eslabón con el otro, para poder vivir a lo divino, sobrepasando todo lo terrestre, todo lo mundano para llegar a las alturas donde se encuentra Dios». Pongamos todo en manos de María: ella, sabiéndose pobre y hambrienta del amor de Dios, puede ayudarnos a imitar a Jesús y a ser verdaderamente bienaventurados. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 8 de septiembre de 2026

«SELAMAT ULANG TAHUN BUNDA MARIA»... Un pequeño pensamiento para hoy


En nuestra Familia Inesiana, tan amante de María santísima, hoy estamos de fiesta: celebramos el cumpleaños de la Virgen. Obviamente no sabemos el día exacto de su nacimiento, pero nuestro corazón de hijos agradecidos ha encontrado este día que, desde el siglo V, se celebra en el lugar en que se decía que estaba la casa de Joaquín y de Ana, los padres de la Virgen. Y cuando se habla de cumpleaños, aunque sea con sencillez, siempre se despierta algo muy familiar: el deseo de felicitar, de agradecer, de acercarse con cariño. Así que nos acercamos a María con cariño y además con una inmensa gratitud por haber dicho «sí».

He sabido que muchos católicos indonesios tienen una devoción profunda a esta fiesta y celebran una Misa de Acción de Gracias para cantarle a la Virgen: «Selamat Ulang Tahun Bunda Maria» —la canción de cumpleaños— y comparten pasteles decorados como en un cumpleaños muy familiar. Me imaginé esa escena con mucha ternura: una comunidad sencilla, tal vez después de la Misa, acercándose a María no con grandes discursos, sino con una canción, un pastel y un corazón de hijos. Así también nosotros podemos mirar hoy a la Virgen María, la Madre del Dios por quien se vive, Nuestra Señora de la ternura silenciosa, y decirle con alegría: gracias por haber nacido para Dios y para nosotros.

San Mateo, en la narración de la genealogía de Cristo (Mt 1,18-23), nos cuenta de María y nos hace ir a su desposorio con José. La aceptación de la Virgen del proyecto que Dios le designó da un sentido especial a su vida. Su historia la conocemos muy bien: mujer de pocas palabras y profundo corazón, gastó los años de su vida en permanecer siempre en concordancia con la voluntad de Dios. Y es que nosotros, como ella, también celebramos nuestro cumpleaños o nuestro día del santo, porque, como ella, tenemos una misión que cumplir. Nuestra vida no es una vida sin sentido, es una vida con una misión, esa que nos ha encomendado el Señor a través de la Beata María Inés Teresa, que hoy nos invita a ir a María para decirle: «Selamat Ulang Tahun Bunda Maria». ¡Bendecido martes y vamos María!

Padre Alfredo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

«IR MUCHO MÁS ALLÁ DE LA LEY DE LA LETRA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estoy entretenido todos estos días del viaje por estas tierras indonesias en la reflexión del evangelio para la reflexión diaria y hoy —debido a las impresionantes erupciones del Anak Krakatoa— la hago en el tren de regreso de Surabaya a Yakarta contemplando unos paisajes bellísimos en los que destacan los inmensos sembradíos en los que se van entrecruzando campos de arroz, cebolla, ajo, maíz, berenjenas, chayotes que me hacen comprender el por qué la gente por acá es en general delgada y fuerte. ¡Qué pena que en muchos países no se le de apoyo al campo! A la vez, pudimos contemplar el mar y enormes montañas antes de llegar a la estación de Padalarang, en donde tomamos el tren rápido de Indonesia, llamado Whoosh, que corre a una velocidad promedio de 350 kilómetros por hora. Desde 2023 este tren que conecta a Yakarta con Bandung hace que el recorrido que se hacía en 3 horas se haga en unos 45 minutos. Ciertamente quedé impresionado de todo, el trayecto de Surabaya hasta Padalarang y luego este último tramo ya cuando el día oscurece, que es alrededor de las 6 de la tarde en el primer tren rápido del sudeste asiático.

San Lucas, el día de hoy (Lc 6,6-11) nos lleva a pensar en lo lícito, lo bueno, lo útil, lo conveniente, lo humano que es hacer el bien yendo mucho más allá de la letra de la Ley. Pero... ¿Qué nos exige actuar así? Nada más y nada menos que fijarnos en el otro, en el hermano, en el prójimo: comprender sus necesidades, emplear nuestro tiempo en escucharle, poner nuestros dones y cualidades para socorrerlo y, sobre todo, hacer que nuestra mentalidad vaya cambiando desde un egoísmo narcisista que piensa que yo soy el centro del mundo y los demás sólo medios para mi felicidad o comodidad. Llegar a esto implica un verdadero proceso, a veces largo y doloroso, siempre costoso, de saber preguntarnos: ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por quién hago lo que hago?

Jesús, en el evangelio, descubre una sutil y peligrosísima corrupción de la religiosidad. En medio del culto de la sinagoga, en el día santo del sábado en el que se prohibía toda actividad, lanza la pregunta decisiva a los asistentes, poniendo en el centro del espacio a un paralítico: ¿Qué es más importante para Dios, el culto o la misericordia? Y aún más importante: ¿el Dios a quien doy culto es el Dios de la misericordia y de la compasión, del amor a sus hijos, o es un dios construido por mí que prefiere ser servido sin tener en cuenta a mis hermanos? «Extiende tu mano», le dice Nuestro Señor al paralítico... ¡en sábado! Pidamos María que interceda por nosotros para que conozcamos y entendamos que Dios y su misericordia son el centro de nuestro ser y la motivación más profunda de nuestro ser y quehacer como discípulos–misioneros de Cristo.

Padre Alfredo.

domingo, 6 de septiembre de 2026

«La comunidad y la corrección fraterna»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El Evangelio de este domingo nos presenta un tema tan necesario como difícil de llevar a la práctica: la corrección fraterna. En la vida consagrada este camino es indispensable, porque todos somos pecadores y, aunque cada uno tiene derecho a su intimidad, también necesitamos ayudarnos unos a otros a quitar de nuestro corazón aquello que hiere la comunión. Vivir juntos el proyecto de Jesús en la familia, en la comunidad religiosa, en la parroquia... implica hacer de la comunidad un reflejo del Reino: un Reino de paz y de justicia, de gozo y de amor. Por eso, en la vida comunitaria de nuestros ambientes eclesiales estamos llamados a ser presencia para el otro, espacio de santificación y lugar de encuentro con el Dios que nos ha llamado. Estar reunidos en el nombre de Jesús abre nuestros vínculos a su presencia y nos llama cada día a ser más hijos, más hermanos y más familia.

Es importante preguntarnos constantemente cómo participamos en ese tejido humano y comunitario que llamamos comunidad. Esta participación incluye también los momentos difíciles y los conflictos, porque forman parte de toda experiencia humana; pero, iluminados por el Evangelio, pueden convertirse en ocasión de crecimiento. Recuerdo una vez que en una de las conferencias que imparto, un joven religioso se acercó para contarme que a él le funcionaba acercarse con sencillez a los hermanos y decirles: «Mira, yo necesito mucha ayuda porque estoy aprendiendo y creo que esto que haces no me ayuda, más bien creo que nos hace difícil la vida diaria y yo quiero ayudarte porque tú también me ayudas a mí». Esas palabras, dichas sin superioridad y con verdadero cariño, abren siempre un diálogo que no sólo corrige una actitud, sino que fortalece la confianza en la comunidad porque se habla desde el corazón. Nuestras comunidades necesitan cuidar los espacios, los modos y las actitudes que permitan crecer en el amor y en la comunión, sentirse sostenidos por una comunidad concreta y, al mismo tiempo, responsables de ella.

En la interacción de cada día en la convivencia, tratamos con personas, rostros e historias reales: un espacio para amar a quienes nos rodean y para dejarnos amar por ellos. Dentro de ese dinamismo, la corrección fraterna ocupa un lugar muy importante, porque es una advertencia que se dirige al prójimo para ayudarle en el camino de la santidad. Tan importante es saber corregir como dejarse corregir. En el Evangelio, Jesús corrige a sus discípulos en diversas ocasiones: les amonesta ante el brote de envidia que manifiestan al ver a uno que expulsaba demonios en su nombre; reprende a Pedro con firmeza porque su modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres; y encauza la ambición desordenada de Santiago y Juan. A la luz de todo esto, preguntémonos: ¿cómo vivo yo la corrección fraterna?, ¿me dejo corregir? Que la Virgen nos ayude a dar una buena respuesta. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 5 de septiembre de 2026

«Misioneros desde nuestro bautismo»... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Cuánto se nos ha hablado de que si no tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y quehacer nada tiene sentido! Leyendo el Evangelio de hoy (Lc 6,1-5) vuelvo a recordar esto porque no debemos perder de vista que la religión no solo son normas y leyes, formas externas y ritualismos que debemos de cumplir, sino dejar entrar a Dios en el corazón para hacerlo eso: ¡el centro de nuestro existir! No solamente los escribas y fariseos de valían de la religión para tranquilizar su conciencia mientras hacían de sus vidas espacios de egoísmo, soberbia y vanidad. ¡Qué diferente de esto es la vida de los santos y de los beatos que pasaron por el mundo dejando las huellas de Cristo! El cumplimiento de la ley por parte de los santos, los beatos y tantos venerables, se entiende desde su mirada con un tinte espiritual y moral especial, donde los mandamientos divinos reflejan el carácter santo de Dios y sirven como guía para su vida y la de nosotros, que buscamos imitarles.

Al contrario de estos hombres empecinados en las leyes por sí solas, la gente santa nos grita con su vida, sus obras y sus escritos: ¡Somos libres en Cristo! Me da gusto que esto coincida con un día muy especial que hemos vivido con más de 500 padres de familia, maestros, enfermeros y demás personal del sector salud de Surabaya, Madiun y otros lugares cercanos. En un ambiente de familia en la fe, vivimos una mañana que nadie queríamos que se terminara y en la que nos adentramos en el compromiso misionero que brota de nuestro bautismo acompañados por la vida y el ejemplo de la Beata María Inés Teresa como mujer contemporánea portadora de la fe. ¡Qué mañana tan sensacional! Jesús, obviamente, fue el centro de nuestro encuentro; Él es el que va marcando la pauta de lo que somos y de lo que podemos hacer como misioneros en el entorno de nuestra vida diaria. ¿Qué nos detiene para ser misioneros del diario vivir? ¿Por qué no podemos ejercer la tarea sencilla de escuchar, de acompañar, de animar, de alentar a vivir la fe a quienes no la han recibido o la han perdido? 

Esta mañana me llamó mucho la atención la pregunta de una chiquilla como de unos ocho años que, cuando la moderadora invitó al auditorio a hacer algunas preguntas, la niña interpeló con esto, sencillo y profundo a la vez: —¿Cómo hago para que mi papá no vaya a misa únicamente en las bodas y en los velorios? Yo quiero ser misionera en mi casa. Cristo, el Señor del sábado, nos invita a vivir diario con Él centrándonos en lo que es lo fundamental del seguimiento: el amor, la misericordia, la invitación, la escucha y por supuesto: el servicio. Pienso en María santísima, y en cómo ella, sencilla y humilde, nos puede ayudar. María se sometió a los mandatos de la Ley de Moisés, como el rito de la purificación tras el nacimiento de Jesús, la peregrinación a Jerusalén y seguro otras cosas más, pero no hizo de la Ley su centro ni se valió e ella para beneficio propio; pensó en nosotros para darnos vino bueno, el vino del amor y la misericordia de su Hijo Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 4 de septiembre de 2026

«La trampa de farmear aura»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Me han dicho estos días que no saben a qué hora escribo para compartir mis reflexiones... ¡que voy atrasado!... que más bien parece un diario... que les llega de madrugada... Es comprensible creo yo, debido a que, con una diferencia de 13 horas con mi lugar habitual de escritura y un trajín entre misas y conferencias; encuentros con las hermanas y los Vanclaristas; cenas con bienhechores y gente en consulta... me ataranto tanto, que de repente no sé qué hora es en México. Ahora son las 5:25 de la tarde aquí y entiendo que son las 4:25 de la mañana allá. Voy regresando de un arduo día de trabajo en la Universidad Católica de Surabaya con el gozo de haber impartido una conferencia —gracias a la magia de la traducción— sobre la importancia de las reliquias de los beatos y los santos en la Iglesia y en concreto, a 350 personas de una iglesia joven, como es esta de Indonesia.

Hoy ha resonado en mí con un especial impacto la primera lectura de la misa (1 Cor 4,1-5) haciéndome pensar —entre los nervios de dar una conferencia con traducción y a una cultura tan diversa de la nuestra— que lo que hemos aprendido a los que nos gusta estudiar o a los que nos ponen a estudiar, nos ha sido confiado por Dios no para beneficio propio, sino para beneficio de la comunidad. Es que si somos seguidores de Cristo, nos tiene que quedar bien claro que somos servidores, es decir, amigos de Cristo y administradores de su gracia. Esta es y debe ser también la identidad, la misión y el talante de una comunidad eclesial, como insta Pablo a los corintios. Hoy nos hemos reunido como familia en la fe, para valorar el recuerdo del testimonio de tantos hombres y mujeres que, marcados por el sello de la santidad, de alguna manera se hacen presentes en nuestras vidas en las reliquias que de ellos conservamos. ¡Qué seductora es la tentación de buscar aplausos y seguidores presentándose a sí mismo! Los santos y los beatos no cayeron en la trampa, esta trampa que hoy vivimos de otra manera con las redes digitales buscando likes y seguidores preocupados de «farmear aura» alimentando el ego personal. ¡Los santos no se dejaron llevar a pesar de la popularidad que muchos de ellos tuvieron! 

San Antonio de Padua (1195–1231) lograba reunir a más de 30,000 personas en sus sermones de Cuaresma; San Vicente Ferrer (1350–1419) reunían ntre 10,000 y 50,000 personas por conferencia; San Juan Pablo II (1920–2005) rompió todos los récords de auditoría presencial para un líder espiritual. Llegó a convocar auditorios de hasta 5 millones —como en Manila, Filipinas, en 1995— convirtiéndose en el conferencista más escuchado de la historia moderna. Esos hombres y mujeres son ahora intercesores, verdaderos influencers que, desde las reliquias que nos ayudan a sentirlos cercanos, ayudan al corazón cristiano para renovar su fe, y permiten así una mejor comprensión del Evangelio bajo el cuidado de María. Alguien me preguntaba que si me puse muy nervioso ante tanta gente... le dije que no, porque es Dios quien quiere que seamos santos y Él prepara y lleva la batuta en cada una de mis conferencias. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 3 de septiembre de 2026

«La pesca abundante... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Luego de una hora de vuelo en Batik Air, ayer llegamos a Surabaya, la segunda ciudad más grande de Indonesia y la vibrante capital de la provincia de Java Oriental. Su nombre proviene de la leyenda de la pelea entre un tiburón —sura— y un cocodrilo —baya y es un importante centro económico, comercial y portuario del sudeste asiático. Aquí estaremos unos cuantos días para tener un encuentro con los alumnos y maestros del colegio que nuestra familia misionera tiene, dar un taller sobre las Causas de los Santos y las Reliquias y compartir una tarde con nuestros hermanos Vanclaristas indonesios. ¡Llegando fue un gusto encontrar a las hermanas Misioneras Clarisas de esta comunidad —entre ellas algunas conocidas— que nos recibieron al estilo inesiano! Entramos a la hermosa capilla donde la Virgen de Guadalupe acompaña a su Hijo oculto en el sagrario y a cenar para luego pasar aquí la primera noche.

Hoy amanecimos tempranito, como lo marca el vaivén de esta agitada ciudad, pues la misa es, de ordinario, tanto en casa como en la parroquia, a las 5 o 5:30 de la mañana. Así que en lugar de entrenar el cuerpo a esas horas como o hago, prolongo el ejercicio espiritual cada día y ya repondré después... El evangelio de este jueves tiene totalmente un tinte vocacional. Es pasaje de San Lucas que narra la llamada de los primeros discípulos (Lc 5,1-11) nos introduce en una escena sencilla, pero llena de profundidad. Jesús está junto al lago y la gente se agolpa para escuchar la Palabra de Dios. Entonces sube a la barca de Simón, quien había regresado cansado y frustrado después de una noche entera sin pescar nada. Desde esa barca, Jesús enseña a la multitud y también prepara el corazón de sus discípulos; después invita a Simón a ir mar adentro y a echar nuevamente las redes. La respuesta de Simón revela cansancio y desaliento: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada». 

Como pescador experto, Pedro sabe que no parece razonable volver a pescar de día, menos aún después de haber fracasado durante la noche, que era el momento más propicio. Sin embargo, se fía de la palabra de Jesús y obedece. Al echar las redes, la pesca resulta tan abundante que casi se rompen, y las barcas están a punto de hundirse. Simón necesita entonces la ayuda de Juan y de Santiago, que se encuentran en la otra barca. Ante esta manifestación del poder de Jesús, un poder que viene del Dios Santo, Pedro descubre una dimensión nueva del Maestro: Jesús no es solo quien enseña con autoridad, sino el Santo de Dios. Por eso él y sus compañeros, dejándolo todo, lo siguieron. Seguir a Jesús exige abandonarlo todo y supone una conversión interior que se expresa en una radicalidad concreta: dar prioridad a su presencia y a su proyecto. San Lucas nos muestra así que la comunidad cristiana nace de un encuentro personal con Cristo, capaz de transformar las tareas ordinarias en misión evangelizadora. Así vivió la Virgen, así vivieron los santos; pidámosle a ella que también nos ayude a seguirlo con la misma disponibilidad.

Padre Alfredo.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

«A dispensar el amor, la compasión y la ternura de nuestro Dios»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estos días, mientras estoy en Indonesia, baso mis reflexiones en el evangelio. No saben cuánto lo he disfrutado al tener que hacer síntesis y síntesis porque todo ha de ser traducido al momento de estar hablando ¡El indonesio no se parece para nada al español y aquí me tienen como niño de kinder aprendiendo por lo menos los saludos básicos, los números y una que otra cosilla más! San Lucas nos narra hoy la escena en la que Jesús entra en la casa de Simón Pedro y la convierte en un santuario (Lc 4,38-44). Él, esta vez, no predica con palabras, sino con un gesto rotundo: cura a la suegra de Simón, quien de inmediato se levanta para ponerse a servir. Más allá de los debates de algunos estudiosos sobre el estado civil de Pedro —porque algunos deducen de esto que él era viudo— lo verdaderamente central aquí es que el signo de una sanación real es siempre la diaconía. La vida recobrada se verifica en el servicio desinteresado, jamás en la autocelebración.

Cuando ha caído la tarde, narra el evangelista, una multitud acude a Jesús en busca de salud. Me gusta pensar que cada uno de ellos representa un encuentro irrepetible, porque Lucas nos muestra que Jesús no evita el contacto humano, sino que toca a cada enfermo personalmente: Él es la pureza absoluta que abraza y purifica nuestra miseria. Incluso los demonios lo reconocen y gritan su identidad, pero él los silencia con firmeza porque rehúsa la fama fácil y rechaza cualquier definición mesiánica que pretenda esquivar la cruz.

Finalmente, este relato del evangelio, en los últimos renglones, nos muestra la pedagogía del silencio de Jesús. La intensa compasión del día anterior desemboca de madrugada en la soledad orante, y es justamente de ese silencio de donde nace su urgencia apostólica: «Es necesario que vaya...». Jesús es el misionero del Padre que camina hacia donde el Reino aún no ha llegado; transita de la curación a la misión, de lo privado a lo público, de lo conocido a lo que todavía espera una palabra de vida. Él también ha pasado por nuestra historia y hoy nos envía a hacer lo mismo. Hoy, en unas horas, volaré a la ciudad de Surabaya, a una hora de aquí, en esta misma isla de Java. Allá me esperan nuevos compromisos y en ellos el gozo de ser un misionero de la misericordia llevando con ello la tarea de dispensar el amor, la compasión y la ternura de nuestro Dios. Que su Madre nos acompañe. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo. 

martes, 1 de septiembre de 2026

«Que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Para un padrecito hiperactivo como yo, el tiempo pasa como agua pero tengo la certeza de que en estos días ha pasado como agua clara de Cristo que nos ha lavado por dentro en unos días de gracia en la «Experiencia Inesiana» —el curso que imparto con dos de nuestras hermanas: Silvia y Tere— con el primer grupo de participantes aquí en Yakarta. El espíritu y espiritualidad de la Beata María Inés, una fundadora valiente cuyo secreto para moldear su entrega lo aprendió directamente de María nos ha hecho reestrenar el gozo de ser misioneros. Nuestras hermanas viven en un entorno que está marcado por una grandísima presencia de la religión de Mahoma, pues solamente el 3% es cristiano en esta nación.

A pesar de la barrera del idioma indonesio, que me impidió profundizar en las homilías como hubiera deseado para evitarles el cansancio que ocasiona el estar escuchando la traducción en cada eucaristía, siento que la palabra del evangelio ha tocado con fuerza nuestros corazones en estos días, mostrándonos cómo la Madre María Inés sintoniza en todo con Jesús. Y es que la verdad del evangelio jamás nos deja indiferentes, pues la autoridad de Jesús convence desde su propio ser, como afirma el evangelio de este día (Lc 4,31-37). Sin la Eucaristía diaria y la Adoración, este, y cualquier otro curso, habría sido un simple pasatiempo o un requisito formativo que cumplir; sin ella nada habríamos logrado. En cada Santa Misa, el Señor se ha hecho presente en hechos concretos, demostrando que contra Él nada ni nadie puede, ni siquiera los espíritus malignos o el pecado que a veces nos seduce y nos cierra a la gracia. 

Jesús fue saliendo a nuestro encuentro cada jornada con sus palabras de Vida, su entrega amorosa y su escucha atenta en medio de nuestra realidad cotidiana. Para interpretar lo que Jesús ha obrado en nuestros corazones a través de nuestra fundadora en esta experiencia de vida espiritual y fraterna, el Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas, nos dice que incluso en las noches más oscuras el Señor suscita personas capaces de perseverar en el bien y generar una resistencia activa al mal. Ahora, la Virgen María también hará su parte: ella ha venido presurosa con su Hijo estos días, como cuando fue con Isabel y nos ha traído el vino de la alegría. Ella, que perseveró al pie de la cruz, nos alienta y cada vez que un curso termina o que una experiencia como esta llega a su fin, regresa con nosotros las comunidades de donde hemos venido para que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio a quienes aún no conocen a Cristo. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.