Al igual que en la cita, la sociedad actual en México vive un descontento que parece ser ya crónico, donde las propuestas de cambio se descartan inmediatamente aún por el mismo gobierno que se unde en su propio lodo y las tragedias nacionales, que son terribles, a veces se normalizan, perdiendo la capacidad de indignación o de empatía real por la mayoría de las gentes atrapadas en el sin sentido del consumismo desaforado que intenta a como dé lugar, distraer a todos. El pasaje muestra cómo los líderes de la época buscaban pretextos para desacreditar: a Juan lo llamaban endemoniado y a Jesús, glotón y borracho. En el México contemporáneo, esto se refleja en la polarización política que no evalúa el fondo de las acciones o propuestas de los ciudadnos para el país. La Independencia no puede ser para los católicos de hoy solo un evento histórico para romper con una corona extranjera, sino un proyecto continuo para construir una nación justa que ha costado, a lo largo de los años, mucha sangre derramada. El reto es grande, lo sé, pero también sé que no es imposible.
Este texto sagrado nos recuerda que la palabra de Dios es siempre viva y actual y por eso hoy nos confronta con la inmadurez de una generación que prefiere la queja al compromiso y que solamente se presenta con la piel del espectador que solo critica en la «plaza pública» —las redes sociales— y transita hacia una ciudadanía resignada ante los daños del narcotráfico y de otros males más. El versículo final de la escena nos recuerda que la verdad y la justicia no se miden por el ruido de las descalificaciones ni por los espectáculos al estilo del circo romano, sino por sus frutos tangibles. La madurez de nuestra soberanía solo se puede alcanzar, cuando seamos capaces de reconocer lo que edifica a la nación, sin importar de qué sector provenga, priorizando el bien común sobre el sectarismo y los pleitos entre partidos de uno u otro color. La Independencia se alcanzó en aquella lucha presidida por el estandarte con la Guadalupana, señal de que nuestro Padre Dios nos quiere libres. Que ella nos ayude a alcanzar del Señor la verdadera y duradera libertad. ¡Bendecido miércoles y viva México!
Padre Alfredo.
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