sábado, 25 de julio de 2026

«El apóstol Santiago y su hermano Juan; derecha, izquierda, izquierda derecha»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Hoy es día de apóstol Santiago y, en el Evangelio, san Mateo (Mateo 20,20-28) nos lleva a una escena a la vez simpática y comprometedor. Los hijos de Zebedeo —Santiago y Juan— convencieron a su madre de que se acercara a Jesús para que le pidiera el honor de sentar a sus hijos a la derecha y a la izquierda en su reino. El Señor escucha a la madre alcahueta —como se dice en México— y se dirige para responder, no a ella, sino a ellos, para decirles que todavía les quedaba por recorrer un largo camino de conversión hasta comprender la realidad del reino que Jesús anunciaba. Seguro que no entendieron posiblemente el alcance de la pregunta que Jesús les hizo: «¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

El relato nos cuenta que los otros diez apóstoles, se indignaron ante la petición de Santiago y Juan, porque eran conscientes de la situación y en el fondo ellos también querían puestos especiales y los hijos del Trueno —como eran conocidos—se les habían adelantado. Esto nos deja una enseñanza grandísima, sobre todo a quienes por una u otra razón, nos toca estar al frente de algo, ocupando puestos de «importancia» que debemos entender, son pasajeros. Al seguir a Jesús no hay privilegios de sentarse a su derecha o a la izquierda, nuestro vida junto a él es servicio, no «carrerismo» como recordó varias veces en su pontificado el papa Francisco. papa Francisco. Siempre puede ser una tentación olvidar la escala de valores de Jesús en el Evangelio, por eso la Beata María Inés repetía: «Si no es para salvar almas, no vale la pena vivir».

Ser grande y ser el primero se traduce, desde los valores del Evangelio, en hacerse pequeño y servidor de todos. Con razón uno de los títulos que ostenta el papa, unido a los de vicario de Cristo, santo padre, y sumo pontífice, está el de «siervo de los siervos de Dios». Con el servicio, no solo Santiago sino los demás apóstoles y los primeros cristianos, daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ni la persecución ni la cárcel los detenían. No hacían caso de aquellos que pretendían apagar su voz y no querían reconocer sus signos ante el pueblo. La historia nos narra que para acallar su voz, Herodes mandó decapitar a Santiago. Es el primer apóstol mártir por dar testimonio de la resurrección del Señor. Que junto a María santísima la fe de Santiago y el testimonio de su vida entregada nos alientan en el seguimiento de Jesucristo. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 24 de julio de 2026

¿Cómo acogemos la Palabra?... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Qué delicadeza de Nuestro Señor el detalle de explicar la parábola de sembrador! Con esto el evangelio de hoy (Mateo 13,18-23) es una homilía de Jesús que pone el foco en algo muy concreto: ¿Cómo acogemos la Palabra? En esta escena evangélica la semilla que se va a sembrar es buena y el sembrador es generoso; el problema —o la oportunidad— está en el terreno. Cierto que a nuestro alrededor hay corazones endurecidos, donde nada penetra; hay corazones superficiales, donde las emociones prenden, pero no arraigan; hay corazones llenos de espinas donde las preocupaciones, el consumismo o el famoso estrés acaban ahogando lo importante. Y está el corazón bueno que, como tierra buena, acoge en su interior la semilla, se deja transformar y da fruto.

Aquí Jesús nos da la clave: hay que tener un corazón de tierra buena. No tanto el ser personas perfectas, sino personas que viven disponibles, abiertas, con ganas de dejarse transformar. Tener un corazón que no se queda en escuchar, sino que traduce la Palabra en vida concreta: en gestos, decisiones, compromisos, acciones. Jesús nos invita a cultivar nuestro corazón para que sea fértil. ¿Cómo? Cuidando una escucha real, con tiempos de silencio, profundidad y encuentro con Dios meditando la Palabra, arrancando los abrojos, revisando qué nos está comiendo por dentro y haciendo camino de fe con otros, en comunidades que sean espacios de vida y crecimiento.

Ese 100, ese sesenta, ese 30 cuando habla de dar fruto, no es algo abstracto. Es compromiso real de más bondad, más generosidad, más perdón, más amor... más don de sí. Pidamos a María santísima que nos presente su corazón. Ese corazón en donde la semilla floreció. Ese corazón de tierra buena que no vivió en este mundo para sí y que sigue generando espacios de vida alrededor. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 23 de julio de 2026

«Los que viven sin ver ni escuchar a Jesús»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY







El Evangelio de hoy (Mateo 13,10-17) seguramente centra la atención de mis 16 lectores en unas palabras desconcertantes que salen de la boca de Jesús: «al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero el que tiene poco, aún es poco, se le quitará». Son palabras que se refieren al aumento o disminución de la capacidad para entender el mensaje de Cristo. Unos, como discípulos–misioneros, comprenderán y se alegrarán con esa luz, Jesús los llama «dichosos», porque sus ojos sí ven y sus oídos sí oyen, demostrando un corazón dócil y abierto. Pero los que se endurecen voluntariamente quedarán más confundidos. 

La cuestión para Jesús es sencilla. Él nos pide docilidad, sencillez de corazón, apertura para poder acoger sus palabras y ponerlas en práctica. Aunque es posible que no nos sintamos capacitados para ello o que simplemente hayamos endurecido el corazón. La época actual ha endurecido el corazón de muchos debido a una combinación de factores psicológicos, sociales y tecnológicos que ofuscan la fe. Debido a eso mucha gente no sabe enfocar el dolor, las frustraciones o la soledad. El Señor, en este pasaje, nos dice que la gente oye pero no entiende y mira pero no ve, aclarando con palabras fuertes que no se trata de una incapacidad mental, sino de una decisión del corazón de no querer recibir el mensaje porque mantener el corazón duro evita tener que cambiar de vida o confrontar los propios errores.

La palabra original en griego, que califica ese corazón, sugiere un corazón que se ha vuelto grueso, insensible o «calloso». La familiaridad con las cosas sagradas que muchos católicos viven sin una fe real y profunda adormece la conciencia. La falta de hambre espiritual cierra la puerta a una revelación más profunda del amor de Dios y se queda solamente en cumplir... ¡como uno que cumple una orden, pero sin escuchar con atención lo que se le pide!  Por eso, en nuestra oración, debemos pedir a Dios confiadamente: «Señor, ayúdame, abre mi corazón, haz que vea, haz que oiga para que comprenda lo que quieres decirme». Que María nos ayude a unir nuestro corazón al de Jesús en todos los momentos de nuestra vida, viéndolo y escuchándolo en medio del vaivén del turbulento mundo de hoy. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

MISA EN LA INSIGNE Y NACIONAL BASÍLICA DE GUADALUPE EN EL 45 ANIVERSARIO DEL REGRESO A LA CASA PETERNA DE LA BEATA MARÍA INÉS TERESA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

miércoles, 22 de julio de 2026

«A la urgencia de la misión como Magdalena, 45 años del retorno a la Casa del Padre»... Un pequeño pensamiento para hoy

Este miércoles la vivencia de nuestra fe nos regala una coincidencia providencial. Mientras la Iglesia entera celebra la fiesta de Santa María Magdalena, en la Familia Inesiana contemplamos con profunda gratitud el 45º aniversario del tránsito al cielo de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento y el pasaje de Juan 20,1-2.11-18 que leemos en la misa de hoy, entrelaza de forma perfecta la vida de estas dos grandes mujeres. Ambas experimentaron un paso radical: de las lágrimas del sepulcro a la urgencia de la misión. Al celebrar a Santa María Magdalena y el legado de la Beata María Inés Teresa, el Señor nos invita a vivir un encuentro transformador con Cristo resucitado que nos impulse a compartir la alegría de la fe en n uestra condición de discípulos–misioneros. Como la Magdalena y la Beata María Inés, estamos llamados a superar nuestros miedos y convertir el dolor en una misión apasionada de evangelización, llevando la luz de la esperanza a todo el mundo.

El Evangelio nos muestra a María Magdalena llorando junto al sepulcro vacío. Su dolor es inmenso porque piensa que le han quitado a su Señor. Muchas veces la vida de la Beata María Inés también estuvo rodeada de noches oscuras, enfermedades y las lógicas dificultades de fundar una obra misionera de gran calibre. El llanto de la Magdalena cesa cuando escucha una sola palabra de los labios de Jesús: «¡María!». Al ser llamada por su nombre, reconoce al Maestro. De igual manera, la Beata María Inés experimentó un encuentro vivo con el Resucitado que transformó su existencia. Por otra parte Jesús le dice a la Magdalena una frase que es desconcertante: «¡No me retengas!» Es que el encuentro con Cristo no es un privilegio para guardarlo de forma egoísta, sino un fuego que exige ser compartido. Esta misma dinámica marcó los 45 años del legado de la Madre Inés. Aunque inició su vida religiosa como Clarisa en el claustro contemplativo, el fuego del Resucitado no le permitió quedarse allí. Escuchó el llamado a edificar una familia misionera y comprendió que contemplación y acción van de la mano. Su amor al Rsucitado presente en la Eucaristía la impulsó a «retener» únicamente el amor de Dios para luego dispersarlo por el mundo entero, enviando evangelizadores a donde Cristo no era conocido.

El Evangelio nos dice que María Magdalena corrió a decirle a los discípulos la frase que cambió la historiade la humanidad: «¡He visto al Señor!». Por esto, la Iglesia la aclama como la Apóstol de los Apóstoles. Podemos afirmar, con certeza, que Madre María Inés Teresa fue, en nuestro tiempo, una verdadera sucesora de ese espíritu de la Magdalena. Su vida entera clamó: «¡He visto al Señor y urge que él reine!» Su carisma misionero y su sonrisa constante —que los testigos describían como el reflejo de la Pascua— fueron el anuncio vivo de que la muerte ha sido vencida. Su promesa solemne a la Virgen de Guadalupe de «hacerla amar por el mundo entero» nació de esa misma certeza pascual. Al igual que Santa María Magdalena y la Beata María Inés, dejémonos transformar por la voz de Jesús que a nosotros también nos llama por nuestro nombre. Salgamos de nuestros propios sepulcros de miedo, tibieza o tristeza, y corramos a anunciar con nuestra vida la alegría de la Resurrección. Que junto a la Virgen, a María Magdalena y la Beata María Inés Teresa alcancemos el ser, por la gracia del Resucitado, misioneros incansables de la bondad y el amor de Dios. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 21 de julio de 2026

«Olivia Trejo Solorio, una vida de entrega con convicción»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCIII


Toda persona consagrada está llamada a anticipar la victoria de Dios sobre la muerte ya en los días de su existencia terrena, pues, animada por la gracia del Espíritu, vive aquí abajo anticipando lo que
será la vida futura. 

La vida religiosa es la concreción del deseo de estar con Cristo en una unión que se prepara en este mundo y llega a su plenitud en el cielo. Así fue la vida en este mundo de la hermana Olivia Trejo Solorio, una mujer de una búsqueda constante de la voluntad de Dios entre los vaivenes que toda existencia terrena puede tener.

Olivia Trejo Solorio nació el 19 de julio de 1946 en Celaya, Guanajuato, un lugar pintoresco del centro de México mundialmente famoso por su tradicional cajeta artesanal elaborada con leche de cabra, ganándose el título de la «Capital de la Cajeta"» o la «Ciudad más dulce del mundo». Allí mismo fue bautizada el 15 de agosto de aquel mismo año. Siendo todavía muy pequeña, su familia emigró a los Estados Unidos instalándose en California, en donde recibió la educación elemental.

Fue en esas tierras californianas en donde Olivia escuchó la voz del Señor y respondió a su llamado ingresando a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 27 de diciembre de 1964 iniciando su formación como postulante. La Beata María Inés Teresa había fundado en Los Ángeles una guardería que hasta la fecha da un gran servicio a los hijos pequeños de inmigrantes de varias naciones y cuyos recursos económicos son limitados. Allí los pequeños van aprendiendo a convivir siguiendo los protocolos que una sociedad, formada por múltiples culturas, ha de seguir. Los niños aprenden, además, sus primeras palabras en inglés.

El 8 de diciembre de 1965, esta hermana, que se distinguió desde joven, entre otras cosas, por su refinada educación, dio un paso más convencida de que Dios le llamaba a conocer más a fondo la vida consagrada en el estilo trazado por la Beata María Inés Teresa iniciando su noviciado para hacer su primera profesión religiosa como religiosa Misionera Clarisa dos años después, el 8 de diciembre de 1967 y luego consagrarse definitivamente el 8 de septiembre de 1974.

Sus primeros años como religiosa los vivió allí esa región de Estados Unidos donde estudió enfermería,. En 1977 fue enviada a la región de México en donde se especializó en Espiritualidad. En 1980 regresó a California y continuó estudiando para obtener el diploma de Bachelor in Arts y su acreditación como maestra.

Allá mismo hizo estudios especializados para enseñar a adultos con problemas de aprendizaje. Siendo, en aquellos tiempos, una de las primeras hermanas en alcanzar ese grado de preparación.

Siempre inquieta por ir buscando cumplir la voluntad de Dios, hizo un alto en su vida como Misionera Clarisa, experimentando en 1987, un año especial de discernimiento para ver si podía incorporarse al Instituto de Notre Dame,  una congregación religiosa dedicada en exclusiva a la educación, haciendo una experiencia de vida en esa congregación para regresar, convencida de su vocación de Misionera Clarisa al año siguiente viviendo en plenitud su carisma y entregándose con los dones que Dios le concedió.

Así vivió por muchos años hasta que en Roma, el Señor la vio madura para celebrar las Bodas del Cordero.

Que el Señor le haya regalado a la hermana Olivia el gozo de contemplar su rostro en la eternidad.

Padre Alfredo.


«La familia de Jesús, una familia que trasciende los lazos de sangre»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

En el evangelio de hoy (Mt 12,46-50) nos topamos con unas preguntas retóricas de Jesús: «¿Quién es mi madre?» «¿Quiénes son mis hermanos?» Son dos preguntas que lejos de suponer un cierto menosprecio a su familia y, sobre todo a su Madre, quieren significar —en relación con la primera lectura (Miq 7,14-15.18-20)—, que solamente la fe y el emor constituyen la verdadera familia de , la familia que trasciende los lazos de sangre y, que, por ende, debe ser también la base de la fraternidad humana deseada por Dios.

El mejor ejemplo de esto es precisamente María, la siempre fiel, la mujer que dio un «Sí» incondicional a un Dios que le pedía no ya una fe inquebrantable, sino su propia vida y la vida de su pueblo, Israel. Con ella y en Ella, como Madre que escucha la Palabra y la pone en práctica, Dios se hace presente entre nosotros de una manera nueva, increíble diría yo. El Dios Siempre fiel se hace uno de nosotros y nace así una nueva familia, un nuevo pueblo «que hace la voluntad del Padre»

Jesús, con la respuesta que da a estas preguntas que hace alguien de quien no sabemos nada, nos invita a formar parte de la verdadera familia de los hijos de Dios, la Iglesia, que construye el Reino desde una fraternidad inquebrantable que nace de la fe y del amor y va más allá de los lazos de sangre. Ciertamente es un exigente compromiso en el que no bastan solo nuestras fuerzas, pero también una consoladora esperanza y una unidad que hemos de vivir con un tinte familiar con María. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.