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jueves, 2 de abril de 2026

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO 2026.

El Jueves Santo es el día de la Institución de la Eucaristía, del sacramento del Orden y del mandamiento del amor. El Maestro, sabiendo que ya estaba acerca su hora, se reunió con sus discípulos para celebrar la Última cena. Seguramente ellos no captaron en el momento lo que estaba sucediendo. Jesús tomó pan en sus manos y dijo: «Este es mi cuerpo, que será entregado por ustedes»; y después tomó vino y dijo: «Esta es mi sangre, que será derramada por todos ustedes». Más tarde entenderán a la luz de la resurrección y darán continuidad perpetua a aquel acto de amor maravilloso con el don del sacerdocio que recibieron en esta Bendita Cena.

En este ambiente de aquella cena tan particular, Jesús ofrece el mandamiento del amor que debe permanecer siempre vivo: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como yo los he amado». El Evangelio de hoy nos narra cómo Jesús se levantó de la mesa, se ciñó una toalla y se puso a lavar los pies a sus discípulos diciéndoles que ellos habrían de hacer lo mismo. Esta acción, que solamente hacían los esclavos o los criados, será ahora tarea de todos: «Lo que yo, que soy el Maestro, acabo de hacer con ustedes háganlo entre ustedes mismos». Todos en la Iglesia, tenemos esa tarea de amar, porque este es el sello distintivo del discípulo–misionero.

Hoy rememoramos la institución de la Eucaristía, junto con el establecimiento del sacerdocio y la conjunción del modo imperativo del verbo amar. EL relato evangélico que hemos escuchado nos muestra que señal de quien vive de la Eucaristía, es el servicio a la humanidad, como el Maestro. La condición de servidumbre que el gesto de lavar los pies implicaba en la cultura de Jesús y que los discípulos rechazaban tan visceralmente… suele quedar muy dulzona en una simple representación. Pero... ¿Qué significa asumir el servicio al modo de Jesús sin reconocimientos, sin descanso, sin recompensa, sin fotografías, solo confiando en que hacemos lo que Jesús nos marcó? Este Jueves Santo no vivamos el lavatorio de los pies como algo meramente teatral desde un ámbito sentimental. Recibamos este amor «hasta el extremo» y dejemos que él nos renueve y transforme: «Lávanos, «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

El célebre monje benedictino Anselm Grün en su libro Las obras de misericordia da la clave para la vivencia de este mandamiento que bien puede ser aplicado por todos: «en el modo en que nos comportamos con el ser humano se hace visible, en última instancia, nuestra relación con Jesucristo, independientemente de qué creamos o no en Cristo, o de qué en el hermano o la hermana reconozcamos o no a Cristo».(1) 

Que la Virgen Madre, que seguramente vivió con intensidad este tríptico de gracia, nos acompañe para que con ella, podamos acompañar a Jesús en esta noche de vela agradeciendo que se ha quedado en la Eucaristía y que nos ha dejado a los sacerdotes para hacerle presente y conducirnos en el amor.

(1) Anselm Grün, “Las obras de misericordia” 2a ed., Ed. Sal Terrae, Basauri 2009.

Padre Alfredo.

Jueves Santo 2026.


jueves, 17 de abril de 2025

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO 2025


El Jueves Santo no es sólo el día de la Institución de la Santa Eucaristía, del sacramento del Orden y del mandamiento del amor. También forma parte del Jueves Santo la noche oscura del Monte de los Olivos, hacia la cual Jesús se dirige con sus discípulos. Es la noche en la que la soledad de Jesús que, orando en un cierto abandono, va al encuentro de la oscuridad de la muerte. Forma parte de este Jueves Santo la traición de Judas, de la que ya hemos hablado en estos días y el arresto de Jesús, así como también la negación de Pedro, la acusación ante el Sanedrín y la entrega a Pilato. En todo esto se lleva a cabo el misterio de nuestra Redención.

Durante el andar hacia estos momentos, el Señor Jesús ha cantado con sus Apóstoles los Salmos de la liberación y de la redención de Israel, que recuerdan la primera Pascua en Egipto, la noche de la liberación. Como él hacía con frecuencia, se va a orar solo para hablar como Hijo al Padre. Pero, a diferencia de lo acostumbrado, quiere cerciorarse de que estén cerca tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Son los tres que habían tenido la experiencia de su Transfiguración y que lo habían visto en el centro, entre la Ley y los Profetas, entre Moisés y Elías. Habían escuchado cómo hablaba con ellos de su «éxodo» en Jerusalén.

¿Qué aspecto tendría aquella noche el éxodo de Jesús, en el cual debía cumplirse definitivamente el sentido de aquel drama histórico? Este era el paso esencial para salir hacia la libertad y la vida nueva, hacia la que tiende el éxodo. Los discípulos, cuya cercanía quiso Jesús en esta hora de extrema tribulación, como elemento de apoyo humano, pronto se durmieron. 

Los evangelistas Mateo y Marcos dicen que en aquella noche Jesús «cayó rostro en tierra» (Mt 26,39; cf. Mc 14,35). San Lucas, en cambio, afirma que Jesús oraba arrodillado. En los Hechos de los Apóstoles, habla de los santos, que oraban de rodillas: Esteban durante su lapidación, Pedro en el contexto de la resurrección de un muerto, Pablo en el camino hacia el martirio. Los cristianos, al postrarnos o arrodillarnos, nos ponemos en comunión con la oración de Jesús en el Monte de los Olivos. Este momento de angustia mortal de Jesús es un elemento esencial en el proceso de la Redención. Por eso, la Carta a los Hebreos ha definido el combate de Jesús en el Monte de los Olivos como un acto sacerdotal. En esta oración de Jesús, impregnada de una angustia mortal, el Señor ejerce el oficio del sacerdote: toma sobre sí el pecado de la humanidad, a todos nosotros, y nos conduce al Padre, haciéndose así, modelo de todos los sacerdotes del mundo entero que hemos de ser «pan partido» como él, en la Eucaristía, para llenar de esperanza al mundo, amando sin medida, como él, hasta dar la vida si es necesario.

Me he querido detener, este año, en la oración del Monte de los Olivos, donde hace años pude yo también orar, porque creo que aquí cobra sentido el sacerdocio de Cristo, cobra sentido su abajarse para quedarse en la Eucaristía, cobra sentido la esperanza de que nos amemos unos a otros como él nos amó. Que la Virgen Madre, que seguramente vivió con intensidad estas horas, nos acompañe para que con ella, podamos acompañar a Jesús en esta noche de vela agradeciendo que se ha quedado en la Eucaristía y que nos ha dejado a los sacerdotes para hacerle presente y conducirnos en el amor.

Padre Alfredo.

martes, 7 de abril de 2020

JUEVES SANTO... SUBSIDIO 2 PARA SEMANA SANTA EN CASA 2020*...

*Debido a la situación particular que se presenta en este año debido a la pandemia del coronavirus covid-19 en donde hemos sido dispensados como católicos de participar en la celebración de la Misa y de otros actos litúrgicos en el Templo debido a la cuarentena que nos han impuesto las autoridades y para que estos días, los más importantes en nuestra vivencia de fe, no pasen desapercibidos, utilizo como base el ritual para Semana Santa que el padre José Antonio Muguerza, sacerdote de la arquidiócesis de Monterrey, quien fuera mi maestro de Liturgia en el Seminario de Monterrey ha elaborado.

JUEVES SANTO 
CELEBRACIÓN EN FAMILIA,
PARA RECORDAR LA CENA DEL SEÑOR


Es muy conveniente que esté toda la familia reunida antes de la cena de este Jueves Santo, con la mesa ya preparada, adornada de una manera especial, añadiendo una Biblia, que signifique la presencia de la Palabra de Dios en la familia, también un pan especial que se puede haber hecho en casa.

Papá, mamá o jefe de familia: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. TODOS: AMÉN.

Papá, mamá o jefe de familia:La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo nos acompañen, hoy y siempre, como familia, unidos en una misma fe y en un mismo amor.
TODOS: ALABEMOS Y DÉMOSLE GRACIAS A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PORQUE QUISO QUEDARSE ENTRE NOSOTROS PARA SER NUESTRO ALIMENTO, EN SU PALABRA Y EN LA COMUNIÓN.

Papá, mamá o jefe de familia: Hoy, en este Jueves Santo, Jesús nos invita a recordar su ÚLTIMA CENA, esa cena de amor y de humildad que celebró con sus amigos, los apóstoles, para dejarnos su Cuerpo y su Sangre, en el pan de vida y en el cáliz de salvación. Jesús quiso que esta noche fuera especial y así como Él cenó con sus amigos, así lo haremos nosotros, unidos en la amistad de nuestra familia.

El más pequeño de los miembros de la familia: ¿Por qué es especial esta noche? ¿Por qué es la noche del AMOR?

Papá, mamá o jefe de familia:Esta noche es de una cena especial porque Jesús nos demostró, de manera muy concreta, su amor, diciéndonos, con su ejemplo, cuánto nos amaba y nos sigue amando. Escuchémoslo en su Evangelio.

Lectura del Evangelio según san Juan: (15, 9-14).
Como el Padre me amó, así yo también los he amado a ustedes: permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos permanecerán en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor... Este es mi mandamiento: Que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por su amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Palabra del Señor.               
TODOS: GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

Uno de los miembros de la familia: ¿Por qué dices que también ésta es la noche de la humildad?

Papá, mamá o jefe de familia:Porque recordamos lo que Cristo hizo con sus apóstoles y que nos pidió que nosotros también lo hiciéramos.

Lectura del Evangelio según san Juan: (13, 12-15). 
Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo:  "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?. Ustedes me llaman Maestro y Señor; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan". Palabra del Señor.                 
TODOS: GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

Papá, mamá o jefe de familia: Por eso hoy es un día especial de amor y de humildad, que nos debe llevar a perdonarnos y a querernos más como familia, y a valorar lo que Cristo nos ofrece en su Palabra y en su Comunión.
TODOS: SEÑOR JESÚS, HOY RECORDAMOS EL GRAN AMOR QUE NOS TIENES. CREEMOS FIRMEMENTE QUE ESTÁS PRESENTE EN TU PALABRA Y EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, PUESTO QUE CADA VEZ QUE EL SACERDOTE PRONUNCIA LAS PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN, EL PAN DEJA DE SER PAN Y EL VINO DEJA DE SER VINO, PARA CONVERTIRSE EN TU CUERPO Y EN TU SANGRE, COMIDA Y BEBIDA DE SALVACIÓN. QUEREMOS QUE ESTE PAN QUE HOY VAMOS A COMPARTIR AL CENAR, NOS RECUERDE QUE SIEMPRE DEBEMOS ESTAR PREPARADOS PARA RECIBIR EL VERDADERO PAN QUE TÚ NOS DAS, EL PAN DE VIDA, EL PAN DEL CIELO, QUE NOS OFRECES EN COMUNIÓN… Y QUE ESTE ALIMENTO CELESTIAL NOS DE LA SALUD DEL CUERPO Y DEL ALMA. Y TE PEDIMOS QUE, DE LA MISMA FORMA QUE NOS HEMOS REUNIDO PARA COMPARTIR ESTA CENA, SEPAMOS ASÍ COMPARTIR NUESTRA VIDA Y TODOS LOS DONES QUE TÚ NOS DAS. TÚ QUE VIVES Y REINAS, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN.

Padre nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...

Papá, mamá o jefe de familia:Dios Padre omnipotente, que nos ha reunido, como verdadera familia cristiana, nos bendiga y bendiga estos alimentos que de su generosidad vamos a recibir, por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: AMÉN.

jueves, 18 de abril de 2019

«Promesas, regalos de amor que el Señor nos dejó»... Un pequeño pensamiento para hoy


A pesar de nuestras maldades y de los desafíos pecaminosos de nuestra vida, Dios Padre adopta con nosotros una perenne e inconmovible actitud de gracia. La sangre de Cristo lava nuestras culpas, como nos recuerda el estribillo del salmo responsorial de hoy (Sal 115 [116]). Dios viene a darnos vida y vida en abundancia (Jn 10,10), no tolera nuestra muerte, ni la muerte del cuerpo ni la muerte del alma. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles dice el salmista: «A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos», por eso nos ha dejado el consuelo de su presencia siempre viva en la Eucaristía y ha instituido el ministerio sacerdotal para hacerse siempre presente, en la entrega y el servicio entre nosotros con el gozo de sus sacramentos dirigidos siempre hacia el amor de un Dios lleno de vida(Jn 13,1-15), y por eso ha exterminado la muerte con la resurrección. Dios no soporta nuestra falta de libertad y por eso rompió nuestras cadenas en la muerte de Cristo, hecho esclavo por nosotros. No obstante, la nota dominante en este salmo de hoy, y en el alma de Jesús en aquella cena, es la acción de gracias. «¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré la copa de la salvación... Ofreceré el sacrificio de alabanza...» ¿Por qué? 

Nuestra respuesta cristiana a éste regalazo está clara: se da participando en la acción de gracias, en la Eucaristía, que Jesús, Primogénito entre muchos hermanos, dirige al Padre, bebiendo con él «el cáliz de la bendición» y ajustando, en consecuencia, nuestra vida a los compromisos de nuestro bautismo, contraídos en presencia de la Iglesia. Nuestra existencia cristiana está llamada a ser una Eucaristía continuada, una respuesta de acción de gracias ininterrumpidamente ante la inagotable actitud de Gracia del Padre y lo hacemos «lavando los pies a los hermanos» con acciones sencillas y ordinarias que nos hacen ser con Jesús «pan partido y repartido» a los hermanos. ¡Qué hermoso poder exclamar este Jueves Santo con el salmista: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?». Ayer recorrí tres comunidades bellísimas: Joyitas, San Bernabé y Trojes. En todas ellas encontré corazones amantes de Cristo que buscaban la reconciliación y el gozo de compartir la Eucaristía. Tres lugares alejados del mundo civilizado si se quiere decir, pero cercanos, muy cercanos, a la inocencia y sellados con el estilo de amor que Jesús nos enseña este Jueves Santo y que nos invita a revisarnos en el darse a los demás. Gente pobre, sencilla, generosa, atenta y dócil al Buen Dios. 

Pero vuelvo a la Cena, a aquella «Última Cena», en la que seguramente en medio del ambiente de una Cena Pascual, hubo muchos silencios, muchos ratos de sumirse cada cual en sus propios pensamientos, en sus propias inquietudes luego de escuchar las profundas palabras de Jesús Amigo acompañadas de un silencio reflexivo. Y seguramente que también en medio de esos momentos silenciosos y de los desconciertos de sus palabras, circuló imparable una profunda corriente de proximidad, de estimación mutua. Es el amor de Jesús que «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Y es el amor de los discípulos, el amor que pugna por entender al Maestro, por amarlo y hacerlo amar entre los hermanos con el propio testimonio de formar una familia en la fe: «¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». Es, al fin y al cabo, un amor, una proximidad, un cariñoso servicio que funciona con el corazón, que está más allá de las cosas que se pueden razonar y explicar: La Eucaristía, el sacerdocio, el mandamiento del amor. Es una proximidad que aquella noche llega a sus extremos más altos. Con Jesús, somos quizá ya de los pocos en este mundo que, como esas almas sencillas que vi ayer, «creen en Dios» y «le creen a Dios». Y estoy seguro de que estamos felices de creer. Y nos atrevemos a pensar que es la única posibilidad de supervivencia que tiene el hombre de hoy y de siempre y podemos pues, con alegría esperanzadora, acompañar a Jesús con María cumpliendo nuestras promesas de amor como él nos enseñó. ¡Bendecido Jueves Santo! 

Padre Alfredo.

jueves, 29 de marzo de 2018

«¡Qué grande es el Jueves Santo!»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Pascua judía, unida indisolublemente a la liberación del pueblo que era esclavo en Egipto, nos lleva en pleno al Antiguo Testamento (Ex 12,1-8.11-14) para captar, por este medio, la continuidad entre la Pascua judía y la Pascua cristiana que celebramos con especial solemnidad congregados este día con la Cena del Señor, donde se instituyó la Eucaristía, el sacramento del orden sacerdotal y el mandamiento el amor (Jn 13,1-15), para vivir la expresión más hermosa de la Iglesia en la celebración de la Santa Misa (1 Cor 11,23-26). «La Eucaristía hace la Iglesia», decían los santos Padres y Benedicto XVI nos lo recuerda en Ecclesia de Eucharistia 26, afirmando que «la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía». La Eucaristía, sacrificio y banquete, es lo más valioso que la Iglesia tiene en su camino como peregrina en el tiempo y en la historia; es el don más valioso recibido de su Señor, «el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad, así como de su obra de salvación» (cf. Ecclesia de Eucharistia 11), porque es «fuente y cima de toda la vida cristiana» (Lumen gentium, 11; cf., 1). 

Pero antes de instituir la Eucaristía Jesús se ciñe la cintura para confirmar ese movimiento de la «kénosis» de Dios que se abaja, se vacía de sí mismo, para agraciar y enriquecer la humana condición, poniéndose a sus pies, a su servicio. Jesús de aquel modo, nos dibujó el icono de la entrega: «Les he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan» (Jn 13,15). ¿Qué más puede darnos o decirnos Jesús? Pues el don de su sacerdocio. Jesús nos amó hasta el extremo ofreciéndose Él mismo y perpetuando su entrega en los sacerdotes, que año con año, nos hacen vivir plenamente este día, por la mañana —ordinariamente hoy u otro día de esta Semana Santa— con el Obispo del lugar, la Misa Crismal en donde renuevan sus promesas sacerdotales y el Obispo bendice los óleos santos. ¡Qué grande es el Jueves Santo y cuántos tesoros nos deja! En medio del espeso silencio sobre Dios que quiere imponer la cultura actual, el Jueves Santo nos alienta a no esconder nuestro mejor tesoro. 

Ante el oscurecimiento de la esperanza en la vida eterna en que vive sumida la cultura de hoy, el Jueves Santo nos da la Eucaristía como fuente de esperanza y prenda de la vida futura. Ante una cultura que está perdiendo la memoria de sus raíces cristianas, el Jueves Santo nos invita a hacer memoria del misterio del amor de Cristo en la celebración eucarística que cada día los sacerdotes presiden. Ante una cultura que tiene miedo a afrontar el futuro, el Jueves Santo nos hace voltear hacia Aquél que es el «Camino, Verdad y Vida» (cf. Jn 14,6) en sus sacerdotes que nos traen la Palabra y los sacramentos. Ante una cultura en la que muchos viven cada vez más sumidos en una profunda soledad, el Jueves Santo nos regala el consuelo del mandamiento el amor, en el que Cristo nos invita a servirnos unos a otros. Ante una cultura en la que la existencia aparece cada vez más fragmentada, multiplicándose las crisis familiares, la violencia, el terrorismo y los conflictos, el Jueves Santo se hace anuncio del misterio sacrosanto de la Eucaristía, vínculo de comunión y fuente de unidad y de paz. Ante la cultura de la globalización que descarta a muchos y difunde el individualismo egoísta, el Jueves Santo nos impulsa a trabajar por la globalización de la caridad y la implantación de la nueva civilización del amor. Ante la cultura de la muerte, en la que se desprecia la vida humana, el Jueves Santo celebra el misterio eucarístico, verdadero pan de vida que se parte y se reparte en todos los puntos cardinales de la tierra. Así, en medio de este mundo que pretende saciar su sed de esperanza y felicidad con realidades efímeras y frágiles que no sacian el corazón del hombre, proclamemos en todas partes a Aquel que, oculto en las especies eucarísticas, nos dice: «El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí jamás tendrá sed» (Jn 6,35). Vivamos este Jueves Santo intensamente y Junto a Cristo Sacerdote pensemos en María su Madre, que nos invita siempre a ir hacia su Hijo para hacer lo que Él nos diga (Jn 2,5) y nos contagia su fuerza para vivir amando nuestra fe con dinamismo y alegría en esta coyuntura histórica, en la que sigue resonando la palabra intemporal de Jesucristo que nos dice: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Así sea. 

Padre Alfredo. 

P.D. Hoy cumple años mi madre. Desde esta selva de cemento me uno espiritualmente al gozo de un día más de vida. ¡Felicidades doña Blanca Margarita!

jueves, 13 de abril de 2017

JUEVES SANTO... Una breve reflexión


El amor de Jesús se manifiesta siempre como una entrega total: «Los amó hasta el extremo». Llenos de admiración y gratitud celebramos hoy «LA CENA DEL SEÑOR» en una solemne Eucaristía. Hoy revivimos el mandamiento del amor, la institución de la Eucaristía y el don del sacerdocio ministerial.

¡Qué impresionante debe haber sido ver al Maestro lavar los pies a los discípulos! La entrega de Jesús nos habla a gritos de una generosidad sin límites. El Hijo en quien el Padre se complace en todo tiempo y lugar, es conducido por el mismo Espíritu a realizar esta acción llena de humildad y sencillez, a los suyos, a los más cercanos, a sus amigos más íntimos, a los que siempre estaban con él. ¿De qué manera lavo yo los pies a mis hermanos? ¿Estoy atento a lo que Dios me pide para con los que tengo más de cerca cada día?

Jesús se ha quedado con nosotros en la Eucaristía. Dirijamos nuestra mirada y nuestro corazón hacia Él. Experimentemos cómo el Espíritu Santo nos hace descubrir la presencia milagrosa de Cristo en aquello que parece pan y vino, pero que es en realidad el Cuerpo y la Sangre del Señor, que nos alimenta para ser «amor», «pan partido» como Él, que se entrega a los demás. La beata María Inés, hablando a Jesús en uno de sus momentos de oración, le dice: «Te encuentro en la Eucaristía, ¡tan real!, ¡tan vivo!, ¡tan Padre!, que los velos que te ocultan a mis miradas, desaparecen por completo en mi fe y te veo en ella, como al dulce Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien».

En cada momento de servicio estamos vinculados con Cristo por el Espíritu para dar gloria al Padre. Pidamos unidos a la fiel servidora del Señor, María Santísima, que no nos falten los sacerdotes, que día a día nos traen a Jesús Eucaristía hasta nuestros altares y que todo nuestro ser se abra siempre al servicio de nuestros hermanos, como Cristo, el Sumo y Eterno Sacerdote, que nos amó hasta el extremo y cumplió siempre la voluntad del Padre con amor.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

jueves, 24 de marzo de 2016

Una reflexión para el Jueves Santo*...

"Los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).


El capítulo 13 del evangelio de Juan comienza diciendo que Dios nos amó hasta el extremo. A partir de esto, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación. 

Este día contemplamos el gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.Este día se celebra el día del AMOR. Es el día en que el Maestro se entrega en el servicio humilde y sacerdotal lavando los pies a sus apóstoles y quedándose para siempre en el signo pobre y sencillo de la Eucaristía para manifestarse siempre en el amor. El gesto de Jesús nos invita también a nosotros a ponernos al servicio de los de los que más nos necesitan, los que están a nuestro lado y al mismo tiempo nos hace correr al encuentro de aquellos con los que nadie quiere ir sin buscar pretensiones de triunfalismo y sin herir susceptibilidades.

Hace unos días el Señor se dejaba ungir los pies con un perfume caro acogiendo el gesto de María con sensibilidad y gratitud, ahora es él quien tiene el detalle de lavar los pies a los suyos para dejar el aroma de su entrega por nuestra libertad. Al lavar los pies a los discípulos, el Mesías estaba aceptando lo sucio, lo poco agradable de nuestra condición humana amando a los suyos con una infinita misericordia como son y esperando una transformación al amar.

Muchos aprovechan estos días santos para descansar, ojalá y en este descanso haya un espacio de tiempo para encontrar al Señor en un rato de intimidad, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni basta decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7). Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores, amando como Él y siendo misericordiosos como Él. 

Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad y de «amor» que nos propone la sociedad de nuestros días… ¿es difícil vivir esto? ¿cómo podemos vivir este mandato del amor a los demás en la vida concreta de todos los días? ¿Cómo podemos ser misericordiosos como el Señor lo es? Cristo se ha quedado en la Eucaristía y como dice la beata María Inés: "La misión de Jesús visible en el mundo ya terminó, él ya acabó su carrera, más se quedó en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos para seguir desde allí siendo el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien". 

A través del sacerdocio ministerial la presencia eucarística del Señor llega hasta los últimos rincones del mundo. El Papa Francisco ha recordado a los sacerdotes que «Jesús viene a rescatarnos, a hacernos salir, para convertirnos de pobres y ciegos, de cautivos y oprimidos. en ministros de misericordia y consolación».

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

*Artículo ya publicado anteriormente y solamente enriquecido con algunas frases.

martes, 3 de marzo de 2015

«CATORCE PASOS CON JESÚS» HORA SANTA 18 Reflexión para el Jueves Santo en la noche


Monitor: Queremos estar aquí contigo Jesús, porque sabemos que esta noche fue difícil para ti, porque cuánto más sentías la necesidad de cercanía de los tuyos, te dejamos solo, porque en la hora de tu mayor lucidez, tus sacerdotes, recién ordenados dormían, porque en esta hora de consciencia de todo lo que está por caerte encima, ellos, como muchos de nosotros, no entendían nada.

Descubriremos hoy nuevamente, con qué amor más grande amó Jesús, especialmente a los doce, y qué distancia tan grande se contempla entre el maestro y los discípulos. Él tan divino, nosotros tan humanos, él tan elevado, nosotros tan mezquinos, cómo le dolería en el alma esa soledad tan grande que se percibe en Getsemaní. Por eso estamos aquí esta noche.

Iniciamos esta hora de oración haciendo silencio para preparar nuestro corazón para el encuentro con el Jesús, queremos regalarle una hora de nuestro tiempo y hacerle compañía.

Lector 1: La elección del nuevo Santo Padre, el Papa Francisco, quien es un Papa que llegó a Roma desde estas tierras latinoamericanas, nos ha unido con alegría y entusiasmo para vivir nuestra fe. Por eso, esta noche queremos estar unidos con esa alegría en la que el Papa Francisco nos invita a caminar con Jesús, e ir al encuentro de la Cruz para brazarla con amor y con un espíritu siempre joven siendo discípulos y misioneros.

Lector 2: El Papa Francisco nos invita a hacernos en esta noche dos preguntas: ¿Qué significa para nosotros vivir este tiempo? ¿Qué significa seguir a Jesús en su camino hacia el Calvario, hacia la Cruz y la Resurrección?

Lector 1: El Papa nos dice: "Vivir este tiempo significa también entrar cada vez más en la lógica de Dios, de la Cruz y del Evangelio. Es seguir y acompañar a Cristo, lo cual exige «salir»: Él —refiriéndose a Cristo, dice— ha salido de sí mismo para venir a nuestro encuentro, ha colocado su tienda entre nosotros para traer la misericordia que salva y da esperanza.

Lector 2: Esta noche, en un momento de oración, queremos dar con Jesús catorce pasos —como catorce son las estaciones de viacrucis que mañana recorreremos— para caminar con Él al encuentro de la cruz en la que se consumará nuestra redención. Son catorce momentos de la vida de Jesús en su infancia, predicación, pasión y resurrección con los que vamos a orar.

Monitor: Empecemos escuchando este texto del Evangelio de San Marcos.  (Mc 14, 32-42)

Lector:

“Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos:
- Siéntense aquí, mientras yo voy a orar.
Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo:
- Siento una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo.
Y avanzando un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, a ser posible, no tuviera que pasar por aquel trance. Decía:
- ¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Volvió y se los encontró dormidos. Y dijo a Pedro:
- Simón ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? Velen y oren para que puedan hacer frente a la prueba, que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.
Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo. Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían que responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:
- ¿Todavía están durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! Ya está aquí el que me va a entregar.” Palabra del Señor.

PRIMER PASO: Belén... El camino del Cielo a la tierra.

Lector: Todos los años a esta hora llegamos a tus plantas en estos momentos de silencio y de luto
cuando aún se respira el incienso de nuestra alabanza, cuando aún en el paladar se resiste a marchar
el gusto del pan bendito que en tu amor hemos compartido. Aún seguimos sin comprender, sin entender. ¡Te hiciste pobre y pequeño como nosotros para salvarnos! necesitamos la Fe y la Esperanza para comprender tu Amor.
Señor, antes de que cierres los ojos y ya que tú vives tan cerca de nosotros háblanos de ti.... Tú que puedes hablar nuestro lenguaje déjanos hacerte una pregunta en esta noche de cáliz amargo: ¿qué pasos diste para ser carne de nuestra carne para vivir cerca del hombre... para vivir..por nosotros tantos dolores? Amén.

SEGUNDO PASO: La Huída... El camino de Belén hacia Egipto.

Lector: Viniste y no te recibimos... Tan sólo aquellos humildes y sencillosfueron capaces de reconocer tu presencia... ¡hasta tuviste que huir! Sólo unos cuantos te descubrieron. Ciertamente que muchos no vieron la estrella. Hoy , en esta noche Santa, entiendo aquellos momentos. Los magos, unos cuantos, te regalaron oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre.. y tuviste que huir.
Señor, hoy, en esta noche como en aquellos momentos difíciles en que José y María te libraron de las garras de la maldad de Herodes, te encontramos nuevamente nosotros también sólo y desnudo muy cerca del silencio Santa María Virgen para huir contigo de los ataques de los Herodes de hoy que vagan por el mundo queriéndo acabar contigo. ¿qué pasos diste con tus padres para vivir en medio de la adversidad y salir adelante? Amén.

TERCER PASO:  El Jordán... El camino al bautismo.

Lector: Esta noche queremos darnos cuenta, junto a ti, que nuestras vidas deben ser un servicio a tu Padre y nuestro Padre. Sabemos que nunca olvidaste aquella voz potente y misteriosa
el día del Jordán, cuando se abrió el cielo con aquel mensaje del Padre: «TÚ ERES MI HIJO ...MI AMADO, en quien me complazco».
Señor, Tú sabías que aquello era principio de un fin. Tu Bautismo era la puerta abierta al sufrimiento para salvarnos. Acepta Señor, esta noche, nuestro compromiso: por nada darte la espalda. Ante todo.....mantenernos firmes, a pesar de las dificultades, en la fe que nació con nuestro Bautismo. Amén.

CUARTO PASO: El Desierto... El camino de las tentaciones a la vida pública.

Lector: Nadie supo, sino el Padre, lo que te esperaba después. Pensamos ahora en la tentación del maligno, cuando te ofreció el todo por la nada. Pronto comprendiste en el desierto que para ser fiel a uno mismo.. hay que aprender a dejar muchas cosas en el camino. Ni las tentaciones del poder, del placer y del tener te apartaron del plan, del amor, ni de la comunión con el PADRE
Señor, nosotros te lo confesamos esta noche.... ¡cuántas veces estamos tentados a dejarlo todo! Creemos que es mejor el camino fácil y exento de compromisos, el sendero corto que nos lleva a la ansiedad sin límites lo que en apariencia es felicidad, cuando luego, resulta, que es un desconcierto. Señor....¡DANOS LUZ EN LAS ELECCIONES DE CADA DIA! Amén.

QUINTO PASO: La llamada... El camino para invitar a algunos a seguirlo más de cerca.

Lector: En estos momentos de soledad compartida de cáliz amargo y de amigos, incluso tus discípulos que han sido oirdenados sacerdotes, han corrido, o se han quedado dormidos por el miedo y la apariencia olvidando aquellos momentos en que los invitaste a caminar contigo por la orilla del mar de Galilea... aquellas olas, los peces, las redes, las barcas y la gente. Pedro, Andrés; Juan....su hermano Santiago, los demás. A ellos los llamaste porque la misión era grande, sus nombres todavía se sostienen en el eco tenso de esta noche. Porque la LUZ del cielo necesitaba de hombres de la tierra. Hoy, como a aquellos, desde la noche de tu soledad, nos dices a cada uno de nosotros también: ¡Sígueme!
Señor, gracias por tu confianza. Gracias por habernos llamado en esta noche a tu presencia. Gracias por habernos invitado a subir a esta barca que es la Iglesia. Gracias por habernos invitado a dejar las redes que parecían nuestro sueño y nuestras obligaciones y no lo eran. Gracias por invitarnos a estar cerca de tu Pasión, de tus horas amargas. Hoy hacemos la firme promesa, ayúdanos, de ser pescadores de hombres llevando tu verdad donde quiera que nos encontremos. Amén.

SEXTO PASO: La Tempestad... Caminar sobre las aguas.

Lector: Jesús, esta noche recordamos contigo diversos momentos que marcaron la vida de los apóstoles cuando estabas con ellos. Nos acordamos contigo de aquella tormenta....la barca que comenzaba a inclinarse...y tus apóstoles gritando: ¡sálvanos que nos ahogamos! También muchos de nosotros nos ahogamos en poca agua y por pocas cosas. Hay muchas tempestades en el mar del mundo que nos ha tocado vivir: incredulidad, deserción, materialismo, depresión. Hoy todo se relativiza, todo parece bueno y mucho de todo ello os aleja de Tí. Esta noche queremos aferrarnos fuertemente a tu mano que nos salva para no perecer.
Señor, reconocemos que también nosotros nos asustamos, que también nosotros gritamos porque parece que te vemos dormido. Reconocemos que en el diario vivir se levantan olas que nos acechan; obstáculos que nos impiden vivir contigo, hablar contigo; tenemos dificultades Señor: familias rotas, violencia, drogadicción, permisividad, terrorismo.....¡ayúdanos Señor!. Que seas Tú la fuerza que nos sostenga en medio de la Tormenta y que nos hagas, coimo decía la beata Madre María Inés: Almas pacíficas y pacifdicadoras como Tú. Amén.

SEPTIMO PASO: Los enfermos... El camino a la sanación.

Lector: Seguimos caminando contigo Jesús salvador nuestro. Meditamos ahora en la vida nueva que diste a aquellos que se encontraban enfermos y apartados. Recuordamos el grito de los ciegos de Jericó....¡qué podamos ver! La hija de Jairo.....¡baja Señor...mi hija muere! El abrazo de Marta....¡Señor si hubieras estado aquí ..mi hermano no habría muerto! ¡Cómo corría con su camilla, cuesta abajo y contento, aquel que estaba paralítico! Encontraron salud.....porque tenían Fe en Ti.
Señor, también nosotros necesitamos que nos cures... ¡tócanos en esta noche Señor¡, danos luz en las miradas, luz en las decisiones, fortaleza en el caminar, claridad en el pensar... medicina para nuestras enfermedades. Amén.

OCTAVO PASO: La Oración del Huerto... Caminar junto al Señor en la oración.

Lector: Tú hiciste una vez una pregunta: ¿Encontraré, cuando vuelva, FE en esta tierra? Esta noche nos invitas ase como aquellas cinco vírgenes que velaron en oración y no dejaron que
se apagara la lámpara de su FE. Esta noche nos haces a nosotros una pregunta como aquella: ¿Cómo está tu vida de oración y de confianza en Mi? A cada uno de nosotros nos dices: ¡Despierta tú que duermes! ¿Estás con la FE encendida.....o un poco débil por el paso del tiempo y de tantas seducciones en tu vida?
Señor, sin ti , no podemos hacer nada. Tú sabes que sigues siendo importante y certero en nuestra existencia. Ayúdanos para que siempre te reconozcamos como nuestro AMOR PRIMERO. Te pedimos que nos ayudes a CREER... a ESPERAR....a AMAR. Que seas Tú la LUZ que alumbre nuestro caminar en la vida cristiana. Amén.

NOVENO PASO: La Traición de Judas... El camino entre el bien y el mal.

Lector: Acabamos de conmemorar la «Última Cena». Hemos recordado aquella tarde; todos sentados en una mesa. Tus apóstoles estaban inquietos......sabían que algo iba a ocurrir. Esta noche nos preguntamos: ¿qué pasaría por el alma de Judas? ¿Por qué te vendió por tan poco precio? ¿Por qué se sentó a tu mesa si ya no creía ni esperaba en Tí? Sentiste Jesús, cómo un amigo se rompía por dentro por quedar bien con los
de fuera. No lo esperabas…. Te llamó amigo con sucios labios para mejor venderte.
Señor, tú sabías que vendría esta hora. Tú le llamaste “hijo de la perdición”... También nosotros Señor traicionamos muchas veces nuestro nombre de cristianos, nuestra amistad contigo... porque no sabemos o no queremos distinguir el bien del mal. Judas te besó por nosotros Señor, Judas te vendió por nosotros Señor... cuando nos apegamos tanto al dinero y somos capaces de olvidar lo que ayer fue promesa, amigo y juramento. Haznos pobres Señor y DANOS LUZ PARA SER FIELES A TU AMOR. Amén.

DÉCIMO PASO: La negación de Pedro... El camino de la fidelidad.

Lector: Esta noche, junto a Tí Jesús, reconocemos lo difícil que es serte siempre fieles. ¿Qué es la fidelidad?
Pedro y los demás quisieran serte fieles. Seguramente estarás acordándote en estos momentos de aquellas palabras de Pedro cuando te dijo: «Señor...los demás te abandonarán... ¡yo nunca!» Pobre Pedro... Su nobleza y su valentía le traicionaron... Un simple gallo le recordó con su inoportuno canto que era como los demás....HUMANO. Sabemos que subiendo camino del calvario tú le echaste una dulce mirada y te conquistó el corazón de nuevo cuando lo viste AMARGAMENTE LLORANDO.
Señor, ayúdanos a entender el valor de la palabra dada. Si Pedro lloró......nosotros queremos llorar las negaciones de cada día: cuando no somos fieles y decimos SI y resulta que es NO; cuando decimos VAMOS.....y nos quedamos donde estamos. Ayúdanos Señor a serte fieles. Amén.

DÉCIMO PRIMER PASO: La Eucaristía... el camino del encuentro con tu presencia.

Lector: Jesús, Tú te quisiste quedar en la Eucaristía  y nos sentaste esta tarde a tu mesa aún a sabiendas de nuestra miseria. Pero aún así....todo esto...nos lo pides: "HAGAN ESTO EN MEMORIA MIA
POR MI Y POR USTEDES, POR LA MEMORIA DEL AMOR DE MI PADRE COMAN DE MI CUERPO... BEBAN DE MI SANGRE...
Señor, te damos gracias por habernos invitado a sentarnos en la mesa de tu banquete para alimentarnos con el Pan de tu Palabra y de tu Eucaristía que sabe a cielo y brindarnos el vino que alegra el corazón del creyente. DANOS LUZ PARA ENTENDER Y VALORAR LA FUERZA QUE ESCONDE LA EUCARISTÍA. Amén.

DÉCIMO SEGUNDO PASO: La Cruz... el camino para ser como Cristo.

Lector: Después de aquella inolvidable mesa del pan que nos dejaste como MEMORIAL, te apresaron... te ataron... te llevaron en medio de risas y de burlas. Podemos recordar a Pilatos lavándose las manos, a Judas pensando en un árbol como salida a su vida. El juicio interesado de algunos, las palabras vacías de otros
los amigos que te fallaron... A lo lejos se veía un madero en forma de cruz... pronto comprendiste que iba a ser la cruz...tu cruz...  el trono desde donde ibas a conquistar la REDENCIÓN para todos nosotros... dudas.....silencios.....pruebas...te sentíste sólo... y ¡subiste a la cruz!
Señor....aquí estamos en esta noche velando contigo. Intentando alcanzar una caña para darte, muchos años después, agua fresca para tu pasión culminada. ¡Gracias Señor¡¡ por ese gesto heroico de tu amor al Padre
por tu amor a los hermanos.... por tu corona de espinas....por tu cuerpo traspasado.... vemos más y mejor que nunca....tus brazos abiertos al mundo tu corazón ....como siempre....pendiente de DIOS....... DANOS LUZ.....PARA COMPRENDER EL VALOR QUE ENCIERRA LA CRUZ. Amén.

DÉCIMO TERCER PASO: María al pie de la cruz... El camino de la confianza en Señor.

Lector: ¡Qué distinto se ha de ver todo desde la Cruz! Viste a tu Madre.....la que caminó siempre junto a Ti desde que te llevó nueve meses misteriosamente en su seno... contemplaste de una manera nueva a la que creyó en el anuncio del ángel sin condiciones ni contemplaciones, la que comprendió tu dejar el hogar, la que vivió en noches obscuras y atravesada por tantas espadas. Sí... ¡Viste a tu Madre, Jesús!...como hoy la estamos viendo nosotros acompañándote desde el lugar de su casita pobre y la vemos subiendo contigo mañana... Y esta noche nos parece escucharte decir: ¡MARIA!, Madre mía, aquí tienes a tus hijos......hijos.....aquí tienen a su Madre.
Señor...¡déjanos a aquella que tanto dio! Déjanos llorar con ella esta noche de adoración, déjanos abrazar a la que estuvo firme al pie de la cruz. Déjanos esperar con ella, vivir con ella, creer con ella. Señor...¡que sea la Virgen...la que nos enseñe el camino para llegar a ti.....para esperar en ti, para creer en Ti. DANOS LA FORTALEZA QUE DIOS DIO A TU MADRE PARA ENTENDER Y COMPRENDER LOS MISTERIOS  DE GOZO, DE LUZ, DE MUERTE Y DE GLORIA DE NUESTRAS VIDAS. Amén.

DÉCIMO CUARTO PASO: La muerte redentora... El camino de la salvación.

Lector: Todo es distinto desde la Cruz, desde ese tu trono glorioso desde el que exclamaste: ¡DIOS MIO....DIOS MIO...POR QUÉ ME HAS ABANDONADO! ¡TE LO ASEGURO, HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO! ¡TENGO SED! ¡TODO SE HA CONSUMADO! ¡EN TUS MANOS, SEÑOR, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU! Esto ha sido tu diálogo sincero con nosotros... Falta lo más importante....tres días de espera para que de nuevo resurja de la tierra y se cumplan las promesas:
«Permanezcan en vela... no se desesperen... CREAN EN DIOS Y EN MI. Volveré y los haré inmortales.
No se queden llorando mi cuerpo inerte, la esperanza vendrá en la Pascua, una esperanza más alta y ancha que la misma muerte, ¿no lo notan?... Vuelvo.....estoy volviendo.....llego....llegando.... Y tengo LUZ PARA USTEDES.....para todos ustedes. Sólo falta una cosa: QUE SU PERSERVERANCIA SALVE SUS MISMAS VIDAS.
Señor, no mueras...¡vive siempre! DANOS LA LUZ DE LA ESPERA EN LA RESURRECCIÓN.  Amén.

Monitor: Hemos velado con Jesús y al mismo tiempo hemos caminado espiritualmente con Él. En la Semana Santa estamos viviendo el culmen de este camino, de este plan de amor que se recorre a través de toda la historia de la relación entre Dios y la humanidad. Jesús entra en Jerusalén para cumplir el paso final, en el que resume toda su existencia: se entrega totalmente, no se queda con nada para sí mismo, ni siquiera con su vida. En la Última Cena, con sus amigos, comparte el pan y distribuye el cáliz "para nosotros". El Hijo de Dios se ofrece a nosotros, ofrece en nuestras manos su Cuerpo y su Sangre para estar siempre con nosotros, para habitar entre nosotros. Y en el Huerto de los Olivos, al igual que en el juicio ante Pilato, no opone resistencia, se da; es el Siervo sufriente ya anunciado por Isaías, que se despoja de sí mismo hasta la muerte (cf. Is 53:12).

Lector 1: Jesús no vive este amor que lleva al sacrificio de manera pasiva o como un destino fatal; desde luego no oculta su profunda perturbación humana frente a la muerte violenta, pero se entrega plenamente a la confianza del Padre. Jesús se entregó voluntariamente a la muerte para corresponder al amor de Dios Padre, en perfecta unión con su voluntad, para demostrar su amor por nosotros. En la cruz, Jesús "me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal 2:20). Cada uno de nosotros puede decir esta noche: me amó y se entregó a sí mismo por mí. Cada uno puede quedarse esta noche con este “por mí”.

Lector 2: Hemos caminado con Cristo en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es en primer lugar la del dolor y la muerte, sino la del amor y la de la entrega de sí mismo que da vida. Es entrar en la lógica del Evangelio. Seguir, acompañar a Cristo, caminar con Él, permanecer con Él .

(Conviene intercalar momentos de silencio y cantos apropiados. Se puede rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria al final de cada paso).

dr. algdr

lunes, 2 de marzo de 2015

Jueves Santo... HORA SANTA 9


EL SANTÍSIMO YA SE ENCUENTRA EN EL MONUMENTO DENTRO DE LA URNA A LA QUE HA SIDO TRASLADADO.

(Conviene realizar este momento de oración en un ambiente con poca luz o delante del Santísimo, tratar de lograr orar en actitud ignaciana: “como si presente me hallase”, sin prisas, leer despacio e interiorizar cada frase. Hoy es una noche muy especial). 

Ministro: El jueves Santo como sabemos es el día de la Eucaristía y el día del sacerdote. Esto nos invita a alegrarnos y agradecer estos dones tan extraordinarios que nos dejó Jesús junto con el mandamiento del amor.

CANTO:

"Donde hay caridad y amor, ahí está el Señor"

Donde hay caridad y amor ahí esta el Señor,
ahí está el Señor, ahí está el Señor.


1. Una sala y una mesa
una copa, vino y pan
los hermanos compartimos
en amor y en unidad.

2. Nos reúne la presencia
y el recuerdo del Señor
celebrando su memoria
y la entrega de su amor.

3. Invitados a la mesa
del banquete del Señor
recordamos su mandato
de vivir en el amor.

4. Comulgamos en el cuerpo
y en la sangre que el nos
y también en el hermano
si lo amamos de verdad.

5. Este pan que dá la vida
y este caliz de salud
nos reúne a los hermanos
en el nombre de Jesús.

6. Anunciamos su memoria
celebramos su pasión
el misterio de su muerte
y de su resurrección.


MOMENTOS DE SILENCIO PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL.

Lector 1: Señor Jesús, hemos venido a visitarte y hemos elegido este momento de Jueves Santo para venir a velar en oración y estar unos minutos contigo. Estamos aquí para hacerte compañía, a Ti, que de mil maneras nos has demostrado que siempre nos estás esperando en el Santísimo Sacramento del Amor. Ahora que estamos contigo te pedimos muevas nuestros corazones para valorar más el amor que nos tienes, amor que te lleva a entregar tu vida por nuestra salvación.

Nos alegramos de poder estar aquí hoy, celebrando éste Jueves Santo una vez más. Ayúdanos a vivir intensamente este momento, llénanos de Ti, purifícanos, ilumínanos y dirígenos, para que podamos velar en oración; para que podamos platicar íntimamente y aprovechar al máximo esta visita, logrando que se refleje en nuestras vidas este acercamiento que estamos teniendo contigo esta noche, a través de una vida nueva.

Lector 2: Queremos agradecerte todo lo que has hecho para salvarnos, pero principalmente te agradecemos que hayas querido quedarte aquí y en todos los sagrarios del mundo en tu presencia eucarística, para ser, como dice Madre Inés:  el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien y acompañarnos como Sumo y Eterno Sacerdote que, haciéndote pan partido, te ofreces siempre por nuestra salvación.

Tu amor por nosotros es tan grande, que hiciste algo inconcebible, tomando forma de pan, para que pudiéramos verte como alimento para el espíritu; para estar siempre a nuestro alcance, cumpliendo la promesa que nos hiciste: "Yo estaré con ustedes, hasta el fin de los siglos"; para recordarnos que siempre nos tienes presente y estás disponible para recibirnos, escucharnos, bendecirnos, perdonarnos y amarnos.

MOMENTOS DE SILENCIO PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL.

Ministro: Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote que te nos das en la Eucaristía. En esta noche queremos expresarte nuestra gratitud por tantos dones que nos das y después de cada acción de gracias te decimos:

Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Gracias Señor, por tu muerte y resurrección que nos salva.
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por haber instituido la Eucaristía que nos alimenta.
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por este tiempo que nos has concedido para adorarte y venerarte.
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Gracias Señor, por todos los beneficios que nos concedes.
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por esta hora de comunión contigo en esta noche especial.
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por tus palabras que siempre reconfortan y sanan
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por tu cruz que tanto enseña
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por tu sangre que a tantos salva
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por tu amor sin tregua y sin fronteras
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Gracias Señor, por la Madre que al pie de la cruz nos dejas
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por olvidar nuestras traiciones e incoherencias
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por perdonar el sueño que nos aleja del estar en vela
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por ese pan partido en la mesa de la Última Cena
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, porque aún siendo Dios, te arrodillas y a servir nos enseñas
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Gracias Señor, por tu sacerdocio que es generosidad, ofrenda y entrega
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

Gracias Señor, por tu amor sin límites y en la cruz hecho locura
Gracias Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. 

CANTO:

"Vaso Nuevo"

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti Señor,
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser señor amado
Como el barro en manos del alfarero,
Toma mi vida hazla de nuevo,
Yo quiero ser un vaso nuevo.

Te conocí y te amé,
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname Señor
pues te amo y nunca te olvidaré.

Yo quiero ser...


EVANGELIO.

(Si está presente un sacerdote, diácono o lector, a ellos corresponde la lectura del Evangelio).

Lectura del santo evangelio según san Juan                                                      (13, 1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a judas 1scariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
- «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
- «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo:
- «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
- «Si no te lavo , no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
- «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
- «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
- «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»  Palabra del Señor.

MOMENTOS DE SILENCIO PARA REFLEXIONAR EN TORNO A LA PALABRA DE DIOS.

Lector 1: En este momento queremos olvidarnos de todo lo que no seas Tú, para dedicarnos de lleno a estar contigo velando en oración. Ponemos en tus manos a todos nuestros seres queridos, nuestras actividades ordinarias, los pendientes y preocupaciones que tenemos, para que Tú te ocupes de todo ello, mientras nos ocupamos ahora solamente de Ti, hablando contigo, escuchándote y uniéndonos más a Ti. 

Ayúdanos a valorar esta oportunidad que tenemos de estar aquí contigo. Mueve nuestros corazones para que aprovechemos y disfrutemos de tu compañía.  Ábrenos los ojos para reconocerte aquí, presente en el pan de la Eucaristía. Concédenos el don de una fe sencilla y humilde, para aceptar tus palabras como las aceptó María el día de la anunciación.

Lector 2: Ayúdanos ahora a reafirmar la fe en Ti. ¡Creemos en Ti! "El que cree en mí, tiene vida eterna". (Jn.6,47). ¡Creemos en tus palabras! "Yo soy el pan de vida". (Jn.6,48) ¡Creemos en el milagro maravilloso que realizaste en la última cena! "Esto es mi cuerpo, que será entregado por ustedes" (Lc,22,19) . ¡Creemos que en cada Celebración Eucarística vuelves a obrar ese milagro en manos del sacerdote! "Pan que ha bajado del cielo" (Jn. 6,41), ¡Creemos que eres el alimento que nos salva! "El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, no tendrá sed jamás" (Jn.6,35). Creemos en Ti, pero te pedimos que aumentes y reafirmes nuestra fe.

Danos una fe sólida para creer en Ti, aún en los momentos difíciles, como creyó María en el momento de tu crucifixión. Envíanos al Espíritu Santo para que revitalice en nosotros el don de la fe que recibimos el día de nuestro bautismo y fue refrendado en la confirmación. Ayúdanos a desarrollar una fe viva, que no necesite ver para creer, pues tu dijiste "Bienaventurados los que creen sin haber visto" (Jn.20,29). Transforma nuestra fe en una fe activa, que se refleje en nuestro diario vivir.

MOMENTOS DE SILENCIO PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL. 

CANTO:

"Dios es fiel"

Dios es fiel, guarda siempre su alianza
libra al pueblo de toda esclavitud;
su palabra resuena en los profetas,
reclamando el bien y la virtud.

Pueblo en marcha por el desierto ardiente,
horizontes de paz y libertad,
asamblea de Dios, eterna fiesta
tierra nueva perenne heredad.

Si al mirar hacia atrás somos tentados
de volver al Egipto seductor,
el Espíritu empuja con su fuerza
a avanzar por la vía del amor.

El maná es el don que el cielo envía,
pero el pan hoy se cuece con sudor;
leche y miel nos dará la tierra nueva
si el trabajo es fecundo y redentor.

Y Jesús nos dará en el calvario
su lección “hágase tu voluntad”;
y su sangre vertida por nosotros
será el precio de nuestra libertad.

Ministro: ¡Señor Jesús, hoy es el día de la institución de la Eucaristía y del don del sacerdocio! Señor, ¿cómo podemos agradecerte tanto amor y tanta delicadeza? Nos regalas tu mismo corazón y permites que otros participen de tu misma vida, los haces tus clones, representantes Tuyos, Otros Cristos, Tu Misma persona. En esta noche Santa en que oraste en el Huerto, queremos unirnos a Ti y traer ante tu presencia eucarística a todos los sacerdotes. Señor, ten piedad de ellos; no los dejes caer en tentación, hazlos puros, santos y castos. Señor, hazlos partícipes de Tu mismo amor; un amor más blanco que la nieve, un amor totalmente generoso, enséñalos a amar con el alma, no con los sentidos.

En este Jueves Santo, Señor, envía de nuevo Tu Espíritu a renovar a tus sacerdotes. El mundo tiene tanta necesidad de que ellos sean puros, santos, castos, llenos de tus frutos y de tus dones, dispensadores de tu amor y de tu misericordia. Pero ellos no pueden dar amor si no están primero llenos de tu amor, tan llenos de tu amor que ningún otro amor podrá dañarlos. Llena sus corazones de ese amor, tanto que se les vea en sus caras, que salga por sus poros, que lo derramen por dondequiera, Señor. 

PRECES POR LOS SACERDOTES

V./ Unámonos todos esta noche en oración para pedir al Señor, santidad para el Santo Padre, los obispos y nuestros sacerdotes y abundantes vocaciones para esta sublime y necesaria misión en la Iglesia.

R./ Escucha, Señor, nuestra oración.

V./  Al Papa, a los obispos y a los párrocos, fortalécelos en el servicio que prestan a su comunidad. A los confesores y directores espirituales, hazlos instrumentos dóciles de tu Espíritu. A los que anuncian tu Palabra, que comuniquen espíritu y vida, Señor. R./

V./  A los sacerdotes misioneros, ayúdales para que impulsen a los religiosos y a los laicos con su testimonio. A los que trabajan por la juventud, que la comprometan contigo. R./

V./  A los que quieren fomentar vocaciones en tu Iglesia, ayúdalos para ser verdaderos testigos tuyos, Señor. A los que trabajan entre los pobres, haz que te vean y te sirvan en ellos.R./

V./  A los que atienden a los enfermos, que les enseñen el valor del sufrimiento. A los sacerdotes pobres, socórrelos, Señor. A los sacerdotes enfermos, confórtalos y sánalos, Señor. R./

V./  A los sacerdotes ancianos, dales alegre esperanza. A los tristes y afligidos, consuélalos, Señor. A los sacerdotes agotados, dales tu paz, Señor. A los que están en crisis, muéstrales tu camino. R./

V./  A los calumniados y perseguidos, defiende su causa, Señor. A los sacerdotes tibios, inflámalos en amor Señor. A los desalentados, reanímalos con tu Espíritu. R./

V./  A quienes aspiran al sacerdocio, dales perseverancia y dales fidelidad a ti y a tu Iglesia, Señor. R./

V./  A todos los sacerdotes, dales obediencia y amor al Papa. A todos los sacerdotes, que vivan en comunión con su Obispo. Que todos los sacerdotes sean uno, como tú y el Padre, Señor. R./

V./  Que todos los sacerdotes promuevan la justicia como Tú eres justo, Señor. Que todos los sacerdotes colaboren en la unidad de su presbiterio. R./

V./  Que todos los sacerdotes llenos de ti, vivan con alegría su celibato. A todos los sacerdotes dales la plenitud de tu Espíritu y transfórmalos en Ti, Señor. R./ 

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES.
(compuesta por Doña Soledad Calderón de Torres).

“Oh Jesús, Sacerdote Eterno de las almas,
guarda a estos tus siervos en el santuario divino de tu corazón,
donde nadie pueda hacerles daño alguno,
guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu preciosa Sangre,
guarda limpios, sin mancha, sus corazones
sellados con el sublime carácter de tu sacerdocio.
Haz que tu santo amor los envuelva y separe del contagio del mundo
y que las almas por ellos dirigidas y administradas,
sean su consuelo y gozo aquí en la tierra
y luego su corona eterna en el cielo. Amén.

Ministro: Señor, danos sacerdotes.
Todos: Señor, danos sacerdotes.
Ministro: Señor, danos muchos sacerdotes.
Todos: Señor, danos muchos sacerdotes.
Ministro: Señor, danos muchos y muy santos sacerdotes.
Todos: Señor, danos muchos y muy santos sacerdotes.

Ministro: Ahora dirijámonos al Señor, con las palabras que el mismo nos enseño. PADRE NUESTRO…

MOMENTOS DE SILENCIO PARA ORAR POR LOS SACERDOTES QUE CONOCEMOS O DE LOS QUE HEMOS RECIBIDO ALGÚN SACRAMENTO O AYUDA EN NUESTRAS VIDAS.

ORACIÓN:

Ministro: Oh, Dios, que mediante el misterio Pascual de Cristo redimiste a todos los hombres, conserva en nosotros la obra de tu misericordia de tal manera que, venerando continuamente el misterio de nuestra salvación, merezcamos conseguir sus frutos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Lector 1: Jesús, en este corto espacio de tiempo que hemos querido dedicarte, hemos podido palpar el amor que nos tienes al habernos dejado tu Cuerpo y tu Sangre a través del ministerio de los sacerdotes; hemos reafirmado nuestra fe en ti, te hemos reconocido como Dios que eres Amor, te hemos mostrado nuestra gratitud y hemos puesto en tus manos nuestras preocupaciones, inquietudes y problemas. En un momento más vamos a terminar esta visita para retirarnos al sueño y volver mañana a celebrar el viernes de tu Pasión y muerte, pero queremos pedirte que Tú te nos acompañes, que nos ayudes a mantenernos en tu presencia y que recibas esta noche, como decía la Madre Inés, cada latido de nuestro corazón.

Lector 2: Antes de irnos quiero recibirte, pero como ahora no podemos recibirte sacramentalmente, te pedimos que vengas a nosotros espiritualmente, sabiendo que en cada uno de nuestros corazones está tu Madre Santísima que aguarda por Ti y te acompaña en la oración. Ven a llenarnos de Ti y bajo el amparo dulce de María, haz de cada uno de nosotros un verdadero templo vivo del Espíritu Santo. Danos la fuerza interior que necesitamos para dar testimonio de Ti en todo lo que hagamos. Bendíceme a cada uno, a nuestras familias y a nuestros seres queridos, bendice nuestras actividades y nuestros trabajos y ayúdanos a evitar cualquier cosa que nos pueda alejar de Ti.

CANTO FINAL:

"Camina Pueblo de Dios"

Camina Pueblo de Dios, (bis)
nueva Ley, nueva Alianza,
en la nueva creación.
Camina Pueblo de Dios. (bis)

Mira allá en el Calvario, en la roca que hay una cruz;
muerte que engendra la vida;
nuevos hombres, nueva luz.
Cristo nos ha salvado con su muerte y resurrección.
Todas las cosas renacen en la nueva creación.

Cielo y tierra se abrazan, nuestra alma halla perdón.
Vuelven a abrirse los cielos para el hombre pecador.
Israel peregrino vive y canta su redención.
Hay nuevos mundos abiertos en la nueva creación.


DR.algdr2014

jueves, 5 de abril de 2012

SEMANA SANTA...Una pequeña reflexión para cada día

DOMINGO DE RAMOS.

En aquellos días coincidieron en Jerusalén todos los que esperaban un cambio político y religioso. Mucha gente esperaba un cambio, pero, como como sucede en muchos casos, cada uno esperaba eso a su manera y casi nadie reconoció al Mesías en la persona de Jesús.

La Escritura nos dice que el Señor entró a Jerusalén montado en un burro y no en una biga conducida por un auriga como solían ir los personajes importantes del imperio romano que había conquistado aquellos territorios. Cristo quería dejarnos en claro que en medio de un mundo al que le gusta sopesar y calcular todo desde lo que se tiene, o lo que se aparenta tener, el Mesías haría de entrar en nuestras vidas en sencillez para hacernos constructores de paz. Un Rey como Él, no dudó en hacerse uno como nosotros, para que pueda transformar nuestra vida por su sola gracia haciéndonos, como decía la Madre María Inés: "Almas pacíficas y pacificadoras".
Ahora nosotros, como enseña el Papa Benedicto XVI, “hemos visto y vemos todavía ahora los prodigios de Cristo: cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y a ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira para difundir en el mundo la verdad; cómo, en secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Al celebrar su entrada triunfal con ramos y palmas, los creyentes nos unimos a tantos hombres y mujeres que hoy se ven perseguidos por predicar el Evangelio y por trabajar en la búsqueda de la libertad de tantas personas que sufren a causa de gente triunfalista que no ha entendido nada. El Domingo de Ramos en este 2012, puede llevarnos a pedir por tantos políticos que están en campaña y por quienes tienen autoridad para solucionar la tremenda situación de violencia que vemos a nuestro alrededor, recordando que toda autoridad viene de Dios.

JUEVES SANTO.

"Los amó hasta el extremo", así comienza el capítulo 13 del evangelio de Juan, a partir del cual, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación. 

Este día contemplamos el gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.Este día se celebra el día del AMOR. Es el día en que el Maestro se entrega en el servicio humilde y sacerdotal lavando los pies a sus apóstoles y quedándose para siempre en el signo pobre y sencillo de la Eucaristía para manifestarse siempre en el amor. El gesto de Jesús nos invita también a nosotros a ponernos al servicio de los de los que más nos necesitan, los que están a nuestro lado y al mismo tiempo nos hace correr al encuentro de aquellos con los que nadie quiere ir sin buscar pretensiones de triunfalismo y sin herir susceptibilidades.

Hace unos días el Señor se dejaba ungir los pies con un perfume caro acogiendo el gesto de María con sensibilidad y gratitud, ahora es él quien tiene el detalle de lavar los pies a los suyos para dejar el aroma de su entrega por nuestra libertad. Al lavar los pies a los discípulos, el Mesías estaba aceptando lo sucio, lo poco agradable de nuestra condición humana amando a los suyos como son y esperando una transformación al amar.

Muchos aprovechan estos días santos para descansar, ojalá y en este descanso haya un espacio de tiempo para encontrar al Señor en un rato de intimidad, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni basta decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7). Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores amando como Él.

Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad y de «amor» que nos propone la sociedad de nuestros días… ¿es díficil vivir esto? ¿cómo podemos vivir este mandato del amor a los demás en la vida concreta de todos los días? Cristo se ha quedado en la Eucaristía para ser, como dice Madre Inés: "La misión de Jesús visible en el mundo ya terminó, él ya acabó su carrera, más se quedó en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos para seguir desde allí siendo el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien". A través del sacerdocio ministerial la presencia eucarística del Señor llega hasta los últimos rincones del mundo.

VIERNES SANTO.


El Señor sabía el resultado del juicio que se le haría. Sabía que estaba condenado por un mundo que vive en la injusticia y da gran espacio a la maldad. Eso lo saben también hoy muchas personas que son juzgadas injustamente.La pregunta para la reflexión del día de hoy es obvia: ¿Por qué tenía que ser así? La respuesta más profunda y válida solamente Dios puede darla, pues pisamos el terreno insondable de la voluntad divina y su proyecto eterno de redención realizado en Cristo. “Por nosotros y por nuestra salvación”, como decimos en el credo, es la razón teológica que nuestra fe nos descubre para explicar y entender toda la vida de Jesús desde la encarnación a su pasión, muerte y resurrección.

Creemos y decimos que la cruz es la señal del cristiano no por masoquismo espiritual, sino porque la cruz es fuente de vida y de liberación total, como signo que es del amor de Dios al hombre por medio de Jesucristo. El amor que testimonia su cruz es la única fuerza capaz de cambiar el mundo, si los que nos decimos sus discípulos seguimos su ejemplo. Junto a la Cruz de Jesús estaban su

Madre y las otras mujeres con Juan, nosotros también, el día de hoy, podemos estar allí para pedir, como hacía la Madre Inés: "Que su Sangre preciosa se derrame sobre nosotros y nos purifique. Ella decía que el Padre nos puso en manos de su Hijo, como una joya de inapreciable valor, puesto que dio toda su Sangre por nosotros; nos conquistó a fuerza de amor, ¡de exceso de amor!… desde el pesebre hasta la cruz…"

Este día de silencio puede ser una oportunidad especial para hacer un análisis de nuestra vida y tomar la seria determinación, librándonos de palabrerías inútiles, de ponerse del lado del Señor Crucificado buscando cómo colaborar para transformar en oportunidad y estímulo el dolor que oprime hoy a la humanidad.

SÁBADO SANTO.

Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor nuestro. Ante el silencio y la oscuridad del sepulcro, el mundo guarda silencio para aprender del Maestro, y al contemplar su cuerpo destrozado está a la expectativa de un acontecimiento luminoso: La vida total y definitiva que estamos esperando renovará la vida de cada día.

El Sábado Santo no es propiamente una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Dice Madre Inés que, "habiéndose entregado por nosotros hasta la muerte de cruz, en un amor inmenso, espera en retorno todo el amor de que seamos capaces. Es necesario entonces que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos".

El Sábado Santo, con los sagrarios vacíos y las imágenes cubiertas, es una oportunidad para meditar en lo que es la ausencia de Dios, en la fealdad del pecado, que nos aleja de Dios, nos hace perder la visión sobrenatural de los acontecimientos y la oportunidad de llegar al Cielo. Hoy podemos ofrecer a la Santísima Virgen nuestras vidas y decirle que el sacrificio de su hijo Jesucristo y su dolor no fueron en vano.

VIGILIA PASCUAL.

Esta noche solemne la Vigilia Pascual nos ofrece una visión global del paso y del recorrido desde la creación hasta la «Nueva Creación». Se nos presentan unas perspectivas de la Historia de la Salvación desde la creación del mundo hasta la plenitud. Con la encarnación y la resurrección de Jesús, todo el mundo sufre una revolución y a la vez se capacita para tomar parte de la plenitud y soberanía del mismo Señor resucitado, con una nueva y mejor forma de existencia.

Cristo es el primer fruto de esa nueva creación. Su vida, que culmina con su resurrección y glorificación por el Padre, es como la anticipación que deja entrever lo que todavía queda por hacer, y lo que aún falta a la creación y a la humanidad en todas las dimensiones de la existencia. Con la resurrección de Jesús empieza el futuro escatológico, es decir, la plenitud y perfección de paz, de bien, de amor, de vida, de justicia, que serán el Reino de Dios ya realizado; que ya ahora vivimos como inicio y en crecimiento, y que entonces llegará al término definitivo y perfecto.

Este término definitivo y perfecto no se realizará hasta que llegue "el día del Señor". Mientras, vivimos en la realidad de lo que somos y poseemos, con la esperanza de lo que tendremos y seremos. Para llegar, como Cristo a la resurrección, se necesita una vida y una lucha. Por eso

Cuando salgamos esta noche de la celebración de la Vigilia, tenemos que ser testigos de esta Resurrección porque, como dice Madre Inés: "El día de la Resurrección del Señor no es de ayer y no tiene ocaso, es de hoy y para siempre". 

Esta noche podemos unirnos a Su Santidad Benedicto XVI que dice en oración: Concédenos la humilde sencillez de la fe que no se desconcierta cuando tú nos llamas a la hora de las tinieblas y del abandono, cuando todo parece inconsistente. En esta época en que tus cosas parecen estar librando una batalla mortal, concédenos luz suficiente para no perderte; luz suficiente para poder iluminar a los otros que también lo necesitan. Haz que el misterio de tu alegría pascual resplandezca en nuestros días como el alba, haz que seamos realmente hombres pascuales en medio del sábado santo de la historia.

DOMINGO DE PASCUA.

Hoy estalla la fecundidad de Dios en su infinita misericordia. Tanto amor no podía ser vencido por el odio, la envidia y toda la malicia de la humanidad. Tanta entrega no podía ser contenida en un sepulcro de muerte inútil y fatal. Tanta misericordia no podía no despertar de su anonadamiento trágico. También hoy es Dios quien perpetúa su amor. También la resurrección es pura obra divina y pura expresión de amor incontenido e incontenible.

El Domingo de Resurrección o de Pascua que hemos iniciado con la Vigilia Pascual, es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo. Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

Pasión-muerte-resurrección: una sola realidad, una sola vida, que ya no queda fuera de nuestra historia, de nuestra existencia, de nuestro mundo sino que, por el bautismo, con la inhahitación de la Santísima Trinidad, pasa a ser Vida de nuestra vida y triunfo de nuestra muerte. Dice Madre Inés: “El tiempo se acaba pronto, pero tenemos toda la eternidad para gozar sin término de un Dios que nos ama, y a quien desea ser amado, pide nuestra confianza y nuestro celo por la salvación de las almas”. ¡Aleluya! ¡Felices Pascuas! ¡Cristo ha resucitado!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.