jueves, 25 de junio de 2026

«Nunca los he conocido»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de la misa de este jueves, tomado del capítulo 7 de san Mateo —versículos del 21 al 29 impacta en una sociedad como en la que nos toca vivir. Una sociedad de consumo donde la palabrería nos atiborra desde discursos gubernamentales increíbles para pocos y creíbles para muchos, hasta montones de charlatanes que venden cuánto remedio parezca creíble para muchos e increíble para pocos y que son para sanar unas mil clases de males y maleficios. Sabemos que para sostenerse en la verdadera fe y en el compromiso del seguimiento de Cristo no basta hablar y cantar bien, es preciso vivir y practicar (Mt 7,21-23). Cuando no se busca sostener la fe en la endeble fama que da el hablar bonito o el cantar, se forja una vida que quizá sin ninguna clase de éxito aparente como el caso de las vidas de San Daniel Comboni o San Carlos de Foucauld cuyas fundaciones parecían no prosperar por su poca fama, entonces es cuando la vida, construida encima del fundamento de la nueva Ley del Sermón de la Montaña, queda firme en el momento de la tormenta (Mt 7,24-27). Al leer el Evangelio de este jueves, uno queda convencido de que las palabras de Jesús en las personas son para sostener los cimientos y no lo que se alcanza a ver y que muchas veces es sensacionalista.

Siento que el Evangelio de hoy quiere traspasar nuestro corazón, quiere derribar los muros internos que tantas veces impiden a Dios realizar su obra, porque somos nosotros mismos los que confiamos más en la obra de nuestras manos, según nuestros aparentes dones y cualidades humanas, que en los designios del Padre. Jesús es muy claro, quien se apoya en su propio esfuerzo y confía en sus dones naturales, tiende a dejar de escuchar la voz del Padre, tiende a hacer todo de manera superficial para agradar a los demás y tener una imagen perfecta. 

El reino de los Cielos está al alcance de los sencillos, de los pobres, de los humildes, de aquellos que aparentemente no tienen nada que ofrecer, porque todo en sus vidas depende de Dios. Los sencillos de corazón que están atentos a la Palabra, los humildes que escuchan la voluntad del Señor y la cumplen, esos son los que Jesús conoce de verdad. Con la fuerte frase «nunca los he conocido», el Maestro se refiere a aquellos que no han puesto su confianza en la voluntad de Dios, que se glorían de sus éxitos, pero no son realmente felices, porque viven bajo la presión del mundo, siempre insaciable. ¿Nos dejamos conocer por Jesús? ¿Dónde está nuestro apoyo? ¿Cómo es nuestro discernimiento, nos dejamos guiar, como María por la voluntad de Dios?... ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario