El pasaje de hoy (Jer 15,10.16-21) nos hace ver que este profeta no encontró consuelo de parte de nadie y que hay veces, sobre todo en los momentos más oscuros de tu vida, en que el único consuelo que nos queda como algo de valor, es una palabra que venga de Dios. Jeremías recordó que la Ley del Señor había sido hallada en el templo y estaba a su disposición. Por eso dice que la devoró, la digirió y llegó a formar parte de él. ¡Cuando necesitamos hoy introducirnos en la Palabra de Dios! Lo que necesitamos no es simplemente un pequeño aprendizaje superficial de algunas reglas, o meramente una breve línea directriz, a algunos pasos a seguir. Necesitamos digerirla para que entre a formar parte de nuestro ser. Traerá alegría al corazón tal como hizo con Jeremías. Solo la Palabra de Dios puede lograr este efecto.
Jeremías se acerca a Dios con mucha confianza porque ha demostrado fidelidad a su Dios quien, desde que lo llamó lo ha acompañado, pero ahora él siente que lo ha desamparado y lo acusa de haberlo engañado. Mientras que Jeremías se acercaba al servicio de Dios con alegría (versículo 16), solo recibió indignación, ira y amargura a cambio (versículo 17). Por esta razón, el profeta puede acusar a Dios de engañarlo. Como un arroyo que se seca, él siente que la promesa de la bendición de Dios ha quedado vacía. El profeta suponía que Dios lo apoyaría si obedecía el llamado al ministerio, pero en cambio solo experimentó abandono. Dios le recuerda a Jeremías que el sufrimiento que ha experimentado es tal como se anunció. Por lo tanto, Jeremías no debe derrumbarse ante la adversidad, sino redoblar su compromiso con su vocación profética. La persecución no ha frustrado la promesa de Dios de liberar y vindicar, y Dios le recuerda que su perseverancia es el medio por el cual el pueblo se arrepentirá de su pecado. En medio de la injusticia, Jeremías no debe permitir que el mal venza al bien como nosotros tampoco debemos hacerlo, a pesar de que haya momentos en que nos sentimos como él. Que la Virgen, que en muchos momentos de su vida no vio con claridad lo que Dios tenía planeado, pero que siempre confió escuchando la Palabra, nos ayude a perseverar. ¡Bendecido miércoles!
Padre Alfredo.