MISIÓN SIN FRONTERAS...................... MISSION WITHOUT BORDERS................
El blog del padre Alfredo / Fr. Alfredo's blog
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miércoles, 7 de octubre de 2026
«VEINTICINCO AÑOS DE MISIÓN, CON MARÍA EN EL CORAZÓN»... Un pequeño pensamiento para hoy
martes, 6 de octubre de 2026
«EN NUESTRAS FIESTAS PATRONALES COMO MARTA Y MARÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy
Para los que estamos imbuidos en las actividades del novenario, las oraciones de nuestros hermanos contemplativos —los que oran ante el Sagrario estos días, los ancianos, personas solas y enfermos— son fundamentales. Esas oraciones discretas, silenciosas que a veces pasan inadvertidas y que se realizan desde la capilla del Santísimo o alguno de los sectores de nuestro territorio parroquial, son la fuerza espiritual de nuestras fiestas. Ambas vocaciones han de ser compatibles para que la comunidad no deje de escuchar la Palabra por estar demasiado ocupados en las cosas de la kermés. «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas». Es como si Jesús le quisiera decir que hay tiempo para todo y que vale la pena saberlo compaginar.
Es verdad que María se ha llevado la mejor parte, pero quienes andan entre los comales de las enchiladas y los asadores de los tacos de carne asada y las hamburguesas también pueden participar de ella. Muchas veces un rato de oración, un rato de lectura de las Escrituras, un rato de meditación al día al amanecer, dará la fuerza suficiente para afrontar las encomiendas con la alegría evangélica de los cristianos ofreciendo al Señor el trabajo a realizar. Eso nos darán esa «sal de la tierra» que tanta falta le hace a nuestro mundo. Que Marta y María nos ayuden en nuestra fiesta que concluye mañana; esas dos caras de la misma moneda que se necesitan y se complementan. De la mano de María la Madre de Dios, tomemos ejemplo de ellas para nuestra vida y con ellas vayamos tras los pasos de Jesús teniendo siempre nuestra casa abierta para Él.
Padre Alfredo.
lunes, 5 de octubre de 2026
«Mi prójimo»... Un pequeño pensamiento para hoy
Al preguntar «¿quién es mi prójimo?», el doctor de la Ley busca establecer límites buscando a quién está obligado a ayudar y a quién puede ignorar legítimamente. Jesús rompe su esquema demostrando que la fe no es un examen intelectual, sino un estilo de vida basado en la compasión activa. El relato nos cuenta que por el camino donde está el hombre herido y medio muerto, pasan un sacerdote y un levita, hombres consagrados al culto y que ambos ven al herido, pero dan un rodeo y pasan de largo. Nuestra primera actitud quisa quisiera ser el juzgarlos a la ligera; pero probablemente tenían prisa, miedo a los ladrones o temían contraer impureza ritual según sus normas religiosas. Sin embargo, su actitud nos confronta: muchas veces justificamos nuestra indiferencia usando nuestras propias «obligaciones urgentes». El activismo, las prisas diarias o el miedo a complicarnos la vida nos vuelven ciegos ante el sufrimiento ajeno. La espiritualidad de estos dos parece desconectada de la misericordia práctica.
El héroe de la historia resulta ser finalmente un samaritano, un extranjero despreciado por los oyentes de Jesús. San Lucas destaca que este hombre, al ver al herido, «se compadeció». Hay que tomar en cuenta que la compasión evangélica no es un simple sentimiento de lástima; es un dolor en las entrañas que mueve a la acción. El samaritano hace lo que los otros evitaron: en primer lugar se acerca, rompe la distancia física y social; en segundo lugar lo cura usando sus propios recursos y un poco al revés —aceite antes del vino—. Enseguida carga con él y lo monta en su propia cabalgadura, asumiendo el esfuerzo para luego comprometerse a largo plazo, pagando al posadero y prometiendo cubrir cualquier gasto extra a su regreso. El prójimo, hermanos, no es quien comparte nuestra nacionalidad, religión o ideología, sino cualquier persona que Dios pone en nuestro camino y que necesita de nosotros. Que la Virgen nos ayude a estar disponibles como ella en Caná y vayamos y hagamos nosotros lo mismo. ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
domingo, 4 de octubre de 2026
«Como san Francisco»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY
El rechazo que los labradores muestran hacia los enviados y, finalmente, hacia el propio hijo del dueño, nos confronta con la dureza del corazón humano ante la generosidad divina. El Papa León XIV en el Ángelus de hoy, recordando a san Francisco comentó algo que vale la pena traer a colación: «El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre». San Francisco experimentó en carne propia esta verdad al postrarse ante el Crucificado de San Damián; entendió que la respuesta cristiana a la crueldad del mundo no es la violencia ni la codicia de los viñadores, sino abrazar la cruz con una confianza inquebrantable en la misericordia del Padre, transformando el desprecio en un canto de reconciliación y fraternidad universal.
Para nosotros, los discípulos-misioneros de Cristo que hoy formamos parte de este nuevo pueblo al que se le ha confiado la viña, el desafío actual consiste en revisar qué clase de frutos estamos entregando a su tiempo. San Francisco nos enseña a reconstruir la Iglesia desde la humildad, dejando de actuar como administradores tiranos de nuestras vidas, de los bienes materiales y del medio ambiente destruyendo todo a nuestro paso... ¡Basta ver los desastres por las alcantarillas tapadas en estos días de lluvias descomunales en Monterrey y la cantidad de mugrero que salía de los drenajes! Quiero terminar la reflexión de este domingo recordando el lema franciscano de «Paz y Bien» para invitarlos a que asumamos el compromiso de no desechar la piedra angular que es Cristo, sino de cimentar en Él cada una de nuestras acciones cotidianas. Francisco amó entrañablemente a María, a ella pidámosle que nos ayude a que seamos labradores fieles que cuiden con amor la parcela que se nos ha encomendado, para que, al final del camino, el Dueño de la viña encuentre en nosotros una cosecha abundante de amor, de justicia y paz. ¡Bendecido domingo!
«Que nuestros nombres estén escritos en el cielo»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY
La mayor recompensa para quien se desgasta por el Reino es gozar de la presencia de Dios y vivir en una relación constante con su Hijo. Es que el corazón humano alberga una sed de infinito que nada terrenal puede saciar; como bellamente escribía san Agustín en sus Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». La Vida Eterna no es una promesa lejana, sino una realidad que comienza aquí cada vez que nos dejamos sorprender por los detalles de la Divina Providencia. Cuando permitimos que Jesús actúe, el peso de la misión deja de caer sobre nuestros hombros y experimentamos la profunda paz de saber que es el Espíritu Santo quien realmente lleva adelante a su Iglesia... ¡Dios nunca llega tarde! El amor de la Santísima Trinidad se sigue derramando a manos llenas sobre cada uno de nosotros, demostrando que la luz de la gracia tiene siempre mucha más fuerza y engendra más calidad de vida que la oscuridad del pecado.
Me encontré en Internet esta anécdota que ahora, antes de terminar la reflexión, traigo a colación: «Cuentan que un anciano sacerdote, después de pasar una vida entera desgastándose en una parroquia muy difícil y con muy pocos frutos visibles, tuvo un sueño en el que llegó a las puertas del cielo. Al presentarse ante San Pedro, vio una fila enorme de grandes teólogos, obispos y misioneros famosos que llevaban carpetas llenas de logros y libros escritos. El pobre hombre se asustó, miró sus manos vacías y pensó con angustia: "Señor, no traigo nada para apuntar en tu libro". Pero cuando llegó su turno, el Señor lo abrazó con una inmensa sonrisa y le dijo al oído: "Hijo, no busques tu nombre en el registro de los éxitos humanos; hace mucho tiempo que yo mismo lo esculpí con letras de oro aquí en mi corazón".» Dios nos conceda que en los momentos de dificultad —que a todos nos llegan—, cuando la siembra parezca estéril, miremos al cielo con la certeza de que pertenecemos a Dios y que nuestros nombres están escritos allá. Seguro la Virgen nos ayudará. ¡Bendecido sábado!
Padre Alfredo.
viernes, 2 de octubre de 2026
«ÁNGEL DE MI GUARDA, MI DULCE COMPAÑÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy
Al igual que Israel, la Iglesia y cada creyente estamos en un éxodo constante. El desierto es parte del trayecto. Sin embargo, la promesa sigue vigente. Dios nos acompaña, va delante de nosotros y nos guía y conduce en medio de las dificultades y la incertidumbre. Tan sólo hemos de estar atentos cada día a su Palabra para escucharla, acogerla y vivirla, pero para poder vivir la fe con todas sus consecuencias, el evangelio de hoy nos da una clave importante: «hacernos como niños» (Mateo 18, 1-5. 10). Los discípulos, al igual que nosotros hoy, están imbuidos de la lógica del mundo, donde el estatus y las apariencias lo son todo y eso hace que se pierda la inocencia que brilla en los niños. Sin esa inocencia poco se puede entender y poco se puede vivir de lo tocante a la fe.
Por eso Jesús pone a un niño «en medio» y lo hace icono de lo que ha de ser aquel que quiera entrar en el Reino. Un niño es inocente y por esa inocencia es que puede dar el paso a la fe. ¿Cuándo aprendimos nosotros esa oración del ángel de la guarda? Cuando éramos pequeños... ¡inocentes! Hoy ¿cuántos adultos pensamos en el ángel de la guarda y nos encomendamos a él que va por delante como dice el libro del Éxodo? Entrar en el Reino exige un giro de 180 grados porque se trata de recobrar la inocencia manifestada en una pureza de corazón y en una rectitud de intención que deben acompañarnos siempre junto al ángel custodio. A la Virgen la sabemos «Reina de los ángeles» y ella, bien sabemos, nos puede ayudar junto con nuestro ángel de la guarda a recuperar la inocencia perdida para acrecentar nuestra fe. ¡Bendecido viernes!
Padre Alfredo.
SAN CARLO ACUTIS Y LOS ESTUDIANTES
«Leonor Velia de la Rosa. La hermana que hizo de la educación sobrenaturalizada el camino a la santidad»... VIDAS CONSAGRADAS QUE DEJAN LA HUELLA DE CRISTO XCV
Conocí a la hermana Leonor en 1984 cuando ella se encontraba en la comunidad de Los Angeles en California. En aquellos años las hermanas estaban a cargo de una escuela parroquial en esa querida arquidiócesis en la que pasé cuatro años de mi vida misionera ya como sacerdote muchos años después.
Fue una sorpresa encontrarme, a salida de Roma a Yakarta con que nuestra querida «Leo» nos dejó para volar al encuentro del Creador. En el aeropuerto de Doha, en los Emiratos Árabes Unidos, mientras esperaba la conexión de mi vuelo, pude repasar las cuentas de rosario agradeciendo que apenas unos días antes, había podido estar con ella en Guadalajara, a donde había sido trasladada hace pocos meses debido a su condición de salud, de manera que en «La Casa del Tesoro» tuviera todos los cuidados necesarios. Con ella me echaba mis buenas pláticas... ¡Ni a ella ni a mí nos gustaba platicar!
Leonor Velia de la Rosa nació el 16 de marzo de 1943 en la ciudad de El Paso, Texas, en los Estados Unidos, en el seno de una familia profundamente cristiana y fue hija única. El mismo día que nació recibió el sacramento del bautismo y fue confirmada el día 26 de noviembre del siguiente año.
Leo —como le dijimos siempre de cariño— pasó su infancia entre las ciudades fronterizas de El Paso y Ciudad Juárez, que está en el estado de Chihuahua. Su educación primaria, la estudió en Ciudad Juárez y el resto de su formación académica en El Paso. Allí se graduó de Secretaria Bilingüe y técnica en la enseñanza de inglés.
Ingresó a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 25 de julio de 1970 y al año siguiente, el 8 de septiembre de 1971 inició su noviciado. Después de terminar su primer año de noviciado, fue destinada a Ciudad de México como maestra de inglés en el instituto Scifi, labor que desempeñó durante varios años. El 31 de octubre de 1973 emitió su primera profesión religiosa para vivir en pobreza, castidad y obediencia. Esa ceremonia tuvo lugar en la Casa Madre en Cuernavaca, Morelos.
En 1978 recibió su cambio a Santa Ana California, en la región de la Familia Inesiana en los Estados Unidos. Ahí como joven profesa realizó estudios de psicología con especialidad en niños y adolescentes, estudios que puso al servicio de la región como directora de preescolar en la guardería de Santa Ana y como maestra de novicias. Leo guardaba de allí un recuerdo muy especial de la Beata María Inés que dejó por escrito: «En el año de 1979 durante la penúltima visita que Nuestra Madre hizo a California sucedió algo que me dejó muy edificada. Ella viajaba sola, llegó a la casa a media mañana yo pensé que se iba a ir a descansar, pero cual fue mi sorpresa cuando una hermana me avisó que Nuestra Madre quería hablar conmigo, en ese tiempo era yo maestra de novicias. Ella me dijo: "Cuéntame hija, cómo están las pequeñas, ¿qué dicen, cómo van?”. Me di cuenta en ese momento que para ella importaban mucho más las demás personas y más aun sus hijas las más pequeñas. Allí en la comunidad de Santa Ana permaneció hasta 1980. Al año siguiente, recibió el cargo de superiora local y consejera regional al mismo tiempo que seguía ejerciendo su servicio como directora.
El Señor le regaló la dicha de realizar su consagración perpetua a Dios el 15 de agosto de 1980, en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe en Ciudad de México en una misa que presidió el excelentísimo señor Jerónimo Prigione. Allí recibió sus votos en nombre de la Iglesia su fundadora, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. En el año de 1982 fue nombrada superiora local en la casa de Los Ángeles, allá mismo en California, donde las hermanas tenían a su cargo una escuela parroquial que a la fecha ya fue cerrada. Fue en esa comunidad donde tuve la bendición de conocerla en 1984, a mi paso por California donde estuve poco más de un mes en mi traslado a Roma para mi noviciado. ¡Éramos jóvenes los dos!
Al cerrarse esa escuela Leo regresó a la región de México, en concreto a la Casa Madre, para estar un tiempo al cuidado de su mamá que allí residía y podía visitarla y atenderla con frecuencia. En 1990 fue nombrada secretaria regional, cargo que desempeño de forma extraordinaria hasta el año 2002, y durante este periodo, en 1998 fungió como tercera consejera regional y ese año, el 4 de julio, celebró sus bodas de plata en la capilla de esta casa en la que la Beata María Inés dio inicio a esta maravillosa obra misionera de la que muchos formamos parte.
Este mismo cargo de secretaria regional lo ejerció también durante el período de gobierno 2005-2006, hasta el año 2007 cuando tuvo cambio a la casa noviciado de Grevilias —allí mismo en Cuernavaca— para formar parte del equipo formador. y el 7 de octubre de 2023 pudo dar gracias por 50 años de vida religiosa en esa misma comunidad. Recuerdo que casi un mes antes Leo me llamó invitándome a presidir su misa de acción de gracias, pero como yo soy párroco de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás, fue del todo imposible que la acompañara.
Ya entrada en años, como puede suponerse, siguió con alegría prestando pequeños pero importantes servicios a la comunidad, dando conferencias a las postulantes y a las novicias y compartiendo tantas y tantas experiencias que su corazón misionero guardaba en torno a sus encuentros con la Beata María Inés y su experiencia en los Estados Unidos con personas —sobre todo padres de familia— de diversas nacionalidad en esa sociedad pluricultural en la que Dios le permitió servir. Allí permaneció hasta el año de 2025 que fue trasladada a la comunidad de Guadalajara, en Jalisco a nuestra querida «Casa del Tesoro», que fue su último destino.
En todas las encomiendas que recibió, la hermana Leonor se destacó por su disponibilidad, una obediencia siempre alegre y confiada en la voluntad de Dios y gran espíritu de fe. Se distinguió en especial desde novicia por ser muy responsable, sincera y recta. Una cualidad que en ella llegó a convertirse en virtud fue su gran educación y finura religiosa en el trato. Todos los que la conocimos podemos afirmar que fue una mujer de una educación finísima, siempre atenta y con una gran actitud de escucha. Las hermanas dicen que siempre ofrecía a todas una amable y bondadosa sonrisa que acogía a todos sin distinción. Fue una hermana piadosa, fiel a sus actos de piedad, amante de la santísima Virgen y fervorosa de la eucaristía. No perdía oportunidad por pedir por la salvación de las almas. Los dones que Dios le había dado, los puso incansable e incondicionalmente al servicio de la comunidad, reconociendo a la vez con mucha simplicidad las limitaciones que tenía, especialmente su frágil salud, sobre todo en sus últimos años de vida.
En cuanto a la vida fraterna era verdaderamente «una hermana incondicional», servicial y atenta actuando en todo momento con una caridad exquisita. Calladamente se esforzaba por ser el ángel de paz y unidad en la comunidad, por lo que siempre fue bien aceptada entre quienes convivían con ella, pues además era jovial y alegre. La hermana manifestó durante toda su vida un profundo amor a nuestra madre fundadora, a la congregación, a todos los miembros de la Familia Inesiana y a la santa madre Iglesia, especialmente a los sacerdotes, por quienes oraba constantemente. ¡Eso me consta y lo viví en mi propio caminar vocacional!
El tiempo que vivió en la casa noviciado fue muy especial. Allí, rodeada de hermanas jovencitas, se distinguió por transmitirles, en su calidad de postulantes y novicias, el sentido de la educación sobrenaturalizada por la que tanto aprecio tenía Madre Inés que decía: «La santidad sobrenaturalizada es la santidad» , tan importante sobre todo en las primeras etapas de formación, además de cuestiones básicas de finura en el trato, cuestiones prácticas de limpieza, etc. Durante su estancia en Guadalajara continuó viviendo su entrega al Señor en medio del dolor y sacrificio propios de la enfermedad de la última etapa, sin embargo, esta situación de enfermedad no le impidió seguir ayudando en labores pequeñas como en el comedor de comunidad.
El 6 de agosto de este 2026, la hermana Leo fue hospitalizada luego de un par de días en los que mostró mucha debilidad. Tratando de estabilizarla por vía intravenosa en el hospital le aplicaron un medicamento que le provocó una reacción alérgica, por lo que estuvo un par de días en terapia intermedia. Durante su estancia en el hospital, su superiora general, la madre Martha Gabriela Hernández tuvo la oportunidad de hablar con ella mediante una llamada para invitarla a seguir donando su vida al Señor en esta última etapa. Leo le dijo que así lo estaba haciendo y que ofrecía todos sus dolores y su enfermedad por la congregación, especialmente por el mayor fruto espiritual de la reunión del CONECI 2026 —consejo especial consultivo e informativo—. El martes 11el equipo médico manifestó que ya habían hecho todo lo posible y que la vida de la hermana estaba ya solamente en las manos de Dios. La hermana pidió regresar a su amada comunidad para ahí prepararse para el encuentro definitivo con el Señor. El viernes 14 entró en agonía y en la madrugada del domingo el Señor la encontró preparada. Unos minutos antes de las 2:00 de la mañana el Señor la abrazó para siempre en su amor misericordioso. El parte médico manifestó que la hermana Leonor falleció por varias complicaciones a consecuencia de un evento vascular cerebral no traumático.
Así fue como entregó su alma al Señor nuestra querida hermana y amiga, elevando su oración y sus dolores como incienso a Dios, que un día la llamo como su esposa. Podemos decir con toda seguridad que en ella se cumplen estas palabras que la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento escribió en la su libro La Lira del Corazón: «Nada me resta por hacer, he hecho todo lo que tú has querido; he tenido, es cierto, muchas deficiencias, pero estas Señor, tu bien sabes que son inherentes a mi naturaleza decaída». (Lira del Corazón, Cap. XII, F. 438)
jueves, 1 de octubre de 2026
«EL MES DE LAS MISIONES, EL MES DEL ROSARIO»... Un pequeño pensamiento para hoy
El seguimiento de Cristo (Lucas 10, 1-12) implica salir de ese mundo conocido del que nos hemos adueñado y nos quedamos instalados porque ya dominamos. Esa es la primera misión: dejar el pasado sin mirar atrás dejando a Dios ser Dios. Dejar que nos sorprenda cada día. Y a esto estamos invitados todos: casados, religiosos, clérigos, solteros, enfermos, monjas de clausura, niños y adolescentes, jóvenes, pecadores todos. Esta es nuestra misión: convertirnos para descubrir en cada acontecimiento, cada persona y en nosotros mismos cómo está Dios presente y predicar esta buena noticia: que no estamos solos. No hay condición que nos excluya, ni requisitos previos que nos puedan excusar.
Recuerdo que santa Teresita cuenta que un día, mientras estaba en el lavadero del Carmelo, la llamaron para comunicarle que un joven seminarista, destinado a las misiones, pedía una religiosa que lo sostuviera con sus oraciones y sacrificios. Cuando supo que había sido elegida para acompañarlo espiritualmente, su alegría fue inmensa: desde la clausura podía participar realmente en el anuncio del evangelio. Así vivió, a su manera, el envío de los setenta y dos que escuchamos en san Lucas: no recorrió caminos lejanos, pero caminó junto a los misioneros con la oración, la entrega y el amor puesto en cada tarea pequeña. Su ejemplo nos recuerda que toda misión comienza dejándose enviar por el Señor y que también desde lo escondido podemos preparar el camino para que su paz llegue a muchos. Que ella y la santísima Virgen a quien en este mes acompañamos de manera especial en el rezo del rosario nos ayuden. ¡Bendecido jueves!
Padre Alfredo.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
«Para seguir a Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy
Cuando aquellos hombres piden tiempo para enterrar a sus padres o despedirse de sus familias, Jesús no les está pidiendo que desprecien su historia ni sus raíces. Les está mostrando que la llamada no admite excusas interminables ni aplazamientos. Para seguirlo hay que llevar sólo lo indispensable y poner el corazón entero en la construcción del reino de Dios, venciendo la incertidumbre y el miedo al cambio. Ante la grandeza y la soberanía de Dios que proclama la primera lectura, tomada del libro de Job (Job 9, 1-12), nuestra respuesta no puede quedarse en un buen deseo: ha de convertirse en misión y en esfuerzo por hacer comunidad. Arriesgarlo todo por el evangelio tiene un propósito: preparar la mesa de la fraternidad para que nadie quede excluido. Y, en ese camino, el único equipaje verdaderamente necesario es la misericordia y el amor de Dios.
En este día recordamos también la inmensa tarea de san Jerónimo, que dedicó su vida a traducir la Biblia para ponerla al alcance de todos. Su conocida afirmación —«ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo»— ilumina el evangelio de hoy: seguir al Señor supone escuchar su Palabra y dejar que ella ordene nuestros afectos, aligere nuestro equipaje y nos ponga en camino. Pidamos a san Jerónimo y, por supuesto, a María Santísima, la mujer que supo escuchar y guardar la Palabra, que nos ayuden a comprender que la Biblia no es un refugio para alejarnos de la vida, sino una lámpara para reconocer a Cristo y servirlo en nuestros hermanos. ¡Bendecido miércoles!
Padre Alfredo.

