El Santo Padre firmó la encíclica el pasado 15 de mayo, celebrando con ello el 135 aniversario de la «Rerum Novarum» de León XIII y en un inédito acto de presentación la mostró al mundo ayer. Digo «inédito acto» porque nunca antes un Papa había estado en la presentación de uno de sus documentos y mucho menos la presentaba él mismo como en esta ocasión.
En cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, «Magnifica Humanitas» es un documento que exalta el valor de los adelantos tecnológicos de última generación, pero advierte de que todo eso, junto con la Inteligencia Artificial (IA), no conserva un carácter neutro y eso puede deshumanizar. Por ello, nuestro querido Robert Prevost pide, como Papa, «construir en el bien» y «permanecer humanos».
Desde el inicio de la lectura del documento, uno queda enganchado con los dos pasajes de la Escritura con los que el Papa abre su reflexión: La Torre de Babel (Gn11) con el que quiere representar el modelo del progreso tecnológico y del poder humano adviertiendo que cuando la tecnología se usa únicamente para el lucro y el deseo de dominar el cielo, se cae en lo que él llama el «síndrome de Babel». Esto, dice el Santo Padre, genera una sociedad unificada por la técnica, pero profundamente deshumanizada, orgullosa y fragmentada.
El otro texto que da pie a toda la encíclica, es el pasaje de la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías (Neh 2-6). Este relato le sirve al Papa para ir al modelo positivo de «reconstrucción», que no impone soluciones desde arriba. Nehemías escucha los temores de la gente y convoca a las familias a trabajar unidas, para trabajar todos y cada uno reconstruyendo una sección de la muralla. Representa el uso de las herramientas de nuestra época no para levantar muros de exclusión, sino para reconstruir los vínculos humanos.
Todos los temas que la encíclica trata, y que parten de estos dos relatos, son interesantes, pero entre ellos, luego de haberla impreso de inmediato y darle una rápida ojeada ,quiero destacar algunos que me parecen clave para su lectura:
El Papa exalta, en primer lugar, el valor de la innovación, pero advierte que la tecnología lleva el rostro y los intereses de quienes la financian y desarrollan, por lo que requiere una cuidadosa supervisión ética. De una forma muy certera, manifiesta un claro rechazo al colonialismo digital, denunciando cómo muchas de las grandes corporaciones extraen datos personales sin beneficiar a las comunidades vulnerables, creando nuevas formas de explotación y desigualdad.
León XIV deja ver la que tiene que ser la Ética que rija la Inteligencia Artificial, exige códigos éticos compartidos y transparencia sobre la misma, para evitar que el poder se concentre en unas pocas corporaciones, ensanchando la brecha entre incluidos y excluidos. Hablando de la centralidad del trabajo humano como condición de todos y para todos, invita a hacer frente a la automatización, defendiendo que la dignidad del trabajo debe prevalecer y que las herramientas digitales no deben reemplazar ni deshumanizar a la persona, por eso hace un firme llamado a «permanecer humanos».
Nadie se escapa del llamado que el Papa hace. Él invita a legisladores, empresarios, desarrolladores y ciudadanos a construir un entorno digital orientado al bien común, custodiando nuestra humanidad por encima de cualquier máquina para edificar «la civilización del amor» entre todos, pero sabiendo que no es fácil.
La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, dice el Santo Padre, muestra al mundo que la gracia no elimina los conflictos con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien.
El documento termina hechando un vistazo al Magnificat, llevándonos con ello a no permanecer como espectadores resignados, sino sintiéndonos tejedores de esperanza, con la misma fe que María, quien, en su humildad, bajo una dominación extranjera y en medio de un pueblo humillado y dividido, fue capaz de vislumbrar la obra invisible y salvífica de Dios.
¡Disfruten la lectura y reflexión de la misma!
Padre Alfredo.
P.D. Como una cuestión muy de Dios, esta mañana Monseñor Margarito Salazar, compañero de camino y amigo desde nuestros años mozos en el Seminario, me platicó que en Matehuala, de donde era Obispo hasta hace poco, antes de ser nombrado Obispo de Tampico, se está terminando de construir la Catedral, empezada muchos años atrás y el lema, para las tareas es: «TODOS SOMOS CATEDRAL», no cabe duda de que, estos santos varones, que liderean nuestras diócesis, van de la mano del Santo Padre.
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