El blog del padre Alfredo / Fr. Alfredo's blog
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martes, 30 de junio de 2026
«A MITAD DEL AÑO POR EL MAR DE LA VIDA»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY
Hoy el Evangelio (Mateo 8,23-27) nos lleva al mar, este regalo de Dios que es símbolo de la vida, tan fascinante y tan tremenda. El relato de este día nos narra que los discípulos están en una barca y Jesús con ellos. El mar se encrespa —como la vida, tantas veces— y parece que no hay salida: «Señor, ¡sálvanos, que perecemos!» El Maestro va tranquilo. Parece que duerme. Pero escucha la voz de los suyos, la voz de su pueblo, la voz de los que le interpelan porque Dios siempre escucha, siempre atiende, siempre acompaña. Y el mar se calma. Y con ello la vida. Es que todo es cuestión sólo de fe. Porque todo es posible para el que cree.
¿Qué nos depara el mar de la vida para esta segunda mitad del año que mañana iniciamos? No lo sé ni yo ni ustedes. Vivimos a la sorpresa de Dios, porque, como decía el recordado Papa Francisco: «Nuestro Dios es el Dios de las sorpresas: viene y hace siempre nuevas las cosas [...] y nos pide docilidad a su novedad». Quiero cerrar el mes y con él este primer semestre compartiendo una oración con cada uno de ustedes que tienen la paciencia y el arrojo de leerme: «Padre misericordioso, hoy cierro el mes de junio con un corazón agradecido. Gracias por tu fidelidad, por ser mi refugio y por no soltarme de la mano en ningún momento. Te pido perdón por mis dudas y fallas. Dejo en tus manos los proyectos que quedaron pendientes y los sueños que aún esperan. Me dispongo a iniciar la segunda mitad del año con fe y alegría renovada. Bendice el mes que comienza, guarda a mi familia, a mis amigos, a mi comunidad, a mi parroquia y guíame en cada paso. Que mi vida siga alineada a tus propósitos de la mano de María. Amén.» ¡Bendecido martes!
Padre Alfredo.
lunes, 29 de junio de 2026
«San Pedro y San Pablo y la Iglesia de hoy y de siempre»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY
En los últimos años, he visto la dificultad, para muchos bautizados, de aceptar la mediación de la Iglesia para vivir la fe. Hay gente que con facilidad acepta a Dios y a Cristo, pero no a la Iglesia porque olvidan que la Iglesia es: Cristo presente entre nosotros. Es en la Iglesia y a través de la Iglesia, que Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria. Por eso afirmamos que la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo para encontrarnos con el Cristo total. Por eso hay que señalar que la comunidad eclesial es la plenitud de las esperanzas, la guía que nos conduce hacia la realización, porque nos hace presente el amor del Padre y por eso se afirma que es instrumento universal de la salvación.
Este 29 de junio la Iglesia Católica celebra a San Pedro y San Pablo juntos porque ambos apóstoles son considerados «columnas de la Iglesia» gracias a su determinante labor evangelizadora en los primeros años del cristianismo. Sobre ellos descansa el peso del rebaño de Cristo que peregrina en el mundo como si de columnas de un edificio se tratase. Sin ellos, sin su testimonio de vida, sin su entrega, el «edificio» se vendría abajo. Con ellos, siempre hay equilibrio. Así lo declara San Agustín en uno de sus sermones: «El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo… Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos» (San Agustín, Sermón 295). Ellos son la columna, pero cada uno de nosotros somos piedras que colaboran en la construcción de este edificio. Celebremos esta fiesta de la mano de María sintiéndonos para vital de la Iglesia y encomendando en especial al Papa León XIV. ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
domingo, 28 de junio de 2026
«Los hombres de Dios y la cruz»... Un pequeño pensamiento para hoy
En primer lugar quiero invitar a mis 18 lectores a dirigir la mirada a Eliseo, a quien la primera lectura (2 de Reyes 4,8-11. 14-16ª) como el hombre de Dios que va anunciando a su paso lo que Dios le va indicando. Los milagros que realiza y que se relatan en el libro, revelan que se trata de un hombre de Dios. Hoy vemos cómo, precisamente por eso, recibe la bendición de tener gente que se preocupa por él. Es que los hombres de Dios, los misioneros, vivimos así, de la limosna de todos, aunque para algunos, que ven solamente con los ojos del mundo, parezcamos una especie de zánganos que no producimos nada. Pero, para ser un misionero no todo es fácil. Eliseo tuvo momentos difíciles, yo también. Es que el seguimiento supone morir a sí mismo y entrar por el camino de la entrega y el servicio, como hizo Jesús quien también fue rechazado por algunos que no le entendieron, pero él fue fiel a la voluntad del Padre. Hoy me parece un buen domingo para pedir por los hombres de Dios.
La segunda idea gira en torno al desconcertante Evangelio de hoy para la mayoría de los bautizados en un mundo donde reina el confort y la búsqueda de un exagerado bienestar en donde nada sea sacrificio ni dolor. Jesús nos dirige unas palabras (Mateo 10, 37-42) que a primera vista suenan duras pero señalan el lugar que Dios debe ocupar en la vida del creyente. Cuando en el centro del corazón se coloca a Dios, se comprende el valor de la «cruz» y lo que ello demanda, se aprende a amar mejor a las personas que nos rodean y se le da sentido a la verdadera libertad interior. La cruz no es una búsqueda voluntaria del sufrimiento ni un resignarse pasivamente. Implica una fidelidad a la voluntad del Padre misericordioso que exige perseverancia y entrega. Es el crisol de la verdadera fidelidad. Quien hace a un lado la cruz se encierra en sí mismo termina empobreciéndose; quien está dispuesto a darse a los otros encuentra una alegría más profunda y duradera. Eso lo han experimentado, por ejemplo, todos los que han realizado algún tipo de voluntariado. El seguimiento del Señor implica tomar la cruz, pero también invita a abrir el corazón a una vida más entregada y fecunda. Pidamos a María que nos acompañe en nuestro peregrinar, ella, que obediente a voluntad del Padre, permaneció al pie de la cruz. ¡Bendecido domingo!
Padre Alfredo.
sábado, 27 de junio de 2026
«DIOS Y LAS DECISIONES MAL TOMADAS DEL HOMBRE»... Un pequeño pensamiento para hoy
La lectura de hoy, en el libro las Lamentaciones (Lamentaciones 2,2.10-14.18-19) es sumamente ilustrativa en estos momentos en que, en especial, el pueblo venezolano nos necesita. La lectura nos presenta un pueblo que reflexiona mirando a los más débiles, niños y lactantes que desfallecen. Un pueblo que sabe que ha seguido a profetas que no tuvieron mirada de verdad y no guiaron por el buen camino no puede sentirse destruido por un Dios vengativo, sino acompañado en el proceso de arrepentimiento en búsqueda de una vida nueva. Y es desde este sufrimiento nace un signo de vida nueva, un grito en la noche que pide levantarse y llevar el corazón a la presencia del Señor.
De toda esta catástrofe que ha dejado más de 1.400 muertos y alrededor de 3.500 heridos, ha de resurgir una vida nueva que parte cuando en el sufrimiento se entrega a Dios. Él siempre está acompañando al que sufre. Cada vez que ocurre una tragedia, aparecen voces que quieren explicar el dolor como si fuera una condena divina. Pero la Palabra de Dios nos enseña otra cosa. Dios nunca mira a las víctimas como culpables. Ante la desgracia, no pregunta: «¿Qué hicieron para merecerlo?», sino que abre un camino de conversión, compasión y responsabilidad. Lo que sí puede darse es que un fenómeno natural se convierta en una tragedia humana debido a decisiones mal tomadas: de cómo construimos, de cómo cuidamos o destruimos la casa común, de cómo se planifican las ciudades, de cómo se protege a los más pobres, de cómo las políticas de extracción, abandono y explotación van dejando territorios más frágiles y comunidades más expuestas.
Por eso, la fe no puede quedarse en una explicación fácil ni en una frase piadosa. La fe verdadera, ante situaciones tan tremendas como esta, se arrodilla para orar a la vez que se levanta para ayudar. Ora por los fallecidos, consuela a los heridos, acompaña a quienes lo perdieron todo y exige que la vida de los pueblos valga más que cualquier interés económico. Ni Venezuela, ni Chile, ni Japón, en donde ha temblado con fuerza estos días, necesitan juicios. Necesitan consuelo y oración. Necesitan manos abiertas. Necesitan mantener los oídos abiertos para escuchar con fuerza y con ternura, que el Dios de las Misericordias está con ellos y con nosotros que nos solidarizamos, despertando en todos el deber sagrado de recordar que somos la familia de Dios y de que, como dice San Pablo, cuando un miembro sufre, sufren todos. Que la Virgen no nos suelte de su mano en medio del dolor que compartimos. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
viernes, 26 de junio de 2026
«¡GRAVÍSIMA CONFUSIÓN!»... Para reír un poco
Cuando el hombre llegó y se alojó en el hotel, vio con asombro que en la habitación había una computadora con conexión a Internet. Entonces decidió enviar un e-mail a su mujer, pero se equivocó en una letra y sin darse cuenta lo envió a otra dirección…
El e-mail lo recibe por error una viuda que acababa de salir de la misa del funeral de su esposo, y cuando leyó el correo electrónico gritó y se desmayó instantáneamente. El hijo de la viuda vió a su madre en el suelo de la Iglesia sin conocimiento y llamó rápido a su médico de cabecera que había asistido al funeral y al sacerdote.
Mientras el médico revisaba a la señora, el padre se acercó para darle la unción de los enfermos y el hijo, mortificado porque su madre recobraba el conocimiento lentamente, tomó el teléfono de su mamá en cuya pantalla pudo leer…
«Querida esposa: He llegado bien. Probablemente te sorprenda recibir noticias mías por esta vía, pero ahora tienen computadora aquí y puedes enviar mensajes a tus seres queridos. Acabo de llegar y he comprobado que todo está preparado para tu llegada este próximo viernes. Tengo muchas ganas de verte y espero que tu viaje sea tan tranquilo y relajado como ha sido el mío.
No traigas mucha ropa. ¡Aquí hace un calor infernal!»
Ramiro.
«LA FORMACIÓN PERMANENTE EN LA VIDA CONSAGRADA»
En medio de una sociedad profundamente materialista, marcada por el egoísmo y que anega las aspiraciones más nobles del corazón, percibimos que la vocación es una respuesta, a la llamada que Dios hace para seguirlo, que no puede ser pasajera. Aceptar la vocación y perseverar en ella, quiere decir «creer en el amor» (Cfr. 1 Jn 4,16. Cada uno es «amado y escogido providencialmente por el dueño de la viña» (ESQUERDA BIFET Juan, "Ven y verás", Roma 1993, p. 8). Nuestra vocación es ante todo, una vocación de amor.
La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, supo descubrir esto y trazó un programa para su vida, un programa tan sencillo como esto: «Que mi vida sea un programa de amor. Que mi vida sea un acto de continua oblación» (ARIAS ESPINOSA María Inés Teresa, "Recuerdo de mis santos ejercicios", julio 6-17 de 1941).
Viendo nuestra respuesta vocacional en esta clave de amor, encontraremos siempre motivos más que suficientes para perseverar con alegría. Nuestra vida consagrada debe ser una vida impregnada de amor, porque nos sabemos amados por Dios. El Señor nos llama cada día a reestrenar la gracia de la vocación, a «volver al primer amor» (Cfr. Ap 2,2-5), a reavivar la ilusión de vivir pata él, recordando que «salimos de la mano de Dios, como obra y fruto de su amor» (CASTRILLÓN HOYOS Darío, "Pastores para una nueva evangelización", Madrid 1992, p. 21).
Desde hace algunos años se habla mucho de «formación permanente» y está bastante claro que no se trata de algo nuevo, pero hoy, «en medio de nuestro mundo, en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias, en donde el hombre busca desesperadamente en su mayoría, su seguridad existencial en el progreso científico y técnico, en el poder, en el dinero, en la comodidad, esta formación permanente se hace urgente, para que el consagrado no se deje arrastrar por modas o tendencias pasajeras.» (cfr. DELGADO RANGEL Alfredo L. Gpe., M.C.I.U., "Cristo, fundamento del sacerdocio; sacerdote, sacramento de Cristo", manuscrito sin fecha).
Jesús llamó a los que él quiso, nos llamó a nosotros también. Él llama siempre para estar con él y para enviar, a los llamados, a predicar la Buena Nueva(Cfr. Mc 3,13-14). La vocación, entonces, es «una llamada a compartir la vida de Cristo en un encuentro permanente y una misión totalizante» (DELGADO RANGEL Alfredo L. Gpe., M.C.I.D., "La miseria al servicio de la misericordia", manuscrito sin fecha). El «sígueme» de Jesús, se sigue repitiendo en cada llamada, en cada vocación, y no sólo eso, sino que se va renovando cada día, de tal manera que el que se sabe llamado, ha sido amado por Cristo y debe ir motivado por una respuesta dinámica a la llamada.
«El amor de Dios nos persigue» (DELGADO RANGEL Alfredo L. Gpe., M.C.I.U., "El pecado, Un ¡no! al amor de Dios”, manuscrito, 1994). Jesús se encuentra con nosotros, nos arrastra, nos cautiva, nos convence y nos va transformando. Por eso la beata María Inés decía: «Quiero transformarme en tu amor, quiero vivir de amor, quiero morir de amor» (ARIAS ESPINOSA María-Inés-Teresa O.S.C., "Ejercicios espirituales", 1943).
En la mirada de nuestro Señor Jesucristo, «imagen de Dios invisible» resplandor de la gloria del Padre, se percibe la profundidad de ese amor eterno e infinito que toca las raíces del ser. La persona que se deja seducir por él, abandona todo y lo sigue. Como san Pablo considera que todo lo demás es «pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús», ante el cual no duda en tener todas las cosas «por basura para ganar a Cristo». Su aspiración es identificarse con él, asumiendo sus sentimientos y su forma de vida". (Cfr. Vita Consecrata 18).
Recordando que «el fin de la vida consagrada consiste en la configuración con el Señor Jesús y con su oblación total, es sobre todo a esto a lo que debe aspirar la formación (CENCINI, Amedeo, “¿Creemos de verdad en la formación permanente?”, Santander 2013, p. 36-37). Desde esta perspectiva se entiende que la vocación religiosa auténtica, es una vigorosa experiencia de encuentro con el Padre de las Misericordias en Cristo. Es literalmente una «vivencia». El verdadero religioso, como vemos en la beata María Inés, es un enamorado de Cristo que, como san Pablo, pretende alcanzar a Cristo, porque se sabe previamente alcanzado por él. (Cfr. DELGADO RANGEL, Alfredo L. Gpe., M.C.I.D., "La expresión de un único sí", manuscrito, 1994)
La formación permanente, es el esfuerzo integral que hemos de asumir, con la gracia de Dios, para permanecer dinámicamente fieles a la propia identidad espiritual y eclesial y para ser capaces de adaptamos y responder positivamente, en el nombre del Señor, a las exigencias históricas de la vocación (Cfr. MISIONERAS CLARISAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, "Guía de formación", Roma, diciembre de 1997). Se trata de una cuestión de «perseverancia» y «fidelidad», como muchas veces lo he repetido y experimentado. «¿Cómo olvidar que el Señor nos llamó?.. nos llamó por el nombre y no nos dejará jamás. Nadie nos puede suplir ni representar en la llamada que nos hace cada día a seguirle pobre, casto y obediente» (DELGADO RANGEL, Alfredo L. Gpe., M.C.I.D., "Me considero feliz", manuscrito, 1996).
«Ninguna fase de la vida puede ser considerada tan segura y fervorosa como para excluir toda oportunidad de ser asistida y poder tener mayores garantías de "perseverancia" en la "fidelidad", ni existe edad alguna en la que se pueda dar por concluida la completa madurez de la persona» (Vita Consecrata 69). «La vida del presbítero y de la persona consagrada es formación es formación en sí misma» (CENCINI, Amedeo, “¿Creemos de verdad en la formación permanente?”, Santander 2013, p. 37).
Los sacerdotes y los consagrados, debemos tener muy en claro que vivimos en una constante formación, por se habla de formación permanente, el «sígueme» del primer día, se repite cada día y se reafirma en una respuesta de plenitud de entrega que continúa siempre actual. «Nadie deja nunca de sentirse llamado, hay un llamamiento constante en nuestra vida» (DELGADO RANGEL Alfredo L. Gpe., M.C.I.U., "Dos caminos", manuscrito, 1994). La formación permanente nos lleva a permanecer sumergidos en Cristo, en el misterio dramático de su corazón para que día con día, según las etapas de la vida que vayamos atravesando, aprendamos a vibrar de su pasión por hacer la voluntad del Padre que nos ama (Jn 16,27) y por salvar a la humanidad llenándola de vida (Jn 10,10).
La formación permanente no se funda en racionalismos ni en sentimentalismos ni en estados anímicos como muchos, llevados por modas actuales, se dejan llevar. Quizá por esa realidad que muchos viven en la entrega vocacional de vivir así, el «sí» de un día se convierte fácilmente en un «no» que impide seguir respondiendo. «La formación permanente es ante todo gracia que viene de lo alto, cada día, un don cotidiano, seguro, infalible y providencial» (CENCINI, Amedeo, “¿Creemos de verdad en la formación permanente?”, Santander 2013, p. 38). La formación permanente viene a ser una ayuda para no dejamos guiar por nuestro modo de sentir y pensar, sino por los criterios de Cristo. «Mi vida debe ser un espejo en el que se reproduzcan las virtudes de Nuestro Señor» (ARIAS ESPINOSA, María Inés Teresa, "Ejercicios espirituales", 1933). Por eso es una tarea de toda la vida. «No bastan unos años de rutina, es toda una vida la que se compromete por él». (ESQUERDA BIFET Juan, "Encuentro con Cristo", editorial Sígueme, Salamanca 1987).
En la vida consagrada no basta con ser ya de votos perpetuos para sentirse «formado». Todos necesitamos de los diversos medios de la formación permanente que, de por sí, ya los conocemos: la oración como encuentro con Cristo especialmente en la Eucaristía, la Palabra de Dios, los sacramentos, la profundización en la doctrina sobre vida religiosa, la doctrina sacerdotal para los que somos sacerdotes o nos preparamos a serlo, la dirección espiritual, la vida de sacrificio y entrega, la vida fratena en comunidad, el amor a María, el compromiso misionero, el conocimiento cada vez más profundo y la vivencia del carisma de nuestros fundadores. «Se necesita una formación permanente que abarque los niveles de espiritualidad, cultura teológica y humana, metodología pastoral, convivencia en la comunidad, etc.» (ESQUERDA BIFET Juan, "Te hemos seguido", Biblioteca de autores cristianos, Madrid 1996, p. 52).
Hablamos, entonces, de una formación continua que se lleva a cabo como «un proceso global de renovación que abarca todos los aspectos de la persona del religioso y el conjunto del instituto mismo» (“Orientaciones sobre la formación en los institutos religiosos”, # 68). Esta formación permanente no es cosa fácil, que se pueda realizar en un día, es todo un proceso que requiere de mucho esfuerzo —ascética— y por supuesto, de la gracia de Dios —mística— y que empieza desde las primeras etapas de la formación inicial que prepara a la ordenación sacerdotal o a la profesión perpetua.
Luego esa formación continúa en el día a día del ministerio, en la vida común, en el servicio desinteresado, en la disponibilidad a la misión, etc. La formación no se puede cerrar en un paréntesis juvenil, sino que tiene que estar abierta a todo el arco existencial, hasta alcanzar el máximo de disponibilidad en la fase final de la existencia. Por eso la muerte forma parte importante del proceso de formación continua, porque hay que prepararse de manera individual y comunitaria al momento de la muerte. La muerte es el punto más elevado del proceso de identificación con la pasión de Cristo por Dios y por los hombres.
Hemos de pensar siempre que nuestra vida, tanto en el ministerio como en la vida consagrada, es larga y dificultosa, porque se trata de responder a una misión muy grande. El éxito de la tarea misionera de nuestra vocación depende, en mucho, de la calidad de formación permanente que tengamos. Porque «no puede darse un solo momento en el que el Padre no se ha movido por aquel gran deseo de formar en cada uno de nosotros, el corazón de su amado Hijo.» (CENCINI, Amedeo, “¿Creemos de verdad en la formación permanente?”, Santander 2013, p. 43)
A mayor formación humana, espiritual, apostólica, intelectual, en el propio carisma, mayor será lo que una diócesis, un instituto o una familia religiosa ofrezcan a la Iglesia y al mundo. «La vida se confía al hombre como un tesoro que no se debe malgastar, como un talento a negociar. El hombre debe rendir cuentas de ella a su Señor» ("Evangelium vitae", # 52).
La falta de la formación permanente no se podrá suplir con nada, ni con el fervor, ni con un gran corazón, ni con talento, ni con amplios planes de conquistas de almas, y ciertamente su ausencia se dejará sentir en una mundanización de los miembros, en una vida seca, áspera, sin frutos. Nadie puede ser santo si no se mantiene en este estado de formación permanente. Dicen que San Francisco de Sales, al llegar a Chablais, infestado de Calvinistas, dijo: «Esto está en manos de los protestantes porque nosotros hemos rezado el breviario pero no hemos aumentado nuestro saber».
Los santos y los fundadores, en general, vivieron siempre reconcentrados en la formación permanente. «Imitar a los santos, no es copiar un ideal; no es copiar a los santos. Significa, siguiendo su ejemplo, dejarse conducir, como ellos, por un Otro adonde tú no querrías ir, dejar que el amor te configure desde dentro con la forma en que trasciende toda formas, significa precisamente llegar a ser un original, no una copia» (JACQUES MARITAIN, “Frontiere della poesia”, Brescia 1981, p. 104). De hecho, en mi caso concreto, como Misionero de Cristo, he podido ver algunos de los libros en los que la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, sostuvo su formación permanente y la de nuestra Familia Inesiana. Su Biblia de estudio estaba más que gastada. En algunos de sus escritos deja ver la importancia que la formación permanente y la autoformación tenía para ella:
«El estudio principal para todo misionero es la Sagrada Escritura. Allí se han forjado los santos; de allí han sacado toda su ciencia, como un santo Tomás y un San Buenaventura». (Carta colectiva de mayo de 1974). «Los cursos intensivos siguen en su apogeo; me van a costar muchísimo, que sólo Dios sabe cómo va a proveer a sus pagos, pero espero en Dios que se aprovechan con ganas y, poco a poco, vayamos ganando cultura y, con ella, almas para Dios». (Carta del 26 de diciembre de 1954). «Cada misionero tome muy en cuenta la autoformación, que se adquiere, ante todo, en la oración recogida y silenciosa, ya sea al pie del Sagrario o en algún otro sitio; y en la lectura de seleccionados libros, empezando por la Sagrada Escritura, decretos conciliares, y de aquellos otros que nos renueven, tanto en lo espiritual y religioso, como en lo humanístico, social y pedagógico». (Carta circular del 8 de diciembre de 1969).
La formación permanente, por tanto abarca todas las áreas de nuestro existir. «Ninguno puede estar exento de aplicarse al propio crecimiento humano y religioso; como nadie puede tampoco presumir de sí mismo y llevar su vida con autosuficiencia» (CASTRILLÓN DE HOYOS Darío, "Pastores para una nueva evangelización", Madrid 1992, p. 76).
Dentro de este tema de la formación permanente, merece un apartado especial el tiempo que se dedica a la autoformación, porque la formación permanente será, seguramente, llevada a cabo sí, en la vida ordinaria pero ayudándose de diversos medios que estarán al alcance de cada uno en el lugar y circunstancia en donde esté. La autoformación es crucial para el sacerdote y para todo consagrado, porque fomenta la adaptabilidad a cambios rápidos, desarrolla la autonomía, mejora la empleabilidad y el rendimiento al permitir el aprendizaje a su propio ritmo conforme a etapa de la vida que atraviese, y fortalece la confianza y la independencia, siendo un motor de crecimiento personal y profesional continuo en un mundo en constante evolución.
La autoformación es crucial porque fomenta la adaptabilidad a cambios rápidos, desarrolla la autonomía, mejora la empleabilidad y el rendimiento al permitir el aprendizaje a tu propio ritmo, y fortalece la confianza y la independencia, siendo un motor de crecimiento personal y profesional continuo en un mundo en constante evolución. Termino esta reflexión con la esperanza de que sea útil, o por lo menos no estorbe en este proceso de formación. El Padre Celestial quiere que seamos santos como él es santo. Ruego a la santísima Virgen María que a cada uno nos de luz, nos haga comprender la necesidad de formamos en todo tiempo y lugar y que viendo a Jesucristo y a tantos santos fundadores, vivamos cada día sin tedio y sin rutina inútil, viviendo y perseverando con sencillez y entrega fiel.
Algunos puntos de reflexión biblica:
«¿CÓMO ACTUAMOS ANTE LAS PRUEBAS?... Un pequeño pensamientop para hoy
Pero bueno, quiero volver más bien centrarme en el texto de El texto del segundo libro de los Reyes —capítulo 25, versos del 1 al 4— en el que, situándolo dentro de un contexto más amplio como es todo el capítulo 25 e incluso todo este libro completo, encontramos que no se trata de un libro histórico, aunque los hechos que se relatan en él sean hechos históricos, sino más bien de una reflexión teológica que muestra el significado espiritual de los hechos acaecidos. ¿Por qué esto? La historia de la Salvación que camina a la par de todo el resto de acontecimientos de la humanidad, se lee a la luz de la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel. Los hechos que se narran son consecuencia del comportamiento del pueblo que ha sustituido al Dios de la Alianza por una serie de dioses a su medida. La infidelidad y la idolatría son los pecados que han roto la Alianza con Yahvé, y que, hasta la fecha, son la causa de la ruina del hombre.
En el texto de hoy, el rey de Babilonia sitia Jerusalén, Sedequías rey de Judá, había desoído las advertencias y el modo de proceder propuesto por Jeremías, es apresado y torturado. Dentro de este mismo período se destruyen los símbolos del poder religioso y político: el templo construido por Salomón y el palacio real. Casi nada queda del reino de Judá. La mayoría de sus habitantes sufre el exilio en Babilonia, durante 70 años, pero el invasor «dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores», quisa olvidados por ser de poca importancia. Eso hizo que ellos mantuvieran viva la promesa del pacto de Dios. El pueblo exiliado se fue purificado a través de los años fuera de su tierra. El pueblo fue entendiendo la dolorosa consecuencia de alejarse de Dios. Los judíos en el exilio aprendieron una lección y por eso lo traigo a colación. Porque nosotros, en las diversas pruebas que experimentamos en la vida, como las de aquel pueblo... ¿Cómo actuamos? ¿Crecemos en las pruebas? ¿Nos comportamos con el valor de los que se quedaron? Que la Virgen nos ayude. ¡Bendecido viernes!
Padre Alfredo.
«RENOVAR EL DESEO DE SEGUIR A JESÚS»... HORA SANTA 44.
«MÁS ALLÁ DEL DISFRAZ»... La verdad detrás de los Therians
Este fenómeno de comportamiento, en esta era del posmodernismo, ha ganado cada vez más visibilidad a veces marcando tendencia y otras veces de forma silenciosa, pero sobre todo en adolescentes y jovenes se comparten historia y reels en redes sociales como TikTok, aunque tiene sus raíces desde décadas atrás. Las personas con esta preferencia se manifiestan a través de comportamientos, instintos o una forma particular de percibir el mundo. Y es que el pensamiento de los Therians sugiere que el cuerpo es una «prisión» para un alma animal, idea que contradice la unidad sustancial de cuerpo y alma tal y como Dios lo estableció.
En nuestros días nos toca vivir una época de una grandísima confusión antropológica. No sólo por la rapidez con la que surgen y desaparecen modas culturales, sino porque muchas de ellas comparten un mismo trasfondo: la dificultad creciente del ser humano para aceptar y habitar su propia condición humana. Hoy se ve gente que se viste como perro o como otro animal, adoptando comportamientos como caminar a cuatro patas ––quadrobics–– o usando máscaras. Por eso me parece interesante escribir algo sobre este fenómeno «Therian» que no solo podemos juzgar sólo como una extravagancia juvenil o una curiosidad de redes sociales, sino como un síntoma serio de una crisis más profunda.
Desde la fe, los bautizados comprendemos que el ser humano es imagen y semejanza de Dios, poseedor de una dignidad única que no puede ser moldeada por el deseo. La tendencia de los Therians es una expresión del vacío espiritual que el mundo de hoy vive al expulsar a Dios del ambiente diario y sobre todo del corazón, situación que provoca que el hombre pierda su propósito y busque refugio en el instinto o en la naturaleza. Tratando de conocer un poco más esta cuestión, podemos ir a diversos artículos de distintos autores recordando algunos principios de antropología que son básicos en la vida de todo creyente.
Este fenómeno de identidad y por ende de comportamiento, no expresa una exaltación de la naturaleza, ni un amor sano por el mundo animal. Expresa, más bien, una renuncia a la identidad humana. Se han hecho virales situaciones en torno a este fenómeno y de un momento a otro se hizo tendencia como una subcultura y más que eso, pues está pasando a ser una moda, es decir, no algo porque pasa efímeramente, sino que llega para quedarse largo tiempo.
No podemos olvidar que, como cristianos, estamos llamados a vivir como hijos de Dios reconciliados con su naturaleza biológica descubriendo desde pequeños la belleza de ser humanos y recordando que el diseño divino es la verdadera fuente de libertad. Pero, ¿qué revela realmente el fenómeno Therian?
Detrás de esta postura suele haber un cansancio de la responsabilidad que implica ser persona, grandes dificultades para integrar el propio cuerpo, la propia historia y los propios límites, una grave confusión entre lo que siento y lo que soy y una cultura que ha dejado de ofrecer referencias claras sobre la dignidad humana.
No se trata, entonces, de una conquista de libertad. se trata más bien de una huida. No podemos hablar de una afirmación del yo, sino más bien de una disolución del yo. La raíz de este problema está en la pérdida del «quién soy». Durante siglos, el ser humano entendió que su identidad era algo recibido, que debía ser acogido, cuidado y madurado. Hoy se impone la idea de que la identidad debe cambiarse, inventarse sin sujetarse a límites, incluso contra la propia naturaleza. Cuando esto ocurre la verdad deja de ser un punto de apoyo, el cuerpo deja de tener significado, y la identidad se vuelve frágil, inestable y cambiante.
El fenómeno Therian es una expresión extrema de esta lógica: si no hay una verdad sobre el ser humano, entonces cualquier auto-percepción puede reclamar el lugar de identidad. La segunda ley de la termodinámica afirma que todo sistema cerrado tiende al desorden si no recibe energía desde fuera. Esta ley, entendida como analogía, ayuda a comprender lo que sucede hoy en el plano humano y espiritual.
Cuando una persona se cierra a la verdad, a la realidad del cuerpo que Dios le ha dado, a la razón y a la trascendencia, entonces comienza un proceso de entropía espiritual: desorden interior, fragmentación de la identidad, confusión del deseo y pérdida del sentido de la propia dignidad. A la luz de esto podemos afirmar que este fenómeno es, ante todo, un intento desesperado de reorganizar una identidad que ya se ha desestructurado por dentro. La degradación no empieza en lo extraño, sino en lo cotidiano. Nadie llega de golpe a negar su humanidad. Antes suceden pasos silenciosos: se relativiza la verdad, se niega el valor del cuerpo, se elimina el sentido del límite y se pierde la pregunta por el sentido último. Lo que hoy aparece como algo llamativo o chocante es, en realidad, el último eslabón de un proceso largo de empobrecimiento interior.
Frente a estas corrientes, nuestra fe cristiana no ridiculiza ni desprecia, pero sí discierne y corrige. Y lo hace afirmando algo profundamente liberador: el ser humano no está llamado a rebajarse, sino a plenificarse como hijo de Dios. El creyente proclama que la persona humana posee una dignidad única, el cuerpo tiene un sentido y un lenguaje, la identidad no se improvisa, se descubre y se madura y el corazón humano, hecho para la trascendencia, necesita abrirse a Dios para no desordenarse por dentro. Cristo no vino a decirnos: «sé lo que tú quieras» sino: «sé lo que estás llamado a ser». Eso no oprime; ordena. No confunde; ilumina. No degrada; eleva.
El fenómeno Therian no es motivo de burla, sino de discernimiento y compasión pastoral. Revela una humanidad cansada, desorientada y herida, que al cerrarse a la verdad y a la trascendencia entra en entropía y comienza a deshacerse desde dentro. Nuestra misión como Iglesia es totalmente clara: anunciar con verdad y misericordia que la verdadera libertad no consiste en dejar de ser humano, sino en llegar a serlo plenamente.
Padre Alfredo.
jueves, 25 de junio de 2026
«Nunca los he conocido»... Un pequeño pensamiento para hoy
Siento que el Evangelio de hoy quiere traspasar nuestro corazón, quiere derribar los muros internos que tantas veces impiden a Dios realizar su obra, porque somos nosotros mismos los que confiamos más en la obra de nuestras manos, según nuestros aparentes dones y cualidades humanas, que en los designios del Padre. Jesús es muy claro, quien se apoya en su propio esfuerzo y confía en sus dones naturales, tiende a dejar de escuchar la voz del Padre, tiende a hacer todo de manera superficial para agradar a los demás y tener una imagen perfecta.
El reino de los Cielos está al alcance de los sencillos, de los pobres, de los humildes, de aquellos que aparentemente no tienen nada que ofrecer, porque todo en sus vidas depende de Dios. Los sencillos de corazón que están atentos a la Palabra, los humildes que escuchan la voluntad del Señor y la cumplen, esos son los que Jesús conoce de verdad. Con la fuerte frase «nunca los he conocido», el Maestro se refiere a aquellos que no han puesto su confianza en la voluntad de Dios, que se glorían de sus éxitos, pero no son realmente felices, porque viven bajo la presión del mundo, siempre insaciable. ¿Nos dejamos conocer por Jesús? ¿Dónde está nuestro apoyo? ¿Cómo es nuestro discernimiento, nos dejamos guiar, como María por la voluntad de Dios?... ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!
Padre Alfredo.
miércoles, 24 de junio de 2026
«PRECURSORES DE VOCACIONES EN LA IGLESIA»... Un pequeño pensamiento para hoy
Siento que, en medio de esta situación de uno y otro sacerdote que deja el ministerio, Dios nos está hablando muy claramente con esta fiesta de San Juan Bautista el precursor de Cristo. Juan es alguien que ni siquiera se consideraba digno de desatar las sandalias del que venía detrás de él (Jn 1,19-27). Él preparó el camino del que habría de venir. Ante esto... ¿por qué pienso que Dios nos está hablando muy claramente? Es que estoy como desenfrenado en una constante reflexión sobre el tema vocacional. Entre otras preguntas que me he hecho desde las 5 de la mañana hasta ahorita en que ya estoy en la Casa Madre en Cuernavaca están estas: ¿Es verdad que no hay vocaciones o no somos precursores de Cristo para que haya vocaciones? ¿Estoy haciendo algo para ayudar a los sacerdotes a vivir su vocación con alegría sin que se pierdan en el sinsentido de la fama ruidosa? ¿Me intereso en cultivar la vocación de quien tiene inquietud de seguir a Cristo? ¿Contrarresto de alguna manera el escándalo que se hace por unos cuantos sacerdotes que dejan el ministerio? ¿Doy a conocer la vida heroica de muchos sacerdotes cercanos a mí?
Ciertamente Juan era tan sólo una voz, pero una voz como las de muchos de nosotros que queremos ser precursores de Jesús promoviendo las vocaciones y cuidando a quienes, como yo, a pesar de viejos, seguimos siendo hombres débiles que necesitamos de vez en cuando un empujoncito que nos ayude a seguir con entusiasmo y no olvidar que la vocación es algo dinámico. La voz de Juan fue una voz que inquietó y despertó a los espíritus dormidos. ¡Hay que despertar esos espíritus dormidos! Tenemos que ser una voz profética que anuncia un nuevo amanecer vocacional. Para cerrar esta reflexión quiero compartir que me he puesto a pensar que tal vez un profeta como Juan no podía morir en una tranquila ancianidad. Si hubiera vivido más sin ser encarcelado por orden de Herodes hubiera sido un anciano por el reino como quiero serlo yo. Que María, que se encaminó presurosa también en esta dinámica de precursora de la llegada de Jesús, nos aliente. ¡Bendecido miércoles!
Padre Alfredo.
martes, 23 de junio de 2026
«LA PUERTA ANGOSTA»... Un pequeño pensamiento para hoy
La salvación es asequible a todos, pero ciertamente no es una bagatela. A la hora de llegar ante «la Puerta», no bastará con declararse amigos de Jesús: «Hemos comido y hemos bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas»... La puerta se abrirá para todos aquellos que hayan obrado el bien y buscado la justicia, que hayan sido solidarios, compasivos y misericordiosos, aun a costa de sacrificios. Dios no excluye a nadie, pero quedarán fuera quienes no quieran entrar por esa puerta angosta.
Recuerdo una de las frases más emotivas del Papa Francisco tocante a este tema. La pronunció en el rezo del Ángelus del 21 de agosto de 2016 y quiero compartirla ahora con ustedes, mis queridos siete lectores para cerrar la reflexión: «Quisiera hacerles una propuesta: pensemos ahora, en silencio, por un momento, en las cosas que tenemos dentro de nosotros y que nos impiden atravesar la puerta: mi orgullo, mi soberbia, mis pecados. Y luego, pensemos en la otra puerta, aquella abierta de par en par por la misericordia de Dios que al otro lado nos espera para darnos su perdón». Que la Virgen Santísima nos ayude a dar la medida para poder entrar por la puerta, que es angosta. ¡Bendecido martes!
Padre Alfredo.
lunes, 22 de junio de 2026
«LA BEATA MARÍA INÉS TERESA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO»... Un pequeño pensamiento para hoy
La Beata María Inés Teresa —cuyo proceso de beatificación es de los más cortos en la Iglesia— nació en una familia cristiana, el 7 de julio 1904 en Ixtlán del Río, México. En 1924, ante la ya inminente persecución religiosa en México, durante la celebración de un Congreso Eucarístico Nacional de una importancia relevante, ella se sintió totalmente atraída por Jesús, a cuyo amor misericordioso se consagró como víctima de holocausto en 1926, cuando la persecución ya había comenzado. En medio de plena guerra cristera, sintiendo el llamado del Señor, busca la manera de consagrarse como religiosa pero la dura situación del país y la muerte de su hermano Eustaquio, la llevan a posponer su deseo hasta encontrar la manera de irse como inmigrante a los Estados Unidos e ingresar, en Los Ángeles California al al Monasterio de Clarisas del «Ave María», un monasterio mexicano exiliado allá por unos años. Allá, ante una imagen de la Virgen de Guadalupe que hoy se conoce como «La Virgen de la Promesa», ella vive una fuerte experiencia espiritual de la que nace su obra contemplativa misionera, que la Santa Sede autoriza hace 75 años, luego de que ella viviera 16 años en el convento de clausura. La primera de sus obras es la fundación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, más tarde nace Van-Clarny en seguida los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal y después todo el resto de la Familia Inesiana: Grupo Sacerdotal amigos de Madre Inés, Misioneras Inesianas y Familia Eucarística, que, con carisma eucarístico, sacerdotal, mariano, misionero y alegre, hacen presente a Cristo y a la Iglesia en el mundo. Su vida fue un himno de alabanza, para la gloria de Dios y la salvación de las almas. Luego de establecer misiones en todos los continentes, murió en Roma el 22 de julio de 1981 y fue beatificada el 21 de abril de 2012 por el cardenal Angelo Amato en representación del Papa Benedicto XVI en la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México.
Yo tuve la dicha de conocerla y estar a su lado varias veces antes y después de ingresar al seminario. Guardo un recuerdo muy especial de su mirada que irradiaba el gozo de «vivir para Cristo». De hecho fue su testimonio quien me llevó a tomar la decisión de escribirle para manifestarle que quería ser Misionero de Cristo. A través de una llamada telefónica y después en documento escrito, recibí su carta de admisión. Su vida misionera fue el reflejo del mandato que nos da Jesús en el Evangelio que hoy se lee en su fiesta, tomado de San Juan, del 9 al 17: amar sin medida y llevar la alegría del Evangelio a todos los rincones del mundo. con su lema «Oportet Illum Regnare» —«Es urgente que Cristo reine» 1 Cor 15,25—, Madre Inés entendió que este amor debe vivirse con una confianza audaz y que para permanecer en Él, es indispensable alimentar la vida espiritual, especialmente en la Eucaristía. Con una vida sencilla y alegre, siempre de la mano de María —¡Vamos María!— demostró que cuando un alma confía en Dios y se convierte en apóstol, su vida florece en frutos de santidad y evangelización en una Iglesia de puertas abiertas. ¡Bendecido lunes rogando a la Beata María Inés que interceda por nosotros!
Padre Alfredo.
domingo, 21 de junio de 2026
«EL DÍA DEL PADRE»... su origen
La historia nos dice que la primera persona en querer celebrar oficialmente esta fiesta fue una mujer llamada Sonora Smart Dodd. Su mamá murió en el año de 1898 cuando estaba dando a luz. Entonces, fue la responsabilidad de su papá —un veterano de la Guerra Civil de Estados Unidos—, de cuidar a sus 6 hijos solo. Se llamaba William Jackson Smart y aunque no existen muchos elementos biográficos a los que se pueda recurrir, todo parece indicar que, enfrentando el miedo de quedarse solo con esta tarea descomunal para un hombre, hizo un gran trabajo.
Ya siendo adulta Sonora Smart Dodd fue a la Iglesia una mañana de mayo de 1909 a la celebración religiosa del recién instaurado Día de las Madres. Ella —quien admiraba mucho a su papá— estaba en el público pensando en una fecha para que también se celebrara la paternidad. Se celebrara a los papás cada 5 de junio, porque ese era el cumpleaños de su papá y así fue como un domingo 19 de junio se llevó a cabo la primera misa del Día del Padre. Como fue una celebración originada en la religión, se decidió que la celebración tendría que ser en domingo y así se llegó al tercer domingo de junio.
Sonora Smart Dodd falleció en 1978, así que pudo ver cómo su iniciativa se extendió para agradecer a tantos papás que saliéndose del común de muchos hombres que no valoran este don, viven heroicamente su paternidad.
El Día del Padre es una bendición, no solo porque refuerza la necesidad esencial de los padres, sino porque ofrece a los hombres católicos la oportunidad de reflexionar sobre su propio desempeño como padres valientes que, aunque vayan remando contra corriente.
Este Día del Padre, independientemente de las fallas del pasado, cada hombre puede ser una nueva creación en Cristo que, bajo la mirada de María, que tuvo que ver mucho con la paternidad de San José. ¡Feliz Día del Padre sin olvidar a los que, como el mío, Don Alfredo Leonel Delgado Laurel, ya han sido llamados a la Casa Paterna!
Padre Alfredo.
«DE PUERTAS ABIERTAS SIN TENER MIEDO»... Un pequeño pensamiento para hoy
Los discípulos–misioneros de Cristo estamos en la hora del anuncio del Reino de Dios, la hora de una Iglesia en salida sin miedos ni complejos, una Iglesia «de puertas abiertas». Por fin vamos entendiendo que una Iglesia encerrada en sí misma, una Iglesia que sólo piensa en su propio prestigio por miedo, es una Iglesia que se empobrece. La Iglesia en salida, que soñó y estableció el finado Papa Francisco, la Iglesia que va al encuentro de las personas, la Iglesia que escucha, que conoce los problemas, es una Iglesia que se enriquece, porque descubre nuevas virtualidades del evangelio y nuevas posibilidades de hacer el bien. El encuentro con el mundo —sin ser del mundo— nos ayuda a descubrir lo valiosa que es y la presencia escondida de su Señor en tantas personas desenfocadas o cautivadas por el mundo del consumismo, del materialismo que es «de puertas cerradas» porque atrapa y no deja salir con facilidad. La sociedad actual, atrapada en el encierro de la adoración del dios dinero y sus nefastas consecuencias, necesita oxígeno y la Iglesia con las puertas abiertas puede mirar a los ojos y escuchar acompañando al que, asqueado por ese encerramiento, va quedando tirado al borde del camino, porque ha descubierto que el dinero no lo da todo. (cf. Evangelii Gaudium, 46).
Quiero reservar el tercer largo párrafo de este día —que será bastante largo— a la celebración del Día del Padre. Es que este domingo en México y en muchas partes, celebramos esta fiesta. Muchos saben que yo soy un apasionado de la historia, porque estoy convencido de que la historia es fundamental para conocer el pasado para desde allí comprender nuestra realidad actual y proyectarnos hacia el futuro. La historia nos otorga identidad, desarrolla nuestro pensamiento crítico y nos enseña valiosas lecciones de los aciertos y errores de la humanidad. Por eso, en este día en que el Evangelio habla de que «no hay que tener miedo», voy a la historia para que juntos entendamos el valor tan grande del Día del Padre. La historia nos dice que la primera persona en querer celebrar oficialmente esta fiesta fue una mujer llamada Sonora Smart Dodd. Su mamá murió en el año de 1898 cuando estaba dando a luz. Entonces, fue la responsabilidad de su papá —un veterano de la Guerra Civil de Estados Unidos—, de cuidar a sus 6 hijos solo. Se llamaba William Jackson Smart y aunque no existen muchos elementos biográficos a los que se pueda recurrir, todo parece indicar que, enfrentando el miedo de quedarse solo con esta tarea descomunal para un hombre, hizo un gran trabajo. Ya siendo adulta Sonora Smart Dodd fue a la Iglesia una mañana de mayo de 1909 a la celebración religiosa del recién instaurado Día de las Madres. Ella —quien admiraba mucho a su papá— estaba en el público pensando en una fecha para que también se celebrara la paternidad. Se celebrara a los papás cada 5 de junio, porque ese era el cumpleaños de su papá y así fue como un domingo 19 de junio se llevó a cabo la primera misa del Día del Padre. Como fue una celebración originada en la religión, se decidió que la celebración tendría que ser en domingo y así se llegó al tercer domingo de junio. Sonora Smart Dodd falleció en 1978, así que pudo ver cómo su iniciativa se extendió para agradecer a tantos papás que saliéndose del común de muchos hombres que no valoran este don, viven heroicamente su paternidad. Creo, entonces, que este domingo unos destinatarios privilegiados del Evangelio son los papás. El Día del Padre es una bendición, no solo porque refuerza la necesidad esencial de los padres, sino porque ofrece a los hombres católicos la oportunidad de reflexionar sobre su propio desempeño como padres valientes que, aunque vayan remando contra corriente. Este Día del Padre, independientemente de las fallas del pasado, cada hombre puede ser una nueva creación en Cristo que, bajo la mirada de María, que tuvo que ver mucho con la paternidad de San José. ¡Bendecido domingo Días del Padre sin olvidar a los que, como el mío, ya han sido llamados a la Casa Paterna!
Padre Alfredo.
sábado, 20 de junio de 2026
«NO PODEMOS SERVIR A DIOS Y AL DINERO»... Un pequeño pensamiento para hoy
El afán de tener de todo a costa de todo en la sociedad actual, equivale a celebrar un culto sin tregua y sin piedad como despliegue máximo de aquello que se venera. El culto al dios dinero no puede parar ni el domingo que, anteriormente, por más del 90 % de la sociedad creyente, era considerado el día del Señor. Ante la frase evangélica, centro de la reflexión de hoy: «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No pueden servir a Dios y al dinero», tenemos que preguntarnos en qué o en quién ponemos nuestra confianza: ¿En nosotros? ¿En nuestra fortaleza personal? ¿En nuestro poder adquisitivo? ¿En el dinero aunque no lo tengamos? Tal vez solamente cuando todo a la gente le falta el dinero es cuando se acuerda de Dios. Por eso, muchas veces decimos que la pobreza, o la enfermedad nos evangelizan. Ellas ponen al descubierto nuestra vulnerabilidad y nos ayudan a poner nuestro corazón y nuestra vida en las manos de Dios.
Ayer, una tormenta inesperada colapsó Monterrey, mi tierra natal y el lugar en donde vivo. Sumergido en una inmensa laguna de agua y un océano de automóviles, contemplaba las construcciones excéntricas que el dios dinero ha venido imponiendo en esta megalópolis sin ton ni son: Edificios que rascan el cielo y están vacíos, con departamentos que exigen rentas inimaginables, restaurantes a los que menos del 2 % de los habitantes de la ciudad puede ingresar. Descomunales centros comerciales que empobrecen más a quienes no tienen y compran a crédito lo que tal vez nunca acabarán de pagar. Puentes con estructuras imponentes que hablan de millones de pesos gastados en acero para sostener lo que con unas cuantas varillas se puede lograr. Tiendas de conveniencia que obtienen inmensas ganancias para unos cuantos, estadios que venden los boletos a precios que succionan meses y meses de sueldo de trabajadores que no quieren quedarse atrás y están allí... y me falta decir mucho más. Tal vez tenemos que preguntarnos qué es lo que de verdad llena nuestro corazón y se ha hecho centro de nuestra vida. La naturaleza, creada por Dios no es la primera vez que vence la ambición millonaria de una ciudad mal planeada porque no ha sido hecha con la visión de hacer un pueblo de desarrollo, sino con la idea de crear un ídolo como el Becerro de Oro, que distrae al ser humano de su auténtico ser y quehacer.
Apartarnos de Dios, como el pueblo de Israel hizo tantas veces a lo largo de su historia y que hoy denuncia Jesús con unas cuantas palabras, no silencia la voz de aquellos que tiene hambre, que padecen enfermedades por estar desnutridos; la voz de aquellos que esperan el transporte público más de 40 minutos y que corren el riesgo de morir, como la mujer que ayer murió aplastada por un panorámico que sabrá Dios cuánto haya costado y cuya noticia se ha silenciado para no poner en evidencia a la constructora; la voz de quienes tienen que entorpecer la línea de las cajas en el supermercado porque tienen que estar regresando lo que no alcanzar a pagar y que es de consumo básico; la voz de quienes hacen casi tres horas de ida y 3 de regreso del trabajo porque no hay un bue n transporte para quien no puede comprar un carro; la voz de quienes son estafados por quienes se aprovechan de su ignorancia... Creo que palabras como estas, que en Evangelio pueden pasar como una frase más, nos deben llamar a nosotros, que no queremos al dinero como dios de nuestras vidas, a descubrir un modo nuevo y diferente de ser para vivir como profetas que somos desde el bautismo, ayudando a descubrir la verdadera felicidad. María, la mujer que se supo pobre y necesitada de Dios nos ayude. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
viernes, 19 de junio de 2026
TRIDUO EN HONOR DE LA BEATA MARÍA INÉS TERESA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.
Se rezará al comenzar cada día.
Señor Dios, Padre nuestro, que concediste a la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento una sed ardiente de la gloria de Dios y la salvación de las almas, infunde en nuestros corazones ese mismo celo misionero. Que su amor entrañable a la Santísima Virgen de Guadalupe y su entrega total a la Eucaristía nos guíen para hacer de nuestra vida una constante ofrenda de amor. Concédenos, por su intercesión, la gracia que hoy te pedimos con fe. Amén.
Día 1: El Amor al Santísimo Sacramento.
Reflexión: La Beata María Inés centró toda su existencia en Jesús Sacramentado. En el Sagrario encontraba la fuerza para su labor misionera. Ella nos enseña que la oración contemplativa es el motor de toda acción apostólica.
Oración: Jesús Sacramentado, te pedimos, por intercesión de la Beata María Inés, que aumentes nuestra fe y devoción a la Sagrada Eucaristía. Que sepamos buscarte, como ella, en el Sagrario, con un corazón puro y humilde, reconociendo que solo en ti se encuentra la verdadera paz y la alegría del alma. Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Día 2: El Espíritu Misionero y Universal.
Reflexión: El lema de la Beata María Inés era: "Urge que Cristo reine". Su corazón no conoció fronteras; deseaba que todos los hombres, en todos los continentes, conocieran el Evangelio y el amor de Dios. «Que todos te conozcan y te amen, es la única recompensa que quiero» le decía al Señor.
Oración: Dios de bondad, enciende en nosotros el fuego de la caridad misionera como lo hiciste en el corazón sin fronteras de Madre Inés. Ayúdanos a comprender que todos somos responsables de llevar tu palabra a los demás, empezando por nuestras familias y comunidades. Danos la valentía de anunciar tu Reino sin miedo, con alegría y sencillez. Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Día 3: La Confianza Filial en María de Guadalupe.
Reflexión: Bajo la mirada de la Virgen de Guadalupe, la Beata María Inés caminó con absoluta confianza filial. Aprendió de María a ser dócil a la voluntad del Padre y a interceder con ternura por los más necesitados y alejados. «Vamos María» se le escuchaba decir.
Oración: Madre Santísima de Guadalupe, Virgen de la Promesa, tú que fuiste la gran inspiradora y protectora de la Beata María Inés, enséñanos a confiar plenamente en la Divina Providencia. Alcánzanos un corazón humilde como el tuyo, para aceptar con amor los planes de Dios en nuestra vida ordinaria. Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Oración Final para todos los días.
Se rezará al terminar cada día.
Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, intercede ante el Padre Celestial para que alcancemos la gracia de una fe viva, una esperanza firme y una caridad ardiente. Pide para nosotros la bendición de vivir siempre en sintonía con el Corazón de Jesús y el de tu amada Madre de Guadalupe. Te encomendamos de manera especial esta petición: (Mencione aquí su intención personal). Ruega por nosotros, Beata María Inés, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Padre Alfredo.