El caso es que aquí estoy, porque dentro del sin fin de letras que plasmo en el blog, apareció, desde le 2017 gracias a mi querida hermanita del alma Esthela —Esthelita le dicen en la parroquia— me retó a publicar el resultado de mi reflexión diaria a la que nombré «Un pequeño pensamiento para hoy» no por lo corto del escrito, sino porque es una pequeñísima aportación que busca aportar algo a la vida espiritualidad de uno que otro lector. Así, desde aquel viernes 7 de julio de 2017 en que postrado en cama luego de una diminuta pero complicada operación maxilofacial escribí el primero de estos «pequeños pensamientos» —algunas veces con rigurosa frecuencia diaria y otras con grandes recesos tedeachosos— sigo escribiendo los tres clásicos párrafos que me muestran tal cual soy y estoy ante Dios y ante todos como misionero peregrino de este viaje en el mundo mundial. Sé que me falta mucho para aprender a escribir bien. Pero gente cercana, como Titía, que experta en letras españolas me sigue y me ha organizado gran parte de mis pensamientos con la esperanza de que algún día imprima un libro, me siguen animando a escribir no solo esto, sino los diversos artículos de filosofía y teología, de misionología, de liturgia, de música, de literatura, de cine, de salud física y mental y hasta recetas de cocina, así como la sección de reseñas de mis queridas hermanas Misioneras Clarisas que ya han partido al cielo y las Horas Santas. Tal vez algún día haga un libro impreso... pero eso es otro cantar.
Bueno, por lo visto se han dado cuenta de que hoy amanecí nostálgico y un poco necio. La verdad estoy en el aeropuerto de mi querida Selva de Cemento a donde llegué hace un buen, con la esperanza de adelantar mi vuelo, pero siendo sábado y tiempo de vacaciones, esta empresa fracasó y por eso me ha dado tiempo de rezar, leer, escribir y caminar contento de haber acompañado a un grupito de religiosas en Ejercicios Espirituales e impulsado por el profeta Jeremías, que me ha traído de cabeza toda esta semana y que en la primera lectura de hoy (Jeremías 26, 11-16. 24) se pone en manos de Dios recordándonos que el profeta solo transmite un mandato divino mostrando el camino a todos. Los misioneros somos profetas y, hombres del calibre de Jeremías, nos dan la seguridad de que el respaldo divino es mayor que el entorno adverso que se pueda presentar, como el hecho del desplazo de la fe al ámbito privado, el hecho de que, por el relativismo, no existe una verdad absoluta, cosa que dificulta la aceptación de un mensaje de salvación universal. Los misioneros ya no competimos solo con la ausencia de fe, sino con una vasta gama de opciones espirituales y filosofías de vida que muchas veces sin una sustentación firme y clara, confunden a la gente. Hoy es sábado, día mariano por excelencia, vamos a pedirle a la Virgen que nos eche una manita para seguir gastando nuestras manos, nuestros pies, nuestra boca y todo nuestro ser para que todos conozcan y amen a Dios. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.