lunes, 10 de agosto de 2026

«QUE EL CORAZÓN NO SE QUEDE DESENTENDIDAMENTE FRÍO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Me quiero detener hoy en el texto de san Pablo (2 Cor Corintios 9,6-10) que liturgia de la palabra señala para la fiesta de san Lorenzo a quien hoy celebramos. Y es que me llama la atención —comentaba con uno de los padres— que no habla de martirio, de derramamiento de sangre ni de persecución o claramente de martirio, como como lo hace Pablo en otras de sus cartas. Aquí el Apóstol de las gentes habla de generosidad. Y es que el martirio, es triunfo del mártir por su generosidad. «A mí nadie me quita la vida —había dicho Cristo (Jn 10,18)— yo la doy porque quiero». En realidad, entonces, no se es mártir solamente por ser asesinado por defender la fe; mártir es el testigo que, con su vida y su palabra da testimonio de la fe en Cristo porque ha sido generoso hasta el extremo.

San Lorenzo fue mártir por profesar, testificar y vivir su fe. Era diácono, y fiel a su vocación, atendía —por encargo especial del Papa san Sixto II— a los necesitados. Ese fue el servicio de su vida. Servicio realizado desde la generosidad. La generosidad, dice san Pablo, produce frutos en quien es generoso. Por lo tanto, el ser generoso beneficia no solo al que recibe la ayuda, sino al que la ofrece. Por allí leí que «La generosidad es desprenderse de la semilla para recibir el premio de la cosecha, que multiplica el valor de la semilla». Hoy, en una misa especial —y qué san Lorenzo me perdone porque le cambié el nombre por la emoción y le puse Lázaro— pude ver de cerca y en vivo, en una capillita de Tlalpan, en donde concelebré la santa misa, esa generosidad en un sacerdote —cuyo nombre omito porque no le pedí permiso de compartirlo— que se consagró de una manera especial al Señor para seguir dando vida y vida en abundancia con generosidad en su ministerio sacerdotal y misionero. Cada vez que veo estos testimonios, como el de este sacerdote, el de san Lorenzo y el de muchos más, me pregunto por el nivel de mi generosidad. 

Creo que esto es algo que todos deberíamos de preguntarnos en el examen diario de conciencia al llegar al final del día, aunque no nos espere una parrilla para achicharrarnos en defensa de la fe como al diácono Lorenzo, cuyo servicio que hizo con tanta dedicación y caridad, lo llevó hasta ofrecer su vida. Que él, bajo la mirada dulce de María, nos alcance fortaleza ante las pruebas, ayuda en nuestras necesidades económicas o laborales y un corazón generoso para ayudar a los más necesitados, inspirados por su amor a los pobres. Cómo me gusta este himno de Vísperas, compuesto por el padre José Luis Blanco Vega S.J. y que se reza en las Vísperas del lunes de la I semana del Tiempo Ordinario en la Liturgia de las Horas en el que rezamos: «Qué mi corazón no se me quede desentendidamente frío». ¡Bendecido lunes y que nuestro corazón se mantenga cálido y no frío para ser generosos hasta dar la vida!

Padre Alfredo.

P.D. ¡Felicidades a todos los diáconos en su día, especialmente a los de nuestra parroquia :Juanito y Paco! 

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