lunes, 26 de octubre de 2026

«Una mística del servicio y de la comunión»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Vamos empezando la semana y quiero detenerme, para esta reflexión que comparto, en la primera lectura, tomada de la Carta a los Efesios (Efesios 4, 32 - 5, 8) que nos invita hoy a realizar una transición radical para pasar de las tinieblas a la luz, viviendo en el amor y el perdón tal como Cristo nos amó. El gran teólogo de la espiritualidad y la misión, Juan Esquerda Bifet, nos recuerda constantemente que la vida cristiana no es un simple cumplimiento de normas morales, sino una configuración profunda con el Corazón de Cristo. Para mi padrino Juan, el misterio del amor divino debe asimilarse de tal forma que se convierta en una «mística del servicio y de la comunión». Al pedirnos el apóstol que seamos imitadores de Dios como hijos queridos, nos está llamando a reflejar esa misma ternura y misericordia divina en nuestras comunidades, que ordinariamente son nuestras familias, el grupo de amigos, la escuela, el tr5abajo, el grupo parroquial o el movimiento eclesiástico en el que estamos. No podemos llevar una doble vida; la gracia que recibimos en la oración y en la Eucaristía debe traducirse en un vaciamiento de nosotros mismos para que sea Cristo quien ame, perdone y console a través de nuestra fragilidad.

Recuerdo una ocasión que ilustra perfectamente este esfuerzo por vivir en la luz y el perdón, inspirada en una de mis vivencias misioneras: «en una pequeña comunidad de misión, un catequista sufrió una grave injusticia y calumnia por parte de un vecino, lo que generó una fuerte tensión en el pueblo. En lugar de buscar venganza o exigir una retribución pública, el catequista pasó toda la noche en oración y al día siguiente se presentó en la casa de su agresor no con reclamos, sino con un pan recién horneado y un abrazo sincero. Ante la sorpresa de todos, el vecino rompió a llorar y pidió perdón; aquel pan no era solo alimento físico, sino el signo visible de un corazón que había decidido "desterrar toda amargura, ira y gritería" para dar paso a la bondad». Esta anécdota nos demuestra que el perdón evangélico no es debilidad, sino la fuerza más revolucionaria del Espíritu Santo actuando en el mundo al que le urge cambiar.

Por eso me llamó la atención esta lectura al otro día de haber reflexionado ayer domingo en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. ¡Qué tarea tan importante: asumir nuestra identidad como «hijos de la luz» para transformar nuestras relaciones humanas en un mundo que se pierde entre el consumismo que nos ciega al amor! Siguiendo el pensamiento del padre Esquerda podemos grabar en nuestro corazón que la madurez espiritual se alcanza cuando dejamos que la luz de Cristo disipe nuestras propias oscuridades: el egoísmo, las palabras deshonestas y la codicia que fragmentan la fraternidad. Vivir de acuerdo con el Espíritu significa caminar en el amor sacrificial, sabiendo que cada obra de bondad, justicia y verdad es un reflejo de la Pascua en nuestra historia. Que la Santísima Virgen María nos enseñe de manera práctica a ser «epifanías» del amor de su Hijo, para que nuestras vidas sean una ofrenda permanente de aroma agradable a nuestro Padre Celestial. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 25 de octubre de 2026

«A DIOS Y AL PRÓXIMO»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de san Mateo (Mt 22, 34-40) de este domingo nos sitúa ante un escenario de confrontación en el que los fariseos se acercan a Jesús con la intención de ponerlo a prueba y atraparlo enredado en sus propias palabras. Al preguntarle cuál es el mandamiento más grande de la ley, buscaban forzarlo a elegir una norma por encima de cientos de preceptos, 613 para ser exactos, buscando fragmentar su autoridad o acusarlo de descuidar la tradición. Cuánta gente hay ahora entre los creyentes que actúa de manera semejante a aquellos doctores de la ley cuando condiciona la fe a que Dios actúe según sus propios caprichos, o poniéndolo a prueba exigiéndole señales, milagros o respuestas inmediatas para creer en su bondad. Jesús les recuerda que la fe no es un examen que debamos superar a base de ritos vacíos, sino un encuentro personal y transformador con la Verdad que nos libera de nuestras propias rigideces.

La respuesta de Nuestro Señor es contundente y unifica lo que el corazón humano tantas veces intenta separar: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. En esta síntesis perfecta, Jesús nos demuestra que el amor auténtico no se puede fragmentar ni someter a juicios humanos. Es precisamente en esta entrega total donde encontramos un hermoso eco en la doctrina de muchos hombres y mujeres de Dios, como es el caso de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, quien comprendió que el amor a Dios y el amor al prójimo son dos caras de la misma moneda. Para que «Cristo reine» en el mundo, primero debemos permitir que su amor arrase con nuestro egoísmo en la oración contemplativa, traduciendo ese encuentro en un celo misionero que ve en el hermano sufriente el rostro mismo de Jesús. Madre Inés nos invita a no racionalizar la caridad, sino a vivirla con la sencillez de quien sabe que Dios se juega entero en el servicio diario a los demás.

Por eso el desafío que se nos presenta en el aquí y ahora es dejar de poner a prueba la fidelidad de Dios y empezar a examinar la autenticidad de nuestro propio amor. Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos, lo que significa que nuestras devociones y estructuras carecen de sentido si no nos conducen a una caridad concreta, activa y desinteresada. Yo creo que bien podemos hoy mirar a María la Madre de Dios que tuvo muy claro esta fusión del amor a Dios y del amor al prójimo. Que ella nos alcance de Cristo la gracia de un corazón indiviso, capaz de amar sin reservas, sin condiciones y sin buscar dobles intenciones en nuestro trato con el Creador y con los hermanos. Este domingo pidamos al Señor, por intercesión de la Madre María Inés, que nos transforme en verdaderos testigos de su Reino, para que nuestra vida entera sea una respuesta de amor fiel que disipe cualquier duda y edifique la Iglesia en la más genuina fraternidad. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 24 de octubre de 2026

«La beatificación de la madre Inés Teresa Arias, un don memorable del Papa Benedicto XVI a México»... HOMILÍA DEL CARDENAL ÁNGELO AMATO


Hace unos días estuve en Roma, en concreto en las oficinas del Dicasterio de las Causas de los Santos y recordé con inmenso cariño y gratitud al cardenal Angelo Amato, quien fuera prefecto de ese dicasterio de 2008 a 2018 y a quien le tocó, como delegado del papa Benedicto XVI, proclamar beata a la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Yendo a mis archivos me di cuenta de que nunca publiqué la homilía que pronunció aquel día memorable y por eso la quiero ahora compartir, con un recuerdo especial de este hombre extraordinario que tanto apreció la figura de la beata como sendero para ir a Cristo a quien debemos todos seguir.

Homilía del cardenal Angelo Amato, representante del Papa Benedicto XVI, en la beatificación de la madre María Inés Teresa Arias, Basílica de Guadalupe, 21 de abril:

«Eminencia, Señor Nuncio, Excelencias, Autoridades religiosas, civiles y militares, queridas Hermanas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento queridos fieles:

1. Es especialmente emocionante para mí celebrar la Eucaristía en este lugar bendito, donde, en el lejano 1531, la Santa Virgen de Guadalupe ha dejado sus huellas de paraíso, hablando a Juan Diego y haciendo florecer milagrosamente las rosas de invierno. La aparición de María en la sacra colina del Tepeyac fue para México y para la América Latina un signo prodigioso de protección maternal. Y desde aquel momento Nuestra Señora de Guadalupe no ha cesado de conceder a sus hijos gracias y favores para consolarles y animarles en el camino fatigoso de la vida.

La misión especial de María ha sido la de conducir a los bautizados a Cristo Rey, haciendo florecer mártires y santos, que han sido testigos heroicos del Evangelio de la vida, de la verdad, de la justicia y de la paz. La Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento es uno de estos testigos heroicos, que ha puesto todas sus energías de la naturaleza y de la gracia al servicio del reino de Cristo, según el lema: «Es urgente que Cristo reine».

La gran imagen de la beatificación muestra con gran sensibilidad artística a Nuestra Señora de Guadalupe que, sonriendo, llena de rosas las manos de la Madre María Inés, significando las muchas gracias espirituales concedidas a ella para la santificación propia y para la valiente empresa de la fundación de dos congregaciones religiosas misioneras. De hecho, fue la dulce Morenita la que transformó una monja de clausura en apóstola y misionera del Evangelio. Fue el amor mariano guadalupano el que infundió en su corazón el ansia de llevar a toda la humanidad a Cristo Eucaristía y su Corazón misericordioso.

2. La beatificación de hoy es otro don que el Santo Padre Benedicto XVI hace a la Iglesia y a todo el pueblo mexicano. Hace un mes el Papa llegó a esta noble tierra y se sintió feliz de estar entre ustedes. Con esta visita deseaba estrechar la mano a todos los mexicanos, de dentro y de fuera de vuestra tierra, para apoyarles y agradecerles su fidelidad a la fe católica y su amor a Cristo Rey y a la Iglesia.

El Papa ama vuestra noble patria. A ella ha venido como peregrino para alentarles a ser firmes en la esperanza. Los mexicanos son un pueblo fuerte, un «pueblo que tiene valores y principios, que cree en la familia, en la libertad, en la justicia, en la democracia y en el amor a los demás». Ustedes son un pueblo joven, acogedor, creativo, religioso, con una gran historia de civilización. Ustedes merecen superar todas las dificultades para vivir serenamente en la solidaridad y en la concordia. La visita del Santo Padre ha sido una inyección de ánimo para un futuro de paz, de concordia y de bienestar.

Parecen dirigidas a vuestra Iglesia y a vuestra nación las palabras con las cuales, en la liturgia de la palabra de hoy, el profeta Isaías glorifica a Jerusalén: «Levántate, llénate de luz, porque viene tu luz, la gloria del Señor» (Is 60, 1-2).

La fe en Dios, la esperanza en su providencia eficaz, la caridad ardiente son los rayos de aquel sol deslumbrante que es el amor inmenso de Dios, que orienta las mentes y calienta los corazones para cumplir el bien y no el mal, para caminar por la vía de la concordia y no de la división.

3. La beatificación de la madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento es también un reconocimiento de la Iglesia a una mujer, que ha encarnado ejemplarmente las mejores cualidades humanas y espirituales de su pueblo, dignificándolo con la heroicidad de sus virtudes y difundiendo el perfume de la santidad, hecha de fe profunda, de esperanza firme, de caridad inmensa.

¿Quién era la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento (1904 – 1981)? Manuela de Jesús Arias Espinosa, que después en la vida religiosa tomó el nombre de María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fue una joven valiente. Para poder realizar su sueño de vida consagrada, debió alejarse de México y emigrar a los Estados Unidos. En aquella época, de hecho, se tenía el temor continuo de la persecución contra la Iglesia. En el país las religiosas vivían en condiciones precarias y no aceptaban aspirantes a la vida consagrada. Así, en 1929, Manuelita fue a Los Ángeles, California, y entró en las Clarisas Sacramentarias del monasterio del Ave María, como monja de clausura.

Se distinguió enseguida por su carácter abierto, sencillo y sereno. Era generosa en el trabajo, ferviente en la oración, humilde, sacrificada y siempre dispuesta a la ayuda. A propósito de su humildad, los testigos del proceso cuentan un episodio, que sucedió cuando las Clarisas habían regresado a México. Sor María Inés, como sacristana, había adornado el altar de un modo que no gustó a la abadesa, la cual le castigó severamente, obligándole a comer tres días en el suelo. La Beata aceptó la corrección con serenidad y después abrazó a la abadesa y le pidió perdón. Esta actitud de humildad y de resignación le acompañó en toda su vida. En todo caso la abadesa reconoció la actitud edificante de su joven hermana, vislumbrando en ella madera de santa.

Más tarde, el carácter abierto y dinámico, propio de la vida activa, impulsó a nuestra Beata a desear un apostolado, que pudiera desempeñarse también fuera del monasterio, en una auténtica misión evangelizadora, para difundir el mensaje de Cristo en tierras lejanas. Este sueño se realizó en 1945 en Cuernavaca, con seis religiosas provenientes del Ave María. Estas Misioneras clarisas del Smo. Sacramento unían la vida contemplativa con la activa, bajo la protección de la Santísima Virgen de Guadalupe. La nueva congregación floreció rápidamente con nuevas vocaciones y fundaciones, no sólo en varias ciudades de México, sino también en Japón, California, Texas, Costa Rica, Sierra Leona, Indonesia, además de en España, Irlanda, Corea, Nigeria, Italia. Con un celo grandísimo la Madre María Inés, como madre general, dirigía sus obras y sus hijas primero desde México y después desde Roma, donde murió en olor de santidad en 1981 (mil novecientos ochenta y uno).

4. El carisma vivido por Madre Inés y transmitido a sus discípulas es el ansia misionera, realizada con la catequesis, con el testimonio y sobre todo con una auténtica missio ad gentes. La Madre Inés fue una misionera infatigable. En su vida emprendió 44 (cuarenta y cuatro) viajes, 19 (diecinueve) intercontinentales y 25 (veinticinco) internacionales, que comprendían 92 (noventa y dos) visitas a varios países. Acompañaba personalmente a las hermanas que marchaban a tierras lejanas y desconocidas. Con una fuerza extraordinaria ella misma hacía fatigosos viajes en tren, barco y avión para poder socorrer a las propias hermanas misioneras.

De esta vocación nacieron, además de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal. A estas dos congregaciones se une el movimiento Van-Clar, formado por laicos que tienen como fin vivir el santo Evangelio mediante la práctica de las promesas bautismales en el propio ambiente familiar, profesional, social y eclesial según el lema: «Vivir por Cristo».

Nadie duda de la gran actualidad de este carisma misionero. Hoy, en América Latina y en toda la Iglesia, es urgente la evangelización, no solo como primer anuncio a los que no conocen el Evangelio, sino también como nueva propuesta de la palabra de Dios a los que la han olvidado y descuidado y que llevan una existencia lejana de la verdad de la palabra de Jesús y de los sacramentos salvíficos de la Iglesia.

En la liturgia de la palabra de hoy San Pablo afirma: «Si proclamas con tus labios que “Jesús es el Señor”, y crees en tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás» (Rm 10, 10). Pero después el apóstol se pregunta: «¿Cómo creerán en uno del que no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar sin nadie que lo anuncie? ¿Y cómo lo anunciarán si no han sido enviados? Como está escrito: ¡Qué bellos son los pies de los que llevan el alegre anuncio del bien!» (Rm 10, 14-15).




La Iglesia necesita misioneros y el deseo de nuestra Beata fue precisamente la de dar a la Iglesia misioneros del Evangelio. Todo en perfecta sintonía con la conclusión de los Obispos latinoamericanos reunidos en la quinta Conferencia del CELAM en Aparecida, en Brasil (2007). Para los pastores de vuestro continente, los signos de los tiempos piden la promoción de una evangelización, que sea un retorno a Cristo, centro del Cristianismo. La Iglesia latinoamericana ha decidido ser iglesia misionera, animando a los fieles a vivir como auténticos «Discípulos y Misioneros de Cristo Jesús para que nuestros pueblos tengan vida en Él». Este nuevo impulso a la misión y a la evangelización, implica para todos, pastores y fieles, el compromiso de crecer en la fe para ser luz del mundo y sal de la tierra. A este respecto el Santo Padre Benedicto XVI (dieciséis) ha escrito: «He leído con especial interés las palabras que exhortan a dar prioridad a la Eucaristía y a la santificación del día del Señor [...], como también las que expresan el deseo de potenciar la formación de los fieles».

Ante una agresiva cultura anticristiana y un vacío relativismo religioso, la Iglesia latinoamericana reafirma la novedad del Evangelio, que está bien enraizado en la historia de su pueblo. Más que en las estructuras, los obispos insisten en las personas, en el testimonio de «hombres y mujeres nuevos, que encarnen la tradición religiosa católica y la novedad del Evangelio, como discípulos y misioneros de su reino, protagonistas de vida nueva para América Latina».

Los obispos exhortan a mirar el rostro de Cristo, para que, iluminados por la luz del Resucitado, los bautizados puedan contemplar el mundo y la historia de sus pueblos con ojos pascuales, reflejando el gozo de ser discípulos de Cristo Rey, camino, verdad y vida (Jn 16, 4). De hecho, es el Evangelio la buena noticia de la dignidad de cada persona humana, de la preciosidad de la vida, del bien incalculable de la familia, del respeto de la naturaleza, de la distribución justa de los bienes. Es hora, por tanto, de volver a la escuela de Cristo, para aprender de él la lección de una vida buena y feliz, también en esta tierra.

5. Y es un gran don de la divina Providencia la celebración de hoy, que presenta la glorificación de una Consagrada latinoamericana, que ha encarnado este proyecto misionero de los Obispos, mediante su vocación a la santidad y a la misión.

La nueva Beata nos invita a todos, y en primer lugar a sus Hijas espirituales, a volver a encender la llama de la misión, de la missio ad gentes, de la llamada a la conversión y al bautismo, que purifica el ser humano del pecado revistiéndolo de la gracia divina. Las Misioneras Clarisas del Smo. Sacramento deben ser las primeras en esta renovada obra de apostolado.

Pero esta expansión misionera debe brotar de un corazón imbuido del amor de Jesús, que nos dice: «Permaneced en mi amor. [...] Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo les he amado [...]. Esto les mando: que se amen los unos a los otros» (Jn 15, 9-17). La misión es expresión de amor a Cristo y a la Iglesia.

La Madre María Inés fue una mujer enteramente concentrada en el amor misericordioso de Cristo eucarístico y en la obediencia a la Iglesia y a sus pastores. El magisterio de la Iglesia era la brújula que guiaba sus proyectos misioneros, bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe, estrella de la evangelización.

El heroísmo de su fe si manifestaba en una esperanza que era confianza plena en la presencia providente de Dios. Su mirada se dirigía al cielo y su corazón estaba anclado en el corazón sacratísimo de Jesús, de quien provenía su energía y entusiasmo apostólico.

Su vida extraordinariamente virtuosa estuvo adornada por una sonrisa perenne. En sus apuntes encontramos este propósito: «Una sonrisa cuando se quiera manifestar molestia; sonreír siempre, incluso cuando esta sonrisa nos duela más. No me cuesta mucho esto, pues desde el inicio de mi vida espiritual, he trabajado mucho para conseguir este equilibrio de carácter».

La beatificación de hoy es la fiesta de la santidad, pero también la fiesta de la alegría, porque los santos son la sonrisa de Dios en nuestra tierra.

+ Angelo Cardenal Amato.

viernes, 23 de octubre de 2026

«Sin olvidar el camino de pequeñez y confianza»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


La palabra que hoy se proclama en el evangelio (Lucas 12, 54-59) es un llamado urgente a despojarnos de la soberbia que busca englobar a la sociedad para abrazar la verdadera grandeza que nace del mundo atrapado en la prisa, el ruido y la autosuficiencia, donde constantemente se nos exige ser los más fuertes, los más sabios o los más influyentes para ser validados. Sin embargo, el mensaje del Evangelio rompe por completo estos esquemas terrenales y nos invita, en el último día de nuestro viaje a Europa a volvernos pequeños. El Señor no busca corazones llenos de sí mismos, sino almas dóciles y sedientas de su gracia, recordándonos que los misterios más profundos del Reino de los Cielos permanecen ocultos a los ojos de los orgullosos y se revelan con absoluta claridad a los humildes y sencillos de corazón.

Este camino de pequeñez y confianza absoluta encuentra un reflejo perfecto en la vida de una de las santas más cercanas a nosotros: Santa Teresa del Niño Jesús, esta Doctora de la Iglesia que revolucionó la espiritualidad a través de su célebre «Caminito». Esta joven carmelita comprendió con asombrosa lucidez que la santidad no consiste en realizar hazañas heroicas ni poseer una erudición deslumbrante, sino en dejarse llevar por el amor de Dios en lo cotidiano, en «lo pequeño» de cada día. En la sencillez de sus deberes diarios y en la silenciosa aceptación de sus enfermedades, Teresita aprendió a ofrecer cada pequeño instante como una ofrenda de alabanza. Su vida nos enseña que el abandono en las manos del Padre transforma lo ordinario en extraordinario, demostrándonos que la verdadera fortaleza reside en reconocer nuestra propia fragilidad para permitir que la gracia divina actúe plenamente en nosotros.

Al concluir este viaje de amigos sacerdotes, renuevo junto a los padres con los que he compartido estos días, el compromiso de encarnar esta infancia espiritual en mi propia realidad de pastor y servidor del pueblo de Dios manteniendo abierto un espacio para la mansedumbre en el trato con los demás. Al terminar estas andanzas, el Buen Dios nos extiende una invitación reconfortante: acudir a Él cuando estemos cansados y agobiados para encontrar el verdadero descanso en su sagrado corazón. Que a ejemplo de Santa Teresita y creciendo en el amor a María, a quien hemos contemplado en su imagen de Nuestra Señora de la Almudena, tengamos la valentía de buscar la santidad a través de los pequeños gestos de caridad, la escucha atenta y el servicio humilde, sabiendo con certeza que, ante los ojos del Creador, el amor con el que realizamos nuestras acciones es lo único que verdaderamente permanece para la eternidad. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 22 de octubre de 2026

«Amigos que construyen la paz»... Un pequeño pensamiento para hoy


Varias veces he comentado que hay partes del evangelio que son desconcertantes y la perícopa de hoy (Lucas 12, 49-53) es una de estas. A veces, defender lo que creemos justo nos obliga a tomar posturas que incluso puedan llegar a provocar diferencias con familiares y amigos. Porque una convivencia auténtica no se construye ocultando lo que pensamos o defendiendo posturas para quedar bien, sino diciendo la verdad con respeto y escuchando a quien ve las cosas de otra manera. La paz no consiste en que todos pensemos de la misma manera en todo y para todos ni en evitar cualquier desacuerdo que se pueda suscitar. La cuestión no es ganar todas las discusiones, sino cuidar las sanas relaciones y las personas mientras buscamos entendernos para llegar a un acuerdo. Bien dice el papa León que los conflictos no se solucionan dominando al otro mediante las armas, sino a través de la diplomacia, el diálogo y el abandono de la carrera armamentista y la amenaza nuclear.

El amor auténtico, cuando nace del corazón y viene respaldado por Dios puede compararse con un fuego que no destruye, sino que transforma. Un fuego que nos quema y nos ayuda a dejar atrás el egoísmo abriendo espacio para la generosidad y el compartir con libertad. Eso también se aprende en las pequeñas situaciones de cada día sobre todo en las discusiones entre familiares y amigos porque se cimientan sobre una base de confianza preexistente y afecto genuino. A diferencia de los debates formales o las negociaciones institucionales —donde suelen primar los intereses estratégicos y las posturas rígidas—, el espacio seguro de la amistad permite desarmar el ego, hablar con honestidad y, al mismo tiempo, escuchar con empatía real. En última instancia, estas conversaciones demuestran que la verdadera paz no surge de la ausencia de desacuerdos, sino de la voluntad compartida de comprender y ser comprendido. La sonrisa, en medio de todo esto, nos recuerda que a veces convertimos algo pequeño en un gran conflicto, cuando podríamos responder con más paciencia y menos empeño en llevar siempre la razón. Si el amor de hermanos y amigos orientara siempre nuestros deseos y nuestras decisiones importantes, cambiarían nuestras relaciones y, poco a poco, también el mundo que compartimos para llevarlo a la paz. 

Pero es verdad que no se trata de esperar a que los demás hermanos y amigos den el primer paso: podemos empezar escuchando sin interrumpir, respetando las diferencias y ofreciendo ayuda sin buscar nada a cambio. Nuestros días de descanso y convivencia entre amigos sacerdotes casi llegan a su fin. Solamente nos queda el día de mañana en Madrid, a donde llegaremos en un rato desde este aeropuerto de Milán. ¡Cómo valoro a los amigos! Porque la verdadera amistad es el primer territorio donde se entrena y se construye la paz que luego vamos dando a los demás. Una vez más nos hemos dado cuenta de que ser amigos no es coincidir en todo, sino aprender a abrazar nuestras diferencias con respeto, paciencia y un corazón dispuesto a escuchar, a reír, a cantar y a rezar con y por el otro. Que la Virgen nos ayude a que nuestra amistad siga creciendo en gestos concretos y el deseo enorme de seguir creciendo juntos compartiendo el don del sacerdocio. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Caty Gutiérrez, invitación a una generosidad desinteresada... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo XCVI

La muerte de una Misionera Clarisa no es el final de un camino, sino la consagración definitiva de una vida entregada por amor. Por eso, desde hace años, me gusta escribir un poco de la vida de las hermanas que ya nos han dejado para volar a la Casa del Padre. A la mayoría de ellas las conocí, pues ya entrado en años celebró que a muchas las conocí en mi adolescencia y he sido compañero de camino en la vida consagrada.

Hoy quiero hacer memoria agradecida de nuestra querida hermana Caty Gutiérrez, quien a sus 55 años fue llamada en 2023 al Banquete Celestial y de quien no había podido compartir algo de su vida. Aunque su partida dejó un vacío profundo, debe consolarnos saber que su existencia fue un reflejo vivo de generosidad desinteresada y fidelidad absoluta, cualidades heredadas de sus padres Don Miguel y Doña Paz, a quienes recordamos con inmensa gratitud por haber hecho a la Familia Inesiana el regalo de dos de sus hijas: Caty y Tere. 

En cada comunidad que Caty pisó, en cada alma que ella consoló y en cada misión que abrazó, hizo carne el lema de nuestra Beata madre fundadora: «Urge que Él reine». Su vida fue corta a los ojos del mundo, —porque 55 años comparados con la eternidad es poco—, pero fue inmensa en su capacidad de amar y servir al Señor con alegría por eso, al recordarla en estas líneas, sé con certeza que va dejando la huella de Cristo en el corazón de todos los que tuvimos la dicha de conocerla. Yo la recuerdo en las diferentes etapas de su vida consagrada desde su etapa de formación hasta pocos meses antes de morir.

Catalina Gutiérrez Rivas nació el 13 de mayo de 1967 en Atotonilco el Alto, Jalisco, México en el seno de una familia profundamente católica, de la cual florecieron estas dos vocaciones de misioneras clarisas que he mencionado. Desde pequeña sus papás le enseñaron a cultivar su fe a través de una vida de piedad y amor al prójimo. Ingresó a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 1 de enero de 1994 en la Casa Madre que está en Cuernavaca, Morelos. El 16 de julio del mismo año inició su noviciado, destacando, desde muy joven, por su capacidad en la rama e la administración y su profunda vida de oración. 

Su formación inicial tuvo lugar en la casa noviciado de Grevilias, en Cuernavaca y siendo todavía novicia fue enviada a Roma, Italia en 1996. Durante los primeros años, en la comunidad de Garampi, realizó con amor las labores sencillas de la vida de Nazareth, al mismo tiempo que colaboraba en la catequesis infantil de la parroquia de San Lino y tomaba el curso de Teología de Vida Religiosa en el Claretiano. Allá hizo  sus votos temporales el 13 de julio de 1996 y en 1998 recibió su cambio a la Casa Madre y Regional para continuar su formación académica estudiando la carrera de Licenciada en Administración de Empresas en la Universidad de La Salle. Durante estos años de estancia en Cuernavaca, estuvo colaborando directamente en el mantenimiento de la casa y en la atención a los grupos que ahí se reciben. El 16 de agosto de 2002, realizó su profesión perpetua allí.

En el año 2004 fue destinada nuevamente a Roma y al poco tiempo fue trasladada a la comunidad de Pamplona en donde a fines de ese mismo año fue nombrada vicaria regional de España. Al año siguiente recibió el nombramiento como superiora regional, labor que desempeñó hasta el año 2017. En el mes de septiembre de este mismo año llegó a la Casa Madre de nuevo, para formar parte del consejo regional como tercera consejera y procuradora regional, servicio que concluyó en abril de 2023.

El Señor dotó a la hermana Caty —como cariñosamente la llamábamos muchos— con una infinidad de cualidades que siempre puso al servicio de la Iglesia y de nuestra familia misionera. Se entregó sin reservas en cada una de las encomiendas que la obediencia le confió. En la capilla se esmeraba con gran fervor y alegría para animar los actos litúrgicos buscando diferentes maneras para alabar con alegría al Divino Esposo. Tenía un don especial para el cuidado y mantenimiento de las distintas casas a las que fue destinada, procurando siempre que todo estuviera en orden y funcionando. Colaboró con entrega, dedicación y gran entusiasmo en la remodelación del Colegio Mayor Santa Clara en Pamplona, España y en la reconstrucción del salón de usos múltiples de la Casa Madre.

Luego del terremoto de 2017 en México, cuando hubo de demolerse el edificio llamado «Asís en la Casa Madre en Cuernavaca y se construyó uno nuevo, Caty fue llamada para ayudar en la preparación de los últimos detalles para reiniciar el apostolado de la recepción de grupos en el nuevo edificio. Este servicio lo desempeñó hasta el momento en que el Señor tuvo a bien llamarla a su presencia.

Toda su vida se distinguió por su gran amor a Dios y a la congregación. Se esforzaba por vivir radicalmente su consagración e impulsaba a sus hermanas a darlo todo por la salvación de las almas. Vivió con particular empeño su voto de pobreza tanto material como espiritual, ya que permanecía abierta y disponible a la voluntad del Señor y al servicio incondicional de sus hermanas sin escatimar esfuerzo ni horario, sobre todo en su servicio como chofer y responsable de mantenimiento. A ejemplo de la Beata María Inés fue un alma audaz y confiada, lo cual la hizo lanzarse a realizar grandes obras en favor de la misión. Vivió constantemente el apostolado de la sonrisa y supo ofrecer con amor y en silencio las cruces de cada día, haciendo de su vida una continua ofrenda a Dios.

En no pocas ocasiones el Señor visitó con fuertes sufrimientos a ella y a su familia, mismos que nuestra hermana Caty vivió con una fe inquebrantable, siendo instrumento de esperanza y consuelo para quienes la rodeaban, especialmente su familia con quien compartió duros momentos de angustia tras el secuestro y asesinato de dos de sus hermanos en medio de la ola de violencia que en un tiempo se desató en México.
Su vida, en general, estuvo fuertemente marcada por la protección maternal de María Santísima, ya que fue un 12 de diciembre que ella decide entregarse al Señor y un primero de enero, Fiesta de Santa María Madre de Dios, que ella inició la aventura del amor esponsal en la vida consagrada. 

Pocos días antes de morir, sin saber que su momento de encuentro con Dios se acercaba, hizo, acompañada de un grupito de hermanas Misioneras Clarisas, una visita a la Basílica de Guadalupe, como si algo en su interior le dijera que necesitaba encomendarse a su Madre Santísima del Cielo, para su peregrinación final.

Desde hace varios años Caty padecía de diabetes, enfermedad que, aunque menguó su salud, no le disminuyó su capacidad de entrega y generosidad. El jueves antes de morir, tuvo algunas complicaciones por esa enfermedad y el viernes por la mañana, a las ocho horas con treinta minutos, escuchando la voz del Señor que la llamaba, acudió a su presencia para formar parte de la comunidad del cielo, como lo esperamos en la infinita misericordia de Dios. El Señor la llamó a su adorable presencia después de 55 años de vida, de los cuales 26 consagró al servicio de Dios y de la Iglesia bastaron para mostrar al mundo la alegría de vivir para Cristo.

Descanse en paz nuestra querida hermana Catalina Gutiérrez Rivas a quein recordamos con cariño y gratitud.

Padre Alfredo.

«Vacaciones en clave sacerdotal»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


«Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá». Así termina el evangelio de hoy (Lc 12,39-48) y me pesca en medio de unos días de paseo y de descanso con un grupo de amigos sacerdotes con los que gusto de compartir algunos de los tiempos de ocio que todos necesitamos y que hemos de entender no como la inactividad vacía o perezosa que atacan santa Teresa y san Juan Bosco, sino como un espacio de recreación y contemplación. Estos días no han sido el «dolce fare niente» del que hablan los italianos, sino el hacer, desde nuestro ser sacerdotal, algo diferente que restaure nuestro espíritu. Estos días que llegarán a término el viernes próximo, están siendo un tiempo liberado del trabajo ministerial para dedicarlo a la contemplación, al cultivo del espíritu, a la gratuidad, a la alabanza de Dios y a seguir cultivando el don de la amistad. Dios mismo descansó el séptimo día, bendiciendo el descanso como un acto sagrado de contemplación de la creación.

Pero esta frase que Lucas pone en boca de Jesús me reta, me cuestiona, me abre los ojos y el corazón. ¿Cuánta gente sobre la faz de la tierra tiene la oportunidad de tener unos días de descanso? ¿Cuánta gente en el mundo goza de vacaciones como muchos de nosotros? Algunas encuestas dicen que solamente el 44 % de los mexicanos logra tener unos días de vacaciones y algunos de mis 23 lectores y yo estamos dentro de esta cifra. El Señor me ha dado mucho no solo en estas vacaciones, sino en muchas más que he podido disfrutar desde niño con mi hermano y mis padres, con el resto de la familia, con amigos, con mis hermanos misioneros y con amigos sacerdotes. Entiendo, al leer este texto, que incluso el descanso debe usarse con sabiduría. Unas vacaciones vividas en clave cristiana evitan la tibieza y el abandono espiritual, protegiendo mi sacerdocio de caer en las tentaciones de la distracción o la deslealtad a las promesas que hace 37 años hice. El descanso, a mis 65 años y en medio de mi agitada vida misionera cargada de viajes de trabajo pastoral, se convierte en un bálsamo que asegura que no me canse de hacer el bien y siga correspondiendo con alegría a todo lo que el Señor me ha dado.

En medio de estos días, quiero compartir que ayer estuvimos en la catedral de Milán. El imponente y majestuoso Duomo que tardó 600 años en construirse. Allí descansan los restos de san Carlos Borromeo, aunque su corazón se encuentra en Roma, dentro de la Basílica de los Santos Ambrosio y Carlos en el Corso y que he visitado varias veces. San Carlos Borromeo falleció en noviembre de 1584 y fue sepultado en el templo. Tras su canonización en 1610, se edificó un espacio exclusivo para su veneración. Él fue el principal artífice de la creación de seminarios formales para garantizar que los sacerdotes no solo tuvieran instrucción teológica sólida, sino también disciplina moral y espiritual. Como arzobispo de Milán, tradujo las reformas tridentinas en hechos concretos dignificando la labor ministerial. Decía que las almas «se conquistan de rodillas» y que el pastor debe estar en medio de su pueblo. Recordaba constantemente a los clérigos que se predica con la rectitud de costumbres y el ejemplo de vida. En uno de sus discursos, este célebre arzobispo de Milán enfatizó: «¿Eres responsable de las almas? No te olvides por ello de ti mismo, ni te des a los demás de forma que no quede nada de ti para ti mismo. Tienes que acordarte, ciertamente, de las almas de las que eres pastor, pero de modo que no te olvides de la tuya» y esa alma, sí... necesita descanso. Que la Virgen de la Asunción, que preside la plaza principal de Milán nos acompañe. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 20 de octubre de 2026

«Estar preparados, sirviendo y esperando con fe»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El pasaje del evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) nos invita este martes a realizar una profunda introspección espiritual. San Lucas, al transmitirnos este mensaje de Jesús, no busca infundirnos miedo ante el fin del mundo o nuestra propia muerte, sino encender una urgencia de amor y fidelidad en nuestro día a día para establecer desde ya el reino que Cristo ha venido a traer. y que llega a nuestro encuentro en cada persona y en cada acontecimiento que tenemos que ver desde su mirada y sus sentimientos para hacerlos nuestros. En la época de Jesús las personas usaban túnicas largas. «Ceñirse la cintura» significaba recogerse la ropa y sujetarla con un cinturón para poder caminar, correr o trabajar sin tropezarse. En nuestra vida espiritual, esto se traduce en desprendernos de los apegos materiales, los rencores y las distracciones que entorpecen nuestro caminar hacia Dios. Significa estar activos en el servicio y no caer en la pereza espiritual. 

También el Señor nos dice que hay que mantener las lámparas encendidas, es decir, la llama de la fe y el amor. Una lámpara encendida en medio de la noche requería en aquellos años lejanos aceite constante —recordemos la parábola de las 10 vírgenes—. Ese aceite es nuestra vida de oración, los sacramentos y, de manera muy especial, nuestras obras de misericordia, caridad y servicio al prójimo. Estar preparados no es cruzarse de brazos a esperar que el tiempo pase; es hacer que nuestra fe brille con fuerza en un mundo que a veces parece sumido en la oscuridad, perdido en el consumo y el sin sentido. Pero tal vez la parte más conmovedora de la parábola les parezca la misma que a mí y a la que ahora voy en el último párrafo: 

En lugar de exigir ser atendido, cuando el señor regresa, Jesús narra que él mismo se ceñirá, hará sentar a sus siervos a la mesa y se pondrá a servirles. Esto rompe toda lógica humana y más en la época actual, cuando nadie quiere mover ni un dedo para hacer algo por el otro. Ese es el mismo Cristo que lavará los pies a sus discípulos y nos invitará a hacer lo mismo: nuestro Dios no es un tirano que busca esclavos, sino un Padre amoroso que premia la fidelidad haciéndose nuestro servidor. El premio a la espera vigilante es la comunión íntima y plena con Él. Jesús menciona que el señor puede llegar a medianoche o de madrugada, momentos donde el sueño y el cansancio son más pesados. Hoy, la invitación es a no dormirnos en la fe, a no dejar que el egoísmo apague nuestra luz. Pidámosle a María que nos acompañe para estar dispuestos siempre, con un corazón y una mente abierta olvidándonos de condicionantes, horarios y apetencias. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 19 de octubre de 2026

«Bajo la mirada de Dios»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ahora que he tenido unos días de descanso de los trajines ordinarios he tenido un buen tiempo para meditar contemplando diversas iglesias, para caminar mucho y compartir con mis hermanos sacerdotes viendo gente de todas partes, de todos colores y sabores. Y entre lo que he meditado está el hecho de que vivir humanamente bajo la mirada de Dios es vivir de acuerdo con las opciones vitales que tomemos en nuestra vida y del color con el que veamos las cosas. Vivir con proyectos, con sueños qué realizar, es superar el puro existir humano, es trascender. Hemos podido contemplar infinidad de obras de arte dentro de diversos templos de acá de Europa que expresan el anhelo del hombre de alcanzar la vida eterna. Pero por otra parte hemos pensado cómo en aquellos tiempos el hombre vivía cerca de Dios, sin estar sumergido en tanta clase de distracciones como las que hay ahora.

No es fácil, en medio de un mundo que presenta tantas opciones para alcanzar la felicidad —aunque solo sea de manera pasajera— llevar a cabo una deliberación que seleccione lo conviene hacer para alcanzar la plena realización personal y dar gloria a Dios. Hoy, más que nunca, es necesario establecer primacía entre tan diversos y a veces opuestos deseos, que llegan del exterior y despiertan una infinidad de deseos promocionados por esa fuerte influencia que llega de afuera. Si antes el anhelo y el deseo que predominaba era dejar huella, hoy los sueños van en torno al tener, al acaparar bienes, al alcanzar riquezas…. Lo que el texto del evangelio de hoy (Lucas 12, 13-21) llama codicia, uno de los pecados capitales clásicos. A veces l codicia es tan fuerte, que llega a cegar la mente humana, su capacidad de elección y de búsqueda de Dios.

¡Cuánta ceguera hay en el mundo que no permite ver ni siquiera lo efímero que es lo que va y viene en este mundo! Cuando uno contempla obras tan impresionantes como la Catedral de Munich que la guerra quiso destruir y que sigue en pie gracias a la reconstrucción de sus partes dañadas, contempla ese anhelo, ese deseo de llegar a Dios. Y es que los deseos realmente humanos son más fuertes que la muerte: el amar, el aproximarse a la verdad, el conectar con el Dios que nos trasciende y engrandece. Estos son los deseos de lo que construye nuestra condición humana, nuestra persona; que nos lanzan a la plenitud de lo que somos, que se conseguirá en el más allá que hemos de anticipar, de modo limitado, en el aquí y ahora. Que gusto poder ver en este viaje tantas obras que hablan por sí solas y nos invitan a centrar nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras esperanzas... en Dios. Que la Virgen santísima, Madre de los sacerdotes, nos siga acompañando en nuestro viaje. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 18 de octubre de 2026

«El DOMUND en la Bürgersaalkirche de Munich»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy la Iglesia celebra el DOMUND —DOmingo MUNDial de las misiones y nunca me imaginé que un día como este estuviera yo en misa en la nación que más ayuda a la Iglesia misionera. Aquí no hace falta recordar a la gente que hay que ayudar a las misiones. Todos los bautizados tienen tatuado en su corazón el ayudar a la Iglesia misionera. Solo en el 2025 entregaron poco más de 537 millones de euros sin contar lo que durante el año organizan parroquias, colegios y comunidades diversas para enviar sus ayudas. Asistimos a misa a la «Bürgersaalkirche», la Iglesia en donde están los restos del beato padre jesuita Rupert Mayer (1876-1945). La misa muy solemne y con el gran regalo de escuchar, en medio de los espectaculares cantos en latín, el llorido de algunos bebés, indicándonos que la Iglesia en Alemania, a pesar de todo lo que escuchemos, es una Iglesia que está viva. El padre Rupert fue capellán militar durante la Primera Guerra Mundial y perdió la pierna izquierda en un ataque con granadas, convirtiéndose en el primer sacerdote católico en recibir la Cruz de Hierro. 

En el período de entreguerras, este hombre extraordinario alcanzó gran renombre como predicador, director de retiros espirituales y líder de la Marianische Männerkongregation (Congregación de Caballeros Marianos), una cofradía masculina precursora de las actuales Comunidades de Vida Cristiana. Ya enemigo de los nazis en la década de 1920, el padre Mayer sufrió acoso y encarcelamiento constantes durante el Tercer Reich y pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial bajo arresto domiciliario en la abadía de Ettal. Tras vivir lo justo para presenciar la derrota del nazismo y recuperar su libertad, el padre Mayer falleció de un derrame cerebral el día de Todos los Santos de 1945. En 1987, Rupert Mayer fue beatificado por el papa Juan Pablo II. ¿Y qué tiene que ver esto con el DOMUND? Es que en el DOMUND de una o de otra manera todos los miembros de la Iglesia estamos involucrados. De todos esos hombres que formaron la cofradía, sigue habiendo descendientes que oran, se sacrifican y brindan ayuda económica a la Iglesia misionera. ¡La Iglesia estaba repleta!

Este domingo el profeta Isaías ilumina el anhelo misionero de muchos en la Iglesia con este pasaje (Isaías 25,6-10a) en el que nos habla del proyecto de Dios sobre la historia humana poniéndonos la imagen de un festín con manjares exquisitos y vinos refinados. Dios quiere sentar a la misma mesa a todos los pueblos sin excepción alguna; quiere que todos participen de la misma fiesta, de la misma alegría, y compartan el mismo alimento: la Palabra y la Eucaristía. En esa comunión que nos viene del encuentro con el Señor nos viene nuestra alegría y nuestra felicidad ya desde ahora. ¿Por qué no querer que esa alegría llegue a todos hasta los últimos rincones de la tierra? La garantía de todas estas afirmaciones no es otra que la promesa de Dios. El centro del pasaje son las palabras: «lo ha dicho el Señor». Por eso a nosotros nos toca trabajar de la mano de María la Madre de Dios, nos toca salir a las esquinas (Mateo 22, 1-14) para invitar a todos a entrar a una Iglesia de puertas abiertas con el traje de fiesta puesto que es el deseo de transformar el corazón para hacerlo semejante al de Cristo. ¡Bendecido DOMUND 2026!

Padre Alfredo.