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martes, 24 de abril de 2018

«Y recibieron el nombre de cristianos»... Un pequeño pensamiento para hoy


La dispersión causada por la muerte de Esteban hizo que algunos de los creyentes llegaran a Antioquía, en aquel entonces la tercera ciudad más importante del imperio, después de Roma y Alejandría. Con medio millón de habitantes, aquella era una ciudad cosmopolita conocida como «La reina de Oriente» o «La dorada Antioquía». Al expandirse el cristianismo, esta próspera ciudad fue una de las sedes de los cinco patriarcados originales, en los que figuraban también Roma, Constantinopla, Alejandría y Jerusalén. Allí suceden dos hechos memorables: La iglesia comienza a anunciar al Señor Jesús «también a los griegos» (Hch 11,20) y los creyentes comienzan a ser llamados por primera vez «cristianos» (Hch 11,26). En Antioquía surge un tipo de comunidad muy diferente a la inicial de Jerusalén. Como se puede ver en la primera lectura de hoy (Hch 11,19-26) los cristianos se lanzan a anunciar a Jesús a «los otros», tendiendo puentes en medio de la diversidad usando de una gran intensidad ascética y litúrgica, así como de una caridad y fantasía que permeaba el corazón de quienes se adherían a la fe con un espíritu de comunión y de oración. 

La comunidad creyente, Jesús y el Padre, vienen a ser una misma familia desde que él predicaba en el Templo de Salomón (Jn 10,22-30) hasta nuestros días. Los que son de Jesús lo escuchan comprometiéndose con él y como él a entregarse sin reservas a dar vida. El don de Jesús es el Espíritu y con él la vida que supera la muerte; estarán al seguro, pues Jesús es el pastor que defiende a los suyos hasta dar la vida (Jn ,11). El reino espiritual que el Buen Pastor revelaba en sus palabras requería una grande confianza en Dios desde que él mismo predicaba. El párrafo que hoy toma el evangelio nos muestra que en algunas ocasiones había gente —en especial judíos fundamentalistas, escribas y fariseos— que quedaban sorprendidos por los gestos y signos de Jesús, pues llegaban a cuestionarse si Él sería el Mesías, y le preguntaban: ¿por qué nos tienes en vilo y no nos hablas claramente diciéndonos quién eres? Si tú eres el Mesías, dínoslo (Jn 10,24). Un cuestionamiento que parece estar en paralelo con el de los discípulos de Juan que le preguntaban también: ¿Eres tú el Mesías o debemos esperar a otro? (Cf. Mt 11,3; Lc 7,19). La respuesta fue distinta en cada caso, por la diversa actitud de los interlocutores. A los discípulos de Juan les dijo: vengan y juzguen; a los judíos sospechosos y titubeantes les dijo: es inútil complacerlos, porque no están dispuestos a creer. Así, aprendemos la doble lección para el día de hoy: Cristo vino para todos y cuenta con todos; pero es necesario estar abiertos a su gracia para creer en él. 

Tanto el Evangelio como el libro de los Hechos, nos hacen recordar que el Señor no es un personaje que lucha para que progresemos en nuestro estado de «bienestar» Los judíos eran adinerados en general y los de Antioquía también. Cristo nos conoce, y espera por nuestra parte que demos testimonio de Él. Y la prueba la encontramos, cada día, en medio de lo que calificamos: insignificante, aburrido, monótono o cansino, aunque tengamos lo necesario para alcanzar «bienestar». Es bueno que resuene en nuestra memoria, una y otra vez, que la recompensa que esperamos de Dios no es un aumento de sueldo, ni una gratificación extraordinaria, ni una casa más grande, ni un carro del año o un viaje a un paraíso vacacional. Jesús «sólo» nos promete, si le escuchamos y le seguimos, la vida eterna: «Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano» (Jn 10,27-28). Si acudimos a la Virgen, con la confianza de un niño, seguro que al pedirle «bienestar», ella nos centraría y nos daría una sonrisa y una caricia recordándonos que su Hijo Jesús cargó con la Cruz, con esa cruz que ella sostuvo en su corazón. ¿Hay algo más entrañable en la señal del cristiano? ¿Por qué nos vamos a quedar enredados en un mundo material? Que Dios nos conceda, en estos días pascuales, por intercesión de su Madre santísima, la gracia de saber abrir los oídos de nuestro corazón para que aumente en nosotros la alegría de ser reconocidos como «cristianos» dejándonos guiar por Cristo como aquellos de Antioquía para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos un signo del amor salvador de Dios para nuestros hermanos en medio de este mundo que parece quererse instalar en el pasajero «bienestar» que algún día tendremos que dejar. ¡Es martes y me toca ir a confesar a la Basílica, los encomiendo a los pies de la Morenita y encomiendo al Papa, que me lo pidió expresamente el Domingo de la Misericordia! 

Padre Alfredo.

martes, 30 de enero de 2018

Jerusalén y nuestro compromiso misionero...


Estando en Tierra Santa, en concreto en la ciudad antigua de Jerusalén, uno se da cuenta del número tan reducido de cristianos en el lugar. Hace unos días estuvimos con Fray Artemio Vítores, sacerdote franciscano vicecustodio emérito de Tierra Santa y guardián (superior) del Convento Franciscano Santa Catalina «ad Nativitatem». Él nos explicaba que, además, a estas alturas y por diversas circunstancias políticas y religiosas, la minoría cristiana ya se ha reducido aún más. Desde 1948, la población cristiana de Israel ha descendido del 30% al 1,2%, unas cifras que muestran claramente la trágica realidad que vive la tierra del Señor y María Santísima.

Muchos de los que viven en Jerusalén —la tierra que vio nacer al Salvador— no conocen aún a Cristo; pero nosotros, que somos parte de un país «católico», podemos decir que quizá en la propia familia, entre nuestros amigos, entre los compañeros de clase a los que vemos diariamente sucede lo mismo que aquí en la Tierra Santa. Es posible que muchos hayan oído hablar de Cristo, pero en realidad no le conocen. 

Jerusalén, para todos los cristianos, es el corazón de la Tierra Santa, la síntesis de la acción de Dios en favor de los hombres. Así lo afirmaba san Juan Pablo II en una ocasión: «¡Cuántos recuerdos, cuántas imágenes, cuánta pasión y qué gran misterio envuelve esta palabra: Jerusalén!... ¡Cuántas veces, en los libros históricos, en los Salmos, en los Profetas, en los Evangelios, resuena el nombre de Jerusalén, siempre amada y deseada, pero también vituperada y llorada, pisoteada y resucitada, amonestada, consolada y glorificada. En verdad, ¡es una ciudad única en el mundo!». Todos los miembros de la Iglesia, de una o de otra manera, tenemos el sueño de subir a Jerusalén como subió Jesús. Es un camino difícil, pero hay que decidirse: Jesús, «estando para cumplirse los días de su elevación, tomó la decisión irrevocable de subir a Jerusalén» (Lc 9,51).

Tierra Santa —me comentaba en estos días un comerciante de artículos religiosos que de hecho es mi tocayo porque se llama Alfredo— se está quedando sin cristianos. Alfredo me decía hace un rato que regresábamos del Santo Sepulcro: «Vengan en peregrinación padres, traigan a su gente, sólo así, los cristianos podremos trabajar, comer y ganarnos la vida, y nos veremos obligados a irnos. Somos —me decía hablando en italiano porque su abuela era italiana— como mendigos que necesitamos su limosna». Y esto, es una realidad. Mucha gente gasta cantidades de dinero estratosféricas en cruceros y viajes a lugares recónditos que a un cristiano no le dicen nada. Y esta situación no se debe a que Israel sea un estado judío (y de hecho el número de judíos convertidos al cristianismo en Israel ha aumentado y a pesar de que el judaísmo rabínico talmúdico, la religión oficial de Israel, manifieste una oposición fundamental a Cristo y a su Iglesia) sino al crecimiento del número de musulmanes. Aquí los cristianos cada vez son menos y los musulmanes más y más. Un estudio estadístico prevé que para 2050 el número de musulmanes será similar al de cristianos, casi un 30% de la población mundial. Es increíble cómo al ir pasando por diversas ciudades y pueblos, destacan por aquí y por allá los «minaretes», esas torre anexas a las mezquitas desde donde el «muecín» o «almuédano» convoca a los fieles musulmanes para que acudan a la oración. Sus oraciones en árabe se escuchan a través de grandes bocinas instaladas en lo alto de esas torres.

Digo que los musulmanes son quienes están desplazando la presencia cristiana en Israel porque por parte del pueblo judío se han venido suscitando conversiones que hacen que sea muy probable que el número de cristianos aumente de forma constante en las próximas décadas por parte de ellos. En el Estado de Israel hay católicos, aunque los de origen judío son muy escasos (apenas unos 500) y la mayoría católica es de raza árabe (se calcula que existen unos 27000, repartidos por todo el Estado). Aunque desde luego, el grupo más nutrido, unos 50.000, proceden de la abundante inmigración producida durante los últimos años. En total existen seis parroquias católicas oficiales en Israel, por lo que no es la comunidad cristiana más abundante, pero están aquí y debemos orar por ellos, los que predominan son los cristianos de origen ortodoxo, como la Iglesia Armenia, o la Iglesia Siriaca. El Señor ha querido que nosotros naciéramos católicos, para que participemos en su misión de salvar al mundo y ha dispuesto que el afán misionero sea un elemento esencial e inseparable de la vocación cristiana que compartimos con ellos. 

Junto al afán misionero, creo que debe estar muy vivo el de adentrarnos a conocer muy de carca Jerusalén y en general la Tierra Santa. Hoy es tan fácil, se puede hacer por medio de libros, videos, películas, audios y, por qué no... un viaje a estos hermosos lugares donde cada una de las piedras habla de ese paso del Señor Jesús por aquí. Yo por mi parte me comprometo a que poco a poco voy a ir compartiendo algo de cada uno de los lugares sagrados de Israel y Palestina. Creo que quien se decide a seguir a Cristo —y nosotros le seguimos— se convierte en un apóstol misionero con una responsabilidad concreta: «Conocer y amar cada día más a Cristo para seguirle más de cerca. Amarlo y hacerlo amar del mundo entero» valiéndose de cuantos medios sean posibles. 

El afán misionero, el deseo de acercar a muchos al Señor, no lleva a hacer cosas raras o llamativas, y mucho menos a descuidar los deberes de cada día. Es precisamente en medio de las tareas de cada día, aprovechando las relaciones humanas normales, donde encontramos nuestro campo para la misión y para dar a conocer nuestro cristianismo con alegría. Yo nunca había venido a la Tierra Santa, y ahora que me encuentro aquí, gozo viendo todos aquellos lugares que ya conocía en papel, en video o por boca de quienes ya habían tenido esta experiencia. Pero cuántos hay que no saben nada de Cristo ni de los lugares concretos en dónde Él se movió... ¡Si aquí hay muchos que no le conocen!... ¿cómo andaremos en nuestras familias y en nuestros ambientes?

En medio del mundo, donde Dios nos ha puesto, debemos llevar a los demás a un encuentro con Cristo y la Tierra Santa. Recuerdo que a veces, en las clases de cristología, antes las explicaciones que yo daba de los lugares santos, su geografía, su historia, su herencia espiritual, no faltaba quién me decía: «¡Pero usted porque ya conoce!» y en cierto sentido tenían razón, porque, aunque no había venido, Internet y you tube ya me habían traído a visitar lugar por lugar.

Preguntémonos hoy qué tanto somos discípulos–misioneros del Señor Jesús y de su Tierra Santa. Preguntémonos si hemos buscado conocer en libros o videos los lugares por donde pasó Cristo y a cuántos hemos hablado de estos lugares y si significado en nuestra fe. Veamos a quiénes hemos ayudado a venir virtual o físicamente a conocer la Tierra Santa. Yo, por mi parte, no me alcanzo a agradecer a quienes hicieron posible que ahora yo esté aquí en este curso de «Renovación Sacerdotal»: A los padres Legionarios de Cristo, a Logos, a mis papás y a tantos más que con su ayuda y sus oraciones, han sostenido este viaje. 

De los primeros cristianos se decía: «Lo que el alma es para el cuerpo, eso son los cristianos para el mundo» ¿Se podrá decir lo mismo ahora de nosotros? Hagamos unos momentos de oración en silencio luego de leer esto y pidámosle a María Santísima, la misionera por excelencia, su materna intercesión para que seamos cada día unos discípulos–misioneros que cada día se enamoren más de su Hijo Jesús y del anhelo misionero de establecer el Reino de Cristo.

Padre Alfredo.

viernes, 9 de junio de 2017

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo...

Cada vez, que ya sea solos o en comunidad, pronunciamos las palabras de la Doxología: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo», resuena en el interior de nuestro ser, un grito de gratitud inmenso a Dios en sus tres personas, que se nos ha mostrado así de esta manera, en un misterio de amor. San Atanasio, uno de los Santos Padres de la Iglesia, dice en una de sus cartas: «Existe, pues, una Trinidad santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad única» (Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599).

¿Cómo explicar este misterio a un mundo que casi se puede decir que entiende solamente de realidades terrenas, es decir materiales? ¿Cómo dar a entender este misterio a un mundo que solo quiere creer en lo tangiuble? Esto, en primer lugar, es «un misterio», el misterio de Dios «Uno y Trino» y por eso solo podemos exclamar: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo».

¡Qué hermoso testimonio de unidad para nosotros los miembros de la Iglesia que somos familia! ¡Qué grande enseñanza de amor y de solidaridad! Desde que el Padre es padre y el Hijo es hijo, en ese mismo instante, brota el Espíritu Santo, que con ellos existe en unidad desde siempre y para siempre. Cada una de las tres personas divinas con una misión especial que no opaca ni disminuye la de las otras dos. El Padre es amor, el Hijo es gracia y el Espíritu Santo es comunión.

Cada día, en nuestro diario obrar, el único Dios verdadero y todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, hace una fiesta de encuentro con nosotros. Cada día el Padre nos ama y nos da a su Hijo para salvarnos y para que al mismo tiempo nosotros lo amemos también. Cada día infunde su amor en nuestros corazones por medio de su Espíritu Santo, quien tal vez, como lo afirmó el beato Paulo VI, sigue siendo el gran desconocido para muchos.

No podemos sino sentirnos amados por el Padre, alimentados por el Hijo en su Palabra y en su Eucaristía y poseídos por el don del Espíritu. No podemos reconocer cuánto nos ama el Padre en el Hijo, sin esa fuerza que nos viene de lo alto por la acción del Espíritu. No podemos experimentar el gozo de la salvación que nos trae Aquel que ha enviado el Padre si no es por el fuego divino que nos incendia en amor. No podemos cumplir con nuestra tarea de discípulos-misioneros de un Dios que en la Trinidad Santísima se hace Misionero. No podemos ser «familia en la fe», es decir, comunidad, sin el don del Espíritu.

Cada vez que invocamos al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, sellamos un pacto de amor con Dios en el que reavivamos el don recibido en la elección que nos ha hecho en Cristo a ser hijos del Padre Eterno movidos por el Espíritu. ¡Bendito sea el Padre que en un arrebato de amor nos ha llamado a la existencia! ¡Bendito sea el Hijo, que nos ha llamado a ser discípulos─misioneros siguiendo sus huellas! ¡Bendito sea el Espíritu Santo que ha reavivado nuestro diario vivir en perseverancia y fidelidad!

Dice la beata María Inés Teresa: «Que mis obras todas sean un himno de alabanza, de gratitud, de adoración a la Santísima Trinidad" (Ejercicios Espirituales de 1943). Habrá que preguntarnos entonces: ¿Cuáles son mis obras? ¿Qué he dejado de hacer a la Trinidad Santa en mí? ¿Cómo me he dejado conducir por Dios? Que María Santísima, la hija predilecta del Padre, la Madre de Cristo y la esposa fiel del Espíritu Santo, nos ayude a responder como ella.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La práctica del Yoga... un tema resbaladizo para el cristiano


A MANERA DE INTRODUCCIÓN:

No es poco común en nuestros días, ver propaganda y promociones del Yoga en muchos de los gimnasios grandes y pequeños. Circula también una gran cantidad de libros sobre el Yoga que se venden hasta en las tiendas de autoservicio; abundan los sitios en el Internet que se ocupan de su filosofía y práctica; y seminarios de divulgación en gimnasios, clubs deportivos, centros de Pilates y grupos del cuidado para la salud. El Yoga ha penetrado tan exitosamente en nuestra cultura occidental que incluso, personas católicas, sin tener un pleno conocimiento de lo que es el yoga, lo practican, digamos, de una manera «light» incorporándolo a sus vidas y admirando su propia actitud «inclusiva» —como se dice ahora—, o bien, no ven nada incorrecto con practicarlo y estarían muy sorprendidos de saber que representa alguna amenaza espiritual de cualquier tipo para el cristiano.

El Día Internacional del Yoga, que el 11 de diciembre de 2014, las Naciones Unidas proclamaron para celebrarse cada 21 de junio , ha sido una gran plataforma de difusión de esta práctica. Pero... ¿hasta dónde es algo asumible para el cristianismo? Hablar de Yoga y fe cristiana es un tema ciertamente polémico y de antemano sé que muchos pensarán que exagero, o que soy un sacerdote cortado «a la antigua». Por un lado, hay quienes defienden su plena compatibilidad, según el tipo de técnicas que se empleen y su supeditación a la experiencia cristiana, o incluso hay algunos que llegan al extremo de proponer algunas formas de «yoga cristiano». Por otro lado, hay quienes, exagerando demasiado las cosas, se refieren a la práctica del Yoga como una de las vías ordinarias por las que una persona puede acceder a ser objeto de la acción extraordinaria del demonio. 

I. UN TEMA BASTANTE CONTROVERTIDO:

Hablar de este tema es controvertido y las posturas encontradas y enconadas hacen difícil una reflexión seria, a la luz de la revelación cristiana, sobre este tema. Yo trataré de exponer la postura de la Iglesia a la luz de documentos del magisterio y de la experiencia de fe de la Iglesia Católica, una voz que tiene un valor especial para los creyentes. Es sorprendente el número de católicos —especialmente católicas— que ignoran las consecuencias de practicar el Yoga y que, caen, con cierta frecuencia, en el sincretismo religioso. El Yoga as algo mucho más complejo que lo que suele entenderse por esta palabra en Occidente, donde apenas se conocen los rudimentos psicotécnicos del hatha-yoga y del raja-yoga, de ordinario fuera de su concepción teórica del cuerpo humano y de su contexto filosófico y religioso. Para los verdaderos yoguis, su sistema es una forma de vida integral: existe un modo yóguico de comer, de beber, de realizar la higiene de los diferentes miembros y funciones fisiológicas, de vivir durante el día y de dormir, así como de trabajar, aprender, enseñar, amar, obedecer, mandar, etc.

Es triste ver cómo hoy en día, muchos católicos van perdiendo la confianza en las grandes prácticas espirituales y místicas para la oración y la disciplina que recibieron de grandes santos como Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Francisco de Sales, Santa Teresa de Avila, etc. y ahora siguen espiritualidades y místicas orientales que provienen del Hinduismo y del Budismo. A este respecto, un cristiano sincero debería informarse sobre la compatibilidad del Yoga con la espiritualidad cristiana y sobre la conveniencia de incorporar sus técnicas en la oración y en meditación cristianas. ¡Qué diferencia entre cómo los santos buscan la paz interior, la Paz de Dios y cómo se busca la paz en el Yoga! Si alguna creatura ha estado completamente unida a Dios en Paz ha sido la Inmaculada Virgen María. Así describe el beato Cardenal Henry Newman la paz mística que La Santísima Virgen alcanzó por medio del Verdadero Espíritu Santo, Creador y Fuente de Vida: “Como entonces por flores y frutos se significa, en un sentido místico, los dones y gracias del Espíritu Santo, por lo tanto por un jardín se significa místicamente un lugar de reposo espiritual, quietud, paz, refresco y delicia. […] Tal fue el jardín en el que la Rosa Mística, la Inmaculada María fue cobijada y cuidada para ser la Madre del Todo Santo Dios, desde su nacimiento hasta su desposorio con san José […] Esto fue el resultado de la Inmaculada Concepción. (Meditaciones sobre la Letanía de Loreto para el mes de mayo). 

Hay que ver que para algunos el Yoga es un medio de relajación y de alivio de la tensión, para otros es un ejercicio que promueve la salud y el estar en forma y, para una minoría, es un medio para la curación de enfermedades. Los fines religiosos y espirituales del Yoga son a menudo olvidados o negados en un contexto occidental, la mayoría de la gente se entusiasma de entrada y lo ve simplemente como una forma física de ejercicio. Esta simplificación es injustificada y peligrosa. La reducción del Yoga a una mera técnica de embellecimiento con frecuencia crea efectos desagradables. Son muchos los cristianos que comenzaron a practicar el Yoga por razones de salud física y luego lo han seguido por razones de espiritualidad. Además, los hechos revelan que cuanto más la persona practica Yoga, más propensa es a disminuir su adhesión al cristianismo y más probable se da el hecho de que se adhiriera a la espiritualidad no religiosa y al budismo. 

II. EL YOGA Y SU ESENCIA:

El Yoga podría ser de algún modo compatible con el cristianismo en su vertiente psicotécnica, no en cuanto a su trasfondo ideológico y religioso, ya que para entender el Yoga hay que enmarcarlo en el hinduismo, una religión muy diferente a la cristiana, distante en su concepción de lo divino y lo humano. De hecho, la misma palabra sánscrita «Yoga» viene de la raíz yug o yuj, que significa «unir, juntar, conectar, atar, cargar juntos», lo que equivaldría al término latino «religio», que viene de «religare» «religión». 

Los orígenes del yoga se remontan hasta 5.000 años y durante mucho tiempo sus principios se difundieron a través de la transmisión oral. Finalmente esta tradición fue puesta por escrito y entonces el yoga hizo su aparición en los cuatro antiguos textos hindúes conocidos como los Vedas, el más antiguo de los cuales data del 1.500 a.C. Más tarde, un individuo llamado Patañjali compiló y codificó la suma total del saber sobre el yoga. Las fuentes discrepan sobre cuándo ocurrió esto, con fechas que van del siglo IV a.C. al II d.C. Su obra, llamada el Yoga Sutra, es el texto de más autoridad sobre el yoga, reconocido por todas sus escuelas. Una persona que practica Yoga como una forma de vida se llama un yogui.

III. RESULTADOS DE UNA ENCUESTA REVELADORA:

En el número de junio de 2016 del Journal of Health Psychology ha aparecido un interesante artículo en el que varios investigadores de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) han abordado las razones por las que la gente se inicia en el Yoga y permanece después en su práctica. En una encuesta a nivel nacional, en los Estados Unidos, los autores han estudiado a 360 estudiantes de yoga y a 156 maestros. Unos y otros habían participado al menos en cinco sesiones de Yoga en los últimos tres meses. A todos, varones y mujeres, se les hizo una doble pregunta: ¿Por qué comenzaste a practicar yoga? y ¿Han cambiado tus motivaciones iniciales con el tiempo? Los investigadores de Connecticut llegan a concluir en cuanto al inicio en el Yoga que «tanto los estudiantes como los maestros adoptaron la práctica del Yoga primeramente para hacer ejercicio y reducir el estrés, aunque señalaron otras muchas razones que incluyen la flexibilidad, ponerse en forma y reducir la depresión o la ansiedad». 

Por otra parte, si pasamos a la permanencia en esta disciplina, por parte de los encuestados, «el 62 por ciento de los estudiantes y el 85 por ciento de los maestros informaron de que habían cambiado su razón primaria para practicar o que habían descubierto otras razones; para ambos, la razón primaria que más había cambiado era la espiritualidad». La conclusión, entonces,  de tal encuesta, es que «los hallazgos sugieren que la mayoría se inicia en la práctica del Yoga para hacer ejercicio y reducir el estrés, pero para muchos la espiritualidad se convierte en la razón principal para mantener la práctica».

IV. PRACTICAR YOGA PUEDE SER PELIGROSO PARA LOS CRISTIANOS:

Aunque a simple vista parezca exagerado, practicar Yoga puede ser peligroso para los cristianos por lo que se deduce de estos 15 puntos:

1. Es una disciplina o práctica milenaria, mística-espiritual hindú (1,800 a.C.). cuyas posiciones y ejercicios son inseparables de su cosmovisión; «no hay hinduismo sin yoga, y no hay Yoga sin hinduismo». Nosotros, como cristianos, debemos tener siempre presente lo que la Sagrada Escritura nos dice: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón con toda tu alma y toda tu mente. Este es el principal y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo» (Mt 22: 37-39).

2. La historia nos demuestra que Christopher Isherwood y la Sociedad Teosófica fueron quienes trajeron a Occidente el budismo zen y el Yoga del Oriente. Estas creencias no se conocían antes en nuestra cultura occidental. Los gobiernos estadounidense y británico impulsaron sus planteamientos. Sabemos que la Sociedad Teosófica fue dirigida por masones y ocultistas (Helena P. Blavatsky, Annie Besant, Alice Bailey).

3. En cualquiera de sus formas, la finalidad del Yoga no es únicamente la relajación, la correcta respiración ni el bienestar o control físico, sino la «iluminación». Es, entonces, una «vía de perfección» (de ocho pasos) a través del control de los «elementos físicos y psíquicos» de la persona que pretende el «nirvana» (extinción del sufrimiento) para alcanzar la «iluminación» (apertura del «tercer ojo») y la «unión con Dios». Los yoguis hindúes afirman que los primeros cinco pasos (disciplina moral, purificación corporal y espiritual, posturas gimnásticas-corporales, control respiratorio y desconexión sensorial) son la preparación para alcanzar los grados más altos del «Yoga regio« o «raja Yoga».

4. La «Iluminación» —según las creencias del Yoga— se logra despertando a Shiva (deidad hindú) en forma de serpiente (kundalini), que se dice mora al final de la espina dorsal, o bien, en los genitales, con objeto de que ascienda desde ese punto por la columna vertebral y vaya «activando» uno a uno los seis o siete chakras (centros de energía ubicados a lo largo la espina dorsal), y así se una a su esposa Parvati (diosa «energía») que le espera en la cabeza. El enlace Shiva-Parvati abre el «tercer ojo» a nivel psíquico y… ¿físico? Esta es la meta del «Yoga kundalini» y de la «meditación dinámica». Shiva tiene prominencia entre los dioses del Yoga. Él es el «patrón» de todos los practicantes de Yoga; Él es la deidad de los yoguis por excelencia y es a menudo representado como un yogui. Alrededor de su cuello hay una serpiente, símbolo de su poder sobre la muerte. En su frente hay un tercer ojo, a través del cual se obtiene la visión y el conocimiento místico.  Su toque de tambor para crear el OM se dice que resuena en el corazón y en todo el universo.

5. Distintos instructores y difusores de Yoga, como Ana Paula Domínguez (Directora del Instituto Mexicano del Yoga) confirman que, en efecto, las diferentes posiciones de ese método encarnaban al dios Shiva, a quien los hundues solían adorar mediante un símbolo fálico llamado linga, y que «el objetivo era obtener la liberación al fundirse con aquella poderosa deidad». En Argentina, la maestra Amrit Dev Kaur, especialista en «kundalini yoga», explica así su propio aspecto personal: «el turbante representa votos profundos que tomamos para ser personas que guían a nuestra comunidad. El blanco ayuda a los resultados de la meditación que hacemos, aumenta el aura y el campo electromagnético». Esta gurú dice que el objetivo del Yoga, que se hace trabajando sobre el templo que es el cuerpo, es «unirse con el Uno, con la divinidad». Aunque insiste en aclarar que «el Yoga no es una religión», después afirma que «el Yoga puede ayudar a conectar en un camino personal hacia esta divinidad, conectarte con el alma». Yendo más allá en lo doctrinal, ella plantea que «tenemos un destino y en cada encarnación tenemos la posibilidad de llegar a este destino. En Yoga es ser unido con el infinito, literalmente ser iluminado».

6. La llamada «apertura del tercer ojo» ha sido motivo de interés de los yoguis, swamis y «maestros» orientales, como también de los ocultistas occidentales, pues afirman que con ello se tiene acceso al conocimiento de todo cuanto existe, de toda la realidad, aún de la sobrenatural (por ejemplo, sobre el futuro). Por ello, personalidades como el fundador del satanismo, Aleister Crowley (el satanista más depravado de todos los tiempos), y Jon Klimo (el médium más famoso de la historia), practicaban y recomendaban ampliamente el Yoga. Uno sólo tiene que hojear las páginas del Antiguo Testamento para ver que tales habilidades son realmente poderes ocultos y que están condenados por Dios en la forma más inequívoca y enérgica. (Lev 19, 26.31; Dt. 18,9-14; 2 Re 17,13-15. 17-18; 2 Cro 33,1-2.6)

7. Asociaciones como la Masonería (excomulgada por la Iglesia Católica) promueven dicha práctica oriental. En el ritual llamado «Paladión», el segundo paso (de cinco en total) consiste en la «iluminación» o apertura del «tercer ojo». Willian Shnoebelen (ex satánico y ex masón), quien practicó el ritual, afirma que ese ojo «es el punto de contacto entre los humanos y la conciencia de Lucifer», y se comienza a «pensar como él piensa y a ver con sus ojos...».

8. Gopi Krishna, ex yogui de Cachemira, quien introdujo la teoría del “Kundalini” («energía vital» y «serpiente»), estuvo a punto de caer en la demencia completa en el año de 1937, mientras meditaba sobre su «chakra» superior (o «tercer ojo»). Dijo: «De aquí en adelante, durante largo tiempo, tuve que vivir pendiente de un hilo, debatiéndome entre la vida y la muerte, entre la salud y la enfermedad. (…) He pasado por casi todas las etapas de (...) tipos de mente: mediúmnica, psicótica y otros; durante un tiempo estuve alternando entre la cordura y la locura».

9. El Swami Prabhavananda advierte sobre los peligrosos efectos físicos que pueden resultar de los ejercicios de respiración de las técnicas de Yoga: «A menos que se hagan correctamente, hay una buena posibilidad de dañar el cerebro. Y las personas que practican este tipo de respiración sin una supervisión adecuada, pueden sufrir una enfermedad que ninguna ciencia o médico conocidos pueden curar». Los ejercicios respiratorios tienen como finalidad, en la religión hindú, aspirar el prana = la esencia del éter, el Atman-Brâhman, lo divino, la «fuerza vital”» (la energía). Asimismo, el yogui Shakta Kaur Khalsa afirma: «El mito de que el kundalini es peligroso sólo sería posible mediante una muy mala práctica... la técnica y preparación adecuadas son el aislante necesario para el flujo correcto de la energía kundalini». Toda postura tiene un significado relacionado con el hinduismo, por ejemplo, en la postura del saludo al sol se adora al dios Surya.

10. Ana Paula Domínguez y Marco Antonio Karam (Director de Casa Tíbet México), reconocieron juntos en el programa radiofónico «¿Qué tal Fernanda?», en el año 2004, que el Yoga puede presentar un riesgo para quienes lo practican, debido, en parte, a que en México existen numerosos institutos o escuelas no autorizados para enseñarlo.

11. El sacerdote católico Manuel Guerra, un importante investigador de las sectas, afirma que es un riesgo «suprimir la conciencia», pues según el segundo principio del «sutra» (discurso de Buda), «el Yoga consiste en impedir que la conciencia/pensamiento tome formas diversas», o sea, es la «cesación de la actividad mental».

12. Otro sacerdote estudioso del tema, Alfonso Uribe Jaramillo considera: «El Yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano, es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no lo aparta de Jesucristo, lo llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana». Al final del artículo comparto un video con el testimonio del padre Joseph Marie Verlinde, un ex yogui convertido al catolicismo, que vale mucho la pena ver.

13. El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México señala: «El Yoga es, en su esencia, un ejercicio espiritual y corporal nacido de la espiritualidad hindú. Las posturas y ejercicios, aunque se presentan como un simple método, son inseparables de su sentido propio en el contexto del hinduismo. El Yoga es una introducción a una tradición religiosa muy ajena al cristianismo. La palabra «Yoga» significa «unión». Habría que preguntarnos: ¿unión con qué?». Debido a que el Yoga indica unión, debemos preguntarnos: ¿qué une el yoga? La tradición Yoga clásica sostiene que todo Yoga debe asociarse a los dioses del hinduismo.

14. El Consejo Pontificio para la Cultura y el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso del Vaticano, ubican al Yoga como parte de las muchas prácticas de la New Age, al mismo tiempo en que lo cuestiona como forma de «iluminación».

15. Existen ya testimonios de posesiones demoniacas, parciales o totales, en personas que han practicado el Yoga, debido a que todo eso debilita el alma y deja la puerta abierta al enemigo. Los mismos ocultistas y médiums ya mencionados, confirman lo anterior, pues usaban su cuerpo con esta técnica para entrar en contacto con los «muertos» (espíritus malignos).

V. LO QUE LA IGLESIA CATÓLICA AFIRMA DEL YOGA:

Podemos afirmar que, la Iglesia Católica, no está a favor del Yoga, pero, la Iglesia Católica tampoco está en contra del Yoga. Y no se trata de un juego de palabras, sino de un resumen simple de lo que señala el Magisterio. Algo que podemos encontrar explicado, sobre todo, en un documento que publicó en 1989 la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado por su entonces prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger (Hoy Papa Emérito Benedicto XVI), y aprobado por san Juan Pablo II. Se conoce con su inicio en latín, «Orationis formas», y se trata, como su mismo título indica, de una «Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana» cuyo enlace está al final de este artículo.

Esta carta responde a una preocupación de nuestros pastores por el interés que empezaron a suscitar desde aquellos años, diversas formas de meditación ligadas a algunas religiones orientales y a sus peculiares modos de oración, interés que hacía precisos «criterios seguros de carácter doctrinal y pastoral». El documento insiste en que se refiere a la cuestión del «valor que pueden tener para los cristianos formas de meditación no cristianas», y más específicamente habla de «los métodos orientales». ¿De qué métodos habla? Como explica en su primera nota a pie de página, son «métodos inspirados en el hinduismo y el budismo, como el «zen», la «meditación trascendental» o el «Yoga» que, no pocas veces hoy en día, son utilizados también por algunos cristianos en su meditación».

El dicasterio vaticano encargado de velar por la integridad de la fe podría haber contestado, como pasa en otras ocasiones, con un «sí» o un «no» a la pregunta de si un católico puede practicar el Yoga. Así lo ha hecho en algunos casos, como cuando se le ha preguntado por la validez del bautismo administrado por algunos movimientos de apariencia cristiana. O con una respuesta explicada y razonada, como por ejemplo hicieron los obispos de los EE.UU. hace unos años al tratar el tema del reiki, señalando que es incompatible con la fe cristiana. En el caso del Yoga, según la Iglesia, es necesario un discernimiento cuidadoso, y eso es lo que pretende esa carta que vale la pena leer.

La carta subraya el resumen que hace San Agustín de la experiencia espiritual: «desprecia el mundo exterior y entra en ti mismo; sin embargo, prosigue, no te quedes allí, sino sube por encima de ti mismo, porque tú no eres Dios: Él es más profundo y grande que tú». El hombre descubre dentro de sí mismo algo que lo trasciende. Si se identifica a sí mismo con ello, se equivoca. Por otro lado, no podemos llegar al amor perfecto de Dios si no es en su revelación definitiva: Jesucristo. En él, Dios se ha dado a los hombres.

De entre todas las observaciones del documento, destaca la que habla sobre la consecuencia espiritual y física en el número 28 —cuestión que resulta de la práctica del Yoga, por ejemplo— afirmando que no es siempre lo que parece ser: «Algunos ejercicios físicos producen automáticamente sensaciones de quietud o de distensión, sentimientos gratificantes y, quizá, hasta fenómenos de luz y calor similares a un bienestar espiritual. Confundirlos con auténticas consolaciones del Espíritu Santo sería un modo totalmente erróneo de concebir el camino espiritual. Atribuirles significados simbólicos típicos de la experiencia mística, cuando la actitud moral del interesado no se corresponde con ella, representaría una especie de esquizofrenia mental que puede conducir incluso a disturbios psíquicos y, en ocasiones, aberraciones morales». Me vienen a la mente unas palabras que san Pablo dirije a los Corintios en su segunda carta: «No se maravillen, pues también Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11,14).

En el año 2003, el Consejo Pontificio de la Iglesia Católica para el Diálogo Interreligioso, publicó un documento titulado «Jesucristo: Portador del Agua de la Vida» (cuyo enlace está también al final de este artículo) que, está centrado en el movimiento de la «New Age» (Nueva Era), encontramos incluido nuevamente el tema del Yoga en el número 2: «Entre las tradiciones que confluyen en la Nueva Era pueden contarse: las antiguas prácticas ocultas de Egipto, la cábala, el gnosticismo cristiano primitivo, el sufismo, las tradiciones de los druidas, el cristianismo celta, la alquimia medieval, el hermetismo renacentista, el budismo zen, el Yoga, etc.».

VI. EJERCICIO FÍSICO Y MEDICINA ALTERNATIVA:

Está claro teóricamente para algunos, que me rebaten en este tema, que es posible un Yoga despojado de todo elemento de cosmovisión, filosofía o espiritualidad oriental. Algo que sería asumible por cualquier persona, tenga las convicciones que tenga. Pero la realidad, de la que he hablado y a la vez tomado una muestra aquí, parece demostrar que cada vez es más difícil. Un católico —lo digo a manera de pregunta— ¿podría recibir la Eucaristía y no ser participe de algo religioso? O planteándolo de otra manera: Si un ateo toma y consume una Hostia consagrada ¿podemos sostener que no ha recibido el Cuerpo de Cristo porque no cree que sea lo que es? ¿Podríamos afirmar que simplemente ha «experimentado los mecanismos físicos» de recibirlo pero no se ha involucrado en una actividad espiritual? Técnicamente hablando, la Eucaristía tiene una realidad espiritual independiente de las creencias de quien la recibe, y los estudiosos de la materia afirman que lo mismo ocurre con el Yoga. Así como la presencia real de Cristo está contenida dentro de la Hostia consagrada, independientemente de si quien la recibe cree o no, así también el Yoga tiene un componente espiritual que es real, independientemente del propósito específico de quien lo practica. Recientemente el papa Francisco, por su parte, se preguntaba en una de sus homilías en Santa Marta (9/01/15): «¿Quién nos enseña a amar?». Y contestaba: «tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas esas cosas. Pero todo eso nunca será capaz de darte la libertad de hijo».

Algunas personas que practican el Yoga como ejercicio físico, pueden encontrar una alternativa para en los ejercicios «Pilates», un sistema de acondicionamiento físico —cada vez más popular— desarrollado en el siglo 20 por Joseph Pilates (1880-1967). Hay que decir que el Yoga no trata, primordialmente, de la flexibilización del cuerpo; pero sí del uso de los medios físicos para llegar a un fin espiritual. Por lo tanto el problema de separar en él lo físico de lo espiritual es en verdad una contradicción en sus propios términos. De hecho, si uno consulta la masiva cantidad de material disponible, se hace patentemente claro que las consideraciones referidas a los beneficios físicos son secundarias. Normalmente, el Yoga es presentado como algo que trata primordialmente de actualizar el potencial espiritual propio, logrando «libertad», trascendiendo el ego y cosas semejantes.

Pilates llamó a su método «Contrología», porque creía que su método utiliza la mente para controlar los músculos. El programa se centra en los músculos que rodean la columna vertebral y los órganos internos, que ayudan a mantener el cuerpo equilibrado y que son esenciales para proporcionar apoyo. Pilates —que debo aclarar que yo no lo practico— se basa en ciertos principios para acondicionar el cuerpo entero: la alineación adecuada, centrado, concentración, control, precisión, respiración y movimiento fluido. A partir de esta descripción de los ejercicios de Pilates, me parece que no hay razón alguna de alarma para los cristianos. Todos los cristianos deben estar preocupados con una dieta adecuada y ejercicio para que nuestros cuerpos, que son el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6,19), se mantengan en tan buenas condiciones como sea posible. La mayoría de los programas de Pilates se concentran exclusivamente en los ejercicios físicos. Sin embargo, de todas maneras, hay que tener cuidado porque algunos, tratan de incorporar los aspectos de las religiones orientales o el pensamiento del New Age.

Lo prudente que debe hacer todo cristiano que está considerando la posibilidad de hacer Pilates, es hablar primero con el instructor para determinar sus inclinaciones filosóficas. Si el instructor enseña Pilates puro, no hay nada que impida a los cristianos el participar. 

Respecto a la utilización del Yoga como medicina alternativa, hay tratamientos de medicina alternativa que parecen bastante seguros y que no se oponen a la fe, a menos que al aplicarlos le revuelvan un discurso religioso raro. Las pastillas o nódulos de la homeopatía, las agujas de la acupuntura y los masajes de los quiroprácticos, son ejemplos de ello, aunque en todos los casos —como ya mencioné— hay que ver quién aplica el tratamiento, en qué circunstancias, de que manera y diciendo qué discurso. Hay médicos que dicen que el Yoga puede ser cristiano, si se le mira como una forma de «pacificar» y «armonizar» el organismo, sobre todo a base de ejercicios de respiración. Yo creo que aprender algunas técnicas básicas de relajación es algo que nos hace bien a todos, pero hay que saber que el riesgo de que le revuelvan algo al Yoga es muy, muy alto. Pronto los instructores hablarán de chacras y reservorios energéticos, y de ahí pasarán al aura, o a una versión sobre el alma humana que está diseñada para hablar luego de reencarnación. El efecto final será desastroso. 

A MANERA DE CONCLUSIÓN:

He tocado un tema bastante resbaladizo y lleno de enredos, que tal vez me traerá, como dije al inicio, algunas discrepancias con alguno que otro católico, para elaborarlo consulté la Sagrada Escritura, varios artículos, manuales, documentos de la Iglesia, libros de doctrina católica y protestante, encuestas, etc. de lo cual mucho se puede encontrar bien fundamentado en Internet. Lo que expongo no significa que debamos condenarlo todo, sino sólo discernir, discernir mucho y en todo lugar desde nuestra fe católica, nuestra fe cristiana. La fe vale más que la salud misma, pues hay un salmo que le dice al Señor: «Tu gracia vale más que la vida» (Salmo 62). Dedico esta mi aportación sobre el tema, a todos mis compañeros del energy fitness, que día a día nos encontramos para practicar el ejercicio físico que sostiene de buena manera nuestro cuerpo, Templo vivo en donde mora el Espíritu Santo y que me preguntaron hace unos días: ¿Padre, qué piensa usted del Yoga?

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

domingo, 22 de enero de 2017

LA ÍNTIMA AMISTAD CON CRISTO... al estilo de san Pablo

Si sumamos, más o menos, la cantidad de kilómetros recorridos por san Pablo en sus viajes misioneros, tendríamos un total de más de 15,000 kilómetros... ¡Imaginen para aquellos tiempos! Tres grandes viajes misioneros en tres años, más todo lo demás. Aquel apóstol sintió que llegó hasta el final de la tierra anunciando a aquel que lo había conquistado haciéndosele encontradizo por el camino y cambiando totalmente sus planes de vida. Si el Señor conquistó a Pablo y lo llamó a vivir una amistad de intimidad con él... lo hará con cualquiera, contigo y conmigo.

San Pablo, cuando ocurre aquel incidente trágico de la muerte de Esteban en manos de los que lo apedrearon, no sería más que un jovencito de unos 17 años. Sabía quien era Cristo y quienes eran y qué querían alcanzar los cristianos, pero necesitaba un fuerte vínculo que de perseguidor lo convirtiera en perseguido por vivir una amistad profunda con aquel amigo entrañable. Sabemos que fue condenado a muerte y fue mártir por su amistad con Cristo.

Hoy, en nuestros tiempos, hay pocos cristianos amigos de Cristo. Ya Gandhi lo decía: «Creo en Cristo, pero no en los cristianos». ¿Cómo afrontaríamos la mayoría de los cristianos de hoy en este mundo occidental dominado por el consumismo, una persecución religiosa? ¿Tendríamos la misma valentía de nuestros hermanos de Medio Oriente? ¿Recordaríamos, en medio del dolor y el sufrimiento, que Cristo ofrece su amistad como declaración de amor a perpetuidad? (cf. Jn 15,13-14). Sin una amistad íntima con Cristo, muere la fe.

Estamos celebrando en estos días, la «Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos», que abarca desde el 18 de enero hasta el día 25 en que celebramos la conversión de san Pablo. Me parece una buena oportunidad para reflexionar en la íntima amistad que a todos y cada uno de los cristianos debe unirnos al Salvador, porque, para seguirle en fidelidad y en unidad, hay que escuchar los latidos de su corazón que nos dice: «Permanezcan en mi amor» «Cómo mi Padre me amó, así los he amado a ustedes» (cf. Jn 15,9).

El cristianismo es la religión más difundida en el mundo y más o menos Cristo tiene hoy poco más de 2,180 millones de personas que le siguen, es decir casi un tercio de la población mundial, de estos, los católicos somos el 50,1 % y el resto está integrado por las diversas denominaciones que llamamos hermanos protestantes o hermanos separados (que sigo yo «esperados»).

En los últimos cien años, los seguidores de Cristo nos hemos cuadruplicado, pero el crecimiento de la población mundial ha dejado prácticamente igual el porcentaje sobre la población mundial. Hace cien años —precisa la agencia de información vaticana— los cristianos éramos 600 millones y ahora rebasamos los 2.180 millones, pero al mismo tiempo la población ha pasado de 1.800 millones a 6.900 millones, lo que supone que hace cien años representaban el 35 % de la población y ahora solo el 32 %. Los cristianos han aumentado en África y Asia y han descendido en Europa. Si en 1910 el 66,3 % de los cristianos vivían en Europa, el 27,1 % en América, el 4,5 % en Asia-Pacífico, el 1,4 % en África subsahariana, el 0,7 % en Oriente Medio y África del Norte, ahora la situación ha cambiado radicalmente. Hoy Europa está en el segundo puesto (25,9 %), mientras que el mayor número está en América (36,8 %).

Pero viendo el mundo y las condiciones en que está, uno pudiera preguntarse: ¿Cómo es posible, que en medio de esta vorágine social, yo tenga un lugar especial en el corazón de Cristo y él me ame tanto? ¿Cómo es que —como san Pablo— puedo percibir que a cada uno de los cristianos, él nos espera en algún momento de su pasión? Es que perecería que con el viento del relativismo que en esta época corre en todas direcciones, todo se cae, nada permanece, pero... el amor de Cristo es firme, es camino, es verdad y es vida. El amor de Cristo es de amistad íntima con cada uno de los cristianos sin que nadie pueda ser irremplazable y sin que él mismo pueda ser irremplazable para cada cristiano. Nada ni nadie puede ocupar el lugar de Cristo en el corazón del que ha captado su íntima amistad. A Jesús no lo suple nadie.

Cristo quiere estar en el corazón de cada uno de sus seguidores y hacer de cada uno «su amigo». «A ustedes no los llamo siervos, los llamo amigos». Otros grandes santos, enamoradísimos de Cristo como san Pablo,  al pensar en la amistad íntima con Jesús se preguntaban como san Policarpo,: «¿Por qué le he de traicionar?». 

Hay un dicho popular que reza así: «Dime con quien andas y te diré quién eres». San Pablo no se despegó nunca de Jesús, por eso su ejemplo ha impregnado el corazón de muchos santos y beatos. Santa Teresa de Ávila decía: «¡Con tan buen Amigo presente, todo se puede sufrir!». La beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, hablando de la amistad íntima con Cristo apunta: «escuchando la palabra divina, penetrándose de ella, gustándola, rumiándola por el don de Sabiduría, viene el alma a despojarse del hombre viejo y a revestirse del nuevo, a hacer suyos los conceptos del Maestro, a apropiarse su lenguaje, sus sentimientos, sus modales. Llega a poder decir como san Pablo: “No soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20)» (Estudios y Meditaciones, f. 706). Es así, a la luz de la vida de los santos que entendemos que para ser amigos de Jesús no es suficiente un amor de sentimientos, de emociones. Hay que amar a Jesús con un amor de entrega, de fidelidad y e imitación.

¿Y como es esa íntima amistad que Cristo brinda? En el Evangelio lo podemos ver. Jesús, como amigo, se dirige hacia los demás con un corazón abierto, sin aislarse o evadir el trato; va al encuentro de todos los que ama (cf Mt 11, 28). Cura, consuela, perdona, da de comer, procura hacer descansar a sus íntimos. Se compadece de quien está necesitado (cf Mt 9, 36). No discute con sus amigos; los corrige, pero no choca con disputas hirientes (cf Mt 20, 20-28). Se alegra con ellos en sus momentos felices (cf Lc 10, 21). Rechaza sus intenciones desviadas (cf Mt 16, 23). No desea nada de los hombres; no busca dar para recibir. Y cuando una vez busca consuelo en la agonía, no lo encuentra (cf Mt 26, 40). Se siente incomprendido por ellos, pero era parte de su cruz, pues aún no había venido el Espíritu Santo que les hiciera comprender todo (cf Jn 12, 24). Jesús ama a sus amigos sobrenaturalmente, no por sus cualidades humanas (cf Jn 13, 14). 

Finalmente, en el mismo Evangelio, Jesús nos dice: «Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando» (Jn 15, 14).

Alfredo Delgado Rangel.

miércoles, 18 de enero de 2017

Semana de oración por la unidad de los cristianos 2017...


Como cada año, desde 1908, esta semana, del 18 al 25 de enero, celebramos la semana de oración por la unidad de los cristianos. 

El lema de este año es: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia».

El texto bíblico para este año  es el de 2 Cor 5,14-20, un texto que subraya que la reconciliación es un don de Dios destinado a toda la creación.

Como consecuencia de la acción de Dios, la persona que ha sido reconciliada en Cristo está llamada a su vez a proclamar esta reconciliación con palabras y obras: «El amor de Cristo nos apremia» (v.14). «Somos embajadores de Cristo y es como si Dios mismo os exhortara sirviéndose de nosotros. En nombre de Cristo les pedimos que hagan las paces con Dios» (v.20). 

Este texto bíblico pone de relieve que la reconciliación no se da sin sacrificio: Jesús entregó su vida, murió por todos. Los embajadores de la reconciliación están llamados, en su nombre, a dar su vida de forma parecida. No se puede vivir para uno mismo; es necesario vivir para aquel que murió por nosotros para ganarnos la salvación.

El amor de Cristo nos apremia a orar, pero también a ir más allá de nuestras oraciones por la unidad entre los cristianos. Todas las Iglesias y las congregaciones de creyentes cristianos necesitamos el don de la reconciliación con Dios como fuente de vida. Pero aún más, lo necesitamos para brindar un testimonio de amor común en Cristo ante el mundo: «Te pido que todos vivan unidos. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado» (Jn 17,21).

El mundo globalizado y lleno de megatendencias de toda clase, necesita embajadores de reconciliación que rompan barreras, que construyan puentes, que sean artífices de paz, que muestren Iglesias de puertas abiertas a nuevas formas de vida en el nombre de aquel que nos reconcilió con Dios, Jesucristo. Su Espíritu Santo nos conduce por el camino de la reconciliación en su nombre.

Propongo ahora una breve reflexión para cada día de este octavario, siguiendo el esquema que propone el "Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos". Los materiales de este año se han preparado en Alemania debido a los 500 años de la Reforma. Se puede seguir de forma individual o comunitaria:



PRIMER DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 18 DE ENERO: «Uno murió por todos» (2 Cor 5, 14)

Cuando Pablo se convirtió a Cristo llegó a un entendimiento radicalmente nuevo: una persona murió por todos. Jesús no murió solo por su pueblo, ni solo por aquellos que simpatizaban con sus enseñanzas. Murió por todos los pueblos, pasados, presentes y futuros. Muchos cristianos, fieles al Evangelio, han entregado sus vidas por sus amigos a lo largo de los siglos. Una de estas personas fue el franciscano Maximiliano Kolbe, que fue encarcelado en el campo de concentración nazi de Auschwitz, y que en 1941, voluntariamente, entregó su vida para que un compañero prisionero pudiera vivir.

Ya que Cristo murió por todos, «todos en cierto modo han muerto» (2 Cor 5, 14). Muriendo con Cristo, nuestro viejo modo de vida se ha vuelto una cosa del pasado y hemos entrado en una nueva forma de existencia: la vida en abundancia —una vida en la que podemos experimentar consuelo, confianza y perdón, también hoy— una vida que continúa teniendo sentido también después de la muerte. Esta nueva vida es vida en Dios.

Habiendo llegado a este entendimiento, Pablo sentía que el amor de Cristo lo apremiaba a predicar la Buena Noticia de la reconciliación con Dios. Las Iglesias cristianas comparten este mismo mandato de proclamar el mensaje evangélico. Debemos preguntarnos a la luz de nuestras divisiones cómo podemos anunciar este Evangelio de la reconciliación.

Preguntas:
1. ¿Qué significa decir que Jesús «murió por todos»?
2. El pastor alemán Dietrich Bonhoeffer escribía: «Soy hermano de otra persona gracias a lo que Jesucristo hizo por mí y me hizo a mí; la otra persona se ha vuelto un hermano para mí gracias a lo que Jesucristo hizo por él». ¿Cómo afecta esto a la forma en la que veo a los demás?
3. ¿Cuáles son las consecuencias de esto para el diálogo ecuménico e interreligioso?

Oración:
Dios y Padre, en Jesús nos diste a aquel que murió por todos. Él vivió nuestra vida y murió nuestra muerte. Tú aceptaste su sacrificio y lo elevaste a una nueva vida junto a ti. Concédenos a nosotros, que hemos muerto con él, poder hacernos uno por el Espíritu Santo, y vivir en la abundancia de tu divina presencia ahora y por siempre. Amén



SEGUNDO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 19 DE ENERO: «Ya no vivan más para sí mismos» (2 Cor 5, 15)

Por medio de la muerte y la resurrección de Jesucristo hemos sido liberados de crearnos nuestro propio sentido y de vivir solo a partir de nuestras fuerzas. Por el contrario, vivimos en el poder dador de vida de Cristo, que vivió, murió y resucitó por nosotros. Cuando «perdemos» nuestra vida por él, la encontramos.

Los profetas se enfrentaron constantemente a la pregunta acerca del modo correcto de vivir cara a Dios. El profeta Miqueas (Miq 6, 6-8) encontró una respuesta muy clara a esta pregunta: «respetar el derecho, practicar con amor la misericordia y caminar humildemente con tu Dios». El autor del salmo 25 sabía que no podemos hacer esto por nuestra cuenta y clamaba a Dios para que le diera luz y fuerza.

En los últimos años, el aislamiento social y la creciente soledad se han vuelto asuntos importantes en Alemania, como también en otras sociedades contemporáneas. Los cristianos están llamados a desarrollar nuevas formas de vida comunitaria en las que compartimos nuestros medios de sustento con los demás y afianzamos la ayuda entre las generaciones. El llamamiento evangélico a no vivir para nosotros mismos sino para Cristo es también un llamamiento a abrirnos a los demás y a romper las barreras que nos aíslan.

Preguntas:
1. ¿De qué manera nuestra cultura nos tienta a vivir solo para nosotros mismos en vez de para los demás?
2. ¿De qué formas podemos vivir para los demás en nuestra vida de todos los días?
3. ¿Cuáles son las implicaciones ecuménicas del llamamiento a no vivir ya para nosotros mismos?

Oración:
Dios Padre nuestro, en Jesucristo nos has liberado para una vida que va más allá de nosotros mismos. Condúcenos con tu Espíritu y ayúdanos a vivir nuestras vidas como hermanos y hermanas en Cristo, que vivió, sufrió, murió y resucitó por nosotros y que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



TERCER DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 20 DE ENERO: «A nadie valoramos con criterios humanos» (2 Cor 5, 16)

Encontrarse con Cristo cambia todo de arriba a abajo. Pablo tuvo esa experiencia de camino a Damasco. Por primera vez pudo ver a Jesús como quien era realmente: el Salvador del mundo. Su perspectiva cambió radicalmente. Tuvo que poner a un lado su juicio humano y mundano.

Encontrarnos con Cristo cambia también nuestra perspectiva. Sin embargo, muchas veces permanecemos en el pasado y juzgamos según criterios humanos. Pretendemos decir y hacer cosas «en el nombre del Señor», cuando en realidad pueden ser autorreferenciales. A lo largo de la historia, en Alemania y en muchos otros países, tanto las Iglesias como los gobernantes han abusado de su poder e influencia para perseguir fines políticos injustos.

En 1741, los cristianos de la Iglesia de Moravia (Herrnhuter), transformados por su encuentro con Cristo, respondieron al llamamiento de no valorar a nadie con criterios humanos y eligieron «someterse al gobierno de Cristo». Al someternos nosotros hoy al gobierno de Cristo, estamos llamados a ver a los demás como los ve Dios, sin desconfianza ni prejuicios.

Preguntas:
1. ¿Dónde puedo identificar yo experiencias de Damasco en mi vida?
2. ¿Qué es lo que cambia cuando miramos a los demás cristianos y a las personas de otras confesiones con los ojos de Dios?

Oración:
Dios trino, eres el origen y el fin de todo lo que existe. Perdónanos cuando solo pensamos en nosotros mismos y nos ciegan nuestros propios criterios. Enséñanos a ser amables, acogedores y misericordiosos, para que podamos crecer en la unidad que es un don tuyo. A ti sea el honor y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.



CUARTO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 21 DE ENERO: «Lo viejo ha pasado» (2 Cor 5, 17)

Muchas veces vivimos desde el pasado. Mirar atrás puede ser útil y con frecuencia es necesario para sanar la memoria, pero también nos puede paralizar y nos puede impedir vivir en el presente. El mensaje de Pablo aquí es liberador: «lo viejo ha pasado».

La Biblia nos anima a tener en cuenta el pasado, a tomar fuerzas de la memoria y a recordar lo que Dios ha hecho, pero también nos pide dejar lo viejo, incluso lo que ha sido bueno, para poder seguir a Cristo y vivir una vida nueva en él (Flp 3, 7-14).

A lo largo de este año muchos cristianos están conmemorando la labor de Martín Lutero y de otros reformadores. La Reforma cambió muchas cosas en la vida de la Iglesia de occidente. Muchos cristianos dieron un testimonio heroico y muchos fueron renovados en su vida cristiana. Al mismo tiempo, como nos muestra la Escritura, es importante que el pasado no nos limite, sino que dejemos que el Espíritu Santo nos abra a un nuevo futuro en el que se superen las divisiones y el pueblo de Dios sea salvado.

Preguntas:
1. ¿Qué podemos aprender al leer juntos la historia de nuestras divisiones y desconfianzas?
2. ¿Qué debe cambiar en mi Iglesia para superar las divisiones y fortalecer lo que nos une?

Oración:
Señor Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre. Cura las heridas de nuestro pasado; bendice hoy nuestra peregrinación hacia la unidad y condúcenos hacia tu futuro, en el que serás todo en todos, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.



QUINTO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 22 DE ENERO: «Una nueva realidad está presente» (2 Cor 5, 17)

Pablo se encontró con Cristo, el Señor resucitado, y se convirtió en una persona nueva, así como le pasa a todos los que creen en Cristo. Esta nueva realidad no es visible a simple vista. Es una realidad de fe. Dios vive en nosotros por el poder del Espíritu Santo y nos hace participar en la vida de la Trinidad.

Por este acto de nueva creación se supera el pecado original y se nos inserta en una relación salvífica con Dios. De ahí que se puedan decir cosas verdaderamente extraordinarias de nosotros. Como dijo Pablo: en Cristo somos una nueva criatura; en su resurrección la muerte ha sido vencida; ninguna persona o cosa nos puede arrebatar de las manos de Dios; somos uno en Cristo y él vive en nosotros. En Cristo somos «un reino de sacerdotes» (Ap 5, 10), al darle gracias por haber vencido la muerte y al proclamar la promesa de una nueva creación.

Esta nueva vida se hace visible cuando le permitimos que tome forma en nosotros y nos volvemos «compasivos, benignos, humildes, pacientes y comprensivos». También tiene que hacerse visible en nuestras relaciones ecuménicas. Una convicción común en muchas Iglesias es que cuanto más estemos en Cristo, más cerca estaremos unas de otras. De un modo especial en este 500 aniversario de la Reforma, recordamos tanto los éxitos como también las tragedias de nuestra historia. El amor de Cristo nos apremia a vivir como nuevas criaturas, buscando activamente la unidad y la reconciliación.

Preguntas:
1. ¿Qué es lo que me ayuda a reconocer que soy una nueva creación en Cristo?
2. ¿Qué pasos tengo que dar para vivir mi nueva vida en Cristo?
3. ¿Cuáles son las implicaciones ecuménicas de ser una nueva creación?

Oración:
Dios trino, te nos has revelado como Padre y Creador, como Hijo y Salvador, como Espíritu y dador de vida, y sin embargo eres uno. Superas y trasciendes nuestras fronteras humanas y nos renuevas. Danos un corazón nuevo para superar todo lo que pone en peligro nuestra unidad en ti. Lo pedimos en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo. Amén.



SEXTO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 23 DE ENERO: «Dios nos ha reconciliado con él» (2 Cor 5, 18)

La reconciliación tiene dos caras: es al mismo tiempo fascinante y aterradora. Nos atrae de modo que la deseamos: dentro de nosotros, entre nosotros y entre nuestras diferentes tradiciones confesionales. Pero nos damos cuenta del precio a pagar y esto nos aterra, ya que la reconciliación implica renunciar a nuestro deseo de poder y de reconocimiento. En Cristo, Dios nos reconcilia gratuitamente consigo, aunque nos hayamos separado de él. La acción de Dios, sin embargo, trasciende también esto: Dios no solo reconcilia consigo a la humanidad, sino a toda la creación.

En el Antiguo Testamento Dios es fiel y misericordioso con el pueblo de Israel, con el que hizo una alianza. Esta alianza sigue vigente: «los dones y el llamamiento divinos son irrevocables» (Rm 11, 29). Jesús, que inauguró la nueva alianza en su sangre, era un hijo de Israel. Muchas veces a lo largo de la historia nuestras Iglesias han fallado a la hora de reconocer esto. Desde el Holocausto se ha vuelto un compromiso distintivo de las Iglesias en Alemania combatir el antisemitismo. Del mismo modo, todas las Iglesias están llamadas a llevar a cabo la reconciliación en sus comunidades y a resistir cualquier forma de discriminación humana, ya que todos somos parte de la alianza de Dios.

Preguntas:

1. ¿En cuanto comunidades cristianas cómo entendemos el formar parte de la alianza de Dios?
2. ¿Qué tipos de discriminación deben combatir nuestras Iglesias hoy en nuestra sociedad?

Oración:
Dios misericordioso, desde el amor hiciste una alianza con tu pueblo. Danos fuerza para resistir toda forma de discriminación. Haz que el don de tu alianza de amor nos llene de alegría y nos inspire una mayor unidad. Te lo pedimos por medio de Jesucristo, el Señor resucitado, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


SÉPTIMO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 24 DE ENERO «El ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5, 18-19)

La reconciliación entre Dios y la humanidad es la realidad central de nuestra fe cristiana. Pablo estaba convencido de que el amor de Cristo nos apremia a hacer que la reconciliación de Dios se haga presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Hoy en día esto nos lleva a examinar nuestras conciencias acerca de nuestras divisiones. Como demuestra la historia de José, Dios siempre otorga la gracia necesaria para sanar las relaciones rotas (Gén 50, 15-21).

Los grandes reformadores como Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino, como también muchos que permanecieron católicos, como Ignacio de Loyola, Francisco de Sales y Carlos Borromeo, intentaron conseguir que la Iglesia occidental se renovara. Sin embargo, lo que debería haber sido una historia de la gracia de Dios, estuvo también marcada por el pecado de los hombres y se volvió una historia del desgarramiento de la unidad del pueblo de Dios. De la mano del pecado y de las guerras, la hostilidad mutua y la sospecha fueron creciendo a lo largo de los siglos.

El ministerio de la reconciliación incluye la tarea de superar las divisiones dentro del cristianismo. Hoy en día, muchas Iglesias cristianas trabajan juntas con mutuo respeto y confianza. Un ejemplo positivo de reconciliación ecuménica es el diálogo entre la Federación Luterana Mundial y el Congreso Mundial Menonita. Después de que se hicieron públicos los resultados de este diálogo en el documento «La sanación de las memorias: reconciliación por medio de Cristo», las dos entidades organizaron juntas una celebración penitencial en 2010 que fue seguida de otras celebraciones penitenciales por toda Alemania y en muchos otros países.

Preguntas:
1.¿Dónde percibimos la necesidad de un ministerio de la reconciliación en nuestro contexto?
2. ¿Cómo estamos haciendo frente a esta necesidad?

Oración:
Dios de toda bondad, te damos gracias por habernos reconciliado a nosotros y a toda la creación contigo en Cristo. Capacítanos a nosotros, a nuestras congregaciones y a nuestras Iglesias para el ministerio de la reconciliación. Sana nuestros corazones y ayúdanos a propagar tu paz. «Donde haya odio, que sembremos amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, gozo». Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo. Amén.



OCTAVO DÍA DEL OCTAVARIO.
DÍA 25 DE ENERO Reconciliados con Dios (2 Cor 5, 20)

¿Y si...? ¿Y si las profecías de la Biblia se hicieran realidad? (Miq 4, 1-5) ¿Y si las guerras entre los pueblos se detuvieran y se hicieran de las armas instrumentos de vida? ¿Y si la justicia de Dios y la paz reinaran, una paz que fuera más que la simple ausencia de guerra? ¿Y si toda la humanidad se juntara para una celebración en la que ni tan siquiera se marginara a una persona? ¿Y si no hubiera ya luto, ni llanto, ni muerte? (Ap 21, 1-5a). Sería la plenitud de la reconciliación realizada por Dios en Jesucristo. ¡Sería el cielo!

Los salmos, los cánticos y los himnos cantan el día cuando toda la creación llegada a su plenitud finalmente alcance su meta, el día en que Dios será «todo en todos». Hablan de la esperanza cristiana, del cumplimiento del reino de Dios en el que el sufrimiento se convertirá en alegría. En aquel día, la Iglesia será revelada en su hermosura y gracia como el único cuerpo de Cristo. Siempre que nos reunimos en el Espíritu para cantar juntos el cumplimiento de las promesas de Dios, se abren los cielos y empezamos a bailar aquí y ahora al son de la melodía de la eternidad.

Puesto que ya podemos experimentar esta presencia del cielo, celebremos juntos. Podemos sentirnos inspirados para compartir imágenes, poesías y cantos de nuestra tradición particular. Estos recursos pueden abrir espacios para que experimentemos nuestra fe común y nuestra esperanza del Reino de Dios.

Preguntas:
1. ¿Cómo te imaginas el cielo?
2. ¿Qué canciones, historias, poesías e imágenes de tu tradición te transmiten la sensación de estar participando en la realidad de la eternidad de Dios?

Oración:
Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te damos gracias por esta Semana de Oración, por estar juntos como cristianos y por los distintos modos en que hemos sentido tu presencia. Haz que siempre podamos alabar juntos tu santo nombre para que podamos seguir creciendo en la unidad y la reconciliación. Amén.


Alfredo Delgado, M.C.I.U.

(Traducción al castellano de los textos originales: Saúl Botero-Restrepo).

viernes, 12 de febrero de 2016

«DIEZ AÑOS DESPUÉS»... El aquí y ahora de mi misión.

En estos días estoy celebrando el décimo aniversario de mi anterior viaje a  África... ¡Qué rápido pasa el tiempo! 

Vienen a mi mente las palabras de San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es para mí una necesidad imperiosa. ¡Pobre de mí si no anuncio el Evangelio!”.
(1Cor 9,16)

¿A qué me lleva el Señor a Sierra Leona? ¿Por qué he sido constituido Misionero de la Misericordia por el papa Francisco? ¿Qué es lo que tengo y debo de hacer allá? ¿Podré descubrir lo que el Señor tiene preparado para los años venideros en mi vida misionera? Y si lo hago… ¿Estaré bien de salud para servirle al cien? Estas y muchas preguntas más cruzan por mi mente. Se que el Señor ha tomado mi vida quebrantada por el pecado y mi débil salud para que sus Manos Misericordiosas cambien mi existencia y la de muchos. Él habrá de ayudarme siempre, como lo ha hecho hasta el día de hoy,  a recordar que soy lo que soy, polvo y miseria al servicio de su Misericordia —como decía nuestra beata madre fundadora María Inés— sí, polvo y miseria que con el Agua Viva del Señor se transforman en barro que se quiere dejar moldear en sus manos como una vasija que en medio de las debilidades ha sido restaurada por sus manos una y otra vez; por esas manos divinas que me crearon a su imagen y semejanza para que en medio del mundo, como un granito de arena, sea yo un generoso sacerdote, un religioso y misionero portador de misericordia para todos aquellos que se acercan a buscar al Señor y así dentro de esta misión tan hermosa para la que me ha elegido en África, en Europa, en América y donde Él quiera,  sea expresión de su misericordia que sale al encuentro de todos. ¡Qué difícil misión y qué gande me queda!

Siento el llamado nuevamente, escucho su voz diciendo nuevamente mi nombre aún en medio de un mundo que no hace silencio, sino que grita con voces de hombres y mujeres de toda clase y condición buscando misericordia.

Quiero ser expresión de ese Dios misericordioso que me da la vida y la vocación, y con ello la capacidad de absolver y restaurar corazones, como otros han restaurado el mío.

El Santo Padre, ayer en la mañana me ha dado su bendición. El Papa me ha dicho que confiese mucho y que perdone mucho... ahora peregrino por el mundo y escribo en una escala en el aeropuerto de Bruselas viendo tanta gente ir y venir, muchos, casi lo puedo asegurar, sin un rumbo fijo, sin saber a donde van. 

Se me acaba el tiempo libre de Internet y me quedo como el barro en las manos del Señor, El Alfarero y quiero ir a Sierra Leona y a todas partes a dar frutos cumpliendo mi encomienda, la que el Señor me dio al enviarme a este mundo cuando ya pensaba que sería su misionero, quiero dar frutos en la vocación de vida, frutos en la vocación de cristiano, frutos en la vocación como sacerdote, religioso y misionero.

Han pasado diez años desde aquel viaje hermoso que ha quedado grabado en mi corazón y en un diario que, si no se me ha perdido, algún día compartiré. Hoy inicio otro diario o no tanto, no lo sé, llegaré a celebrar la Misa en Lunghi y mañana tendremos retiro con el padre Pepe, los hermanos Eduardo y Ricardo y algunas hermanas... ¿Me acompañan?

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.