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sábado, 6 de diciembre de 2025

ORACIÓN A CRISTO REY

Mi padre, don Alfredo (1934-2019), solía rezar mucho y pensar en Cristo Rey como compañero de camino. Muy temprano hacía sus oraciones y en especial, ya anciano, repasaba, después de Laudes, una serie de oraciones entre las cuales me encontré ésta. De niños nos llevó muchas veces a la parroquia de Cristo Rey en Monterrey a misa dominical. Les invito a rezarla ustedes también:

Corazón Sacratísimo del Rey pacífico, 
¡Corazón Santo que adoro con toda las fuerzas de mi ser!
¿Cómo, ni con que se me dará dado 
agradecerte los beneficios innumerables,
de que tu ardientísima caridad 
me ha colmado, en toda mi vida? 

Yo quisiera, dulcísimo Rey, 
poseer el lenguaje de los serafines 
para que mis palabras 
ardiesen en este día, 
tanto como mi corazón, 
al entregarme sin reservas a ti, 
consagrándote, amantísimo Rey 
las potencias de mi alma, 
los sentidos de mi cuerpo, 
mi vida, mi muerte y todo cuanto soy. 

¡Viva Cristo rey, en mi corazón, 
en mi casa, y en mi patria!
Amén.

Parroquia de Cristo Rey
en Monterrey.


jueves, 1 de julio de 2021

«Déjate amar», una sencilla oración de abandono... Oraciones de mi padre VII

Papá solía hacer, a lo largo del día, pequeñas pausas para orar con poquísimas palabras, con jaculatorias o pequeñas oraciones que él componía. Una de ellas es ésta:


 Jesús,

es el único que conoce 

a nuestro Padre Dios.


Déjate amar.

Amor con amor.


Silencio en la mente,

paz en el corazón.


lunes, 24 de febrero de 2020

Plegaria por la santificación de la vejez... Oraciones de mi padre VI

Esta oración la rezaba papá en su etapa de la ancianidad. Fue un gran admirador e imitador de san Francisco de Asís y la conservaba dentro de un libro sobre la vida del santo que mis primas Laura, Adriana y Celina le regalaron el 18 de mayo de 1982 por el día de su cumpleaños:

Gran Señor del Universo y Padre Nuestro,
tus hijos ponen ante ti el alma de rodillas
para suplicarte, por el amor que derramas sobre tus creaturas,
que las generaciones de los que ahora son niños,
la de los jóvenes, la de los maduros,
todas las generaciones lleguen a cumplir,
según tu Corazón, tus santos designios,
en los días que les concedas caminar sobre la tierra.

Te lo rogamos con fervor,
Amo y Dueño del cosmos,
que aunque Tú no tienes edad,
la creatura humana,
para rendirte máximo homenaje,
ha querido representarte
como el Gran Anciano. Amén.

jueves, 13 de febrero de 2020

«Oración para obtener la Divina Misericordia»... Oraciones de mi padre V.

¡Oh Dios de gran misericordia!
bondad infinita, hoy toda la humanidad clama,
desde el abismo de su miseria, a tu misericordia,
 a tu compasión, ¡oh Dios!,
y grita con la potente voz de la miseria:
¡Dios indulgente, 
no rechaces la oración de los desterrados de esta tierra!

¡Oh, Señor, bondad inconcebible!,
que conoces perfectamente nuestra miseria 
y sabes que por nuestras propias fuerzas
no podemos ascender hasta Ti.
Te imploramos nos anticipes tu gracia
y que multipliques incesantemente 
tu misericordia en nosotros,
para que cumplamos fielmente
tu santa voluntad
a lo largo de nuestras vidas
y a la hora de la muerte.

Que la omnipotencia de tu misericordia
nos proteja de las flechas de los enemigos
de nuestra salvación,
para que con confianza, como tus hijos,
esperemos tu última venida,
ese día que sólo Tú conoces.
Y, a pesar de toda nuestra miseria,
esperamos recibir todo lo que Jesús nos ha prometido,
porque Jesús es nuestra esperanza:
a través de tu corazón misericordioso,
como a través de una puerta abierta,
entramos en el cielo.

¡Oh, misericordioso Jesús! Tu bondad es infinita 
y los tesoros de tu gracia inagotables.
Yo confío eternamente en tu misericordia.
Y me consagro eternamente a Ti
para vivir bajo los rayos de tu gracia y amor
que botaron de tu Santísimo Corazón en la cruz.
Yo deseo propagar tu misericordia
por medio de las obras espirituales 
y corporales de misericordia,
especialmente convirtiendo a los pecadores,
consolando a los pobres, afligidos
y enfermos ayudándolos.

Pero Tú me vas a proteger
como tu propiedad y tu gloria,
pues yo temo todo de mi debilidad
y espero todo de tu gran misericordia.
Que toda la humanidad conozca
el abismo incomprensible de tu gran misericordia,
y ponga toda la esperanza en ella
y la alabe por toda la eternidad. Amén.

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jueves, 12 de diciembre de 2019

«CONSAGRACIÓN A MARÍA NIÑA»... Oraciones de mi padre IV

Dulcísima Niña María, radiante aurora del astro rey Jesús, escogida por Dios desde la eternidad para ser la reina de los cielos, el consuelo de la tierra, la alegría de los ángeles, el templo y sagrario de la adorable Trinidad, la Madre de un Dios humanado; me tienes a tus plantas, ¡oh! infantil princesa, contemplando los encantos de tu santa infancia. En tu rostro bellísimo se refleja la sonrisa de la Divina Bondad, tus dulces labios se entreabren para decirme: «confianza, paz y amor».

¿Cómo no amarte, María, luz y consuelo de mi alma, ya que te complaces en verte obsequiada y honrada en tu preciosa imagen de reina parvulita? Yo me consagro a tu servicio con todo mi corazón. Te entrego amable reina, mi persona, mis intereses temporales y eternos. Bendíceme Niña Inmaculada, bendice también y protege a todos los seres queridos de mi familia. Se tú, infantil soberana, la alegría, la dulce reina de mi hogar, a fin de que por tu intercesión y tus encantos reine e impere en mi corazón y en todos los que amo, el dulcísimo Corazón de Jesús sacramentado. Amén.

sábado, 16 de noviembre de 2019

«Comunión Espiritual»... Oraciones de mi padre III

¡Oh Jesús mío!
Creo que estás  real 
y verdaderamente presente
en el Santísimo Sacramento
del altar;
te amo sobre todas las cosas
y deseo recibirte dentro de mi alma.

Ya que no puedo hacerlo
ahora sacramentalmente,
ven a lo menos 
espiritualmente a mi corazón.

(Espacio de silencio)

Como si ya te hubiera recibido,
te abrazo y me uno todo a Ti.
No permitas, Señor,
que nada ni nadie
me parte de Ti.

viernes, 25 de octubre de 2019

«ORACIÓN A LA LLAGA DEL HOMBRO DE JESÚS... Oraciones de mi padre II

Papá solía rezar esta oración de San Bernardo que ahora comparto con ustedes. La historia dice que San Bernardo, preguntó en una ocasión al Divino Redentor cuál fue el dolor que más sufrió, y que es más desconocido por los hombres y que Jesús le respondió: «Tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargue mi pesada cruz; esa llaga era la mas dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honrad pues esta llaga y haré todo lo que por ella pidas...»

Oh amado Jesús, manso Cordero de Dios, 
a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, 
te adoro y venero la llaga causada 
por el peso de tu cruz 
que abriendo tus carnes desnudo los huesos de tu hombro sagrado
y de la cual tu Madre Dolorosa tanto se compadeció. 
También yo, oh carísimo Jesús, 
me compadezco de Ti y desde el fondo de mi corazón te glorifico 
y te agradezco por esta llaga dolorosa de tu hombro 
en la que quisiste cargar tu cruz por mi salvación. 
¡Ah! por los sufrimientos que padeciste 
y que aumentaron el enorme peso de tu cruz, 
te ruego con mucha humildad, 
ten piedad de mi pobre criatura pecadora, 
perdona mis pecados y condúceme al cielo 
por el camino de la cruz.

Se reza siete veces el Ave María y se agrega:

Madre santísima imprime en mi corazón 
las llagas de Jesucristo crucificado.

Oh dulcísimo Jesús, 
no seas mi juez sino mi salvador... 

(Indulgencia parcial al rezarla)

ORACIÓN PARA MANTENER LA ENTEREZA... Oraciones de mi padre I.

Mi padre fue siempre un  hombre de oración. Ahora que hemos estado viendo sus libros, sus oraciones, sus escritos, me encontré esta oración escrita por el novelista, poeta, dramaturgo, guionista y ensayista español José María Pemán y Pemartín (Cádiz, 1898-1981). Es una estampa que tiene restos de flores, impresa en Jerusalén y tocada al Santo Sepulcro con una de las oraciones que el solía rezar y que ahora comparto:

¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad
porque pones, con amor
sobre espinas de dolor,
rosas de conformidad!

No quiero que en mi cantar
mi pena se transparente;
quiero sufrir y callar;
no quiero dar a la gente
migajas de mi pesar.

Tú sólo, Dios y Señor,
Tú que por amor me hieres;
Tú que por inmenso amor
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres.

Tú solo lo has de saber;
que sólo quiero contar
mi secreto padecer
a quien lo ha de comprender
y lo puede consolar.