martes, 21 de julio de 2026

«Olivia Trejo Solorio, una vida de entrega con convicción»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCIII


Toda persona consagrada está llamada a anticipar la victoria de Dios sobre la muerte ya en los días de su existencia terrena, pues, animada por la gracia del Espíritu, vive aquí abajo anticipando lo que
será la vida futura. 

La vida religiosa es la concreción del deseo de estar con Cristo en una unión que se prepara en este mundo y llega a su plenitud en el cielo. Así fue la vida en este mundo de la hermana Olivia Trejo Solorio, una mujer de una búsqueda constante de la voluntad de Dios entre los vaivenes que toda existencia terrena puede tener.

Olivia Trejo Solorio nació el 19 de julio de 1946 en Celaya, Guanajuato, un lugar pintoresco del centro de México mundialmente famoso por su tradicional cajeta artesanal elaborada con leche de cabra, ganándose el título de la «Capital de la Cajeta"» o la «Ciudad más dulce del mundo». Allí mismo fue bautizada el 15 de agosto de aquel mismo año. Siendo todavía muy pequeña, su familia emigró a los Estados Unidos instalándose en California, en donde recibió la educación elemental.

Fue en esas tierras californianas en donde Olivia escuchó la voz del Señor y respondió a su llamado ingresando a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 27 de diciembre de 1964 iniciando su formación como postulante. La Beata María Inés Teresa había fundado en Los Ángeles una guardería que hasta la fecha da un gran servicio a los hijos pequeños de inmigrantes de varias naciones y cuyos recursos económicos son limitados. Allí los pequeños van aprendiendo a convivir siguiendo los protocolos que una sociedad, formada por múltiples culturas, ha de seguir. Los niños aprenden, además, sus primeras palabras en inglés.

El 8 de diciembre de 1965, esta hermana, que se distinguió desde joven, entre otras cosas, por su refinada educación, dio un paso más convencida de que Dios le llamaba a conocer más a fondo la vida consagrada en el estilo trazado por la Beata María Inés Teresa iniciando su noviciado para hacer su primera profesión religiosa como religiosa Misionera Clarisa dos años después, el 8 de diciembre de 1967 y luego consagrarse definitivamente el 8 de septiembre de 1974.

Sus primeros años como religiosa los vivió allí esa región de Estados Unidos donde estudió enfermería,. En 1977 fue enviada a la región de México en donde se especializó en Espiritualidad. En 1980 regresó a California y continuó estudiando para obtener el diploma de Bachelor in Arts y su acreditación como maestra.

Allá mismo hizo estudios especializados para enseñar a adultos con problemas de aprendizaje. Siendo, en aquellos tiempos, una de las primeras hermanas en alcanzar ese grado de preparación.

Siempre inquieta por ir buscando cumplir la voluntad de Dios, hizo un alto en su vida como Misionera Clarisa, experimentando en 1987, un año especial de discernimiento para ver si podía incorporarse al Instituto de Notre Dame,  una congregación religiosa dedicada en exclusiva a la educación, haciendo una experiencia de vida en esa congregación para regresar, convencida de su vocación de Misionera Clarisa al año siguiente viviendo en plenitud su carisma y entregándose con los dones que Dios le concedió.

Así vivió por muchos años hasta que en Roma, el Señor la vio madura para celebrar las Bodas del Cordero.

Que el Señor le haya regalado a la hermana Olivia el gozo de contemplar su rostro en la eternidad.

Padre Alfredo.


«La familia de Jesús, una familia que trasciende los lazos de sangre»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

En el evangelio de hoy (Mt 12,46-50) nos topamos con unas preguntas retóricas de Jesús: «¿Quién es mi madre?» «¿Quiénes son mis hermanos?» Son dos preguntas que lejos de suponer un cierto menosprecio a su familia y, sobre todo a su Madre, quieren significar —en relación con la primera lectura (Miq 7,14-15.18-20)—, que solamente la fe y el emor constituyen la verdadera familia de , la familia que trasciende los lazos de sangre y, que, por ende, debe ser también la base de la fraternidad humana deseada por Dios.

El mejor ejemplo de esto es precisamente María, la siempre fiel, la mujer que dio un «Sí» incondicional a un Dios que le pedía no ya una fe inquebrantable, sino su propia vida y la vida de su pueblo, Israel. Con ella y en Ella, como Madre que escucha la Palabra y la pone en práctica, Dios se hace presente entre nosotros de una manera nueva, increíble diría yo. El Dios Siempre fiel se hace uno de nosotros y nace así una nueva familia, un nuevo pueblo «que hace la voluntad del Padre»

Jesús, con la respuesta que da a estas preguntas que hace alguien de quien no sabemos nada, nos invita a formar parte de la verdadera familia de los hijos de Dios, la Iglesia, que construye el Reino desde una fraternidad inquebrantable que nace de la fe y del amor y va más allá de los lazos de sangre. Ciertamente es un exigente compromiso en el que no bastan solo nuestras fuerzas, pero también una consoladora esperanza y una unidad que hemos de vivir con un tinte familiar con María. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

«Theresia Sri Mudjiati, una mujer consagrada que supo cosechar»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCII

En la Lira del Corazón, hace muchos años, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento escribió: «Mi tarea penosa, la de sembrar en el dolor, llena de lágrimas ya terminó, ahora me toca segar contigo en la alegría, y llena de júbilo santo poseerte eternamente...»

El camino de la vida consagrada, suele presentarse como un campo de cultivo exigente. El esfuerzo se realiza con lágrimas en los ojos. La vida de seguimiento de Cristo está llena de alegría que fortalece al alma para sembrar la Palabra de Dios en los campos del mundo, pero la tarea implica también sacrificios, pérdidas y el dolor que todos, en algún momento, debemos transitar. La tarea muchas veces es penosa, por las dificultades que se van presentando, pero ciertamente que ninguna cosecha nace sin antes haber enterrado una semilla en la oscuridad del suelo.

El 3 de febrero de 2016, hace ya 20 años, fue llamada a la Casa del Padre, en Indonesia, la hermana Misionera Clarisa Theresia Sri Mudjiati. Theresia dejó este mundo en la casa de Ngawi en este país en donde la Iglesia católica local cuenta con una fuerte labor de la Familia Inesiana. La sede en Ngawi funge como el noviciado oficial de las Misioneras Clarisas en Indonesia. Allí, además de encontrarse el espacio dedicado a la formación espiritual y académica de las jóvenes indonesias que aspiran a consagrar su vida al carisma inesiano, hay una ardua labor misionera de las hermanas que, fieles al legado de su fundadora, brindan asistencia social y acompañamiento espiritual en las comunidades de la región.

El Señor bendijo a la hermana Theresia con la cruz de una larga y penosa enfermedad, pues durante más de dos años, los últimos de su vida, sufrió las consecuencias de una embolia cerebral. Esta enfermedad la llevó con serenidad y paz, preparándose cada día al encuentro del Esposo convencida, como toda alma consagrada a Dios, que el dolor nunca tiene la última palabra. Nada es en vano. La enfermedad en el consagrado y en general en todo bautizado, es el agua que prepara la tierra para un fruto extraordinario. La promesa final es la transformación radical del sufrimiento en gozo. 

En la Familia Inesiana recordamos cómo nuestras hermanas de la Región de Indonesia, con fraternal solicitud estuvieron en todo momento al pendiente de ella, sobre todo en estos últimos días de su agonía y en esos momentos en que iba ya a recibir el premio de los que en esta vida han dejado todo para seguir a Cristo Esposo.

Llegar al momento de la cosecha junto a lo divino, implica, en toda comunidad religiosa, que el dolor, el cansancio, la enfermedad, se disipa para dar paso a una alegría que no es pasajera, sino profunda y permanente. Al final de la vida, luego de un largo periodo de sufrimiento, el júbilo santo viene a recordarnos que el propósito de haber sostenido la marcha en los días oscuros era alcanzar una comunión eterna en el descanso definitivo al estilo de Dios, que no es quietismo infecundo sin más, sino intercesión por quienes siguen en la tierra gracias a la comunión de los santos. La muerte fue, para la hermana Theresia, el abrazo que reparó cada herida causada por la enfermedad y la certeza de que todo lo sembrado en el dolor florece para siempre en un amor que ya nada puede marchitar.

Que María Santísima, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, nos alcance a todos el don de la perseverancia en la fe y en la vocación.

Padre Alfredo.

«La gente buena y santa en nuestro camino»... Un pequeño pensamiento para hoy

No hay duda alguna de que Dios quiere de nosotros un corazón humilde, un corazón agradecido y tierno; equitativo, misericordioso y compasivo; un corazón equilibrado, sacrificado, atento a las enseñanzas, precavido para no desviarse del camino. Para no salirnos del sendero, el Señor, en su infinita misericordia, nos pone junto a personas buenas y santas para guiarnos y cuidarnos en la vida. Estos compañeros de camino nos inspiran a hacer el bien y a mantenernos firmes en la fe. En mi caminar por la vida, el Señor ha puesto mucha gente de esta clase: mis padres, Lalo mi hermano,  las tías Celina (†) y Angélica, la madre Juanita, la Beata María Inés, la madre Teresa Botello (†), el señor arzobispo Rafael Bello (†), San Juan Pablo II, el beato Eduardo Pironio, mis padrinos los monseñores Juan Esquerda y Juan José Hinojosa (†) y mucha gente más que he dejado huella, pero hoy quiero hablar de uno de mis amigos del alma que, con una sutileza increíble y un humor extraordinario, a sus casi 90 años, rejuvenece mi espíritu en un instante y lo eleva al gozo de sentirme amado y llamado por Dios a vivir plenamente mi vocación sacerdotal–religiosa–misionera. Me refiero al padre Abundio.

Abundio calca perfectamente en su ser y quehacer lo que Miqueas nos deja en herencia en la primera lectura de hoy (Miq 6,1-4.6-8) Este profeta, según podemos ver en este trozo de la Escritura, es un maestro por antonomasia, que, con pocas palabras y con el mejor modo de hacerse entender, nos enseña mucho. En primer lugar nos enseña que es de Dios de donde procede siempre y solamente el bien; luego nos muestra que es Dios mismo quien ha devuelto la libertad de hijos a todos y que espera siempre una respuesta, no para engrandecerle a él, sino para perfeccionarnos nosotros y ser lo que debemos ser porque libremente elegimos seguirle. Finalmente nos recuerda que la repuesta que nos pone con alegría ante él, esta forjada de humildad reconociendo a nuestro excelso Señor como quien da sentido a lo que somos y hacemos. ¡Cuánto aprendo del padre Abundio con solo mirarlo, con sentir su cariño de padre y de hermano, con sus consejos y con su testimonio de una vida cargada de años —con los achaques correspondientes— y marcada por una portentosa fidelidad y perseverancia!

¿Haz pensado en las personas buenas y santas que Dios ha puesto en tu vida comenzando con nuestras familias, ya sean biológicas o no? Podemos guardar recuerdos maravillosos, conmovedores e inolvidables de familiares y amigos que, en diversas circunstancias de la vida nos han acercado o regresado a Dios. Hay recuerdos que quizá desearíamos olvidarlos sin importar a qué categoría pertenezcan, pero los que vienen de gente de bien, representan la mano activa o de Dios en nuestras vidas. Desde que llegamos a este mundo, como peregrinos que vamos de paso, recibimos bendiciones y más bendiciones de estas personas que Dios pone en nuestro camino. Sus vidas nos inspiran, nos enseñan a perseverar y nos muestran caminos concretos de santidad. A través ellos Dios nos concede ayuda, consuelo y fuerza para seguir su voluntad. No olvidemos que junto a ellos nos acompaña María, los santos, la Iglesia por la comunión de los santos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 19 de julio de 2026

«PACIENCIA, PACIENCIA»... Un pequeño pensamiento para hoy

La liturgia dominical al celebrar la Eucaristía, es siempre muy rica y este domingo no es la excepción. Las tres lecturas y el salmo están perfectamente integradas para recordarnos que el Señor es bueno y misericordioso, que es compasivo y sobre todo, es un Dios paciente. (cfr. Sáb 12,13.16-19; Rom 8,26-27; Mt 13,24-43 y el salmo 85). Su fuerza, su poderío, sí, sabemos que está en la justicia, pero más que eso, como dice Madre Inés, en su misericordia, en la indulgencia, en la benignidad de su corazón de Padre y hoy, luego de darle un vistazo a estas lecturas, podemos decir que indudablemente también en su paciencia. 

Dios es paciente porque permite que el bien y el mal coexistan en el mundo y espera por la conversión humana, como ilustra la parábola de la cizaña. Dios es paciente, porque espera unos meses a que de un granito tan pequeño como el de la mostaza brote un arbusto. Dios es paciente porque espera que la levadura fermente la masa. ¿Pero cuánto tardan el trigo y la cizaña en crecer? ¿En cuánto dura el crecimiento de la mostaza para llegar a ser un arbusto? ¿Cuánto tiempo tarda la levadura en fermentar la masa? El trigo y la cizaña llegan a su madurez entre 130 y 180 días. El granito de mostaza en tres o cuatro meses ya es un arbusto que ha e fortalecerse y la levadura tarda entre 3 o 4 horas. Pues Dios, como nos damos cuenta, es mucho, muchísimo más paciente con nosotros.

La paciencia de Dios con nosotros es infinita e incondicional. A diferencia de nuestra paciencia humana, la de él no depende de nuestro comportamiento, sino de su naturaleza misericordiosa, de su compasión, de su bondad. Su propósito no es castigarnos al primer error, sino darnos el tiempo y la oportunidad de arrepentirnos y cambiar. En la Sagrada Escritura, en otros pasajes, esta paciencia divina se describe como «lenta a la ira». Lejos de cansarse de nuestras fallas, Dios, como Padre bueno y cariñoso que nos ama, nos ofrece una y otra vez su gracia. Su mayor deseo es que nadie se pierda y todos tengan la oportunidad de acercarse a Él, sosteniéndonos con amor incluso cuando nos desviamos del camino. De seguro Jesús vio el crecimiento del trigo y la cizaña desde pequeño, al igual que los granos y arbustos de mostaza en los grandes patios de las pequeñas casas del oriente medio y allí, en la pequeña casita de Nazareth, vio fermentar la masa. Que María nos ayude a valorar la paciencia de Dios y a ser agradecidos. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

«María Luisa Ruiz Estrada, la hermana que hablaba desde el silencio de su sí»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCI

Hay personas que pasan por el mundo aparentemente sin hacer mucho ruido. Personas sencillas que de manera callada van sembrando la semilla de la Buena Nueva por donde pasan. Este es el caso de la hermana María Luisa Ruiz Estrada, una Misionera Clarisa que dejó este mundo a los 93 años de edad y cuya larga vida, consagrada al servicio de Dios dejó, en lo oculto de las pequeñas y grandes tareas de la  ida ordinaria, las huellas de Cristo.

La hermana María Luisa, desde joven, fue una mujer muy ejemplar en su vida cristiana destacando por ser una colaboradora siempre fiel y disponible en la parroquia de su pueblo, especialmente como catequista. 

Atraída por Dios a la vida misionera, ingresó a la congregación de del Santísimo Sacramento, de quien aprendió a vivir con sencillez y alegría las más preciadas virtudes.

Las hermanas que la conocieron la recuerdan hasta hoy como una hermana generosa y silenciosa en la vida de comunidad y con un espíritu muy mariano, pues siempre dejaba ver un intenso amor a la Santísima Virgen.

Fue una hermana que realizó con empeño los trabajos de la Vida de Nazareth, esa vida oculta que nos recuerda los años de Cristo en las tareas que no brillan pero que, en una vida de comunidad, son básicas seguía teniendo en su cuarto la máquina de cocer para hacer lo que sabía era necesario a la comunidad, pues era una excelente costurera. 

Luego de una delicada operación de columna, tuvo que convalecer y cuando se le preguntaba cómo estaba, con una sonrisa en sus labios, respondía: «¡Como Dios quiere!» Sus familiares la visitaban en el convento con mucha frecuencia mientras se recuperaba y la rodeaban de cariño y atenciones al igual que la comunidad. Pero, la voluntad de Dios es que no permanezcamos para siempre en este mundo y, por el peso de los años, se le dejaron venir nuevas complicaciones, que por su misma edad, médicamente no se le pudo hacer más
En un lapso corto de tiempo llegó a su vida la insuficiencia renal, los dolores que no le daban descanso y el desgaste de quien era imparable en los pequeños servicios. En sus últimos días ya no podía tomar sino poquísimo alimento. Aunque conservaba un rostro sereno, se veía que no tenía aliento ni para abrir sus ojos, mismos que cerró estando rodeada de hermanas que, rezando y cantando, la acompañaban en su silencioso y tranquilo tránsito al cielo.

No recuerdo con exactitud la fecha de su fallecimiento y no tengo más datos. No hay tampoco una fotografía a mi alcance pero su rostro quedó grabado en mi mente y en mi corazón. Me basta cerrar los ojos y verla sonreír con sencillez y sentir su silencio, reflejo de un alma pacífica y pacificadora.

¡Gracias hermana María Luisa por haber dejado las huellas de Cristo en mi vida!

Padre Alfredo.

«EL TRIGO Y LA CIZAÑA ADENTRO Y AFUERA»... Homilía en el Triduo Inesiano en la Casa Madre



HOMILÍA EN EL TRIDUO INESIANO
DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026
CASA MADRE
CUERNAVACA, MORELOS, MÉXICO

Sáb 12,13.16-19
Sal 85
Rom 8,26-27
Mt 13,24-43

En esta época de la historia que nos toca vivir, donde con mucha frecuencia —de vez en diario— predominan la prisa, el juicio rápido, la intolerancia, el acelere; la Palabra de Dios de este domingo nos presenta, en las lecturas que hemos escuchado, a un Dios paciente y misericordioso que ofrece esperanza. En los tres trozos de la Escritura en la misa de hoy, se revela el verdadero rostro de Dios: un Dios paciente, compasivo y misericordioso. Por su parte, complementando esto, el salmo responsorial, nos recuerda que el Señor es bueno.

Nuestro Dios, queridos hermanos, no actúa como muchos fundamentalistas o extremistas apocalípticos quisieran. Dios tiene sus propios caminos, a veces a primera vista lentos e incomprensibles. Jesús, con la primera de las tres parábolas que hemos escuchado, nos sorprende mostrándonos la seguridad y confianza del dueño del campo en donde crece el trigo y la cizaña y en el que, al final, antes de la cosecha —aunque sean muy parecidos— se diferenciarán.

El día de ayer nos hablaban del mundo de hoy, de su lenguaje, de su forma de ver la vida, de la manera tan particular de llevar la vida, en donde puede ser difícil distinguir la cizaña del trigo. Hay que tener paciencia y esperar los acontecimientos finales. Esta parábola, que es exclusiva de Mateo, nos hace ver que en el campo del mundo no es solamente Dios quien siembra, hay otros que lo hacen... Pero lo importante y decisivo es saber esperar. No hace falta ser duros como el pedernal, no vale la pena actuar como inquisidores desaforados; al bien y a la bondad hay que darle sus oportunidades. ¿Por qué querer ir de prisa y adelantarse inútilmente corriendo el riesgo de arrasar con lo bueno que haya?

Nuestra Madre fue conocida y admirada por su paciencia heroica en las grandes pruebas, en las tareas ordinarias, en los incontables viajes y en la gestión de nuevas obras. En su vida de fundadora y de superiora general, vio crecer el trigo y la cizaña juntos y supo esperar a ver los frutos. A la hora de su retorno a la Casa del Padre, luego de que la cizaña se había separado del trigo, había más de 250 hermanas en 9 países, hoy la familia sigue creciendo.

Como misioneros, todos nosotros recorremos caminos, entramos en muchos corazones y sembramos la buena semilla del Evangelio. Sin embargo, a veces, no lo niego, desanima un poco el ver que, junto al fruto del esfuerzo, también crece a nuestro alrededor la división, la indiferencia o el egoísmo. Es el misterio del trigo y la cizaña que se sigue dando. Además hay que recordar que el trigo y la cizaña crecen también, al mismo tiempo, en nuestra mente y en nuestro corazón.

En dos de sus cartas, la Beata María Inés toca este tema de la cizaña e ilustra muy bien esto: En la primera de estas cartas apunta: «Bueno hijos, pidan mucho por nuestras misiones; son de Dios, y muy nuestras, de todo nuestro instituto; las debemos amar mucho y rogar y sacrificarnos para que se logre mucho fruto en las almas, y que el demonio no vaya a meter la cizaña». (Carta colectiva del 1 de junio de 1962). En la otra dice: «Ustedes, por caridad, no hagan caso de insinuaciones o críticas que les puedan llegar, no hay que constituirse en sembradores de cizaña». (Carta las Misioneras Clarisas de Costa Rica en marzo de 1970).

Jesús nos enseña que la misión principal del discípulo–misionero es cuidar el crecimiento del trigo y procurar que produzca frutos abundantes, incluso en medio de las dificultades que pueda acarrearle el crecer junto a la cizaña. Crecer junto a la cizaña para el hombre y la mujer de fe, sea cual sea su vocación específica, es crecer en Dios, porque sabemos y confiamos que Cristo nuestro Señor es nuestra defensa contra la «mala hierba». Redescubramos, a la luz de esta Palabra, el valor de la paciencia, de la comprensión y de la esperanza. El Señor sigue actuando en la historia y haciendo crecer el trigo en medio de las dificultades.

Este hermoso triduo inesiano en el que estamos participando, nos ayuda a abonar el terreno de nueva cuenta y a sembrar a sabiendas de que, como en la vida de nuestra fundadora, aparecerá la cizaña. Hay que ir adelante con esperanza. Hay que seguir gastando la vida por el Reino, sabiendo que al final de los tiempos, Dios mismo recogerá el trigo limpio en su granero. Pidamos a María santísima que n os ayude, como buena jardinera, a que nuestras vidas sigan siendo esa buena tierra donde la semilla de Dios dé fruto abundante. Amén.

Padre Alfredo.