sábado, 30 de abril de 2016

«Quien no acoja el reino de Dios como un niño no entrará en él»... Marcos 10,13-16)


Hoy la sociedad mexicana, desde 1924, celebra el día del niño, coincidiendo con la presentación del primer documento sobre los derechos de los niños, que se promulgó y aprobó por la ONU hasta 1989. Este día ofrece una buena oportunidad para que los «adultos» meditemos en ese pasaje evangélico en el que Nuestro Señor nos pide ser como niños para acoger el reino de Dios en nuestras vidas. ¿Qué significa «acoger el reino de Dios como un niño»? ¿Qué hay en un niño para que Jesús hable de esta manera? Este pasaje corresponde a una palabra del mismo Jesús en el evangelio de san Mateo: «Si no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos.» (Mateo 18,3) 

Hace 27 años, en un día como hoy, recibí la ordenación diaconal. No puedo dejar de pensar, cada año, que algo me quiso decir el Señor por haber recibido esta gracia tan especial «en el día del niño» y me viene ahora compartir una reflexión con cosas de aquí y de allá en torno a este pasaje evangélico.

Hacerse como niños para acoger el reino es lo mismo que volver a nacer, o comenzar la vida otra vez con un nuevo optimismo que despierte una vida nueva, haciendo a un lado el pesimismo que tenemos respecto a nuestra propia vida.  Las palabras de Jesús abren un horizonte de esperanza. ¡También nosotros tenemos la oportunidad de realizar nuestra vida como la vive un niño! Un niño no ha cometido tantos errores, como nosotros sí los hemos amontonado. Un niño no ha desperdiciado tantas oportunidades como las que nosotros hemos arruinado. Pero un niño tampoco ha tomado ninguna decisión acertada y tampoco ha aprovechado aún ninguna oportunidad. En esto estamos en igualdad de condiciones. Descubrir que nuestra vida siempre puede ser distinta de lo que ha sido hasta hoy, y animarnos a intentarlo, es realizar las palabras de Jesús sobre hacernos como niños para acoger el reino de Dios..

Un niño es capaz de amar todo, de admirar lo más simple, desde una pequeña conchita a la orilla del mar hasta algo inmenso y maravilloso como el despegue o el aterrizaje de un avión. Para un niño cualquier cosa es impresionante, cualquier momento presente es eterno, el amor es su estado natural. Jesús les enseña a sus discípulos que el comportamiento de todo ciudadano del Reino de los cielos debe ser como el de un niño.

Un niño es humilde, no distingue lo que es ser más que otro, un niño rico puede jugar con un niño pobre y el no se da cuenta de eso. Un niño es servicial, siempre quiere ayudar. Un niño es curioso, todo lo quiere saber, pregunta mucho, todo quiere conocer. Un niño no tiene malicia, por esto no da espacio al pecado. Un niño confía sin reflexionar, no puede vivir sin confiar en quienes le rodean, su confianza es una realidad vital. Un niño no sabe guardar rencor, pelea y olvida. Un niño vive la vida feliz, sin preocupaciones, sin guardar odios ni resentimientos. Un niño siempre sabe que depende de otros, reconociendo que solo no puede hacer muchas cosas. 

Si Jesús, en determinado momento, colocó a un niño en medio de sus discípulos reunidos, es también para que ellos mismos acepten ser pequeños porque solo desde lo pequeño es que se puede acoger lo grande. Volveremos a ser como niños cuando dejemos de «pretender grandes cosas y de tener aspiraciones desmedidas» (Sal 131,1-2). Cuando valoremos las pequeñas cosas de cada día, y no especulemos indefinidamente con las grandes cosas que nunca haremos... Hacerse como niños para acoger el reino de Dios es vivir la infancia espiritual que vivió María, que vivieron los santos, que vivió la beata María Inés Teresa que dice: “Infancia espiritual, vida de Nazareth, sabiduría del pobre, entrega amorosa en manos de Dios nacida de esa íntima confianza en él, llena de esperanza y amor, porque él es amor, y porque sabemos en quien nos confiamos, dando así Gloria al Señor”.

Acoger el reino de Dios como un niño es velar y orar para acogerle cuando venga, siempre al improvisto, a tiempo o a destiempo... ¡Es vivir como un niño... a la sorpresa de Dios!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

«Mi corazón te busca»... Un canto vocacional para meditar

LEADING THE WORLD TO CHRIST...

Para encomendar a nuestros sacerdotes y seminaristas al Sagrado Corazón Eucarístico... HORA SANTA 27



Se expone el Santísimo acompañando el momento con el canto de entrada.

CANTO DE ENTRADA:
"QUEREMOS SER, SEÑOR"
Queremos ser, Señor,
servidores de verdad,
testigos de tu amor,
instrumentos de tu paz.

Convéncenos que, por tener
un Padre Dios, somos hermanos.
Su voluntad es que haya paz;
justicia y paz, van de la mano.

Queremos ser, Señor...

Enséñanos a perdonar,
para poder ser perdonados.
Recuérdanos por qué tu amor
quiso morir crucificado.

Queremos ser, Señor...

Ayúdanos a comprender
que la misión del bautizado
es compartir con los demás
su fe en Jesús resucitado.

Queremos ser, Señor...


Guía: La búsqueda de Dios es apasionada, gozosa; florece en los que están enamorados de un Dios que ha tocado su corazón. Está llena de imágenes, de colorido, de frescura, de luz; está llena de vida. Muchos orantes han escuchado así la llamada de Dios a seguirle más de cerca en una vocación especial como es la del sacerdocio. San Agustín y San Juan de la Cruz nos prestan sus palabras:

Lector 1: "Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz".

Lector 2: "¿Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido? Salí tras ti corriendo...".

Guía: Si no estamos así de enamorados, como muchos que han sido llamados, digamos al menos, que nos gustaría estarlo para buscar a Dios como "busca la cierva las corrientes de agua".


CANTO PARA MEDITAR:
"COMO BUSCA LA CIERVA"
Como busca la cierva,
la fuente del agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío.

Mi alma tiene sed,
sed del Dios vivo,
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Como busca la cierva...

¿En dónde está tu Dios?
oh! alma mía,
pronto desea llegar
a tu casa Señor.

Como busca la cierva...

Tu luz y Tu verdad,
envían a mi alma,
ellas me guiarán
a tu morada de amor.

Como busca la cierva...

Y llegaré a tu altar,
Dios de mi gozo,
allí te alabaré
Señor mi Dios.

Como busca la cierva...


Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: Corazón Eucarístico de Jesús, estamos ante tu presenta para orar unos momentos por nuestros sacerdotes y seminaristas. Recibe esta ofrenda de nuestro tiempo ante Ti y acrecienta tu amor en todos aquellos que han sido llamados a vivir esta vocación que nos hace tenerte día a día en tu Pan Eucarístico y en el sacramento que nos devuelve tu misericordia y tu perdón.

Lector 2:  El sacerdotes es un hombre configurado sacramentalmente con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Consagrado por Dios para el servicio de sus hermanos, como continuador de la misión salvadora tuya, Señor. Con potestad recibida de Ti, a través de la Iglesia para evangelizar, santificar y apacentar al pueblo de Dios.

Lector 1: Tú, Señor Jesús, manso y humilde de corazón, actúas a través de ellos, por medio de sus palabras, de sus gestos, de sus acciones... y su sacerdocio está íntima e inseparablemente unido a tu sacerdocio y a la vida y crecimiento de la Iglesia.

Lector 2: El sacerdote es padre, hermano, amigo, compañero de camino... pastor. Su persona pertenece a los demás, es posesión de la Iglesia, que lo ama con amor del todo particular y tiene sobre él relaciones y derechos de los que ningún otro hombre puede ser depositario.

Lector 1: Por el Sacramento del Orden el sacerdote se capacita efectivamente para prestarte, Señor, la voz, las manos, todo su ser; eres Tú Señor Jesucristo quien, en la Santa Misa, con las palabras de la Consagración, cambias la sustancia del pan y del vino en tu Cuerpo, tu Alma, tu Sangre y tu Divinidad" (cfr. J. Escrivá de Balaguer, Amar a la Iglesia, Palabra, Madrid 1986, p. 69).

Lector 2: Y como afirmó una vez san Juan Pablo II, eres tú Jesús quien, en el sacramento de la penitencia, pronuncias la palabra autorizada y paterna: "Tus pecados te son perdonados" (Mt 9, 2; Lc 5, 20; 7, 48; cfr. Jn 20, 23). Y eres tú quien habla cuando el sacerdote, ejerciendo su ministerio en nombre y en el espíritu de la Iglesia, anuncia tu Palabra. Eres tú quien cuida los enfermos, los niños y los pecadores. Eres Tú quien llega a nosotros en el sacerdote.


Momentos de silencio para meditar.


Guía: Nos ponemos de pié para entonar el Aleluya (en Cuaresma Hnor y Gloria).

R./ Aleluya, aleluya.
De ahora en adelante serás pescador de hombres.
R./ Aleluya, aleluya.

Del Evangelio según san Juan                                                                                           Jn 1, 35-43
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.

Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra". Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.» Palabra del Señor.


Se puede tener una breve Homilía.

Momentos de silencio para meditar.


Guía: Escuchemos ahora algunos fragmentos del los escritos de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento:

Lector 1: “Roguemos mucho por los sacerdotes. Esta crisis mundial arrastra, como varios de ustedes me dicen, a varios. Y recuerden que, uno de nuestros fines es rogar por el sacerdocio cristiano, católico... La vocación es un don del cielo, preciosísimo, hay que saber aprovecharlo, para rendir después el ciento por uno en favor de las almas que esperan la labor sacerdotal, para salvarse...

Lector 2: El sacerdote es la dignidad más grande que existe sobre la tierra. Y, ¿sabes por qué? Porque el sacerdote hace descender del cielo a Je­sús; cuando él, en el momento de la Consagración dice las palabras consa­bidas, en el mismo instante abandona el cielo y se oculta en las Hostias Consagradas, estando en todas y cada una como está en la gloria... El Sacerdote tiene palabras de vida eterna para consolar a los afligidos, para sostener a los que luchan, para llenar de esperanza a los desesperados, para sostener a los justos, para llevar los niños a Jesús...

Lector 1: Un santo Sacerdote no piensa más que en las almas; no quiere más que almas; solo trabaja por ellas; por salvarlas se impone toda suerte de sa­crificios y va en su busca, como el Buen Pastor por la oveja extraviada; y, cuando la divisa, entre zarzas y matorrales, no teme a las espinas, hasta sacarla de ahí; luego la coloca sobre sus hombros y la lleva al re­dil, lleno de gozo... Llena a tus sacerdotes y misioneros de este amor a María para que así con unción, con íntimo sabor de esta Madre, sepan predicarla y hacerla ­amar de todos los corazones”. Amén.


CANTO PARA MEDITAR:
"SACERDOTE PARA SIEMPRE"
Porque eres la razón de mi vida 
Mi fuerza consuelo y alegría 
Porque eres el amor que yo soñé 
Y sin Ti estoy perdido y nada soy 

Aquí estoy Señor toma mi vida 
Sacerdote para siempre quiero ser 
Aquí estoy Señor toma mi vida 
Sacerdote para siempre quiero ser 

Al postrarme en tu presencia estoy temblando 
Consiente de mi nada y pequeñez 
Y al levantarme con tu Espíritu Divino 
Tu siervo consagrado yo seré 
Mi vida como santo relicario 
Tu presencia a los hombres llevará 
Y en mis manos, tus manos los bendecirá 
Y en mí, tu corazón los amará 

Aquí estoy Señor toma mi vida...

De tu amor estoy sediento oh Señor 
En ti todo lo encuentro y soy feliz 
Y en mi pecho tu palabra incontenible 
Con su fuego al mundo entero abrazaré 
Y no importan ya las dudas y el temor 
Con tu amor todo lo puedo y venceré 
Y no importa lo que venga si a mi lado 
Paso a paso contigo contaré 

Aquí estoy Señor toma mi vida...

Tú eres digno de ser preferido, 
amado y servido sobre todo oh Señor 
Aquí estoy Señor toma mi vida 
Sacerdote para siempre quiero ser 

Aquí estoy Señor toma mi vida...


Guía: La Eucaristía es el centro y la cumbre de la vida de la Iglesia, también lo es del ministerio de los sacerdotes. Por eso, con ánimo agradecido al Corazón Eucarístico de Jesús, oremos por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales.

Lector 1: Jesús, Sacerdote eterno, guarda tus sacerdotes bajo la protección de tu Sagrado Corazón,
guarda las manos ungidas que tocan cada día tu sagrado cuerpo, guarda sus labios, diariamente teñidos con tu preciosa sangre.

Lector 2: Bendice las tareas apostólicas de todos los sacerdotes y seminaristas con abundante fruto,
y haz que las almas confiadas a al celo y pastoreo de los sacerdotes, sean su alegría acá en la tierra y formen en el cielo su hermosa e inmarcesible corona por la misericordia que sobre ellos han derramado de tu parte.

Lector 1: Jesús, Sacerdote eterno, guarda bajo la protección de tu Sagrado Corazón, a quienes se están preparando para el ministerio sacerdotal: que crezcan en gracia y santidad, e intercede para que haya abundantes y santas vocaciones sacerdotales en nuestra Iglesia que sean testigos de tu misericordia y la den a los demás.


Momentos de silencio para meditar.


Guía: Oremos ahora al Corazón Eucarístico de Jesús, rogándole que nos envíe santos sacerdotes. Después de cada invocación diremos:

Todos: Danos muchos y muy santos sacerdotes.

Para congregar a la comunidad cristiana en torno a Ti...
Para comunicar tu vida en el Bautismo...
Para proclamar tu Palabra Divina...
Para avivar la fe de los cristianos...
Para anunciar con gozo el Reino que Tú nos traes...
Para invitar e impulsar el amor a tu presencia en la Eucaristía...
Para perdona los pecados en tu nombre...
Para realiza tu Sacrificio Eucarístico...
Para ofrecer, uniéndose a tu inmolación, la oblación espiritual de los cristianos...
Para alimentar a los fieles con tu Pan Eucarístico...
Para aconsejar y guiar a los hombres que peregrinan hacia tu Padre Misericordioso.
Para promover la justicia en los individuos y en la sociedad...
Para prolongar la acción del Espíritu impulsando a la Iglesia...
Para luchar por la paz y la unidad...
Para fomentar la fraternidad acompañados de María tu Madre...
Para impulsa hacia la santidad a todo tu pueblo...
Para entregar su amor y su vida por la salvación del mundo entero...


Momentos de silencio para meditar.


Si hay un sacerdote o diácono se continúa con la bendición con el Santísimo Sacramento. De otra manera se hacen las oraciones y se reserva con el canto de salida.


Guía: Con la alegría de haber compartido este rato de oración y adoración ante el Corazón Eucarístico de Jesús, nos disponemos a recibir la bendición con el Santísimo Sacramento.


CANTO ANTES DE LA BENDICIÓN:
"CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES"
Cantemos al Amor de los Amores 
Cantemos al Señor, 
Dios está aquí 
Vengan adoradores, 
Adoremos, a Cristo Redentor 

Gloria a Cristo Jesús, 
Cielos y tierra, bendigan al señor 
Honor y gloria a Ti, rey de la gloria 
Amor por siempre a Ti Dios del Amor

Unamos nuestra voz a los cantares 
del Coro Celestial, 
Dios está aquí, al Dios de los Altares 
alabemos con gozo angelical.

Gloria a Cristo Jesús...

Los que buscáis solaz en vuestras penas
y alivio en el dolor;
Dios está aquí,
y vierte a manos llenas
los tesoros de divinal dulzor. 

Gloria a Cristo Jesús...


Sacerdote o diácono: Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.


Ultimas oraciones: (Letanías).


Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre, bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, bendito sea el santo nombre de Jesús, bendito sea su sacratísimo corazón, bendita sea su preciosísima sangre, bendito sea Jesucristo en el santísimo sacramento del altar, bendito sea el Espíritu Santo consolador, bendita sea la gran madre de Dios María Santísima, bendita sea su santa e inmaculada concepción, bendita sea su gloriosa asunción, bendito sea el nombre de María Virgen y Madre, bendito sea san José su castísimo esposo, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.


CANTO DE SALIDA:
"DIVINO MANJAR"
Son tu Cuerpo y tu Sangre, Señor,
maravilla y prodigio de amor. 
Alimento del alma, riqueza sin par, 
divino majar (bis).

EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO, 
CELESTIAL SUSTENTO PARA CAMINAR. 
EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO, 
DON DEL CIELO PARA EL MUNDO ENTERO.
SACRAMENTO, DIVINO MANJAR.

Anunciamos tu muerte, Señor, 
proclamamos tu resurrección. 
De tu altar recibimos la fuerza, 
el valor para la Misión (bis).

EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO...

Sacerdotes, ministros de luz,
consagrados por Cristo Jesús.
A sus manos desciendes al oír su voz, 
Cordero de Dios (bis).

EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO...

En tu seno Jesús se encarnó,
Oh, María, Sagrario de Dios. 
Pura, Llena de Gracia, Madre Virginal, 
Reina Celestial (bis).

EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO...


algdr2016

sábado, 23 de abril de 2016

Necesitamos Vanclaristas Santos...

Los Vanclaristas y el valor de sus Estatutos...

Cada vez que nuestros hermanos Vanclaristas se reúnen en «Retiros», «Ejercicios» y «Jornadas de Estudio» están en una especie de «Cenáculo con Jesús y María» para salir de allí y ser enviados como discípulos misioneros que viven para Cristo y dan testimonio de vida cristiana en el lugar donde se encuentren, porque ese es el ser y quehacer del apostolado del Vanclarista.

El apostolado del Vanclarista consiste toda la vida en «dar testimonio de vida cristiana en cualquier ambiente», y ese ambiente es el de hoy, un mundo desgarrado por múltiples y difíciles problemas de todo tipo. Por lo tanto, un espacio amplio y abierto en donde el Vanclarista está llamado a concretizar su respuesta misionera, pues no olvidemos que, como decía la beata María Inés, ser Vanclarista es «una vocación», un llamado que compromete.

Conviene que cada uno de los Vanclaristas piense en la tarea misionera que tiene encomendada, según su condición de laico comprometido y de acuerdo a su vocación específica, estado de vida, edad y condición. Y para eso, no hay necesidad de recurrir a grandes tratados, sino de captar lo que Dios va diciendo a su Iglesia, como lo ha hecho recientemente en las palabras del Papa Francisco en la exhortación apostólica "EVANGELII GAUDIUM".

Entre los motivos centrales de la exhortación apostólica "EVANGELII GAUDIUM" del Papa Francisco y que todos deberíamos leer, está la afirmación de que la evangelización es tarea de todo el pueblo de Dios (cf. EG 11-134), y que “los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios” (EG 102). Por ello, esta exhortación se presta muy bien para que se convierta en el vademécum de los Vanclaristas de hoy, una especie de mapa detallado para orientarse en el dinamismo de la acción y la contemplación en la alegría del Evaneglio. Evangelii Gaudium debe ser para todos los miembros de este grupo misionero —y en general para todos los laicos— un nuevo e imprescindible punto de referencia que, en su función de promoción de la vocación y misión del laicado, se apoya en la exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici (1988) de san Juan Pablo II. Nuestro tiempo, tal como observa Francisco —como gusta que le llamen— se caracteriza por un individualismo exacerbado (EG 78); así las comunidades cristianas corren también el riesgo de caer en una especie de individualismo estéril, fruto de un relegamiento temeroso en sí mismo, olvidándose de la propia identidad de bautizados (cf. EG 78).

Los Vanclaristas no se pueden ni debe quedarse relegados, sumergidos en una serie de reuniones sociales o de juntas para pasar el rato y comentar el punto. Basta que echen una simple ojeada a los Estatutos de Van-Clar, para que vean la inmensa riqueza que tienen en su tarea apostólica como discípulos misioneros al estilo inesiano. Los Estatutos marcan su vida de especial consagración a Dios mediante un compromiso que hace vivir en primer lugar de contemplación, para lanzarse, en segundo lugar, como marcan sus Estatutos a la acción, de manera que sean, como su fundadora la Beata Madre Inés... «Apostólicos y contemplativos».

Algunos de los Vanclaristas comentan que cuando leen detenidamente los Estatutos se dan cuenta de que queda mucho por hacer para sacarle jugo a toda la fuerza apostólica como discípulos misioneros. ¡Qué riqueza tan grande tienen en sus Estatutos nuestros hermanos Vanclaristas!

Allí, en esos preciosos y preciados números, se transparenta claramente el corazón sin fronteras que no descansa nunca; el corazón sin fronteras que espera prolongarse en cada uno para que todos conozcan y amen a Dios; el corazón de la Beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que les ha dejado esta herencia diciéndoles: "Si no es para salvar almas, no vale la pena vivir". Ella y su anhelo misionero, vive en cada uno de nuestros hermanos Vanclaristas para los pobres y sufridos, para los ignorantes y los afligidos, para los solitarios y deprimidos. Ella prolonga su acción apostólica y contemplativa en cada niño, en cada joven, en cada adulto, en cada anciano, en cada enfermo miembro del grupo de Van-Clar y exclama con cada uno: "Señor, dame almas, muchas almas, infinitas almas". Ella vivió la misión apostólica desde jovencita como seglar comprometida comunicando a los demás la alegría y la riqueza de formar parte, como ella decía: "del sacerdocio seglar".

En su libro "Espiritualidad Misionera" —un clásico que no pasa de moda— el padre Esquerda nos dice que «para vivir la fe, tenemos que ser instrumentos para que otras la vivan», y eso, precisamente, es lo que hizo la beata María Inés. Ella fue, y sigue siendo, un instrumento que, puesto en manos de "la Madrecita del cielo" —como ella decía—, de manera que tenemos que vivir la misión como la Santísima Virgen, protectora especial de la Familia Inesiana en su advocación de Guadalupe, que se encaminó presurosa a América de la misma manera que se había encaminado a visitar a su prima Isabel, haciéndose servidora y compañera (Cf. Lc 1,39-56).

Sí, cada Vanclarista tiene que ser misionero a la manera de la Santísima Virgen María, que está presente en la misión de la Iglesia como Madre y compañera, como cooperadora y formadora, como guía y consuelo, como amiga y hermana que lo debe llevar a exclamar: "Vamos, María". Si no vivimos la misión de la Iglesia con María, no sólo no se avanza en el camino de la fe, sino que se retrocede y no se deja caminar a los demás, porque, con María, se llega a Jesús.

Al leer los Estatutos, el Vanclarista debe contemplarlos y vivirlos con el mismo Jesús, que pasó por el mundo siempre pensando en los demás... ¿o es que podemos imaginarnos un Jesús pensando siempre en Él mismo y sin interés por los demás?... ¡No! No podemos sino contemplar un Jesús que se siente enviado (Cf. Jn 12,49; Jn 17,8; Jn 7,17; Jn 8,38), un Jesús que anuncia la paz (Cf. Ef 2,17), un Jesús que es pastor (Cf. Jn 10,1ss; Jn 17,12; Heb 13,20; 1 Pe 2,25), un Jesús que enseña (Cf. Mt 26,55; Mc 1,21), un Jesús que cura (Cf. Mt 4,24), un Jesús que es modelo, roca fundamental, camino, verdad y vida a quien nosotros anunciamos.

 ¿Y los Apóstoles? ¿Qué podemos decir de los Apóstoles, que dejándolo todo lo siguieron (Cf Mt 4,19.21; Mc 1,16; Mt 9,9), ellos fueron a enseñar, a curar... a misionar. ¿Y san Pablo? No podemos olvidar su humilde y ferviente testimonio: "El hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio, y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (1 Cor 9,16). Si el Vanclarista se llena de Jesús, es lógico que sienta, como la Santísima Virgen y los Apóstoles, es lógico que se sienta una verdadera necesidad de darse a los demás.

Esto es lo que les pasó a tantos santas y santas de la Iglesia, entre ellos Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Juan Bosco, Vicente de Paúl, Teresita del Niño Jesús y claro, la beata María Inés Teresa. Pero en la lista de santos no hay solamente personas consagradas, sacerdotes y religiosos, sino una lista inerminable de laicos como Santa Elena la mamá del emperador Constantino, santa Mónica la mamá de san Agssutín, la jovencita italiana santa María Goretti, el doctor san José Moscati, la beata Laura Vicuña, santa Rosa de Lima, san isidro Labrador y Gianna Beretta Mola... ¿queremos más ejemplos? Los tenemos vivos y están aquí caminando a nuestro lado como discípulos misioneros que han sido cautivados por la alegría del Evangelio.

Si el Vanclarista se impregna de lo que le dicen sus Estatutos, puede escuchar con más claridad la invitación constante de Cristo que hace eco en tantos santos y santas, como en san Juan Pablo II que dice a los laicos: "El futuro de la misión y de las vocaciones misioneras depende de la generosidad de su respuesta a la llamada de Dios, a su invitación a consagrar la vida al anuncio del Evangelio. Aprendan también ustedes de María a decir el «Sí» de la adhesión plena, gozosa y fiel a la voluntad del Padre y a su designio de amor".

Por mi parte, para cerrar esta reflexión, les digo a nuestros hermanos Vanclaristas unas cuantas cosas a manera de exhortación que me sale del corazón: ¡No se dejen cautivar por las cosas pasajeras, ustedes se han encontrado con la alegría del Evangelio y sus Estatutos les marcan el camino para hacerlo vida! ¡Láncense a vivir su compromiso misionero no solamente el día del DOMUND! ¡Vivan cada día para Cristo dando testimonio en el lugar donde se encuentren, de una vida que, como la beata María Inés, se ha apasionado por Cristo! ¡Renueven su compromiso cada día, no solamente una vez al año! ¡Dejen que el contacto constante con Jesús y María —como lo dicen sus Estatutos— les avive el espíritu misionero que llevan dentro! ¡Sean discípulos misioneros, testigos del amor de Dios y portadores de esperanza sembrando paz! ¡Pónganse en los brazos de María, como un niño pequeño que requiere de la protección maternal para poder crecer impregnándose en su regazo de los mismos intereses de Cristo! ¡Dejen que la Palabra de Dios llene sus corazones, léanla, medítenla, profundicen en ella y dejen que la semilla crezca hasta hacer de cada uno un árbol frondoso que cobije a muchas almas! ¡Prolonguen con su «sí» la tarea evangelizadora de su fundadora la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento! Amén.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

sábado, 9 de abril de 2016

«AMORIS LAETITIA»... La Exhortación Post-Sinodal del Papa Francisco sobre la Familia


La exhortación apostólica, «AMORIS LAETITIA» (La alegría en el amor), recoge las conclusiones de los dos sínodos de obispos sobre la familia de 2014 y 2015. Se trata de un voluminoso documento fruto de los dos últimos Sínodos celebrados.

El documento impresiona por su amplitud y articulación. Se subdivide en nuev9 capítulos y más de 300 párrafos. Se abre con siete párrafos que, como introducción, ponen en plena luz la conciencia de la complejidad del tema y la profundización que requiere. Se afirma que las intervenciones de los Padres en el Sínodo han compuesto un “precioso poliedro” (AL 4) que debe ser preservado. En este sentido, el Papa escribe que “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio”.  Por lo tanto para algunas cuestiones “en cada país o región se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a la tradiciones y a los desafíos locales. De hecho,“las culturas son muy diversas entre sí y todo principio general tiene necesidad de ser inculturado, si quiere ser observado y aplicado”” (AL 3). Este principio de inculturación resulta verdaderamente importante incluso en el modo de plantear y comprender los problemas que, más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas del Magisterio de la Iglesia, no puede ser “globalizado”.

En la Exhortación, el Papa afirma con claridad, que es necesario salir de la estéril contraposición entre la ansiedad de cambio y la aplicación pura y simple de normas abstractas. Escribe: “los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aún entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2).

Comparto solamente algo de cada uno de los 9 capítulos y al final dejo los enlaces para descargarla y leerla en Español y en Inglés.

Capítulo primero: A la luz de la Palabra

La Biblia, “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares”. Y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo ‘artesanal’ que se expresa con ternura pero que se ha confrontado también con el pecado desde el inicio, cuando la relación de amor se transforma en dominio. Entonces la Palabra de Dios “no se muestra como un secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino”.

Capítulo segundo: La realidad y los desafíos de la familia

Es fundamental prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”. El individualismo exagerado hace difícil hoy la entrega a otra persona de manera generosa: “Se teme la soledad, se desea un espacio de protección y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor de ser atrapado por una relación que pueda postergar el logro de las aspiraciones personales”. Por eso la humildad del realismo ayuda a no presentar “un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificialmente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales”. Es necesario dar espacio a la formación de la conciencia de los fieles: “Estamos llamado a formar las conciencias no a pretender sustituirlas”. Jesús proponía un ideal exigente pero “no perdía jamás la cercana compasión con las personas más frágiles como la samaritana o la mujer adúltera”.

Capítulo tercero: La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia

La mirada es amplia e incluye también las “situaciones imperfectas”. Fuera del verdadero matrimonio natural también hay elementos positivos presentes en las formas matrimoniales de otras tradiciones religiosas, aunque tampoco falten las sombras. Hay también “familias heridas” frente a las cuales “siempre es necesario recordar un principio general: Sepan los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones”. Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina debe expresarse con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición”.

Capítulo cuatro: El amor en el matrimonio

A partir del “himno al amor” de san Pablo hay que entrar en el mundo de las emociones de los conyugues —positivas y negativas— y en la dimensión erótica del amor. Hay una contribución extremamente rica y preciosa para la vida cristiana de los conyugues, que no tiene hasta ahora parangón en precedentes documentos papales. Se insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo”. “Una combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres” es, precisamente, el matrimonio. Hay que meditar en la “transformación del amor”. “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”.

Capitulo quinto: El amor que se vuelve fecundo

El amor fecundo recibe una vida nueva. Se vive un amor de padre y de madre, pero también de primos, parientes e incluso amigos. Se puede vivir la fecundidad en la adopción y en la ‘cultura del encuentro’. De la vida en familia incluyendo tíos, primos, parientes e incluso amigos. El sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social.

Capítulo sexto: Algunas perspectivas pastorales

Hay que afrontar algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. Se debe guiar a los novios y acompañar a los esposos. Y no se les puede abandonar en las crisis, sabiendo que “cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón”. Es necesario un acompañamiento para las personas abandonadas, separadas y divorciadas, y es importante conocer la reciente reforma de los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad matrimonial. Se tocan situaciones de matrimonios mixtos y con disparidad de culto. Hay situaciones de familias que tienen en su interior personas con tendencias homosexuales, es necesario el respeto en relación a ellos y el rechazo de toda injusta discriminación y de toda forma de agresión o violencia.

Capítulo séptimo: La educación de los hijos

La educación de los hijos abarca su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo. “La obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (…) Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía”. “Se debe aceptar un sí a la educación sexual” que debe realizarse “en el cuadro de una educación al amor, a la recíproca donación”. Y pone en guardia sobre la expresión “sexo seguro”, porque transmite “una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse.

Capítulo octavo: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad

Es probablemente el capítulo más delicado. Confirma qué es el matrimonio cristiano, pero añade que “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal. Y no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio”. “Hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición”. “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de misericordia. “Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral”. “Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”. “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes”.

“Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas”. Los fieles que están viviendo situaciones complejas, son invitados a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. Se invita también a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”. “A veces ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio”.

Capítulo noveno: Espiritualidad conyugal y familiar

El último capítulo está dedicado a la espiritualidad conyugal y familiar, “hecha de miles de gestos reales y concretos”. Todo, “los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección”. “Toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro”, escribe el Papa. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él”.




"En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura". Palabras del Papa Francisco.

Esta es una dedicatoria de uno de los volúmenes que hace el Papa a un amigo:


LA MISIONERA INESIANA... Una mujer consagrada para ser luz, sal y levadura en medio del mundo de hoy

El Instituto de Misioneras Inesianas Consagradas, es un Instituto Secular que forma parte de la Familia Inesiana fundada por la Beata Madre María Inés Teresa Arias. Está contituido por un grupo de mujeres que han sido llamadas por Dios a vivir su consagración en el mundo y que, junto con el llamado al Sacerdocio ministerial de los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, de los sacerdotes del Grupo Madre Inés  y el llamado a la vida religiosa de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, es una vocación  para seguir a Jesucristo muy de cerca, teniendo sus mismos sentimientos, viviendo en su amistad y haciendo lo que él nos enseña y nos manda, para ser expresión de su misericordia en el mundo.

Todos los consagrados de la Familia Inesiana, incluidas por supuesto las Misioneras Inesianas, están llamados a seguir muy de cerca a Jesús, a imitarlo en la vivencia de los consejos evangélicos, y a dar testimonio de la grandeza del amor de Dios en el mundo. La vida consagrada es una entrega generosa a Dios cuyo amor es capaz de saciar las aspiraciones del corazón humano. Es un llamado a consagrarse en amor a Dios uno y Trino, y a confesarlo, es decir,  proclamarlo como lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano. 

Esa entrega, esa unión amorosa, esa alegría de amar a Dios por sobre todas las cosas, es la base, la fuente, la motivación de la entrega de servicio y de testimonio de amor que todo consagrado está llamado a dar a sus hermanos; cada uno y cada una en su vocación de consagración y en la forma específica de vivirla. Sin esa base profundamente religiosa no hay vida consagrada que se sostenga.   Así lo presenta San Juan Pablo II en su bellísima Exhortación Apostólica sobre la vida consagrada (VC 14.40).  Proclamar a la Santísima Trinidad como el amor total intenso, puro generoso, permanente, fiel, a la humanidad sedienta de amor. Es una vida de entrega específicamente religiosa, es decir, teologal, que pone a Dios por encima de todas las cosas, que vive constantemente en unión con Él, que todo lo hace por Él y para Él, para su gloria y para que el mundo viva. Y con esa fuerza la persona se consagra totalmente a dar su vida  al servicio de la humanidad.   

Por eso la vida consagrada es tan grande y tan necesaria para nuestra Familia Inesiana, para la Iglesia y para todo nuestro pueblo. En medio de las tinieblas del mundo cargado de pecados, del odio, de la ambición, de la crueldad, del egoísmo y la maldad, la vida consagrada, muestra al mundo que es posible una vida mejor, alabando y glorificando a Dios al mostrar a los hermanos el camino de la felicidad. Por eso el valor de la vida consagrada para la Iglesia y la humanidad, es incalculable.  La vida consagrada, además, es un servicio de caridad permanente a los hermanos. 

Esto nos lleva a la consideración de la misericordia. Dios es misericordioso porque nos ama, porque nos tiene compasión, porque nos perdona y nos tolera, porque nos alimenta y nos sana. Y lo hace de mil maneras. Y llama de manera especial a los consagrados a practicar la misericordia. Recordemos el texto del juicio final en el cap. 25 de San Mateo: seremos juzgados por el amor que tengamos, por la misericordia que practiquemos con el pobre, con el enfermo, con el débil, con el hambriento, con el ignorante y el pecador,  con el impertinente y el fastidioso, con el soberbio y el que cree equivocadamente que lo tiene todo…  Cristo —nos dice el Papa Francisco— es el rostro de la misericordia de Dios. El Papa quiere que, en especial los consagrados, sean misericordiosos como nuestro Padre celestial. La  vida consagrada, con su testimonio de disponibilidad total en la obediencia, en la pobreza evangélica y en la virginidad por el Reino de los Cielos, en su constante servicio de caridad, es una manifestación continua de la misericordia de Dios. Por supuesto: la religiosidad del consagrado, que debe ser intensa, que no debe admitir mundanidad, ni estilo seco en lo religioso, lo lleva a volcarse amorosamente a socorrer al prójimo. Esto es  lo que nos enseña San Juan Pablo II en su Exhortación, cuando habla del servicio de caridad como una de las líneas de  fuerza dela Vida consagrada.(VC 72-99)   

La Misionera Inesiana, es una mujer enviada por la Iglesia a los ambientes de la vida ordinaria para hacerla extraordinaria, según el carisma específico que la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento ha impreso a esta obra. La Misionera Inesiana vive en el mundo sin ser del mundo, llevando una vida intensa de oración, de amor a María y de presencia de Dios en medio de las actividades que un laico vive cada día, pero, con una consagración especial de obediencia, pobreza y castidad. Su misión es muy peculiar, pues viviendo como cualquier otra persona del mundo, debe impregnar todas sus actividades de una gran caridad cristiana, imitando a Cristo en todo momento. El valor de lo ordinario vivido de manera extraordinaria, según el carisma inesiano, hace que la Misionera Inesiana se identifique con la sal (Mt 5,13-16) y el fermento, la levadura (Mt 13,33); elementos que apenas se ven, pero con una gran capacidad para diluirse en la masa y hacerla fermentar en Cristo para dar sabor a Evangelio. 

La Misionera Inesiana es una mujer que sin separar fe y vida, vive en medio del mundo la total consagración a Dios y la secularidad a la vez. Para la Misionera Inesiana, la secularidad es consagrada y la consagración es secular. Asume, cada una por si sola y todas unidas a la vez como instituto, la diversidad al servicio de la misión como elemento de su identidad como consagrada. La secularidad consagrada la vive, cada una de las misioneras, en diferentes realidades sociales: familiares, institucionales, profesionales... con la finalidad de llegar a cualquier espacio vacío que necesite la luz del evangelio, la sal, la levadura. Pero su Vida Consagrada no despertará interés ni representará nada para el mundo, si no están todas y se sienten apoyadas y necesitadas unas de otras como comunidad.

La Misionera Inesiana es una mujer que, llamada por Dios, hace un esfuerzo por ayudar a la Iglesia en su misión de ser “luz para alumbrar a todas las naciones” (cfr. Lc. 2, 32). La luz de la Palabra hecha Carne en cada una de las misioneras, es la luz de Dios que recrea y da brillo a sus mismas vidas y a las de quienes les rodean; la única capaz de provocar en sus corazones el deseo de algo grande, de algo que constituye un preciado regalo para la humanidad dolorida: ¡Vivir la misericordia cada día! Creo que el papa Francisco, si viera el pequeño grupito de Misioneras Inesianas esparcidas en varios países del mundo, gozaría de ver unas mujeres consagradas fuertemente unidas por quien es la Luz del Mundo, dispuestas a salir por caminos insospechados para hacerse las encontradizas con los hermanos y hermanas más necesitados para decirles: "vengan hemos encontrado el tesoro de nuestra vida y deseamos compartirlo”.

Cuando José y María llevaban a Cristo «Luz del mundo» al templo, Simeón exclamó, “…mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel” (Lucas 2, 30–32). La luz ha venido y las tinieblas no pueden vencerla (Juan 1,5). Jesucristo, la verdadera Luz del mundo, ha llamado a las Misioneras Inesianas para compartir su misión de llevar la luz a quienes caminan en la oscuridad en medio del mundo. Además las llamó también a ser la luz. “Ustedes son la luz del mundo…que de igual manera brille esta luz ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos” (Mateo 5, 14–16). 

Como laicas consagradas, las Misioneras Inesianas, tienen un papel muy importante en el trabajo de la Nueva Evangelización y tienen como Patrona Principal a Nuestra Señora de Guadalupe, misionera por excelencia y como Ella, deben llevar la luz de Cristo a los demás. El día de su bautismo fueron, de alguna manera, «presentadas en el templo» como nuestro Señor. Por medio de su bautismo recibieron el don de la vida nueva de Dios, fueron llenadas con su gracia y se convirtieron en el templo del Espíritu Santo. Es decir, se encendió «su luz». Ahora, por su responsabilidad como consagradas, están llamadas a llevar la luz a los demás. No pueden escapar a esa responsabilidad. Tienen que llevar la luz de la verdad y el amor de Dios a los que se encuentran en la oscuridad, incluso los que viven con miedo, en la pobreza, sin hogar, en la desesperación y los que sufren con conflictos familiares, problemas económicos, la adicción y muchas otras luchas de la condición humana. También se puede tratar de las personas que viven sin un propósito o significado en la vida, por ejemplo, las que todavía no saben por qué fueron creadas ni a dónde va su vida.

Jesús utilizó también la imagen de la sal de la tierra a la que ya he hecho referencia (Mateo 5, 13). Sal de la tierra. ¿Qué más puede significar para ustedes esta parte del Evangelio aparte de que deben «sazonar» al mundo con la presencia de Cristo? Tienen que penetrar el mundo con el sabor del Evangelio. Pero Cristo también nos avisa de la sal que se vuelve insípida y que ya no sirve. Que nunca pierdan su sabor, lo cual es, de hecho, la semejanza a Cristo. No pueden ser tibias en su testimonio del Evangelio. Tienen que crecer en fervor y celo por el amor y la verdad que se revela en la persona de Cristo. Jesús empleó también la imagen de la levadura para describir el Reino de Dios: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentarse” (Mateo 13, 33). Es importante entender esta imagen. Se requiere solamente un poquito de levadura para hacer que una cantidad grande de harina se fermente... ¡Un poquito solamente! ¡nuestro poquito! Dice la beata María Inés: “Cuando la Misericordia y la miseria se encuentran y se comprenden y se funden, ya no queda mas que la Misericordia” (Lira del Corazón, Segunda Parte, Cap. III).

Así debe ser de por sí todo bautizado, pero más aún quien ha decidido consagrar su vida en plenitud al Señor. El Concilio Vaticano II utilizó la misma imagen para describir el papel de los laicos en la vida y la misión de la Iglesia (Lumen Gentium 31). Deben santificar el mundo desde su interior, como la levadura, para cumplir sus propios deberes y su única vocación. la vocación de Misioneras Inesianas, como consagradas, no las exime de una vida fraterna en comunidad pero les pide que vivan en el mundo y no en el claustro, en familia o fuera de ella, solas o en grupos de vida fraterna, de manera parecida a los que viven la vida religiosa, pero recalcando la necesidad de ser levadura en medio de la sociedad. 

En Costa Rica, en México, en Italia... ¿cuántos católicos practicantes habrá entre la población entera? Parece ser poco en comparación con el resto de la población. Pero Jesús nos dice que es todo lo que se necesita: ¡un poquito! Las Misioneras Inesianas hacen su parte al tomar en serio su llamado bautismal según su vocación de consagradas en el mundo. ¡Dios hace el resto! Es responsabilidad de cada consagrado ser fiel a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia. ¡Me emociono con todas las posibilidades que hay para cada una de las misioneras y para todas como instituto! Dice Nuestra Madre la beata María Inés: “Conquistar almas para el cielo, con nuestra acción misericordiosa, con nuestra palabra evangélica, con nuestra enseñanza catequística; es un sagrado deber que nosotros mismos hemos escogido”. (Carta colectiva del 22 de abril de 1978). La Misionera Inesiana no debe olvidar nunca que ha sido llamadas a ser la sal, la luz y la levadura. Tiene estas imágenes en cuenta mientras que sigue trabajando en la Nueva Evangelización en donde el Señor le tiene. 

Hay unas palabras del Papa Francisco —que dirigió a Cáritasel 13 de mayo de 2015— que muy bien se pueden aplicar a las Misioneras Insesianas en su condición de consagradas en el mundo y con las que quiero terminar esta reflexión: “Salir a la calle puede producir un accidente. Quedarse encerrado, enfermo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse  a las propias seguridades. Ustedes son el motor de la Iglesia que organiza el amor —Cáritas— para que todos los fieles trabajen juntos, respondiendo con obras concretas de misericordia.Ustedes marcan el paso para que la Iglesia esté cada día en el mundo. Ustedes ayudan a los demás a cambiar el curso de la propia vida. Son la sal, la levadura y la luz. Ofrecen un faro de esperanza a los necesitados... Ustedes son las mismas manos de Jesús en el mundo. Su testimonio ayuda a cambiar el curso de la vida de muchas personas, de muchas familias y de muchas comunidades. Su testimonio les ayuda a cambiar el curso de su propio corazón”.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.