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sábado, 18 de julio de 2026

«Hora Santa para pedir perdón y preprarse a la reconciliación»... HORA SANTA 45


Monitor:
Bienvenidos queridos hermanos y amigos. Nos reunimos en oración, porque queremos adorar en esta Hora Santa a Jesús Sacramentado. Él desea inmensamente estar a nuestro lado y por eso nos invita a orar como sus discípulos-misioneros. Nuestro alimento en este espacio de tiempo será estar con Él en el Sacramento Eucarístico y escucharle en su Palabra, para ir, después, al encuentro de los hermanos más alejados. Nos ponemos de rodillas para entonar el canto y recibir a Jesús que llega en la Eucaristía.

CANTO
«ALTÍSIMO SEÑOR»

Altísimo Señor, 
que supiste juntar
a un tiempo en el altar,
ser cordero y pastor
Quisiera con fervor, 
amar y recibir
a quien por mí 
quiso morir.

Cordero divinal 
por nuestro sumo bien,
inmolado en Salén, 
en tu puro raudal
de gracias celestial, 
lava mi corazón,
que el fiel te rinde 
adoración.

Suavísimo maná, 
que sabe a dulce miel,
ven y del mundo vil 
nada me gustará.
Ven y se trocará 
del destierro cruel
con tu dulzura 
la amarga hiel.

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: Jesús Eucaristía, queremos pasar esta Hora contigo, para consolarte, y para hacer alguna reparación por medio del amor de nuestro pobre corazón, por la agonía que sufriste en Gethsemaní. 

Lector 2: En aquella hora solitaria fuiste abandonado, y las criaturas que Tú creaste para amarte, no te amaron. El peso de todos nuestros pecados recayó sobre Ti, y el de los míos también.

Lector 1: Por el dolor que te causamos entonces con nuestros pecados, queremos esforzarnos en satisfacerte con nuestro amor. Fortalece Jesús mío nuestro débil corazón, para que aunque sea en pequeña medida, te de consolación.

Lector 2: Sagrado Corazón de Jesús, fortalecido en tu agonía por un Ángel, confórtanos en estos momentos en los que reconocemos que somos pecadores y que siempre estamos necesitados de ti.

Momentos de silencio para adoración.

Si está presente un diácono o un sacerdote, hace esta pequeña lectura. Si no, la lee alguien más: 

Del Evangelio según San Lucas (Lucas 22, 39-44): 
«En aquel tiempo salió Jesús y, según su costumbre, se fue al Monte de los Olivos; y los discípulos lo siguieron. Al llegar al lugar, les dijo: “Oren, para que no caigan en tentación”... En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre. Palabra del Señor. 

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: A cada petición vamos a responder: Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.

Por los que no quieren salir de sus pecados y más bien perseveran en ellos. R/
Por los incrédulos que dudan de la presencia real de Jesucristo en este adorable Sacramento. R/
Por los que desprecian tu presencia amado Jesús en el Santísimo Sacramento. R/
Por los que te profanan Jesús en tu presencia real en cuerpo, sangre, alma y divinidad. R/
Por los que ultrajan las Hostias Consagradas. R/
Por los que te reciben sin contrición, sin deseo de corregirse. R/
Por los irrespetuosos ante tu presencia real. R/
Por los soberbios que se creen merecedores de tan Altísimo Sacramento. R/
Por los desconfiados de las gracias y dones de Jesús en su presencia en la Eucaristía. R/
Por los que le son indiferentes ante su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad presente en todos los Sagrarios del mundo. R/
Por los que se presentan con fastidio ante El, Jesús Eucaristía. R/
Por los que prefieren divagar durante la Santa Misa, y en la adoración frente a el Santísimo Sacramento. R/
Por los que hablan, se duermen u ocupan ese tiempo sagrado en cosas terrenas. R/
Por los que no se reverencian, o lo hacen sin amor ante Su presencia Eucarística. R/
Por los que no se arrodillan en los momentos más sagrados en la Santa Misa, así como al entrar y salir del templo de Dios. R/

CANTO
«HASTA LA LOCURA»

Me puede faltar todo en la vida, me puede faltar hasta la vida
Pero nunca quiero que me falte, el deseo de amarte hasta el final.
Quiero amarte hasta el extremo, sin reservas darme por entero
Como los que se han enamorado, yo te canto mi amado, hasta el final.

Hasta la locura te amo, Señor
Ya no quedan dudas en mi corazón
De que te amo, de que te amo, Señor (bis).

Tú eres todo lo que tengo, todo lo que sueño y cuanto pienso
Y mi corazón te lo he entregado, desde siempre mi amado, hasta el final.

Hasta la locura (…)

Momentos de silencio para adoración.

Lector 1: Señor nuestro Jesucristo, nos acercamos a tu altar llenos de arrepentimiento por nuestros pecados, pero también llenos de confianza porque estamos seguros de tu misericordia.

Lector 2: Tenemos conciencia de que nuestros pecados son muchos y de que no hemos sabido dominar nuestros corazones y nuestras lenguas. Por eso, Señor de bondad y de poder, con nuestras miserias y temores nos acercamos a Ti. 

Lector 1: Fuente de misericordia y perdón, venimos a refugiarnos en Ti que has dado la vida por salvarnos, antes de que llegues como juez compasivo, pero justo, como debe ser, a pedirnos cuentas.

Lector 2: Señor, a pesar de todo no nos da vergüenza descubrirte a Ti nuestras llagas. Nos dan miedo estos pecados, cuyo número y magnitud solo Tú conoces, pero confiamos en tu infinita misericordia.

Lector 1: Señor nuestro Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, míranos con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchanos, pues espero en Ti. Ten compasión de nuestros pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Lector 2: Te adoramos, Señor, porque diste tu vida en la cruz y te ofreciste en ella como redentor por todos los hombres y mujeres del mundo, de todo tiempo y lugar.

Lector 1: Adoramos Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados. Mira, Señor, a estos pobres pecadores, creados y redimidos por Ti. nos arrepientimos de nuestros pecados y proponemos corregir sus consecuencias.

Lector 2: Purifícanos de todas nuestras maldades para que podamos recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre nos ayuden Señor, a obtener de Ti el perdón de nuestros pecados , buscando el sacramento de la reconciliación y la satisfacción de nuestras culpas; nos libren de nuestros malos pensamientos, renueven en nosotros los sentimientos santos, nos impulsen a cumplir tu voluntad y nos protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén.

CANTO
«MORA EN MÍ, AMADO MÍO».

Mora en mí amado mío,
come mi pan, sacia tu sed.
Mi fuente en Ti se torna en río,
lo que tengo, lo que soy, a todos doy.

Te doy mi amor, te doy mi tiempo,
sin titubear confía en mí.       
Vive en mi amor, vive en mi huerto; 
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

Cristo en amor tan generoso
desde la cruz lección nos dio.   
Como amo yo, amen con gozo,
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

En el amor fraterno unidos  
con Cristo en Santa Comunión.  
Moren en mí como en un nido,  
lo que tengo, lo que soy, a todos doy. 

Momentos de silencio para adoración.

CANTO PARA RECIBIR LA BENDICIÓN:
«¡OH, BUEN JESÚS!»

¡Oh, buen Jesús!  
Yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu cuerpo y sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar,
al alma fiel en celestial manjar (2 veces).

Dulce maná y celestial comida,
gozo y salud de quien te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi Luz, mi Vida,
Desciende a mí, hasta mi pecho ven. (bis)

¡Oh buen Pastor! amable y fino amante,
mi corazón se abraza en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que constante,

he de vivir tan solo de tu amor (bis).

Espero en ti piadoso Jesús mío,
oigo tu voz que dice: ven a mí
por que eres fiel, por eso en ti confío,

todo, Señor, espérolo de ti (bis).

(Si el ministro es sacerdote o diácono, hará las oraciones y dará la bendición, de otra manera, se hacen las oraciones correspondientes y se reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario).

Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

BENDICIÓN

Últimas oraciones:

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el Santo Nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la gran Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa Asunción
Bendito sea el nombre de María: Virgen y Madre
Bendito sea san José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO FINAL PARA LA RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO:
«VASO NUEVO»

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti Señor,
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser, Señor amado,
como el barro en manos del alfarero,
toma mi vida hazla de nuevo,
yo quiero ser un vaso nuevo.

Te conocí y te amé,
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname Señor

pues te amo y nunca te olvidaré.
























viernes, 26 de junio de 2026

«RENOVAR EL DESEO DE SEGUIR A JESÚS»... HORA SANTA 44.


Monitor:
La exposición solemne de la Sagrada Eucaristía nos ofrece la oportunidad de reflexionar en oración sobre el llamado de Jesús a seguirle en una vida más fiel re-estrenando el «sí». Este momento de oración nos brinda la oportunidad de ser más conscientes de la presencia de Cristo en medio de su pueblo y nos invita a una comunión espiritual con Él. 

Se hace la exposición del Santísimo de la forma tradicional.

CANTO INICIAL:
«ESTÁS AQUÍ»

Estás aquí, aunque no te pueda ver, 
pues escondes tu gloria y majestad. 
Estás aquí, revestido solamente del amor, 
bajo la forma de un pan. 

Con sencillez, te me vienes a entregar 
y en mi interior, vas haciendo maravillas, 
corazón con corazón, en profunda comunión, 
me haces templo de la Santa Trinidad (2). 

Ven y cena conmigo, ven y mora en mi hogar, 
ven y nunca me dejes, pues sin ti me moriría, 
me haz herido con tu amor, ven y mora en mi interior, 
de ti quiero comulgar señor (2) .


Presidente: Dios mío, yo creo, espero, adoro y te amo. 
Todos: Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, no te adoran, y no te aman. 
(3 veces)

Lector: (Si está presente un sacerdote o un diácono, a ellos corresponde hacer esta lectura)

Del Evangelio según san Marcos (1, 14-20). 
Después de que Juan fue entregado, Jesús marchó a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: Decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, lanzando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. Ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre en la barca con los jornaleros, se fueron tras él».

Momentos de silencio.

Lector 1: El Evangelio que hemos escuchado nos presenta la vocación de los primeros cuatro apóstoles. En esta Hora Santa, este texto se convierte para nosotros en una llamada a reflexionar sobre nuestra propia vocación a la imitación de Cristo. ¿Cómo hemos vivido el «sí» que le dimos al Señor cuando nos invitó a seguirlo?
 
Lector 2: La vocación de los apóstoles nos muestra tres elementos: Primero la llamada por Jesús: «vengan conmigo». Después la respuesta de los llamados: «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.» Por
último, la misión para la que son llamados: «yo los haré pescadores de hombres».
 
Lector 1: Toda vocación es iniciativa de Dios, es elección por gracia, porque Dios elige a los que
Él quiere. Él, como a aquellos primeros seguidores, nos llamó a nosotros también y, respondiendo a su llamada, hemos ido detrás de él en una vocación específica.

Lector 2: Somos conscientes de que esa llamada personal no se dirigió solamente al grupo inicial de los apóstoles y los discípulos, o al círculo más amplio de los primeros hombres y mujeres que interactuaron con Cristo para establecer el reino de Dios. La llamada se dirige también a cada uno de nosotros, sea hombre o mujer, sacerdote, consagrado o laico.

Lector 1: En nuestro bautismo fuimos llamados a la imitación de Cristo como sacerdotes, profetas y reyes. Y desde entonces, Dios repite y renueva su llamada muchas veces y de muchas maneras. Hoy, a través de este Evangelio, Dios nos hace conscientes de que vuelve a dirigir su llamada a cada uno de nosotros esperando que reestrenemos nuestra respuesta. 

Lector 2: Dios espera de cada uno de nosotros una respuesta renovada. Por eso hay que preguntarnos: ¿Estamos nosotros siempre abiertos y atentos para sus llamadas, para sus inspiraciones y exigencias? Cada día, de nuevo, tenemos que dar nuestra respuesta a la llamada de Dios, aun cuando no la entendamos, aun
cuando nos cueste aceptarla. 
 
Momentos de silencio.

CANTO.
«SEÑOR A QUIÉN IREMOS»

SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?
TU TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.

Soy el pan que os da la vida eterna,
el que viene a mi no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed,
así ha hablado Jesús.

No busquéis el alimento que perece,
sino aquel que perdura eternamente;
el que ofrece el hijo del hombre,
que el Padre os ha enviado.

Pues si yo he bajado del cielo,
no es para hacer mi voluntad,
sino la voluntad de mi Padre,
que es dar al mundo la vida.

El que viene al banquete de mi cuerpo,
en mí vive y yo vivo en él;
brotará en él la vida eterna,
y yo lo resucitaré.

Lector 1:  Señor y Amigo, Jesús adorable en la Hosta Santa: he aquí a tus hermanos, que te buscan...; tus íntimos, que te llaman con insistencia en tu custodia, Te ruegan, pues, que les permitas hablar contigo más ampliamente, como debes haber hablado con aquellos primeros seguidores.

Lector 2: Mira que somos nosotros también hijos de María tu Madre santísima; somos, pues, tus hermanos pequeñitos, los colmados de tus gracias, los cercanos, los que como aquellos discípulos caminamos junto a Ti.

Lector 1: Recuerda, ¡oh Rey de amor!, que según tus propios designios, es ésta la hora de gracia por excelencia, ya que en ella ofreciste confiar tus secretos, en retorno de las confidencias de tus consoladores y amigos...; confidencias recíprocas que labrarán la eterna intimidad entre tu Corazón y los nuestros. Ayúdanos a renovar el deseo de seguirte.

Momentos de silencio.

Celebrante: Dios escoge aquellos a quienes Él quiere, oremos al Señor para que envíe trabajadores a sus campos:

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Abraham para ser padre de muchas naciones, inspira a muchos jóvenes a responder a tu llamada.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Moisés, tendiendo las multitudes de Jetro, proporciona pastores dignos a tu pueblo en nuestro día.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Tú llamaste a Aarón para servirte en tu templo, llama a los hombres para que sirvan a tu Iglesia en la imagen de Cristo.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como hablaste para despertar a Samuel con tu llamada, abre los oídos de tus elegidos.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como cada Sumo Sacerdote fue elegido entre los hombres, así llama a los hombres para ofrecer el santo y vivo sacrificio.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como Eliseo fue ungido por el profeta Elías, dales a los que llamas fuerza para seguirte sin voltear atrás.

Todos: Señor, confiamos en ti.

Lector 1: Tal como llamaste a los Apóstoles para ser embajadores de Cristo, así envíanos predicadores fervientes para fortificar nuestros espíritus.

Todos: Señor, confiamos en ti.



CANTO.
«EL SEÑOR ES MI FUERZA».

El Señor es mi fuerza,
mi roca y salvación. (bis)

1. Tú me guías por sendas de justicia, me enseñas la verdad.
Tú me das el valor para la lucha, sin miedo avanzaré

2. Iluminas las sombras de mi vida, al mundo das la luz.
Aunque pase por valles de tinieblas, yo nunca temeré.

3. Yo confío el destino de mi vida, al Dios de mi salud.
A los pobres enseñas el camino, su escudo eres Tú.

4. El Señor es la fuerza de su pueblo, su gran libertador.
Tú le haces vivir en confianza, seguro en tu poder.

Monitor: Preparémonos a recibir la bendición del Señor.
(En este momento nos ponemos todos de rodillas para recibir la bendición con el Santísimo Sacramento).

Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

(Si está presente un sacerdote, éste dará la bendición del forma acostumbrada).

Ultimas oraciones:

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el Santo Nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la gran Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa Asunción
Bendito sea el nombre de María: Virgen y Madre
Bendito sea san José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO FINAL.
«EL ALFARERO».

1. Gracias quiero darte por amarme
gracias quiero darte yo a ti señor
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mi también

Yo quiero ser señor amado
como el barro en manos del alfarero
toma mi vida hazla de nuevo
yo quiero ser un vaso nuevo

2. Te conocí y te amé
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname señor
pues te amo y nunca te olvidare

3. Yo quiero ser señor amado
como el barro en manos del alfarero
toma mi vida hazla de nuevo
yo quiero ser un vaso nuevo

sábado, 5 de septiembre de 2020

«EN TIEMPOS DE ADVERSIDAD»... Hora Santa 42


Monitor: Hoy queremos estar con Jesús Eucaristía. Permanecer con Él, porque Cristo permanece, y su palabra permanece, y su entrega permanece. Estamos aquí para abrirle nuestro corazón en un espacio de tiempo que no sea de hablar mucho, sino de escuchar, aunque solo sean los latidos de Dios. Su presencia es gracia, regalo, fuerza y consuelo para nosotros en estos momentos de dolor y adversidad. Nos preparamos a recibir a Jesús Eucaristía.

Canto de entrada:
«A TÍ LEVANTO MIS OJOS»

A ti, levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo; 
a ti levanto mis ojos, porque espero tu misericordia.

1. Como están los ojos de los esclavos, 
fijos en las manos de sus señores, 
así están nuestros ojos en el Señor, 
esperando su misericordia.

2. Como están los ojos de la esclava, 
fijos en las manos de su señora, 
así están nuestros ojos en el Señor 
esperando su misericordia.

3. Misericordia, Señor, Misericordia, 
que estamos saciados de burlas, 
misericordia, Señor, misericordia 
que estamos saciados de desprecios.

4. Nuestra alma está saciada, 
del sarcasmo de los satisfechos, 
nuestra alma está saciada, 
del desprecio de los orgullosos.

Se hace la exposición del Santísimo como de costumbre.

Ministro:  Adoremos y demos gracias en cada instante y momento,
Todos: al Santísimo Sacramento.

Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

Se hace ahora la siguiente jaculatoria y se repite tres veces:

Ministro: ¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo!
Todos: ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman!

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Escuchemos ahora una lectura de la palabra de Dios:

Lector: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):
   
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; hagan esto cada vez que lo beban, en memoria mía». Por eso, cada vez que comen de este pan y beben del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios

Monitor: Recordando que solo los limpios de corazón verán a Dios, pidamos la pureza de nuestro corazón para hacernos verdaderos orantes meditando la palabra de Dios que hemos escuchado. Es Dios mismo quien está oculto en esta Hostia Consagrada, pero él es real. Recordemos cómo santa Teresa de Ávila nos dice que orar es «tratar de amistad con quien sabemos que nos ama». Dediquemos unos momentos a dar gracias al Señor por su presencia, su pasión y su amor en­tregado en la Eucaristía.

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Dando gracias a Dios porque nos sentimos amados por él, y este amor nos salva, pongámonos en sintonía con Jesús Eucaristía para que se sirva de nosotros como pequeños instrumentos.

Canto para meditar:
«HAZME UN INSTRUMENTO DE TU PAZ».

Hazme un instrumento de tu paz,
donde haya odio, lleve yo tu amor,
donde haya injuria, tu perdón, Señor,
donde haya duda, fe en Ti.

Hazme un instrumento de tu paz,
que lleve tu esperanza por doquier
donde haya oscuridad, lleve tu luz,
donde haya pena, tu gozo, Señor.

Maestro, ayúdame a nunca buscar
el ser consolado sino consolar
ser entendido sino entender
ser amado sino yo amar.

Hazme un instrumento de tu paz
Es perdonando que nos das perdón,
Es dando a todos que Tú nos das
Muriendo es que volvemos a nacer

Maestro, ayúdame a nunca buscar...

Momentos de silencio para meditar.

Enseguida, si está presente un sacerdote o un diácono, hace la lectura del Evangelio, en su defecto la hace un lector:

Del Evangelio según san Juan (15,9-10.12-13.17)   
   
Como el Padre me amó, yo también les he amado a ustedes; per­manezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, perma­necerán en mi amor… Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos…. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros. Palabra del Señor

Monitor: Somos amados, muy amados en Cristo. El origen de tanto amor está en el Padre. Cristo prolonga este amor y llega a nosotros de manera asombrosa, visible y palpable. Este amor es definitivo, eterno, por eso Jesús nos pide permanencia… Permanezcan en mi amor. El amor verdadero siempre es fiel, hasta la muerte… Que se amen como yo les he amado…


Canto para meditar:
«DONDE HAY CARIDAD Y AMOR»

DONDE HAY CARIDAD Y AMOR, ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR,
ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR.

1. Una sala y una mesa, una copa, vino y pan,
los hermanos compartiendo en amor y en unidad.
Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor,
celebramos su memoria y la entrega de su amor.

2. Invitados a la mesa del banquete del Señor,
recordamos su mandato de vivir en el amor.
Comulgamos en el Cuerpo y en la Sangre que él nos da,
y también en el hermano, si lo amamos de verdad.

3. Este pan que da la vida y este cáliz de salud
nos reúne a los hermanos en el nombre de Jesús.
Anunciamos su memoria, celebramos su pasión,
el misterio de su muerte y de su resurrección.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: Señor, enséñanos a amar como tú, con la misma generosidad e intensidad. Enséñanos a perdonar como tú, enséñanos a curar como tú, enséñanos a servir como tú,

Lector 2: Señor, enséñanos a sufrir como tú, enséñanos a orar como tú, enséñanos a compadecer como tú, enséñanos a compartir como tú.

Lector 1: Enséñame a despojarme como tú,
enséñame a vivir como tú,
enséñame a dar la vida como tú.

Canto para meditar:
«Te entrego»

Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.
Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.

Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús.
Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús, me entrego.

Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.

Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo,
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
a ti Señor Jesús.
Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús, me entrego

Tú eres el tesoro más valioso,
por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti.
Y es que tú eres el tesoro más valioso
Por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti
Tú eres el tesoro más valioso
Por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti
Te entrego
Todo lo que soy todo lo que tengo
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
A ti Señor Jesús
Te entrego
Todo lo que soy todo lo que tengo
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
A ti Señor Jesús

Lector 1: ¡Señor y Dios mío, seas siempre bendito y alabado, Jesús Sacramentado! ¡Oh Jesús!, que no contento con morir crucificado después de haber sufrido la más cruel de las pasiones por amor a nosotros los hombres pecadores, has querido permanecer siempre cerca y voluntariamente en el Santísimo Sacramento. Mil gracias Señor, venimos a ti y nos acercamos como hijos al hogar.
Hemos venido a exponerte nuestros quebrantos, miserias, infortunios, necesidades, como los que se confían al mejor de los amigos. Tú nos miras y estás presto a consolarnos. Como lo hiciste en tu vida terrenal sobre tantos que imploran tu clemencia, tiende ahora tu santa mano para alejar de nosotros, las intranquilidades que nos mantienen en zozobra. Eres todopoderoso. Nada se oculta a tus ojos.
Lees en el fondo de nuestras almas nuestras penas y alegrías, sabes todo cuanto queremos y cuanto necesitamos. 

Lector 2: Señor ten piedad de nosotros, apacigua a tus ovejas y calma las tempestades de nuestras almas. Tú que a tu paso por el mundo fuiste alivio, remedio y auxilio, no nos abandones. Sigue derramando sobre los necesitados el copioso raudal de tus bendiciones.  Indignos somos de pedirte nada Señor, pero por grande que sea nuestra indignidad, mayor es tu clemencia y misericordia. Por eso nos acojemos con amplia confianza en tu regazo. No en vano eres el más abnegado de todos; no nos rechaces si hemos tardado en llegar a Ti, acógenos bondadoso. Danos tu gracia para apartarnos del pecado; tenemos los mejores propósitos de una vida nueva, pero somos muy frágiles, nada podremos sin Ti. Robustece nuestra fe, arranca la cimiente del mal. Queremos ser un vaso nuevo, sinceramente deseamos dejar los malos hábitos que nos hacen esclavos de las pasiones. Sé tu Señor, el que rompa esas cadenas que atan nuestras almas que te pertenecen.

Lector 1: Jesús Eucaristía, escúchanos, no desoigas nuestros clamores, envía tu piadosa mirada sobre nuestros hogares, nuestras familias, nuestros vecinos, nuestro prójimo y el mundo entero; consérvanos la salud del cuerpo y especialmente del alma. Ampara a todos los que hubieran hecho daño, para alcanzar así el perdón, que Tú Señor guardas para todos nosotros. Tú que nos enseñaste a ganar el pan de cada día con el sudor de nuestra frente, procúranos el trabajo honrado con el que podamos ganar el sustento de los que tu voluntad ha confiado a nuestro cuidado. Que en nuestros hogares reine la paz, la tranquilidad y el bienestar bajo tu sombra. Bendice todo cuanto pensamos y realizamos. Afirma cada día la fe que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Infunde en nosotros el amor al prójimo; préstanos los medios para socorrerles.

Lector 2: Cuando fuere necesario, alcánzanos conformidad y resignación en la adversidad, fortalece nuestro espíritu, danos serenidad y entereza, la paciencia para sobreponernos a las contrariedades que en el diario vivir se puedan presentar. Ilumínanos para tomar las decisiones apropiadas en nuestros momentos de vacilación. Auxilianos, haz que nuestras determinaciones sean bajo tu voluntad y no la nuestra. Haznos humildes Señor como lo eres Tú. Guía y protege a los niños, jóvenes y religiosos; hazlos santos para que puedan humildemente caminar firmes en la fe, llevando tu palabra de esperanza y caridad, amándonos los unos a los otros como tú nos amas. Amén

Canto para meditar:
«SI YO NO TENGO AMOR»

SI YO NO TENGO AMOR,
YO NADA SOY SEÑOR.
SI YO NO TENGO AMOR,
YO NADA SOY SEÑOR.

1. El amor es comprensivo, 
el amor es servicial,
el amor no tiene envidia,
el amor no busca el mal.

2. El amor nunca se irrita,
el amor no es descortés,
el amor no es egoísta,
el amor nunca es doblez.

3. El amor disculpa todo,
el amor es caridad,
no se alegra de lo injusto,
sólo goza en la verdad.

4. El amor soporta todo,
el amor todo lo cree,
el amor todo lo espera,
el amor es siempre fiel.

5. Nuestra fe, nuestra esperanza,
junto a Dios terminarán;
el amor es algo eterno,
nunca, nunca pasará.

Lector 1: A los que han muerto, a los agonizantes y a los enfermos, dales, Señor, el consuelo y la esperanza.

Lector 2: Haz, Señor, que sepamos estar cerca de los que se sienten solos y están desconsolados, siendo para ellos como ángeles de consuelo.

Lector 1: Gracias, Señor, a cuantos trabajan en el campo de la sanidad, a las fuerzas de seguridad y a cuantos trabajan en los diferentes servicios, y bendícelos y protégelos con tu amor.

Lector 2: Ante ti ponemos, Señor, todo el sufrimiento humano. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Canto para la reserva del Santísimo:
«Cantemos al Amor de los amores».

Cantemos al Amor de los Amores, cantemos al Señor,
Dios está aquí, ¡venid adoradores, adoremos, a Cristo Redentor!

¡Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor
honor y gloria a Ti, rey de la gloria amor por siempre a Ti Dios del Amor!

Oremos: Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.

Si está presente el sacerdote o el diácono imparte la bendición con el Santísimo, de lo contrario se hace la reserva.

Ultimas oraciones: (Letanías).

Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre, bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, bendito sea el santo nombre de Jesús, bendito sea su sacratísimo corazón, bendita sea su preciosísima sangre, bendito sea Jesucristo en el santísimo sacramento del altar, bendito sea el Espíritu Santo consolador, bendita sea la gran madre de Dios María Santísima, bendita sea su santa e inmaculada concepción, bendita sea su gloriosa asunción, bendito sea el nombre de María Virgen y Madre, bendito sea san José su castísimo esposo, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

Canto Final:
«EL SILENCIO ESTÁ CANTANDO».

El silencio está cantando
una canción de amor y paz
el silencio está rezando
una oración por los demás.

MUCHA GENTE VIVE SIN AMOR
VIVE EN SOLEDAD; MAS AQUI
EN LA CASA DEL SEÑOR
SOLEDAD NO EXISTE, NO
SOLEDAD NO EXISTE NO.

El silencio está gritando
pidiendo paz, diciendo amor
el silencio sigue hablando
pon tu esperanza en el señor.

viernes, 17 de abril de 2020

«OREMOS POR EL PAPA»... HORA SANTA 41


Monición de entrada:

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre, rostro de Dios que se hace Eucaristía por y para nosotros. Al acudir a adorar a Jesús Sacramentado experimentamos la infinitud de su misericordia: él es la puerta de salvación para llegar al Padre cuya  encomienda se ha quedado plasmada en la persona del Papa. Asistido por el Espíritu Santo, el Vicario de Cristo ilumina y acompaña a la Iglesia en todas las puertas de la vida. Todos debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si escuchamos su tono de voz, unidos al Santo Padre, su vicario en la tierra, estamos seguros, estamos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. En esta Hora Santa, Jesús, presente en la Eucaristía, nos recibe, nos abre las compuertas de su costado, nos perdona, nos fortalece, nos anima, nos habla y nos escucha. Él nos acoge en sí mismo como familia de fe, como Iglesia unida al Papa por quien ofrecemos estos momentos de adoración. Nos ponemos de pie.

Canto de entrada:
«Iglesia peregrina»

Todos unidos formando un solo cuerpo,
un pueblo que en la Pascua nació.
Miembros de Cristo, en sangre redimidos, 
¡Iglesia peregrina de Dios!
Vive en nosotros la fuerza del Espíritu 
que el Hijo desde el Padre envió. 
El nos empuja, nos guía y alimenta 
¡Iglesia peregrina de Dios!

Somos en la tierra semilla de otro reino, 
somos testimonio de amor. 
Paz para las guerras y luz entre las sombras 
Iglesia peregrina de Dios.

Todos nacidos en un solo Bautismo, 
unidos en la misma Comunión, 
todos viviendo en una misma casa, 
¡Iglesia peregrina de Dios!
Todos prendidos de una misma suerte,
ligados a la misma salvación. 
Somos un cuerpo, y Cristo la Cabeza, 
¡Iglesia peregrina de Dios!

Ministro: Adoremos y demos gracias en cada momento 
Todos: al Santísimo Sacramento 

Padre Nuestro... 
Ave María...
Gloria...
(Esto se repite tres veces)

Ministro: Reconociendo a Jesús cuyo corazón abierto es la puerta del cielo, decimos:
Todos: SEÑOR MI DIOS, YO CREO, ADORO, ESPERO Y TE AMO. TE PIDO PERDÓN POR LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN (3 veces).

(Momento de silencio para meditar)

Lectura del Evangelio:
(Si está presente un diácono o un sacerdote a ellos les toca hacer esta lectura)

Del Evangelio según san Mateo:                                                                               (Mt 16,13-19).

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Él les dijo: «Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Palabra del Señor.

(Momentos de silencio para meditar la palabra de Dios)

Canto para meditar:
«Simón, Pedro, hijo de Juan»*

Simón Pedro, hijo de Juan,
dime si me amas más que estos,
dime si me amas más que estos,
Simón Pedro, hijo de Juan.
Señor, tú bien sabes que te quiero,
entonces apacienta mis ovejas,
entonces apacienta mis ovejas,
Simón Pedro, hijo de Juan.

Pregunta Jesús otra vez,
Simón Pedro, dime si me amas
Simón Pedro, dime si me amas,
respóndelo y dímelo otra vez.
Señor tu bien sabes que te quiero,
entonces apacienta mis ovejas,
entonces apacienta mis ovejas,
Simón Pedro, Hijo de Juan.

Pregunta por tercera vez,
Simón Pedro dime si me amas,
Simón Pedro dime si me amas,
y no te pongas triste hijo de Juan.
Señor tú bien sabes que te quiero,
entonces apacienta mis corderos,
entonces apacienta mis corderos,
Simón Pedro Hijo de Juan.

Simón en verdad te digo,
cuando eras más joven te ceñías,
e ibas a donde tu querías,
más cuando seas viejo no lo harás.
Sígueme, tú Pedro sígueme,
y glorifica a tu Dios,
sígueme, tú Pedro sígueme,
y glorifícalo en la cruz.

* En caso de no saber el canto se lee el texto de Jn 21,15-17.

(Momentos de silencio para meditar)

Lector 1: La voluntad divina, expresada en Cristo de constituir un Pueblo nuevo, una Iglesia instrumento para la realización del Reino de Dios, contará, porque el Señor así lo quiso, para ejercer su ministerio de salvación hasta el final de los tiempos, con un vicario de Cristo que esté al frente de su familia en la fe. Pedro será la roca contra la que se estrellarán las asechanzas del enemigo, y par eso contará con unos poderes y facultades muy superiores a la capacidad de cualquier hombre y de cualquier sociedad: perdonar, regir, enseñar también con infalibilidad si conviene, aglutinar en la unidad a la convocación de los elegidos.

Lector 2: El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 552 nos dice que en el colegio de los doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Entonces Nuestro Señor le declaró: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). Cristo, «Piedra viva» (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

Lector 1: Jesús, a quien ahora contemplamos vivo y radiante en esta Custodia Santa, declara que fundará un nuevo Pueblo de Dios, una Iglesia, un pueblo convocado para dar culto a Dios, y, en esa Iglesia, Pedro será piedra fundamental para la construcción y edificación constante de la misma. A partir de aquel momento, en la historia de la Iglesia, dentro de la historia de salvación, no se entenderá a Pedro sin la Iglesia, ni a la Iglesia sin Pedro.

Lector 2: El Catecismo también nos dice, en el número 881, que el Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). «Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

Lector 1: El texto de Jn 21, 15-17, que hemos escuchado —en forma de canto—, es la realización del primado anunciado y prometido a Pedro en Mt 16, 17. Pedro es constituido como el Pastor único de la grey de Cristo: «Apacienta mis ovejas», «apacienta mis corderos». 

Lector 2: El evangelista san Juan nos describe como Jesús, después de su resurrección, se aparece a sus discípulos y le exige a Pedro una triple confesión de su amor (Jn 21, 15-17). Aquí Pedro, en reparación de su triple negación, da al Señor una triple confesión de su amor. Entonces Cristo, el Buen Pastor (Jn 10, 11. 14) le da a Pedro plena autoridad y responsabilidad sobre su rebaño. Apacentar significa enseñar, gobernar. Y la triple exigencia de confesión muestra la solemnidad del encargo. 

Lector 1: Según Ef 4, 11 Cristo también concedió a otros la misión de ser pastores, pero en Pedro la misión no recae sólo en su función como pastor, sino en la universalidad de su misión como pastor de la Iglesia. Los textos Jn 21, 15 -17 se refieren a Jn 10, 1-18, donde Jesús se proclama como el Buen Pastor, el único dueño de las ovejas. Pedro recibe de Jesús el encargo de ocuparse de ese único rebaño del cual es el pastor.

Ministro: Hagamos un buen espacio de silencio para orar por el Papa y su ministerio petrino, roguémosle al Señor, desde el silencio de nuestro corazón por él.

(Momentos de silencio para meditar)

Monitor: Dios es Padre de todas las personas y quiere que todos se congreguen en una sola familia libre de toda división y distensión.  Confiando en su providencia, ponemos nuestra oración por la paz delante de Él y suplicamos:

Todos: Señor, escucha nuestra oración.

Lector: Por todos los cristianos y todas las personas de buena voluntad, para que nunca pierdan la esperanza en la posibilidad de la paz, roguemos al Señor:
Todos: Señor, escucha nuestra oración.

Lector: Por todos los gobernantes, para que puedan escuchar y responder a las peticiones de los ciudadanos por la paz y la justicia, roguemos al Señor:
Todos: Señor, escucha nuestra oración.

Lector: Por  los jóvenes de todas las partes del mundo, para que puedan crecer en valores, buscando la paz que Dios ofrece al mundo, roguemos al Señor:
Todos: Señor, escucha nuestra oración.

Lector: Por aquellos que realizan su servicio militar, para que el Señor los guíe y los proteja, roguemos al Señor:
Todos: Señor, escucha nuestra oración.

Lector: Por todos los que han muerto, especialmente por aquellos que han muerto en la guerra, para que el Señor los acepte dentro de su presencia amorosa, roguemos al Señor:
Todos: Señor, escucha nuestra oración.

(Momentos de silencio para meditar)

Monitor: Oremos por nuestro Santísimo Padre el Papa Francisco. El Señor lo conserve, le de la vida, lo haga feliz en la tierra y no entregue en manos de sus enemigos. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. 

Todos: Oh Dios, pastor y soberano director de todos los fieles, mira propicio a tu siervo, nuestro pontífice Francisco, a quien has constituido pastor de tu Iglesia, haz que con su ejemplo y su doctrina edifique a los que les has ordenado dirigir, y que en unión de la grey que te dignaste confiarle, consiga alcanzar la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.

Canto para recibir la bendición con el Santísimo Sacramento:
«¡OH, BUEN JESÚS!»

¡Oh, buen Jesús!  
Yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu cuerpo y sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar,
al alma fiel en celestial manjar (2 veces).

Dulce maná y celestial comida,
gozo y salud de quien te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi Luz, mi Vida,
Desciende a mí, hasta mi pecho ven. (bis)

¡Oh buen Pastor! amable y fino amante,
mi corazón se abraza en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que constante,

he de vivir tan solo de tu amor (bis).

Espero en ti piadoso Jesús mío,
oigo tu voz que dice: ven a mí
por que eres fiel, por eso en ti confío,

todo, Señor, espérolo de ti (bis).

(Si está presente el sacerdote o el diácono, a ellos corresponde dar la bendición, de otra manera, se hacen las oraciones correspondientes y se reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario).

Ministro: Nos diste, Señor, el Pan del Cielo
Todos: Que en sí contiene todas las delicias.

Ministro: Oh Dios que bajo este admirable sacramento del Altar, nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Ultimas oraciones:

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el Santo Nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la gran Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa Asunción
Bendito sea el nombre de María: Virgen y Madre
Bendito sea san José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO FINAL PARA LA RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO:
«VASO NUEVO»

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti Señor,
hoy soy feliz porque te conocí
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser, Señor amado,
como el barro en manos del alfarero,
toma mi vida hazla de nuevo,
yo quiero ser un vaso nuevo.

Te conocí y te amé,
te pedí perdón y me escuchaste
si te ofendí perdóname Señor

pues te amo y nunca te olvidaré.

viernes, 3 de abril de 2020

Contemplación del Camino de la Cruz ante Jesús Eucaristía... HORA SANTA 40


(Mientras se expone a Jesús Sacramentado en la Custodia, en el expositor o se abre el Sagrario. En caso de que no presida un sacerdote o diácono, preside la celebración un Ministro Extraordinario de la Comunión Eucarística haciendo solamente lo que le corresponde, por lo tanto en ese caso no se da la bendición con el Santísimo Sacramento).

Canto de Entrada:
“JUNTO A TI AL CAER DE LA TARDE”

Junto a ti, al caer de la tarde,
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos con todos los hombres
el trabajo, el descanso, el amor.

Con la noche las sombras nos cercan
y regresa la alondra a su hogar;
nuestro hogar son tus manos, Oh Padre
y tu amor nuestro nido será.

Cuando al fin nos recoja tu mano
para hacernos gozar de tu paz,
reunidos en torno a tu mesa
nos darás la perfecta hermandad.

Te pedimos señor que nos nutras
con el pan que del cielo bajó,
y renazca en nosotros la vida
con la fe, la esperanza, el amor.

Sacerdote: Señor, estamos ante tu presencia eucarística. Nos hemos reunido cuando el día declina, porque queremos adorarte en esta Hora Santa. Tú nos invitas a orar esta tarde como tus discípulos-misioneros. Nuestro alimento en este espacio de tiempo será estar contigo en el Sacramento Eucarístico y meditar en tu camino al Calvario, para morir por nosotros, y luego quedarte para siempre con nosotros en tu presencia Eucarística.

Sacerdote: Adoremos y demos gracias en cada momento,
Todos: al Santísimo Sacramento
Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Todos: Jesús mi Señor, y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. 
Amén. 

I. Primera Estación: 
Jesús es condenado a muerte.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Pilatos, por miedo a los judíos, te condenó a muerte Señor Jesús. Que el recuerdo de tu camino en la Cruz, ahora que te contemplamos en la Eucaristía, nos haga siempre fieles a ti  no juzguemos a nadie y no seamos traidores de nadie. Que sepamos siempre reconocer tu presencia eucarística en la Hostia Consagrada.

Por haber sido condenado a muerte – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


II. Segunda estación: 
Jesús carga con su Cruz.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Y Jesús, llevando su cruz al hombro, subió al Monte Calvario". ¡Oh Señor!, que también nosotros aceptemos la cruz de nuestros sufrimientos de cada día, por amor tuyo y por la salvación de nuestras almas. Amén

Por haberte cargado con la Cruz – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


III. Tercera estación: 
Jesús cae por primera vez.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Había sudado sangre. Había sido azotado y coronado de espinas: Estaba en ayunas y muy débil; Oh Señor: nosotros también somos tremendamente débiles. Ayuda con tu poder nuestra gran debilidad para que no caigamos en pecados ni en vicios. Amén.

Por tu primer caída – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


IV. Cuarta estación: 
Jesús se encuentra con su Santísima Madre.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Porque María amaba más que todas las madres, por eso ella sufría más que todas las demás al perder a su Hijo. Al ver a María con tantos sufrimientos, ¿nos quejaremos todavía de nuestras penas? Oh Madre Dolorosa enséñanos a sufrir con paciencia como tú. Amén.

Por tu Madre Santísima – perdón Señor, piedad – si grandes son tus culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


V. Quinta estación: 
El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Estaba tan débil que los soldados temían que no alcanzara a llegar hasta el Calvario. Cireneo al principio ayudó obligado, pero luego se dio cuenta que era el oficio más provechoso de toda su vida. Oh Jesús: haz que también nosotros ayudemos generosamente a todos los que necesitan de nuestros servicios y favores. Amén.

Por tu agonía en el Huerto – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


VI. Sexta estación: 
La Verónica enjuga el rostro de Jesús.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Lo habían escupido tanto. Estaba lleno de sudor. La sangre de los puñetazos corría por su frente. Entonces la Verónica con la mejor de las toallas de su casa le seca el rostro. Y Jesús deja su retrato santísimo en aquella tela. Oh Jesús: qué bien pagas los favores que se hacen a los demás. Bendito seas. Amén.

Por tu pasión y muerte – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


VII. Séptima estación: 
Jesús cae por segunda vez.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: La Sagrada Biblia dice: "ya no parece un hombre. Parece ser un destrozado. Pero, porque se humilló hasta la muerte, por eso Dios lo glorificó más que a todos los demás". Oh Jesús manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo. Amén.

Por tu humildad profunda – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


VIII. Octava estación: 
Jesús encuentra a las santas mujeres que lloran por él.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Jesús les dice: "No llorés por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque si a Mí que no he cometido faltas, así me hace sufrir la justicia divina, cómo será a vosotros que sois tan pecadores". Oh Señor: sabemos que merecemos muchos sufrimientos por nuestros pecados. Pide al Padre Dios que no nos castigue como merecen nuestras culpas. Amén.

Por tu gran inocencia – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


IX. Novena estación: 
Jesús cae por tercera vez.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: "Lo vi, dice el Profeta, y estaba totalmente destrozado por nuestros pecados. Los castigos que nosotros merecíamos cayeron sobre él". Mil veces, bendito seas oh Cristo que has querido sufrir tanto para borrar nuestras culpas. Haz que tu pasión y muerte no sea inútil para ninguno de nosotros. Amén.

Por tu pasión y muerte – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


X. Décima estación: 
Jesús es despojado de sus vestiduras y le dan a beber hiel y vinagre.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Oh Cristo: mueres como el más pobre de todos los seres. Se repartieron entre ellos tus vestiduras, y por bebida te ofrecieron hiel. Que el Padre Dios reciba tus terribles sufrimientos, por nuestras faltas, y como pago de todas las ofensas que hemos hecho. Amén.

Por tu cruz y por tus clavos – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


XI. Undécima estación: 
Jesús es clavado en la cruz. 
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Dijo el Profeta: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos". Y lo dijiste tú, oh Cristo: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos". Gracias Señor. Enséñanos a sufrir como Tú: con paciencia y ofreciendo todo a Dios. Amén.

Por tu paciencia inmensa – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


XII. Duodécima estación: 
Jesús muere en la cruz.                                               
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Mientras agonizaba en medio de los más atroces sufrimientos, Jesús decía: "Padre: perdónalos porque no saben los que hacen. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? – Todo está consumado". Y a las tres de la tarde, dando un gran grito: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Inclinó la cabeza y expiró. Oh Padre Celestial: recibe la Pasión y Muerte de tu amado Hijo, y su preciosa Sangre por el perdón de los pecados de todos nosotros y de todo el mundo. Amén.

Por tu Pasión y Muerte – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).


XIII. Décimo tercera estación: 
Jesús es bajado de la cruz y colocado en brazos de su Santísima Madre.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Jamás ha existido hijo alguno a quien su madre amara tanto como amaba María a su Hijo Jesucristo. Por eso el dolor de María al morir Jesús fue el dolor más grande que ha existido. Ea oh Madre, de amor copiosa fuente, haz que al llorar contigo experimente de tu pena el poder. Haz que en amor se encienda el pecho frío para que amando a Cristo dueño mío le pueda complacer.

Por haberte crucificado – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).

 
XIV. Décima cuarta estación: 
Jesús es sepultado.  
Sacerdote: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
Todos: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sacerdote: Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Y los dolores de su Santísima Madre.

Lector: Señor Jesús: Tú no te quedarás siempre en el sepulcro. Resucitarás para nunca más morir. Te felicitamos por tu gran triunfo y te rogamos que también nosotros todos seamos un día resucitados por ti y llevados a la gloria del cielo a cantas las alabanzas de Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Por tus sagradas llagas – perdón Señor, piedad – si grandes son mis culpas – mayor es tu bondad.

(Momento de silencio).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Lector: Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,
Todos: y los dolores y angustias de su Santísima Madre.

Canto Penitencial.
(Se elige una estrofa de los cantos tradicionales de Cuaresma).

(En este momento, si está presidiendo  un sacerdote o un diácono, da la bendición con el Santísimo Sacramento, de otra manera, en este momento, se hace solamente la reserva en el Sagrario).

Oración final:

Según la intención de S.S. Juan Pablo II para ganar las indulgencias concedidas a los que hacen el Vía Crucis:

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.