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domingo, 29 de marzo de 2026

HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS 2026

Queridos hermanos:

Hemos iniciado nuestra celebración en la plaza unidos a la muchedumbre de discípulos que acompañaron al Señor en su entrada en Jerusalén. Como ellos, nosotros también ensalzamos con nuestras palmas al Señor. En esta procesión recordamos que Cristo es nuestro Rey: profesamos su realeza fundada en su misericordia. Celebrándolo a él, nos llenamos de esperanza como peregrinos en esta tierra que juntos, en sinodalidad, atravesamos hasta nuestra eterna que es la Jerusalén celestial. 

Este Domingo nos abre las puertas de la Semana Santa que envuelve los días en los que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la Cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos ofreciendo a todos el don de la redención. Sabemos por los evangelios que Jesús se había encaminado hacia Jerusalén con los doce, y que poco a poco se había ido sumado a ellos una multitud creciente de peregrinos como recordamos al inicio de nuestra celebración.

La liturgia de la palabra de este día, une a la procesión de los Ramos la lectura de la pasión de Nuestro Señor en el Evangelio, este año tomada de san Mateo que recalca la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como el cumplimiento de las profecías mesiánicas, destacando su naturaleza humilde y su identidad como rey servidor antes de entrar en su pasión.

El crítico literario alemán más importante de la primera mitad del siglo XX, el filósofo Walter Benjamin, dice en su libro El Narrador, que «cuanto más olvidado de sí mismo está el que escucha, tanto más profundamente se imprime en él lo escuchado» (1).  Yo espero que hayamos escuchado con atención para que se imprima en nuestros corazones el sello de la Pasión que nos lleve a tomar la decisión de acoger al Señor y de seguirlo hasta el final, haciendo de su Pascua de muerte y resurrección el sentido mismo de nuestra vida de cristianos. 

Pidámosle a la Virgen, la Madre que escuchaba y guardaba las cosas en el corazón, que nos ayude a abrir nuestros corazones para que, siguiendo a su Hijo en su Pasión, nos convirtamos en auténticos peregrinos que no solo aplaudan a Cristo como la muchedumbre que luego lo dejó, sino que caminemos a su lado en todo tiempo y lugar.

Padre Alfredo,
Domingo de Ramos 2026. 
_______________
1.   Walter Benjamín, “El Narrador”, Ed. LibroDOT.com [PDF], p. 6.

martes, 15 de abril de 2025

HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS 2025


En este día, queridos hermanos, nos hemos unido, al inicio de nuestra celebración, a la muchedumbre de discípulos que, con alegría festiva, acompañaron al Señor en su entrada en Jerusalén. Como ellos, alabamos al Señor alzando la voz por todos los prodigios que hemos visto. La procesión ha querido ser, ante todo un gozoso testimonio que ofrecemos de Jesucristo, por quien se nos ha hecho visible el Rostro de Dios, y por quien el corazón de Dios se abre a todos nosotros. Esta procesión de Ramos es también una procesión de Cristo Rey: profesamos la realeza de Jesucristo, reconocemos a Jesús como el Hijo de David, el Rey de la paz y de la justicia de quien nos fiamos y a quien seguimos llenos de esperanza. Al seguirle a Él, nos llenamos de esperanza al servicio de la verdad y del amor como caminantes, como peregrinos en esta tierra que juntos, en sinodalidad, nos dirigimos hasta nuestra morada perpetua que es la Jerusalén celestial. 

 

El Domingo de Ramos es el gran pórtico que nos lleva a la Semana Santa, esta semana en la que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la Cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos ofreciendo a todos el don de la redención. Sabemos por los evangelios que Jesús se había encaminado hacia Jerusalén con los doce, y que poco a poco se había ido sumado a ellos una multitud creciente de peregrinos como recordamos al inicio de nuestra celebración.

 

La liturgia de la palabra de este día, une a la procesión de los Ramos la lectura de la pasión de Nuestro Señor en el Evangelio, este año tomada de san Lucas. Y es que la esperanza de la entrada del Mesías está centrada, especialmente, en el auténtico gran «sí» que dará a la voluntad del Padre está marcada por la Cruz, ya que la Cruz es el auténtico árbol de la vida. No alcanzamos la vida apoderándonos de ella, sino dándola como la dio Cristo, esa es nuestra esperanza. El amor es la entrega de nosotros mismos y, por este motivo, en la esperanza, la vida auténtica queda simbolizada por la Cruz. Como pergerinos de esperanza —cosa que nos recuerda este año santo con el jubileo de la redención— con el signo de la Cruz, nos hacemos portadores de la paz. 

 

La Cruz se ha convertido, desde aquellos días de la pasión de Cristo, en el centro de nuestras vidas, en el símbolo que da sentido a nuestra esperanza. Hubo un período —y no ha quedado totalmente superado— en el que se rechazaba el cristianismo precisamente a causa de la Cruz, porque la Cruz habla de sacrificio y parece ser que para muchos, en un mundo marcado por la desesperanza y la instalación terrena en el confort, eso ha pasado de moda.

 

Que el Domingo de Ramos sea para nosotros un día de esperanza, el día de la decisión de acoger al Señor y de seguirlo hasta el final, la decisión de hacer de su Pascua de muerte y resurrección el sentido mismo de nuestra vida de cristianos. Pidámosle a María Santísima, que luego de aquella procesión no perdió la esperanza y acompañó a Jesús al pie de la Cruz, que abra nuestros corazones para que, siguiendo a su Hijo en la Cruz, nos convirtamos en auténticos peregrinos de esperanza. Amén. 


Padre Alfredo.

domingo, 5 de abril de 2020

«Llegamos a las puertas de la Semana Santa»... Un pequeño pensamiento para hoy

Llegamos a las puertas de una Semana Santa del todo excepcional. Por lo menos yo, a mis 58 años bien vividos, puedo decir que nunca me había tocado ver una situación así. Recuerdo unas Semanas Santas en las que por mi condición de salud he tenido que celebrar de manera muy particular, como algunas de los años noventas y en especial la última que viví recuperándome en Roma en 2016 con mis queridas hermanas Misioneras Clarisas de la Casa de Garampi, pero nunca así, en medio de una pandemia. Cantar «que viva mi Cristo, que viva mi rey...» desde el silencio del corazón y agitar en el alma los ramos para celebrar la entrada de Jesús en Jerusalén es celebrarle para que entre callada y silenciosamente en todo nuestro ser. De una manera muy particular hoy la entrada es a nuestro ser de hijos y hermanos que queremos recibirle para no dejarle nunca más ir. No falta quien, en estos días, exige la celebración de misas públicas y se lamentan porque no pueden participar en los sacramentos. Nos acusan de falta de fe y cosas similares pero, ¿qué no podemos adecuarnos a la voluntad de Dios y captar lo que Él quiere así decirnos?

En el momento actual, en el aquí y ahora en el que toda la humanidad atraviesa una crisis sin precedentes, que ya ha sido definida por algunos como la más grave desde que aconteció la Segunda Guerra Mundial, necesitamos dejar que Dios nos ilumine a su manera, a la manera misma de Cristo que siendo proclamado Rey entró montado en un borrico y acompañado por lo que cobraba en su interior que solamente Él sabía lo que era. Sí, dejemos que viva ese Cristo Rey, ese Cristo que ahora sufre el dolor, el luto, la enfermedad con nosotros porque así ha querido reinar en cuantos son los corazones del mundo. Me viene ahora la definición de salud dada por la Organización Mundial de la Salud en 1946 cuando afirmó: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Y es que creo que hoy, Domingo de Ramos, Cristo quiere entrar en el corazón a llenarnos de bienestar para que reinemos con él en una situación que seguramente no será permanente y de hecho no lo será, porque nos espera el cielo y en él la contemplación de Cristo como Rey. Esta semana es un tiempo especial y privilegiado para refugiarse en el Señor y vivir con Él cada uno de los acontecimientos que el día a día nos va marcando la liturgia que por este año se nos invita a vivir en casa. Hoy mucha gente —sobre todo jóvenes— viven sola, y eso da la grandísima oportunidad de hacer una semana santa de retiro para crecer espiritualmente. 

El 5 de abril la Iglesia, entre sus santos, recuerda a San Vicente Ferrer, un hombre que entre otras cosas maravillosas aconsejaba: «Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad». ¡Qué tiempo tan propicio para vivir esto! Es tiempo de silencio decía San Vicente. A quien ahora quiero recordar por una tradición que heredó: «El agua milagrosa». Vicente solía regalar a las señoras, que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les aconsejaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla». Así, esta famosa agua ayudaba mucho a las familias porque la mujer, al no poder contestarle al marido, no daba espacio para la pelea. Al recordar hoy en el Evangelio la pasión y muerte del Señor (Mt 26,14-27,66), san Mateo nos deja ver el silencio y la caridad de Jesús que después de haber entrado triunfante a Jerusalén vive todo esto. les el Siervo de Yahvé que permanece firme en el sufrimiento, en la ignominia, en el aparente fracaso. Calla, escucha, vive la caridad y nos anima a nosotros también a tomar la Cruz. Vivamos estos días de una manera muy particular y pidamos a Nuestra Señora de los Dolores que Ella interceda para que la situación tan especial que vivimos ayude a que se conmueva la tierra por nuestra habitual indiferencia, que se despedacen las rocas de los corazones empedernidos y que entendamos la gracia de la pasión de Cristo. Al nombre de Jesús, también nosotros doblamos las rodillas y, en silencio, humildemente, dejamos nuestro pecado a los pies de su cruz gloriosa, de su cruz de amor. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 4 de abril de 2020

DOMINGO DE RAMOS... SUBSIDIO 1 PARA SEMANA SANTA EN CASA 2020*...

*Debido a la situación particular que se presenta en este año debido a la pandemia del coronavirus covid-19 en donde hemos sido dispensados como católicos de participar en la celebración de la Misa y de otros actos litúrgicos en el Templo debido a la cuarentena que nos han impuesto las autoridades y para que estos días, los más importantes en nuestra vivencia de fe, no pasen desapercibidos, utilizo como base el ritual para Semana Santa que el padre José Antonio Muguerza, sacerdote de la arquidiócesis de Monterrey, quien fuera mi maestro de Liturgia en el Seminario de Monterrey ha elaborado.

RITO PARA COLOCAR EL RAMO EN LA CASA


Se elabora un ramo (o varios si la familia quiere para cada uno de sus miembros) con ramas del mismo jardín adornándolo si se quiere con un moño de color blanco para colocarlo en la puerta principal de la casa (sin son varios se pueden buscar lugares estratégicos luego de la ceremonia de colocación). El ramo puede permanecer hasta el Viernes Santo o Domingo de Pascua.

Papá, mamá o jefe de familia: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
TODOS: AMÉN.

Papá, mamá o jefe de familia: Con estas palmas benditas hoy hemos aclamado a nuestro Señor Jesucristo en su entrada gloriosa a Jerusalén, pues así Él quiso iniciar su Pasión, que lo llevaría a la Muerte, ofreciendo su vida por todos nosotros, para el perdón de los pecados.
TODOS: PERO CRISTO TRIUNFÓ DE LA MUERTE Y NOS OTORGÓ UNA NUEVA VIDA, LA VIDA DE LA GRACIA, POR SU GLORIOSA RESURRECCIÓN. PIDÁMOSLE LA SALUD DE NUESTRA FAMILIA Y LA DE TODO EL MUNDO.

Papá, mamá o jefe de familia: Vamos a colocar el ramo aquí, (se rocía el ramo con agua bendita) en este lugar de nuestro hogar, para que cada vez que lo veamos nos recuerde dos cosas:
TODOS: UNA... QUE NO QUEREMOS OFENDER EN ESTA CASA A CRISTO, A QUIEN, CON TODA SINCERIDAD Y ALEGRÍA, HEMOS ACLAMADO HOY. O SEA, QUE NO QUEREMOS OFENDERLO CON NUESTROS PECADOS, CON NUESTROS PLEITOS, EGOÍSMOS Y ENVIDIAS. QUE NOS COMPORTAREMOS, ENTONCES, COMO UNA VERDADERA FAMILIA CRISTIANA. Y DOS... QUE LA VICTORIA QUE SIMBOLIZA ESTE RAMO, CRISTO LA CONSIGUIÓ MEDIANTE SU CRUZ, Y ÉL QUIERE QUE NOSOTROS TAMBIÉN LA CONSIGAMOS, LLEVANDO LA CRUZ DE TODOS LOS DÍAS: ESPECIALMENTE EN ESTA CRISIS MUNDIAL DE SALUD… OFRECIÉNDOLE NUESTRO TRABAJO, LOS ESTUDIOS, LOS DEBERES ESCOLARES, LAS TAREAS BIEN HECHAS; BUSCANDO SIEMPRE EL AYUDARNOS, CON ESPÍRITU DE SERVICIO, LOS UNOS A LOS OTROS, HACIENDO VIDA LA COMPRENSIÓN Y EL PERDÓN.

Papá, mamá o jefe de familia: Unámonos en oración... 
TODOS: PADRE NUESTRO... DIOS TE SALVE MARÍA... GLORIA AL PADRE...

ORACIÓN FINAL: 

TODOS: AUMENTA, SEÑOR, LA FE DE LOS QUE TENEMOS EN TI NUESTRA ESPERANZA, Y CONCEDE, A QUIENES COLOCAMOS HOY ESTAS PALMAS EN NUESTRO HOGAR, COMPROMETERNOS CON CRISTO, A ACOMPAÑARLO EN EL CAMINO DE SU CRUZ, DANDO FRUTOS DE BUENAS OBRAS. POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR. AMÉN.

domingo, 14 de abril de 2019

«La Semana Santa ya está aquí»... Un pequeño pensamiento para hoy

La Semana Santa de este 2019 ya está aquí. Su llegada es advertida en nuestra globalizada y secularizada sociedad, no tanto por la Cuaresma que nosotros nos hemos esforzado por vivir como tiempo propicio de preparación para la Pascua, sino más bien por la publicidad turística y el calendario académico, que nos recuerdan que es «tiempo de vacaciones». Desde el punto de vista cristiano, la Semana Santa, denominada antiguamente «Semana Mayor», es la semana que conmemora la Pasión de Cristo. Se compone de dos partes: el final de la Cuaresma (del Domingo de Ramos al Miércoles Santo) y el Triduo Pascual (Jueves, Viernes y Sábado-Domingo Santos). Podemos decir que es el tiempo de más intensidad litúrgica de todo el año, y por eso ha calado tan hondamente en el catolicismo popular. Para mí este día es de Ramos y de viaje, pues terminando la Misa de 11:30 de la mañana partiré rumbo a la central de autobuses para montarme en el cacharro que me llevará a Morelia para luego continuar a Capula y sus comunidades en donde estaré —y ustedes amables lectores junto conmigo en oración— poniendo mi pequeño granito de arena en la misión de esta Semana Santa. Un regalazo que me llegó de improviso, gracias al espíritu misionero de Monseñor Pedro Agustín, mi párroco y a esas delicadezas que suele tener el Señor para con sus misioneros. 

Jesús entra en Jerusalén al calor de multitudes, que agitando palmas lo aclaman triunfante. Y sabemos que no acude para ser coronado rey, como algunos lo esperaban. Muy al contrario: este domingo empieza la última semana de su vida. El jueves al anochecer el Maestro se reunirá con sus discípulos y celebrará la cena de Pascua —tal como hacían los judíos aquella semana— y será esta su «Última Cena». Antes de terminar, Jesús instituirá allí la Eucaristía, nos dejará el don del sacerdocio y la tarea de amar a su estilo lavando los pies a los hermanos. Después será detenido a las afueras de la ciudad. Al día siguiente le conducirán ante Pilato, el gobernador romano en turno. Y al mediodía será clavado en una cruz en el Calvario, un montículo que había muy cerca de la ciudad, donde morirá a primera hora de la tarde. Toda aquella gente había oído hablar del profeta Jesús de Nazaret, y sabían que era un hombre de Dios, un hombre que amaba a los enfermos y a los pobres, un hombre que vivía siempre atento a los demás, un hombre que no callaba ante las injusticias, un hombre que invitaba a levantar el ánimo y a vivir de una manera nueva, diferente. A Jesús de Nazaret, toda aquella gente lo recibió en Jerusalén con un gran entusiasmo, con muchas ganas de tenerlo con ellos. 

Pero... ¿No resulta un poco extraño aclamar a Jesús con ramos y palmas pocos días antes de su muerte? Sabemos el motivo: el domingo próximo es Pascua. En la Pascua conmemoraremos que Jesús sale victorioso del sepulcro. Porque la aventura de Jesús no termina el Viernes Santo, sino que culmina el domingo de Pascua. Por eso, cuando ahora agitemos los ramos y cantemos «¡Hosana!», no aclamaremos solamente a Jesús que entra en Jerusalén para sufrir y para morir clavado en una cruz; aclamaremos también, y sobre todo, a ese Jesús que resucita victorioso y que vive por siempre con el Padre. Por eso con fe, con toda nuestra fe, afirmamos que de su cruz, de su amor fiel hasta la muerte, nacerá vida por siempre, vida para todos, vida capaz de transformarnos a todos. No olvidemos que estos días en que contemplamos la muerte de Jesús, terminan con la Pascua, con la fiesta gozosa de su resurrección. Porque su amor es más fuerte que la muerte, que el mal, que el pecado. Con mucha fe, y con muchas ganas de seguir su camino, aclamemos, pues, hoy, de la mano de María su Madre, a nuestro Señor Jesús y cantemos: «Qué viva mi Cristo, que viva mi Rey...» ¡Bendecido domingo de Ramos! 

Padre Alfredo. 

P.D. Una disculpa si el servicio de envío en esta Semana Santa es irregular en WhatsApp y en Facebook porque no sé si en donde estaré en estos días, haya señal. De todas maneras, en este blog creo que aparecerá regularmente.

domingo, 25 de marzo de 2018

«LA ENTRADA TRIUNFAL A LA REALIDAD HUMANA».. Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén e iniciamos con ello la vivencia de una Semana Santa más en nuestras vidas. Este es nuestro primer día de este recorrido acompañando a Jesús en su pasión, muerte y resurrección luego de haber venido avanzando en la Cuaresma llenaos de esperanza. Dice la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento: «Nuestro corazón es todo de Dios y para Él sólo. Y en Él amamos a nuestros semejantes, ante todo con amor de caridad, de amistad...» Jesús, cuyo corazón es todo de su Padre Dios, entra también a nuestro corazón y quiere entrar triunfante para reinar en él. En este día dichoso, aparecen ante nuestros ojos las dos caras centrales del misterio pascual de esta «Semana Mayor»: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión. Debido a esas dos caras que tiene este día, se conoce como «Domingo de Ramos» (la cara victoriosa) o «Domingo de Pasión» (la cara dolorosa). Por esta razón, la celebración comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la celebración eucarística, que comienza con la bendición de los ramos.

En la liturgia de la Palabra, el profeta Isaías nos presenta el tercero de los llamados «Cánticos del Siervo de Yahvé» (Is 50,4-7. Los seguiremos escuchando estos días. El cuarto, más impresionante todavía, lo tendremos el Viernes Santo). El Siervo de Yavhé es el que se ofrece a sí mismo, inocente por los pecadores, para salvar a todos: «Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro e insultos y salivazos» (Is 50,6). Nosotros cada año leemos estos poemas como cumplidos en Cristo Jesús, que voluntariamente ha cargado con las culpas de todos. San Pablo, en la segunda lectura nos presenta otro poema, esta vez en una de sus cartas (Flp 2,6-11) para hacernos entender la dinámica de este misterio: «Cristo se despojó de su rango (de su categoría de Dios) y tomó la condición de siervo, pasando por uno de tantos. Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de Cruz». Y finalmente san Marcos, en el evangelio, no ya en un tono poético sino más que realista, nos muestra la cruda realidad de la Pasión y Muerte de Cristo Jesús, que llega hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Las tres lecturas nos muestran de una o de otra manera, hasta dónde llega el amor misericordioso de Dios por sus hijos, que no duda en «rebajar» a nuestra condición a su Hijo Unigénito para que dé la vida en rescate por todos.

¡Qué impresionante resulta contemplar a nuestro señor Jesucristo desde esta perspectiva bíblica el día de hoy! El Señor, el «Siervo de Yahvé», se ha hecho obediente a la realidad humana, tan compleja, promoviendo todo lo que es verdaderamente humano y rechazando todo lo que es contrario al hombre en su esencia... ¡Qué poco entendemos del poder inefable de este amor! Obediente al Padre, dando testimonio «hasta la muerte» de lo que el Padre quiere que sea la realidad humana, Cristo manifiesta su poder sometiéndose a todo lo que comporta vivir como hombre: condicionamientos físicos y materiales (hambre, sed, calor, fatiga); condicionamientos económicos y culturales (los de la propia sociedad de su tiempo, cultura limitada, medios pobres, oportunidades concretas más o menos reducidas); y, sobre todo, condicionamientos sociales, que le implican en los intereses (legítimos o ilegítimos, puros o bastardos) de las gentes de su tiempo, que le aman y son amados por él, le aceptan, o le rechazan, o le utilizan... y finalmente, luego de celebrar su entrada triunfal en la ciudad santa, le matan, porque su estilo de ejercer el poder no se acomodaba a lo que ellos ansiaban y esto les molestaba como le molesta a tanta gente de hoy que prefiere «opacar» el reinado, el poder y la entrega de Jesús con utilizar estos días para el descontrolado «spring break» lejos, muy lejos de Dios. El papa emérito Benedicto XVI, en su libro «Jesús de Nazareth» nos recuerda que el poder de Cristo es de otro tipo y yo me quedo hoy con esto para empezar la Semana Santa: «El poder de Cristo es de otro tipo, se encuentra en la pobreza de Dios, la paz de Dios, que identifica al único poder que puede redimir (Jesús de Nazaret h, vol. 2). ¿Cómo viviría María Santísima, la Madre de Jesús, aquel día y estos momentos? Esto lo dejo a que cada uno lo medite y se una a Ella con profundo amor. ¡Vivamos el Domingo de Ramos!

Padre Alfredo.

sábado, 8 de abril de 2017

DOMINGO DE RAMOS... una breve reflexión

Celebramos el «Domingo de Ramos» una vez más y con esta celebración iniciamos la Semana Santa. Jesús es el camino que nos conduce hacia la casa del Padre. Él hizo siempre la voluntad del Padre por la acción del Espíritu Santo. Él viene a nuestros corazones y hoy la Iglesia exclama: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Jesús entra triunfante en Jerusalén y es aclamado como yo lo debo aclamar por estos más de 2000 años de su encarnación para salvarme. ¿Cómo entra Jesús a mi corazón? ¿Busco yo también hacer la voluntad del Padre como él? Cristo nos dice: «No los dejaré huérfanos... yo rogaré al Padre, y él les dará otro abogado, el Espíritu de la verdad...» (Jn 14,15-18).

Esta seguridad que nos da Jesús despierta nuestro anhelo de servirlo en esta Semana Santa, y de entregarnos en la misión que tenemos encomendada, ofreciendo, como dice la beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento: «Cada latido de nuestro corazón». ¿Cómo quiero vivir estos días santos? ¿Qué me motiva para acompañar a Jesús más de cerca? ¿Anhelo que Jesús entre y reine en todos los corazones de mis familiares, amigos y conocidos? 

Pidamos al Dios tres veces santo que venga a nuestros corazones de discípulos-misioneros. Pidámosle que nos atraiga hacia él para que encontremos el gozo de alabar a la Santísima Trinidad en esta Semana Santa, y que, bajo el amparo de María, la Madre llena de dolor, vivamos plenamente para Dios esta Semana Santa y cada una de las de nuestra vida.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

jueves, 5 de abril de 2012

SEMANA SANTA...Una pequeña reflexión para cada día

DOMINGO DE RAMOS.

En aquellos días coincidieron en Jerusalén todos los que esperaban un cambio político y religioso. Mucha gente esperaba un cambio, pero, como como sucede en muchos casos, cada uno esperaba eso a su manera y casi nadie reconoció al Mesías en la persona de Jesús.

La Escritura nos dice que el Señor entró a Jerusalén montado en un burro y no en una biga conducida por un auriga como solían ir los personajes importantes del imperio romano que había conquistado aquellos territorios. Cristo quería dejarnos en claro que en medio de un mundo al que le gusta sopesar y calcular todo desde lo que se tiene, o lo que se aparenta tener, el Mesías haría de entrar en nuestras vidas en sencillez para hacernos constructores de paz. Un Rey como Él, no dudó en hacerse uno como nosotros, para que pueda transformar nuestra vida por su sola gracia haciéndonos, como decía la Madre María Inés: "Almas pacíficas y pacificadoras".
Ahora nosotros, como enseña el Papa Benedicto XVI, “hemos visto y vemos todavía ahora los prodigios de Cristo: cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y a ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira para difundir en el mundo la verdad; cómo, en secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Al celebrar su entrada triunfal con ramos y palmas, los creyentes nos unimos a tantos hombres y mujeres que hoy se ven perseguidos por predicar el Evangelio y por trabajar en la búsqueda de la libertad de tantas personas que sufren a causa de gente triunfalista que no ha entendido nada. El Domingo de Ramos en este 2012, puede llevarnos a pedir por tantos políticos que están en campaña y por quienes tienen autoridad para solucionar la tremenda situación de violencia que vemos a nuestro alrededor, recordando que toda autoridad viene de Dios.

JUEVES SANTO.

"Los amó hasta el extremo", así comienza el capítulo 13 del evangelio de Juan, a partir del cual, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación. 

Este día contemplamos el gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.Este día se celebra el día del AMOR. Es el día en que el Maestro se entrega en el servicio humilde y sacerdotal lavando los pies a sus apóstoles y quedándose para siempre en el signo pobre y sencillo de la Eucaristía para manifestarse siempre en el amor. El gesto de Jesús nos invita también a nosotros a ponernos al servicio de los de los que más nos necesitan, los que están a nuestro lado y al mismo tiempo nos hace correr al encuentro de aquellos con los que nadie quiere ir sin buscar pretensiones de triunfalismo y sin herir susceptibilidades.

Hace unos días el Señor se dejaba ungir los pies con un perfume caro acogiendo el gesto de María con sensibilidad y gratitud, ahora es él quien tiene el detalle de lavar los pies a los suyos para dejar el aroma de su entrega por nuestra libertad. Al lavar los pies a los discípulos, el Mesías estaba aceptando lo sucio, lo poco agradable de nuestra condición humana amando a los suyos como son y esperando una transformación al amar.

Muchos aprovechan estos días santos para descansar, ojalá y en este descanso haya un espacio de tiempo para encontrar al Señor en un rato de intimidad, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni basta decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7). Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores amando como Él.

Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad y de «amor» que nos propone la sociedad de nuestros días… ¿es díficil vivir esto? ¿cómo podemos vivir este mandato del amor a los demás en la vida concreta de todos los días? Cristo se ha quedado en la Eucaristía para ser, como dice Madre Inés: "La misión de Jesús visible en el mundo ya terminó, él ya acabó su carrera, más se quedó en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos para seguir desde allí siendo el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien". A través del sacerdocio ministerial la presencia eucarística del Señor llega hasta los últimos rincones del mundo.

VIERNES SANTO.


El Señor sabía el resultado del juicio que se le haría. Sabía que estaba condenado por un mundo que vive en la injusticia y da gran espacio a la maldad. Eso lo saben también hoy muchas personas que son juzgadas injustamente.La pregunta para la reflexión del día de hoy es obvia: ¿Por qué tenía que ser así? La respuesta más profunda y válida solamente Dios puede darla, pues pisamos el terreno insondable de la voluntad divina y su proyecto eterno de redención realizado en Cristo. “Por nosotros y por nuestra salvación”, como decimos en el credo, es la razón teológica que nuestra fe nos descubre para explicar y entender toda la vida de Jesús desde la encarnación a su pasión, muerte y resurrección.

Creemos y decimos que la cruz es la señal del cristiano no por masoquismo espiritual, sino porque la cruz es fuente de vida y de liberación total, como signo que es del amor de Dios al hombre por medio de Jesucristo. El amor que testimonia su cruz es la única fuerza capaz de cambiar el mundo, si los que nos decimos sus discípulos seguimos su ejemplo. Junto a la Cruz de Jesús estaban su

Madre y las otras mujeres con Juan, nosotros también, el día de hoy, podemos estar allí para pedir, como hacía la Madre Inés: "Que su Sangre preciosa se derrame sobre nosotros y nos purifique. Ella decía que el Padre nos puso en manos de su Hijo, como una joya de inapreciable valor, puesto que dio toda su Sangre por nosotros; nos conquistó a fuerza de amor, ¡de exceso de amor!… desde el pesebre hasta la cruz…"

Este día de silencio puede ser una oportunidad especial para hacer un análisis de nuestra vida y tomar la seria determinación, librándonos de palabrerías inútiles, de ponerse del lado del Señor Crucificado buscando cómo colaborar para transformar en oportunidad y estímulo el dolor que oprime hoy a la humanidad.

SÁBADO SANTO.

Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor nuestro. Ante el silencio y la oscuridad del sepulcro, el mundo guarda silencio para aprender del Maestro, y al contemplar su cuerpo destrozado está a la expectativa de un acontecimiento luminoso: La vida total y definitiva que estamos esperando renovará la vida de cada día.

El Sábado Santo no es propiamente una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Dice Madre Inés que, "habiéndose entregado por nosotros hasta la muerte de cruz, en un amor inmenso, espera en retorno todo el amor de que seamos capaces. Es necesario entonces que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos".

El Sábado Santo, con los sagrarios vacíos y las imágenes cubiertas, es una oportunidad para meditar en lo que es la ausencia de Dios, en la fealdad del pecado, que nos aleja de Dios, nos hace perder la visión sobrenatural de los acontecimientos y la oportunidad de llegar al Cielo. Hoy podemos ofrecer a la Santísima Virgen nuestras vidas y decirle que el sacrificio de su hijo Jesucristo y su dolor no fueron en vano.

VIGILIA PASCUAL.

Esta noche solemne la Vigilia Pascual nos ofrece una visión global del paso y del recorrido desde la creación hasta la «Nueva Creación». Se nos presentan unas perspectivas de la Historia de la Salvación desde la creación del mundo hasta la plenitud. Con la encarnación y la resurrección de Jesús, todo el mundo sufre una revolución y a la vez se capacita para tomar parte de la plenitud y soberanía del mismo Señor resucitado, con una nueva y mejor forma de existencia.

Cristo es el primer fruto de esa nueva creación. Su vida, que culmina con su resurrección y glorificación por el Padre, es como la anticipación que deja entrever lo que todavía queda por hacer, y lo que aún falta a la creación y a la humanidad en todas las dimensiones de la existencia. Con la resurrección de Jesús empieza el futuro escatológico, es decir, la plenitud y perfección de paz, de bien, de amor, de vida, de justicia, que serán el Reino de Dios ya realizado; que ya ahora vivimos como inicio y en crecimiento, y que entonces llegará al término definitivo y perfecto.

Este término definitivo y perfecto no se realizará hasta que llegue "el día del Señor". Mientras, vivimos en la realidad de lo que somos y poseemos, con la esperanza de lo que tendremos y seremos. Para llegar, como Cristo a la resurrección, se necesita una vida y una lucha. Por eso

Cuando salgamos esta noche de la celebración de la Vigilia, tenemos que ser testigos de esta Resurrección porque, como dice Madre Inés: "El día de la Resurrección del Señor no es de ayer y no tiene ocaso, es de hoy y para siempre". 

Esta noche podemos unirnos a Su Santidad Benedicto XVI que dice en oración: Concédenos la humilde sencillez de la fe que no se desconcierta cuando tú nos llamas a la hora de las tinieblas y del abandono, cuando todo parece inconsistente. En esta época en que tus cosas parecen estar librando una batalla mortal, concédenos luz suficiente para no perderte; luz suficiente para poder iluminar a los otros que también lo necesitan. Haz que el misterio de tu alegría pascual resplandezca en nuestros días como el alba, haz que seamos realmente hombres pascuales en medio del sábado santo de la historia.

DOMINGO DE PASCUA.

Hoy estalla la fecundidad de Dios en su infinita misericordia. Tanto amor no podía ser vencido por el odio, la envidia y toda la malicia de la humanidad. Tanta entrega no podía ser contenida en un sepulcro de muerte inútil y fatal. Tanta misericordia no podía no despertar de su anonadamiento trágico. También hoy es Dios quien perpetúa su amor. También la resurrección es pura obra divina y pura expresión de amor incontenido e incontenible.

El Domingo de Resurrección o de Pascua que hemos iniciado con la Vigilia Pascual, es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo. Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

Pasión-muerte-resurrección: una sola realidad, una sola vida, que ya no queda fuera de nuestra historia, de nuestra existencia, de nuestro mundo sino que, por el bautismo, con la inhahitación de la Santísima Trinidad, pasa a ser Vida de nuestra vida y triunfo de nuestra muerte. Dice Madre Inés: “El tiempo se acaba pronto, pero tenemos toda la eternidad para gozar sin término de un Dios que nos ama, y a quien desea ser amado, pide nuestra confianza y nuestro celo por la salvación de las almas”. ¡Aleluya! ¡Felices Pascuas! ¡Cristo ha resucitado!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.