viernes, 26 de junio de 2026

«RENOVAR EL DESEO DE SEGUIR A JESÚS»... HORA SANTA 44.


Monitor:
La exposición solemne de la Sagrada Eucaristía nos ofrece la oportunidad de reflexionar en oración sobre el llamado de Jesús a seguirle en una vida más fiel re-estrenando el «sí». Este momento de oración nos brinda la oportunidad de ser más conscientes de la presencia de Cristo en medio de su pueblo y nos invita a una comunión espiritual con Él. 

Se hace la exposición del Santísimo de la forma tradicional.

CANTO INICIAL:
«ESTÁS AQUÍ»

Estás aquí, aunque no te pueda ver, 
pues escondes tu gloria y majestad. 
Estás aquí, revestido solamente del amor, 
bajo la forma de un pan. 

Con sencillez, te me vienes a entregar 
y en mi interior, vas haciendo maravillas, 
corazón con corazón, en profunda comunión, 
me haces templo de la Santa Trinidad (2). 

Ven y cena conmigo, ven y mora en mi hogar, 
ven y nunca me dejes, pues sin ti me moriría, 
me haz herido con tu amor, ven y mora en mi interior, 
de ti quiero comulgar señor (2) .


Presidente: Dios mío, yo creo, espero, adoro y te amo. 
Todos: Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, no te adoran, y no te aman. 
(3 veces)

Lector: (Si está presente un sacerdote o un diácono, a ellos corresponde hacer esta lectura)

Del Evangelio según san Marcos (1, 14-20)
Después de que Juan fue entregado, Jesús marchó a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: Decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, lanzando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. Ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre en la barca con los jornaleros, se fueron tras él».

Momentos de silencio.

Lector 1: El Evangelio que hemos escuchado nos presenta la vocación de los primeros cuatro apóstoles. En esta Hora Santa, este texto se convierte para nosotros en una llamada a reflexionar sobre nuestra propia vocación a la imitación de Cristo. ¿Cómo hemos vivido el «sí» que le dimos al Señor cuando nos invitó a seguirlo?
 
Lector 2: La vocación de los apóstoles nos muestra tres elementos: Primero la llamada por Jesús: «vengan conmigo». Después la respuesta de los llamados: «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.» Por
último, la misión para la que son llamados: «yo los haré pescadores de hombres».
 
Lector 1: Toda vocación es iniciativa de Dios, es elección por gracia, porque Dios elige a los que
Él quiere. Él, como a aquellos primeros seguidores, nos llamó a nosotros también y, respondiendo a su llamada, hemos ido detrás de él en una vocación específica.

Lector 2: Somos conscientes de que esa llamada personal no se dirigió solamente al grupo inicial de los apóstoles y los discípulos, o al círculo más amplio de los primeros hombres y mujeres que interactuaron con Cristo para establecer el reino de Dios. La llamada se dirige también a cada uno de nosotros, sea hombre o mujer, sacerdote, consagrado o laico.

Lector 1: En nuestro bautismo fuimos llamados a la imitación de Cristo como sacerdotes, profetas y reyes. Y desde entonces, Dios repite y renueva su llamada muchas veces y de muchas maneras. Hoy, a través de este Evangelio, Dios nos hace conscientes de que vuelve a dirigir su llamada a cada uno de nosotros esperando que reestrenemos nuestra respuesta. 

Lector 2: Dios espera de cada uno de nosotros una respuesta renovada. Por eso hay que preguntarnos: ¿Estamos nosotros siempre abiertos y atentos para sus llamadas, para sus inspiraciones y exigencias? Cada día, de nuevo, tenemos que dar nuestra respuesta a la llamada de Dios, aun cuando no la entendamos, aun
cuando nos cueste aceptarla. 
 
Momentos de silencio.

CANTO.
«SEÑOR A QUIÉN IREMOS»

SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?
TU TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.

Soy el pan que os da la vida eterna,
el que viene a mi no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed,
así ha hablado Jesús.

No busquéis el alimento que perece,
sino aquel que perdura eternamente;
el que ofrece el hijo del hombre,
que el Padre os ha enviado.

Pues si yo he bajado del cielo,
no es para hacer mi voluntad,
sino la voluntad de mi Padre,
que es dar al mundo la vida.

El que viene al banquete de mi cuerpo,
en mí vive y yo vivo en él;
brotará en él la vida eterna,
y yo lo resucitaré.

Lector 1:  Señor y Amigo, Jesús adorable en la Hosta Santa: he aquí a tus hermanos, que te buscan...; tus íntimos, que te llaman con insistencia en tu custodia, Te ruegan, pues, que les permitas hablar contigo más ampliamente, como debes haber hablado con aquellos primeros seguidores.

Lector 2: Mira que somos nosotros también hijos de María tu Madre santísima; somos, pues, tus hermanos pequeñitos, los colmados de tus gracias, los cercanos, los que como aquellos discípulos caminamos junto a Ti.

Lector 1: Recuerda, ¡oh Rey de amor!, que según tus propios designios, es ésta la hora de gracia por excelencia, ya que en ella ofreciste confiar tus secretos, en retorno de las confidencias de tus consoladores y amigos...; confidencias recíprocas que labrarán la eterna intimidad entre tu Corazón y los nuestros. Ayúdanos a renovar el deseo de seguirte.

Momentos de silencio.

Celebrante: Dios escoge aquellos a quienes Él quiere, oremos al Señor para que envíe trabajadores a sus campos:

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Abraham para ser padre de muchas naciones, inspira a muchos jóvenes a responder a tu llamada.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Moisés, tendiendo las multitudes de Jetro, proporciona pastores dignos a tu pueblo en nuestro día.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Aarón para servirte en tu templo, llama a los hombres para que sirvan a tu Iglesia en la imagen de Cristo.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como hablaste para despertar a Samuel con tu llamada, abre los oídos de tus elegidos.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como cada Sumo Sacerdote fue elegido entre los hombres, así llama a los hombres para ofrecer el santo y vivo sacrificio.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Eliseo fue ungido por el profeta Elías, dales a los que llamas fuerza para seguirte sin voltear atrás.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como llamaste a los Apóstoles para ser embajadores de Cristo, así envíanos predicadores fervientes para fortificar nuestros espíritus.

Todos: Señor, confiamos en ti.



CANTO.
«EL SEÑOR ES MI FUERZA».

El Señor es mi fuerza,
mi roca y salvación. (bis)

1. Tú me guías por sendas de justicia, me enseñas la verdad.
Tú me das el valor para la lucha, sin miedo avanzaré

2. Iluminas las sombras de mi vida, al mundo das la luz.
Aunque pase por valles de tinieblas, yo nunca temeré.

3. Yo confío el destino de mi vida, al Dios de mi salud.
A los pobres enseñas el camino, su escudo eres Tú.

4. El Señor es la fuerza de su pueblo, su gran libertador.
Tú le haces vivir en confianza, seguro en tu poder.

Monitor: Preparémonos a recibir la bendición del Señor.
(En este momento nos ponemos todos de rodillas para recibir la bendición con el Santísimo Sacramento).

Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

(Si está presente un sacerdote, éste dará la bendición del forma acostumbrada).

Ultimas oraciones:

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el Santo Nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la gran Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa Asunción
Bendito sea el nombre de María: Virgen y Madre
Bendito sea san José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO FINAL.
«EL ALFARERO».

1. Gracias quiero darte por amarme
gracias quiero darte yo a ti señor
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mi también

Yo quiero ser señor amado
como el barro en manos del alfarero
toma mi vida hazla de nuevo
yo quiero ser un vaso nuevo

2. Te conocí y te amé
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname señor
pues te amo y nunca te olvidare

3. Yo quiero ser señor amado
como el barro en manos del alfarero
toma mi vida hazla de nuevo
yo quiero ser un vaso nuevo

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