miércoles, 14 de octubre de 2026

«Se han revestido de Cristo»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estamos viviendo tiempos difíciles, eso no es ninguna novedad. Todo cambio de época trae situaciones turbulentas y más cuando a eso se une la polarización a nivel internacional que se fue gestando desde hace más de 10 años, el aumento del racismo cada vez más sutil, pero a la vez muy evidente, el odio, la envidia, la mentira y la violencia. Ante esto, las viejas estructuras, valores e instituciones se resisten a desaparecer mientras las nuevas aún están cobrando forma. El sociólogo Antonio Gramsci describía este fenómeno a la perfección: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». ¡Cuánta necesidad tenemos los cristianos de volver nuestros ojos a la Palabra De Dios que ilumina todo tiempo y lugar! 

Muchas veces los seres humanos, incluidos los cristianos, contenidos los que somos pastores y representantes de la comunidad eclesial, incluidos aquellos que hablamos de Cristo como Príncipe de la paz, soberano de la cultura cristiana, de las tradiciones humanistas… dividimos por raza, por género, por ideologías a la gente y nos olvidamos que, por encima de las leyes de la humanidad está la llamada a ser «UNO» en Cristo Jesús: «…se han revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús». Palabras muy claras que San Pablo pronuncia hoy en la primera lectura (Gálatas 3,22-29) y que el papa Francisco tanto nos recalcaba.

Esa es la Iglesia «de puertas abiertas» que él nos pedía. Es la Iglesia que tiene espacio para todos y muestra con claridad el pensamiento más íntimo de Jesús: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn. 17,21). Francisco, durante su pontificado, nos recordó que el papel de la Iglesia no es el de un tribunal implacable que distribuye excomuniones y desprecios, sino el de un hospital de campaña que atiende las heridas de los caminantes. El juicio sobre la condición interior del ser humano y sobre la autenticidad de su búsqueda de Dios pertenece exclusivamente a la soberanía divina, mientras que al creyente y al pastor les corresponde la tarea de tender la mano y acompañar recordando que, como María, son bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lucas 11, 27-28). Con la ayuda de la Virgen, lograremos ser UNO. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 9 de octubre de 2026

«Valientes en Jesús, el hombre fuerte»... Un pequeño pensamiento para hoy


Siempre resultan impresionantes las discusiones en torno a la expulsión de los demonios que Jesús realiza. Hoy, en el evangelio, se trata de la expulsión de un demonio mudo que Jesús acababa de realizar ante la gente. (Lucas 11, 15-26). El evangelista nos presenta tres reacciones diferentes ante esta expulsión: Unos quedaron admirados y hasta aplaudieron, otros se asustaron y dijeron: «Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios» y finalmente otros pedían una señal del cielo, pues no se convencieron ante la señal tan evidente de la expulsión realizada ante todo el pueblo. Jesús se detiene en la acusación de estar expulsando demonios en nombre de Beelzebul y les hace ver que si el demonio expulsa su propio demonio, se divide a sí mismo y no sobrevive y les dice luego: «Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan sus hijos?» Dicho con otras palabras, ellos también estarán haciendo las expulsiones en nombre de Beelzebul 

El Señor llega al punto central de su argumentación y les dice: «Cuando alguien fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; pero si llega otra persona más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.» En la opinión de la gente de aquel tiempo, Satanás dominaba el mundo mediante demonios —daimônia—. El era el hombre fuerte y bien armado que guardaba su casa. Por eso la gran novedad es que Jesús consigue expulsar los demonios. Señal de que él es en realidad el hombre más fuerte. Con la llegada de Jesús el reino de Beelzebul entró en picada: «Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios». 

Jesús, verdadero hombre fuerte nos hará también fuertes a nosotros. Recordemos que la primera señal que acompaña el anuncio de la resurrección es la expulsión de los demonios: «Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas”. (Mc 16,17). Jesús venció, el poder del mal, lo dominó, lo agarró, lo destronó, lo derrotó, lo expulsó, lo eliminó, lo exterminó y lo mató. Esto es lo que en el fondo nos quiere recordar hoy Jesús: «¡A los cristianos está prohibido tener miedo de Satanás!» Por su resurrección y su acción libertadora, Jesús aleja de nosotros el miedo de Satanás, crea libertad en nuestro corazón, nos da firmeza en la acción y pone la esperanza vive en el horizonte. Debemos caminar con Jesús, por su camino, con el sabor de la victoria sobre el poder del mal. Hoy le podemos pedir a María santísima que nos ayude a ser valientes. Ella lo fue y venció. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 8 de octubre de 2026

«LA EXPERIENCIA DE LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN NUESTRAS VIDAS»... Un pequeño pensamiento para hoy


Esta semana, en la eucaristía diaria hemos estado escuchando la lectura continuada de la carta de san Pablo a los Gálatas, pero me enfocado más, para mi reflexión personal y para compartir, en el evangelio. Pero este jueves he querido detenerme en la escena que san Pablo nos presenta (Gálatas 3,1-5) y que está recargada de un aire de recriminación a la comunidad. Es que este trocito de la carta a los Gálatas pone ante nosotros una interesante pregunta del Apóstol de las Gentes a los Gálatas: después de haber comenzado por el Espíritu... ¿por qué pretenden ahora alcanzar la plenitud con sus propias fuerzas? 

A algunos les puede asustar la sinceridad y la energía con las que Pablo plantea esta antítesis teológica. Él presenta a la comunidad de Galacia dos principios que parecen excluirse mutuamente a la hora de recibir el Espíritu: las obras de la Ley o la fe. Y les recuerda cómo experimentaron, desde el principio, la acción de Dios y los dones del Espíritu a través de una fe vivida y anunciada. Pero, por otra parte, es verdad que muchas veces a todos —aunque a mí tal vez más que a otros— nos falla la memoria. Somos necios, no recordamos los abrazos que Dios nos ha dado en los distintos momentos de nuestra vida cristiana: el agua del bautismo, el aceite de la confirmación, la absolución en el sacramento de la reconciliación. Signos concretos de una presencia que nos acompaña y nos recuerda que Dios está siempre actuando en nuestra vida.

Esto nos debe comprometer. ¡Es deber nuestro ser agradecidos! Decía el prefacio IV de la misa en su edición anterior. No podemos olvidar que nuestra fe en Cristo se funda en la experiencia de la acción del Espíritu en nuestra vida diaria. No somos nosotros quienes hacemos posible la obra de Dios con nuestras propias fuerzas; es Él quien sale a nuestro encuentro, nos transforma y nos sostiene. Pienso en la Virgen, ella buscó protagonismos, pero estaba plenamente abierta a la acción de Dios. Su fe no nació de una teoría, sino de la experiencia íntima de ser «llena de gracia». En todo momento María se mantuvo firme en la fe porque no se apoyó nunca en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad del Espíritu Santo que la habitaba. Que ella nos ayude sosteniéndonos en el «sí» a la voluntad de Dios. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 7 de octubre de 2026

«VEINTICINCO AÑOS DE MISIÓN, CON MARÍA EN EL CORAZÓN»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy estoy muy feliz porque tenemos la fiesta patronal en donde desde hace 5 años ejerzo mi ministerio sacerdotal como párroco. Este año el comité organizador eligió el lema: «Veinticinco años de misión... ¡con María en el corazón!». Son nuestras Bodas de Plata en el marco de los 75 años de la Familia Inesiana y los 45 años del regreso de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento a la Casa del Padre. Pensar hoy en la titular de nuestra parroquia es pensar en el Santo Rosario no como una repetición de palabras, sino como una escuela de contemplación donde María nos toma de la mano para enseñarnos a mirar el rostro de su Hijo. Por eso las lecturas de hoy, aunque parezcan llevarnos por caminos inesperados, nos conducen al corazón de esta fiesta: «¡Señor, enséñanos a orar!». El Rosario es una respuesta viva, sencilla y profunda a ese deseo; con el Padrenuestro y cada Ave María entramos en la intimidad de Jesús con el Padre, aquietamos el alma y aprendemos, como María, a decir: «Hágase tu voluntad».

San Pablo nos recuerda (Gálatas 2,1-2.7-14) que la verdad del Evangelio debe buscarse con firmeza y en comunión. El Rosario ha sido, a lo largo de la historia, custodio de esa fe sencilla del pueblo de Dios: una cadena de amor que se reza desde las grandes catedrales hasta las capillas más humildes entre niños, jóvenes y ancianos, cruzando fronteras e idiomas. La historia nos narra que esta oración surgió como herramienta de evangelización para grabar en el alma las verdades fundamentales de la salvación: Dios se hizo carne en los Misterios Gozosos, anunció el Reino en los Luminosos, murió por amor en los Dolorosos y venció a la muerte en los Gloriosos. Así nos descentra de nosotros mismos y nos centra en Cristo. Ahora que celebramos el mes de las misiones y nos acercamos al DOMUND, resuena también con especial fuerza el salmo 116: «Que alaben al Señor todas las naciones, que lo aclamen todos los pueblos». El Rosario es oración misionera porque nos une como hermanos, sostiene la fe de las familias y convierte nuestra vida cotidiana en anuncio del amor de Dios.

Esta fiesta jubilar ha de enamorarnos más del Santo Rosario, del que la Beata María Inés nunca se despegó. Todos podemos rezarlo dondequiera que estemos, entre el diario quehacer que nunca se acaba. ¡Hay tanta necesidad de rezarlo! En su diario espiritual, la Madre María Inés, como si estuviera profetizando nuestros tiempos escribió una vez: «Si en tantos hogares no hay paz, no hay amor, tolerancia mutua y no se goza de la vida íntima de familia; es porque no se ama a María; ya no se reza en familia el Santo Rosario, las costumbres piadosas han desaparecido de muchos hogares; el dulce nombre de María no se invoca, Y si no aman a ella, Jesús ¿Quien los enseñará a amarte?» (Diario de 1932 a 1934). Recemos el Rosario y dejémonos cautivar por él. Los Misterios Gozosos nos enseñan a acoger la vida con sencillez; los Luminosos, a ser luz en el hogar, el trabajo y la escuela; los Dolorosos, a no desesperar ante la enfermedad, el duelo o la crisis; y los Gloriosos, a renovar la esperanza de que este mundo no tiene la última palabra. Que al deslizar las cuentas entre nuestros dedos, se desaten también los nudos de nuestras preocupaciones, egoísmos y divisiones; que María interceda por nuestras familias y nos enseñe a escuchar y cumplir la Palabra de Dios. Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Padre Alfredo.

martes, 6 de octubre de 2026

«EN NUESTRAS FIESTAS PATRONALES COMO MARTA Y MARÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Todos conocemos el pasaje del encuentro de Jesús con sus amigas Marta y María —las hermanas de Lázaro— en Bethania (Lucas 10,38-42) y hemos escuchado distintas interpretaciones de aquella singular visita. En el contexto de nuestro novenario bien podemos recalcar el afán de Marta por tener todo a punto para el Maestro en contraste a la actitud contemplativa de María por la palabra que sale de la boca de Jesús. Aquí se juntan —como decía Madre Inés— la vida activa y la vida contemplativa, que no tienen por qué estar contrapunteadas, al contrario: son complementarias, dos vocaciones necesarias para la marcha de toda comunidad eclesial.

Para los que estamos imbuidos en las actividades del novenario, las oraciones de nuestros hermanos contemplativos —los que oran ante el Sagrario estos días, los ancianos, personas solas y enfermos— son fundamentales. Esas oraciones discretas, silenciosas que a veces pasan inadvertidas y que se realizan desde la capilla del Santísimo o alguno de los sectores de nuestro territorio parroquial, son la fuerza espiritual de nuestras fiestas. Ambas vocaciones han de ser compatibles para que la comunidad no deje de escuchar la Palabra por estar demasiado ocupados en las cosas de la kermés. «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas». Es como si Jesús le quisiera decir que hay tiempo para todo y que vale la pena saberlo compaginar. 

Es verdad que María se ha llevado la mejor parte, pero quienes andan entre los comales de las enchiladas y los asadores de los tacos de carne asada y las hamburguesas también pueden participar de ella. Muchas veces un rato de oración, un rato de lectura de las Escrituras, un rato de meditación al día al amanecer, dará la fuerza suficiente para afrontar las encomiendas con la alegría evangélica de los cristianos ofreciendo al Señor el trabajo a realizar. Eso nos darán esa «sal de la tierra» que tanta falta le hace a nuestro mundo. Que Marta y María nos ayuden en nuestra fiesta que concluye mañana; esas dos caras de la misma moneda que se necesitan y se complementan. De la mano de María la Madre de Dios, tomemos ejemplo de ellas para nuestra vida y con ellas vayamos tras los pasos de Jesús teniendo siempre nuestra casa abierta para Él.

Padre Alfredo.


lunes, 5 de octubre de 2026

«Mi prójimo»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de este lunes 5 de octubre de 2026 (XXVII de Tiempo Ordinario), nos presenta la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,25-37). Una conocida historia que todos conocemos y que surge de una pregunta capciosa que le hace un doctor de la Ley a Jesús porque quería asegurar su salvación: «¿Y quién es mi prójimo?». Para responder al hombre, el Señor recurre a su pedagogía divina invirtiendo la pregunta al final del relato para transformarla en un llamado a la acción: «¿Quién te parece que se hizo prójimo?». El especialista en leyes sabe perfectamente la teoría. Él conoce perfectamente que para heredar la vida eterna es necesario amar a Dios con todo el ser y al prójimo como a uno mismo. Jesús valida su respuesta con un rotundo: «¡Haz esto y vivirás!».  El problema de este maestro de la ley —y con frecuencia el nuestro— es que es más fácil definir al prójimo sobre el papel que amarlo en el camino. 

Al preguntar «¿quién es mi prójimo?», el doctor de la Ley busca establecer límites buscando a quién está obligado a ayudar y a quién puede ignorar legítimamente. Jesús rompe su esquema demostrando que la fe no es un examen intelectual, sino un estilo de vida basado en la compasión activa. El relato nos cuenta que por el camino donde está el hombre herido y medio muerto, pasan un sacerdote y un levita, hombres consagrados al culto y que ambos ven al herido, pero dan un rodeo y pasan de largo. Nuestra primera actitud quisa quisiera ser el juzgarlos a la ligera; pero probablemente tenían prisa, miedo a los ladrones o temían contraer impureza ritual según sus normas religiosas. Sin embargo, su actitud nos confronta: muchas veces justificamos nuestra indiferencia usando nuestras propias «obligaciones urgentes». El activismo, las prisas diarias o el miedo a complicarnos la vida nos vuelven ciegos ante el sufrimiento ajeno. La espiritualidad de estos dos parece desconectada de la misericordia práctica. 

El héroe de la historia resulta ser finalmente un samaritano, un extranjero despreciado por los oyentes de Jesús. San Lucas destaca que este hombre, al ver al herido, «se compadeció». Hay que tomar en cuenta que la compasión evangélica no es un simple sentimiento de lástima; es un dolor en las entrañas que mueve a la acción. El samaritano hace lo que los otros evitaron: en primer lugar se acerca, rompe la distancia física y social; en segundo lugar lo cura usando sus propios recursos y un poco al revés —aceite antes del vino—. Enseguida carga con él y lo monta en su propia cabalgadura, asumiendo el esfuerzo para luego comprometerse a largo plazo, pagando al posadero y prometiendo cubrir cualquier gasto extra a su regreso. El prójimo, hermanos, no es quien comparte nuestra nacionalidad, religión o ideología, sino cualquier persona que Dios pone en nuestro camino y que necesita de nosotros. Que la Virgen nos ayude a estar disponibles como ella en Caná y vayamos y hagamos nosotros lo mismo. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 4 de octubre de 2026

«Como san Francisco»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estamos los días de la kermés por la fiesta patronal en honor de Nuestra Señora del Rosario, titular de la parroquia en la que sirvo y este domingo 4 de octubre de 2026, la liturgia nos presenta la parábola de los viñadores homicidas (Mateo 21,33-43) con una fuerte advertencia sobre los riesgos del egoísmo, la ambición y la falsa ilusión de creernos dueños absolutos de la viña del Señor. Me parece providencial, que hoy, en que tambien celebramos a san Francisco de Asís, el hombre que encarnó la respuesta perfecta a este llamado evangélico y que es patrono del sector siete de nuestra parroquia. Mientras los viñadores de la parábola recurren a la violencia y al despojo para retener los frutos materiales, Francisco descubrió que la verdadera alegría y la libertad brotan de la sencillez, de despojarse de todo y de reconocer que todo es un don de Dios. Francisco no quiso adueñarse de la viña, sino que se hizo pequeño —el menor— cuidando con ternura la creación entera y recordándonos que solo dando frutos de justicia y amor podemos heredar el Reino.

El rechazo que los labradores muestran hacia los enviados y, finalmente, hacia el propio hijo del dueño, nos confronta con la dureza del corazón humano ante la generosidad divina. El Papa León XIV en el Ángelus de hoy, recordando a san Francisco comentó algo que vale la pena traer a colación: «El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre». San Francisco experimentó en carne propia esta verdad al postrarse ante el Crucificado de San Damián; entendió que la respuesta cristiana a la crueldad del mundo no es la violencia ni la codicia de los viñadores, sino abrazar la cruz con una confianza inquebrantable en la misericordia del Padre, transformando el desprecio en un canto de reconciliación y fraternidad universal.

Para nosotros, los discípulos-misioneros de Cristo que hoy formamos parte de este nuevo pueblo al que se le ha confiado la viña, el desafío actual consiste en revisar qué clase de frutos estamos entregando a su tiempo. San Francisco nos enseña a reconstruir la Iglesia desde la humildad, dejando de actuar como administradores tiranos de nuestras vidas, de los bienes materiales y del medio ambiente destruyendo todo a nuestro paso... ¡Basta ver los desastres por las alcantarillas tapadas en estos días de lluvias descomunales en Monterrey y la cantidad de mugrero que salía de los drenajes! Quiero terminar la reflexión de este domingo recordando el lema franciscano de «Paz y Bien» para invitarlos a que asumamos el compromiso de no desechar la piedra angular que es Cristo, sino de cimentar en Él cada una de nuestras acciones cotidianas. Francisco amó entrañablemente a María, a ella pidámosle que nos ayude a que seamos labradores fieles que cuiden con amor la parcela que se nos ha encomendado, para que, al final del camino, el Dueño de la viña encuentre en nosotros una cosecha abundante de amor, de justicia y paz. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

«Que nuestros nombres estén escritos en el cielo»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El evangelio de este sábado (Lc 10,17-24) es una invitación a unirnos a la alegría de los discípulos que han regresado de la misión, entusiasmados porque hasta los demonios se los sometieron en el nombre de Jesús. Sin embargo, Jesús aprovecha este momento de euforia para enderezar el corazón de su Iglesia y recordarnos que el éxito pastoral no se mide con criterios humanos. En medio de nuestras propias luchas cotidianas, donde el bien y el mal parecen contender por ganar terreno, Jesús nos revela que la victoria ya ha sido ganada con su Resurrección. Dios se manifiesta a la gente que reconociendo su pequeñez, se abre con fe a la grandeza de su amor. Por eso, frente a las frustraciones, el cansancio y el miedo al «qué dirán» que muchas veces frenan nuestra evangelización, la voz del Resucitado resuena hoy con fuerza para sostenernos: nuestra verdadera dicha no está en los frutos visibles que podamos cosechar, sino en que nuestros nombres ya están inscritos en el cielo.

La mayor recompensa para quien se desgasta por el Reino es gozar de la presencia de Dios y vivir en una relación constante con su Hijo. Es que el corazón humano alberga una sed de infinito que nada terrenal puede saciar; como bellamente escribía san Agustín en sus Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». La Vida Eterna no es una promesa lejana, sino una realidad que comienza aquí cada vez que nos dejamos sorprender por los detalles de la Divina Providencia. Cuando permitimos que Jesús actúe, el peso de la misión deja de caer sobre nuestros hombros y experimentamos la profunda paz de saber que es el Espíritu Santo quien realmente lleva adelante a su Iglesia... ¡Dios nunca llega tarde! El amor de la Santísima Trinidad se sigue derramando a manos llenas sobre cada uno de nosotros, demostrando que la luz de la gracia tiene siempre mucha más fuerza y engendra más calidad de vida que la oscuridad del pecado. 

Me encontré en Internet esta anécdota que ahora, antes de terminar la reflexión, traigo a colación: «Cuentan que un anciano sacerdote, después de pasar una vida entera desgastándose en una parroquia muy difícil y con muy pocos frutos visibles, tuvo un sueño en el que llegó a las puertas del cielo. Al presentarse ante San Pedro, vio una fila enorme de grandes teólogos, obispos y misioneros famosos que llevaban carpetas llenas de logros y libros escritos. El pobre hombre se asustó, miró sus manos vacías y pensó con angustia: "Señor, no traigo nada para apuntar en tu libro". Pero cuando llegó su turno, el Señor lo abrazó con una inmensa sonrisa y le dijo al oído: "Hijo, no busques tu nombre en el registro de los éxitos humanos; hace mucho tiempo que yo mismo lo esculpí con letras de oro aquí en mi corazón".» Dios nos conceda que en los momentos de dificultad —que a todos nos llegan—, cuando la siembra parezca estéril, miremos al cielo con la certeza de que pertenecemos a Dios y que nuestros nombres están escritos allá. Seguro la Virgen nos ayudará. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo. 

viernes, 2 de octubre de 2026

«ÁNGEL DE MI GUARDA, MI DULCE COMPAÑÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es la fiesta de los santos ángeles custodios. Estos ángeles que nos acompañan 24/7 y que a muchos de nosotros nos enseñaron a rezarles desde muy pequeños esa hermosa oración: «ángel de mi guarda, mi dulce compañía...». La liturgia de la palabra nos brinda por eso este pasaje maravilloso (Éxodo 23, 20-23a) como primera lectura. Este pequeño fragmento del libro del Éxodo funciona como un colofón teológico a las leyes dadas en el Sinaí, el decálogo y el código de la alianza (Éxodo 20, 1-23, 19). Dios no solo da mandamientos, sino que también garantiza el acompañamiento para cumplirlos y llegar a la meta. Dios no nos deja solos en el desierto de la vida; su presencia se hace dinamismo y guía en los ángeles que nos acompañan.

Al igual que Israel, la Iglesia y cada creyente estamos en un éxodo constante. El desierto es parte del trayecto. Sin embargo, la promesa sigue vigente. Dios nos acompaña, va delante de nosotros y nos guía y conduce en medio de las dificultades y la incertidumbre. Tan sólo hemos de estar atentos cada día a su Palabra para escucharla, acogerla y vivirla, pero para poder vivir la fe con todas sus consecuencias, el evangelio de hoy nos da una clave importante: «hacernos como niños» (Mateo 18, 1-5. 10). Los discípulos, al igual que nosotros hoy, están imbuidos de la lógica del mundo, donde el estatus y las apariencias lo son todo y eso hace que se pierda la inocencia que brilla en los niños. Sin esa inocencia poco se puede entender y poco se puede vivir de lo tocante a la fe.

Por eso Jesús pone a un niño «en medio» y lo hace icono de lo que ha de ser aquel que quiera entrar en el Reino. Un niño es inocente y por esa inocencia es que puede dar el paso a la fe. ¿Cuándo aprendimos nosotros esa oración del ángel de la guarda? Cuando éramos pequeños... ¡inocentes! Hoy ¿cuántos adultos pensamos en el ángel de la guarda y nos encomendamos a él que va por delante como dice el libro del Éxodo? Entrar en el Reino exige un giro de 180 grados porque se trata de recobrar la inocencia manifestada en una pureza de corazón y en una rectitud de intención que deben acompañarnos siempre junto al ángel custodio. A la Virgen la sabemos «Reina de los ángeles» y ella, bien sabemos, nos puede ayudar junto con nuestro ángel de la guarda a recuperar la inocencia perdida para acrecentar nuestra fe. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

SAN CARLO ACUTIS Y LOS ESTUDIANTES

San Carlo Acutis fue un joven italiano que nació el 3 de mayo de 1991 en Londres, Reino Unido, y destacó por su sencillez, espontaneidad y simpatía, así como su gran habilidad para las comunicaciones y la informática.

Algunos dicen que era un joven virtuoso y talentoso, muy divertido pero también un poco vago, era un estudiante aparentemente normal. Alegre y bromista, sencillo y espontáneo, fue una presencia positiva y luminosa en los bancos de su escuela. 

Carlo estudió primaria y secundaria en un colegio privado, en el centro histórico de Milán, donde Carlo Acutis estudió la educación primaria y secundaria de 1997 a 2005. Algunos de sus amigos más cercanos dicen que le gustaba mucho hacer el bien pero que quería que todos supieran el bien que estaba haciendo.

Desde un punto de vista escolar no había nada que pudiera ponerlo de mal humor. Si había examen, los demás se agitaban, pero él decía: «estudié, que pase lo que sea». Carlo no se daba por vencido fácilmente.

Las horas que Carlo no dedicaba a los estudios las dedicaba a la programación de sitios de Internet. Desde pequeño demostró una enorme capacidad de enfoque y autocontrol a una edad muy temprana, cosa que le ayudó a aprender programación avanzada de forma autodidacta utilizando textos universitarios y en particular estudió como crear una exposición virtual sobre los milagros eucarísticos. Su sitio sigue vigente en: https://www.miracolieucaristici.org/es/liste/list.html. Probablemente estaba «¡distraído!» por esta otra gran pasión, aseguraban algunos de sus amigos, porque para Carlo, Dios y sus asuntos, siempre fue el primero en ser atendido. Carlo solía repetir la frase: «La Eucaristía es mi autopista al cielo».

En la escuela, Carlo Acutis evangelizaba así como él era, con su ejemplo y con su vida, con su bondad hacia los demás, pero también con su constante buen humor. Michele del Vecchio, uno de los amigos más cercanos de Carlo en la escuela primaria y secundaria, lo recuerda con estas palabras: «Pasamos muchas tardes viendo películas y jugando juntos. Estábamos muy unidos. Lo que siempre me gustó de él fue que era muy simple y que nunca juzgaba a nadie. Era un gran aficionado a la informática, le gustaba hacer vídeos, muchas veces cómicos. Eran videos muy divertidos». 

A la par de esto era conocido por regular estrictamente sus propios pasatiempos, como los videojuegos —¡limitándose a jugar solo una hora a la semana!— para no descuidar sus deberes, su vida espiritual y su ayuda a los más necesitados.

Aunque sus maestros y compañeros se habían percatado de sus grandes cualidades humanas, fue tiempo después, ya que había sido llamado a la Casa del Padre, que se descubrieron sus obras y su gran fe en Dios. Era muy discreto y solo después de su muerte en 2006 descubrieron que Carlo iba todos los días a la iglesia a comulgar y tomarse un tiempo para la oración personal, o que hacía mucho voluntariado y que ayudaba a los pobres en su barrio después de la escuela. 

Federico Oldani, uno de sus compañeros del colegio afirma que lo recuerda como una persona auténtica. Dice que se enojaba si faltaba a la tarea, que siempre lo regañaba el profesor de francés por ser un poco alborotador y que a veces llegaba tarde a la escuela... ¡a pesar de que vivía a dos metros de distancia! y que recuerda que una vez le echaron de clase por reírse. ¡Definitivamente se comportaba como un adolescente! 

Tengo una amiga en asís, Carla Turi, que tuvo la dicha de conocer a Carlo desde que sus papás lo llevaban de vacaciones a Asís, en donde él quería que su cuerpo inerte reposara. Carla tiene una tienda de artículos religiosos y recuerdos en Asís mismo y allí lo veía en el diario vivir en su comportamiento con la familia y en el juego con los amigos como un niño y un muchacho ordinario. Carla recuerda detalles que al contarlos hacen que sus ojos se llene de lágrimas destacando sobre todo las pequeñas acciones llenas de caridad.

Carlo falleció de leucemia en 2006, cuando tenía solo 15 años. Fue beatificado el 10 de octubre de 2020 en la Basílica de San Francisco de Asís, en presencia de sus padres Andrea Acutis y Antonia Salzano y fue canonizado el 27 de abril en Roma para convertirse en el primer santo Milenial. 

¡Así que grazie mille Carlo, porque con tu ejemplo nos muestras que la santidad está realmente al alcance de todos!

ORACIÓN:

Oh Dios, nuestro Padre,
gracias por habernos dado a Carlo,
modelo de vida para los jóvenes y mensaje
de amor para todos. Tú has hecho que
se enamore de tu hijo Jesús, haciendo de la
Eucaristía su «autopista hacia el cielo».
Tú le has dado a María como Madre muy amada,
y has hecho que con el Rosario se convirtiese
en un cantor de su ternura. Acoge su intercesión
por nosotros. Mira sobre todo a los pobres,
a quienes él amó y ayudó.
[También a mí concédeme, por su intercesión,
la gracia que necesito...]
Y haz que nuestra alegría sea plena,
conduciendo a Carlo entre los santos
de la Iglesia universal, a fin de que su sonrisa
siga resplandeciendo para nosotros
y para gloria de tu nombre.

Amén

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Imprimatur + Domenico Sorrentino
Obispo de Asís