Cerramos el mes de agosto con este texto del Evangelio de San Lucas que nos muestra el programa del ministerio de Jesús al comenzar su misión pública (Lc 4,16-30). Damos este salto de San Mateo a San Lucas en la lectura diaria del Evangelio porque los relatos de la Pasión y Resurrección de Jesús (capítulos 26, 27 y 28 de Mateo) se reservan para los días de mayor solemnidad espiritual del año, específicamente el Domingo de Ramos del Ciclo A y la Vigilia Pascual. Leer la crucifixión y muerte de Jesús en un día laborable cualquiera de agosto o septiembre rompería la armonía del Tiempo Ordinario, el cual se enfoca en la vida, milagros y enseñanzas públicas del Señor. Por eso la Iglesia cierra el ciclo ferial de Mateo en las vísperas de su Pasión y se salta ordenadamente al inicio del ministerio de San Lucas en la semana 22.
Aquí Jesús, que hace presente al Dios de las misericordias, se presenta desde el inicio de su ministerio como el profeta rechazado; pero también como el Mesías que, con su vida y con sus obras, revela que Dios es para todos y quiere salvar a todos, comenzando por quienes más sufren. En el corazón de Dios no tiene cabida la lógica de la primacía de los cumplidores perfectos, sino la misericordia que abre caminos, levanta a los pequeños y ensancha la esperanza. ¿Nos extraña que lo quieran despeñar? En realidad, esto evidencia desde el comienzo la ruta de la predicación de Jesús: sus palabras y sus hechos incomodan, desinstalan y cuestionan.
Todo lo que Jesús hace y dice nos interpela también a nosotros: ¿cómo reaccionamos ante este anuncio programático? ¿Aceptamos que Jesús se abra a otros, más necesitados, y nos invite a sumarnos a esa apertura para ser enviados en su nombre? El Espíritu del Señor sigue actuando hoy y sigue queriendo estar sobre nosotros. Por eso hemos de vivir convencidos de que somos llamados a anunciar la Buena Nueva con palabras humildes, con gestos concretos y con una vida disponible para los demás. Que la Virgen, que se encaminó presurosa al encuentro de Isabel y que en Caná supo advertir que faltaba el vino, venga en nuestra ayuda. ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
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