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domingo, 26 de octubre de 2025

LA MODA DE PONER LA FOTOGRAFÍA DEL DIFUNTO EN LA MISA DE CUERPO PRESENTE, CENIZAS, NOVENARIOS, TRIDUOS; LAS HOMILÍAS EN ESAS MISAS Y LOS ANIVERSARIOS DE DEFUNCIÓN, RECUERDO DEL CUMPLEAÑOS Y LA INAPROPIADA EXALTACIÓN DE LOS DIFUNTOS


En los últimos años, —copiando a nuestros hermanos separados «esperados»—, se ha puesto de moda poner la fotografía del difunto en la misa de cuerpo presente, cenizas, novenario, triduo, aniversario de defunción, recuerdo del cumpleaños, etc. El uso de fotografías en los funerales protestantes se diferencia de la tradición católica porque ellos no tienen imágenes sagradas de santos o de la Virgen María que para nosotros tienen un significado litúrgico y espiritual. El protestantismo, en general, se enfoca menos en los rituales y más en la celebración de la vida terrena de la persona fallecida. Los católicos, cuando celebramos una Misa pidiendo por un difunto, no podemos olvidar que el centro de toda Celebración Eucarística es siempre Cristo Resucitado, no la persona por la que estamos orando, para quien ciertamente, suplicamos la salvación y por eso elevamos sufragios.

El funeral protestante coloca la fotografía del difunto porque ese momento se convierte, por así decir, en un espacio de libertad para exaltar la memoria de la persona y darle de las formas más originales un último adiós. Un funeral cristiano protestante nunca es exactamente igual a otro, porque no hay rituales y las denominaciones protestantes son muchas y muy diversas. Hay funerales sobrios o más festivos y emotivos; solemnes y más serios; íntimos o multitudinarios. El toque personal hace para ellos la diferencia y retrata la despedida con nombre y apellido. No hay límites para crear ese momento de agradecimiento por haber compartido con alguien. Siempre caben sus historias y anécdotas, su legado y enseñanzas, y los innumerables sentimientos que fue regando a su paso. 

Los protestantes, al no tener un mismo «Ritual de Exequias» como los católicos, hacen más y más creativas las despedidas, no solamente poniendo fotos o recuerdos del difunto sino haciendo celebraciones en diversos lugares. Si a la persona le encantaba el bosque, consideran celebrar su despedida entre árboles. Si la persona era la mejor cocinera, ofrecen algunas de sus mejores recetas para agradecerle tantas veces que cocinó para los familiares y amigos. Si el difunto era deportista y siempre andada en bici, llevan las cenizas en una caravana de bicicletas. Si le encantaban las rosas rojas, le piden a los asistentes que cada cual le lleve una... Todo esto ha motivado a algunos católicos a «ser creativos» queriendo ser originales.

Nuestra Misa, como todos los católicos sabemos, es Cristocéntrica —Cristo va siempre al centro— y no antropocéntrica —colocando el hombre en el centro—. Por eso los católicos hemos de entender que la Misa por un difunto no es una honra fúnebre con aires de homenaje. De hecho por este motivo el Papa Francisco, de feliz memoria, simplificó el rito para la Misa de exequias del Santo Padre.

Al celebrar la Misa de cuerpo presente, cenizas, aniversarios y demás cuestiones relacionadas con nuestros difuntos, celebramos a Cristo muerto y resucitado, celebramos al Viviente, al que vive para siempre, al que ha vencido a la muerte, por eso el centro de la celebración exequial no es el difunto, sino el Señor Jesús, cuya muerte y resurrección es el centro de nuestra fe y el motivo de nuestra esperanza. Por cierto, en la medida de lo posible, hay que tratar de celebrar las exequias de nuestros seres queridos en la parroquia a la que estos pertenecieron, porque en la parroquia está la comunidad que acompaña a los fieles a lo largo de la vida, desde su nacimiento hasta la muerte. La parroquia brinda al cristiano los dones de la salvación, los sacramentos, el anuncio del Evangelio y la formación cristiana. Es lógico, entonces, que la comunidad parroquial le acompañe con su afecto y su plegaria en su despedida de este mundo.

Desde esta perspectiva es fácil comprender que almas de las personas por las que oramos no nrequieren en ninguna circunstancia ser el centro de la celebración o el centro de la atención de la comunidad o de la familia. El problema de las fotografías del difunto es que en lugar de centrar la atención en el altar, que representa a Cristo Sacerdote, que lleva la ofrenda de nuestra oración al Padre, se desvía nuestra atención hacia las personas mismas de los difuntos. Incluso ha que hacer conciencia de que algunas Misas de difuntos —cuando son varios—, parecen competir con alguna galería fotográfica.

Cada vez que la gente lleva la foto a Misa —además de que la mayoría de los asistentes en muchos de los casos, se paran pocas veces en un templo—, en lugar de ayudar a esa alma con la oración personal, estas personas dejan ver, muchas veces, que es más importante para ellos ese familiar o amigo que Dios mismo, que fue quien nos permitió en su Providencia compartir el amor o la amistad por un tiempo. Algunos, inclusive, van y se paran frente a la foto luego de saludar a los familiares que están en la primera banca para recordar deudas que tienen con los difuntos: «No alcancé a hacer esto que quería», «nunca le dije esto», «quedó pendiente una cosa» o lo más común: «Es que no me pude despedir».

En la misa por los difuntos, nuestro mayor anhelo debe ser que esa alma viva ya con Dios en su gloria y por eso oramos juntos, unidos por la fe, recordando que un funeral es para encomendar al difunto, afianzar nuestra fe en la resurrección futura y dejar su vida en las manos de Dios, de manera que esto también nos ayude a los vivos a pensar en la realidad de la muerte y nos anime a vivir mejor como cristianos.

Algunas personas incluso «pelean» el lugar de la fotografía de su difunto, exigiendo un mejor lugar cuando hay varios o quieren ponerlas en el presbiterio, cosa que ni para las cenizas esta permitido, ya que solamente las imágenes de los santos y beatos, y sus reliquias, son las que pueden estar en el presbiterio, porque con la beatificación y la canonización, la Iglesia asegura que ellos pusieron a Dios y a la Eucaristía en el centro de su vida sin ser ellos el centro de atención. Estas imágenes son para veneración pública y para llevarnos a Dios, no un simple recuerdo o «un adiós».

De ninguna manera podemos considerar la Misa exequial no es un acto en honor del difunto, como lo sería una ceremonia de carácter civil, para honrar a una persona fallecida, por ejemplo a un buen gobernante por su labor en beneficio de la comunidad, o a un policía caído en el cumplimiento de su deber, en esos casos, es conveniente poner una fotografía del difunto en el lugar donde se realiza el homenaje, es decir en un recinto público. Las misas por los difuntos no pueden convertirse en una especie de show de exaltación del finado donde la familia aprovecha la misa para hacer un panegírico completamente desproporcionado.

La Instrucción General del Misal Romano en el número 379 apunta: «La Iglesia ofrece por los difuntos el Sacrificio Eucarístico de la Pascua de Cristo para que, por la comunicación entre todos los miembros de Cristo, lo que a unos obtiene ayuda espiritual, a otros les lleve el consuelo de la esperanza». Y en el 382 dice: «En las Misas exequiales hágase habitualmente una breve homilía, excluyendo cualquier género de elogio fúnebre».

Que pena que en algunas Misas de difuntos se encuentra uno con una monición de entrada más larga que la Cuaresma contando las maravillas del difunto y luego el celebrante hace una homilía en la que en lugar de explicar la palabra de Dios aprovecha para explicar que el fallecido está ya en el cielo y lo buenísimo que era... ¿Cómo sabe el celebrante o los familiares que el difunto salió exento del examen en el juicio ante Dios? Y es que, como se eligió a veces la fotografía más tierna y el celebrante pide reunirse con la familia antes... ¡para hablar bonito!

Está claro que, empezando por los celebrantes, los católicos debemos seguir el ritual de exequias, que pide que estas celebraciones cristianas no se conviertan en honras fúnebres, es decir, en una ceremonia para honrar al difunto y recalca que no se asuman elementos extraños a la tradición católica, como querer poner camisetas de clubes deportivos, peluches u otra clase de artilugios que nada tengan que ver con la fe. El ritual de exequias actual, aprobado por la Santa Sede, no contempla la colocación de una fotografía del difunto ni sobre el ataúd, ni cerca de él o junto a las cenizas, aunque sabemos que el Derecho Canónico deja ver que lo que no está prohibido está permitido, así que hay quienes seguirán buscando poner fotografías, aunque en la liturgia que se celebra en la Basílica de San Pedro, que sirve como modelo para la liturgia de toda la Iglesia Católica, no se colocan nunca fotografías de un Papa o de un Cardenal cuando fallece, solo se lleva su féretro.

En la Misa de exequias por uno o varios difuntos, lo que es conveniente, al final de la misma, es hacer un pequeño resumen de la vida de la persona y agradecer en nombre de la familia, la asistencia. Pero yo diría que en una cultura que se rige mucho por imágenes, una cosa es el momento de la Misa de exequias y de cenizas y otra la de novenarios, triduos, aniversarios y demás. Tal vez en la Misa de exequias o de cenizas sea suficiente una fotografía discreta y un pequeño arreglo floral en ese día y nada más junto a la mesa especial que se pone al frente para colocar las cenizas, si eso ayuda a que los familiares cercanos vivan su duelo, aunque sería mejor poner una pequeña vela junto a las cenizas —si es el caso—que ayude a dirigir la mirada hacia el Cirio Pascual.
Hay que tomar en cuenta que a veces—y cada vez es más frecuente—hay varias cenizas en una sola celebración. 

Yo considero que el lugar más idóneo para colocar una fotografía del difunto es la capilla de velación, donde los familiares y amigos del difunto se reúnen para consolar a la familia y estar con el difunto y acompañarlo con la oración, especialmente con el rezo del Santo Rosario suplicando por la intercesión de la Virgen María para que ayude al difunto a llegar al Cielo. En especial creo que el mejor espacio es a la entrada de la capilla ardiente. Este momento es una oportunidad para orar por el difunto y honrar su memoria.

Distinto es el caso de un funeral de una persona que se ha distinguido por su fe profunda, su hacer obras de caridad y es conocida así, por la comunidad, ya sea sacerdote, religioso o laico. Este es el caso de quienes mueren «en olor de santidad» o el de quienes están en proceso de beatificación y canonización y para acrecentar su fama de santidad hay que dar a conocer su imagen.

Esto que comparto, por supuesto, no es un dogma de fe. Yo no soy ningún especialista y de ninguna manera me considero ducho en la materia, pero ante los diversos problemas —pleitos— que se han suscitado por el acomodo de las fotografías, hay que ir a las fuentes que nos iluminen en el ser y quehacer de esto. Bien nos decía un maestro de liturgia en el Seminario en aquellos años, que los padrecitos y la gente terminarían haciendo lo que está de moda. ¡A ver qué sigue!

Padre Alfredo.

martes, 2 de noviembre de 2021

ORACIÓN POR LOS FIELES DIFUNTOS...

Dios de misericordia y amor,
ponemos en tus manos amorosas
a nuestros familiares, amigos y bienhechores
que has llamado de esta vida a tu presencia.
En esta vida les demostraste tu gran amor,
y ahora que ya están libres de toda preocupación
concédeles pasar con seguridad las puertas de la muerte
y gozar de la luz y la paz eterna.
Habiendo terminado su vida terrena recíbelos en el paraíso,
en donde ya no habrá tristeza ni dolor,
sino únicamente felicidad y alegría con Jesús, tu Hijo,
y con el Espíritu Santo, para siempre.
Amén.

sábado, 3 de julio de 2021

EL «CUMPLEAÑOS» ES UNA CELEBRACIÓN PARA LOS VIVOS...


Desde hace tiempo, he empezado a ver en algunos muros de Facebook, en Instagram y en Twitter, que se ha cambiado la conmemoración del nacimiento de una persona muerta por el festejo de su cumpleaños como si estuviera viva y este es un grave error. Nuestros difuntos «ya no cumplen años». El «cumpleaños» es una celebración para los vivos. Hay que tener mucho cuidado con esta práctica que se ha puesto de moda gracias a las redes sociales.

Toda persona fallecida, por ilustre y recordada que sea, cuando se celebra la fecha de su nacimiento, lo que hacemos, generalmente, es conmemorar ese acontecimiento notable acaecido en tal fecha, pero no un «cumpleaños», ya que los fallecidos, desde el momento de su muerte dejan de cumplir años.

No se debe celebrar, de ninguna manera, el cumpleaños de los fallecidos de la misma forma en que lo hacen con las personas que aún están entre nosotros. La fiesta de cumpleaños es una celebración de la vida, pues quien cumple, festeja haber cumplido un año más de vida. Entonces, es obvio que un muerto no puede celebrar cumpleaños, porque ya no acumula años de vida. El cumpleañero festeja haber sumado un año más a su vida y apaga las velitas que son el símbolo del tiempo transcurrido y acumulado. Se le cantan las mañanitas o se entone el feliz cumpleaños en inglés o en el idioma local.

Así que no es lo mismo rendir homenaje a una figura histórica en el día de su nacimiento o a algún familiar y amigo muy queridos, que celebrarle su «cumpleaños». ¡En el cielo no hay celebración de cumpleaños! Así que es una violación de la lógica más elemental desearle a alguien muerto que tenga en su tumba o en su nicho un ¡Feliz cumpleaños!

Tener un recuerdo especial de nuestros difuntos el día que cumplían cumpleaños es algo muy digno y loable. Incluso el celebrar una Misa o hacer un Rosario con un recuerdo especial por su eterno descanso, recordando que ese día «era» su cumpleaños.

Recordar el día de la muerte de la persona y celebrar una Misa por cada aniversario, es la práctica más común, sabiendo además que cada día en la celebración de la Eucaristía se hace memoria de los «hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección y todos los que han muerto en tu misericordia» porque la Eucaristía sigue siendo el vínculo permanente con ellos.

Padre Alfredo.

jueves, 20 de octubre de 2016

«DALES SEÑOR, EL DESCANSO ETERNO»... Novena por nuestros fieles difuntos*


PRIMER DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Mt 26, 36- 45

"Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: «Mi alma esta triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: « ¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»  Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar»". Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


SEGUNDO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Sab 2, 21 – 24.31
     
"Así discurren los malos, pero se equivocan, los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad, ni creen en el premio de las almas intachables. Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen. En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno". Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


TERCER DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Rom 5, 12 – 17

"Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley; con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos ¡Cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos! Y no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, más la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación. En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo!" Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


CUARTO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Jn 11, 17 – 27

"Cuando llegó Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá» Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará» Le respondió Marta: «Yo sé que resucitará en la resurrección, el último día.» Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.»" Palabra de Dios

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


QUINTO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Ef 2, 1 – 6

"Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes… entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo en medio de las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo las apetencias de la carne y de los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera… Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados— y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús." Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


SEXTO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

 Lectura bíblica: 1 Cor 15, 12 – 22

"Ahora bien, si se predica que Cristo a resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también nuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados. Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de todos los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo." Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


SÉPTIMO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

 Lectura bíblica: Jn 5, 21 – 29

"Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. En verdad en verdad os digo: llega la hora (y ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estéis en los sepulcros oirán su voz 2y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio." Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


OCTAVO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: 2 Corintios 5, 1-5

"Nosotros somos como una casa terrenal, como una tienda de campaña no permanente; pero sabemos que si esta tienda se destruye, Dios nos tiene preparada en el cielo una casa eterna, que no ha sido hecha por manos humanas. Por eso suspiramos mientras vivimos en esta casa actual, pues quisiéramos mudarnos ya a nuestra casa celestial; así, aunque seamos despojados de este vestido, no quedaremos desnudos. Mientras vivimos en esta tienda suspiramos afligidos, pues no quisiéramos ser despojados, sino más bien ser revestidos de tal modo que lo mortal quede absorbido por la nueva vida. Y Dios es quien nos ha impulsado a esto, pues nos ha dado el Espíritu Santo como garantía de lo que hemos de recibir." Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.


NOVENO DÍA

ORACIONES INICIALES PARA CADA DÍA:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón el haber ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oh Adorable Corazón de Jesús, por los dolores que sufriste pendiendo en la cruz, por tus cinco llagas y tu costado herido, por lo latigazos recibidos y por tu preciosísima sangre derramada para nuestra salvación, te suplicamos que purifiques y redimas el alma de tu siervos y hermanos nuestros a quienes ya has llamado de este mundo.

Dales la vida eterna y concédeles el descanso eterno que solo obtenemos al estar a tu lado. Dales la eterna luz para que gocen en el cielo de la gloria de tus santos. Otórgales, Señor, tu divina protección.
Consuélanos a quienes sentimos su muerte y haz que llegue a nosotros siempre la resignación cristiana. Que aceptemos el estado de la muerte como un paso transitorio y obligado hacia la vida verdadera que se obtiene estando a tu lado.

Todo esto te lo pedimos por el purísimo Corazón de María, nuestra augusta Madre y por la intención de tu padre punitivo San José, quien compartió su vida con la Tuya y a quien luego despediste de este mundo terrenal. Amen

Señor y Dios nuestro, concede a nuestros hermanos difuntos el perdón de sus pecados y dales el descanso eterno. Amén.

Lectura bíblica: Ap 21, 2 – 7

"Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morado de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado. Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago un mundo nuevo.» Y añadió: «Escribe: Estás son palabras ciertas y verdaderas.» Me dijo también: «Hecho está, yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la vida gratis. Está será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí". Palabra de Dios.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA:

Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y luzca para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.

*Esta novena ha sido elaborada para orar por nuestros difuntos y puede ser adaptada para rezarla por una sola persona y en cualquier época del año. 

Alfredo Delgado Rangel.