jueves, 27 de agosto de 2026

«Con las lámparas listas»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estamos en el último de los cinco discursos de Jesús que aparecen en el relato de Mateo, quien nos dice que el Reino de los cielos se asemeja a diez muchachas que toman sus antorchas y salen al encuentro del novio. Para comprender el sentido de esta parábola tan conocida, debemos tener en cuenta las costumbres de las bodas judías. En los desposorios, el esposo ordinariamente era de otro pueblo y no tenía WhatsApp para comunicarse. Alguien tenía que esperar su llegada porque a él le correspondía llevar a la esposa al lugar de la boda pero no sabían a que hora podría llegar. El relato nos cuenta que designaban a unas jóvenes doncellas para que acompañaran al novio danzando hasta el lugar donde estaría la novia. De allí la costumbre de «Las Damas» en las bodas. La mitad de estas mujeres que esperaba al novio para acompañarlo era prudente y la otra mitad era necia —nunca falta esta clase de mujeres... bueno y de hombres necios también—. 

A causa de la tardanza del novio se durmieron y el novio llegó de repente. Las imprudentes se dieron cuenta de que su aceite no alcanzaba y pidieron a las prudentes que les prestaran un poco. El rechazo de las prudentes a compartir su aceite con las necias se argumenta razonablemente: no alcanzará para todas y, aunque se ve que ya había negocios 24/7, tardarían en ir y volver. En el fondo la parábola nos está diciendo que cada uno de nosotros es responsable de su relación con el Esposo de nuestras almas. Cerrar la puerta era algo habitual en las bodas, una forma de evitar que entraran personas no invitadas o incluso ladrones. Acá sucede algo parecido, tienes que tener invitación si no, no entras. No basta entonces tener las lámparas a la mano para cuando el Señor, el Esposo de las almas llegue; éstas deben estar constantemente alimentadas por aceite. 

Estar preparados, entonces, significa estar listos, estar prontos, estar avispados para realizar el proyecto de Dios en nuestra vida que llega de repente cuando alguien nos pide un pequeño favor, cuando somos invitados a ser «todo oídos» para escuchar a alguien, para correr a recibirlo en quien nos visita inesperadamente... pues de otro modo, nuestra luz se apaga. ¿Seguimos manteniendo nuestras lámparas encendidas? Hoy, que es día de San Agustín, día en que yo doy gracias por mi cumpleaños número 65 —¡Ya estoy «cáscara» decía el padre Lorenzo Barrera!»—, Ayúdenme a pedirle a San Agustín que con sus tratados de teología y su intercesión me ayude y nos ayude a todos y que María, como buena mamá, nos proporcione el aceite que necesitamos para mantener la lámpara encendida que nos haga poder ver a Jesús no solo en la eucaristía y en su palabra, sino en los hermanos. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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