domingo, 14 de junio de 2026

«¿Iglesia para clientes o para creyentes?»... Un pequeño pensamiento para hoy


Siempre ha existido la tentación de ver a la Iglesia solamente como el lugar al que se acude solamente a recibir... ¡a consumir! La mayoría de los bautizados acuden para solicitar un servicio, para pedir alguno de los sacramentos, solicitar un sacerdote para ir a ver un enfermo o acudir a una funeraria. Esto muestra una actitud pasiva en la fe de la mayoría de los que se dicen católicos y donde el creyente —en su mayoría no practicante— solo busca recibir beneficios —ayuda, apoyo, bendiciones— sin cuestionarse en la necesidad de participar activamente en la edificación de la comunidad eclesial. Cuánta gente —de la poca que cumple con el precepto dominical— va a misa cada ocho días solamente para «cumplir» haciendo oídos sordos a lo demás que tenga que ver con la vivencia de la fe. Hay quienes acuden al confesionario solo porque se van a casar o porque van a ser padrinos sin pensar que Dios tiene un proyecto del Reino de Dios para establecerlo en su corazón, en su familia, en su entorno. Este domingo, luego de venir impregnado por la vivencia del 6° Congreso Apostólico de la Divina Misericordia en Vilnius, me topo con este Evangelio que desde el capítulo 9, en el versículo 36 hasta el capítulo 10 en el versículo 8 me cuestiona sobre esta situación.

Estoy convencido de que los consumidores desgastan a la Iglesia, consumen sobre todo la vida de los sacerdotes sin importarles quién es ese hombre, que necesita, cómo puedo vivir en sinodalidad con él construyendo la comunidad eclesial. Los consumidores de Iglesia sienten que por el hecho de ser bautizados tienen ganado un sin fin de derechos sin absolutamente ninguna obligación. No cumplen con el precepto dominical de la participación en misa, pero echan pestes si el sacerdote no va a ver a su enfermo al otro extremo de la ciudad o no es capaz de dejar la misa de la parroquia para ir a la funeraria en donde nadie contesta, nadie comulga y el difunto no se paraba ni por mal pensamiento en la Iglesia. Jesús, en el Evangelio de este domingo quiere «apretar las tuercas» diciendo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos». Con estas palabras, Cristo nos llama a analizar nuestros corazones y ver las razones que nos llevan a ser solamente «consumidores» y no «trabajadores» en la Iglesia. Somos tramposos. Cuando escuchamos este Evangelio pensamos: ¡Eso es para los sacerdotes! ¡Necesitamos sacerdotes! Sí, claro, de eso no hay duda. 

Pero tampoco hay duda de que la llamada a ser trabajadores es para todo bautizado. Lo expreso con una vivencia muy clara: Aquí en Monterrey, por ejemplo, por cada 10,000 habitantes hay un sacerdote... ¿Podrá el sacerdote atender todo lo que la gente quiere consumir de la Iglesia? Nuestra actitud al formar parte de la iglesia deber ser la de saberse trabajadores y no solamente consumidores. ¿De que grupo eclesial formas parte? ¿En qué grado de la Escuela Bíblica estás? ¿Qué ministerio o servicio desarrollas en tu comunidad? ¿A qué sacerdote te acercas para ver en qué puedes colaborar para mantener viva y fresca tu fe? ¿Cuánto tiempo has dado de servicio como catequista de niños, adolescentes, jóvenes o adultos? ¿De cuántos enfermos estás al pendiente? Saberse miembro de la Iglesia como trabajador implica reordenar prioridades, o sea dejar atrás el egoísmo, la indiferencia y la dureza de corazón para dar lugar y espacio a mi parroquia no solo como consumidor. Hoy que vivimos en medio de un desierto de incertidumbre, de cansancio y de superficialidad, Dios sigue pidiendo trabajadores. Recuerdo que en Turín, Italia, en donde estuve por última vez, hace ya un buen tiempo, hay una imagen de la Virgen llamada «Madonna dei Lavoratori» —Nuestra Señora de los Trabajadores—, yo creo que hacia Ella podemos alzar nuestra mirada este domingo y pedirle que nos ayude a responder al llamado de su Hijo Jesús que quiere necesitar de nuestro «Cuenta conmigo». ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

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