miércoles, 24 de junio de 2026

«PRECURSORES DE VOCACIONES EN LA IGLESIA»... Un pequeño pensamiento para hoy

Todos conocemos y de una u otra manera estamos sumergidos en la crisis del sacerdocio que en esta época nos está tocando vivir. Hoy, en este día especialísimo de la solemnidad de San Juan Bautista, a temprana, mientras estaba en el aeropuerto con Sylvia Martínez y la hermana Juanita Oropeza, empezó a llegar a mis redes la noticia de que el destacado sacerdote e influencer Damián María Montes, conocido como el padre Damián por su perfil de creador de contenido religioso en redes sociales y por su paso por un famoso programa español llamado La Voz, deja definitivamente el sacerdocio tras 20 años de vocación y toma una decisión que acompaña con el inicio de una nueva vida volcada en la educación, la creación cultural y su ámbito civil. Situaciones como esta cunden con una rapidez impresionante que dañan totalmente el ser y quehacer de la vocación sacerdotal. Los problemas relativos a la escasez de sacerdotes, a las comunidades sin eucaristía, al celibato y demás, determinan en gran medida, aunque no exclusivamente, la grave situación a la que me refiero.

Siento que, en medio de esta situación de uno y otro sacerdote que deja el ministerio, Dios nos está hablando muy claramente con esta fiesta de San Juan Bautista el precursor de Cristo. Juan es alguien que ni siquiera se consideraba digno de desatar las sandalias del que venía detrás de él (Jn 1,19-27). Él preparó el camino del que habría de venir. Ante esto... ¿por qué pienso que Dios nos está hablando muy claramente? Es que estoy como desenfrenado en una constante reflexión sobre el tema vocacional. Entre otras preguntas que me he hecho desde las 5 de la mañana hasta ahorita en que ya estoy en la Casa Madre en Cuernavaca están estas: ¿Es verdad que no hay vocaciones o no somos precursores de Cristo para que haya vocaciones? ¿Estoy haciendo algo para ayudar a los sacerdotes a vivir su vocación con alegría sin que se pierdan en el sinsentido de la fama ruidosa? ¿Me intereso en cultivar la vocación de quien tiene inquietud de seguir a Cristo? ¿Contrarresto de alguna manera el escándalo que se hace por unos cuantos sacerdotes que dejan el ministerio? ¿Doy a conocer la vida heroica de muchos sacerdotes cercanos a mí?

Ciertamente Juan era tan sólo una voz, pero una voz como las de muchos de nosotros que queremos ser precursores de Jesús promoviendo las vocaciones y cuidando a quienes, como yo, a pesar de viejos, seguimos siendo hombres débiles que necesitamos de vez en cuando un empujoncito que nos ayude a seguir con entusiasmo y no olvidar que la vocación es algo dinámico. La voz de Juan fue una voz que inquietó y despertó a los espíritus dormidos. ¡Hay que despertar esos espíritus dormidos! Tenemos que ser una voz profética que anuncia un nuevo amanecer vocacional. Para cerrar esta reflexión quiero compartir que me he puesto a pensar que tal vez un profeta como Juan no podía morir en una tranquila ancianidad. Si hubiera vivido más sin ser encarcelado por orden de Herodes hubiera sido un anciano por el reino como quiero serlo yo. Que María, que se encaminó presurosa también en esta dinámica de precursora de la llegada de Jesús, nos aliente. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

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