sábado, 8 de agosto de 2026

«La madre Sofía Garduño, ni activista ni desentendida»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY

Nuevamente he volado a mi querida Selva de Cemento. Anoche llegamos el padre Sergio y yo en medio de una lluvia descomunal que ocasionó que nuestro recorrido hasta Tlalpan, a donde teníamos que ir, fuera, como decimos en México: «a vuelta de rueda». Llegamos al Seminario Conciliar de México, donde pernoctamos, casi a medianoche a pesar de que del aeropuerto salimos poco después de las 9:30 p.m. ¡La vida en las grandes ciudades es así debido al mal trazado que ocasiona el construir sin ton ni son! El padre Tanis —Estanislao—, rector del Seminario no estaba esperando y nos condujo a nuestras habitaciones. Para mí estar en cualquier seminario o casa de formación es llevarme de nuevo a mis maravillosos años de formación inicial en Monterrey, en Saltillo y en la Ciudad Eterna, a donde volaré el próximo martes para salir de allí a Indonesia con nuevas tareas apostólicas.

Mientras tanto hoy estoy aquí de fiesta. Las Misioneras de los Sagrados Corazones de Jesús y de María me invitaron a presidir —en ausencia del señor cardenal Carlos Aguiar Retes— la misa de acción de gracias por los 50 años de la partida a la Casa del Padre, de su fundadora que murió en olor de santidad: La madre Sofía Garduño Nava. Así que por ser una fiesta especial, las lecturas fueron estas que hacen referencia a lo que fue y vivió la madre Sofía (Os 2, 16.17–21-22; Ap 19, 5-9 y Lc 10,38-42). El profeta Oseas nos lleva al misterio de la vocación mística: «La llevaré al desierto y le hablaré al corazón» expresa con gozo y esperanza. Y es que el desierto no es solamente un lugar geográfico, el espacio del silencio, del despojo y del encuentro nupcial con Dios. La Madre Sofía escuchó esa voz del en el desierto de su tiempo y como joven catequista, comprendió que, antes de ser una mujer de acción, era una mujer amada por Dios. El Señor, fijando su mirada en ella, la coronó de compasión y misericordia, como promete esta profecía de Oseas.

El pasaje de San Lucas nos sitúa en Betania, donde Marta y María reciben a Jesús. Es allí donde el Maestro pronuncia esas palabras eternas: «Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y hacen que te agites, y sin embargo, haz de comprender que pocas son necesarias, o más bien una sola. María ha escogido la mejor parte, y no le será quitada». La Madre Sofía fue una de esas intrépidas mujeres que supieron amalgamar perfectamente estas dos dimensiones Ella no fue una Marta activista sin espíritu, pero tampoco una María aislada de las necesidades, los dolores y los gritos del mundo. La escucha atenta de la Palabra a los pies del Maestro, como María, la llevaron a contemplar el amor herido del Corazón de Cristo y el dolor traspasado del Corazón de María.  Cincuenta años después de su partida el desafío para cada uno de nosotros y de manera especial para sus hijas misioneras, sigue siendo el mismo: no perder la frescura del primer amor manteniéndonos firmes junto al vaivén de un mundo que, acorralado por el relativismo, el materialismo y una clara cultura de la muerte, parece anegarse en aguas turbias que reclaman nuestro rescate con la oración, el sacrificio y la disponibilidad para ser enviados. Que María y la madre Sofía, a quien poco a poco voy conociendo más, intercedan por nosotros. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 7 de agosto de 2026

«Así se construye la historia»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy me llamó la atención la primera lectura, tomada del libro del libro de Nehemías (2,1. 3;3,1-3.6-7), que está marcada por un fuerte contraste. Por un lado, aparece la bellísima imagen del mensajero que corre por los montes anunciando la paz y que nos recuerda a tantos misioneros esparcidos por el mundo llevando la palabra de Dios; por otro, la descripción patética de Nínive, una ciudad marcada por la violencia, la mentira y la opresión que me lleva, en lo personal, a recordar tantas ciudades que recorro en mi peregrinar por este mundo y que parecen estar retratadas en el relato. Así se construye la historia, como nos lo recuerda el magistral documento del Concilio Vaticano II  Gaudium et spes, que fue aprobado y promulgado hace muchos años, el 7 de diciembre de 1965 y que comienza con la famosa frase: «Las alegrías y las esperanzas, las penas y las angustias de los hombres de esta época, especialmente de los pobres y los afligidos, son las alegrías y las esperanzas, las penas y las angustias de los seguidores de Cristo».

En aquellos tiempos sucedía lo mismo que hoy en día acontece entre nosotros y en la sociedad en general, porque no solo se trata de mirar las guerras y violencias más o menos cercanas, sino también de mirar nuestra actitud ante el mundo que nosotros mismos estamos edificando a nuestro alrededor. El profeta contempla la caída de una ciudad que parecía invencible, como muchas de las de ahora. Nínive representaba la fuerza de los imperios que someten a los débiles y creen que su poder durará eternamente. No obstante, la Palabra de Dios nos recuerda que ningún imperio construido sobre la injusticia puede ser eterno. Todo aquello que se sostiene sobre la violencia acaba derrumbándose. Pero en medio de este panorama aparece una buena noticia: «El Señor restaura la dignidad de Jacob y de Israel». Dios no permanece indiferente ante el sufrimiento de su pueblo. Ve las heridas, conoce las humillaciones y trabaja callado para devolver la esperanza perdida. La restauración comienza cuando alguien vuelve a creer que la paz es posible.

También hoy vivimos rodeados de noticias que hablan de guerras, de enfrentamientos, de ausencia de paz. También hoy somos escuchas de discursos agresivos que fracturan nuestros pueblos, comunidades y familias. A veces parecería que la violencia tiene más fuerza que la bondad. Sin embargo, esta lectura nos abre los ojos para mirar más lejos. Dios sigue suscitando mensajeros de paz y si queremos esos podemos ser nosotros. No solo Nehemías nos alienta... El Evangelio siempre nos llama a ser mensajeros. No porque tengamos grandes discursos o tengamos soluciones instantáneas a tantas penas, angustias y conflictos, sino porque en la oración y en la acción de una vida comprometida, nos hemos dado cuenta de que Dios sigue restaurando la vida allí donde parecía derrotada. Que María nos enseñe a desinstalarnos y a pensar siempre en que fácilmente podemos ser portadores de la paz. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 6 de agosto de 2026


Celebramos llenos de alegría la Fiesta de la Transfiguración del Señor, una fiesta que nos regala un evangelio (San Mateo 17,1-9) que aparece en el tiempo de cuaresma en el segundo domingo, donde la Transfiguración del Señor alienta la esperanza en el camino hacia la Cruz. Con esta celebración recordamos aquel momento en el que San Pedro afirma categóricamente esto: «No nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo». Este es el testimonio no solo de Pedro, sino de todos los apóstoles, porque está fundamentado en que «hemos comido y bebido con Él». Pedro recuerda que lo han visto, lo han palpado, lo han escuchado. Y en especial yo me imagino que aquel recuerdo del día de la transfiguración permaneció en su mente y en su corazón toda su vida, incluso en los tremendos momentos en los que negó al Señor. 

Nuestra fe no es una fábula, no es una serie de recuerdos melancólicos del pasado, sino una historia de salvación que es continuada porque acontece en momentos concretos, con acontecimientos salvíficos, como éste de la Transfiguración del Señor, cuando por un momento fulgurante, dejó ver su gloria a Pedro, Santiago y Juan y solamente a ellos y no a todos, porque, este «cuadro chico», debía recibir un fuerte testimonio íntimo de la divinidad de su Maestro para confirmar a sus hermanos en la fe. Este trío cercano presenció momentos clave para fortalecer su fe antes de la cruz. Recordemos que la ley judía exigía un mínimo de tres testigos para validar un hecho extraordinario. Ciertamente no fue algo que estos discípulos merecieran, no fue un regalo por un logro alcanzado, fue una revelación del ser divino del Señor, que se grabó a fuego en el corazón de Pedro, Santiago y Juan.

Valdría la pena preguntarnos qué momentos de transfiguración hemos tenido en nuestro camino de fe. Si hemos escuchado la Palabra del Padre en nuestra vida dictándonos que hay que escuchar a Jesús para seguirlo. Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplaron la divinidad de Jesucristo, no acertaron a descubrir qué es lo que estaba pasando, sería más tarde, «cuando el Hijo del hombre resucite de entre los muertos», cuando comprendan el abismo de generosidad que ha tenido el Padre al manifestar a su Hijo. Como dice San Juan Damasceno comentando este texto: «Hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad. Las cosas humanas pasan a ser las de Dios y las divinas las de los hombres». Que María santísima nos ayude a estar atentos a la voz del Padre que nos recuerda en el ser y quehacer de cada día que hay que escuchar a su Hijo muy Amado, especialmente en la mesa de la palabra y en la mesa de la eucaristía. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 5 de agosto de 2026

«LOS HIJOS Y LOS PERRITOS»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este miércoles nos topamos con un evangelio que de entrada es un poco desconcertante (Mateo 15,21-28) en el que Jesús se encuentra con una madre extranjera —una cananea— que le suplica sanar a su hija que está enferma. Tras un duro diálogo inicial donde Jesús, haciendo una fuerte comparación prueba su persistencia, elogia la valentía de la mujer exclamando: «¡Grande es tu fe!». Y creo que a todos nos llama la atención la mención de los «hijos» y los «perritos». Esta metáfora refleja tanto la percepción social de la época como una estrategia pedagógica en el diálogo con el Maestro. Los perros, en la antigüedad, en la mayoría de las culturas, eran considerados animales callejeros e impuros. 

En el antiguo Israel, a diferencia de otras culturas como las grecorromanas, donde existían más perros de compañía, la mayoría de los perros eran salvajes o callejeros que se alimentaban de desperdicios. Era un uso cultural frecuente que los judíos de la época llamaran «perros» a los gentiles —personas de naciones no judías— para denotar una separación religiosa y moral respecto al pueblo considerado el «elegido» de Dios. El matiz que Jesús le da al término es especial, porque utiliza un diminutivo. En lugar de usar la palabra para perro salvaje —kuon, emplea un diminutivo —Kynarion—, que evoca al perro pequeño o cachorro que vive dentro de la casa junto a la mesa familiar. Con esta frase sobre el pan de los hijos y los perritos, se alude a que la misión terrenal inmediata de Jesús que estaba enfocada en primer lugar en la concientización del pueblo de Israel, estableciendo un orden temporal —«primero»— antes de extender formalmente el mensaje a los gentiles. Por su parte, la respuesta de la mujer al replicar que los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos, deja ver que aun una pequeña porción de la gracia o poder de Jesús es suficiente para sanar a su hija, lo que lleva a Jesús a elogiar su gran fe. 

El pasaje me parece muy apropiado para la gente joven. Porque los jóvenes son «luchones» y no se rinden ante el silencio de Dios y a luchar por los demás. La mujer suplica algo que no es para ella, es para su hija, y sabe Jesús ha salido de su zona cómoda cruzando a tierras paganas. Él rompe las barreras que separaban a su pueblo de los demás sin dejo alguno de discriminación. Creo que los jóvenes pueden encontrar aquí una clara muestra de que el amor de Dios no es exclusivo de un grupo «perfecto» o cerrado. Dios acoge a todos sin importar de dónde vengan. La insistencia vence el silencio cuando Dios parece callar. A veces parace que Dios no contesta o que el cielo está mudo. La cananea insiste, grita y se humilla por amor a su hija. La fe real no se apaga por un «no» temporal o por el silencio, sino que se vuelve más terca y sincera. El reto para muchos jóvenes hoy es interceder por sus amigos que sufren en silencio —depresión, ansiedad, problemas familiares— y llevarlos en oración ante Jesús con la misma fuerza de esta mujer. Que María, joven también, y atrevida como muchos jóvenes esté con todos para decir con determinación: «¡Hagan lo que él les diga!» ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 4 de agosto de 2026

«37 años no es poco... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy amanecí con mi corazón lleno de gratitud al celebrar 37 años de vida sacerdotal. Treinta y siete años para este padrecito y para quienes me conocen bien no son simplemente una cifra en el calendario; son treinta y siete años de lucha continua, treinta y siete años de fidelidad de Dios, treinta y siete años de gracia derramada y de un caminar junto a un pueblo que vive sobre la faz de la tierra y al que, en diversas épocas, lugares y tiempos, el mismo Dios me ha permitido acompañar.

El Evangelio de hoy (Mateo 15, 1-2. 13-14) nos presenta una confrontación entre Jesús y las tradiciones humanas de los fariseos. Ellos se preocupaban por la pureza externa, por el lavado de manos, mientras descuidaban lo esencial: el corazón. Y creo que yo, poniendo mi granito de arena, he podido llegar al corazón de miles de personas y sembrar o mantener vivo el amor de Dios. Digo miles, pero debo decir «millones», pues el uso de internet a lo largo de varios años me ha permitido atravesar muchísimas fronteras y tener seguidores de diversos lugares del mundo a los cuales físicamente nunca hubiera llegado.

A lo largo de tantos años he aprendido que el sacerdocio no consiste en el cumplimiento de ritos externos o en el prestigio de una posición. El peligro de la rutina, del ritualismo vacío o de perder la vista espiritual es real y tengo treinta y siete años de luchar contra ello. La lectura constante de la Palabra de Dios, la oración y la espiritualidad inesiana, impregnada de un gran amor entrañable a María me han cuidado de instalarme y volverme ciego a la gracia, corriendo el riesgo de guiar a las almas por caminos equivocados. Por eso, este aniversario es, ante todo, una invitación a ser más humilde y a seguir purificando el corazón. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

domingo, 2 de agosto de 2026

«”Denles ustedes de comer”... una indicación de Jesús para ponerse a pensar»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Ayer que venía de mi querida Selva de Cemento  —CDMX— a la Sultana del Norte, mi tierra natal y base en estos años de mi ser y quehacer como Misionero de Cristo, presencié, en el aeropuerto Benito Juárez una de las escenas más traumantes e inhumanas que he visto a lo largo de mi larga vida —porque aunque digan que 65 años que voy a cumplir el próximo día 28 son pocos, en realidad no lo son— como viajero para llevar la Palabra de Dios. Resulta que una chiquilla de 14 años, por una confusión debida a los mismos miembros de una conocida aerolínea mexicana que constantemente causa maltratos, confusiones, cambios inesperados de itinerarios, cobros excesivos por uno o dos kilos de más y no aclarados en la compra de boletos, falta de insumos de lo que ofrecen vender sobre la aeronave, caminatas kilométricas para abordar o descender del avión... y cuyo nombre no necesito pronunciar, fue duramente maltratada y exhibida como una tonta que perdió su vuelo. A la pequeña la había dejado la mamá hasta el filtro, donde ya no permiten pasar prometiéndole que le ayudarían en todo lo necesario... Pero, ¿qué es todo lo necesario para orientar a una persona de 14 años que se queda sola en el aeropuerto más grande de América Latina? La mujer del mostrador le dijo que lo sentía mucho pero que ese no era su vuelo. La niña explicó toda la desorientación que le habían dado los mismos miembros de la compañía que la trajeron de una a otra puerta. Ante la mirada extrañada de todos, la mujer le empezó a gritar con irá y la niña marcó al celular de su mamá para que le explicaran qué se podía hacer. De la mismísima manera, la prepotente y despostizada dama revestida de una actitud tiránica, inmisericorde e implacable, que asustó incluso a sus compañeras de trabajo cuyo rango obviamente era menos y les impidió actuar, le colgó el teléfono a la mamá y le dijo gritando a la niña —que era ya un mar de lágrimas y confusión—que ella no tenía la más mínima obligación de hacer algo por una persona que, por distraída, perdía un vuelo. 

El silencio a su alrededor fue sepulcral porque muchos sabíamos que nada se puede hacer para defender a alguien por el caos que se provoca y porque el que se mete de defensor pierde automáticamente el vuelo —¡por faltas de respeto al personal con una conducta inapropiada!—. En ese momento el oficial de operaciones aéreas —llamado también despachador de vuelo— es el mandamás que tiene el control. Le siguió gritando a la pequeña indicándole que se alejara del mostrador de inmediato y que saliera del área. La chiquilla se fue literalmente corriendo y llorando y la mujer les indicó a sus subalternas que ellas se encargaran del vuelo y despareció... Esta escena, que se ve a veces en aeropuertos, en centros comerciales, en escuelas, en bancos, en restaurantes de comida rápida y desgraciadamente a veces también en alguna que otra notaría parroquial habla más que mil discursos de cómo estamos viviendo no aquí, sino en el mundo mundial... ¡al haber ido sacando a Dios de la escena de nuestro diario ser y quehacer! ¿Qué pasaría con esa pequeña? ¿Sería de allí o no? ¿Irá a poder volar hoy en un nuevo intento? ¿La estaría esperando su mamá o sería un caso como el que me tocó hace tiempo donde un jovencito volaba solo al funeral de su papá y se acogió a mi resguardo? No lo sé. 

Al estar ya sentado en mi asiento—que tampoco pude ceder a la niña desde tierra y quedarme, porque me esperaba la misa de 7:00 p.m. a la que gracias a Jorge y a Angie llegué raspando, y las 4 misas de hoy— y orando por la pequeña, volvió a mi mente la frase que Jesús pronuncia en el Evangelio de este domingo (Mateo 14,13-21) : «¡Denles ustedes de comer!» y recreando en mi mente el horrendo rostro de arpía de la mujer perversa, violenta y soberbia pensé: Con muy pocos recursos —cinco panes y dos peces— los discípulos de Jesús, atentos a lo que él les indicó, dieron de comer a una gran multitud, demostrando que en sus manos lo poco, gracias a que dejaron actuar a Jesús, se convierte en abundancia para todos. Esta mañana al volver a escribir, vuelvo a ver ese rostro y le pido al Señor que aparezca alguien en su vida que, de parte de Jesús... ¡le dé de comer! Porque gente de esta calaña pulula como dije, pero cada día hay menos gente que movidos por Cristo, como aquellos pobres colaboradores, den de comer el pan de la palabra, el pan de la escucha, el pan de la serenidad, el pan de la buena atención, el pan de la palabra, el pan de la empatía, el pan que proviene de hacerse «Pan Partido» como nuestro Buen y Misericordioso Dios en la Eucaristía. No digo más y me acojo a la mirada consoladora de María, que con tanto amor y siendo la Madre más ocupada, llevó en su vientre a quien ahora nosotros recibimos convertido en Pan para darlo a los demás. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 1 de agosto de 2026

«Profetas de hoy, como Jeremías»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hace poco alguien me dijo que yo era un «bloguero» porque cuido mucho mi espacio para escribir, mi propia página www.padrealfredo.blogspot.com  que controlo yo y para la que he creado un gran catálogo —desorganizado como yo— de contenidos que abarcan escritos desde 2009 hasta el día de hoy. A lo largo de estos años, según las estadísticas de las visitas al mismo, he sobrepasado los dos millones de visitantes que algo han encontrado en mis mal hilvanados escritos que nunca han pasado a la imprenta. Puede que Platón no escribiese sus famosos «Diálogos— en un blog —aunque te aseguro que hoy en día, usaría este medio que para algunos ha pasado ya muy pronto de moda, pues son la mejor forma de crear conversación con los lectores—. A pesar de los pesares —quienes me conoce de cerca saben a qué me refiero— puedo decir que en este blog hay rasgos de constancia y aprendizaje que lo mismo se ocuparían para escribir una novela o una obra de filosofía o teología. El caso es que como desde niño me ha gustado escribir y con muy buena caligrafía por muchos años —ahora ya con la mano medio tembeleque— gracias a la despiadada profesora Jesusita que, en cuarto año, utilizó la antigua táctica que muchos maestro de antaño conocen para que yo, siendo ambidiestro, dejara por completo de garabatear con la mano izquierda.

El caso es que aquí estoy, porque dentro del sin fin de letras que plasmo en el blog, apareció, desde le 2017 gracias a mi querida hermanita del alma Esthela —Esthelita le dicen en la parroquia— me retó a publicar el resultado de mi reflexión diaria a la que nombré «Un pequeño pensamiento para hoy» no por lo corto del escrito, sino porque es una pequeñísima aportación que busca aportar algo a la vida espiritualidad de uno que otro lector. Así, desde aquel viernes 7 de julio de 2017 en que postrado en cama luego de una diminuta pero complicada operación maxilofacial escribí el primero de estos «pequeños pensamientos» —algunas veces con rigurosa frecuencia diaria y otras con grandes recesos tedeachosos— sigo escribiendo los tres clásicos párrafos que me muestran tal cual soy y estoy ante Dios y ante todos como misionero peregrino de este viaje en el mundo mundial. Sé que me falta mucho para aprender a escribir bien. Pero gente cercana, como Titía, que experta en letras españolas me sigue y me ha organizado gran parte de mis pensamientos con la esperanza de que algún día imprima un libro, me siguen animando a escribir no solo esto, sino los diversos artículos de filosofía y teología, de misionología, de liturgia, de música, de literatura, de cine, de salud física y mental y hasta recetas de cocina, así como  la sección de reseñas de mis queridas hermanas Misioneras Clarisas que ya han partido al cielo y las Horas Santas. Tal vez algún día haga un libro impreso... pero eso es otro cantar.

Bueno, por lo visto se han dado cuenta de que hoy amanecí nostálgico y un poco necio. La verdad estoy en el aeropuerto de mi querida Selva de Cemento a donde llegué hace un buen, con la esperanza de adelantar mi vuelo, pero siendo sábado y tiempo de vacaciones, esta empresa fracasó y por eso me ha dado tiempo de rezar, leer, escribir y caminar contento de haber acompañado a un grupito de religiosas en Ejercicios Espirituales e impulsado por el profeta Jeremías, que me ha traído de cabeza toda esta semana y que en la primera lectura de hoy (Jeremías 26, 11-16. 24) se pone en manos de Dios recordándonos que el profeta solo transmite un mandato divino mostrando el camino a todos. Los misioneros somos profetas y, hombres del calibre de Jeremías, nos dan la seguridad de que el respaldo divino es mayor que el entorno adverso que se pueda presentar, como el hecho del desplazo de la fe al ámbito privado, el hecho de que, por el relativismo, no existe una verdad absoluta, cosa que dificulta la aceptación de un mensaje de salvación universal. Los misioneros ya no competimos solo con la ausencia de fe, sino con una vasta gama de opciones espirituales y filosofías de vida que muchas veces sin una sustentación firme y clara, confunden a la gente. Hoy es sábado, día mariano por excelencia, vamos a pedirle a la Virgen que nos eche una manita para seguir gastando nuestras manos, nuestros pies, nuestra boca y todo nuestro ser para que todos conozcan y amen a Dios. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.