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sábado, 29 de septiembre de 2018

«Quién como Dios, fuerza de Dios» y medicina de Dios... Un pequeño pensamiento para hoy

A quién no les son familiares los nombres de Gabriel, Miguel y Rafael. Son los festejados de hoy en la Iglesia en el mundo entero. Tres ángeles que son muy especiales y que reciben el título de «Arcángeles», porque en la corte celestial los ángeles desempeñan diversas funciones. Los arcángeles son ángeles que atienden las áreas de los esfuerzos humanos y son, pudiéramos decir, los líderes administrativos de todos los seres celestiales. Un arcángel recibe, usualmente, una tarea de importancia para la humanidad. La Sagrada Escritura nos menciona a estos tres por su nombre: Miguel, en el libro de Daniel y en el Apocalipsis. De hecho la narración que el Apocalipsis nos hace el día de hoy como primera lectura, nos lo muestra expulsando a satanás de los dominios de Dios, al gran traidor y padre de la mentira que osó rebelarse contra un Dios tan bondadoso (Ap 12,7-12). Rafael aparece en el libro de Tobías y Gabriel en el libro de Daniel y en el evangelio según San Lucas. Éstos tres aparecen siempre como mensajeros especialísimos del Señor, de allí sus nombres llenos de significado. Miguel significa «quién como Dios», Gabriel significa «fuerza de Dios» y Rafael «medicina de Dios». 

Creer en los ángeles es creer en la presencia trascendente de Dios en la historia, porque la historia no es sólo lo que se ve, se siente y se toca. Hay una dimensión trascendente, oculta e invisible que por lo mismo no alcanzamos a ver. Los ángeles nos recuerdan y nos hacen visible esa dimensión trascendente. El mundo de los ángeles no es otro mundo, sino la dimensión trascendente de nuestra historia. En la Biblia generalmente no se presenta a Dios actuando en forma directa en la historia y allí donde un ángel aparece en escena, es Dios mismo quien actúa. Se suele enumerar nueve coros u órdenes de la corte celestial. Esta jerarquía se basa en los distintos nombres que se encuentran en la Biblia para referirse a ellos. Dentro de esta jerarquía, los coros de ángeles superiores hacen participar a los inferiores de sus conocimientos y según nos enseña la teología católica, cada tres coros de ángeles constituyen un nivel jerárquico y todos ellos juntos forman la corte celestial. El primero es la jerarquía suprema, integrada por los querubines, los serafines y los tronos; la segunda es la jerarquía media compuesta por las dominaciones, las virtudes y las potestades; finalmente tenemos la jerarquía inferior, conformada por los principados, los arcángeles y los ángeles. En el evangelio de hoy se nos recuerda que los cielos están abiertos y los ángeles suben y bajan sobre Jesús (Jn 1,47-51). 

La Iglesia celebra a estos tres arcángeles —Miguel, Gabriel y Rafael— para agradecer el servicio directo del Señor que realizan para cumplir misiones especiales con la humanidad. Miguel arrojó del cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y mantiene la batalla contra Satanás y sus secuaces para destruir su poder y ayudar a la Iglesia militante a obtener la victoria final. Su conducta y su fidelidad nos invitan a reconocer siempre el señorío de Jesús y a buscar en todo momento la gloria de Dios. Gabriel aparece siempre como el mensajero de Yahvé para cumplir encargos especiales y como portador de noticias felices. Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y a la Virgen María la encarnación del Hijo de Dios. Rafael tiene un papel muy importante en la vida de Tobías al mostrarle el camino a seguir y lo que tenía que hacer. Tobías obedeció en todo al arcángel Rafael sin saber que era un ángel enviado por el Señor. Él se encarga de presentar oraciones y obras buenas a Dios. Y nos deja como mensaje bendecir y alabar a Dios, hacer siempre el bien y nunca dejar de orar. De los tres podemos aprender a saber servir con alegría y obediencia al Señor. Porque los ángeles son ministros de Dios. Y, en especial gracias a estos tres que interceden ante Dios por nosotros, podemos crecer también en gratitud a Dios por habernos dado a tan insignes mensajeros y protectores. No tengamos temor de invocarlos y de solicitar su intercesión. ¿Quién sabe si un día cualquiera hemos sido ayudados por un ángel del Señor sin siquiera habernos dado cuenta? Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los ángeles y de estos santos arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que, en verdad, seamos portadores de la vida de la gracia que Dios quiere que llegue a todos los hombres. ¡Bendecido sábado! 

Padre Alfredo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

«LOS ARCÁNGELES»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy celebramos a los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael que, desde el cielo, seguramente al vaivén de su aleteo, gozan de que, como familia de fe, les dediquemos un día especial. ¡Qué alegría saber que nuestro Dios no nos deja solos y nos regala la protección y compañía constante de estos, a la vez excelsos y humildes servidores, de su corte celestial! Miguel «Quién como Dios», nos acompaña en las luchas que hemos de librar contra el maligno; Gabriel «Fuerza de Dios», nos ayuda a mantenernos siempre fuertes, sobre todo cuando la fe comienza a declinar; Rafael «Medicina de Dios», cura nuestras heridas invitándonos a confiar en la infinita misericordia de nuestro Dios. A lo largo de la Escritura y en diversos pasajes, podemos ver la presencia y la acción de estos seres maravillosos. Ellos están siempre con nosotros al mismo tiempo que glorifican a Dios en la liturgia celestial.

Miguel ayudó al profeta Daniel en sus luchas y dificultades (Dan 10,13.21; 12,1). La carta de Judas, en el Nuevo Testamento, dice que Miguel disputó con el diablo el cuerpo de Moisés (Jd 1,9). Fue Él el que venció a satanás, derribándolo del ciego y arrojándolo al infierno (Ap 12,7). Gabriel aparece explicando al profeta Daniel el significado de las visiones (Dan 8,16; 9,21), y fue el Arcángel que llevó el mensaje de Dios a Isabel (Lc 1,19) y a María, la Madre de Jesús (Lc 1,26). Rafael, por su parte, se menciona en el libro de Tobías. Él acompañó a Tobías, hijo de Tobit y de Ana, en su viaje y le protegió de todos los peligros. Ayudó a Tobías a que librara a Sara de un mal espíritu y a curar de la ceguera a Tobit, su padre. 

Cuando Jesús dice en el Evangelio «Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn 1,51) nos está revelando su divinidad y la relación tan profunda, y la vez misteriosa, que tiene con su Padre Celestial y la humanidad. Hoy vivimos tiempos difíciles. Por una parte estamos llenos de tecnología y de aparatos sofisticados para comunicarnos que realmente, bien usados, nos pueden ayudar mucho, pero por otra, con una comunicación que hoy por hoy está un poco desvirtuada. No recibimos suficientes estímulos para hacer el bien y sí mucho material basura. Esto seguramente porque nos falta la principal fuente de comunicación que los Arcángeles nos enseñan: «Hablar con Dios». Miguel, Gabriel y Rafael son símbolos de esa comunicación entre Dios y los hombres. Los Arcángeles, a quienes hoy celebramos, son de hecho, la prueba del amor de Dios que nos guía y se ocupa de nosotros. En el contexto de estos días que vivimos colapsados por los huracanes, terremotos e inundaciones, tampoco podemos olvidar a muchas personas que, han ayudado de muchas maneras con su entrega, su amor y su cuidado. Ellos también, son, por así decirlo, los ángeles de Dios para nuestro pueblo devastado. San Miguel, San Gabriel y San Rafael, rueguen por nosotros con nuestra Señora Reina de los Ángeles. Amén.

Padre Alfredo.

jueves, 29 de septiembre de 2016

LOS ARCÁNGELES...


En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de «San Miguel», en la vía Salaria, en Roma, se celebran juntamente tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura nos revela sus nombres y las misiones singulares que, a quienes sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, glorificándolo sin cesar, ha encomendado una misión especial en la tierra. La etimología de la palabra "ángel" procede del latín angelus, y este a su vez del griego ágguelos o mal'akj en hebreo, que quiere decir "mensajero" o "servidor" de Dios (Hebreos 1,7). 

Santo Tomás de Aquino enseñaba que los ángeles fueron creados antes que el hombre, porque un ángel rebelde a Dios, fue el culpable de la caída de nuestros primeros padres. Se admite entonces que el Padre del cielo los creó en un principio, cuando sacó de la nada el universo (Concilio de Letrán, 1215). Hay en estos seres espirituales tres instantes: su creación, la prueba de obediencia a que fueron sometidos por Dios,  y el premio en el cielo para los ángeles buenos, y el castigo en el infierno para los ángeles malos. 

San Gregorio Magno afirmaba  que "casi todas las páginas de la revelación escrita, dan testimonio de los ángeles". En la Biblia se registran cerca de 400 veces; tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En la vida del Hijo de Dios, se encuentran desde su nacimiento en el portal de Belén, hasta su triunfante resurrección en Jerusalén, y regreso al cielo. Por eso, Cristo Jesús es superior a todos ellos (Hebreos 1,4), creados por él ( Colosenses 1,16); y sometidos bajo su autoridad y poder (1Pedro 3,22).

Los Arcángeles, junto con los Principados y los Ángeles propiamente llamados así, son los ángeles más cercanos a los humanos. Todos los Ángeles son mensajeros de anuncios importantes. Son llamados «Arcángeles», como los «Ángeles» precisamente porque ejercen un oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman Ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman Arcángeles”.

En el libro de Tobías (12,15) San Rafael se presenta como «uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia». En el Apocalipsis (8,2) San Juan describe: «vi a los siete Ángeles que estaban delante de Dios, y ellos recibieron siete trompetas». Por estas dos citas bíblicas se afirma en la Iglesia que existen 7 Arcángeles aunque sólo conocemos tres nombres de Arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel. Los otros nombres (Uriel, Barachiel o Baraquiel, Jehudiel, Saeltiel) aparecen en los libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras y en algunos escritos de la literatura rabínica. Sin embargo, la Iglesia solamente reconoce los tres nombres que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Los demás pueden servir como referencia, pero no son doctrina.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL:

Miguel significa «¿Quién como Dios?» y su nombre viene del hebreo «Mija-El», que significa eso: «¿Quién como Dios?» y que, según la tradición de la Iglesia, fue el grito de guerra en defensa de los derechos de Dios cuando Lucifer se opuso a los planes salvíficos y de amor de nuestro Creador. La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción a San Miguel Arcángel, especialmente para pedirle que nos libre de las perversidades y asechanzas del demonio y de los espíritus infernales. Se le suele representar con el traje de guerrero o soldado centurión poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo.

Para los hebreos es el Arcángel protector frente al poderío de Persia y Grecia, antiguo patrono de la sinagoga. En la Iglesia de Oriente, así como entre los teólogos de Occidente, se nombra a San Miguel como virrey del cielo, príncipe de la luz, jefe de todos los ejércitos angelicales, custodio de la Iglesia Católica desde hace más de diez siglos, acompañante de las almas en la eternidad, y el ángel del juicio final (1Tesalonisense 4,16). Es además, el guerrero celestial que peleó con el Diablo encima del cuerpo de Moisés (Judas 9); y en el cielo contra el Dragón y sus ángeles rebeldes (Apocalipsis 12,7). Es pues, el símbolo del eterno triunfo de la luz sobre las tinieblas.

San Miguel Arcángel se ha manifestado en varias oportunidades. En Roma se representa en una estatua de bronce desde lo alto del castillo de Saint'Angelo, con resplandeciente armadura, en el acto de envainar su espada mientras contempla la Ciudad Eterna, cuando se posó durante una epidemia, en tiempos del pontificado de San Gregorio Magno en el año 590. Se le han construido enormes santuarios como en monte Saint Michel, en la costa francesa, coronado por una antigua abadía benedictina del siglo XI. El oratorio fue erigido en el año 709. El lugar era un pico que emergía sobre el bosque de ScissY; se afirma que inmediatamente después de haber cumplido monseñor Aubert con el mandato del arcángel, se produjo una tremenda marea que le dio al lugar su forma actual. Durante las cruzadas en Tierra Santa, eran frecuentes los relatos, contados incluso por los propios sarracenos sobre grandes ejércitos del cielo en ayuda de los templarios (monjes-guerreros), comandados por el propio San Miguel.  Por un espacio de dos años, se apareció a Santa Juana de Arco, en compañía de Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita. El Papa León XIII compuso una oración invocando la protección del santo arcángel, que fue enviada a todos los obispos en 1886. Esta plegaria nació después que el Vicario de Cristo al terminar una misa , tuvo una visión de los espíritus infernales que se juntaban sobre la ciudad eterna de Roma.

SAN GABRIEL ARCÁNGEL:

Gabriel significa «Fuerza de Dios» y aparece en el Antiguo Testamento en el libro de Daniel explicándole al profeta una visión del carnero y el chivo (Dn. 8), así como instruyéndolo en las cosas futuras (Dn. 9,21-27).  En los Evangelios, San Lucas (1,11-20) lo menciona anunciando a Zacarías el nacimiento de San Juan Bautista y a la Santísima Virgen María (Lc. 1,26-38) que concebirá y dará a luz a un hijo a quien pondrá por nombre Jesús. San Gabriel Arcángel es conocido por muchos, en la religiosidad popular, como el «ángel mensajero», se le representa con una vara de perfumada azucena y es patrono de las comunicaciones y de los comunicadores porque trajo al mundo la más bella noticia con la Anunciación.

San Gabriel Arcángel se sienta a la izquierda de Dios, Jefe de los querubines, es el ángel de la misericordia, la revelación y la muerte. En el Nuevo Testamento le comunica a Zacarías que sería el padre del precursor del Mesías (Juan Bautista) (Lucas 1,11-20), es el portavoz de la anunciación a María (26-30). Algunos teólogos piensan que fue el ángel que consoló a Jesús en  el  huerto  del  Gethsemaní  (22,43),  y  el que toca la trompeta en el libro del Apocalipsis. Uno de los frescos más antiguos sobre este arcángel, se conserva en una capilla de la Vía Apia, en  Roma;   probando  así  que  desde   el  principio  fue  venerado en la Iglesia Católica. San Gabriel es también nombrado por los musulmanes, quienes creen que fue el mensajero celestial que sirvió como transmisor de la palabra de Alá, cuando dictó el libro del Corán a su profeta Mahoma.

SAN RAFAEL ARCÁNGEL:

Rafael en hebreo quiere decir «Dios te sana». Su nombre se menciona  en el libro de Tobías, en el Antiguo Testamento, y figura en varios capítulos. Allí se lee que Dios envía a este Arcángel para que acompañe a Tobías en un viaje, en el que se casó con Sara. De igual manera San Rafael le indicó a Tobías cómo devolverle la vista a su padre. Por esta razón es invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes y se le conoce como «Medicina de Dios».

San Rafael Arcángel es el guardián del árbol de la vida en el Edén (Génesis 3,24), y jefe del órden de las virtudes, es además el ángel de la providencia, que cuida a la humanidad y a los peregrinos. En el Antiguo Testamento le sirvió de guía a Tobías, indicándole como devolverle la vista a su padre Tobit en Nínive (11, 7-8). Es "uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y que puede entrar ante su presencia gloriosa" (12,15).

En su liturgia, la Iglesia Católica se une a los ángeles para adorar a Dios e invoca su asistencia, pero celebra sólo la memoria a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, así como a los ángeles custodios.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Coronilla de San Miguel Arcángel...


En el año de 1750, San Miguel Arcángel se apareció a la devota Sierva de Dios Antonia De Astónac, religiosa carmelita de Portugal. El arcángel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.

A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aún mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.

En esta coronilla se invocan a los nueve coros de ángeles. Después de cada invocación se reza un Padre Nuestro y 3 Avemarías. Se ofrece esta coronilla por la Iglesia, para que sea defendida de todas las asechanzas del demonio, por la santificación de los sacerdotes y por los que están más alejados de Dios.


En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, etc.

1. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías

2. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

3. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

4. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, danos señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

5. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

6. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

7. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

8. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

9. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.

Padre Nuestro y 3 Avemarías.

Se reza luego un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:

*En honor a San Miguel: Padre Nuestro...
*En honor a San Gabriel:Padre Nuestro...
*En honor a San Rafael: Padre Nuestro
*En honor a nuestro ángel de la Guarda: Padre Nuestro

Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.

Oración de León XIII: San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

V/. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Todopoderoso y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos, y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.