jueves, 22 de octubre de 2026

Caty Gutiérrez, invitación a una generosidad desinteresada... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo XCVI

La muerte de una Misionera Clarisa no es el final de un camino, sino la consagración definitiva de una vida entregada por amor. Por eso, desde hace años, me gusta escribir un poco de la vida de las hermanas que ya nos han dejado para volar a la Casa del Padre. A la mayoría de ellas las conocí, pues ya entrado en años celebró que a muchas las conocí en mi adolescencia y he sido compañero de camino en la vida consagrada.

Hoy quiero hacer memoria agradecida de nuestra querida hermana Caty Gutiérrez, quien a sus 55 años fue llamada en 2023 al Banquete Celestial y de quien no había podido compartir algo de su vida. Aunque su partida dejó un vacío profundo, debe consolarnos saber que su existencia fue un reflejo vivo de generosidad desinteresada y fidelidad absoluta, cualidades heredadas de sus padres Don Miguel y Doña Paz, a quienes recordamos con inmensa gratitud por haber hecho a la Familia Inesiana el regalo de dos de sus hijas: Caty y Tere. 

En cada comunidad que Caty pisó, en cada alma que ella consoló y en cada misión que abrazó, hizo carne el lema de nuestra Beata madre fundadora: «Urge que Él reine». Su vida fue corta a los ojos del mundo, —porque 55 años comparados con la eternidad es poco—, pero fue inmensa en su capacidad de amar y servir al Señor con alegría por eso, al recordarla en estas líneas, sé con certeza que va dejando la huella de Cristo en el corazón de todos los que tuvimos la dicha de conocerla. Yo la recuerdo en las diferentes etapas de su vida consagrada desde su etapa de formación hasta pocos meses antes de morir.

Catalina Gutiérrez Rivas nació el 13 de mayo de 1967 en Atotonilco el Alto, Jalisco, México en el seno de una familia profundamente católica, de la cual florecieron estas dos vocaciones de misioneras clarisas que he mencionado. Desde pequeña sus papás le enseñaron a cultivar su fe a través de una vida de piedad y amor al prójimo. Ingresó a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 1 de enero de 1994 en la Casa Madre que está en Cuernavaca, Morelos. El 16 de julio del mismo año inició su noviciado, destacando, desde muy joven, por su capacidad en la rama e la administración y su profunda vida de oración. 

Su formación inicial tuvo lugar en la casa noviciado de Grevilias, en Cuernavaca y siendo todavía novicia fue enviada a Roma, Italia en 1996. Durante los primeros años, en la comunidad de Garampi, realizó con amor las labores sencillas de la vida de Nazareth, al mismo tiempo que colaboraba en la catequesis infantil de la parroquia de San Lino y tomaba el curso de Teología de Vida Religiosa en el Claretiano. Allá hizo  sus votos temporales el 13 de julio de 1996 y en 1998 recibió su cambio a la Casa Madre y Regional para continuar su formación académica estudiando la carrera de Licenciada en Administración de Empresas en la Universidad de La Salle. Durante estos años de estancia en Cuernavaca, estuvo colaborando directamente en el mantenimiento de la casa y en la atención a los grupos que ahí se reciben. El 16 de agosto de 2002, realizó su profesión perpetua allí.

En el año 2004 fue destinada nuevamente a Roma y al poco tiempo fue trasladada a la comunidad de Pamplona en donde a fines de ese mismo año fue nombrada vicaria regional de España. Al año siguiente recibió el nombramiento como superiora regional, labor que desempeñó hasta el año 2017. En el mes de septiembre de este mismo año llegó a la Casa Madre de nuevo, para formar parte del consejo regional como tercera consejera y procuradora regional, servicio que concluyó en abril de 2023.

El Señor dotó a la hermana Caty —como cariñosamente la llamábamos muchos— con una infinidad de cualidades que siempre puso al servicio de la Iglesia y de nuestra familia misionera. Se entregó sin reservas en cada una de las encomiendas que la obediencia le confió. En la capilla se esmeraba con gran fervor y alegría para animar los actos litúrgicos buscando diferentes maneras para alabar con alegría al Divino Esposo. Tenía un don especial para el cuidado y mantenimiento de las distintas casas a las que fue destinada, procurando siempre que todo estuviera en orden y funcionando. Colaboró con entrega, dedicación y gran entusiasmo en la remodelación del Colegio Mayor Santa Clara en Pamplona, España y en la reconstrucción del salón de usos múltiples de la Casa Madre.

Luego del terremoto de 2017 en México, cuando hubo de demolerse el edificio llamado «Asís en la Casa Madre en Cuernavaca y se construyó uno nuevo, Caty fue llamada para ayudar en la preparación de los últimos detalles para reiniciar el apostolado de la recepción de grupos en el nuevo edificio. Este servicio lo desempeñó hasta el momento en que el Señor tuvo a bien llamarla a su presencia.

Toda su vida se distinguió por su gran amor a Dios y a la congregación. Se esforzaba por vivir radicalmente su consagración e impulsaba a sus hermanas a darlo todo por la salvación de las almas. Vivió con particular empeño su voto de pobreza tanto material como espiritual, ya que permanecía abierta y disponible a la voluntad del Señor y al servicio incondicional de sus hermanas sin escatimar esfuerzo ni horario, sobre todo en su servicio como chofer y responsable de mantenimiento. A ejemplo de la Beata María Inés fue un alma audaz y confiada, lo cual la hizo lanzarse a realizar grandes obras en favor de la misión. Vivió constantemente el apostolado de la sonrisa y supo ofrecer con amor y en silencio las cruces de cada día, haciendo de su vida una continua ofrenda a Dios.

En no pocas ocasiones el Señor visitó con fuertes sufrimientos a ella y a su familia, mismos que nuestra hermana Caty vivió con una fe inquebrantable, siendo instrumento de esperanza y consuelo para quienes la rodeaban, especialmente su familia con quien compartió duros momentos de angustia tras el secuestro y asesinato de dos de sus hermanos en medio de la ola de violencia que en un tiempo se desató en México.
Su vida, en general, estuvo fuertemente marcada por la protección maternal de María Santísima, ya que fue un 12 de diciembre que ella decide entregarse al Señor y un primero de enero, Fiesta de Santa María Madre de Dios, que ella inició la aventura del amor esponsal en la vida consagrada. 

Pocos días antes de morir, sin saber que su momento de encuentro con Dios se acercaba, hizo, acompañada de un grupito de hermanas Misioneras Clarisas, una visita a la Basílica de Guadalupe, como si algo en su interior le dijera que necesitaba encomendarse a su Madre Santísima del Cielo, para su peregrinación final.

Desde hace varios años Caty padecía de diabetes, enfermedad que, aunque menguó su salud, no le disminuyó su capacidad de entrega y generosidad. El jueves antes de morir, tuvo algunas complicaciones por esa enfermedad y el viernes por la mañana, a las ocho horas con treinta minutos, escuchando la voz del Señor que la llamaba, acudió a su presencia para formar parte de la comunidad del cielo, como lo esperamos en la infinita misericordia de Dios. El Señor la llamó a su adorable presencia después de 55 años de vida, de los cuales 26 consagró al servicio de Dios y de la Iglesia bastaron para mostrar al mundo la alegría de vivir para Cristo.

Descanse en paz nuestra querida hermana Catalina Gutiérrez Rivas a quein recordamos con cariño y gratitud.

Padre Alfredo.

miércoles, 21 de octubre de 2026

«Vacaciones en clave sacerdotal»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


«Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá». Así termina el evangelio de hoy (Lc 12,39-48) y me pesca en medio de unos días de paseo y de descanso con un grupo de amigos sacerdotes con los que gusto de compartir algunos de los tiempos de ocio que todos necesitamos y que hemos de entender no como la inactividad vacía o perezosa que atacan santa Teresa y san Juan Bosco, sino como un espacio de recreación y contemplación. Estos días no han sido el «dolce fare niente» del que hablan los italianos, sino el hacer, desde nuestro ser sacerdotal, algo diferente que restaure nuestro espíritu. Estos días que llegarán a término el viernes próximo, están siendo un tiempo liberado del trabajo ministerial para dedicarlo a la contemplación, al cultivo del espíritu, a la gratuidad, a la alabanza de Dios y a seguir cultivando el don de la amistad. Dios mismo descansó el séptimo día, bendiciendo el descanso como un acto sagrado de contemplación de la creación.

Pero esta frase que Lucas pone en boca de Jesús me reta, me cuestiona, me abre los ojos y el corazón. ¿Cuánta gente sobre la faz de la tierra tiene la oportunidad de tener unos días de descanso? ¿Cuánta gente en el mundo goza de vacaciones como muchos de nosotros? Algunas encuestas dicen que solamente el 44 % de los mexicanos logra tener unos días de vacaciones y algunos de mis 23 lectores y yo estamos dentro de esta cifra. El Señor me ha dado mucho no solo en estas vacaciones, sino en muchas más que he podido disfrutar desde niño con mi hermano y mis padres, con el resto de la familia, con amigos, con mis hermanos misioneros y con amigos sacerdotes. Entiendo, al leer este texto, que incluso el descanso debe usarse con sabiduría. Unas vacaciones vividas en clave cristiana evitan la tibieza y el abandono espiritual, protegiendo mi sacerdocio de caer en las tentaciones de la distracción o la deslealtad a las promesas que hace 37 años hice. El descanso, a mis 65 años y en medio de mi agitada vida misionera cargada de viajes de trabajo pastoral, se convierte en un bálsamo que asegura que no me canse de hacer el bien y siga correspondiendo con alegría a todo lo que el Señor me ha dado.

En medio de estos días, quiero compartir que ayer estuvimos en la catedral de Milán. El imponente y majestuoso Duomo que tardó 600 años en construirse. Allí descansan los restos de san Carlos Borromeo, aunque su corazón se encuentra en Roma, dentro de la Basílica de los Santos Ambrosio y Carlos en el Corso y que he visitado varias veces. San Carlos Borromeo falleció en noviembre de 1584 y fue sepultado en el templo. Tras su canonización en 1610, se edificó un espacio exclusivo para su veneración. Él fue el principal artífice de la creación de seminarios formales para garantizar que los sacerdotes no solo tuvieran instrucción teológica sólida, sino también disciplina moral y espiritual. Como arzobispo de Milán, tradujo las reformas tridentinas en hechos concretos dignificando la labor ministerial. Decía que las almas «se conquistan de rodillas» y que el pastor debe estar en medio de su pueblo. Recordaba constantemente a los clérigos que se predica con la rectitud de costumbres y el ejemplo de vida. En uno de sus discursos, este célebre arzobispo de Milán enfatizó: «¿Eres responsable de las almas? No te olvides por ello de ti mismo, ni te des a los demás de forma que no quede nada de ti para ti mismo. Tienes que acordarte, ciertamente, de las almas de las que eres pastor, pero de modo que no te olvides de la tuya» y esa alma, sí... necesita descanso. Que la Virgen de la Asunción, que preside la plaza principal de Milán nos acompañe. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 20 de octubre de 2026

«Estar preparados, sirviendo y esperando con fe»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El pasaje del evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) nos invita este martes a realizar una profunda introspección espiritual. San Lucas, al transmitirnos este mensaje de Jesús, no busca infundirnos miedo ante el fin del mundo o nuestra propia muerte, sino encender una urgencia de amor y fidelidad en nuestro día a día para establecer desde ya el reino que Cristo ha venido a traer. y que llega a nuestro encuentro en cada persona y en cada acontecimiento que tenemos que ver desde su mirada y sus sentimientos para hacerlos nuestros. En la época de Jesús las personas usaban túnicas largas. «Ceñirse la cintura» significaba recogerse la ropa y sujetarla con un cinturón para poder caminar, correr o trabajar sin tropezarse. En nuestra vida espiritual, esto se traduce en desprendernos de los apegos materiales, los rencores y las distracciones que entorpecen nuestro caminar hacia Dios. Significa estar activos en el servicio y no caer en la pereza espiritual. 

También el Señor nos dice que hay que mantener las lámparas encendidas, es decir, la llama de la fe y el amor. Una lámpara encendida en medio de la noche requería en aquellos años lejanos aceite constante —recordemos la parábola de las 10 vírgenes—. Ese aceite es nuestra vida de oración, los sacramentos y, de manera muy especial, nuestras obras de misericordia, caridad y servicio al prójimo. Estar preparados no es cruzarse de brazos a esperar que el tiempo pase; es hacer que nuestra fe brille con fuerza en un mundo que a veces parece sumido en la oscuridad, perdido en el consumo y el sin sentido. Pero tal vez la parte más conmovedora de la parábola les parezca la misma que a mí y a la que ahora voy en el último párrafo: 

En lugar de exigir ser atendido, cuando el señor regresa, Jesús narra que él mismo se ceñirá, hará sentar a sus siervos a la mesa y se pondrá a servirles. Esto rompe toda lógica humana y más en la época actual, cuando nadie quiere mover ni un dedo para hacer algo por el otro. Ese es el mismo Cristo que lavará los pies a sus discípulos y nos invitará a hacer lo mismo: nuestro Dios no es un tirano que busca esclavos, sino un Padre amoroso que premia la fidelidad haciéndose nuestro servidor. El premio a la espera vigilante es la comunión íntima y plena con Él. Jesús menciona que el señor puede llegar a medianoche o de madrugada, momentos donde el sueño y el cansancio son más pesados. Hoy, la invitación es a no dormirnos en la fe, a no dejar que el egoísmo apague nuestra luz. Pidámosle a María que nos acompañe para estar dispuestos siempre, con un corazón y una mente abierta olvidándonos de condicionantes, horarios y apetencias. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 19 de octubre de 2026

«Bajo la mirada de Dios»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ahora que he tenido unos días de descanso de los trajines ordinarios he tenido un buen tiempo para meditar contemplando diversas iglesias, para caminar mucho y compartir con mis hermanos sacerdotes viendo gente de todas partes, de todos colores y sabores. Y entre lo que he meditado está el hecho de que vivir humanamente bajo la mirada de Dios es vivir de acuerdo con las opciones vitales que tomemos en nuestra vida y del color con el que veamos las cosas. Vivir con proyectos, con sueños qué realizar, es superar el puro existir humano, es trascender. Hemos podido contemplar infinidad de obras de arte dentro de diversos templos de acá de Europa que expresan el anhelo del hombre de alcanzar la vida eterna. Pero por otra parte hemos pensado cómo en aquellos tiempos el hombre vivía cerca de Dios, sin estar sumergido en tanta clase de distracciones como las que hay ahora.

No es fácil, en medio de un mundo que presenta tantas opciones para alcanzar la felicidad —aunque solo sea de manera pasajera— llevar a cabo una deliberación que seleccione lo conviene hacer para alcanzar la plena realización personal y dar gloria a Dios. Hoy, más que nunca, es necesario establecer primacía entre tan diversos y a veces opuestos deseos, que llegan del exterior y despiertan una infinidad de deseos promocionados por esa fuerte influencia que llega de afuera. Si antes el anhelo y el deseo que predominaba era dejar huella, hoy los sueños van en torno al tener, al acaparar bienes, al alcanzar riquezas…. Lo que el texto del evangelio de hoy (Lucas 12, 13-21) llama codicia, uno de los pecados capitales clásicos. A veces l codicia es tan fuerte, que llega a cegar la mente humana, su capacidad de elección y de búsqueda de Dios.

¡Cuánta ceguera hay en el mundo que no permite ver ni siquiera lo efímero que es lo que va y viene en este mundo! Cuando uno contempla obras tan impresionantes como la Catedral de Munich que la guerra quiso destruir y que sigue en pie gracias a la reconstrucción de sus partes dañadas, contempla ese anhelo, ese deseo de llegar a Dios. Y es que los deseos realmente humanos son más fuertes que la muerte: el amar, el aproximarse a la verdad, el conectar con el Dios que nos trasciende y engrandece. Estos son los deseos de lo que construye nuestra condición humana, nuestra persona; que nos lanzan a la plenitud de lo que somos, que se conseguirá en el más allá que hemos de anticipar, de modo limitado, en el aquí y ahora. Que gusto poder ver en este viaje tantas obras que hablan por sí solas y nos invitan a centrar nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras esperanzas... en Dios. Que la Virgen santísima, Madre de los sacerdotes, nos siga acompañando en nuestro viaje. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 18 de octubre de 2026

«El DOMUND en la Bürgersaalkirche de Munich»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy la Iglesia celebra el DOMUND —DOmingo MUNDial de las misiones y nunca me imaginé que un día como este estuviera yo en misa en la nación que más ayuda a la Iglesia misionera. Aquí no hace falta recordar a la gente que hay que ayudar a las misiones. Todos los bautizados tienen tatuado en su corazón el ayudar a la Iglesia misionera. Solo en el 2025 entregaron poco más de 537 millones de euros sin contar lo que durante el año organizan parroquias, colegios y comunidades diversas para enviar sus ayudas. Asistimos a misa a la «Bürgersaalkirche», la Iglesia en donde están los restos del beato padre jesuita Rupert Mayer (1876-1945). La misa muy solemne y con el gran regalo de escuchar, en medio de los espectaculares cantos en latín, el llorido de algunos bebés, indicándonos que la Iglesia en Alemania, a pesar de todo lo que escuchemos, es una Iglesia que está viva. El padre Rupert fue capellán militar durante la Primera Guerra Mundial y perdió la pierna izquierda en un ataque con granadas, convirtiéndose en el primer sacerdote católico en recibir la Cruz de Hierro. 

En el período de entreguerras, este hombre extraordinario alcanzó gran renombre como predicador, director de retiros espirituales y líder de la Marianische Männerkongregation (Congregación de Caballeros Marianos), una cofradía masculina precursora de las actuales Comunidades de Vida Cristiana. Ya enemigo de los nazis en la década de 1920, el padre Mayer sufrió acoso y encarcelamiento constantes durante el Tercer Reich y pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial bajo arresto domiciliario en la abadía de Ettal. Tras vivir lo justo para presenciar la derrota del nazismo y recuperar su libertad, el padre Mayer falleció de un derrame cerebral el día de Todos los Santos de 1945. En 1987, Rupert Mayer fue beatificado por el papa Juan Pablo II. ¿Y qué tiene que ver esto con el DOMUND? Es que en el DOMUND de una o de otra manera todos los miembros de la Iglesia estamos involucrados. De todos esos hombres que formaron la cofradía, sigue habiendo descendientes que oran, se sacrifican y brindan ayuda económica a la Iglesia misionera. ¡La Iglesia estaba repleta!

Este domingo el profeta Isaías ilumina el anhelo misionero de muchos en la Iglesia con este pasaje (Isaías 25,6-10a) en el que nos habla del proyecto de Dios sobre la historia humana poniéndonos la imagen de un festín con manjares exquisitos y vinos refinados. Dios quiere sentar a la misma mesa a todos los pueblos sin excepción alguna; quiere que todos participen de la misma fiesta, de la misma alegría, y compartan el mismo alimento: la Palabra y la Eucaristía. En esa comunión que nos viene del encuentro con el Señor nos viene nuestra alegría y nuestra felicidad ya desde ahora. ¿Por qué no querer que esa alegría llegue a todos hasta los últimos rincones de la tierra? La garantía de todas estas afirmaciones no es otra que la promesa de Dios. El centro del pasaje son las palabras: «lo ha dicho el Señor». Por eso a nosotros nos toca trabajar de la mano de María la Madre de Dios, nos toca salir a las esquinas (Mateo 22, 1-14) para invitar a todos a entrar a una Iglesia de puertas abiertas con el traje de fiesta puesto que es el deseo de transformar el corazón para hacerlo semejante al de Cristo. ¡Bendecido DOMUND 2026!

Padre Alfredo.

sábado, 17 de octubre de 2026

HAZ UNA CADENA DE ORACIÓN POR LOS SACERDOTES QUE CONOCES...


El don del sacerdocio en un hombre que es completamente ordinario representa una de las paradojas más profundas de la fe cristiana: la elección divina de personas comunes y corrientes para llevar a cabo una misión extraordinaria. Por eso el sacerdocio no puede ser entendido como un mérito propio o un estatus de superioridad humana, sino como un regalo gratuito e inmerecido de Dios que se manifiesta a través de la fragilidad de hombres nacidos en hogares, familias y parroquias comunes

Detrás de cada «padrecito» hay un hombre que sostiene las batallas de toda una comunidad, muchas veces en absoluto silencio y con sus propias batallas. Cada día, un párroco recibe las heridas más profundas en la confesión, acompaña los duelos más dolorosos y se desgasta por la salvación de nuestras almas. Cada día un vicario parroquial se parte en pedazos para atender las necesidades de los grupos parroquiales apoyando a su párroco. Cada día, los sacerdotes formadores, empiezan su día muy de madrugada para alentar a los seminaristas que serán sus relevos. Sin embargo, olvidamos con frecuencia que ellos también sienten el cansancio, la soledad y la incomprensión del mundo actual.

El don del sacerdocio viene de lo alto, es divino, un regalo de Dios. Pero quienes lo portan somos seres humanos de carne y hueso. Cada sacerdote necesita del respaldo espiritual de los laicos para mantenerse firme, santo y fiel frente a las tentaciones cotidianas.

La intercesión de los fieles laicos no puede ser un auxilio de última hora cuando el pastor ya está debilitado. Al contrario, la oración fiel es el escudo protector y el bálsamo con el que el Señor sostiene el corazón de sus consagrados. Cada día es un buen día para cobijar a los pastores bajo el manto y la protección maternal de la santísima Virgen María.

Haz pensado que puedes hacer una cadena de oración por los sacerdotes que conoces... ¿Pudieras empezar ahora mismo?

Padre Alfredo.

«Lo que decimos, lo que hacemos y lo que somos»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Siempre debe haber una congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos, sobre todo quienes predicamos, porque podemos proclamar muy bonitos sermones, pero si actuamos de otra manera, ¿de qué nos sirve y que podemos dejar sinceramente en los oyentes? Claro que este compromiso nos obliga a pensar con claridad, a orar mucho, a reflexionar, tratando de profundizar lo más posible. Estos días he estado lejos de casa y lejos de la tarea de predicar, porque comparto unos días de descanso con un grupo de sacerdotes amigos. Sin embargo, los diversos templos en los que he estado en Bohemia, en Baviera y sus alrededores, me han dado la oportunidad de estar en misa y orar detenidamente pensando mucho en esto: ¿qué predico y cómo predico? Le estoy pidiendo a Dios que cuide siempre que la superficialidad no atrape mi corazón y lo haga ser incongruente; que no busque en las homilías lucirme ante los demás. 

Hoy, en la primera lectura (Efesios 1, 15-23) san Pablo escribe a los suyos que están en Éfeso y les dice que los recuerda en su oración. Yo también así estoy en estos días de vacaciones. El Código de Derecho Canónico reconoce el derecho de los sacerdotes —específicamente párrocos y vicarios parroquiales— a tener un tiempo anual de descanso —de hasta un mes continuo o interpolado— porque nos recuerda que somos seres humanos con necesidades físicas, psicológicas y espirituales, y no solo «instrumentos de trabajo eclesial», como nos ve la mayoría de la gente (canon 283 § 2 y 533 § 2). Las leyes de la Iglesia aseveran que es muy importante conservar la salud física y mental del sacerdote porque el ministerio pastoral conlleva una gran carga de estrés, soledad y desgaste emocional. El descanso del sacerdote —afirma la Iglesia— previene problemas como el agotamiento extremo —burnout— o la fatiga crónica. En los Evangelios, el propio Jesús invitaba a sus apóstoles a retirarse a un lugar tranquilo para descansar cuando la muchedumbre los abrumaba —«Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco» Mc 6,31—.

Un sacerdote descansado, equilibrado y en paz puede ejercer de forma mucho más fructífera y saludable su labor al frente de la comunidad parroquial. En tiempo, que corre tan rápido como el agua de un riachuelo, mucho nos ha ayudado el convivir, el reír juntos, el conocer lugares, el rezar... Cada momento de estos días refuerza nuestro sacerdocio en el don de la amistad sacramental que nos une. Quiero ahora, en este mal tramado escrito volver a done inicié tocando unas palabras de san Pablo a los Efesios para decirles que así como nosotros los tenemos muy presentes en la oración, pidan ustedes a Dios que nos de siempre el espíritu de sabiduría y revelación para que podamos entrar con sencillez cada día en el misterio de Dios y preparemos muy bien —con una vida coherente— el mensaje que de parte de Dios queremos compartir. Pidamos juntos a María que nos alcance de Cristo la fuerza para seguir creciendo en la fe dando testimonio con nuestro ser y quehacer sacerdotal al pueblo santo de Dios en cada una de nuestras comunidades y a toda la humanidad.

Padre Alfredo.

viernes, 16 de octubre de 2026

«CON UNA CONFIANZA COMO LA DE MARÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Muchas he contado cómo Jesús, mientras está cada vez más cerca de sus discípulos, que lo van conociendo, según nos narra el Evangelio, es protagonista de una tensión que a la par de esto va creciendo día a día con quienes rechazan su mensaje. Por eso hoy, el discurso a los suyos lo empieza con una advertencia contundente: «Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lucas 12,1-7). Y para eso va a la imagen de la levadura, que es muy significativa, ya que una pequeña cantidad basta para fermentar toda la masa. Del mismo modo, la falta de verdad y de coherencia puede infiltrarse poco a poco en la vida de una persona o de una comunidad.

Inmediatamente, viendo lo que esto pueda traer como consecuencia, Jesús enlaza esta advertencia con una llamada insistente a no tener miedo. Es que en realidad, ambas cosas están profundamente unidas. Muchas veces las máscaras nacen del miedo: miedo a ser juzgados, a fracasar, a perder prestigio o a mostrar nuestra fragilidad, miedo a que no nos quieran o nos segreguen. Tal vez uno de los gritos que más necesitamos escuchar hoy sea precisamente este: «¡No tengan miedo!». Vivimos rodeados de incertidumbres personales, sociales y eclesiales. Sin embargo, Jesús nos recuerda que nuestra vida descansa en una providencia más grande que nuestros cálculos y preocupaciones.

Por eso el centro de este evangelio no hay que ponerlo la denuncia, sino en la confianza. Jesús llama a los discípulos «amigos míos» y les recuerda que el Padre cuida hasta de los pequeños pájaros y conoce incluso el número de los cabellos de su cabeza. Nada de nuestra vida le es indiferente a Dios. Cierto que la fe no elimina las dificultades ni las incertidumbres, pero nos permite afrontarlas desde otro lugar si compartimos los mismos sentimientos y la misma valentía de Cristo (cf. Filipenses 2,1-11). ¿Qué miedos condicionan nuestra entrega a Cristo? ¿Qué imagen de nosotros intentamos proteger? Hoy le he pedido a la Virgen en la misa, que me pase algo de la confianza que en ella siempre reboza. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo. 

SOY UN APRENDIZ DE BLOGUERO...

Hace dos décadas más o menos, tener un blog personal era la vía principal para que los autores compartieran textos, reflexiones o capítulos por entregas. Hoy en día, la atención se ha trasladado a plataformas más dinámicas pero yo me resisto a morir con mi blog. Hace años tenía varios, entre ellos el de «UNA DOSIS DIARIA» y el de «LECTURA Y MÚSICA PARA EL ALMA». NO los tengo más por falta de tiempo o de organización para mantenerlos al día, aunque siguen vivos con el contenido escrito hasta el último día de su cierre.

Para mí sigue siendo importante tener un blog aunque las redes sociales actuales premien la velocidad y no el contenido. Creo que un blog personal es el único espacio digital donde las reglas no cambian cada trimestre y donde yo puedo controlar mi audiencia, el contenido y el alcance de cada publicación como la sección de «UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY».

Las publicaciones en TikTok desaparecen del feed en cuestión de horas. Un carrusel de Instagram queda sepultado bajo 500 publicaciones nuevas antes de mediodía ¿Y la actualización de alguna de las otras redes en la que pasaste 45 minutos trabajando tuvo poco alcance y desapareció ayer. Eso se debe a que en esta era de las carreras y las prisas competitivas las redes sociales modernas premian la velocidad, no el contenido. 

La mayoría de las plataformas son dueñas de las audiencias, de los contenidos y, en última instancia, del alcance que las publicaciones tengan... ¡nada puedo controlar yo! Un simple ajuste en el algoritmo puede reducir la visibilidad de lo que publico en un 30 % de la noche a la mañana. En el blog yo puedo escribir algo duradero.

Por eso considero que mi blog no es una reliquia de 2009 cuando comencé a escribir. Ningún algoritmo decide quién ve mis mal hilvanados escritos, Horas Santas, testimonios de vida, retiros, temas, oraciones y demás. Ninguna plataforma puede limitar el alcance de todo esto porque no haya promocionado una publicación o pagado por la promoción.

Ahora que herramientas de IA como Chat GPT y META extraen respuestas del contenido web, una entrada de blog bien redactada puede ser citada en respuestas generadas por IA... ¡Ya lo he visto! Eso es un nuevo modo de distribución de conocimiento que no existía hace dos años. Y solo funciona si tienes un sitio con contenido original que los motores de búsqueda y los rastreadores de IA puedan indexar. ¡Gracias a Dios mi blog cuenta para eso! Mi blog se ha convertido en uno de los pilares de mi identidad como bautizado y como sacerdote, algo que controlo por completo.

Tengo entendido que Google procesa aproximadamente 99,000 consultas por segundo con un total de 13.6 millones de búsquedas diarias 8500 y el 15% de estas búsquedas son completamente nuevas. La mayoría de los clics siguen dirigiéndose a resultados orgánicos, no a anuncios. 

El concepto de blog en sí es más antiguo que la mayoría de las plataformas sociales. Según la entrada de la Wikipedia en español sobre el tema, el término «weblog» apareció a finales de la década de 1990 y evolucionó rápidamente de ser diarios personales en línea a convertirse en una herramienta de publicación seria para periodistas, profesionales y organizaciones de todo el mundo. Esa función principal —ofrecer a las personas un canal directo con su público— sigue siendo la misma. Aquí soy dueño del contenido, de las estadísticas y de la relación con cada lector que se suscribe y comenta. 

La experiencia original es lo único que la IA no puede replicar, y los motores de búsqueda premian cada vez más el contenido que muestra el lado humano... ¡Hay que escribir! La mayoría de la gente no evita escribir un blog porque piense que es inútil. Lo evitan porque piensan que tienen que ser perfectos. No empiezan porque están esperando la plataforma adecuada, el diseño adecuado, el momento adecuado. ¡Si todos los cristianos aprovecháramos esta herramienta! Un blog no tiene por qué ser bonito desde el primer día. Tiene que existir, con tu nombre en él, diciendo algo que merezca la pena leer. Todo lo demás se puede ir perfeccionando en el día a día.

Puede que Platón no escribiese sus Diálogos en un blog, ni san Agustín sus Confesiones, aunque les aseguro que hoy en día, sí que usarían los blogs, pues son la mejor forma de crear conversación con los lectores. Me imagino a la fundadora de la familia misionera a la que pertenezco... seguramente tendría un blog manteniendo el anhelo de que todos conozcan y amen a Dios.

Yo, por lo pronto, sigo siendo un aprendiz e bloguero y así soy feliz.

Padre Alfredo.

jueves, 15 de octubre de 2026

«EL EVANGELIO NOS CALA»... Un pequeño pensamiento para hoy


La lectura del pasaje de Lucas 11, 47-54 nos confronta directamente con el peligro de la hipocresía espiritual y el uso de la fe como una barrera en lugar de una puerta abierta hacia Dios. En este fuerte reproche a los doctores de la Ley, Jesús nos invita a reflexionar sobre la coherencia de nuestra vida cristiana y el verdadero peso de nuestras acciones, que se ha de verificar en todo lo que hacemos según lo que somos. Jesús cuestiona a los maestros de la Ley con palabras fuertes: «¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado!». ¡Qué contradicción tan profunda! Es bastante fácil honrar el pasado, levantar monumentos a los santos y admirar las grandes virtudes de los mártires. Lo difícil es escuchar y obedecer la verdad incómoda que esos mismos profetas nos predican hoy. Acá en Praga he visto templos suntuosos, esplendorosos pero vacíos. Son, a primera vista, museos que se mantienen gracias a que cobran la entrada a cientos y miles de turistas que admiran sus obras.

El reproche del evangelio de hoy se vuelve aún más agudo cuando Jesús les dice a estos hombres engreídos: «¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, que se han apoderado de la llave de la ciencia! Ustedes no han entrado y han cerrado el paso a los que pretendían entrar». Los líderes religiosos debían ser puentes que acercaran al pueblo a la misericordia del Padre. Sin embargo, utilizaban su conocimiento de la norma para imponer cargas pesadas, juzgar y excluir a los más sencillos. Y honrar con los labios lo que rechazamos con nuestras vidas es una sutil forma de aprobar el rechazo a Dios. Esto me obliga a hacerme una pregunta que comparto: ¿Cómo uso mi fe en el día a día, aún en el tiempo de vacaciones? Los cristianos no podemos ir por la vida con actitudes moralistas, rostros amargados o juicios severos convirtiéndonos en obstáculo para quienes poco conocen a Dios. La Iglesia existe para evangelizar y proponer el amor liberador de Cristo, no para levantar muros que condenen.

El pasaje concluye mostrando la violenta reacción de los fariseos y escribas, quienes comenzaron a acosarlo ferozmente para tenderle una trampa. Las palabras del Señor han puesto el dedo en la llaga de su orgullo. A nosotros a veces nos sucede lo mismo... ¡el evangelio nos cala, pone el dedo en la llaga! Ante esto tenemos dos opciones: reaccionar con soberbia para defendernos, o derribar nuestras defensas y pedir perdón. Hoy hay que mirar a la Virgen y a santa Teresa, a quien celebramos hoy, para pedirles que nos pasen algo de su sencillez y asertividad para no endurecer el corazón ante la verdad acercándonos más y más a Cristo, que si habla claro es porque nos ama con el mismo amor de su Padre. Que nos alcancen ser auténticas «llaves» que abran puertas de esperanza, reconciliación y amor para todas las personas que nos rodean. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.