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martes, 26 de mayo de 2026

«MAGNIFICA HUMANITAS»... La primer encíclica del Papa León XIV.


El Papa León XIV su primera encíclica «Magnifica Humanitas», un «magnífico» documento que lleva por subtítulo: «sobre la Custodia de la Persona Humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial» y en el que expone la visión de la Iglesia sobre la doctrina social en la era de la inteligencia artificial. El Papa hace un fuerte llamado a promover la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz; junto con una fuerte insistencia a superar la teoría de la guerra justa y relanzar el diálogo y el multilateralismo en tiempos de la Inteligencia Artificial.

El Santo Padre firmó la encíclica el pasado 15 de mayo, celebrando con ello el 135 aniversario de la «Rerum Novarum» de León XIII y en un inédito acto de presentación la mostró al mundo ayer. Digo «inédito acto» porque nunca antes un Papa había estado en la presentación de uno de sus documentos y mucho menos la presentaba él mismo como en esta ocasión.

En cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, «Magnifica Humanitas» es un documento que exalta el valor de los adelantos tecnológicos de última generación, pero advierte de que todo eso, junto con la Inteligencia Artificial (IA), no conserva un carácter neutro y eso puede deshumanizar. Por ello, nuestro querido Robert Prevost pide, como Papa, «construir en el bien» y «permanecer humanos».

Desde el inicio de la lectura del documento, uno queda enganchado con los dos pasajes de la Escritura con los que el Papa abre su reflexión: La Torre de Babel (Gn11) con el que quiere representar el modelo del progreso tecnológico y del poder humano adviertiendo que cuando la tecnología se usa únicamente para el lucro y el deseo de dominar el cielo, se cae en lo que él llama el «síndrome de Babel». Esto, dice el Santo Padre, genera una sociedad unificada por la técnica, pero profundamente deshumanizada, orgullosa y fragmentada.

El otro texto que da pie a toda la encíclica, es el pasaje de la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías (Neh 2-6). Este relato le sirve al Papa para ir al modelo positivo de «reconstrucción», que no impone soluciones desde arriba. Nehemías escucha los temores de la gente y convoca a las familias a trabajar unidas, para trabajar todos y cada uno reconstruyendo una sección de la muralla. Representa el uso de las herramientas de nuestra época no para levantar muros de exclusión, sino para reconstruir los vínculos humanos.

Todos los temas que la encíclica trata, y que parten de estos dos relatos, son interesantes, pero entre ellos, luego de haberla impreso de inmediato y darle una rápida ojeada ,quiero destacar algunos que me parecen clave para su lectura:

El Papa exalta, en primer lugar, el valor de la innovación, pero advierte que la tecnología lleva el rostro y los intereses de quienes la financian y desarrollan, por lo que requiere una cuidadosa supervisión ética. De una forma muy certera, manifiesta un claro rechazo al colonialismo digital, denunciando cómo muchas de las grandes corporaciones extraen datos personales sin beneficiar a las comunidades vulnerables, creando nuevas formas de explotación y desigualdad.

León XIV deja ver la que tiene que ser la Ética que rija la Inteligencia Artificial, exige códigos éticos compartidos y transparencia sobre la misma, para evitar que el poder se concentre en unas pocas corporaciones, ensanchando la brecha entre incluidos y excluidos. Hablando de la centralidad del trabajo humano como condición de todos y para todos, invita a hacer frente a la automatización, defendiendo que la dignidad del trabajo debe prevalecer y que las herramientas digitales no deben reemplazar ni deshumanizar a la persona, por eso hace un firme llamado a «permanecer humanos». 

Nadie se escapa del llamado que el Papa hace. Él invita a legisladores, empresarios, desarrolladores y ciudadanos a construir un entorno digital orientado al bien común, custodiando nuestra humanidad por encima de cualquier máquina para edificar «la civilización del amor» entre todos, pero sabiendo que no es fácil.

La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, dice el Santo Padre, muestra al mundo que la gracia no elimina los conflictos con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien.

El documento termina hechando un vistazo al Magnificat, llevándonos con ello  a no permanecer como espectadores resignados, sino sintiéndonos tejedores de esperanza, con la misma fe que María, quien, en su humildad, bajo una dominación extranjera y en medio de un pueblo humillado y dividido, fue capaz de vislumbrar la obra invisible y salvífica de Dios.

¡Disfruten la lectura y reflexión de la misma!

MAGNIFICA HUMANITAS

Padre Alfredo.

P.D. Como una cuestión muy de Dios, esta mañana Monseñor Margarito Salazar, compañero de camino y amigo desde nuestros años mozos en el Seminario, me platicó que en Matehuala, de donde era Obispo hasta hace poco, antes de ser nombrado Obispo de Tampico, se está terminando de construir la Catedral, empezada muchos años atrás y el lema, para las tareas es: «TODOS SOMOS CATEDRAL», no cabe duda de que, estos santos varones, que liderean nuestras diócesis, van de la mano del Santo Padre.

domingo, 4 de octubre de 2020

«FRATELLI TUTTI»... La nueva Encíclica del Papa Francisco.


La Encíclica «Fratelli Tutti» del Papa Francisco, es un documento dividido en 287 números y ocho capítulos, y mientras Francisco lo escribía se produjo la pandemia de coronavirus, lo que ha hecho que el texto cobre aún mayor importancia ante la necesidad de «salir mejores» y «cambiar el mundo». La fraternidad y la amistad social son las vías indicadas por el Pontífice en esta Encíclica para construir un mundo mejor, más justo y pacífico, con el compromiso de todos: pueblo e instituciones. Reafirmado con fuerza el no a la guerra y la globalización de la indiferencia. Aquí comparto un resumen de la misma, diez puntos sobresalientes y la misma Encíclica para leer o descargar.


RESUMEN DE LA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI DEL PAPA FRANCISCO:

INTRODUCCIÓN

Desde las primeras páginas, el Santo Padre nos dice que su intención con esta encíclica no es resumir la doctrina sobre el amor fraterno, “sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos”. “Fratelli tutti” es, asegura el Papa, una encíclica social y un aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras.

“Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad”.



 CAPÍTULO PRIMERO: Las sombras de un mundo cerrado

El Papa Francisco alerta que, los pasos que la humanidad había dado en las últimas décadas hacia diversas formas de integración, parecen estar quedándose atrás, con el regreso de conflictos anacrónicos que parecían superados y nacionalismos cerrados y agresivos.

El Papa hace un recuento de las amenazas como la pérdida de conciencia histórica, la desconfianza disfrazada de la pérdida de algunos valores, la polarización política, la imposición de un modelo cultural único, la cultura del descarte que afecta principalmente a los no nacidos y a los ancianos, la inequidad que favorece el crecimiento de la pobreza, las diversas formas de injusticia, la esclavitud moderna, guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos, la globalización sin rumbo, la pandemia, la desinformación y la amenaza a los migrantes.

Pese a estas “sombras densas que no conviene ignorar”, el Papa asegura que, con esta encíclica, busca dejar un mensaje de esperanza “Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien”, y recuerda la labor heroica del personal de salud y hospitalario durante la pandemia, y los empleados de supermercados, cuidadores, transportistas, voluntarios, sacerdotes y religiosas que “comprendieron que nadie se salva solo”.



CAPÍTULO SEGUNDO: Un extraño en el camino

El Santo Padre cita el capítulo 10 del Evangelio de Lucas, en el que el evangelista narra la Parábola del buen samaritano, “un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele”.

El Papa explica cómo desde el Antiguo Testamento hay un llamado de amar al extranjero. En el Nuevo Testamento resuena con fuerza el amor fraterno, con citas como: “Toda la Ley alcanza su plenitud en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Ga 5,14).; y “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”(1 Jn 4,20).

El Papa lamenta cómo la humanidad ha crecido en distintos aspectos, “pero somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente”.

Reconoce que, a veces, le asombra cómo la Iglesia tardó tanto en condenar contundentemente la esclavitud y diversas formas de violencia, pero con el desarrollo de la espiritualidad y la teología ya no hay excusas. No obstante, lamenta cómo algunos se sienten alentados “o al menos autorizados por su fe” para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, y actitudes xenófobas.

“Para ello –agrega- es importante que la catequesis y la predicación incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos”.



CAPÍTULO TERCERO: Pensar y gestar un mundo abierto

El Papa nos dice que un ser humano sólo se desarrolla plenamente en la entrega sincera a los demás, pero no sólo con nuestra familia o amigos, pues “grupos cerrados y las parejas autorreferenciales, que se constituyen en un ‘nosotros’ contra todo el mundo, suelen ser formas idealizadas de egoísmo y de mera autopreservación”.

Ante los creyentes que piensan que su grandeza está en la imposición de ideologías al resto, en la defensa violenta de la verdad o en grandes demostraciones de fortaleza, el Papa les dice: Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: “lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar”.

El amor que se extiende más allá de las fronteras tiene en su base lo que llamamos “amistad social” en cada ciudad o en cada país. Cuando es genuina, esta amistad social dentro de una sociedad es una condición de posibilidad de una verdadera apertura universal.

No se trata –dice el Papa- del falso universalismo de quien necesita viajar constantemente porque no soporta ni ama a su propio pueblo, o del universalismo autoritario y abstracto, planeado por algunos para homogeneizar, dominar y expoliar. En cambio, hace un llamado promover el bien, para nosotros mismos y para toda la humanidad, y reivindica el valor de la solidaridad y la importancia de reconocer la dignidad humana sin importar si nacieron ricos o pobres, o en uno y otro país.

“Si se acepta el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana, es posible aceptar el desafío de soñar y pensar en otra humanidad. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos”.



CAPÍTULO CUARTO: Un corazón abierto al mundo entero 

Este capítulo el Papa se centra en el problema migratorio. Es verdad, asegura, que lo ideal es que todas las personas encuentren en sus países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad, “pero mientras no haya serios avances en esta línea, nos corresponde respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda no solamente satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, sino también realizarse integralmente como persona”.

El Papa recuerda que los esfuerzos ante los migrantes se resumen en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar; y retoma el llamado a los jóvenes que hizo en la Exhortación Christus Vivit: “no caigan en las redes de quienes quieren enfrentarlos a otros jóvenes que llegan a sus países, haciéndolos ver como seres peligrosos y como si no tuvieran la misma inalienable dignidad de todo ser humano”.

Aunque reconoce que en la acogida existe el riesgo de una “esclerosis cultural”, para evitarlo “se necesita un diálogo paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás”.

El Papa hace un llamado al intercambio entre países, pues la ayuda mutua “en realidad termina beneficiando a todos”.

“Necesitamos desarrollar esta consciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie. La pobreza, la decadencia, los sufrimientos de un lugar de la tierra son un silencioso caldo de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta”.

Toda cultura sana –puntualiza el Papa-, es abierta y acogedora por naturaleza, de tal modo que una cultura sin valores universales no es una verdadera cultura.



CAPÍTULO QUINTO: La mejor política

“Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”.

El Papa denuncia que la forma actual de hacer política suele no incorporar a los débiles y no respetar la diversidad cultural. En concreto, critica al populismo —entendido como “la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”— y el “dogma de fe neoliberal”, pues asegura que el mercado por sí mismo no resuelve todo.

Asegura que la buena política está basada en el amor, la caridad, la solidaridad y la subsidiariedad, pues una visión que supera toda visión individualista nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar el bienestar de todas las personas.



CAPÍTULO SEXTO: Diálogo y amistad social

El diálogo es el primer paso para acercarnos, expresarnos, conocernos, tratar de comprendernos y buscar puntos de contacto. Sin embargo, el Papa asegura que no debemos de confundir diálogo con “un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre confiable”.

El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. No obstante, el Pontífice advierte de los riesgos del relativismo que, disfrazado de tolerancia, “termina facilitando que los valores morales sean interpretados por los poderosos según las conveniencias del momento”.

“El diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y que no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas”.

El Papa Francisco propone cambiar la “falsa tolerancia” por un “realismo dialogante”, donde podemos ser fieles a nuestros principios, pero reconociendo que el otro también tiene el derecho de tratar de ser fiel a los suyos. Esto será posible si practicamos la amabilidad, pues ésta facilita “la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes”.



CAPÍTULO SÉPTIMO: Caminos de reencuentro

El Papa Francisco recuerda en esta encíclica que el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. “Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza”. Y para este proceso es indispensable la transparencia y la preservación de la memoria histórica, pues “la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia”.

Si bien el perdón es indispensable para la búsqueda activa de la reconciliación, el Papa recuerda que perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás. El perdón reclama la necesidad de que se exija justicia. La clave, asegura el Papa, está en “no hacerlo para alimentar una ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, o por una necesidad enfermiza de destruir al otro que desata una carrera de venganza”.

El Papa también habla de la guerra, a la que califica como una amenaza constante, lejos de ser un fantasma del pasado. Asegura que no es posible sostener el concepto de “guerra justa” y hace un llamado a la eliminación total de las armas nucleares y propone usar ese dinero para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los países más pobres.

Sobre la pena de muerte, el Santo Padre reafirma el rechazo histórico y total de la Iglesia a esta práctica. “El firme rechazo de la pena de muerte muestra hasta qué punto es posible reconocer la inalienable dignidad de todo ser humano y aceptar que tenga un lugar en este universo. Ya que, si no se lo niego al peor de los criminales, no se lo negaré a nadie, daré a todos la posibilidad de compartir conmigo este planeta a pesar de lo que pueda separarnos”, escribe el Papa.



CAPÍTULO OCTAVO: Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo

En este capítulo, el Papa Franciso asegura que las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad.

El Papa asegura que la Iglesia católica valora la acción de Dios en las demás religiones, y no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Hace también un llamado al respeto de la libertad religiosa. Esa libertad proclama que podemos encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes.

Sobre la violencia y el terrorismo religioso, el Santo Padre advirtió que “el culto a Dios sincero y humilde no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos”.

Casi al final del capítulo, el Papa retoma su llamado a difundir la cultura de la tolerancia, la convivencia y de paz que plasmó en el Documento sobre la hermandad humana por la paz mundial y la convivencia común, que firmó de forma conjunta con Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib en febrero de 2019. Además, asegura que se sintió inspirado en el pensamiento de “otros hermanos que no son católicos”, como Martin Luther King, Desmond Tutu y Mahatma Mohandas Gandhi.

Concluye esta encíclica con una reflexión en torno al beato Carlos de Foucauld, a quien describe como “una persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos”.

“Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos». Quería ser, en definitiva, «el hermano universal». Pero sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén”.



DIEZ PUNTOS CLAVE DE LA ENCÍCLICA «FRATELLI TUTTI»:

Algunos estudiosos del tema han propuesto 10 puntos clave que el Papa propone y que vale la pena repasar para entender el documento. Las comparto aquí y al final viene la liga para leer o descargar el documento:

1.- IDEOLOGÍAS Y CONFLICTOS

«La historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos».

«En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales».

2.- EL MUNDO TRAS EL CORONAVIRUS

«Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta».

«Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros».

3.- DERECHOS SIN FRONTERAS

«Entonces nadie puede quedar excluido, no importa dónde haya nacido, y menos a causa de los privilegios que otros poseen porque nacieron en lugares con mayores posibilidades».

«Los límites y las fronteras de los Estados no pueden impedir que esto se cumpla. Así como es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer, es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo».

4.- MIGRANTES

«Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos».

5.-EL MERCADO SOLO NO RESUELVE TODO

«El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente».

«La fragilidad de los sistemas mundiales frente a la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado»

6.- NO HAY GUERRAS JUSTAS

«Es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible guerra justa, a pesar de que en el catecismo se hable de la posibilidad de la legitima defensa mediante la fuerza militar»

7.- REFORMA DE LA ONU

«Es necesaria una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, así como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones».

Es decir que «se eviten que se trate de una autoridad cooptada por unos pocos países, y que a su vez impidan imposiciones culturales o el menoscabo de las libertades básicas de las naciones más débiles a causa de diferencias ideológicas».

8.- EL POPULISMO

«Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo (...) Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder».

9.- LA POLÍTICA NO ESTA AL SERVICIO DE LA ECONOMÍA

«La política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia».

10.- LAS RELIGIONES AL SERVICIO DE LA FRATERNIDAD

«Las distintas religiones (...) ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad. El diálogo entre personas de distintas religiones no se hace meramente por diplomacia, amabilidad o tolerancia».



FINALMENTE:

El Papa Francisco, sobre esta Encíclica comentó en el Angelus del 4 de octubre de 2020: «Los signos de los tiempos muestran que la fraternidad humana y el cuidado de la creación son el único camino hacia el desarrollo integral y la paz».



Padre Alfredo.

«¿Qué es una Encíclica»... Una breve explicación e historia.


En la antigua iglesia cristiana, una encíclica era una carta circular enviada a todas las iglesias de una zona. En ese momento, el término podía utilizarse para una carta enviada por cualquier obispo a sus fieles. La palabra proviene del latín «encyclia» y del griego «egkyklios» que significa «envolver en círculo», que es también el origen de la palabra "enciclopedia". La Iglesia Católica Romana en general, sólo utiliza este término para las encíclicas papales, pero la Iglesia Ortodoxa Oriental y de la Comunión Anglicana mantienen el uso antiguo.

Las encíclicas tienen su origen en las epístolas del Nuevo Testamento y es el documento más importante que escribe el Pontífice. Suele estar redactada en latín, el idioma oficial de la Santa Sede, y traducida a las principales lenguas del mundo y su título se toma de las primeras palabras del documento.

Una Encíclica, en la época actual, es una carta circular solemne del Papa, sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica dirigida por el Papa a los obispos, fieles católicos de todo el mundo y a los hombres de buena voluntad. En el encabezado de la Encíclica se suele manifestar a quienes se dirige, y cada uno, según su estado o situación, dentro o fuera de la Iglesia, debe acogerla de una manera particular. El Papa la escribe y, específicamente, invita a abrir un diálogo sincero, porque entiende que los asuntos que trata nos conciernen a toda la humanidad y no solo a una parte.

Debido a su importancia y la verdad que contienen, todo fiel debe concederle a las encíclicas asentimiento, obediencia y respeto. El Papa Pío XII observó que las encíclicas, aunque no son la forma usual de promulgar pronunciamientos infalibles, sí reflejan el Magisterio Ordinario de la Iglesia y merecen ese respeto de parte de los fieles, (Humani generis, 1950).

Podemos decir que la Encíclica tiene, hoy por hoy, un carácter universal, abierto, y que pretende dar luz, dentro del Magisterio Ordinario del Papa, a distintas situaciones de actualidad, tanto desde el carácter doctrinal o moral, como desde su posición como Pastor de la Iglesia, pero también como interlocutor con la sociedad y con el mundo actual.

La primera de la historia de la Iglesia fue escrita por el papa Benedicto XIV en 1766. Uno de los papas más prolíficos en encíclicas fue León XIII (1878-1903), que escribió 86. Pío X (1903-1914) redactó 16 y Benedicto XV (1914-1922) catorce. Pío XI (1922-1939) escribió 30, Pío XII (1939-1958) 41 y Juan XXIII (1958-1963) ocho. Pablo VI (1963-1978) redactó siete y a Juan Pablo I (1978-1978) no le dio tiempo a escribir, ya que falleció a los 33 días de ser elegido Papa. 

En sus casi 27 años de pontificado Juan Pablo II (1978-2005) elaboró 14, comenzado con la «Redemptor hominis», del 4 de marzo de 1979, apenas cinco meses después de su elección como Pontífice, en la que trazó los principios de su ministerio papal. Su última encíclica fue «Ecclesia de Eucaristia», publicada en abril de 2003, en la que trató sobre la Eucaristía.

Benedicto XVI presentó tres encíclicas: «Deus caritas est» (Dios es amor, el 25 de diciembre de 2005), sobre el amor y la caridad eclesiástica; «Spe salvi» (Salvados en la esperanza, el 29 de junio de 2009), sobre la esperanza cristiana; y «Caritas in veritate» (Caridad en la verdad, el 29 de junio de 2009), de carácter social. 

El Papa Francisco ha escrito tres: «Lumen fidei» (2013), iniciada por el papa Benedicto XVI; «Laudato si» (2015) y «Fratelli Tutti» (2020).

Padre Alfredo.

jueves, 2 de julio de 2015

Una visión de conjunto de la encíclica «LAUDATO SI» del Papa Francisco

El Papa Francisco nos regala, en su encíclica «LAUDATO SI», 191 páginas que nos llevan a un encuentro con el El Evangelio de la creación, la raíz humana de la crisis ecológica, una ecología integral, algunas líneas orientativas y de acción para nuestros tiempos y la educación y espiritualidad ecológica. La encíclica termina con una oración interreligiosa por nuestra tierra y una oración cristiana con la creación.

Se lee casi de corrido, por lo menos así me pasó a mí, que la leí ese mismo 18 de mayo en que publicó. Comparto con ustedes ahora unas lineas generales de la misma, que puedan servir a quienes no disponen del tiempo necesario para leerla toda o necesitan una visión de conjunto.




LÍNEAS GENERALES:

''¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?''. Esta pregunta está en el centro de todo este documento sobre el cuidado de la casa común. "¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?'': ''Si no nos planteamos estas preguntas de fondo —dice el Papa— ''no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes''.

La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, ''Laudato si mi Signore'', que en el Cántico de las creaturas nos recuerda que la tierra, nuestra casa común, es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos. Nosotros mismos 'somos tierra. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.

Ahora esta tierra está maltratada y saqueada, y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo. El Papa nos invita a escucharlos, llamando a todos y cada uno a una ''conversión ecológica'', asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el ''cuidado de la casa común''. Al mismo tiempo, el Papa Francisco reconoce que se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta, permitiendo una mirada de esperanza: La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común; el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente; no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse.

El Papa, además de escribir a los fieles católicos, se propone en esta encíclica entrar en diálogo con toda la humanidad sobre nuestra casa común: el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. Desde el principio el papa Francisco recuerda que también 'otras Iglesias y Comunidades cristianas —como también otras religiones— han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión sobre el tema de la ecología. En varios momentos, el Papa Francisco agradece este esfuerzo de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales que ha enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones e invita a todos a reconocer la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano.

El contenido de la Encíclica está trazado en el n. 15 y se desarrolla en seis capítulos. A partir de la escucha de la situación a partir de los conocimientos científicos de hoy, recurre a la luz de la Sagrada Escritura y la tradición judeo-cristiana , detectando las raíces del problema en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. La propuesta de este documento es la de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales, inseparablemente vinculadas con la situación ambiental. En esta perspectiva, el Papa Francisco propone emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. Y nos recuerda a todos que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en ''un Dios creador omnipotente'' , y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo ''Laudato si’'', que abre y cierra la Encíclica.

Este valioso documento de suma actualidad, está atravesado por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna. Todo queda interconectado con estos temas: La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.
Se puede decir que el núcleo de la propuesta del Papa con esta Encíclica es una ecología integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea. De hecho no podemos entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Esto vale para todo lo que vivimos en distintos campos: en la economía y en la política, en las distintas culturas, en especial las más amenazadas, e incluso en todo momento de nuestra vida cotidiana.

Es el capítulo final el que va al núcleo de la conversión ecológica a la que nos invita la Encíclica. La raíz de la crisis cultural es profunda y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. Deben involucrarse todos los ambientes educativos de la persona en este cambio, la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis.

El Papa nos propone apostar por un nuevo estilo de vida que abra la posibilidad de ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social. Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los modelos de producción.

Para el creyente, el mundo no se contempla desde afuera sino desde adentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo.

En este documento, el Papa Francisco mantiene la línea propuesta en la Evangelii Gaudium: ''La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, es liberadora'', así como ''La felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida.'' De este modo se hace posible ''sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos''.

Los santos nos acompañan en este camino. San Francisco, mencionado muchas veces, es el ''ejemplo por excelencia del cuidado por lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría''. Pero la Encíclica recuerda también a San Benito, Santa Teresa de Lisieux y al beato Charles de Foucauld.

Después de la lectura de «LAUDATO SI», el examen de conciencia de cada uno de los lectores, deberá incluir una nueva dimensión, considerando no sólo cómo se vive la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las creaturas y la naturaleza''.

El documento se desarrolla así:

CAPÍTULO 1 – LO QUE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA
Calentamiento global y contaminación; Contaminación, basura y cultura del descarte; El clima como bien común; La cuestión del agua ;Pérdida de biodiversidad;Deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia socia;Inequidad planetaria;La debilidad de las reacciones. Diversidad de opiniones.

CAPÍTULO 2 – EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN 
La luz que ofrece la fe;La sabiduría de los relatos bíblicos;El misterio del universo; El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado;Una comunión universal; El destino común de los bienes;La mirada de Jesús.

CAPÍTULO 3 – LA RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA 
La tecnología: creatividad y poder; La globalización del paradigma tecnológico; Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno; El relativismo práctico; La necesidad de preservar el trabajo; La innovación biológica a partir de la investigación.

CAPÍTULO 4 – UNA ECOLOGÍA INTEGRAL 
Ecología ambiental, económica y social;La ecología cultural;La ecología humana y el espacio de la vida cotidiana;El principio del bien común;Una justicia intergeneracional bien entendida.

CAPÍTULO 5 – ALGUNAS LÍNEAS ORIENTATIVAS Y DE ACCIÓN 
El diálogo sobre el ambiente en la política internacional;El diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales;Favorecer debates sinceros y honestos;Política y economía en diálogo para la plenitud humana;Las religiones en el diálogo con las ciencias.

CAPÍTULO 6 – EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA 
Apostar por otro estilo de vida Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente;La conversión ecológica; Gozo y paz ;El amor civil y político;Los signos sacramentales y el descanso celebrativo; La Trinidad y la relación entre las criaturas;La Reina de todo lo creado;Más allá del sol.

Espero que sea de su ayuda esta pequeña orientación del documento. 


Alfredo Delgado, M.C.I.U.