sábado, 1 de agosto de 2026

«Profetas de hoy, como Jeremías»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hace poco alguien me dijo que yo era un «bloguero» porque cuido mucho mi espacio para escribir, mi propia página www.padrealfredo.blogspot.com  que controlo yo y para la que he creado un gran catálogo —desorganizado como yo— de contenidos que abarcan escritos desde 2009 hasta el día de hoy. A lo largo de estos años, según las estadísticas de las visitas al mismo, he sobrepasado los dos millones de visitantes que algo han encontrado en mis mal hilvanados escritos que nunca han pasado a la imprenta. Puede que Platón no escribiese sus famosos «Diálogos— en un blog —aunque te aseguro que hoy en día, usaría este medio que para algunos ha pasado ya muy pronto de moda, pues son la mejor forma de crear conversación con los lectores—. A pesar de los pesares —quienes me conoce de cerca saben a qué me refiero— puedo decir que en este blog hay rasgos de constancia y aprendizaje que lo mismo se ocuparían para escribir una novela o una obra de filosofía o teología. El caso es que como desde niño me ha gustado escribir y con muy buena caligrafía por muchos años —ahora ya con la mano medio tembeleque— gracias a la despiadada profesora Jesusita que, en cuarto año, utilizó la antigua táctica que muchos maestro de antaño conocen para que yo, siendo ambidiestro, dejara por completo de garabatear con la mano izquierda.

El caso es que aquí estoy, porque dentro del sin fin de letras que plasmo en el blog, apareció, desde le 2017 gracias a mi querida hermanita del alma Esthela —Esthelita le dicen en la parroquia— me retó a publicar el resultado de mi reflexión diaria a la que nombré «Un pequeño pensamiento para hoy» no por lo corto del escrito, sino porque es una pequeñísima aportación que busca aportar algo a la vida espiritualidad de uno que otro lector. Así, desde aquel viernes 7 de julio de 2017 en que postrado en cama luego de una diminuta pero complicada operación maxilofacial escribí el primero de estos «pequeños pensamientos» —algunas veces con rigurosa frecuencia diaria y otras con grandes recesos tedeachosos— sigo escribiendo los tres clásicos párrafos que me muestran tal cual soy y estoy ante Dios y ante todos como misionero peregrino de este viaje en el mundo mundial. Sé que me falta mucho para aprender a escribir bien. Pero gente cercana, como Titía, que experta en letras españolas me sigue y me ha organizado gran parte de mis pensamientos con la esperanza de que algún día imprima un libro, me siguen animando a escribir no solo esto, sino los diversos artículos de filosofía y teología, de misionología, de liturgia, de música, de literatura, de cine, de salud física y mental y hasta recetas de cocina, así como  la sección de reseñas de mis queridas hermanas Misioneras Clarisas que ya han partido al cielo y las Horas Santas. Tal vez algún día haga un libro impreso... pero eso es otro cantar.

Bueno, por lo visto se han dado cuenta de que hoy amanecí nostálgico y un poco necio. La verdad estoy en el aeropuerto de mi querida Selva de Cemento a donde llegué hace un buen, con la esperanza de adelantar mi vuelo, pero siendo sábado y tiempo de vacaciones, esta empresa fracasó y por eso me ha dado tiempo de rezar, leer, escribir y caminar contento de haber acompañado a un grupito de religiosas en Ejercicios Espirituales e impulsado por el profeta Jeremías, que me ha traído de cabeza toda esta semana y que en la primera lectura de hoy (Jeremías 26, 11-16. 24) se pone en manos de Dios recordándonos que el profeta solo transmite un mandato divino mostrando el camino a todos. Los misioneros somos profetas y, hombres del calibre de Jeremías, nos dan la seguridad de que el respaldo divino es mayor que el entorno adverso que se pueda presentar, como el hecho del desplazo de la fe al ámbito privado, el hecho de que, por el relativismo, no existe una verdad absoluta, cosa que dificulta la aceptación de un mensaje de salvación universal. Los misioneros ya no competimos solo con la ausencia de fe, sino con una vasta gama de opciones espirituales y filosofías de vida que muchas veces sin una sustentación firme y clara, confunden a la gente. Hoy es sábado, día mariano por excelencia, vamos a pedirle a la Virgen que nos eche una manita para seguir gastando nuestras manos, nuestros pies, nuestra boca y todo nuestro ser para que todos conozcan y amen a Dios. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.