jueves, 16 de julio de 2026

«EL YUGO SUAVE Y LA CARGA LIGERA»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de la misa de este jueves es sumamente corto. San Mateo sitúa este pasaje (Mateo 11,28-30) justo después de haber reprendido a algunos pueblos —Corazín, Betsaida, Cafarnaúm— que habían presenciado milagros peo que no se habían arrepentido. La reprensión del Maestro es fuerte. El ambiente es pesado. No se trata de un sermón pacífico junto al lago como muchos otros, sino de un momento de confrontación, de rechazo casi unánime. Este contexto de resistencia y aparente fracaso de Jesús habla de que no siempre Jesús hablaba desde un pedestal de éxito. Estas pocas palabras provienen de un hombre que acaba de sufrir el rechazo, que ha visto a la gente indiferente a lo que ofrecía y que, a pesar de todo, se vuelve hacia los que se quedan y les dice: «Vengan».

La expresión «los que están fatigados y agobiados por la carga» designa dos tipos de fatiga. Están los que trabajan, es decir, los que se agotan en un esfuerzo constante e infructuoso. Y están, por otra parte, los que soportan una carga, es decir, los que han recibido un peso que no pidieron. Unos se agotan intentando, otros se ven aplastados bajo el peso de lo que se les ha impuesto. Y en tiempos de Jesús, al diario trabajar había que añadir un «yugo» muy especial —La Ley— que se había vuelto más pesado debido a las interpretaciones acumuladas causadas por una casuística que transformaba cada acción cotidiana en una ocasión para el pecado potencial y que no dejaba ser libre.

Jesús no condena ni el trabajo ni la Ley ni. No dice: «Deséchenlo todo». Dice: «Tomen mi yugo sobre ustedes». Su yugo es la relación con Él que da fuerza para llevar la carga. En este pasaje Jesús no dice: «Deja tu carga y descansa», sino: «Deja tu carga y toma la mía». No se trata de quitar el yugo, sino de intercambiar un yugo por otro.  La diferencia entre su yugo y los del mundo reside en él mismo: «pues soy manso y humilde de corazón». El amo determina la naturaleza del yugo. Un yugo impuesto por un tirano es diferente de un yugo impuesto por alguien que te conoce, te ama y comparte tu carga. Y lo curioso es que Jesús conoce muy bien nuestras cargas, esas pesadas que no provienen tanto de la realidad objetiva sino de lo que creemos que deberíamos ser, de lo que imaginamos que los demás esperan de nosotros, de lo que nos imponemos para aparentar estar a la altura. El yugo de Jesús aligera porque pide algo más: no desempeño, sino humildad. Pidamos a la Virgen, a quien hoy celebramos como Nuestra Señora del Carmen que nos ayude. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 15 de julio de 2026

San Buenaventura y los sabios y entendidos... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy amanezco en el aeropuerto de Monterrey acompañado por la hermana Silvia Burnes. Vamos a mi querida «Selva de Cemento» a una reunión con uno de los postuladores más destacados de México, el Dr. George Herbert Foulkes. Mientras esperamos el vuelo, repasando las lecturas de la misa de este miércoles, me topo con lo que parece una paradoja: hoy celebramos a San Buenaventura, Doctor de la Iglesia y uno de los grandes sabios de la historia, pero el Evangelio nos muestra a Jesús dando gracias al Padre por esconder sus misterios a los sabios y entendidos, revelándolos a la gente sencilla (Mateo 11, 25-27). Esta aparente contradicción se resuelve al entender que Jesús no critica la inteligencia, sino la soberbia espiritual de quienes confían solo en su intelecto y desprecian a Dios. La grandeza de San Buenaventura fue, precisamente, poseer una sabiduría de amor unida a un corazón de niño, destacando siempre por su sencillez, humildad y por saberse guiado por la fe.

Él logró unir la más alta teología con una profunda mística que brotaba de su capacidad contemplativa. Desde niño, cuando se llamaba Giovanni di Fidanza, quedó prendado de la humildad de San Francisco de Asís, quien intercedió por él y lo sanó milagrosamente de una grave enfermedad. Con el tiempo, ingresó a la orden franciscana y llegó a ser su Ministro General durante 17 años, logrando unificarla en tiempos de división, por lo que es considerado su «segundo fundador». Destacó como sacerdote defendiendo la fe católica con una profundidad impresionante y una claridad excepcional, lo que llevó al Papa Sixto V a declararlo Doctor de la Iglesia en 1588. Su obra maestra, «El Itinerario de la mente hacia Dios», refleja su convicción de que estudiar teología y filosofía no sirve de nada sin la oración. A pesar de ser una de las mentes más brillantes de la Edad Media, sus contemporáneos solían encontrarlo lavando platos o trapeando pisos, equilibrando el estudio riguroso con el carisma de pobreza de San Francisco.

Los misterios del Evangelio se siguen ocultando a los soberbios que creen bastarse a sí mismos, pero se revelan a los humildes que reconocen que toda sabiduría viene de lo alto. Ese es nuestro reto actual: estudiar y profundizar en nuestra fe, pues la falta de formación debilita la vivencia religiosa y nos vuelve vulnerables ante ideologías o sectas. La incapacidad de defender la doctrina, el abandono de los sacramentos y una fe inconsistente nos desafían a ser nuevos «Buenaventuras» que unan el conocimiento con el encuentro con Nuestro Señor en momentos privilegiados de oración. Que la Virgen María, con quien San Buenaventura tuvo una profunda devoción rezando el rosario con sencillez, interceda por nosotros y nos ayude. ¡Bendecido miércoles! 

Padre Alfredo.

lunes, 13 de julio de 2026

«En el día internacional del TDAH»... Un pequeño pensamiento para hoy


El mundo celebra hoy el día internacional del TDAH —Trastorno de déficit de atención e hiperactividad—. Oficialmente el TDAH es un trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades con la concentración, la atención y el control de los impulsos que afectan la vida diaria de la persona. Por lo tanto se trata de un neurotipo diferente. En esencia, la persona que tiene este cerebro divergente se rige por un sistema operativo distinto al del Cerebro Estándar con algunas características que superan a otras. La ciencia estima que hay entre un 2.5 y un 4.4% de personas con esta divergencia. Las personas con TDAH son sumamente distraídas; a veces «viven en la luna» y tienen dificultades para seguir órdenes porque parece que no escuchan cuando se les habla. Son muy inteligentes, generalmente con coeficientes muy altos, pero son desorganizados a morir y nunca saben dónde han dejado sus cosas, pierden todo y son descuidados. Tumban, empujan, quiebran, chocan con los muebles y con frecuencia saltan de una tarea a otra sin terminarla, ya que evitan situaciones que implican un nivel constante de esfuerzo mental.

Una persona con déficit e hiperactividad es impulsiva porque actúa de forma inmediata, sin reflexionar, sin pensar en las consecuencias o en el riesgo o el peligro, ni para sí mismos, ni para los demás. Inquietos con las manos o los pies, poco están sentados en las situaciones que lo requieren hacen todo con mucha pasión. Siempre activos hasta en los lugares en que es inapropiado y hablan y hablan de forma excesiva respondiendo antes de ser formulada completamente una pregunta. Tienen dificultad para esperar su turno y frecuentemente interrumpen conversaciones o temas de estudio y debate. En los deportes destacan por una excesiva actividad motora porque siempre están en continuo movimiento, corren, entrenan mucho, saltan... Con todo esto podemos pensar con certeza que la oración en una persona con TDAH y en general su vivencia de fe y práctica de la religión, puede ser un poco diferente a la de un católico neurotípico. En la Iglesia hay más de un santo neurodivergente aunque ningún santo ha sido reconocido oficialmente como tal. Quienes me conocen de cerca saben que cada día algo tiene que ver conmigo Santa Teresitas del Niño Jesús —o yo con ella—. Descubrí desde hace muchos años, que a veces le costaba concentrarse en la oración y recurría a pequeñas oraciones para superar este obstáculo. También era conocida por su sensibilidad y por haber luchado contra la escrupulosidad en su infancia. Otros santos que, al leer su biografía, me llaman la atención por algo relacionado con esto son San José de Cupertino, San Juan María Vianney —el santo cura de Ars— y Santo Tomás de Aquino.

Aunque los días especiales que el mundo mundial hace sobre enfermedades, trastornos y demás, creados para combatir el estigma social y educar sobre la prevención y acompañamiento de todo esto, no coinciden con las celebraciones de la Iglesia. Me parece una «diocidencia» —coincidencia— que este día internacional del TDAH pueda ser iluminado por el Evangelio de hoy que nos dice que hay que cargar con la cruz que nos toca (Mateo 10,34 al 11,1). Exigirnos una vida auténticamente evangélica, supone afrontar y enfrentar la presencia de cualquier «defecto de fábrica en nosotros». Jesús no ha venido a traer paz sino guerra. ¡Qué extraño suena esto en labios de Jesús, el Príncipe de la paz! Pero son palabras suyas que iluminan para no instalarnos y querer que el mundo cambie para que estemos a gusto quienes tenemos alguna divergencia. El seguimiento de Jesús no puede encontrar impedimento, aunque provoque sufrimiento y trabajo al doble. No es extraño que un cerebro divergente traiga consigo malentendidos, incomprensiones, rechazos. El discípulo no puede llevar una vida distinta a la de su maestro y convertida en un «muro de las lamentaciones» escudándose una y otra vez. En la escala de valores del cristiano no pueden darse razones ajenas al Evangelio. A veces el dolor pasa por nuestra vida. No es definidor de una vida, pero en él puede haber algo de verdad. Etty Hillesum Hillesum, aquella joven intelectual, pensadora y escritora judía neerlandesa, mundialmente conocida por el profundo testimonio que dejó en sus diarios y cartas sobre los horrores de la ocupación nazi en Ámsterdam y que murió asesinada a los 29 años en el campo de concentración de Auschwitz dijo algo que merece la pena señalar en este día para animar a quienes sufren por este trastorno que parece «chistoso» pero que, ciertamente causa dolor: «El dolor no es el lugar de nuestros deseos sino el de nuestra verdad». Con un cerebro neurotípico o con uno divergente la vida es real, es esta que nadie puede arrebatarnos, ni el pecado, ni la depresión, ni la soledad, ni la incomprensión, porque tiene «sabor a cruz» y eso nos acerca al Señor. Que María nos ayude a pasar las cuentas del rosario, aún con distracciones y a mirar a su Hijo en el Sagrario, aunque el vuelo e una mosca nos desconcentre para ser como él dando la vida con amor. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

miércoles, 8 de julio de 2026

«Discípulos y apóstoles»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El domingo pasado, en el rezo del ángelus, el Papa León nos recordó que «en la esclavitud, Cristo es liberación; bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza y en la hora del pecado, Cristo es perdón». Esta —dijo el Papa— es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre. Hoy el evangelio (Mateo 10,1-17) nos narra aquel momento en el que Jesús, de entre sus discípulos, eligió a 12 para ser sus apóstoles. Este es, por así decir, un momento clave de la Iglesia que con él, va a recorrer un camino, un camino de discipulado, pero también un camino de misión. 

Me parece un buen día para reflexionar en que ser discípulo y ser apóstol no son dos cosas excluyentes, sino dos etapas del mismo camino espiritual. Un discípulo es un aprendiz que sigue las enseñanzas de Jesús, mientras que un apóstol es un enviado con la misión de compartir y predicar esas enseñanzas. Con razón el Papa Francisco hablaba mucho de nuestro compromiso de ser discípulos–misioneros, es decir discípulos y apóstoles.

Cierto que primero es necesario ser discípulo —aprender, formarse y cultivar una relación con Cristo— para luego poder ser apóstol —un misionero que lleva ese mensaje al mundo—. Todo bautizado está llamado a vivir ambas facetas: nutrirse de la fe y dar testimonio activo en su entorno. El Señor eligió a doce apóstoles de entre sus muchos discípulos para capacitarlos, darles autoridad y encomendarles la misión de continuar su obra y expandir su mensaje tras su partida. A nosotros también nos ha elegido. ¿Eres consciente de la tarea que tienes como discípulo–misionero de Cristo? Con María de la mano es posible llevarlo a cabo. ¡Bendecido miércoles, día de regresar al calorón de Monterrey!

Padre Alfredo. Ver menos

martes, 7 de julio de 2026

«La cosecha es mucha y los obreros pocos»... Un pequeño pensamiento para hoy

Estoy seguro de que todos hemos escuchado las palabras finales del evangelio de hoy (Mt 9,32-38): «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos». Este año, en la arquidiócesis de Monterrey en donde habitualmente vivo —aunque desde ayer y hasta mañana estoy en Guadalajara— estamos celebrando un año especial rogando por las vocaciones a la vida sacerdotal y pidiendo por los sacerdotes y sus familias. Ha pasado ya la mitad del año y no sé si estaremos poniendo algo de nuestra parte para solucionar el problema de la escasez tan marcada de sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos. ¿Conoce alguien de mis 19 lectores alguna familia donde se anime a los hijos a ser sacerdotes?

Tenemos un clero claramente envejecido en lo físico y en lo mental... ¡y sin relevos! Un amigo sacerdote me decía: «Todos mis amigos de la infancia ya están jubilados y yo, a mis casi 65 años, apenas recibiendo una nueva encomienda para levantar una parroquia que va a comenzando... ¡que Dios me ayude! Yo me emociono por que la parroquia que me tienen encomendada, cuenta con más de 200 jóvenes en los grupos de la pastoral de adolescentes y de jóvenes, entre ellos muchos varones pero... ¿cuántos de esos se cuestionan si tienen vocación sacerdotal? Muchos de ellos son parejas que parecen enamorados y allí mismo encuentran novia. Alcanzo a ver que además, con la mala fama que tenemos los padrecitos, el sacerdocio está lejos de ellos. Los invito a vivir el proceso vocacional y me cambian la plática, aunque muchos son muy buenos, participan en la liturgia, se confiesan seguido, no faltan a misa y algunos hasta entre semana van. 

Jesús pide al Padre que mande obreros a su mies y a nosotros nos toca mantenerlas en el campo donde son necesarios los sembradores y segadores. A veces nos falta orar más por esa intención. El Señor —como decía Benedicto XVI— no dijo que en primer lugar hubiera que hacer una campaña publicitaria para promover las vocaciones... ¡Lo primero es «rogar» al dueño de la mies! Estoy promoviendo mucho nuestro próximo encuentro para varones que quieran conocer de cerca la vocación sacerdotal... no va ninguno apuntado. No es atractivo. El ser sacerdote no atrae y les aseguro que esta vocación es maravillosa. Me ha dado 37 años de felicidad estableciendo el reino y colaborando para que todos conozcan y amen a Dios. ¿Habrá algún interesado en vivir el retiro si no creo que haya jóvenes que me lean? Que la Virgen, Madre de las vocaciones, no nos deje. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo. 


domingo, 5 de julio de 2026

«”Modo party” y “modo rest”»... Un pequeño pensamiento para hoy


Vivimos en un mundo marcado por la prisa, la exigencia constante y el peso de innumerables preocupaciones que terminan agotando la mente y el corazón. La Palabra de Dios nos invita este domingo a detenernos, mirar hacia nuestro interior y preguntarnos si hemos olvidado qué significa descansar y dónde buscamos realmente nuestro descanso. Como señala Byung-Chul Han, uno de los filósofos contemporáneos que más ha influido en mi pensamiento y en el de muchos católicos, vivimos en una «sociedad del cansancio» porque hemos perdido la capacidad de descansar. Ya no necesitamos una imposición externa como en el tiempo de la esclavitud: muchas veces somos nosotros mismos quienes nos exigimos sin medida. La mayoría no es explotada por un jefe o un dictador, sino que se explota voluntariamente a sí misma, convencida de que se realiza como persona a través de un esfuerzo agotador. La presión por ser cada vez más productivos y exitosos provoca cansancio extremo y enfermedades neuronales que no dejan espacio para la pausa. El hombre y la mujer de hoy han caído en la trampa diabólica de la sociedad del rendimiento que es el creer que nuestro valor depende de lo que producimos y que, por eso, no podemos detenernos. ¡No hay tiempo ni permiso para descansar!

Corremos sin medida, trabajamos sin freno, producimos en exceso y nos exigimos sin descanso. Pero ¿qué ocurre cuando el cuerpo, la mente y el alma ya no pueden más? Hoy, en el Evangelio (Mt 11,25-30) Jesús nos invita a descansar. No nos ofrece una simple pausa ni una evasión de los problemas, sino algo mucho más profundo: la paz que nace cuando dejamos de sostener la vida únicamente con nuestras propias fuerzas y aprendemos a abandonarnos en las manos de Dios. El cansancio del mundo actual es peligroso, porque nace de la autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. El Señor nos recuerda que la humildad evangélica consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré». Pero, ¿cómo descansar en esta sociedad del rendimiento, que cada vez se convierte más en una sociedad del dopaje, donde el ser humano termina clamando desde la derrota del cansancio que provoca ansiedad, depresión, angustia, burnout y otros males neuronales? ¡Qué difícil es, incluso en medio de un mundial de futbol, abrir espacio para la quietud, la calma y la serenidad del alma! Los Fan Fest quieren mantener a todos en «modo party» que agota más. 

Es necesario detenernos, limpiar la mirada y reconocer que no podemos vivir de manera deshumanizada debido a la patética necesidad de un activismo desmedido. Necesitamos descansar con Jesús para recuperar lo verdaderamente humano. Nuestros tiempos, tan parecidos en muchos aspectos a otros momentos de la historia, no piden quietismo. No fuimos creados para la inercia. Pero sí para una militancia sensata, alimentada por la interioridad y el silencio: dos pilares que generan lucidez y ayudan a contrarrestar el estruendo del mundo. Dios es calma y quietud, Él, al terminar la Creación, descansó, según nos narra el libro del Génesis y nunca es tarde para aprender a descansar. Pienso en María en casa de Isabel, donde seguramente encontró momentos de descanso, y le pido que me acompañe también en mis ratitos de reposo. ¿Cómo descansas tú? ¿Qué te hace entrar en «modo rest»? ¿Lees, caminas, rezas, escribes, paseas en bicicleta, te sientas a contemplar, tomas un buen café o una taza de té? ¡Bendecido domingo y sin llegar al desenfreno sigamos disfrutando del futbol, que gane quien rece más y se prepare mejor, como decía mi buen amigo Osvaldo Batocletti!

Padre Alfredo.

sábado, 4 de julio de 2026

«Danzón n.º 2»... Una obra maestra de Arturo Márquez

El «Danzón n.º 2» es una obra musical para orquesta sinfónica compuesta por el destacado músico mexicano Arturo Márquez, (n. Álamos, Sonora, 20 de diciembre de 1950) que ya he dicho en varias ocasiones, es mi compositor mexicano favorito y ya he hablado varias veces, con diversas obras, de él, solo que me faltaba detenerme con detalle en esta fastuosa composición. Sin duda alguna puedo decir que de sus composiciones, la que más veces he escuchado y que más me gusta es ésta.

La obra fue estrenada con gran éxito el 5 de marzo de 1994. Influenciada por el danzón, los ritmos populares y la música mexicana de concierto, es la más destacada de la serie de nueve piezas tituladas así de las cuales ya he hablado en general, y se convirtió en una pieza recurrente en la interpretación de orquestas sinfónicas de México y el mundo. El gobierno mexicano en su vigésimo aniversario reconoció a «Danzón n.º 2» como la segunda obra de música mexicana de concierto más famosa, sólo por detrás del Huapango de José Pablo Moncayo. Críticos como Aurelio Tello lo califican como «uno de los rostros más profundamente genuinos de la actual música mexicana».

La mejor forma de acercarse al Danzón No. 2 de Arturo Márquez es a través de un texto de su puño y letra, que dice así: «La idea de componer el Danzón No. 2 surgió en 1993 durante un viaje a Malinalco con el pintor Andrés Fonseca y la bailarina Irene Martínez, ambos expertos en bailes de salón y con una especial pasión por el danzón, la cual me transmitieron desde el principio y también en posteriores excursiones a Veracruz y al Salón Colonia en la colonia Obrera del Distrito Federal. 

A partir de estas experiencias empiezo a aprender sus ritmos, su forma, sus contornos melódicos a base de escuchar las viejas grabaciones de Acerina y su Danzonera, y dentro de mi fascinación capto que la aparente ligereza del danzón es sólo una carta de presentación para una música llena de sensualidad y rigor cualitativo que nuestros viejos mexicanos siguen viviendo con nostalgia y júbilo como escape hacia su mundo emocional, el cual afortunadamente aún podemos ver en el abrazo que se dan música y baile en Veracruz y en los salones de la ciudad de México. 

Danzón No. 2 es un tributo a ese medio que lo nutre. Trata de acercarse lo más posible a la danza, a sus melodías nostálgicas, a sus ritmos montunos, y aun cuando profana su intimidad, su forma y su lenguaje armónico, es una manera personal de expresar mi respeto y emotividad hacia la verdadera música popular. El Danzón No. 2 fue compuesto gracias a un encargo de la Dirección de Actividades Musicales de la UNAM y está dedicado a mi hija Lily».

Debido a su carácter rítmico y su asociación con el danzón, las audiencias asociaron paulatinamente la pieza a un ánimo festivo que predomina en las diversas interpretaciones de esta obra alrededor del mundo. 

Padre Alfredo.

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