El silencio a su alrededor fue sepulcral porque muchos sabíamos que nada se puede hacer para defender a alguien por el caos que se provoca y porque el que se mete de defensor pierde automáticamente el vuelo —¡por faltas de respeto al personal con una conducta inapropiada!—. En ese momento el oficial de operaciones aéreas —llamado también despachador de vuelo— es el mandamás que tiene el control. Le siguió gritando a la pequeña indicándole que se alejara del mostrador de inmediato y que saliera del área. La chiquilla se fue literalmente corriendo y llorando y la mujer les indicó a sus subalternas que ellas se encargaran del vuelo y despareció... Esta escena, que se ve a veces en aeropuertos, en centros comerciales, en escuelas, en bancos, en restaurantes de comida rápida y desgraciadamente a veces también en alguna que otra notaría parroquial habla más que mil discursos de cómo estamos viviendo no aquí, sino en el mundo mundial... ¡al haber ido sacando a Dios de la escena de nuestro diario ser y quehacer! ¿Qué pasaría con esa pequeña? ¿Sería de allí o no? ¿Irá a poder volar hoy en un nuevo intento? ¿La estaría esperando su mamá o sería un caso como el que me tocó hace tiempo donde un jovencito volaba solo al funeral de su papá y se acogió a mi resguardo? No lo sé.
Al estar ya sentado en mi asiento—que tampoco pude ceder a la niña desde tierra y quedarme, porque me esperaba la misa de 7:00 p.m. a la que gracias a Jorge y a Angie llegué raspando, y las 4 misas de hoy— y orando por la pequeña, volvió a mi mente la frase que Jesús pronuncia en el Evangelio de este domingo (Mateo 14,13-21) : «¡Denles ustedes de comer!» y recreando en mi mente el horrendo rostro de arpía de la mujer perversa, violenta y soberbia pensé: Con muy pocos recursos —cinco panes y dos peces— los discípulos de Jesús, atentos a lo que él les indicó, dieron de comer a una gran multitud, demostrando que en sus manos lo poco, gracias a que dejaron actuar a Jesús, se convierte en abundancia para todos. Esta mañana al volver a escribir, vuelvo a ver ese rostro y le pido al Señor que aparezca alguien en su vida que, de parte de Jesús... ¡le dé de comer! Porque gente de esta calaña pulula como dije, pero cada día hay menos gente que movidos por Cristo, como aquellos pobres colaboradores, den de comer el pan de la palabra, el pan de la escucha, el pan de la serenidad, el pan de la buena atención, el pan de la palabra, el pan de la empatía, el pan que proviene de hacerse «Pan Partido» como nuestro Buen y Misericordioso Dios en la Eucaristía. No digo más y me acojo a la mirada consoladora de María, que con tanto amor y siendo la Madre más ocupada, llevó en su vientre a quien ahora nosotros recibimos convertido en Pan para darlo a los demás. ¡Bendecido domingo!
Padre Alfredo.
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