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domingo, 17 de junio de 2018

«El futbol, el día del padre y la religión»... Un pequeño pensamiento para hoy


Pocas cosas atraen la pasión de tantas personas como el futbol y la religión, y no es que estén peleados. Para muestra está el Papa Francisco, aficionado y socio del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, así como otros sacerdotes que por debajo de la sotana llevan la camiseta —soy Tigre de corazón—. Además, hay que ser honestos: ¡Quien no haya elevado alguna oración al cielo para pedir que su equipo gane, que tire la primera piedra! Al rato es el partido entre México y Alemania y además, en un día que para muchos es especial... ¡hoy es día del padre! ¿Hacia dónde va el mundial? ¿Hacia dónde van muchos papás? Las dos cosas son tan inciertas como el corazón del ser humano, que vive un tanto desorientado y desesperanzado en muchos momentos. Siempre es bueno recordar que el hombre tiene su verdadera patria en el Señor y ahora en este mundo está desterrado. De repente hay fiesta con lo pasajero, como el mundial o el día del Padre, pero la fiesta más hermosa está en el corazón, que, a pesar de todo, está siempre alegre en el Señor anhelando el cielo. Es lo que san Pablo nos recuerda hoy en la segunda lectura de nuestra Misa dominical —que por cierto obliga hoy más que nunca a los papás y a los futboleros— ya que todavía no vemos al que constituye nuestro verdadero hogar. 

No está claro si san Pablo en la Segunda Carta a los Corintios (2 Cor 5,6-10) se refiere a la parusía del Señor o si aquí afirma también un encuentro con el Señor en la muerte individual de cada uno de los creyentes. No obstante, en la mente del Apóstol de las gentes está también el afirmar que el sentido de la muerte individual es un encuentro con el Señor. De todas formas, lo importante es en este mundo aceptar la responsabilidad cristiana y agradar al Señor, ante quien todos comparecerán para ser juzgados. La vida aquí en la tierra es un camino que nos conduce al encuentro con Dios. Conviene no distraernos ni equivocarnos de camino, aunque el corazón se sobresalte por nervios, emociones, ansias, esperanzas, angustias y fiestas, como destaca San Agustín: «Estamos en camino: corramos con el amor y la caridad, olvidando las cosas temporales. Este camino requiere gente fuerte; no quiere perezosos. Abundan los asaltos de las tentaciones; Cualquier cosa que sea la que te ha prometido el mundo, mayor es el reino de los cielos» (Sermón 346 B). 

Cierto es que el hombre y mujer de fe siempre tienen confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio temporal, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. San Pablo está hablando a una comunidad cristiana que espera ver pronto física y personalmente, en la segunda venida, a un Cristo triunfante. Pero, mientras tanto, a esta comunidad el apóstol les dice que comprende su situación, porque él sabe lo difícil que es vivir guiados sólo por la fe, sin la ayuda de una visión corporal en lo que creen. Y es que vivir sólo guiados por la fe, sin apoyos físicos y corporales, no resulta nada fácil, y menos en un mundo como el nuestro. Por eso hay muchos que no creen, al estilo de santo Tomás, pensando que sólo podemos creer firmemente en lo que vemos y podemos comprobar físicamente. Las realidades espirituales no se pueden ver con ojos corporales como el triunfo de mi equipo favorito o la carnita asada que el mismo festejado tiene que hacer hoy. Por eso, el mismo san Pablo les dice a los Corintios que él «prefiere desterrarse del cuerpo y vivir junto al Señor». Hay que pedir todos los días al Señor que aumente nuestra fe. 

Mientras vamos de camino se nos ofrecen pequeñas semillas (Mc 4,26-34) para que demos fruto aunque la manía de lo grande anida en cada corazón y en nuestra sociedad (Ez 17,22-24). El edificio más alto, el automóvil más potente, el jugador más rápido, el predicador más elocuente… Sólo premiamos al «number one». Despreciamos lo pequeño y lo invisible. ¿Cómo podríamos combinar el fenómeno del deporte con la vivencia religiosa del domingo en pleno día del padre? Muchos de nuestros actos no comportan la aceptación del crecimiento de la «pequeña semilla» en nuestro interior y eso es complejo y grave. Pidamos junto a María —si hubiera futbol tal vez lo vería junto a san José y el pequeño Jesús apoyando al Nazareth— que Dios actúe con sus semillas que crezcan de acuerdo con su ley y que nosotros, un día, descubramos con júbilo que la semilla de Dios echa brotes en nuestro corazón y nuestra conciencia gane o pierda México, sea día del padre, de la madre o del niño. Termino hoy con unas palabras de San Juan Crisóstomo: «¡Oh semilla de vida sembrada en la tierra por Dios Padre! ¡Oh germen de inmortalidad que reconcilias con Dios a los mismos que tú alimentas! Diviértete bajo este árbol y danza con los ángeles, glorificando al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. (Juan Crisóstomo, Homilía 7: Cristo es el grano que ha disipado las tinieblas y ha renovado la Iglesia PG 64, 21-26). ¡Felicidades a los papás y felicidades amantes del futbol! 

Padre Alfredo.

miércoles, 11 de octubre de 2017

«Jesús nos enseña el Padre Nuestro»... Un pequeño pensamiento para hoy

La oración de Jesús no se limitaba nunca a a unos tiempos y a unos espacios concretos, sino que empapaba toda su vida, así nos lo dejó vislumbrar en el Padre Nuestro (Lc 11,1-4). La oración del Padre Nuestro acompaña todas las decisiones y acontecimientos de nuestra vida. El creyente debe estar convencido de que la oración es la posibilidad de superar la prueba y la tentación (Mt 26, 41) y de librar al hombre del mal (Mc 9, 29). San Lucas y san Mateo son los únicos evangelistas que nos transmiten la oración del Padre Nuestro. La versión de san Mateo es más larga (7 peticiones, frente a las 5 de san Lucas) y es la que se utiliza en la Liturgia. San Lucas escribe su Evangelio para una comunidad en la que la mayoría provenían del paganismo, familiarizados con solemnes celebraciones en los templos, aunque poco acostumbrados a la oración personal, por eso él pone el acento en la invitación a hacer de la oración una experiencia, a confiar en su valor, a perseverar en ella una vez iniciada. ¡Toda una escuela para nosotros, que nos distraemos tan fácil!

San Lucas nos recuerda que en Jesús no tenía tiempo de teorizar, Él se daba a la práctica y allí aplicaba la teoría. Los discípulos le piden que les enseñe a orar «como Él» hace (Lc 11,1) y entonces Él les enseña el Padre Nuestro. Como Verbo encarnado, Jesús conoce en su corazón de hombre las necesidades de sus hermanos, y nos las revela: es el Modelo de nuestra oración» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2765). El Padre conoce lo que necesitamos antes de que se lo digamos, pero es necesario que nosotros tomemos conciencia de nuestras necesidades más profundas; aquéllas que ni nosotros podemos satisfacer ni tampoco nuestro mundo y que se resumen en el don del «Espíritu Santo», que debe ser el objeto último de nuestra súplica. El Espíritu Santo nos mueve a llamar a Dios «Padre», por eso hoy me hago un autoexamen: ¿Rezo el Padre Nuestro? ¿Cómo rezo el Padre Nuestro? ¿Qué significa la oración del Padre Nuestro para mí? El Papa Francisco me regala una pregunta más con todo y respuesta para ayudarme a mi reflexión: «¿Es un Padre solamente mío? No, —dice el Papa— es el Padre nuestro, porque yo no soy hijo único. Ninguno de nosotros lo es. Y si no puedo ser hermano, difícilmente puedo llegar a ser hijo de este Padre, porque es un Padre, con certeza, mío, pero también de los demás, de mis hermanos. (Cf. S.S. Francisco, de 2013, homilía en Santa Marta)

Es un gran consuelo poder llamar «Padre» a Dios. Si Jesús, el Hijo de Dios, nos enseña que invoquemos a Dios como Padre, es porque en nosotros se da la realidad entrañable de ser y de sentirnos hijos de Dios. Santa Teresita del Niño Jesús, a quien acabamos de festejar al inicio de este mes, en sus escritos autobiográficos apunta: «Yo soy esa hija, objeto del amor previsor de un Padre que no ha enviado a su Verbo a rescatar a los justos sino a los pecadores. Él quiere que yo le ame porque me ha perdonado, no mucho, sino todo. No ha esperado a que yo le ame mucho, como Santa María Magdalena, sino que ha querido que yo sepa hasta qué punto Él me ha amado a mí, con un amor de admirable prevención, para que ahora yo le ame a Él ¡con locura...!» (Manuscritos autobiográficos 4,39r). Los santos no se cansaron de orar con el Padre Nuestro y, si el libro de los Hechos de los Apóstoles, dice que los primeros discípulos-misioneros oraban con María (Hch 1,14), seguramente Ella, la Madre de Dios, oró también con el Padre Nuestro, esta genial e imprescindible oración que nos invita a re-estrenar el compromiso que tenemos como hijos y hermanos: Escuchar, vivir, predicar, extender y disfrutar del Reino de Dios al que el Padre nos invita desde aquí y ahora. ¡Hermanos, que tengan todos un estupendo miércoles, lleno de amor a nuestro Padre!

Padre Alfredo.

domingo, 6 de agosto de 2017

Escuchar a Jesús... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy es domingo... «Día del Señor» y es 6 de agosto, día en que la Iglesia celebra «La transfiguración», esa experiencia profunda de fe tenida por Pedro, Santiago y Juan, los amigos más íntimos de Jesús en el Tabor (Mt 17,1-9). Aquel debe haber sido un instante de éxtasis, pues esos tres amigos, elegidos por el maestro para aquel momento tan especial e íntimo, vieron la realidad gloriosa de Jesús. Es que así es, para llegar a conocer los momentos más transcendentes de Jesús, necesitamos ser sus amigos íntimos y «escucharle»; que esa es la parte más fuerte cuando se establece una comunicación profunda, como la que ellos tuvieron para percibir a Jesús en su verdadera identidad. Por eso el Padre, que sale de la nube dice: «¡Escúchenlo!». La voz de Cristo debe imperar sobre cualquier otra de las voces que escuchamos cada día.

Hay que preguntarnos: ¿Escucho a Cristo en mi vida? ¿Busco la manera de acallar los ruidos externos e internos que no me dejan oír su voz cada día? ¿Salgo de mí mismo, de mis ruidos, de mis seguridades, de mis terquedades, para escuchar y dejarme guiar por Jesús? Quizá lo que ocurre a muchos católicos de hoy es que muchas veces al asistir a Misa de domingo no están dispuestos a «escuchar» a Jesús, como nuestro Padre Dios lo pide; por eso tal vez se vive en nuestra sociedad actual una fe desencarnada de la realidad y cuesta tanto unir vida y fe. «Escuchar» a Cristo es la gran tarea del cristiano. La gran tentación es quedarse quieto, porque en el Tabor se está muy bien. El Papa Francisco, habla seguido de la necesidad de una Iglesia de salida, una Iglesia que no se quede en la sacristía, o en el templo perpetuamente, sino que luego de un encuentro profundo con Cristo, se encamine hacia el prójimo como María, a servir (Lc 1,39). 

Los tres apóstoles se sentían tan a gusto contemplando a Jesús transfigurado, que querían quedarse instalados allí en la montaña. Pero Jesús les manda bajar, volver a la realidad y seguir un camino lleno de peligros y sufrimientos, hacia Jerusalén. Hay que «escuchar» a Jesús en la oración —no solo dominical sino en la de cada día— y salir de la Iglesia a la tarea complicada y difícil de buscar las ovejas perdidas, para traerlas al redil de Cristo. Esa es nuestra tarea, la tarea de Iglesia de Cristo hoy. Solo «escuchando» a Jesús es que se nos transfigura la vida, Él nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en nosotros y nos llama a ser sus testigos ante un mundo de contradicciones que nos ha tocado vivir... ¡Vámonos a Misa!

Padre Alfredo.

sábado, 17 de junio de 2017

EL DÍA DEL PADRE... Una fiesta universal llena de gratitud

La celebración del Día del Padre, es un festejo que se remonta al siglo pasado, cuando una mujer de nombre Sonora Smart Dood, hija del veterano de guerra estadounidense Jackson Smart, escuchó un sermón en la iglesia sobre el Día de la Madre y consideró que era importante también reconocer la labor de la paternidad. Sonora admiraba mucho a su papá porque él se había encargado del cuidado de sus seis hijos cuando su esposa falleció durante el sexto parto, por esa razón esta joven consideraba imperioso crear una fecha que pusiera en alto el papel del hombre y la importancia que tiene en la vida de sus hijos.Esta joven mujer no dudó mucho tiempo en ir al ministerio de Spoke, Whashington, para hablar sobre el tema y propuso como fecha para esta celebración el 5 de junio, mismo día del cumpleaños de su padre; sin embargo, el ministerio estableció el tercer domingo de junio como el Día del Padre, así, el primer día del padre se festejó el 19 de junio 1910.

Aunque esta celebración inició en el poblado de Spokane, Whashington, años más tarde se popularizó en todo Estados Unidos. Fue hasta 1966 cuando el presidente Lyndon B. Johnson decretó oficialmente el tercer domingo de junio como Día del Padre. En muchos países del mundo se adoptó la misma fecha que en Estados Unidos para celebrar la paternidad; sin embargo, en algunos países como España, Italia, Portugal, Bolivia y Honduras, se celebra el 19 de marzo. En Argentina el Día del Padre es el 17 de agosto en honor a José de San Martín considerado «Padre de la patria» porque falleció ese día. En Nicaragua se celebra el día 23 de junio, porque ese mismo día, en el año de 1960, se celebró el día del padre nicaragüense y la fecha quedó entonces establecida para entonces. Y en otros países como Rusia, Ucrania y Bielorrusia se celebra el día 23 de febrero en el cual se festeja, además, el día del hombre y el defensor de la patria. Por su parte, en Australia y Nueva Zelanda se celebra en septiembre, en noviembre en los países escandinavos y en diciembre en Tailandia, por nombrar unos cuantos.

El Día del Padre sirve no solamente para honrar a los padres biológicos, sino también a aquellos que han realizado la figura de padre cuando éste no estaba o se encontraba ausente. Por ello, es común ver que algunos niños o adultos hacen regalos a sus padrastros, tíos, padrinos u otros familiares en esta fecha tan señalada, puesto que para ellos ese hombre o esa mujer han realizado la figura paterna que tanto les ha ayudado a crecer y a vivir.

Parecería que en nuestros tiempos el papel del padre de familia, poco a poco va desapareciendo; debido a muchas situaciones. Sin embargo la misión o tarea que Dios desde siempre ha encomendado al padre de familia o a quien hace sus veces, es como la de Josué (Jos 24,15), de acompañar, orientar y formar al hijo para afrontar los retos­ que la vida cotidiana presenta y optar desde la libertad, por la entrega al Señor formando el corazón de cada hijo en los valores.

En la Sagrada Escritura hay otros padres ejemplares cuyo ejemplo hay que seguir: Está Noé, cuya fidelidad hacia a Dios, en tiempos en que la tierra estaba llena de inmoralidad, fue un padre ejemplar elegido por Dios para librar a su familia del diluvio (Gn 6,8). Abraham, que cuando ya estaba avanzado en edad (Gn 24,1), estaba preocupado por el futuro de su hijo Isaac. Encomendó a su criado más viejo para escogerle esposa a su hijo. Así que, el criado salió a cumplir esta misión y le pidió dirección a Dios para escoger correctamente (Gn 24,12-14). Job (Job 1,4), que santificaba a sus hijos y ofrecía holocaustos para que cualquier pecado que hubiesen cometido en los días de juerga fueran perdonados (Job 1,5). David, que oró por su hijo Salomón, que había de sucederlo en el trono. Le pidió a Dios que fuera intachable para que guardara todos los mandamientos y para que continuara el proyecto de para construir casa para Dios, que David había comenzado (1 Cr 29,19). Mardoqueo, el primo de Ester, que fue padre adoptivo, ya que la cuidó desde su niñez cuando quedó huérfana y hasta llegó a ser reina (Est 2,17). Gracias a ellos, los judíos fueron librados de una gran masacre (Est 8,11.17). Por supuesto, hay que hablar del el más grande de todos los padres en la tierra, San José (Mateo 1,18-20) un padre justo, casto y fiel y, aunque no se habla mucha cosa del padre terrenal de Jesús en la Biblia, su adhesión a la voluntad de Dios lo dice todo.

Sabemos que, en la época actual, la tarea de ser padre de familia no es algo fácil de asumir y de cumplir, el hombre de hoy tiene muchos distractores, miedos y conflictos, sin embargo al igual que en el tiempo de estos grandes padres de familia que la Biblia nos presenta, hoy el papá está llamado a ser testigo, guía y custodio de su familia, como lo haría un buen padre de cualquier tiempo, conduciendo a los suyos hacia Dios Padre.

Felicidades a todos los papás y que Dios tenga, en su reino a todos los papás difuntos y les conceda la recompensa a sus trabajos y desvelos por la formación de sus hijos.

Nunca es tarde para decir a papá que lo amamos y darle las gracias por tantas buenas lecciones de vida. ¡Denles un abrazo de mi parte y pásenla increíble con ellos! 

Les invito a rezar esta oración por los papás:

Señor Dios, Padre bueno,
creador del género humano,
Tú enviaste a tu Hijo Jesús,
para redimir y salvar a los hombres,
El quiso nacer en una familia como la nuestra,
le diste a la Virgen María como madre
y a San José como padre;
te pedimos por estos padres
para que, a ejemplo de San José,
amen a sus hijos, los cuiden y protejan,
y sobre todo, les enseñes a amarte a Ti
que eres nuestro Padre del Cielo,
te sirvan en todo,
y alcancen finalmente la vida eterna.
Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amen

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

viernes, 9 de junio de 2017

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo...

Cada vez, que ya sea solos o en comunidad, pronunciamos las palabras de la Doxología: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo», resuena en el interior de nuestro ser, un grito de gratitud inmenso a Dios en sus tres personas, que se nos ha mostrado así de esta manera, en un misterio de amor. San Atanasio, uno de los Santos Padres de la Iglesia, dice en una de sus cartas: «Existe, pues, una Trinidad santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad única» (Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599).

¿Cómo explicar este misterio a un mundo que casi se puede decir que entiende solamente de realidades terrenas, es decir materiales? ¿Cómo dar a entender este misterio a un mundo que solo quiere creer en lo tangiuble? Esto, en primer lugar, es «un misterio», el misterio de Dios «Uno y Trino» y por eso solo podemos exclamar: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo».

¡Qué hermoso testimonio de unidad para nosotros los miembros de la Iglesia que somos familia! ¡Qué grande enseñanza de amor y de solidaridad! Desde que el Padre es padre y el Hijo es hijo, en ese mismo instante, brota el Espíritu Santo, que con ellos existe en unidad desde siempre y para siempre. Cada una de las tres personas divinas con una misión especial que no opaca ni disminuye la de las otras dos. El Padre es amor, el Hijo es gracia y el Espíritu Santo es comunión.

Cada día, en nuestro diario obrar, el único Dios verdadero y todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, hace una fiesta de encuentro con nosotros. Cada día el Padre nos ama y nos da a su Hijo para salvarnos y para que al mismo tiempo nosotros lo amemos también. Cada día infunde su amor en nuestros corazones por medio de su Espíritu Santo, quien tal vez, como lo afirmó el beato Paulo VI, sigue siendo el gran desconocido para muchos.

No podemos sino sentirnos amados por el Padre, alimentados por el Hijo en su Palabra y en su Eucaristía y poseídos por el don del Espíritu. No podemos reconocer cuánto nos ama el Padre en el Hijo, sin esa fuerza que nos viene de lo alto por la acción del Espíritu. No podemos experimentar el gozo de la salvación que nos trae Aquel que ha enviado el Padre si no es por el fuego divino que nos incendia en amor. No podemos cumplir con nuestra tarea de discípulos-misioneros de un Dios que en la Trinidad Santísima se hace Misionero. No podemos ser «familia en la fe», es decir, comunidad, sin el don del Espíritu.

Cada vez que invocamos al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, sellamos un pacto de amor con Dios en el que reavivamos el don recibido en la elección que nos ha hecho en Cristo a ser hijos del Padre Eterno movidos por el Espíritu. ¡Bendito sea el Padre que en un arrebato de amor nos ha llamado a la existencia! ¡Bendito sea el Hijo, que nos ha llamado a ser discípulos─misioneros siguiendo sus huellas! ¡Bendito sea el Espíritu Santo que ha reavivado nuestro diario vivir en perseverancia y fidelidad!

Dice la beata María Inés Teresa: «Que mis obras todas sean un himno de alabanza, de gratitud, de adoración a la Santísima Trinidad" (Ejercicios Espirituales de 1943). Habrá que preguntarnos entonces: ¿Cuáles son mis obras? ¿Qué he dejado de hacer a la Trinidad Santa en mí? ¿Cómo me he dejado conducir por Dios? Que María Santísima, la hija predilecta del Padre, la Madre de Cristo y la esposa fiel del Espíritu Santo, nos ayude a responder como ella.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

domingo, 19 de junio de 2016

«DÍA DEL PADRE»... Una reflexión en torno a los valores de la paternidad responsable


La celebración del «DÍA DEL PADRE»  nació en Estados Unidos de la gratitud de una hija, Sonora Smart Dodd, hacia su padre, el veterano de la guerra civil Henry Jackson Smart. La esposa de Henry falleció al dar a luz a su sexto hijo y él cuidó y educó a sus hijos sin ayuda y con todo el cariño del mundo en una granja del estado de Washington. A Sonora se le ocurrió la idea de celebrar el Día del Padre mientras escuchaba un sermón del Día de las Madres en 1909. Al principio propuso el 5 de junio, fecha del cumpleaños del señor Smart, pero la elección de la fecha no prosperó. En 1924 el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea de establecer un día nacional del padre, y en 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos. 

La celebración se extendió rápidamente a Europa, América Latina, Asia y África como una manera de homenajear a los padres y reconocer su papel en la crianza y la educación de sus hijos. Así, el día de hoy, en muchos países se celebra el día del padre. Aunque también hay otras fechas, como por ejemplo España, que lo celebra el 19 de marzo en honor de san José; Rusia eligió el 23 de febrero, Día de los defensores de la Patria y Rumania el segundo domingo de mayo o Australia y Nueva Zelanda, el primer domingo de septiembre.

Sea cual sea la fecha, lo importante es que existe un día especial para recordar a los papás cuánto les queremos, cuánto les estamos agradecidos por su amor y cuánto admiramos su entrega. Generalmente esta fiesta se celebra en familia con una comida en la que en mi tierra regiomontana, sí... es el papá quien termina haciendo la carne asada del festejo, pero eso a muchos , como a mi hermano Eduardo, que es papá y hermano.. ¡les llena de felicidad! 

Felicito a mi papá don Alfredo, a Lalo mi hermano y a todos los papás del mundo entero, rezo por los que ya han sido llamados a la casa del cielo y comparto con todos esta reflexión con cinco cualidades sobre lo que queremos y necesitamos encontrar en todo papá en torno a los valores de la paternidad responsable.

1. Un hombre que nos regale la figura paterna que tanto se necesita.

Pese a la gran cantidad de personas que creen que la imagen paterna no es importante para la crianza de los hijos varones, debo decir, como hombre, como hijo y como sacerdote, que no existe una posición más equivocada que esa. Todo hijo necesita identificarse con alguien de su mismo género, pues de ahí parte la construcción de su propia identidad. 

Una de las mayores expectativas en la educación de los hijos es ayudarles a formar una imagen positiva de sí mismos. Sentirse capaces, experimentarse como seres valiosos, competentes y merecedores de logros. Todo eso es básico para formar una personalidad sana y equilibrada.

Numerosos estudios concluyen que la presencia activa y estable de una figura paterna tiene un gran impacto sobre la formación de la autoestima de los hijos, porque satisface necesidades psicológicas profundas de los niños y adolescentes, que responden a tres preguntas fundamentales: ¿Quién soy?, ¿a qué pertenezco? y ¿de qué soy capaz? Por eso es tan importante que en estos tiempos de tanta confusión de valores haya siempre una figura paterna que a veces ha de ser el abuelo, un tío o un tutor. Por más que las sociedades de convivencia diversas la matrimonio quieran imperar o imponer estilos de vida... La figura paterna será siempre necesaria y, en el fondo, eso todo mundo lo sabe.

Dice el Papa Francisco: “Toda familia necesita un padre. Un padre que no se vanaglorie de que su hijo sea como él, sino que se alegre de que aprenda la rectitud y la sensatez que es lo que cuenta en la vida. Esto será la mejor herencia que podrá transmitir al hijo y se sentirá henchido de gozo cuando vea que la ha recibido y aprovechado” (4 de febrero de 2015).

2. Un hijo comprometido que sea reflejo del amor de Dios.

Todo niño necesita abrazos, caricias, juegos, atención de parte del papá. El amor tiene muchas maneras de ser expresado y el niño necesita saber que es amado por Dios y por sus semejantes, entre los cuales el primero debe ser el papá. Un papá debe ser para sus hijos reflejo del amor del Padre expresándose a la vez siempre agradecido por el regalo de haber tenido un padre que lo trajo al mundo. Así, esta tarea constituye unas de las principales misiones pastorales de todo hombre que fue llamado por Dios a vivir la vocación de engendrar vida. Y ser un reflejo del amor de Dios implica, junto con la transmisión de la Fe, ofrecer a los hijos un modelo que les dé una clara referencia para desarrollarse en una cultura de vida cristiana en medio de un mundo que se deja llevar por modas y maneras de pensar ajenas a los principios de nuestra fe. Todo padre de familia debe estar lleno de gestos que inviten a adentrarse en la oración personal y familiar, al diálogo continuo, a perdonar y dejarse perdonar, a estar atento a las alegrías y tristezas de los otros, a ser moderado, a tener buenos modales, a animarse a jugarse la vida con convicción por lo que se cree, entre otras cosas. Se trata de un modelo que eduque, en toda su dimensión axiológica, a vivir en un amor encarnado que anima y sostiene para desarrollarse en la sociedad con la impronta que brinda una identidad católica bien definida y de sana espiritualidad. El papá lleva al hijo a Misa, lo acompaña a frecuentar los sacramentos, le pone el ejemplo para confesarse, para pasar a comulgar, para rezar a «Papá Dios» con devoción y para amar a la Virgen María con sencillez.  

El Papa emérito Benedicto XVI dice: “La referencia a la figura paterna ayuda por lo tanto a comprender algo del amor de Dios, que sin embargo permanece aún infinitamente más grande, más fiel, más completo que el de cualquier hombre”. Qué desafío y compromiso para cada papá ayudar a sus hijos a «comprender algo del amor de Dios».

3. Un educador en los valores del Reino.

Desde que un hombre elige ser papá, adquiere el compromiso de enseñar. La familia es la primera escuela de la fe de un niño, es la «Iglesia Doméstica» en la que los padres se convierten en los primeros maestros y catequistas de los hijos. De papá, uno aprende respeto, honestidad, la virtud del trabajo, la virtud de la paciencia. De papá uno aprende a hacer la caridad, lo que es la lealtad y muchas más lecciones que nadie más va a poder enseñar. Así que todo varón digno llamado a esta vocación debe cuidar cómo se relaciona con su esposa, hijos y demás familiares, porque sus pequeños imitadores lo están observando de manera celosa como un héroe digno de imitar. El niño observará desde un inicio la manera como el padre enfrenta el día a día con sus triunfos y sus fracasos. Ve cómo, pese a la enfermedad o la inclemencia del clima, su padre le pone la cara a la vida. También se da cuenta cómo su héroe hace respetar y valer a su núcleo familiar, así que toma a su padre como un súper héroe digno de admirar. Es papá quien debe enseñar cosas tan importantes, como el cumplir la voluntad de Dios en todo momento pasando por el mundo haciendo el bien  agradando al Padre Dios. 

El Papa San Juan Pablo II decía: "Ayuden a sus hijos a salir al encuentro de Jesús, para conocerlo mejor y para seguirlo, entre las tentaciones a las que están continuamente expuestos, sobre el camino que lleva a la auténtica felicidad" (Familiaris Consortio).

4. Un forjador de carácter y disciplina en la vida.

Que Jesús le haya dicho en Getsemaní Abbá –que significa «querido papá» a Dios Padre, en un contexto en que denominar así al Altísimo era algo sumamente revolucionario, en rigor, fue porque vivió una experiencia muy cálida del amor que puede dar un papá cuando está cerca de sus hijos. 
Si un padre ama a su hijo, forjará su carácter, estará al tanto de su camino y antes que sea demasiado tarde lo corregirá cuando cometa algún error. Es deber de un padre forjar a su hijo, para que cuando él ya esté grande, sea un excelente hombre y un buen ejemplo para sus propios hijos biológicos o espirituales, como en el caso de los llamados a la vida célibe.

Todos sabemos que toca al padre impartir disciplina con más firmeza que la madre (los niños perciben inconscientemente a su padre como una figura con mayor autoridad). Si esta se ejerce de manera equilibrada, los hijos asimilan claramente las normas de comportamiento, tienen más autocontrol y tolerancia y sobrellevan mejor la frustración. Cuando el papá toma tiempo suficiente para hablar y escuchar a sus hijos y está conectados emocionalmente con ellos, estos se sienten valorados, importantes y tenidos en cuenta, y experimentan una sensación percibida de apoyo y soporte. El Papa Francisco al respecto dice: “El padre trata de enseñarle lo que el hijo aún no sabe: corregir los errores que aún no ve, orientar su corazón, protegerlo en el desánimo y la dificultad. Todo ello con cercanía, con dulzura y con una firmeza que no humilla" (Ibídem).

5. Un amigo que ayuda a crecer en la libertad.

Dicen muchísimos estudios psicológicos que el hombre es más pragmático que la mujer y va más a lo seguro, por eso es necesario que el papá, en la familia, se muestre como un hombre libre que no vacila al tomar una decisión. Al actuar así, en la libertad de los hijos de Dios, le da a su hijo una enseñanza valiosa que le permitirá elegir sin dudar en los momentos más importantes de su vida. Con el buen uso de la libertad, el padre de familia enseña a afrontar las dificultades de la vida eligiendo siempre la mejor solución. Al darle las herramientas mediante una buena crianza y ejemplo, el papá podrá darle al hijo la libertad de elegir su propio camino pero con buenas bases. Un padre responsable y libre sabe enseñar a su hijo desde pequeño diferentes labores; ejemplo de eso puede ser el pedirle lavar el carro familiar de vez en cuando, tender su cama, arreglar su cuarto y tantas otras labores que le hagan libre. ¡Claro!, esto sin exigir al niño más de lo que sea capaz de dar, según su edad y habilidades; de lo contrario, dependerá del padre hasta para elegir qué ropa vestir cuando sea adulto. No importa cuántas veces el hijo se equivoque, con la guía y disciplina paterna le irá mostrando los diferentes caminos de la vida y las elecciones sabias que puede y debe hacer para ser feliz y hacer felices a los demás.

Dice el Papa Francisco: "La parábola evangélica del Hijo pródigo nos muestra al padre que espera en la puerta de casa el retorno del hijo que se equivocó. Sabe esperar, sabe perdonar, sabe corregir” (Ibídem).

Tantas cosas más que se pudieran decir en torno a la figura del papá. Yo, por mi parte, le agradezco infinitamente a Dios por el padre que me ha dado. Al escribir cada parte de esta pequeña reflexión no he podido de dejar de pensar en él, ahora un hombre de 82 años que sigue brindando al mundo el gozo de su paternidad biológica y espiritual porque un buen papá nunca dejará de serlo, pero cuando un hijo ya es adulto y bastante adulto como yo, gozamos al papá como un amigo cercano, muy cercano en quien confiamos y compartimos experiencias reconstruyendo recuerdos maravillosos.

Por más que el mundo con sus ideas raras y grotescas diga lo contrario y quiera demostrarlo, yo cree firmemente que todo hijo necesitará siempre de esta figura paterna como ejemplo a seguir. 

Si tú has sido bendecido con esta vocación de traer a uno o más hijos a esta vida... ¡Vívela intensamente! Y si como a mí, nos ha pedido el Señor vivir una paternidad espiritual... ¡Busca siempre compartir el gozo de tu figura paterna sobre todo a quien lo necesita!

No dejo de pensar en los papás que ya han sido llamados a la presencia de Dios. El libro del Apocalipsis nos enseña: «Bienaventurados los que mueren en el Señor» (Ap 21,4). ¡Qué fiesta hará el Padre Celestial al recibir a quien se esforzó en su vida por ser una copia fiel de su paternidad! Dales Señor el descanso eterno y brille para ellos la Luz Perpetua. Dales descanso de las luchas y fatigas de esta vida en que vivieron con gozo su paternidad de una manera responsable; brille para ellos la luz para siempre, sin sombras de muerte, sin tinieblas de angustias, dudas o ignorancias. La luz total de contemplar la gloria de Papá Dios en todo su esplendor, en la consumación del amor perfecto y eterno.

¡FELIZ DÍA DEL PADRE!

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

martes, 7 de junio de 2016

«PADRE BUENO, PADRE MISERICORDIOSO»... Una reflexión sobre Dios Padre y el año de la Misericordia


Quiero iniciar esta mal hilvanada reflexión en torno a la bondad y a la misericordia de nuestro Padre Dios con un pensamiento de San Juan Pablo II: “Padre misericordioso, Señor de la vida y de la muerte, nuestro destino está en tus manos. Míranos con bondad y guía nuestra existencia con tu providencia, llena de sabiduría y amor. Reaviva en nosotros, oh Señor, la luz de la fe, a fin de que creamos que tu amor es más fuerte que la muerte”.[1]

San Juan Pablo II, entre las muchísimas cosas que nos dejó en herencia, en su carta: “Hacia el Tercer Milenio” invitaba a la Iglesia a emprender un camino de auténtica conversión hacia el encuentro con la bondad y la misericordia de nuestro Padre Dios.[2] En la historia de la vida de santa Teresita del Niño Jesús, se cuenta que un día, al entrar una novicia en la celda de la santa, se detuvo, sorprendida, por la expresión enteramente celestial del rostro de Teresita. Estaba cosiendo muy contenta, y parecía, no obstante, sumergida en una profunda contemplación. «¿En qué piensa Vuestra Caridad?», preguntó la joven novicia. «Medito el Padrenuestro —respondió santa Teresita—. ¡Qué dulce es llamar al Dios de bondad, Padre nuestro!...» y unas lágrimas rodaron de sus ojos cristalinos. San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, solía repetir que toda su espiritualidad estribaba en conceptuar a Dios como a un buen Padre y en comportarse con Él como un verdadero hijo. ¿Qué decir de la beata María Inés Teresa al respecto? Ella nos dice: «El Padre s el Camino. El Padre es el Camino. ¿No es, acaso, su omnipotencia el camino que ha conducido, por medio de la creación, la nada al ser, y, por medio de la gracia, el ser a Dios? Jesucristo mismo nos ha dicho: "Ninguno viene a Mi si el Padre no lo atrae"».[3] Estamos viviendo el año de la misericordia y pretendo que esta reflexión me ayude, y nos ayude a todos, a caminar así, entre la vida de cada día, meditando siempre en el Padre Dios, Padre bueno y misericordioso.

Jesús nos revela al Padre, quiere que lo amemos como hijos, así como Él lo amó, quiere seguir glorificando al Padre en nosotros, familiares de Dios y conciudadanos de los santos. (Cf. Ef 2,19). Este momento de reflexión al que los invito con la lectura de estas líneas, quiere ser una invitación a ser santos. Dice la beata María Inés: «...Qué viva vida santa, muy agradable a Ti; da a mi corazón alas de paloma para volar a Ti en todo momento, y ojos de águila para tenerlos siempre fijos en Ti...» [4]

Hay en nosotros, se puede decir, tres clases de vida: la corporal, la intelectual y la espiritual. Todas tienen ejercicios adecuados para desarrollarse y mantenerse. Así sucede con la vida espiritual o sobrenatural, cuyo fin es, en el cielo, la bienaventuranza por la contemplación y posesión de Dios, y aquí abajo, el conocimiento de Dios, su servicio, su amor y cuanto nos ayude en este sentido: la oración, la meditación, la contemplación, la multitud de cosas en torno a la vida espiritual, devociones, prácticas de piedad. 

El contemplar a Dios como Padre bueno y misericordioso, nos debe poner en disposición de combatir y vencer todo desarreglo de nuestras pasiones e inclinaciones. El fin del jubileo de la misericordia es destruir en nosotros, como personas y como pueblo —como hijos de Dios— el pecado por medio de la penitencia, haciéndonos romper definitivamente con la vida pasada para animarnos, al mismo tiempo, a tomar la firme resolución de combatir el mal y alcanzar a vivir siempre en el bien y la verdad con la misericordia de nuestro Padre Dios en cada latido de nuestro corazón.

No basta ver y oír lo que sucede en torno al jubileo de la misericordia, es necesario hacer, cooperar, trabajar cuanto cada uno y cada una pueda, sobre todo en el ejercicio de las obras de misericordia, como lo viene repitiendo constantemente el Papa Francisco. 

Cuando iban a martirizar a santa Teresa Kwon, una de los 103 mártires coreanos canonizados el 6 de mayo de 1984, dijo entre sus últimas palabras: «Si el Señor del cielo es el Padre de toda la humanidad y el Señor de toda la creación, ¿cómo podéis pedirme que lo traicione? Incluso en este mundo, si alguien traiciona a su propio padre o madre, no será perdonado. Cuánto menos podré yo traicionar jamás a Aquel que es el Padre de todos nosotros.» En el cielo no seremos otra cosa que lo que ahora intentamos crear en nosotros por medio del ejercicio de la misericordia. En esto tenemos en cuenta que el tipo de ese ser imagen y pensamiento del Padre es Cristo. San Juan en su Evangelio dice: «La vida eterna consiste en conocerte, ¡oh solo Dios verdadero!, y al que enviaste, Jesucristo» (Jn 17,3). Ojalá que podamos decir con el corazón lleno de alegría, a semejanza de los discípulos cuando encontraron al Salvador: «A aquel Jesús de quien Moisés y los profetas escribieron, nosotros lo hemos encontrado» (Jn 1,45). Encontrarnos con Jesús en el Evangelio por la fe, oír, leer y pensar en este año jubilar acerca de Jesús, es como sentarse a sus pies durante horas y días, contemplarle cara a cara y recoger sus palabras en nuestro corazón. Él nos habla del amor misericordioso del Padre y nos invitará a recurrir a su bondad. La beata María Inés, a quien cariñosamente los mimebros de la Familia Inesiana llamamos "Nuestra Madre" escribe: “...Tú vez cuan sincero y cuan grande es mi deseo de amarte y servirte, como lo han hecho los santos”.[5]

¿Qué ha sido nuestra vida hasta el día de hoy? ¿Qué nos dice de ella nuestra conciencia? ¿Que ha sido buena? ¿No ha sido tan bueno nuestro pasado? Dios, en este año jubilar, pone en nuestras manos el libro de cuentas de nuestra vida; podemos borrar y corregir, podemos subrayar y añadir. Nuestro futuro, ¿que nos traerá? ¿Tal vez un cercano acabamiento? ¿Tal vez largas dificultades y pruebas?... ¡Quién lo sabe! Para todo hemos de estar preparados. No nos han de faltar pruebas y tempestades, y es preciso que el fundamento resista a todo. En este jubileo nos acercamos a Dios y estamos en sus manos. digamos con el salmista: «Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad» (Salmo 15). 

Si consideramos los resultados y frutos que podemos sacar de nuestra vivencia de este año de la misericordia. Hay una gracia especial que pudiéramos llamar «gracia jubilar». En este año podemos acrecentar la virtud de la fe, la virtud de la oración en el encuentro con el Señor para contemplar con Él al Padre bueno y misericordioso. A la Samaritana (Jn 4,1-130) y a Zaqueo (Lc 19,1-10) les bastó un momento, una sola conversación con Jesús para transformar sus vidas y experimentar el amor del Padre misericordioso; Juan y Andrés estuvieron una tarde con Él (Jn 1,39). Si nos presentamos ante Dios con alegría y sencillez buscándole en el sacramento de la Reconciliación, el año jubilar tendrá un excelente y seguro resultado en nuestras vidas: el gozo de saborear la alegría del Evangelio en el que Jesús nos dice:«El Padre los ama» (Jn16,27). 

Por último, tengo algunas preguntas: ¿Qué haríamos si supiésemos que al fin de este año jubilar nos espera la muerte y la comparecencia ante Dios? ¿Qué haríamos si supiésemos que los resultados para nuestra vida entera, para el tiempo y la eternidad, dependen de cómo viva este año de la misericordia? Les recomiendo leer, además, san Juan 17.

Recordemos que somos discípulos misioneros, no trabajamos sólo para nosotros, sino para innumerables almas. 

Les invito a hacer esta oración conmigo:

Te alabamos Padre bueno y misericordioso,
con fe pronunciamos tu nombre
y sentimos el gozo en el corazón.
Pensamos en Ti con un sentimiento grande de confianza.
En tus manos ponemos cada día de nuestra existencia.
Extiende tu mano 
sobre nuestras mentes y nuestros corazones,
para que aprovechemos este año jubilar.
Haznos familia unida en la oración y en el silencio,
concédenos la gracia de alcanzar la santidad 
junto con María, los santos y Nuestra Madre la beata María Inés. 
Elevamos a Ti Padre Santo,
nuestra alabanza, nuestra gratitud, nuestra súplica y
nuestro pedir perdón.
Todo esto por Cristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



P. Alfredo L. G. Delgado R., M.C.I.U.


[1]Wilhelm Mühs, “Dios nuestro Padre”, Ediciones San Pablo, Madrid 1998, p. 95, pensamiento # 320.
[2]Ver T.M.A. # 49.
[3]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, escrito de la Sierva de Dios que no tiene lugar ni fecha, pero que ciertamente es de ella.
[4]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Ejercicios Espirituales”, 1933.
[5]María-Inés-Teresa ARIAS ESPINOSA, “Ejercicios Espirituales”, 1933.

domingo, 19 de junio de 2011

En el día del padre...

La figura paterna ha sido siempre sinónimo de respeto, rectitud, trabajo, seguridad y ejemplo. El día del padre es un día no solamente para honrar a nuestro propio papá, sino a todos los hombres que actúan como figura del padre. Un día para celebrar a los a los tíos, a los abuelos, y en general a la figura paterna, ya que todos los que la hacen presente son acreedores a que se les celebre el Día Del Padre. 

Al papá siempre se le ha considerado el jefe del hogar, es quien sale a ganar honradamente el pan de cada día para su familia y es el referente para sus hijos en todos los actos de la vida. La grandeza de un padre se complementa con lo sublime de una madre, y hoy los roles de cada uno han cambiado según la necesidad que la vida moderna y acelerada lo exige.

Hasta hace pocos años, el padre era considerado como proveedor y quien imponía las reglas en el hogar; el padre era muy respetado y querido pero se mantenía una relación vertical de mando y obediencia dentro del núcleo familiar. Y vale la pena reconocer la disciplina y rectitud con la que «los padres de antes» educaban a sus hijos, cómo no recordar sus enseñanzas y consejos que con sabiduría impartían en largas sobremesas familiares, cómo no enorgullecernos de que nos dieron un nombre limpio, respetable y digno como la más grande herencia del ser humano. 

Ciertamente en la actualidad los roles de los papás han cambiado, si bien es cierto que el padre sigue siendo el eje del hogar, sus actividades son compartidas con la madre y viceversa, es decir los papás y muchas de las mamás trabajan fuera de casa para llevar el sustento al hogar, pero de igual manera ambos comparten los quehaceres del hogar y la crianza de los hijos.

Este cambio en la estructura familiar ha ennoblecido aún más la función del padre, porque vive y comparte más experiencias enriquecedoras con sus hijos y su compañera, haciendo la vida más alegre y llevadera, con mayores manifestaciones de amor, de cariño, de ternura y de respeto, construyendo vínculos familiares indestructibles.

Felicidades a todos los papás, independientemente de la época y el estilo en el que ejercen su rol de padres comprometidos con su hogar y su familia, que Dios los bendiga y los proteja siempre para felicidad de quienes les aman. 

¡Felicidades papá! 

Si tú tienes a tu papá, regálale un beso y un abrazo y siempre respétalo, ámale, cuídalo y agradécele por todo lo que ha hecho por ti; no esperes que se vaya de tu lado para reconocer sus méritos. Si ya partió de este mundo, ora por él en la Eucaristía de este domingo.

Les dejo esta canción de Alberto Carlos pensando especialmente en papá.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.