miércoles, 10 de junio de 2026

«Vi su sonrisa y me llamó la atención, por eso vine a confesarme»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Es de todos los creyentes sabido que de Jesús tenemos la plenitud de la revelación. Él es la palabra de Dios que se ha hecho hombre y que viene a nosotros para darnos a conocer quién es el Padre misericordioso y cómo nos ama. Él nos enseña que este Dios que es bueno y cariñoso espera de nosotros una respuesta de amor, manifestada en el cumplimiento de lo que nos pide vivir: «si me aman, guardarán mis mandamientos» (Jn 14,15). En el evangelio de hoy tomado de San Mateo en el capítulo cinco, del versículo 17 al 19, Jesús enseña que no vino a anular la ley, sino darle plenitud. El sacramento de la reconciliación refleja perfectamente este espíritu: porque ciertamente, no se trata de descartar las leyes, aún las que vienen desde el Antiguo Testamento, sino de vivirlas con amor, sanando las faltas y restaurando nuestra relación con Dios. Claro que me viene hablar de esto porque casi toda la semana, he pasado largas horas en la catedral de Vilnus y en el lugar donde se desarrolla el congreso apostólico internacional de la Divina Misericordia confesando; dispensando misericordia a tanta gente que llega del mundo entero a un congreso como éste. Pero es curioso, desde antes de venir no faltó quien me dijera: ¡siéntate a confesar en tu parroquia! Y claro que lo hago, la gente lo sabe, a tiempo y a destiempo y en cualquier espacio, pero no puedo olvidar que tengo un compromiso dictado por el Papa como misionero de la misericordia para recorrer el mundo llevando perdón y viendo el gozo de las almas que se reconcilian con Dios.

Volviendo al evangelio de quisiera destacar cómo el escritos sagrado nos recuerda que Jesús lleva los mandamientos más allá de la simple obediencia externa, buscando la transformación del corazón. En la confesión, no sólo se numeran errores, sino que se busca el arrepentimiento sincero, queriendo alcanzar un cambio interior. La reconciliación nos devuelve el estado de gracia, fortaleciéndonos para evitar el mal y obrar en justicia y caridad viviendo la alegría del Evangelio. Justamente ayer una de las personas que se acercó a confesarse en inglés me dijo que estaba pensando en el suicidio pero vio el anuncio del congreso y que su parroquia estaba organizando una peregrinación para venir. La verdad no recuerdo si me dijo que era de Londres o de Edimburgo, de la Florida o Samoa, porque se ha acercado tanta gente que confundo luego los lugares y claro un poco los idiomas también. Esta persona salió del confesionario totalmente nueva, sintiéndose escuchada atendida, perdonada por ese Jesús, por ese Señor de la Misericordia. Cuando pienso en quienes me critican por estar lejos y no en mi Monterrey del alma, pienso ciertamente que quisa Dios hubiera puesto otros sacerdotes en el camino de estas persona,s pero a la vez me queda la interrogante: ¿porque yo Señor?, ¿por qué de repente alguna gente cuando se acerca me dice: vi su sonrisa y me llamó la atención, por eso vine a confesarme?

La verdad siempre me ha gustado confesar y confesarme. Es una gracia que Dios concede. Y las experiencias que en torno a este sacramento he vivido en diferentes lugares de la faz de la tierra, han sido, muchas de ellas, impresionantes de verdad. De alguna manera, en el confesionario, tanto quien confiesa como quien se acerca a recibir la absolución, entiende que la ley de Dios no es un conjunto de normas pasadas de moda que tenemos que seguir viviendo a regañadientes, sino un camino de amor, de verdad, de misericordia, de conversión y salvación eterna. En estos tiempos, donde en cualquier parte del mundo reina la confusión, donde se llama bien al mal y se desprecia la voluntad de Dios, Jesús en el confesionario nos recuerda que su Evangelio es eterno, que sus mandamientos no caducan, ni envejecen, sino dan la paz interior, Jesús, a través del sacerdote, aunque sea tan miserable y vagabundo como yo, eleva los mandamientos, los lleva el corazón, los hace vida. Y por eso no basta con acercarse y decir: no robo, no mato y nada más... Debemos ser puros de corazón, cuidar los ojos, ser fieles en la mente y en el alma. Que María santísima nos ayude a entender a los confesores y a amar más este regalo de la misericordia divina. No dejen de orar por los Misioneros de la Misericordia que vamos por el mundo repartiendo perdón. Por eso, aunque critiquen, hablen y respinguen algunos, no tengo miedo de ser diferente, de ser uno de estos sacerdotes que sin mérito alguno puede perdonar, incluso los pecados reservados a la santa sede. Eso me ayuda a buscar ser fiel a Cristo en esta vida, para ganar la eternidad, no sólo para mí, sino para todos los que se acerquen al confesionario. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 9 de junio de 2026

«¿Qué ocupa el lugar de Dios en el corazón de muchos adolescentes y jóvenes?»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


He pasado, en estos días del congreso, muchas horas confesando y confieso que por momentos se me va la voz y se me va la onda, como dicen en México, porque luego de dos o tres gentes de habla inglesa llega de repente uno de habla italiana y casi nadie en español, porque los españoles están ocupados con el Papa y los de América Latina están muy lejos de estas tierras que, incluso para mí que soy pata de perro, eran inhóspitas antes de cautivarme. Entre uno y otro llega algún lituano que en su lengua y a señas, hace que comprenda que lo que quiere es una bendición. Aquí, como en casi todo el mundo, la ausencia de adolescentes y jóvenes en los eventos eclesiales es mucho muy notoria. En tres días he confesado, entre esa oleada de peregrinos, solamente unos 4 jóvenes y ningún adolescente, a pesar de que en el congreso hay actividades musicales para ellos. ¡Qué gusto que la visita del Papa a España haya sido un llamado muy sonoro para los adolescentes y jóvenes que vaya que han disfrutado los encuentros con él!

Contemplando esta ausencia de «la racita», como suelo decirle a los adolescentes y jóvenes, me viene esta pregunta: ¿Qué propuestas sociales y culturales pretenden ocupar el lugar de Dios en el corazón de estas criaturas? ¿Por qué de niños ellos y ellas gozan el catecismo y luego de teenagers se van? Creo, en primer lugar, que es natural que un estudiante en una sociedad anticristiana y secular enfrente desafíos a su propia fe que inevitablemente provoquen preguntas escépticas de todo tipo. Una mamá me decía en estos días que su hijo dejó de ir a misa al entrar a la high school y le dijo que no volvería a misa porque él no está tonto como para estar oyendo siempre lo mismo. ¿Qué tipo de sermones reciben estos muchachos en sus parroquias? En la mayoría de los casos, ha habido una falla de nosotros los sacerdotes en las homilías y más particularmente en la programación y acompañamiento para adolescentes y jóvenes. Dondequiera que he impartido charlas, conferencias, y sermones, «la racita» se queja de que las preguntas que plantean no reciben respuesta. No quiero pensar que hay sacerdotes que dejan el cerebro en la sacristía para salir a predicar con un espiritualismo ajeno a ellos. 

Creo que el Evangelio de hoy (Mt 5,17-19) viene muy «ad hoc» porque nos recuerda que Jesús busca que podamos ser fieles al proyecto de Dios desde la perspectiva del Reino. Por eso nos impulsa a crecer y madurar en la fe, a no quedarnos en ese falso espiritualismo que no pone los pies en la tierra y a veces ni siquiera los ojos en el cielo sino simplemente en sentimientos que van y vienen. Jesús nos invita a no quedarnos en un mero cumplimiento sino a vivir en plenitud lo que creemos. A encarnar en nuestra humilde realidad cotidiana el amor de Dios nos convertimos, como dice el Papa León: «en una Biblia viviente». Yo creo que es hora de descruzar los brazos y apoyar a los sacerdotes para desarrollar nuestras potencialidades y capacidades poniéndolas al servicio de los adolescentes y jóvenes que ml que bien, son siempre la esperanza de un futuro mejor. Para enseñarles, no podemos seguir con las mismas homilías aburridas y a veces sosas. Nuestras ideas, puestas a la luz de la Palabra y del Sagrario para preparar nuestros sermones, se convierten de inmediato en acciones. Pero si la cosa está aburrida y sin cuerpo, si el predicador no le pone «enjundia» como decimos en Monterrey... ¿qué verán de interesante nuestros adolescentes y jóvenes? Se fabricarán un «jesucito» a su manera, como dice el padre Van Troi. Que la Virgen, que está más ocupada que nosotros, nos ayude. ¡Bendecido martes desde Lituania!

Padre Alfredo.

lunes, 8 de junio de 2026

«ESCONDIDO EN EL CONFESIONARIO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Cómo resuenan en mi corazón unas frases del mandato que da Dios a Elías en la lectura de la misa de hoy lunes (1 Re 17,1-6): «vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer». Y es que a la luz de esto y tan lejos de casa, no puedo olvidar que soy misionero, misionero de Cristo por mi congregación religiosa y misionero de la misericordia, enviado por el Papa. Esta condición me hace vivir desinstalado... para algunos —incluso sacerdotes cercanos— como alguien errante, sin techo ni hogar; sin pertenencia, y tal vez sin un compromiso fijo en algún lugar. Quien no conoce la vida del misionero, le reprocha que no sea alguien estable y que asuma un compromiso fijo que lo ancle. Recuerdo que desde casi recién ordenado sacerdote, la madre Teresa Botello, sucesora de nuestra fundadora en el gobierno de las misioneras clarisas, me presentó ante un grupo de cardenales y obispos en Roma, en un evento de la universidad Lateranense y les dijo: «este es el padre Alfredo, ciudadano del mundo». Por eso me siento siempre conducido por la mano de Dios y seguro de qué como Elías, si atiendo a su voz que me envía, nunca me faltaba nada.

Hoy sigo en Lituania, en esta bellísima ciudad de Vilnus, conocida como la ciudad de la misericordia porque aquí se encuentra la casa —que todavía no conozco— en la que vivió Santa Faustina Kowalska y la imagen original de la divina misericordia ante la que ayer pude orar pidiendo por todos. Esta imagen es la auténtica, pintada en 1934 por Eugeniusz Kazimirowski, bajo la supervisión directa de la misma santa y su confesor, aunque es más famosa la que está en Cracovia que fue pintadas después de la muerte de Faustina. Pero en estos días estoy más bien «escondido» en la parte de atrás de donde se desarrolla el congreso o en mi confesionario asignado en Catedral para escuchar en inglés, en italiano y en español, a quienes buscan la misericordia de Dios... ¡aunque quisiera hablar todas las lenguas del mundo para seguir dispensando el perdón! No puedo olvidar al Papa Francisco, cuando, en Santa María la Mayor, recién instituido —como ya lo he platicado muchas veces— al darme la bendición, para irme a África me dijo con insistencia: ¡Confiesa mucho confiesa mucho... perdona mucho! Por eso el Señor suele «esconderme» en los confesionarios. 

Por otra parte, y más adelante, la lectura dice que los cuervos le llevaban a Elías pan y carne por la mañana y que él bebía con tranquilidad del torrente de agua. ¿Con qué dinero viaja un misionero? A veces hasta los más cercanos me cuestionan y uno que otro, sin saber cómo vivo, quisiera hacer alguna auditoría especial. Andando en las encomiendas misioneras vivo con lo que me dan por aquí y por allá. Duermo a veces en los mejores lugares y otras en estaciones de trenes, aeropuertos o centrales de autobuses. Me alimento, como hoy, de alguna ensalada de una tienda de conveniencia, como a veces con alguna familia que me invita y otras veces en restaurantes «de caché» siempre cosas que no me hagan daño. Traigo a veces suficiente money y otras veces rasco por aquí y por allá. Viajo muchas veces en la última clase de los aviones, en trenes de segunda y camiones de tercera y una que otra vez, gracias a boletos regalados o a millas acumuladas en un mejor asiento. algo que no me haga daño y ciertamente el señor llega de una manera maravillosa. ¿Se pueden imaginar que ayer en el congreso me tocó salmón y ensalada? El misionero vive de la misericordia anunciando el perdón y denunciando el pecado. Por eso Dios cuida de él de una manera sorprendente, como cuidó de Elías. Qué hermoso que de este congreso quede en todos por lo menos una chispita de la Divina Misericordia. Seguro la Virgen nos ayudará porque ella, por lo menos en mi caso, no se me despega nunca. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 7 de junio de 2026

«CORPUS CHRSTI EN DOMINGO»... Un pequeño pensamiento para hoy

¿Otra vez Corpus Christi? Sí, es correcto. Es que el Código de Derecho Canónico, en el canon 1246 establece que el domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto y también los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos, pero permite que la Conferencia Episcopal de cada zona o nación del mundo, previa aprobación de la Sede Apostólica, pueda suprimir o trasladar a domingo algunas de estas fiestas de precepto. Por eso algunas naciones, como Lituania, han pasado la fiesta del Corpus al domingo. De manera que el jueves lo viví en Polonia, donde se celebra en jueves como en México y ahora aquí. Hemos tenido la misa dentro del congreso internacional que estamos celebrando en torno a la Divina Misericordia y que presidió el arzobispo del lugar concelebrando con él muchos obispos y sacerdotes. Cabe notar que el Arzobispo, es, al igual que el Papa León, estadounidense, aunque su familia es Lituana. Se llama Gintaras Grušas y nació en Washington el 23 de septiembre de 196i, así que como se dice: «¡somos de la edad!». Es un hombre muy preparado, informático, consultor, matemático, teólogo y canonista. Sabe hablar lituano, inglés, italiano, latín y francés. Desde 2013 es Arzobispo Metropolitano de aquí de Vilna —Vilnius— y Presidente de la Conferencia Episcopal de Lituania.

Es tradición que después de la misa de esta festividad se tenga una procesión y hoy no fue la excepción... ¡y vaya que caminamos! En poco más de dos horas y haciendo estaciones en tres altares elegidos de entre las 28 iglesias históricas del centro, recorrimos el casco antiguo de la ciudad —declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1994)

 y pude constatar que Vilna es realmente una de las capitales más limpias, verdes y seguras de Europa. Su Casco Antiguo está muy conservado y destaca por el impecable cuidado de sus calles empedradas, sus fachadas históricas y sus numerosos espacios naturales. Además de una pulcritud impecable, gocé viendo el cielo sin contaminación alguna y sendos parques integrados por todas partes. ¿Por qué los europeos, aunque tiene fama de que no se bañan, tienen la mayoría de sus ciudades impecables? De verdad, en toda la procesión no se vio ni un papel tirado y mucho menos amontonadero de basura...eso sí, hay botes de basura por doquier... ¡igualito que en mi rancho!

Pues nada más y nada menos que, en este fantástico marco europeo, me tocó volver a celebrar esta festividad instituida por el Papa Urbano IV en 1264, encomendándole a Santo Tomás de Aquino un oficio completo, algunos de cuyos himnos y antífonas han pasado a la historia de la liturgia como la expresión teológica más alta de este misterio inefable de la Eucaristía, como el «Tantum Ergo» y el «Adoro te devote», que se pueden escuchar en Youtube. Y, aunque ya comenté el jueves sobre la solemnidad, quiero ahora recordar cómo el descubrir las raíces últimas, culturales y religiosas de este sacramento de la Iglesia, que se retrae a la última cena de Jesús con sus discípulos, nos sirve para hacer comunidad y nos centra en lo que debemos ser: «una copia fiel de Jesús», como decía la beata María Inés. Que María Santísima nos lleve a la Eucaristía, porque todo el deseo de la Madre es llevar a los hijos que Dios le ha dado al conocimiento total de Cristo. Y creo que no tenemos un conocimiento total de Cristo hasta que no descubramos plenamente lo que es la Eucaristía. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 6 de junio de 2026

«SER MISERICORDIOSOS A TIEMPO Y A DESTIEMPO»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hace unas horas, en un vuelo de la aerolínea polaca LOT llegué a Vilna —Vilnius—  la capital de Lituania, Vilna, para prestar mi servicio como Misionero de la Misericordia, enviado por el Papa en el VI Congreso Apostólico Mundial sobre la Divina Misericordia (WACOM). Vilna es considerada uno de los principales centros de la Divina Misericordia del mundo y estaré aquí hasta el12 de junio, Dios mediante, confesando horas y horas en su preciosa catedral. Este es, como dijo una voluntaria al recibirme en el aeropuerto, «el trabajo más importante del congreso» que tiene como lema «Construir la Ciudad de la Misericordia» con el objetico de ayudar a redescubrir cómo la misericordia de Dios puede transformar la vida urbana contemporánea, marcada muchas veces por el aislamiento, la desilusión y la desconfianza. Mi jefe inmediato en el Vaticano, para esta encomienda, es desde 2016 Monseñor Rino Fisichella —prefecto adjunto del Dicasterio para la Nueva Evangelización—, quien, delegado del Santo Padre con acompañará estos días de gracia. Monseñor Rino nos ha dicho: «Volvamos a experimentar en nuestras vidas cuán misericordioso es Dios con cada uno de nosotros y renovemos nuestro compromiso de construir ciudades que sean, más que nunca, lugares de misericordia». El caso es que aquí estoy, donde Dios quiere, no cabe duda.

Gracias a esa encomienda que en vida me diera el papa Francisco estoy aquí, porque por esa gracia especial he ganado, sin mérito propio alguno, la potestad de absolver incluso los pecados reservados a la Santa Sede, la alegría de transmitir el perdón gratuito de Dios por el mundo entero y, sobre todo, una transformación profunda en mi propio corazón que me hace ver la vida con ojos nuevos cada día. El Señor ha sido muy misericordioso conmigo y sé que la misericordia no se merece... se recibe como regalo inmerecido. Pensando en esto en tantos momentos de soledad fecunda que he tenido en este viaje misionero, me vino a la mente aquella anécdota en torno al gran Napoleón Bonaparte que ilustra tan claramente lo que es la misericordia. La historia cuenta que una vez, la madre de un delincuente arrepentido solicitó a Napoleón el perdón de su hijo, y el emperador dijo que no, porque ya era el segundo delito que cometía este hombre y que la justicia exigía su ejecución. Dicen que la mamá del muchacho le dijo al emperador: «No pido justicia, pido misericordia», y que el emperador de le quedó viendo y le dijo que el joven no merecía misericordia alguna. A lo que la mamá respondió: «Excelencia, , si se la mereciese, no sería misericordia. Y misericordia es todo lo que le pido». El emperador se sintió desarmado y así se salvó la vida de su hijo. ¡Esta es la misericordia!

Cristo es la expresión más clara de la misericordia de Dios, él viene a nuestro encuentro y nos da, sin merecerlo, la gracia de su compasión misericordiosa abajándose a lavarnos los pies. El mundo tiene necesidad de experimentar esta misericordia, por ello, viene muy bien hoy la primera lectura de la misa (2 Tim 4,1-8) en la que san Pablo anima a Timoteo a proclamar la Palabra con insistencia... ¡no te canses aprovecha cualquier oportunidad, no tengas miedo o vergüenza; exhorta, pelea si es necesario; reprocha, lucha, no te calles! «La misericordia no se cansa jamás; cuanto más se da, más queda; cuanto más se ofrece, más se recibe», dejó escrito san Juan Pablo II en Dives in misericordia. Hoy, más que nunca, y sobre todo en las grandes ciudades, estamos más necesitados que nunca de la Divina Misericordia. Vivir abrazados a ella, como santa Faustina Kowalska enseña, significa latir, respirar, amar, sentir y tocar con compasión, dejando que nuestras vidas estén abiertas al dolor ajeno y que nuestras acciones diarias ayuden al prójimo a levantarse: amando lo visible y lo invisible en la vida de quienes nos rodean, acompañando sin juzgar y ofreciendo consuelo. Estoy seguro de que estos días, que viviremos bajo la mirada de Nuestra Señora de Šiluva, patrona de Lituania, marcarán nuestras vidas comprometidas en ser misericordiados y a la vez misericordiosos a tiempo y a destiempo. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 5 de junio de 2026


Ciertamente que los viajes ilustran, por eso quiero comenzar mi reflexión de hoy con un cuento: «Cierta vez, un médico muy docto, pronunciaba ante un numeroso auditorio, un discurso científico acerca del nerviosismo. El hombre hablaba con la mayor claridad posible y adornaba su discurso con gran lujo de ejemplos, por lo que recogió grandes aplausos. Apenas terminó, uno de los oyentes se acercó y le dijo: “Señor doctor yo no he entendido una sola palabra en este asunto del nerviosismo”. Riéndose, el médico contestó: “Señor mío, yo puedo explicarle a usted el asunto de qué se trata, pero darle a usted la inteligencia, eso sí que no puedo, es cuestión de talento”». Eso mismo acontece con las verdades de nuestra religión, el predicador en el templo al igual que el catequista o el profesor en la escuela bíblica pueden explicar la doctrina y la Escritura, pueden demostrar y defender lo que enseñan, pero no pueden comunicar a sus oyentes, la virtud de la fe, que es un don de Dios, un don que puede merecerse con el esfuerzo para conseguir la verdad, con la rectitud de vida y con la petición constante de la verdadera fe. Esto lo digo porque todos estos días he asistido a Misa en diversos templos tanto de Cracovia como de Varsovia y no he entendido ni una sola palabra, pero, al igual que todos ustedes, he recibido el don de la fe y aunque no entiendo lo que se dice, lo vivo en el corazón porque, en primer lugar, la estructura litúrgica de la celebración es la misma y, con ayuda de la aplicación «Appostolica», voy siguiendo las lecturas y durante la homilía que igual estuviera en chino que en polaco, me pongo a reflexionar en lo leído y a dar gracias por el don de la fe recibida desde pequeño, como San Pablo le recuerda a Timoteo. 

Ciertamente que los viajes ilustran, por eso quiero comenzar mi reflexión de hoy con un cuento: «Cierta vez, un médico muy docto, pronunciaba ante un numeroso auditorio, un discurso científico acerca del nerviosismo. El hombre hablaba con la mayor claridad posible y adornaba su discurso con gran lujo de ejemplos, por lo que recogió grandes aplausos. Apenas terminó, uno de los oyentes se acercó y le dijo: “Señor doctor yo no he entendido una sola palabra en este asunto del nerviosismo”. Riéndose, el médico contestó: “Señor mío, yo puedo explicarle a usted el asunto de qué se trata, pero darle a usted la inteligencia, eso sí que no puedo, es cuestión de talento”». Eso mismo acontece con las verdades de nuestra religión, el predicador en el templo al igual que el catequista o el profesor en la escuela bíblica pueden explicar la doctrina y la Escritura, pueden demostrar y defender lo que enseñan, pero no pueden comunicar a sus oyentes, la virtud de la fe, que es un don de Dios, un don que puede merecerse con el esfuerzo para conseguir la verdad, con la rectitud de vida y con la petición constante de la verdadera fe. Esto lo digo porque todos estos días he asistido a Misa en diversos templos tanto de Cracovia como de Varsovia y no he entendido ni una sola palabra, pero, al igual que todos ustedes, he recibido el don de la fe y aunque no entiendo lo que se dice, lo vivo en el corazón porque, en primer lugar, la estructura litúrgica de la celebración es la misma y, con ayuda de la aplicación «Appostolica», voy siguiendo las lecturas y durante la homilía que igual estuviera en chino que en polaco, me pongo a reflexionar en lo leído y a dar gracias por el don de la fe recibida desde pequeño, como San Pablo le recuerda a Timoteo.

Escribiendo a Timoteo (“ Tim 3,10-17), Pablo le dice: «Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia... [...] permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús». Mantenerse firmes en la fe dentro de una sociedad secular que poco a poco va sacando a Dios de la vida ordinaria puede ser un desafío, pero es posible seguir, cultivando una vida espiritual profunda y viviendo con propósito manteniendo firme el hilo conductor de la fe. Occidente, a diferencia de Oriente, se va desligando de la práctica de la religión. Incluso aquí, en la católica Polonia, destacan, en esta hermosa ciudad capital de nombre Varsovia, los grandes rascacielos, los más grandes de la unión europea, con sendos letreros de bancos en la parte superior, como gritando a todo el continente que el dios que impera es el «dios dinero». También aquí se siente, en las iglesias, retacadas en las misas diarias de estos días, la ausencia de adolescentes y jóvenes, que, seguramente seducidos por los nuevos principio doctrinales de incontables ideologías, se olvidan del Dios verdadero y lo van convirtiendo en el Dios desconocido.

Aunque históricamente más del 90% de la población se identificaba como católica, debido a tantas cosas que la historia de esta nación puede explicar con calma, las cifras, según me platican, han cambiado. En años recientes hay una considerable disminución en la práctica religiosa, especialmente entre los adolescentes y los jóvenes. Según los datos demográficos y del Instituto de Estadísticas de la Iglesia Católica de esta nación, si bien cerca de un 71% de los ciudadanos se identifica como católico, la asistencia los domingos y a la misa de entre semana ha bajado mucho, motivada por críticas sociales, escándalos institucionales y la secularización de la sociedad que es una cuestión global. Polonia no ha sido inmune a las escalofriantes tendencias continentales y de hecho, mundiales. Al igual que en otras naciones, los padres se preocupan cada vez menos por la educación religiosa de sus hijos. Todos sabemos que si la transmisión religiosa no tiene lugar en la casa, escuela o en la iglesia, se crea un vacío. En algunos círculos, conocer a una persona de fe profunda y devota se ha vuelto improbable. Los ambientes urbanos, jóvenes y bien educados están en gran medida secularizados. Pero hay una esperanza... en ello pensaba ayer tarde en que el sacerdote predicaba con gran efusividad y yo, lógicamente no entendía nada. La ausencia de fe no significa un vacío espiritual. Los no creyentes no carecen de convicciones; simplemente tienen una multitud de puntos de vista y entre todo eso está el Dios olvidado, el Dios hecho a un lado que en cualquier momento y sin que menos lo piensen, se puede hacer encontradizo. Que Nuestra Señora de Częstochowa, patrona de Polonia y llamada con cariño «la Virgen Negra» cuide de la fe de sus hijos y ayude a quienes han de dejarse alcanzar por su Hijo Jesús... yo mientras tanto empaco para continuar mi peregrinación a Lituania. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 4 de junio de 2026

«Pan que alimenta y alienta, Vino que alegra el corazón»... Un pequeño pensamineto para hoy

Ayer en Cracovia, al asistir en la tarde a la Misa de precepto de la fiesta del Corpus Christi en la Basílica de Santa María —Kościół Mariacki—, me pareció volar a la edad media, pues se trata de una joya del gótico polaco del siglo XIV, que, en el corazón del casco antiguo de la ciudad, es mundialmente famosa por su espectacular altar mayor de madera tallado por Veit Stoss y la belleza de su presbiterio. Esta mañana viajé en tren —sólo Dios sabe como no me perdí sin entender una gota del idioma— a Varsovia, la capital de este bellísimo país que me cobija en estos días previos al Congreso Internacional de la Divina Misericordia en Lituania. Aquí viví una experiencia muy similar en la Catedral de San Juan, digo muy similar porque esta está reconstruida, ya que el 90 % de la construcción fue destruida en la Segunda Guerra Mundial. Pero, lo que más me ha llamado la atención, al contemplar esta y otras joyas arquitectónicas, como la Iglesia de San Martín en donde hace rato asistí a la Misa de Corpus, es la fe de la gente. ¡No me queda duda de que Polonia es católica! Eso lo constato al haber visto estas dos joyas medievales llenísimas de gente, así como las otras iglesias que he visitado... porque, como dicen muchos: «¡si quieres viajar con el padre Alfredo atente a ir a muchas iglesias!»

Desde acá, viendo todo esto pienso en mi México lindo y querido, en donde por angas o mangas se va recobrando, poco a poco, el amor a Jesús Eucaristía que, en años anteriores parecía desvanecerse. Orando en los dos templos en donde hoy puede hacer un rato de adoración ante Jesús expuesto en la Custodia, me venían dos preguntas: ¿Asumo como sacerdote misionero el enorme compromiso que significa en este sentido la Eucaristía para hacer la transubstanciación, recibirla y repartirla a mis hermanos? Y luego ua pregunta para todos: ¿Somos capaces como bautizados, de ser para quienes por distintos motivos no pueden acercarse a comulgar, lo que Jesús es para nosotros: Pan que alimenta y alienta, Vino que alegra el corazón, abrazo de Padre tierno y misericordioso, consuelo del Espíritu que nos hace familia y esperanza del cielo que no defrauda?

Al terminar el día, y luego de pasar en mi recorrido a pie a la Catedral de Campo del Ejército Polaco, en el distrito de Śródmieście, en donde en cientos de placas aparecen recordando a los soldados caídos en las guerras, puedo decir, con una mano en el corazón, que la Eucaristía es para nosotros, cristianos, el motor —como dice Madre Inés— de nuestro compromiso en la transformación del mundo. Parecería, a simple vista, que en esta época ensordecida por el materialismo y el hedonismo exagerados, Jesús Eucaristía duerme, pero, en medio de la tormenta, él abre los ojos como en aquel episodio de la barca, porque va con nosotros y es el Piloto. Ahora me voy a descansar porque mañana me espera un día para aprender más y para orar más. Es que, estando solito en este viaje, me encuentro mucho con Dios, con su Madre santísima y conmigo mismo y eso, eso hace mucho bien. Con razón los santos amaban el silencio. ¡Bendecido jueves, fiesta de Corpus Christi!

Padre Alfredo.

P.D. El domingo volveré a celebrar la fiesta de Corpus Christi, porque en Lituania se celebra el domingo como en otras partes del mundo.