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viernes, 21 de julio de 2017

«The Confession»... A short film which really impressed me


I am a Missionary of Mercy, and I saw today this film that was dedicated to «The Year of Mercy». directed by John La Raw from Myanmar performed by Korean actors. The film got five International film festival awards so far and nominated in various International film festivals.

The issue is controversial. I do not dwell on the matter of «lying», but on God's mercy. The pardon of the priest and the joy of the penitent to have been forgiven call my attention. What do you think? Should the priest have acted differently? Was there any other way for the man to feel forgiven?

Fr. Alfredo Delgado, M.C.I.U.

viernes, 21 de octubre de 2016

LA VIVENCIA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA EN LOS MONASTERIOS DE CLAUSURA...


Hace poco, relativamente, me tocó visitar, como Misionero de la Misericordia, dos Monasterios de comunidades diversas y en dos países distintos. El primero fue el Monasterio de las Madres Trinitarias de María, en West Covina, California, en Estados Unidos; el segundo fue el Monasterio De Nuestra Señora Reina De La Paz, de las Clarisas Capuchinas en Perote, Veracruz, en México.

De una u otra manera, la palabra «misericordia» inunda todos los carismas de la vida religiosa, y por supuesto la vida en la clausura de los monasterios. Un amor compasivo de ida y vuelta circula dentro de cada comunidad, y lo proyecta, sobre todo a través de la oración y el sacrificio que se ofrece por la humanidad entera, a los corazones de quienes viven en la miseria de la injusticia, la pobreza, la violencia, la falta de libertad y en las tinieblas del mundo actual.

No puedo describir el gozo inmenso que en cada uno de estos dos monasterios despertó la llegada de un «Misionero de la Misericordia». Una monja muy anciana, con lágrimas en sus ojos exclamó llena de gozo: «¡Nunca me imaginé que un Misionero de la Misericordia viniera a nuestro Monasterio! ¡Somos tan poquitas y tan lejos!».

En un estilo de vida pobre y sencillo, es fácil percibir el gozo de seguir a Cristo y vivir para Él. Cada uno de los monasterios, con su estilo particular  de vida, según sus fundadores, es un oasis en medio del mundo en donde la vivencia de la misericordia de Dios, mediante el seguimiento de Cristo por la profesión de la consagración religiosa, se hace signo y testimonio de esta misericordia infinita en la Iglesia y en el mundo. La meta de cada monje y de cada monja, es siempre hacer presente la misericordia divina, mediante la espiritualidad del seguimiento de Cristo anonadado para la vida del mundo, con un profundo sentido eucarístico, junto a una dependencia singular y confianza sin límites en María Santísima en una vida de clausura, en el mundo, pero sin ser del mundo (Juan 15,19).

Frente a cualquier «tendencia innatural de depreciar el mundo y sus valores», tras las huellas del Señor, en el monasterio se participa de la dinámica encarnatoria de Cristo, el Señor de la Misericordia, estando en el mundo sin ser de él.

Estar en el mundo significa para estas religiosas de clausura, asumir el mundo visible creado por Dios como proyecto a realizar mediante un recto dominio sobre sí mismas y sobre todo lo creado. Estar en el mundo significa para cada una de ellas —al igual que en los monasterios de varones— asumir el propio papel histórico y comprometerse intensamente a ofrecer un espacio en donde la misericordia es el pan de cada día. Estar en el mundo significa para ellas evangelizar la cultura y las culturas del hombre, como expresión de la misericordia, que ofrece espacios en donde frente a Jesús Eucaristía o al repaso de las cuentas del Santo Rosario, se implora para el mundo la misericordia que allí, dentro de las cuatro paredes del monasterio, se vive con alegría y en paz.

No podemos olvidar que a pesar de haber sido bautizados aún hay algo en nosotros que nos inclina al mal. El Papa Francisco nos recuerda que todos somos pecadores y estamos necesitados de la misericordia y el perdón de nuestro Dios, porque nadie estamos totalmente libres de la influencia alienante del mundo antagónico a Dios. Por tanto, en respuesta al llamado que Dios les ha hecho, estas mujeres buscan, en el monasterio, poner todo empeño no sólo para no acomodarse al mundo presente rechazando sus criterios y pseudo-valores, sino también para conformarse día a día con el Dios misericordioso mediante la continua conversión. Así, recibir a un Misionero de la Misericordia en el Monasterio, brindó la oportunidad de echarse un clavado al corazón, hacer un buen examen de conciencia y acercarse al sacramento de la reconciliación para celebrar la Eucaristía con un corazón nuevo.

La misión que se tiene en cada monasterio, exige en primer lugar dejarse iluminar por la luz de Cristo misericordioso, permitiendo que Aquel que es la Luz de los hombres (Jn 8,12) ilumine plenamente el propio ser y disipe todo lo que en el consagrado haya de oscuridad, de pecado, de mal. Quien a la luz de la verdad sobre Dios y sobre el hombre revelada por el Señor de la Misericordia descubre cada vez más y reflexiona continuamente sobre su propia identidad, no podrá ser confundido, ni engañado, ni avasallado por el dinamismo alienante del mundo y, a la vez, como discípulo-misionero, ofrecerá al mundo un  espacio en donde la misericordia se puede palpar a flor de piel.

La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fue formando su corazón misionero en el ambiente de un convento de clausura «El Ave María», allí pasó 16 años de su vida inmersa en la infinita misericordia de Dios. Ella escribió: «¡Cada alma que amas Jesús, y que corresponde a tu amor es una historia deliciosa de tu misericordia, de tus ternuras! Es la página más hermosa de tu misma vida, si me permites la expresión, porque en ella haces derroches de tu ciencia por excelencia, que es amar, darte por entero, entregarte sin reserva, para que las almas también se te den, se te entreguen sin reservas; eres el Mendigo del amor».

¡Dios, en su infinita misericordia, siga suscitando la vocación a la vida consagrada en la clausura!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

sábado, 1 de octubre de 2016

«PEREGRINACIÓN A LA PUERTA SANTA»... Algunas ideas cruzar a la Puerta Santa en el Año de la Misericordia


1. RECOGIMIENTO
(Al inicio del peregrinar)

Antes de recorrer la distancia que se haya elegido para iniciar la peregrinación hay que recoger el pensamiento y las intenciones con las que se caminará hacia la Puerta Santa de la Misericordia. Vale la pena pensar en todos los familiares y amigos vivos y difuntos, a quienes te hayan encargado alguna oración o se las hayas prometido; especialmente hay que pensar en los enfermos y en los ancianos y en los más alejados de la vida eclesial.

En este punto se puede recitar el salmo 122 o cantarlo:

"QUÉ ALEGRÍA"

QUE ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON,
VAMOS A LA CASA DEL SEÑOR; 
YA ESTÁN PISANDO NUESTROS PIES, 
TUS UMBRALES, JERUSALÉN. 

Jerusalén está fundada,  como ciudad bien compacta, 
allá suben las tribus, las tribus del Señor. 

QUE ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON...

Según la costumbre de Israel,  a celebrar el Nombre del Señor,  
en ella están los tribunales de justicia; en el palacio de David. 

QUE ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON...

Desead la paz a Jerusalén, vivan seguros los que Te aman; 
halla paz dentro de tus muros,  en tus palacios seguridad.

QUE ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON...

2. MADRE DE MISERICORDIA
(A mitad del camino conviene hacer una parada y recitar la Salve o entonar un canto mariano)

"SANTA MARÍA DEL CAMINO"

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR, 
SANTA MARÍA VEN. (2)

Mientras recorres la vida, 
Tú nunca solo estás, 
contigo por el camino, 
Santa María va.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR...

Aunque te digan algunos 
que nada puede cambiar, 
lucha por un mundo nuevo, 
lucha por la verdad.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR...

Si por el mundo los hombres 
sin conocerse van, 
no niegues nunca Tu mano 
al que contigo está.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR...

Aunque parezcan tus pasos
inútil caminar, 
Tu vas haciendo el camino 
otros lo seguirán.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR...

«La misericordia es una cualidad del amor maternal. El hijo había sido engendrado de María Virgen para ser el amor misericordioso de la humanidad; y María difunde esta misericordia con amor de Madre que se extiende de generación en generación, según el diseño del Padre que había asociado íntimamente al misterio de Cristo y de la Iglesia. De ahí el origen de tantas representaciones de María, que evocan con profundo sentido religioso su protección maternal, precisamente como Madre de la Misericordia; la Virgen María representada con el manto bajo el cual se refugia el pueblo cristiano" (Card. Vicenzo Fagiolo, La Madre de la Misericordia).

3. EL ATRIO
(Al llegar al Atrio de donde se encuentra la Puerta de la Misericordia se recita la oración del Jubileo)

Oración del Jubileo:

Señor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura;
hizo llorar a Pedro luego del a tradición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción 
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor 
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres 
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos 
y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, 
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.

4. LA PUERTA SANTA DE LA MISERICORDIA
(Antes de cruzar la Puerta Santa)

«Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado. Cualquiera que entrará por la Puerta de la Misericordia, podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza». (Cf Papa Francisco, Bula de Indicción "MIsericordiae Vultus", 2-3).

Aquí se puede recitar o cantar el salmo 24:

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, 
el mundo y todos sus habitantes,
porque él la fundó sobre los mares, 
él la afirmó sobre las corrientes del océano. 

¿Quién podrá subir al Monte del Señor 
y permanecer en su recinto sagrado? 
El que tiene las manos limpias 
y puro el corazón; 
el que no rinde culto a los ídolos 
ni jura falsamente: 
él recibirá la bendición del Señor, 
la recompensa de Dios, su salvador. 
Así son los que buscan al Señor, 
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. 

¡Portones, levanten sus dinteles, 
levántense, puertas eternas, 
para que entre el Rey de la gloria! 
¿Y quién es ese Rey de la gloria? 
Es el Señor, el fuerte, el poderoso, 
el Señor poderoso en los combates. 
¡Puertas, levanten sus dinteles, 
levántense, puertas eternas, 
para que entre el Rey de la gloria! 
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria 
es el Señor de los ejércitos. 
Gloria al Padre...

5. DENTRO DEL TEMPLO
(Luego de pasar la Puerta Santa)

Conviene participar en la Celebración de la Santa Misa y si no es posible, de debe hacer un rato prologado de oración.
Se recita el Credo.
Se reza por las intenciones del Santo Padre un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

6. AL TERMINAR LA PERGRINACIÓN

Debe quedar el compromiso de hacer una de las obras de misericordia lo más pronto posible.

(Esta celebración está basada en el folleto que se utiliza en el Vaticano para cruzar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro).

jueves, 15 de septiembre de 2016

«AGRANDAR EL CORAZÓN CON UN POCO DE MISERICORDIA»... Una sencilla reflexión.

En el mensaje que con motivo del cincuenta aniversario de la jornada mundial de las comunicaciones, el pasado mes de enero, el Papa Francisco apuntaba: «Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente».

Todos fuimos creados por Dios para amar, para agrandar el corazón con «la entrega sincera de sí mismos a los demás» (cf. Gaudium et Spes 24) y poniéndonos en los zapatos de los demás. Leyendo la Sagrada Escritura, vemos desde el principio que Dios es generoso en extremo. Dios no creó el mundo para él; lo hizo porque quiso compartir la gloria de su amor y las bendiciones del cielo con criaturas inteligentes y semejantes a Él. Lo hizo porque Él es amor (1 Juan 4,8), y el amor siempre tiende la mano. Dios creó el mundo y, en particular, al ser humano a su imagen y semejanza (Gén 1,27). No tenía que hacerlo, pero lo hizo así. Nos creó a su imagen y semejanza, por eso somos capaces de amar. El ser humano es el único que ama, porque tiene conciencia, porque razona. Los animales no aman, aunque uno crea que nos aman. 

La misericordia es el nombre bíblico del amor. Es el amor con estas tres característi­cas esenciales: gratuito, personal y entrañable. En realidad, todo amor, para que merezca este nombre tiene que ser entrañable, personal y gratuito. Todo amor verdadero cumple, a la vez, estas tres condiciones, que son constitutivas e irrenunciables del verdadero amor. Por eso, implica una evidente redundancia decirlo explícitamente. Pero, como estamos tan acostumbra­dos a los sucedáneos y a las falsificaciones, en casi todos los campos, no es inútil repetirlo.

El Papa Benedicto XVI decía: «Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos» (Mensaje de Cuaresma 2008). En cada acto de amor que realizamos va un pedazo de nuestro mismo ser. Ser misericordiosos es tener un corazón compasivo. La misericordia, junto con el gozo y la paz, son efectos del amor; es decir, de la caridad. La mejor definición de Dios nos la ha dado San Juan en su primera epístola: "Dios es amor" (1Juan 4,8.16). 

La caridad nos urge a amar al prójimo como a nosotros mismos con amor de misericordia, porque esta es presentada como la cima de la perfección cristiana y la actitud para ser un verdadero discípulo-misionero que ama de verdad (cf. Mt 5,7.48; Lc 6,36). La meta del corazón humano no es solo la justicia, dar a cada quien lo que le corresponde, sino la plenitud del amor, desear todo bien al prójimo. Con razón la beata Madre María Inés Teresa decía que «todo el Evangelio, no es otra cosa sino una continua manifestación de las ternuras del corazón de Jesús, de su infinita misericordia». (Ejercicios Espirituales de 1941, f.820). Cristo revela a Dios que es Padre, que es «amor», que es «rico en misericordia». Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo, es su misión fundamental de Mesías. (Cf. Dives in misericordia*). «En Cristo y por Cristo se hace particularmente visible Dios en su misericor­dia... Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente 'visible' como Padre rico en misericordia» (Dives in Miswricordia 2).

Así, la caridad cristiana expresada en el amor «no es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita (Deus Caritas Est 31). El bien que hacemos en esta vida al prójimo se lo hacemos al mismo Cristo y sobre esto nos examinarán después de la muerte (cf. Heb 4,13; 9,27; Mt 25,31-46). La caridad nos urge (2 Cor 5,14) a amar al prójimo como a nosotros mismos.

Quisiera terminar esta breve reflexión refiriéndome a María, con unas palabras de San Juan Pablo II: "María es la que, de una manera singular y excepcional, ha experimentado -como nadie- la misericordia y, también de manera excepcional, ha hecho posible con el sacrificio de su Corazón, la propia participación en la revelación de la misericordia divina... María es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina" (DM 9).

En la oración de la Salve, la Iglesia nos hace invocar a la Virgen María bajo el hermoso título de «Madre de la Misericordia» y nos pareció que podíamos empezar esta peregrinación a la misericordia meditando sobre el sentido de esta invocación : «María Madre de la Misericordia». Porque la Santísima Virgen, por muchas razones, es verdaderamente una de las grandes puertas de entrada en la misericordia divina y es lo que quisiera intentar demostrar por algunas pistas. Ella puede ayudarnos de una manera muy particular a comprender lo que es la Misericordia divina y a acogerla. ¡Qué mujer tan encantadora la Virgen! ¡Qué madre tan misericordiosa y solícita! Por ella podemos verdaderamente reconocer la Misericordia y agrandar cada día más el corazón.

Alfredo L. Delgado Rangel, M.C.I.U.

*La encíclica, de san Juan Pablo II, «Dives in misericordia», habla extensamente sobre la misericordia divina y específicamente de su relación con el amor y la justicia. Es un texto muy recomendable de leer si quieren conocer mas profundamente la misericordia de Dios.

viernes, 9 de septiembre de 2016

EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA SIGUE AVANZANDO... ¿Cómo lo estamos viviendo?


Santa Faustina Kowalska, escuchando la voz del Señor escribió en su diario lo que el mismo Cristo le decía: «La humanidad no tendrá paz, hasta que torne  con confianza a Mi Misericordia» (Diario No. 1074). El Papa Francisco, decidió convocar un Jubileo extraordinario que colocara en el centro la Misericordia de Dios: «Será —dijo el Papa— un Año Santo de la Misericordia».

El misterio de la fe cristiana, parece haber encontrado su síntesis en esta palabra: «MISERICORDIA». Ella se ha vuelto viva y visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazareth. Quien lo ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14,9). El Señor Jesús, con su palabra y con sus obras y con toda su persona en general, revela la misericordia de Dios.

Siempre hemos tenido necesidad de contemplar el misterio de la misericordia, pero, este Año Jubilar, el Señor ha estado grande. Hemos podido volvernos a adentrar, de una manera personal, en la Iglesia y en el muno entero, en este misterio insondable de Dios Amor, fuente de alegría, de serenidad, de paz y a la vez, condición necesaria, para nuestra salvación. Bien dice san Juan de la Cruz que «al atardecer de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor».  Cuando nos encontremos cara a cara con Dios, Él no nos preguntará cuánta riqueza acumulamos, cuántos títulos profesionales tuvimos, cuántas propiedades compramos sino cuán misericordiosos fuimos amando sin medida. La misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón cuando uno mira con los ojos de la fe al hermano que encuentra en el camino de la vida, es la vía que une a Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados, no obstante el límite de nuestro pecado. ¡Busquemos la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos! ¡Frecuentemos los sacramentos! ¡Re-estrenemos nuestra fe!

Al atardecer de nuestras vidas Dios nos preguntará cuánto hemos amado a los demás, cuánto dimos de nosotros mismos, cuánto superamos nuestro egoísmo y salimos de nuestro egocentrismo para ayudar a los demás, cuánto fuimos capaces de mirar el corazón de la otra persona para entenderla y comprenderla, cuánto explotamos nuestra capacidad de amar que fue dada a cada uno en mayor o menor medida. El Papa Francisco, con este año Jubilar nos deja un anhelo que se hace tarea para todos: «¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros». (MV 5).

Este Jubileo de la Misericordia va que vuela. Vivimos en un tiempo en el que, con la tecnología, que avanza tan rápidamente, la humanidad se ha alejado de Dios y ha caído en las garras del pecado y la oscuridad. El hombre necesita volverse al rostro misericordioso de Dios y ser expresión de su amor. El Papa Francisco reconoce que no se puede “dejar las cosas como están” y pide a todas las comunidades una “conversión pastoral y misionera” (EG 25). El hombre de hoy necesita seguir escuchando que hay esperanza; que Dios en su Misericordia quiere que todos se salven pero la única condición es el cambio de corazón; el reconocer los pecados y con un profundo arrepentimiento volver a Dios y alejarse del mal.

El Año Santo se abrió el 8 de diciembre de 2015 cuando celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción, porque el papa nos invitó a recordar que después del pecado de Adán y Eva Dios no quiso dejar a la humanidad en soledad y a merced del mal. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona. Este año se concluirá en el ya cercano mes de noviembre, con la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo el día 20. Ese día, cerrando la Puerta Santa (que se ha multiplicado al haber varias Puertas Santas en todas las diócesis del mundo), el Papa nos ha invitado a guardar en el corazón un profundo sentimiento de gratitud y reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. A estas alturas cabe preguntarnos: ¿Cómo he vivido este Jubileo? ¿Qué huellas va dejando en mi corazón? Como ama el Padre así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos llamados los unos con los otros a ser misericordiosos.

Constantemente, el hombre y la mujer de fe, buscando la Misericordia de Dios recurrimos a María, la Virgen misericordiosa. María, objeto preferencial de la misericordia de Cristo, es también la llena de gracia, de toda la gracia que necesita para ser la Madre de Dios, Madre-Virgen. Ella, la Madre del perdón en el amor, y del amor en el perdón, está al servicio de la Misericordia de nuestro Dios. 

No perdamos el tiempo, porque el Año Jubilar se acaba, se nos puede ir de las manos... Acojámonos a la misericordia maternal de María en nuestra debilidad: «Bondadosa Madre de la Misericordia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa del Espíritu Santo, noble descanso de la Santísima Trinidad; elegida del Padre, preservada por el Hijo y amada del Espíritu Santo… Tú eres en las cosas dudosas nuestra luz; en las tristes das consuelo; en las angustias alivio, y en los peligros y tentaciones fiel socorro, eres paraíso de gracia y espirituales dones. Bienaventurados los que de veras te aman y sirven, y por los que por santidad de vida se hacen siervos y devotos tuyos, a tu piedad, pues, recurro, Reina y Señora mía, para que me enseñes, gobiernes, y defiendas en todas las horas y momentos de mi vida; Te suplicamos humildemente que nos alcances de la Majestad divina la gracia que hoy te pedimos, si conviene para el bien de nuestra  alma y si no conviene, Tú como abogada nuestra, dirige nuestra  voluntad sólo a lo que sea honra y gloria de Dios, y salvación de nuestra alma». Amén.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

lunes, 8 de agosto de 2016

«LAS OBRAS DE MISERICORDIA»... Una breve reflexión sobre la práctica de las mismas

La palabra «MISERICORDIA» viene de las palabras latinas «miserium» que significa miseria y «cor» que significa corazón. Así, el significado de la palabra es: «CORAZÓN COMPASIVO». La misericordia es fruto del amor que impulsa a la compasión de la miseria e impulsa a socorrerla con los medios que se tenga al alcance (cf Ef 4,32). La persona misericordiosa siempre busca la felicidad del otro y es capaz de compenetrarse  intensamente —ponerse en los zapatos— en los sentimientos del prójimo (cf 1 Pe 3,8). La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento habla muchas veces de «Miseria», que, en el sentido original de la palabra, significa también estar sin protección, abandonado, expuesto al peligro y sin casa. Este género de «Miseria», forma parte siempre de todo tipo de necesidad. La «Misericordia» trata de ponerle remedio dando con amor, además de hospitalidad y ayuda, también seguridad y protección asemejándonos a Dios, que es rico en misericordia.

La práctica de las obras de misericordia, es algo vital en la vida de todo cristiano, porque es la manera de manifestar externamente, mediante la beneficencia esta gran virtud de la misericordia. Sabemos que las obras de misericordia son 14 y se dividen en 7 corporales y 7 espirituales. Las obras de misericordia corporales, se hallan vinculadas al discurso de Jesús sobre el juicio universal (cf. Mt 25, 31-46) y a las buenas obras del piadoso israelita Tobías durante su exilio (cf. Tob 1,19ss; 2,9). Las obras de misericordia corporales son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al foratero, asistir al enfermo, visitar a los presos y enterrar a los muertos. El ámbito de las obras espirituales de misericordia, está construido, en cambio, por todas las necesidades del espíritu. La lista de estas obras calca, evidentemente, la de las obras corporales. Cambia la formulación, pero el contenido permanece el mismo. Las obras de misericordia espirituales son: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia los defectos del prójimo y orar por los vivos y difuntos.

Las obras de misericordia son todas aquellas acciones caritativas mediante las cuales nos acercamos al prójimo poniéndonos en sus zapatos para ayudarle en sus necesidades espirituales y corporales (cf. Is 58,6-7; Heb 13,13). El practicar constantemente estas obras de misericordia es de vital importancia, porque nos ayuda a despertar y examinar nuestra conciencia, nos hace entrar más y más en el corazón del Evangelio y a imitar a Cristo. La beata María Inés Teresa repetía constantemente: «Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo» y es que vivía sumergida en la práctica de esta virtud. En uno de sus escritos, sobre las bienaventuranzas, hablando de las obras de misericordia apunta: «El alma misericordiosa se asemeja un tanto a la luz, que la baña con sus rayos; y no se mancha, al contrario, sale de allí más límpida y radiante, porque ha obrado un acto de misericordia, aun cuando aquella alma a la que se ha acercado sea un lodazal de pecados graves. Qué gloria para Jesús el rescatar una alma para él. ¡Le hemos costado tanto!».

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

lunes, 20 de junio de 2016

PON DE TU PARTE LO QUE TE TOCA... Ayuda al sacerdote que te confiesa

A veces el número de sacerdotes es muy limitado y el número de penitentes bastante numeroso. Hay que tener entonces algunas consideraciones para agilizar el proceso de la confesión, que es un sacramento que todos necesitamos para recobrar la gracia perdida o para incrementarla.

1. Debes llegar con tu examen de conciencia ya hecho y no decir "padre, usted ayúdeme", porque eso denota que no se ha preparado la persona para confesarse.

2. Haz de experimentar dolor de tus pecados con deseos de conversión. Si necesitas puedes escribir tus pecados y leerlos.

3. Al acercarte al sacerdote dile cuánto tiempo tienes de no confesarse y le dices los pecados: Hace… (tantos) días, semanas…meses…años, que me he confesado. Me acuso de… (confiesas tus pecados de una manera clara, breve, completa y muy sincera).

4. No confundas la confesión con la dirección espiritual y piensa en la demás gente que necesita de la reconciliación con Dios. No enredes ni canses al sacerdote con historias o cuentos de tu vida que no necesita saber. Dí solamente tus pecados y no los de los demás.

5. Si el sacerdote lo ve necesario él te ayudará en tu confesión, pero solo si lo cree conveniente. Él te dará algunos consejos y te impondrá la penitencia. Antes de recibir la absolución, puedes manifestar tu arrepentimiento con algunas palabras de contrición, por ejemplo: Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador o el acto de contrición.

6. El sacerdote pronuncia las palabras de la absolución. Cuando escuches las palabras:”…Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS... Y DEL ESPÍRITU SANTO”, respondes: Amén.

7. Terminada la confesión, agradece al Señor su bondad y misericordia por haberte perdonado los pecados y haberte dado la gracia; cumple, lo antes posible, la penitencia y procura poner en práctica, los consejos recibidos. Si te es posible haz una oración por el sacerdote que te ha confesado.

EL SACERDOTE... TESTIGO DE LA MISERICORDIA

viernes, 17 de junio de 2016

PARA OBTENER UN CORAZÓN MISERICORDIOSO...

"Oh Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo, o más bien dicho, transfórmalo en tu propio Corazón para que pueda sentir las necesidades de otros corazones y, especialmente, de los que sufren y están tristes. Que los rayos de la misericordia descansen en mi corazón. Jesús, ayúdame a pasar por la vida haciendo el bien a todo el mundo". Amén. (Del diario de Santa Fasutina 514,692).

martes, 7 de junio de 2016

«PADRE BUENO, PADRE MISERICORDIOSO»... Una reflexión sobre Dios Padre y el año de la Misericordia


Quiero iniciar esta mal hilvanada reflexión en torno a la bondad y a la misericordia de nuestro Padre Dios con un pensamiento de San Juan Pablo II: “Padre misericordioso, Señor de la vida y de la muerte, nuestro destino está en tus manos. Míranos con bondad y guía nuestra existencia con tu providencia, llena de sabiduría y amor. Reaviva en nosotros, oh Señor, la luz de la fe, a fin de que creamos que tu amor es más fuerte que la muerte”.[1]

San Juan Pablo II, entre las muchísimas cosas que nos dejó en herencia, en su carta: “Hacia el Tercer Milenio” invitaba a la Iglesia a emprender un camino de auténtica conversión hacia el encuentro con la bondad y la misericordia de nuestro Padre Dios.[2] En la historia de la vida de santa Teresita del Niño Jesús, se cuenta que un día, al entrar una novicia en la celda de la santa, se detuvo, sorprendida, por la expresión enteramente celestial del rostro de Teresita. Estaba cosiendo muy contenta, y parecía, no obstante, sumergida en una profunda contemplación. «¿En qué piensa Vuestra Caridad?», preguntó la joven novicia. «Medito el Padrenuestro —respondió santa Teresita—. ¡Qué dulce es llamar al Dios de bondad, Padre nuestro!...» y unas lágrimas rodaron de sus ojos cristalinos. San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, solía repetir que toda su espiritualidad estribaba en conceptuar a Dios como a un buen Padre y en comportarse con Él como un verdadero hijo. ¿Qué decir de la beata María Inés Teresa al respecto? Ella nos dice: «El Padre s el Camino. El Padre es el Camino. ¿No es, acaso, su omnipotencia el camino que ha conducido, por medio de la creación, la nada al ser, y, por medio de la gracia, el ser a Dios? Jesucristo mismo nos ha dicho: "Ninguno viene a Mi si el Padre no lo atrae"».[3] Estamos viviendo el año de la misericordia y pretendo que esta reflexión me ayude, y nos ayude a todos, a caminar así, entre la vida de cada día, meditando siempre en el Padre Dios, Padre bueno y misericordioso.

Jesús nos revela al Padre, quiere que lo amemos como hijos, así como Él lo amó, quiere seguir glorificando al Padre en nosotros, familiares de Dios y conciudadanos de los santos. (Cf. Ef 2,19). Este momento de reflexión al que los invito con la lectura de estas líneas, quiere ser una invitación a ser santos. Dice la beata María Inés: «...Qué viva vida santa, muy agradable a Ti; da a mi corazón alas de paloma para volar a Ti en todo momento, y ojos de águila para tenerlos siempre fijos en Ti...» [4]

Hay en nosotros, se puede decir, tres clases de vida: la corporal, la intelectual y la espiritual. Todas tienen ejercicios adecuados para desarrollarse y mantenerse. Así sucede con la vida espiritual o sobrenatural, cuyo fin es, en el cielo, la bienaventuranza por la contemplación y posesión de Dios, y aquí abajo, el conocimiento de Dios, su servicio, su amor y cuanto nos ayude en este sentido: la oración, la meditación, la contemplación, la multitud de cosas en torno a la vida espiritual, devociones, prácticas de piedad. 

El contemplar a Dios como Padre bueno y misericordioso, nos debe poner en disposición de combatir y vencer todo desarreglo de nuestras pasiones e inclinaciones. El fin del jubileo de la misericordia es destruir en nosotros, como personas y como pueblo —como hijos de Dios— el pecado por medio de la penitencia, haciéndonos romper definitivamente con la vida pasada para animarnos, al mismo tiempo, a tomar la firme resolución de combatir el mal y alcanzar a vivir siempre en el bien y la verdad con la misericordia de nuestro Padre Dios en cada latido de nuestro corazón.

No basta ver y oír lo que sucede en torno al jubileo de la misericordia, es necesario hacer, cooperar, trabajar cuanto cada uno y cada una pueda, sobre todo en el ejercicio de las obras de misericordia, como lo viene repitiendo constantemente el Papa Francisco. 

Cuando iban a martirizar a santa Teresa Kwon, una de los 103 mártires coreanos canonizados el 6 de mayo de 1984, dijo entre sus últimas palabras: «Si el Señor del cielo es el Padre de toda la humanidad y el Señor de toda la creación, ¿cómo podéis pedirme que lo traicione? Incluso en este mundo, si alguien traiciona a su propio padre o madre, no será perdonado. Cuánto menos podré yo traicionar jamás a Aquel que es el Padre de todos nosotros.» En el cielo no seremos otra cosa que lo que ahora intentamos crear en nosotros por medio del ejercicio de la misericordia. En esto tenemos en cuenta que el tipo de ese ser imagen y pensamiento del Padre es Cristo. San Juan en su Evangelio dice: «La vida eterna consiste en conocerte, ¡oh solo Dios verdadero!, y al que enviaste, Jesucristo» (Jn 17,3). Ojalá que podamos decir con el corazón lleno de alegría, a semejanza de los discípulos cuando encontraron al Salvador: «A aquel Jesús de quien Moisés y los profetas escribieron, nosotros lo hemos encontrado» (Jn 1,45). Encontrarnos con Jesús en el Evangelio por la fe, oír, leer y pensar en este año jubilar acerca de Jesús, es como sentarse a sus pies durante horas y días, contemplarle cara a cara y recoger sus palabras en nuestro corazón. Él nos habla del amor misericordioso del Padre y nos invitará a recurrir a su bondad. La beata María Inés, a quien cariñosamente los mimebros de la Familia Inesiana llamamos "Nuestra Madre" escribe: “...Tú vez cuan sincero y cuan grande es mi deseo de amarte y servirte, como lo han hecho los santos”.[5]

¿Qué ha sido nuestra vida hasta el día de hoy? ¿Qué nos dice de ella nuestra conciencia? ¿Que ha sido buena? ¿No ha sido tan bueno nuestro pasado? Dios, en este año jubilar, pone en nuestras manos el libro de cuentas de nuestra vida; podemos borrar y corregir, podemos subrayar y añadir. Nuestro futuro, ¿que nos traerá? ¿Tal vez un cercano acabamiento? ¿Tal vez largas dificultades y pruebas?... ¡Quién lo sabe! Para todo hemos de estar preparados. No nos han de faltar pruebas y tempestades, y es preciso que el fundamento resista a todo. En este jubileo nos acercamos a Dios y estamos en sus manos. digamos con el salmista: «Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad» (Salmo 15). 

Si consideramos los resultados y frutos que podemos sacar de nuestra vivencia de este año de la misericordia. Hay una gracia especial que pudiéramos llamar «gracia jubilar». En este año podemos acrecentar la virtud de la fe, la virtud de la oración en el encuentro con el Señor para contemplar con Él al Padre bueno y misericordioso. A la Samaritana (Jn 4,1-130) y a Zaqueo (Lc 19,1-10) les bastó un momento, una sola conversación con Jesús para transformar sus vidas y experimentar el amor del Padre misericordioso; Juan y Andrés estuvieron una tarde con Él (Jn 1,39). Si nos presentamos ante Dios con alegría y sencillez buscándole en el sacramento de la Reconciliación, el año jubilar tendrá un excelente y seguro resultado en nuestras vidas: el gozo de saborear la alegría del Evangelio en el que Jesús nos dice:«El Padre los ama» (Jn16,27). 

Por último, tengo algunas preguntas: ¿Qué haríamos si supiésemos que al fin de este año jubilar nos espera la muerte y la comparecencia ante Dios? ¿Qué haríamos si supiésemos que los resultados para nuestra vida entera, para el tiempo y la eternidad, dependen de cómo viva este año de la misericordia? Les recomiendo leer, además, san Juan 17.

Recordemos que somos discípulos misioneros, no trabajamos sólo para nosotros, sino para innumerables almas. 

Les invito a hacer esta oración conmigo:

Te alabamos Padre bueno y misericordioso,
con fe pronunciamos tu nombre
y sentimos el gozo en el corazón.
Pensamos en Ti con un sentimiento grande de confianza.
En tus manos ponemos cada día de nuestra existencia.
Extiende tu mano 
sobre nuestras mentes y nuestros corazones,
para que aprovechemos este año jubilar.
Haznos familia unida en la oración y en el silencio,
concédenos la gracia de alcanzar la santidad 
junto con María, los santos y Nuestra Madre la beata María Inés. 
Elevamos a Ti Padre Santo,
nuestra alabanza, nuestra gratitud, nuestra súplica y
nuestro pedir perdón.
Todo esto por Cristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



P. Alfredo L. G. Delgado R., M.C.I.U.


[1]Wilhelm Mühs, “Dios nuestro Padre”, Ediciones San Pablo, Madrid 1998, p. 95, pensamiento # 320.
[2]Ver T.M.A. # 49.
[3]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, escrito de la Sierva de Dios que no tiene lugar ni fecha, pero que ciertamente es de ella.
[4]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Ejercicios Espirituales”, 1933.
[5]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Ejercicios Espirituales”, 1933.

jueves, 24 de marzo de 2016

Para un largo rato de oración ante el Dios de la Misericordia... HORA SANTA 26


Canto Inicial:
"Soy yo, Señor"

Soy yo; Señor, quien contigo quiere hablar.
Soy yo, Señor, quien contigo quiere hablar.

En mi alma hay un enjambre, hay rumores mil
Hay un rojo surtidor.
Es preciso más silencio si pretendo oír
El murmullo de tu voz.

Tú me buscas, Tú me llamas, mendigando vas
Mi alegría y mi dolor
Y mi nombre está en tus labios pues quieres contar
Con mi colaboración.

Yo quisiera agradecerte haber pensado en mí
Sin cansarte y con afán.
Es muy grato serte útil y poder servir, en un hueco de tu plan.

Se hace la exposición del Santísimo como de costumbre si es que no está ya expuesto.

Ministro:  Adoremos y demos gracias en cada instante y momento
Todos: al Santísimo Sacramento.

Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

Se hace ahora la Comunión Espiritual.

Todos: Señor Jesucristo, creemos firmemente que te encuentras presente en el santísimo sacramento del altar, te amamos con todo nuestro corazón y deseamos ardientemente recibirte, más como no podemos hacerlo en este momento sacramentalmente, ven espiritualmente a nuestro corazón.
(silencio) y porque ya te hemos recibido, no permitas, Jesús, que jamás nos apartemos de Ti. Amén.

En este momento se hace el ofrecimiento de la Hora Santa.

Canto para meditar:
"Unidos en la Vida"

Unidos en la vida, en un mismo trabajar
Nos unimos en la fiesta, compartiendo el mismo Pan.

La semana nos ha unido en el trabajo y sudor,
La Eucaristía nos une con Cristo en el amor.

Los esfuerzos de los hombres buscando un mundo mejor
Son los esfuerzos de Cristo que trae la salvación.

Los que abrís surco en la vida a golpe de trabajar
Sois invitados por Cristo a repartiros su Pan.

Lector 1: 
Desde nuestro bautismo, todos somos misioneros. Debemos de ir delante de la gente a la que vamos a servir, iluminándola con nuestras antorchas y no detrás de ellas como quemándolas.
Si somos misioneros debemos ser luz del mundo; nos lo dice el Maestro Jesús. Si no puedes ser estrella, sé al menos lámpara sencilla; pero sé luz. La caridad es la epifanía de la divinidad. Cristo mismo nos lo dijo al advertirnos que por el amor que nos tuviéramos los cristianos unos a otros, nos reconocerían los que no lo son. ¿Estuvo acertado Cristo, o se equivocó?. El que ama a los demás y el que ama de verdad, inventa el arte de acercarse a los demás y revelarles a Cristo echando mano de las obras de misericordia, pequeños actos sencillos en favor de nuestros hermanos. Allí tienes una guía para saber si amas o no, si tu amor es verdadero o ficticio.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 2:
Señor Jesús,
¿qué quieres que vea con mis ojos?;
¿qué quieres que hable con mi lengua?
¿qué quieres que haga con mis manos?
¿qué quieres que piense con mi cabeza?
¿qué quieres que ame con mi corazón?
¿en qué quieres que emplee mi tiempo, mi dinero y mis facultades?
¿cómo cumplo tus mandamientos?
¿cómo obedezco a quienes debo, que son tus representantes?
Señor Jesús,
Te adoro como a mi Dios. Te obedezco como a mi Señor
Te amo como a mi Todo. Te temo como a mi juez.
Te pido como a mi Dador. Te doy gracias como a mi bienhechor.
Amén.

Canto para meditar:
"Señor, permite"

Señor permite que te hable hoy
Del dulce encuentro que me cambió
La hora feliz en que yo escuché, 
Tus palabras de amor.

Dime cuándo pudo suceder,
Si en la luz que el sol vierte al surgir
O cuando el calor me hace vivir,
O fue en la noche al volver.

¿fue cuando una rosa deshojé,
O en la fuente el agua que bebí;
O fue en el calor del dulce hogar,
Donde por fin te miré?

No fue en las horas de ilusión,
Sino al decidir mirarme bien;
Como amigo, en mi alma te encontré
Tú me esperabas allí.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 3:
Cristo necesita de brazos y pies, de bocas y lenguas, a fin de poder llegar a todas las personas y llevar su misericordia. Cristo cuenta también con nosotros como contó con la Samaritana para evangelizar un pueblo o como necesitó del ciego del nacimiento para que diera testimonio.

Lector 2:
Jesús cuenta con nuestras lenguas, para la comunicación del Evangelio y la extensión de la Iglesia de Dios; cuenta con nuestros pies, para seguir a nuestros hermanos más alejados, a fin de volverlos al buen camino; cuenta con nuestros ojos, para poder detectar los ambientes en los que se necesita la presencia del Señor; cuenta con nuestro corazón, para prender el fuego de su amor en nuestro alrededor.

Lector 1:
Cristo cuenta con nuestra entrega misionera; una entrega sin límites ni restricciones; una entrega desprovista de egoísmos. Cristo cuenta con que nosotros vamos decir siempre que sí, ese sí que en la fe le decimos al Señor y que ya no se lo vamos a retirar; Cristo cuenta con ese sí, dándolo cuando Él nos lo pida, aunque implique dolor y humillación.

Lectores 1, 2 y 3: ¡Cristo cuenta con nosotros porque somos misioneros de su misericordia!.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: 
Oh, Señor Jesús, siempre misericordioso escucha nuestra oración.
Cuando yo dude
Lectores 2 y 3:
Aconséjame.
Lector 1: 
Cuando caiga en el error
Lectores 2 y 3:
desengáñame.
Lector 1: 
Si me pierdo
Lectores 2 y 3:
encuéntrame.
Lector 1: 
Si caigo
Lectores 2 y 3:
levántame.
Lector 1: 
Si me desanimo
Lectores 2 y 3:
aliéntame.
Lector 1: 
El día en que muera
Lectores 2 y 3:
llévame contigo.
Lector 1: 
Oh, Señor Jesús:
Cuando yo te llame
Lectores 2 y 3:
escúchame.
Lector 1: 
Cuando te ofenda
Lectores 2 y 3:
perdóname.
Lector 1: 
Cuando yo te deje
Lectores 2 y 3:
búscame.
Lector 1: 
Cuando yo te olvide
Lectores 2 y 3:
recuérdame.
Lector 1: 
Cuando te pida
Lectores 2 y 3:
dame.
Lector 1: 
Cuando te pueda servir
Lectores 2 y 3:
anímame.
Lector 1: 
Amén.

Canto para meditar:
"Hoy en oración"

Hoy en oración,
quiero preguntar, Señor,
quiero escuchar tu voz,
tus palabras con tu amor.
Ser como eres Tú,
servidor de los demás,
dime ¿cómo?, ¿en qué lugar?,
te hago falta más.

Dime Señor, en qué te puedo servir,
déjame conocer tu voluntad.
Dime Señor, en Ti yo quiero vivir,
quiero de Ti aprender: saber amar.

Hoy quiero seguir,
tus caminos junto al mar,
tus palabras, tu verdad,
ser imagen de Ti.
Ser como eres Tú,
servidor de los demás,
dime ¿cómo?, ¿en qué lugar?,
te hago falta más.

Dime Señor …

Lector 1:
El Dios del Evangelio no es el Dios gélido de la razón, la causa primera de la filosofía, el primer motor de la metafísica, el Dios inmutable e impasible, el Dios interesado o comerciante, el Dios almacenero, el Dios policía.  No, nuestro Dios no es nada de esto. Dios no es así. Dios es «Misericordia».

Lector 2:
El Dios del Evangelio es el Dios cálido, con los brazos abiertos de Padre. Es el Dios Amor para todos los hombres. Es Dios providente que cuida de los suyos. Es Dios que ama tanto a la humanidad, que nos entrega a su propio Hijo para salvarnos. Es Dios nuestro Padre que nos espera a cada uno de nosotros con los brazos abiertos para perdonarnos o premiarnos.

Lector 3:
Es el Dios misericordioso que quiere repartir entre todos nosotros, en rebanadas infinitas, el pan de la felicidad. Es Dios-Hijo que muere para salvarnos. Es Dios Espíritu Santo que nos consuela y nos llena de amor. Este es el Dios del Evangelio.

Momentos de silencio para meditar.

Canto para meditar:
Vaso Nuevo"

Gracias quiero darte, por amarme;
gracias quiero darte yo a Ti, Señor.
Hoy soy feliz porque te conocí.
Gracias por amarme a mi también.

Yo quiero ser, Señor amado.
Como el barro en manos del alfarero.
Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo.
Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo.

Te conocí y te ame; 
te pedí perdón y me escuchaste.
Si te ofendí, perdóname, Señor. 
Pues te amo y nunca te olvidaré.

Yo quiero ser, Señor amado…

Lector 3:
No hay cosa que Cristo nos recomiende tanto en su Evangelio como la unión entre todos los cristianos; es que el mundo necesita del testimonio de unidad que nosotros los cristianos, debemos darle, a fin de llegar a conseguir que todos los hombres caigan en la cuenta de que somos hermanos y, en consecuencia, nos tengamos como hermanos, nos respetemos como hermanos y nos ayudemos misericordiosamente a vivir como hermanos.
Lector 1:
El pan de cada día dánoslo hoy,  Señor, a manos llenas;
convierte en alegría nuestras labores buenas
y acaricia el dolor de nuestras penas.
Lector 2:
¡Horas de tedio largas
sin la presencia buena de tus manos!
¡Ay, las horas amargas
nos vuelven inhumanos,
Si no abrimos el alma a los hermanos!
Lectores 1, 2 y 3:
Santifica el momento de este ruido tenaz, de esta fatiga.
Busquemos el aliento de tu presencia amiga
que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.

Canto para meditar:
"No podemos caminar"

No podemos caminar con hambre bajo el sol
Danos siempre el mismo pan: tu Cuerpo y Sangre, Señor.

Comamos todos de este pan, el pan de la unidad
En un cuerpo nos unió el Señor, por medio del amor.

Señor, yo tengo sed de Ti, sediento estoy de Dios
Pero pronto llegaré a ver el rostro del Señor.

Por el desierto el pueblo va cantando su dolor
En la noche brillará tu luz, nos guía la verdad.

Lector 2:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Es la primera bienaventuranza que Cristo proclamó en el Sermón de la montaña.
Lector 3: Pobre de espíritu es la persona que es sencilla, humilde, que no se paga de sí mismo, el que está convencido de que depende de los demás, de que él solo no puede enfrentar la vida, que necesita de los otros; por eso es pobre, porque no tiene en sí cuanto necesita, sino que lo espera de los demás.
Lector 1:
El orgulloso piensa que él y sólo él se satisface, se basta y se sobra; por eso es rico, porque dice que se tiene a sí mismo y por eso es difícil que sea misericordioso.

Lectores 1,2 y 3:
Este mundo del hombre en que él se afana,
tras la felicidad que tanto ansía,
Tú lo vistes, Señor, de luz temprana,
y de radiante sol de mediodía.
Así el poder de tu presencia encierra,
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una tierra nueva,
colmarán nuestro anhelo sin medida.
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente,
tu luz resplandeciente y tu victoria,
inunden nuestra vida eternamente. Amén.

Momentos de silencio para meditar.

Canto para meditar:
"Entre tus manos"

Entre tus manos está mi vida, Señor
Entre tus manos pongo mi existir
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos  confío mi ser.

Si el grano de trigo no muere
Si no muere sólo quedará 
Pero si muere en abundancia dará 
Un fruto eterno que no morirá.

Entre tus manos …

Lector 2:
Cristo dice en el Evangelio que Él es la Luz. El que no lo sigue, camina en tinieblas, con todas las angustias e incertidumbres que llevan consigo las tinieblas.
Lector 1: 
El que no sigue a Cristo, no halla explicación para muchas cosas de la vida. Se siente embargado por mil problemas sin solución. Se le plantean centenares de interrogantes a los que nada ni nadie puede responder.
Lector 3:
En cambio, cuando Cristo, el Señor de la Eucaristía, la Divina Misericordia, aparece en la vida, es como cuando se hace la luz, uno encuentra en Él la paz, la seguridad, la orientación.

Lector 1: 
Con María, invoquemos la grandeza del Señor:
Lectores 1,2 y 3 (y si es posible todos):
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega  a sus fieles
De generación en generación.
El hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón
Y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide sin nada.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia
Como lo había prometido a nuestros padres
A favor de Abraham y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Momentos de silencio para meditar.

Canto para meditar:
"Yo no soy nada"

Yo no soy nada y del polvo nací, 
Pero Tú me amas y moriste por mí.
Ante la cruz sólo puedo exclamar:
¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!

Toma mis manos, te pido; toma mis labios, te amo
Toma mi vida, oh Padre; ¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!

Cuando de rodillas te miro Jesús,
Veo tu grandeza y mi pequeñez,
Qué puedo darte yo: sólo mi ser:
¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!.

Toma mis manos …

Lector 1:
Jesús sintió compasión de los que sufrían hambre y cansancio: su corazón sensible y tierno se sintió tocado por la necesidad y el sufrimiento de la gente. Dios es nuestro Buen Padre y como tal, y movido por el amor que nos tiene, se preocupa de nuestras necesidades no solamente espirituales sino que también las materiales.
Lector 2:
Si tú extiendes tu vista por el mundo, verás que son muchos los que tienen hambre de Dios, hambre del pan de la verdad, del pan de la justicia, del pan del amor, del pan de la misericordia divina.
Lector 3:
Ojalá tu corazón se sienta tocado ante tanta y tan urgente necesidad y salgas tú al paso, para socorrer esas necesidades materiales y espirituales, al menos en la medida de tus posibilidades, ya que ni Dios, ni tu conciencia te exigirán más de lo que puedas realizar.

Momentos de silencio para meditar.

Canto preparación para la bendición con el Santísimo:
"Bendito, bendito, bendito sea Dios"

Bendito, bendito, bendito sea Dios
Los ángeles cantan y alaban a Dios
Los ángeles cantan y alaban a Dios.
Yo creo Jesús mío que estas en el altar
Oculto en la Hostia te vengo a adorar
Oculto en la Hostia te vengo a adorar.
Por amor al hombre moriste en una cruz
Y al Cáliz desciendes por nuestra salud
Y al Cáliz desciendes por nuestra salud.

Todos de rodillas.

Ministro: Nos diste, Señor, el pan del cielo
Todos: Que contiene en sí todas las delicias
Ministro: Oremos. Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.

En este momento se da la bendición con el santísimo sacramento.

Ultimas oraciones:
BENDITO SEA DIOS, bendito sea su santo nombre, BENDITO SEA JESUCRISTO VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE, bendito sea el santo nombre de Jesús, BENDITO SEA SU SACRATÍSIMO CORAZÓN, bendita sea su preciosísima sangre, BENDITO SEA JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, bendito sea el Espíritu Santo consolador, BENDITA SEA LA GRAN MADRE DE DIOS MARIA SANTISIMA, bendita sea su santa e inmaculada concepción, BENDITA SEA SU GLORIOSA ASUNCION, bendito sea el nombre de María Virgen y Madre, BENDITO SEA SAN JOSE SU CASTÍSIMO ESPOSO, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

Canto final:
"Aunque marche"

Aunque marche por la oscuridad, Nada he de temer 
Porque Tú conmigo vas.  Mi pastor que me hace sosegar.

Tú que me conduces a tus fuentes de paz
Tú me has bautizado, por tu senda voy.

Aunque marche por la oscuridad 


DR. ALGDR 2016

miércoles, 23 de marzo de 2016

Una reflexión para el Miércoles Santo...

"... y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?»" (Mateo 26,14-25). 


Judas se fue en busca de los jefes del pueblo judío y les dijo: "¿Qué me dan si se los entrego?". Ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Judas sigue apareciendo como el protagonista de la liturgia de los tres primeros días de la Semana Santa: el Evangelio siempre habla de él. Y Judas está presente también en el cenáculo. 

La presencia de Judas en medio de los doce, en torno a la mesa de Jesús, es, indudablemente, el hecho más inquietante entre los hechos, todos inquietantes, que se condensan en vísperas de la pasión del Señor. Es la presencia del enemigo entre los amigos, del que golpea en el momento y lugar en que se precisa la confianza, porque nadie puede ya defenderse con ninguno. 

Jesús no ignora esta presencia, no la pasa por alto; pero, a la vez, no descubre a Judas, no le acusa, no discute con él, no trata de defenderse. No calla a propósito de dicha presencia, para hacerse también presente a él hasta el final. Los doce, sin embargo, tratan de descubrir quién es el que de ellos miente: y en esta tentativa sucumben y caen en la antigua ley de la sospecha recíproca generalizada, de la acusación, de la división. Puede decirse que, por parte de Jesús, no hay ninguna condena, sino el ofrecimiento de una amistad. Es Judas solo el que se condena al rehusar la tentativa de su amigo. Por otra parte, Jesús estaba suficientemente habituado a "comer con los pecadores", como se le ha reprochado a menudo: y esta tarde, no menos que otras veces, no ha rechazado a un pecador... es Judas quien se ha separado de Él.

De la desconfianza, de la sospecha, de actos como esos nace siempre la crisis de la relación fraterna y de comunión: del temor de ser traicionados, del temor de que otro se aproveche, de la pretensión imposible de poner a prueba y verificar las intenciones del otro. No existe otra manera de vencer al traidor que entregarse en sus manos y poner en manos de Dios la propia causa. Pensemos en cuántos desavenencias, cuántas ofensas, cuántas prepotencias, se esconden en nuestra vida por la sospecha. Para sentarse en torno a la mesa de Jesús es preciso fiarse uno de otro sin pensar en el precio que puede costar esta confianza.

Ahondar en la traición de Judas nos puede este día traer la ventaja de que nos remueve el fondo de traición que todos llevamos dentro y nos enfrenta con lo más sucio de nuestro interior. Toda traición hay que ligarla a un proyecto. En la medida en que alguien deje de estar de acuerdo con el proyecto en el que venía o se creía comprometido, no tiene inconveniente en traicionarlo. Judas comenzó a falsearse en pequeños asuntos, en detalles insignificantes, y haciendo de la lado el proyecto inicial se fue haciendo mañoso; y el que falló en lo poco se fue haciendo indigno de lo grande, y llegó hasta lo impensable, lo inaudito. Quién lo iba a decir, si eran nimiedades. Y sin embargo, el fallo final es muy severo: “más le valdría no haber nacido”.

Por eso, entrar a ciegas en un proyecto o entrar en el mismo sin entender sus principios o su finalidad, es preparar traiciones en cadena. Aunque el proyecto de Jesús tiene un contenido divino, por reflejar la propuesta de Dios y por recibir de Él su fuerza, está sometido a las leyes del comportamiento humano. Dios no puede tocar la libertad, para evitar que su proyecto sea traicionado. Él acepta esta posibilidad. Tal es el precio de la libertad. Jesús aceptó estar sometido a la posibilidad de la traición. Piensa en tu honestidad, ante tu propia conciencia, ante Dios. ¿A qué das importancia? En cuestión de amor todo tiene su importancia; nada es despreciable. ¿Cuál es tu proyecto? ¿Concuerda con el proyecto de Jesús?. Es muy peligroso comenzar a trampear, porque no sabemos hasta dónde nos puede conducir la mala costumbre, el habituarnos a la mentira y la falsedad.

La traición de Judas y la reacción de Jesús, quedarán para siempre como una prueba del respeto por la libertad humana de parte de Dios, y una muestra de la malicia y de la astucia de que viene revestido todo intento de traición ausente de misericordia. La traición no ha estado ni estará ausente del cristianismo. Somos seres humanos. Pero la comunidad cristiana debe cuidar de que el proyecto de Jesús, ese proyecto de amor y misericordia, sea claro y explícito para todos sus participantes. Así no habrá sorpresas. El hecho de ser cristianos por herencia y no por lucha, traerá siempre el riesgo de no identificarse con las exigencias del Reino. Y cuando aparezcan los intereses personales o de grupo, necesariamente aparecerá la traición.

Un miembro de la Iglesia, sin la claridad que exige el proyecto de Jesús y sin procesos de asimilación del mismo, será una mina de traiciones, desilusiones y amarguras. Aunque justifiquemos la traición, frente a ella nuestra alma quedará siempre herida. La Eucaristía, no lo olvidemos, es también una comida en la que Jesús nos ofrece la comunión con Él para contagiarnos de su misericordia. Cada Misa que celebramos es un gesto de Jesús hacia los pecadores que somos nosotros, siempre que no nos excluyamos nosotros al rehusar su amor misericordioso.

Menos mal que nuestra dignidad no depende de nuestro personal valor, sino del don de Dios Padre. Menos mal que el precio de Jesús no está marcado por las treinta monedas. Menos mal que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, no se dejó llevar por los acontecimientos, sino que fue capaz de convertir la traición en entrega libre. A Jesús no le quitaron la vida sino que la dio voluntariamente (Jn 10,18). De esa manera nos reconcilió con nuestro «Judas personal» y nos hizo comprender la inmensidad del amor de Dios que se manifestaba en su propia entrega.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

martes, 22 de marzo de 2016

El Viernes Santo 2016 coincide con el 25 de marzo, día de la Anunciación a María... Una invitación a reafirmar nuestro «Sí»

Este año, el Viernes Santo coincide con el día 25 de marzo, día en que ordinariamente se celebra la fiesta de la Anunciación. Esta coincidencia es un acontecimiento que no va más allá hacia cosas raras o extravagantes, sino simplemente a ayudarnos a profundizar más y a vivir más intensamente el valor del «SÍ» dado a la Voluntad del Padre. Para este año, la fiesta de la Anunciación se celebrará el 4 de abril.

En algunas partes y sobre todo por whatsapp, se ha hecho viral un mensaje del «Gran Perdón», una especie de devoción popular y no eclesial que incluso confunde fechas, pues dice que esta coincidencia se da cada 141 años, olvidando que en el año 2005, el Viernes Santo fue «25 de marzo» también.

No hay que olvidar que de por sí, que todos los viernes santos son días del perdón y teniendo en cuenta que 2016 es el año de la misericordia, el «Gran Perdón» de todos los pecados es cada día de este año litúrgico.

En el Calendario Litúrgico, hay celebraciones que, como la Pascua, son movibles, porque están seleccionadas de acuerdo al calendario judío que era regido por la luna. Así, la Pascua se celebra de acuerdo a la luna llena que ocurre después del equinoccio del 21 de marzo es el día 23 de marzo, de tal manera que, en este año 2016, el domingo de Resurrección se celebra el 27 de marzo, por lo que la Semana Santa ha empezado el Domingo de Ramos, 20 de marzo.

El Año litúrgico, en general, se fija a partir del ciclo lunar, es decir, no se ciñe estrictamente al año calendario. La fiesta más importante de los católicos coincide con la fiesta de la «pascua judía» o «Pesaj», misma que se realiza cuando hay luna llena. Se cree que la noche que el pueblo judío huyó de Egipto, había luna llena lo que les permitió prescindir de las lámparas para que no les descubrieran los soldados del faraón.

La Iglesia fija su Año litúrgico a partir de la luna llena que se presenta entre el mes de marzo o de abril. Por lo tanto, cuando Jesús celebró la Última Cena con sus discípulos, respetando la tradición judía de celebrar la pascua —el paso del pueblo escogido a través del Mar Rojo hacia la tierra prometida— debía de haber sido una noche de luna llena. Hecho que se repite cada Jueves Santo. La Iglesia marca esa fecha como el centro del Año litúrgico y las demás fiestas que se relacionan con esta fecha cambian de día de celebración una o dos semanas.

Las fiestas que cambian año con año, son las siguientes:

· Miércoles de Ceniza
· Semana Santa
· La Ascensión del Señor
· Pentecostés
· Fiesta de Cristo Rey

Ahora, hay fiestas litúrgicas que nunca cambian de fecha, como por ejemplo:

· Navidad
· Epifanía
· Candelaria
· Fiesta de San Pedro y San Pablo
· La Asunción de la Virgen
· Fiesta de todos los santos

Otras fiestas, de acuerdo al calendario actual, cuando coinciden con celebraciones litúrgicas más importantes (como en este año el Viernes Santo, que en Semana Santa prevalece sobre otras fechas) se mueven unos cuantos días después o antes, según las circunstancias.

En lo que concierne al mensaje que se ha hecho viral en whatsapp y que dice —entre otras cosas— «que la Iglesia concede este día como indulgencia: el perdón de todos los pecados pasados y manda que hagamos para ganarla una visita a una Iglesia que sea dedicada a la Santísima Virgen, pues por Ella nos vino Cristo en la Encarnación y en la cruz Cristo nos la dio por Madre»... No hay indulgencia que borre el perdón de los pecados pasados, sino la pena que hay que pagar por los pecados cometidos y que han sido confesados en el sacramento de la Reconciliación.

Hay que recordar que si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor se gana indulgencia plenaria, cada año.

En su carta «Misericordiae Vultus» por el Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco explica claramente las formas en las que los fieles podemos obtener la indulgencia durante este jubileo; ya sea en Roma, en cualquier lugar del mundo e incluso en las cárceles. El Santo Padre también explica el modo en el que deben proceder los enfermos y ancianos para obtener esta gracia. En cualquiera de los siguientes casos que menciona el Santo Padre para obtener la indulgencia se debe cumplir primeramente con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa:

1.- Los fieles “están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión”.

2.- “Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la Santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia”.

3.- El Papa Francisco señala también que cada vez que un fiel realice personalmente una o más las obras de misericordia corporales y espirituales “obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar”.

4.- Sobre los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa, el Pontífice afirma que para ellos “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad”.

5.- Sobre los presos, el Pontífice explica que “en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

6.- Indulgencia para los difuntos: “de igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin”. 

Por otra parte, vale la pena recordar las obras de misericordia:

Obras corporales de misericordia

  • Alimentar al hambriento
  • Dar techo al desamparado
  • Vestir al desnudo
  • Visitar a los enfermos
  • Visitar a los presos
  • Dar de beber a los sedientos
  • Sepultar a los muertos

Obras espirituales de misericordia

  • Convertir a los pecadores
  • Instruir a los desinformados
  • Asesorar a los dudosos
  • Confortar a los que sufren
  • Sanar las heridas
  • Orar por los vivos y muertos
  • Soportar los males con paciencia
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.