jueves, 20 de agosto de 2026

«Un lugar para el banquete en la frenética Yakarta»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Todos los hombres y mujeres de fe sabemos que Dios Padre, ya aquí y ahora, nos hace partícipes del banquete eterno, de las realidades del cielo. Cada día, en cada Eucaristía, Jesús nos hace una invitación, nos llama a su mesa, nos sienta con Él y nos sirve. Es más, Él mismo se nos da como alimento. La comunión de su Cuerpo y su Sangre nos limpia y purifica, nos sana, nos redime, nos nutre, nos anima, nos vuelve a la vida, nos transforma y nos hace uno con Él dándonos un adelanto de lo que será el Banquete Celestial. Pero eso que comprendemos plenamente los que creemos en el misterio de la Eucaristía no lo ven ni lo viven todos. Hoy el evangelio (Mateo 22,1-14), con la parábola del banquete de bodas que un rey mandó preparar para su hijo y que fue despreciado, ha de tocar nuestro corazón para llevarnos a agradecer esa invitación que el Señor nos ha hecho.

Estoy en la ciudad más poblada del planeta. Yakarta sobrepasa los 42 millones de habitantes en un ir y venir descomunal y una contaminación que impide ver el sol que se esconde en un cielo grisáceo plagado de polución. Aquí conviven imponentes rascacielos financieros con humildes barriadas tradicionales —kampungs— junto a un rico legado colonial holandés —como su hermosísima catedral— junto a la frenética modernidad del sudeste asiático con unas calles por las que circulan entre 9 y 14 millones de motocicletas al día. Las motocicletas representan aproximadamente el 76% del total de vehículos que congestionan la ciudad fuera de las autopistas a las que no pueden acceder. Pero, de entre estos millones de gentes... ¿cuántos saben del Banquete de Cristo? La gran mayoría de los habitantes de la ciudad profesa el islam —más del 87 %—, mientras que las minorías cristianas unos 400,000, lo que representa cerca del 3.5% de su población total. Aquí los misioneros, fieles al mandato de Jesús de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio, salen a los cruces de los caminos —traducción del griego «diexodous ton hodon» que se refiere alas salidas de los caminos o rincones—, es decir a las periferias geográficas y existenciales para ofrecer la fe a quienes no la conocen. 

La tarea de nuestras hermanas Misioneras Clarisas y de los Vanclaristas aquí en Yakarta parte de una casa llamada «Our Lady of Guadalupe House of Prayer» Una casa en donde el centro lo ocupa una grande capilla que, rodeada por sencillas instalaciones, crea un espacio para que todos, creyentes y no creyentes, vengan al encuentro de la paz que solo Cristo puede dar. Incluso los musulmanes o budistas que vienen hablan de esa paz que aquí se respira y que me alberga por casi un mes. Esta casa de nuestra Familia Inesiana, ofrece, de esta manera, la invitación de Dios a todos por igual, confiando en que el amor del Rey transforma los corazones de los invitados a la boda. Pidamos a María de Guadalupe, que cuida esta casa en donde se celebra el Banquete de su Hijo, que reina en el Sagrario, que muchos vengan, conozcan y amen a Cristo como Madre Inés lo anheló. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

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