Siento que el Evangelio de hoy quiere traspasar nuestro corazón, quiere derribar los muros internos que tantas veces impiden a Dios realizar su obra, porque somos nosotros mismos los que confiamos más en la obra de nuestras manos, según nuestros aparentes dones y cualidades humanas, que en los designios del Padre. Jesús es muy claro, quien se apoya en su propio esfuerzo y confía en sus dones naturales, tiende a dejar de escuchar la voz del Padre, tiende a hacer todo de manera superficial para agradar a los demás y tener una imagen perfecta.
El reino de los Cielos está al alcance de los sencillos, de los pobres, de los humildes, de aquellos que aparentemente no tienen nada que ofrecer, porque todo en sus vidas depende de Dios. Los sencillos de corazón que están atentos a la Palabra, los humildes que escuchan la voluntad del Señor y la cumplen, esos son los que Jesús conoce de verdad. Con la fuerte frase «nunca los he conocido», el Maestro se refiere a aquellos que no han puesto su confianza en la voluntad de Dios, que se glorían de sus éxitos, pero no son realmente felices, porque viven bajo la presión del mundo, siempre insaciable. ¿Nos dejamos conocer por Jesús? ¿Dónde está nuestro apoyo? ¿Cómo es nuestro discernimiento, nos dejamos guiar, como María por la voluntad de Dios?... ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!
Padre Alfredo.
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