Las duras exclamaciones de Jesús que en el Evangelio empiezan con un «¡Ay de ustedes!» no son solamente un grito de condena, sino sobre todo un lamento doloroso de Jesús ante el peligro espiritual en el que vivían los fariseos y maestros de la ley que no abrían su duro corazón a la misericordia de Dios. Desde ayer, en el Evangelio, Jesús expone a quienes cumplen con normas externas muy estrictas —como pagar impuestos de pequeñas hierbas— pero descuidan lo esencial: la justicia, la misericordia y la fidelidad y lo hace con estos «¡Ay de ustedes!» —7 veces lo repite en el Evangelio de Mateo (capítulo 23), aunque algunas traducciones numeran 8 (incluyendo un versículo adicional sobre las viudas).
En esta colección de «ayes», el Señor compara hoy (Mateo 23,27-32) a los escribas y fariseos con «sepulcros blanqueados» que se ven bellos por fuera, pero por dentro están llenos de corrupción. Ayer los comparaba con vasos limpios por fuera pero sucios por dentro. Y es que Cristo, a lo largo del Evangelio enseña que la transformación debe empezar en el interior del corazón y no en una máscara de perfección para impresionar a los demás. Por eso reprende a los líderes que imponían cargas pesadas al pueblo que ellos mismos no movían ni con un dedo, cerrando además el acceso al Reino con su ejemplo negativo.
A nosotros, estos «Ayes» nos deben alertar, pues son una llamada a revisar posiciones y disposiciones. Escuchar estas duras reprensiones nos deben abrir los ojos ante el pecado de la apariencia, una tentación tan humana y que zancadillea a los bautizados de manera especial. Por fuera buena apariencia ¿y el interior qué? Nos llama el Señor a revisar las actitudes y la vivencia de la tarea de ser misericordiosos como Él. A ver si nuestro corazón no está duro y a revisar qué es lo que abunda en él. Pues de allí se desborda y empapa la existencia y nuestro mundo de relaciones. Que María no nos deje de acompañar en esta travesía que, con nuestro testimonio de vida no seamos «sepulcros blanqueados». ¡Bendecido miércoles!
Padre Alfredo.
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