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sábado, 30 de septiembre de 2017

«Se acabó septiembre, mes de la Patria y mes de la Biblia»... Un pequeño pensamiento para hoy

¡Qué barbaridad... ya se acabó septiembre! El mes de la Patria y de la Biblia se me fue como agua. Hoy hacemos cierre de mes celebrando a San Jerónimo, el hombre que en la antigüedad estudió más y mejor la Sagrada Biblia y que ha dado pie a que, en muchas comunidades, este mes se viva intensamente en torno a la Palabra de Dios. Todos sabemos que no ha sido un tiempo llevadero, ya que el mes ha transcurrido entre huracanes, temblores e inundaciones en diversas partes de México y el mundo. Situaciones todas ellas en las que, para muchos, no ha sido fácil aceptar la voluntad de Dios que, intempestivamente, ha permitido el lucimiento del poder de la naturaleza al canto de la aurora, durante el calor intenso del medio día o en la plena oscuridad de la noche con sorpresivas visitas en medio de su libertina naturaleza, que ha arrancado, sacudido y anegado, no solo la superficie de la tierra que es nuestra casa común, sino almas que han quedado desconcertadas y más que asustadas con los ojos abiertos o llenos de lágrimas ante socavones, edificios colapsados o casas inundadas... ¡Qué difícil es entender a Dios —el Dios que en la Sagrada Escritura muestra todo su poder y su misericordia—, en medio del dolor y del sufrimiento humano!

Hoy en el Evangelio (Lc 9,43-45) Cristo anuncia por segunda vez su pasión a los Apóstoles... ¿Qué le iban a entender? El mundo, hoy y ayer, poco entiende de dolor y sufrimiento, poco capta de lo que significa la Cruz de la pasión. Si nosotros, discípulos–misioneros que conocemos a Jesucristo luego de tantos siglos de historia, no entendemos esta lógica de la Cruz... ¿qué puede captar una sociedad que, a velocidad galopante, cabalga por el atrayente terreno del materialismo, sin saber que de ahí caerá al abismo del aburrimiento y del vacío? Al mundo de hoy, fácilmente se le va de las manos, no solo lo referente al sacrificio o al dolor, sino todo o casi todo lo trascendente. Entre prisas y arrebatos por cualquier tema de orden terrenal, no tiene tiempo para pensar en las cosas del cielo. ¿Qué velos ocultan los sentidos de los hombres y de las mujeres de hoy que impiden ver el valor de la entrega desinteresada y solo por amor del Crucificado? (cf. Lc 9,45). ¿Quién puede entender el mensaje de la Cruz y captar lo que esa entrega significa? (cf. Lc 9,44) ¿Quién puede anhelar entregarse en la Cruz para dar vida? (cf. Lc 9,45). Claro que sabemos quien... Todo aquel que, como Cristo, aprenda y acepte que el camino a la verdadera felicidad pasa necesariamente por el sacrificio de la Cruz.

El mismo Jesús —podemos afirmarlo—, tenía miedo de la Cruz (Lc 22,42)... ¡Tanto miedo que hasta sudó sangre! (cf. Lc 22,44). La Cruz da miedo. Sí, pero sabemos que, como ha dicho el Papa Francisco: «No hay obra apostólica fecunda sin la Cruz» (28/09/2016). Hablar de eso no es fácil para nadie. María, al pie de la Cruz, guardó silencio, un silencio contemplativo con el que enfrentó así al misterio que nos trasciende y que no tiene explicación. Son cosas que se tienen que aceptar en la fe y en la confianza para pasar del sufrimiento a la paz, o como decía la beata María Inés Teresa: «De la Cruz a la Luz». ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

«El amor a la patria»... Un pequeño pensamiento para hoy


El amor a la patria —en mi caso y de muchos de ustedes, México— es un valor cívico que todo ser humano puede aprender en la familia, en la escuela y cuyos frutos deberían cosecharse en la sociedad, en el ir y venir de cada día, cuando con nuestro granito de arena, nos convertimos en hombres y mujeres útiles a la sociedad. La patria la simbolizamos en una bandera, en un himno de la nación y en muchos otros signos sirven para concretizar ese amor, pero, el amor a la Patria, va más allá que lo que celebramos la noche del 15 de septiembre y este 16 todo el día recordando la independencia. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el cuarto mandamiento se extiende a los deberes de los ciudadanos respecto a su patria (2199) «El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad». (2239). San Juan Pablo II, en su libro «Memoria e Identidad», tocando el tema de la patria dice: «Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre… El patriotismo conlleva un especial tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber».

En los últimos años, los creyentes hemos visto a México sufrir mucho. Nos sentimos mal como ciudadanos, pedimos perdón por tantos daños cometidos y a veces hasta pensamos que estamos tropezando con la misma piedra y no tenemos solución ante el pecado social que se extiende y se extiende en nuestra patria. ¿Pero cuál solución podemos encontrar? San Lucas (Lc 6,43-45) nos presenta en su evangelio la parábola del árbol que da buenos frutos. «Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto». El católico bien formado en la fe y en la tradición de la convivencia como miembro de un pueblo que camina, hace crecer dentro de sí una buena manera de ser que lleva al hombre y a la mujer de fe a practicar el bien dando buenos frutos, pero la persona que descuida su formación, tendrá dificultad en producir frutos buenos. «porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lc 6,45). Vale la pena, en este 16 de septiembre, recurrir también al libro del Eclesiástico que dice: «Déjate llevar por lo que te dicta el corazón, porque nadie te será más fiel que él: el alma de un hombre suele advertir a menudo mejor que siete vigías apostados sobre una altura. Y por encima de todo ruego al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad.» (Ec 37,13-15). ¿En dónde está puesto el corazón del católico mexicano? ¿Cuáles son los principales intereses de ese corazón? ¿Sabe ese corazón vivir en la libertad e «independencia» de los hijos de Dios?

Hoy escribo poco, y más bien quiero dar espacio a esta oración por la Patria que les invito a rezar: «Omnipotente Dios, que nos has dado esta hermosa tierra mexicana por heredad, humildemente suplicamos tu ayuda para mostrarnos siempre como un pueblo reconocido de tu favor, siempre acompañado de santa María de Guadalupe y gozoso de hacer en todo momento tu voluntad. Bendice nuestro país, tan golpeado por la violencia y la indiferencia, con la labor honorable, el conocimiento íntegro y el renacer de costumbres virtuosas entre sus habitantes. Guárdanos del orgullo, de la arrogancia y de todo pecado social. Defiende nuestras libertades, y forja un pueblo unido en un solo corazón. Inviste con el espíritu de sabiduría a quienes en tu Nombre confiamos la autoridad del gobierno, para que haya justicia y paz en el país y que, por medio de la obediencia a tu ley, manifestemos tu alabanza entre las naciones de la tierra. En tiempo de prosperidad, llena nuestros corazones de gratitud, y en el día de la angustia, no permitas que nuestra confianza en ti desfallezca; todo lo cual te pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. ¡Viva México! ¡Vivan los héroes que nos dieron patria! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Cristo Rey!

Padre Alfredo.

ORACIÓN POR NUESTRO PUEBLO...


Señor Dios, Rey Omnipotente:
en tus manos están puestas todas las cosas.
Tú quieres salvar a tu pueblo
y nadie puede resistir a tu voluntad.
Tú hiciste el cielo y la tierra 
y todo cuanto en ellos se contiene.
Tú eres el dueño de todas las cosas.
¿Quién podrá resistir a tu majestad?

Señor Dios de nuestros padres:
ten misericordia de tu pueblo
porque los enemigos del alma
quieren perdernos
y las dificultades que se nos presentan
son muy grandes.
Tú has dicho:
«Pidan y se les dará. El que pide recibe.
Pero pidan con fe».
Escucha, pues, nuestras oraciones.
Perdona nuestras culpas.
Aleja de nosotros los castigos
que merecemos
y haz que nuestro llanto
se convierta en alegría,
para que, viviendo,
alabemos tu Santo Nombre
y continuemos alabándolo
eternamente en el cielo. Amén.

martes, 3 de marzo de 2015

¡Salva Señor a nuestra Patria!... HORA SANTA 14 por México...


Monitor: Septiembre es el mes de la Patria y todos sabemos que nuestra patria necesita de la oración de todos. En estos momentos estaremos frente a Jesús Eucaristía, haremos oración y buscaremos reparar los pecados cometidos contra nuestra nación. Queremos dedicar unos momentos a Jesús Sacramentado, para que cese y desaparezca todo germen de violencia en México. Haremos oración para que el Señor conceda a los gobernantes de nuestra nación, salientes y entrantes, su Espíritu Santo, que les inspire designios de justicia, misericordia y paz. Y oraremos junto a Nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe, para que ella, la Madre del Amor Hermoso, nos ayude a ser fieles a Jesús amando y respetando a nuestra Patria. Nos ponemos de pie para recibir a Jesús Sacramentado.

Canto de Entrada:


"ALABEMOS AL SEÑOR"

ALABEMOS AL SEÑOR
PORQUE SU AMOR NO TIENE FIN.
ALABEMOS AL SEÑOR
DEL UNO AL OTRO CONFIN. 


Grande es Dios en la creación del universo,
grande en las estrellas y el sol del firmamento.

Bueno es Dios en la redención de lo creado,
bueno Cristo muerto en una cruz y resucitado.

Santo es Dios santificador de lo creado,
santo el Espíritu de Dios que nos ha dado.


Ministro: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Ministro: El Señor está ahora entre nosotros, vamos a alabarlo:

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Lector: Creemos, Señor, que tú nos invitas a tener un corazón capaz de amar, sensible al dolor de nuestros compatriotas. Este corazón que nos entregaste nos impulsa a renovarnos en la esperanza de construir una nación nueva. Creemos, Jesús Eucaristía, que iluminas nuestros pensamientos, sentimientos y palabras para hablar un lenguaje de paz, con gestos de paz que reconstruyan nuestro México.

Ministro: El Señor está ahora entre nosotros, vamos a adorarlo:

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Lector: Creemos, Jesús Eucaristía, en tu Palabra que nos llama a la conversión, para que en ella encontremos la paz interior y así podamos dar frutos de justicia en todo nuestro país. Creemos Jesucristo que tú eres la vid y nosotros los sarmientos y que debemos estar plenamente unidos a ti para poder dar frutos a nuestro alrededor, para que nuestro compromiso ciudadano, como creyentes, no sea estéril.

Ministro: El Señor está ahora entre nosotros, vamos a glorificarlo:

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Lector: Creemos en ti Señor y en tu presencia eucarística. Fuerza renovadora de la faz de la tierra. No nos dejes, quédate con nosotros para que junto a Ti seamos promotores de paz y de justicia en estas tierras mexicanas. Que amemos lo que es noble, justo y recto para llevar a nuestra nación a metas altas de desarrollo moral y espiritual. Enséñanos el camino de la verdad.

Canto para meditar:

"HAZME UN INSTRUMENTO DE TU PAZ"

Hazme un instrumento de tu paz
donde haya odio lleve yo tu amor
donde haya injuria tu perdón señor
donde haya duda fe en ti


MAESTRO AYUDAME A NUNCA BUSCAR,
EL SER CONSOLADO SINO CONSOLAR,
SER ENTENDIDO SINO ENTENDER,
SER AMADO, SINO YO AMAR.


Hazme un instrumento de tu paz
que lleve tu esperanza por doquier
donde haya oscuridad lleve tu luz
donde haya pena tu gozo señor

Maestro ayúdame a nunca buscar
el ser consolado sino consolar
ser entendido sino entender
ser amado sino yo amar

Hazme un instrumento de tu paz
es perdonando que nos das perdón
es dando a todos como tu nos das
muriendo es que volvemos a nacer

Maestro ayúdame a nunca buscar
el ser consolado sino consolar
ser entendido sino entender
ser amado sino yo amar

Hazme un instrumento de tu paz

Momentos de silencio

Monitor: La vida del cristiano en la tierra es una peregrinación hacia la casa del Padre. En esta peregrinación, el Señor nos llama a la continua conversión, y este mes de la Patria nos ofrece, como mexicanos, la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana en nuestra nación: «la vivencia de la caridad».

Lector 1: La Iglesia nos ofrece un espacio para la oración y para que crezcamos en el compartir. Eso queremos hacer en esta Hora Santa, orar juntos para que el Señor aumente en todos los mexicanos la caridad en el «darse». Queremos permanecer ante Ti, Señor de la Eucaristía y te pedimos que vivamos en armonía como mexicanos ejerciendo la caridad en dar y recibir.

Monitor: En estos momentos de oración fijamos la mirada en el otro, ante todo en Jesús que está en la Custodia irradiando amor, pero, también desde aquí, y sin dejar de mirarlo a Él, vamos a mirar a todos los mexicanos con sus necesidades, con sus anhelos, con todo lo que sabemos que nos pide ejercer la caridad hacia los demás.

Lector 2: Señor, reconocemos nuestra pobreza, como ciudadanos y como nación, ponemos ante Ti nuestra condición de pecadores deseosos de estrenar un corazón nuevo que haga grande nuestra Patria en la esperanza y en la caridad. Movidos por el deseo de cambio, nos adentramos en las palabras del salmista que nos invita a la conversión:

Oración con el salmo 50:


Lector 1: Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Lector 2: pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
Monitor: en la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud. Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedare limpio; lávame: quedare más blanco que la nieve.
Lector 1: hazme oír el gozo de la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mis pecados tu vista, borra en mi toda culpa.
Lector 2: ¡Oh Dios! Crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro no me quites tu santo espíritu.
Monitor: devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.
Lector 1: Líbrame de la sangre, ¡Oh Dios, Dios, salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia, Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Lector 2: los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Lector 1: Señor, por tu bondad, favorece a Sion, Reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.
Monitor: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Monitor: En un espacio de silencio ante Jesús Eucaristía, pidamos que tenga clemencia de las penas que afligen a nuestra nación.

Momentos de silencio

Canto para meditar:

"HOMBRES NUEVOS"

DANOS UN CORAZÓN, GRANDE PARA AMAR.
DANOS UN CORAZÓN, FUERTE PARA LUCHAR.


Hombres nuevos, creadores de la historia,
constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar.

Hombres nuevos, luchando en esperanza,
caminantes, sedientos de verdad.
Hombres nuevos sin frenos ni cadenas,
hombres libres que exigen libertad.

Hombres nuevos, amando sin fronteras,
por encima de razas y lugar.
Hombres nuevos, al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.


Lector 1: Señor Jesús, herido en nuestra nación por tantos pecados cometidos, te pedimos que la luz de tu presencia sacramental ilumine los corazones de cuantos somos habitantes de este país, que nos ayude a distinguir todo lo que sutilmente nos aparta de tu amor y nos hace alterar la paz y armonía en nuestras relaciones con las personas que convivimos día con día, con nuestras familias y en nuestra relación contigo.

Lector 2: Ayúdanos a estar alertas a la voz seductora del maligno, que nos confunde para que prescindamos de ti y nos deshumanicemos. Ven en auxilio de estops tus hermanos mexicanos, con quienes quiso quedarse tu Santa Madre vestida de Guadalupana. Te lo pedimos a Ti Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Monitor: Cristo Rey, tú eres nuestra paz. Mira nuestra Patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes gobiernan y mantén viva la esperanza en los corazones de todos los mexicanos. Tú eres nuestro Rey y Señor, queremos consagrar nuestra patria nuevamente a Tu custodia. Después de cada invocación diremos:

Monitor: ¡Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera por su amor!

Todos: ¡Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera por su amor!

Lector 1: Salve, Tú eres nuestro único libertador!, ¡oh Cristo Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, Tú eres el ungido del Padre!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, Tú recibiste en herencia la tierra!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, tu trono son los cielos!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, tu corona son las almas!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, tu cetro es la misericordia!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, tu púrpura es tu sangre!, ¡oh Cristo-Jesús!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Salve, Tú reinarás por siglos infinitos!, ¡oh Cristo-Rey!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Sí, por Ti, oh Cristo-Rey, reinan los reyes y los gobernantes administran justicia!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Por Ti, oh Cristo Rey, la autoridad legítima tiene fuerza de mando y dicta las leyes!

Todos: ¡Cristo vence ...!

¡Por Ti, oh Cristo-Rey, y sólo por Ti es noble y es santo el obedecer en obsequio a Ti, Rey de amor!

Todos: ¡Cristo vence ...!

Monitor: Unidos con todos los santos y beatos mexicanos, te aclamamos con el Pontífice de Roma, ¡oh Rey de Reyes!, te bendecimos, te adoramos, te amamos, rogándote, Jesús, que desde hoy, nos hagas sentir en las almas, en las familias y en la sociedad de nuestra Patria que Tú eres el Monarca absoluto, que Tú eres nuestro Dueño y Señor, Rey inmortal de los siglos.

Todos en voz alta, tres veces dicen:

¡Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera por su amor!

Canto para meditar:

"CRISTO NOS DA LA LIBERTAD"

CRISTO NOS DA LA LIBERTAD
CRISTO NOS DA LA SALVACION
CRISTO NOS DA LA ESPERANZA
CRISTO NOS DA EL AMOR. (2v)


Cuando luche por la paz y la verdad lo encontraré
Cuando cargue con la cruz de los demás me salvaré
DAME, SEÑOR TU PALABRA
OYE, SEÑOR MI ORACION.

Cuando sepa perdonar de corazón tendré perdón
Cuando siga los caminos del amor veré al Señor
DAME, SEÑOR TU PALABRA
OYE, SEÑOR MI ORACION.

Cuando siembre la alegría y la amistad vendrá el amor
Cuando viva en comunión con los demás veré al Señor
DAME, SEÑOR TU PALABRA
OYE, SEÑOR MI ORACION.


Momentos de silencio

Monitor: Los Obispos mexicanos nos han dicho que lo primero que hay que hacer para superar la crisis de inseguridad y violencia en nuestra nación es la renovación de cada uno de los habitantes de nuestra patria. México será nuevo sólo si nosotros mismos nos renovamos. Nuestros pastores nos dicen que la novedad de nuestra vida en Cristo dará origen a formas nuevas de relacionarnos con las personas con las que convivimos día con día, nos permitirá construir comunidades sanas y justas, nos capacitará para solucionar de manera pacífica los conflictos y para ser misericordiosos con los que sufren (Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna, 189). Oremos juntos a Cristo Eucaristía buscando esta renovación integral, ya que tenemos la certeza de que Dios siempre escucha nuestras plegarias, que vuelve su rostro hacia nuestras miserias, ve nuestras opresiones y esclavitudes. En esta Hora Santa acudamos a él para que con mano poderosa y brazo fuerte, nos de su sabiduría y fuerza para que vivamos una auténtica conversión; en este momento en que nuestra patria sufre la violencia que se ejerce sobre la dignidad de las personas y que clama al cielo el don de la justicia y de la paz. Después de cada petición respondemos cantando:

Perdón, oh Dios mío. Perdón e indulgencia. Perdón y clemencia. Perdón y piedad.

Lector: Porque hemos permitido que la violencia se incrementara en nuestra patria.

Lector: Por el miedo y la inseguridad en que vivimos muchas comunidades de México.

Lector: Por la violencia que se vive dentro de muchas familias, por nuestras omisiones y por acostumbrarnos a vivir en un mundo violento y alejado de Ti.

Lector: Por nuestra indiferencia al dolor de tantas víctimas de los secuestros, de los robos, de los fraudes y del abuso contra los Derechos Humanos.

Lector: Por la sangre de los niños que han sido abortados y por la sangre de las personas que han sido asesinadas.

Lector: Por los que han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana en los diferentes estados del país.

Lector: Por la pérdida de la vida social, de la convivencia armónica y pacífica y por la pérdida de la vida de fe solidaria.

Lector: Por todos los signos de violencia, que van acabando poco a poco con la vida comunitaria.

Monitor: María Reina de la Paz

Todos: Ruega por nosotros.

Monitor: Señor Jesús, Tú eres nuestra paz, mira nuestra nación ultrajada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte por doquier. Dales el don de la conversión. Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes; a nuestros pueblos y comunidades. Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna. Amén.

Momentos de silencio

(Si está presente un sacerdote o diácono se acerca al Santísimo para dar la bendición)

Canto antes de la bendición:


"CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES"

Cantemos al amor de los amores,
cantemos al Señor,
Dios está aquí,
venid, adoradores, adoremos
a Cristo Redentor.
GLORIA A CRISTO JESÚS,
CIELOS Y TIERRA
BENDECID AL SEÑOR,
HONOR Y GLORIA A TI,
REY DE LA GLORIA.
AMOR POR SIEMPRE A TI,
DIOS DEL AMOR.


Por nuestro amor oculta en el Sagrario
su gloria y esplendor;
para nuestro bien
se queda en el santuario esperando
al justo y pecador.

Oh gran prodigio del amor divino,
milagro sin igual;
prenda de amistad,
banquete al peregrino dó se come
el Cordero celestial.

Jesús piadoso Rey de las victorias,
a Ti loor sin fin;
canten tu poder,
autor de nuestras glorias,
cielo y tierra
hasta el último confín.

Al pie de tu sagrario nos convidas
a recibir tu amor;
porque tú, Jesús,
al alma das la vida
y la llenas de fuerza y valor.


Oración Conclusiva:

Ministro: Nos diste Señor, el pan del cielo.

Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

Bendición con el Santísimo Sacramento

Letanías de los santos mexicanos ante Jesús Eucaristía: 


Ministro: Invoquemos a nuestros santos mexicanos, todos tan amantes de Jesús Eucaristía, para que ellos, que gozan ya del banquete celestial, nos ayuden a querer ser discípulos misioneros que se alimenten con el pan del cielo. 


San Felipe de Jesús, ruega por nosotros.

Santos Cristóbal Magallanes y compañeros mártires, rueguen por nosotros.

San Rafael Guízar y Valencia, ruega por nosotros.

San José María de Yermo y Parres, ruega por nosotros.

Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, ruega por nosotros.

San Juan Diego, ruega por nosotros.

Beato Miguel Agustín Pro, ruega por nosotros.

Beatos Cristóbal, Antonio y Juan, rueguen por nosotros.

Beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, rueguen por nosotros.

Beatos Anacleto González Flores y compañeros, mártires, rueguen por nosotros.

Beato José Sánchez del Río, ruega por nosotros.

Beato Bartolomé Laurel, ruega por nosotros.

Beatos Pedro Zúñiga y Luis Flores, rueguen por nosotros.

Beato Bartolomé Gutiérrez, ruega por nosotros.

Beato Elías del Socorro Nieves, ruega por nosotros.

Beato Junípero Serra, ruega por nosotros.

Beato Sebastián de Aparicio, ruega por nosotros.

Beata María Vicenta de Santa Dorotea, ruega por nosotros.

Beata María Guadalupe García Zavala, ruega por nosotros.

Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros. 


Reserva del Santísimo.

Canto Final:

QUE VIVA MI CRISTO

QUE VIVA MI CRISTO, QUE VIVA MI REY,
QUE IMPERE DOQUIERA TRIUNFANTE SU LEY,
QUE IMPERE DOQUIERA TRIUNFANTE SU LEY,
VIVA CRISTO REY, VIVA CRISTO REY.

Mexicanos un Padre tenemos 
Que nos dio la patria la unión 
A ese Padre gozosos cantemos, 
Empuñando con fe su pendón 

El formó con voz hacedora 
cuanto existe debajo del sol 
De la inercia y la nada incolora 
formó luz en candente arrebol 

Nuestra Patria, la Patria querida, 
que arrulló nuestra cuna al nacer 
A Él le debe cuanto es en la vida 
Sobretodo el que sepa creer 

Del Anáhuac inculto y sangriento, 
en arranque sublime de amor, 
formó un pueblo, al calor de su aliento 
que lo aclame con fe y con valor 

Su realeza proclame doquiera 
este pueblo que en el Tepeyac, 
tiene enhiesta su blanca bandera, 
a sus padres la rica heredad 

En vano que cruel enemigo 
nuestro Cristo pretende humillar 
de este rey llevarán el castigo 
los que intenten su nombre ultrajar.

dr.algdr