viernes, 28 de agosto de 2026

«La muchacha de cabeza hueca y el nuevo orden mundial»... Un pequeño pensamiento para hoy


San Juan Bautista es el vocero del Dios para con nosotros; por eso su mensaje de verdad cala en el corazón del rey Herodes. Este monarca retrata mucho del mundo actual: tiene el poder en sus manos, pero vive atrapado en el adulterio, los lujos y las diversiones vanas, pendiente de la aprobación de los demás. Aunque admira a Juan, lo escucha y lo respeta, pero no permite que el mensaje transforme su corazón. Para el Bautista, ante la persona de Jesús todo pierde valor: palacio, riquezas, poder y banquetes. Por ello, el eco de su denuncia inquieta, desestabiliza e incomoda a un poder sostenido por la superficialidad como muchos de los de este mundo. Es admirable como, conociendo un poco como misionero de 4 de los cinco continentes —me falta conocer algo de Oceanía, aunque este país en el que estoy tiene una parte allí, estoy en los límites de Asia aquí en la isla de Java— me encuentro con algunos gobiernos que tienen mucho de superficialidad. No digo nombres, pero es algo que no se necesita mencionar... Como dicen por allí: ¡Lo que se ve no se pregunta!

Volviendo al relato del que me salí para dar la vuelta al mundo en mi pensar en los gobiernos, en medio de la fiesta aparece la hijastra del rey, quien baila encerrada en su propia vanidad. Ella representa la falta de criterio y la superficialidad: posee, seguramente una belleza exterior —el baile luce más con un cuerpo que lo luzca—, pero la muchacha carece de una orientación interior capaz de guiarla hacia una decisión recta. Aunque el rey le ofrece incluso la mitad de su reino como premio, ella elige complacer a su madre. Herodías, por su parte, manifiesta un corazón endurecido, arrogante y vacío, capaz de manipular, cegar y conducir a otros hacia la injusticia al retorcer los planes de Dios. Su objetivo era acallar la voz incómoda de quien invitaba a cumplir la voluntad divina, pero fracasó en su intento.

Hoy en día, el mundo sigue hablando de Herodes, de Herodías e incluso ha dado el nombre de Salomé a aquella bailarina casquivana. Sin embargo, nada de lo que ellos representaban resuena positivamente, pues han quedado en la historia como una escena de opulencia, manipulación y crueldad que raya en el ridículo. En contraste, la voz de Juan sigue resonando con fuerza en la eucaristía, en la liturgia de las horas, en los estudios bíblicos... y nos recuerda que vivir en la verdad exige valentía, libertad interior y fidelidad a Dios. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo —nos lo dijo él— y somos dichosos al acercarnos a la mesa de la palabra y de la eucaristía en cada misa. Que María nos ayude a abrir los ojos para elegir lo correcto y aquello que más nos acerque a la verdad, que es su Hijo Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

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