miércoles, 19 de agosto de 2026

«LOS PASTORES DEL PUEBLO DE DIOS»... Un pequeño pensamiento para hoy


Seguimos en la lectura continuada del libro del profeta Ezequiel en la primera lectura desde hace ya un buen tiempo. Hoy estamos en los versículos del 1 al 11 del capítulo 34 donde Ezequiel profetiza, tal como le ordena Dios, contra los pastores, reprochándoles no solo que hayan descuidado su obligación, sino que han abusado y maltratado a las ovejas. En adelante será Dios mismo quien cuidará del rebaño. En la Iglesia sabemos que así es, es Dios quien elige a los pastores para cuidar de toda la grey. Ya sabemos que el Papa, vicario de Cristo en la tierra se elige en un cónclave al que asisten los cardenales menos de 80 años, pero tal vez no todos sepan cómo se eligen los obispos.

El Papa nombra libremente a los obispos, pero se basa en un proceso confidencial de consulta y selección coordinado por el representante del Vaticano en cada país. El Proceso de Selección es así: En primer lugar los obispos de cada región o país proponen de forma secreta nombres de sacerdotes aptos cada pocos años. Cuando una diócesis queda libre, el Nuncio Apostólico —el embajador del Papa en cada país— investiga el perfil y consulta en secreto a sacerdotes y laicos. El Nuncio envía a Roma una lista con tres candidatos recomendados. El Dicasterio para los Obispos revisa estos tres nombres y el Papa toma la decisión final para ver a quien elige de entre ellos. Finalmente, el Nuncio pregunta al sacerdote si acepta el cargo antes de que el Vaticano haga público el nombramiento.

Todo esto nos lleva a recordar que Jesús Resucitado encomendó a Pedro que cuidara del rebaño.  Por eso la Iglesia sí tiene pastores y estos pastores vienen de Dios. Es bueno rezar por ellos, sin olvidar que Cristo es el Pastor Supremo. Tanto en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás como en todas las demás comunidades de la Familia Inesiana, los jueves, tanto la misa como la exposición del Santísimo se ofrece por los sacerdotes. Como comunidad orante pedimos en especial por los sacerdotes que viven situaciones espirituales y materiales muy diversas: por los que trabajan bien y mucho y por los que sufren de distintas maneras y de manera especial por el Santo Padre. Pidamos a la Virgen María, Madre del Buen Pastor por la perseverancia de los 5,525 obispos, los 407,421sacerdotes y los 52,102 diáconos permanentes que hay en el mundo actualmente. ¡Bendecido miércoles... mi Day Off también acá en Indonesia!

Padre Alfredo.

martes, 18 de agosto de 2026

«Riquezas, dones y cualidades»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


La primera lectura de la misa de hoy tomada del libro del profeta Ezequiel (Ez 28,1-10), me lleva a contemplar al hombre y a la mujer de hoy que, atrapados por tantas ideologías, no alcanzan a ver la mano de Dios en sus vidas, y si adquieren algún poder, se creen con derecho, incluso, a legislar sobre la vida y la muerte de ellos mismos y de todos. La mayoría de la gente, sobre todo la gente joven se siente tan poderosa y tan fuertes, que Dios deja de tener voz y solo escuchan su propia voz; una voz que les lleva, como vemos en esta lectura, por derroteros equivocados. Los dones y las cualidades que tenemos son una bendición que hay que reconocer como venidos de lo Alto y al igual que la riqueza, podemos considerar que son bienes que se reciben de nuestro Creador y Padre. El problema viene cuando el hombre se vuelve a considerar «dios» y se arroga el derecho a acumular en su beneficio, lo propio y lo ajeno.

Ni la riqueza ni el tener muchos dones y muchas cualidades es algo malo; el mal uso de ello si lo es, pero el mal uso lo hace el hombre no la riqueza ni los dones en sí. Aprendamos que Jesús, en el Evangelio de hoy (Mateo 19,23-30) que va en la misma línea de la lectura, está avisando y no condenando a los ricos, a los «príncipes» endiosados, para que al ver esto que ellos viven, cambiemos nuestras pautas de conducta, porque no es más «rico», en el aviso de Jesús, el que más tiene, sino el que atesora avariento lo mucho o lo poco. Debemos, tenemos, que ser conscientes y vivir de acuerdo con lo que Dios pone en nuestras manos, sean riquezas o cualquiera otro don y cualidad. Lo que recibimos lo es para que podamos repartirlo y compartirlo y eso cuesta, ¡Claro que cuesta!, porque nuestro instinto, nuestra tendencia natural, se dirige a conservar aquello que llega a nuestras manos por un simple temor a «lo que pueda venir». Así acumulamos riquezas que no usamos ni necesitamos, por lo que pueda venir en el futuro, un futuro que no sabemos si llegará, pero queremos tener controlado.

Contra este afán de acumular es contra el que van estas y todas las condenas de Jesús en el Evangelio. Ciertamente será muy difícil entrar por la puerta estrecha si vamos cargados de un enorme equipaje de riqueza, tradición, cerrazón, etc. que nos dificulta la entrada, e incluso el caminar. Tenemos que estar ligeros de equipaje y solamente así podremos salvarnos: caminando ligeros, sin ánimo de conservar ni cargar de más, sin derroches absurdos, pero dispuestos a poner nuestras riquezas, dones y cualidades, al servicio de los hermanos.  Que la Virgen María, llena de dones y cualidades que supo dar y con ello darse Ella misma, nos ayude. Yo mientras tanto sigo aquí en esta hermosa tierra de Indonesia, a donde el Buen Dios me ha traído a compartir lo que tengo y lo que soy. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 17 de agosto de 2026

«¿SOBRE QUÉ FUNDAMENTO CONSTRUIMOS NUESTRAS VIDAS?... Un pequeño pensamiento para hoy

Esta mañana, a las 7:30 aterrizamos en el moderno Aeropuerto Internacional Soekarno-Hatta, el principal aeropuerto de Yakarta en la isla de Java en Indonesia. Está situado a unos 20 kilómetros de la ciudad en el distrito de Cengkareng, por lo cual la gente lo conoce como el aeropuerto de Cengkareng (CGK). Este aeropuerto fue diseñado por Paul Andreu, el arquitecto francés que también diseñó el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle y destaca por sus preciosos jardines y por ser uno de los más puntuales del mundo. Aquí nos esperaba un grupito de Misioneras Clarisas que nos dieron la bienvenida y nos llevaron a desayunar, dado que la casa está un poco retirada. Llegamos a casa a media mañana y nos esperaba otro recibimiento con unos ramos de flores que ofrecimos a Nuestro Señor y a la Virgen en la capilla en donde las hermanitas hicieron una oración de bienvenida en indonesio, idioma en el cual solamente sé una que otra palabra y que gracias a Google translate me puedo comunicar.

En la tarde hemos tenido la santa misa, y es por eso que hasta ahora, luego de la cena, hago mi pequeña reflexión, esta vez, en torno a la primera lectura tomada del libro de Ezequiel (24,15-24) El texto de Ezequiel que es uno de los textos más duros y a la vez más conmovedores de la Escritura; una señal concreta de que Dios nos habla y siempre, aunque nuestra mirada y oídos distraídos estén puestos en otro lugar. En este texto, Dios anuncia la muerte de la esposa de Ezequiel, «el encanto de sus ojos», y le pide que no haga los gestos habituales de duelo. Así, el profeta experimenta en su propria carne el dolor de una perdida sin hablar del sufrimiento desde la teoría, sino desde su propia vida. Con esto no he dejado de pensar en mis tíos Arturo y Angélica la hermana de mi madre y sus hijas mis primas Adriana y Celina, porque el sábado, mientras estaba aún en Roma, recibí la noticia de la partida a la Casa del Padre de mi prima Laura Angélica, la hija mayor de mis tíos que, invadida por el cáncer, vivió muy poco tiempo luego del inesperado descubrimiento de la enfermedad. Como ellos y mi familia materna, hay mucha más gente que sufre pérdidas que le rompe el corazón: la muerte de un ser querido, una enfermedad, un fracaso laboral, una separación o pérdida de la fe, etc.… nadie estamos exento de pasar por momentos en los que parece que el suelo desaparece bajo nuestros pies. Pero en mis tíos y mis primas, Dios, siempre misericordioso, me permite admirar la profunda fe de quienes viven con la esperanza puesta en Dios. ¡Desde aquí los acompaño!

Este gesto de Ezequiel, se convierte en un signo para nosotros, porque ninguna institución, tradición o seguridad humana puede sustituir una relación viva con Dios que hemos de vivir y que nos sostiene hasta llegar al encuentro definitivo con él. Laura fue una mujer de fe, un alma que supo entregar cada paso del proceso que le fue arrebatando no solo su hermoso cabello, sino todo su ser que, reclamado por un Dios celoso, quiso su alma para sí. Nunca podemos apoyar y basar nuestra vida en las seguridades de este mundo: el dinero, la salud, el prestigio, el trabajo o incluso la práctica religiosa rutinaria como costumbre. Porque cuando alguna de estas realidades se tambalea, descubrimos que no constituyen el fundamento ultimo de nuestra existencia. Y no se trata de hacer una exaltación del sufrimiento, pues Dios no disfruta del dolor humano e incluso en medio de la prueba, Él sigue presente. La fe y el creer en Dios no elimina las lágrimas y la vida ha de seguir. Yo apenas voy llegando a esta hermosa y misteriosa tierra de misión en donde estaré poco más de un mes y desde aquí, y meditando sobre el sufrimiento y la muerte en el largo viaje que me trajo desde la Ciudad Eterna hasta aquí, capto con Ezequiel, que el sufrimiento no tiene la última palabra porque sabemos que Dios no abandona nunca a sus hijos. Todo invita al encuentro con Dios cuando se tiene fe. María es la mujer de la fe más profunda, de la f que supo vivir a la sorpresa de Dios. Con ella hay que preguntarnos: ¿sobre qué fundamento estoy construyendo realmente mi vida: sobre lo pasajero o sobre el Señor que permanece para siempre? ¡Bendecido lunes, inicio de semana e inicio de mi labor misionera en Indonesia!

Padre Alfredo.

domingo, 16 de agosto de 2026

«Hermanos unos de otros sin distinción alguna... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El pensamiento de este domingo lo comparto desde el aeropuerto de Doha la capital de Qatar, el «Doha Hamad International» considerado el aeropuerto más hermoso del mundo, a donde he volado hace unas 6 horas con dos hermanas Misioneras Clarisas para hacer conexión a Yakarta, la capital de Indonesia a donde vamos a dar unos cursos y talleres a miembros de nuestra Familia Inesiana en ese país. El aeropuerto es simplemente «espectacular». Una construcción hiper moderna en medio del desierto, con grandes árboles en su jardín interior llamado «The Orchard», un sin fin de tiendas de lujo, restaurantes e incontables musalas —o musallás, en árabe مصلى—, esas salas de rezo adaptada para las oraciones en los aeropuertos. Aquí la ausencia de todo signo cristiano es totalmente ausente. Cristo, muchas veces, como en estos países árabes, está escondido en la vida de misioneros y un número muy reducido de cristianos y como diría san Pablo en Colosenses 3,3 viven «una vida escondida con Cristo en Dios».

Aquí viene muy bien el núcleo del mensaje de Jesús en el Evangelio de este domingo (Mateo 15,21-28) que es una llamada a sentirnos hermanos unos de otros para actuar en consecuencia desde el amor, que es el corazón de la identidad cristiana. El relato, que destaca por la referencia que Jesús hace «a los perritos», empieza desde la perspectiva judía de aquellos tiempos que levantaba una barrera que impedía ir al encuentro de «los gentiles», los que no pensaban igual. Las palabras de Jesús, duras al principio como una piedra, no son suyas, sino de la teología oficial judía. Los discípulos querían quitarse de encima a la mujer que inoportuna y Jesús les dio una lección majestuosa. Hoy sucede lo mismo en estas naciones musulmanas de la península arábiga, bañados por el golfo pérsico e impregnados por una doctrina que hace menos a los cristianos. Cristo rompió con aquella forma de pensar en este encuentro en el que la cananea, comparándose con los perritos que comen de lo que cae de la mesa de los amos, tocó el corazón misericordioso de Cristo que transformó una forma de pensar y de vivir.

Después de tantos años, parecería que en el corazón del ser humano sigue habiendo un instinto de división, un miedo a aceptar al que es distinto, una cierta incapacidad para mirarnos desde el respeto, el diálogo y la fraternidad. ¡Qué gran lección nos da también la mujer! Ella se comportó mejor que los judíos, fue más que una hija de Israel, una pagana capaz de mover el mundo y llegarse al corazón de Dios. Jesús sabe, como experiencia personal que en realidad «ha sido enviado para salvar a todos». Jesús muestra quién es y qué ha venido a hacer: llamar a todos, salvar a todos. La fe de la cananea fue capaz de mover montañas y eso, precisamente, no ocurría ni en la religión ni en la patria de Jesús. La lección está dada. El demonio de la incomprensión, de la incomunicación, de la inhumanidad entre pueblos y religiones ha de ser expulsado. El reino de la salvación debe llegar a todos aunque aún ahora, después de siglos, las religiones extremistas nos separen. Que el encuentro con el Dios de Jesús, que hoy se me revela en este lugar tan lejano a mi tierra natal, abra mi corazón para ser más misionero y me haga ver, en verdad y con implicaciones reales, que todos somos hermanos en Cristo.

Padre Alfredo.

«ORACIÓN A LA VIRGEN DEL ROBLE»... Patrona de Monterrey y su arquidiócesis


Haz virgen del Roble, 
que no pierda nunca la esperanza en ti 
y la confianza en la voluntad de Dios, 
haz que tenga fortaleza y paciencia y no desespere.
También pido tu auxilio 
para hacer una buena persona, 
por ello te pido no me abandones nunca, 
que tu ejemplo esté presente en mi vida 
y el amor que siento hacia ti aumente cada día.
Madre santísima de Roble, cúbrenos con tu manto



sábado, 15 de agosto de 2026

«LA ASUNCIÓN DE MARÍA: PRONTITUD, PEQUEÑÉZ Y SERVICIO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este año celebro la solemnidad de la Asunción de María a los cielos con mis hermanas Misioneras Clarisas de las casas de Roma: La Casita —la casa general donde están los restos de nuestra Beata Madre fundadora— y Garampi —la casa de peregrinos que acoge a mi padrino Mons. Juan Esquerda desde hace muchos años y que me recibe todas las veces que vengo a esta querida Ciudad Eterna. Y es un gusto venir y contemplar en estas santas mujeres y por supuesto en mi padrino, el gozo de la prisa del servicio misionero y el canto de la pequeñez de nuestras vidas que se consagran al Señor. Quiero pensar hoy en tantos consagrados y consagradas que, alrededor del mundo, vamos camino al Cielo de la mano de María que se nos adelanta asegurándonos que allá, por la infinita misericordia de nuestro Dios, llegaremos como Ella.

Tanto la prisa del servicio como el canto de la pequeñez, relucen en el Evangelio de este día de fiesta (Lucas 1,39-56). Este relato de san Lucas nos regala el encuentro de dos madres y el canto más hermoso de la Escritura: «El Magníficat». María no se queda mirándose a sí misma tras el anuncio del ángel, sino que se levanta y se encamina presurosa a la montaña para servir a su prima Isabel. Esta actitud de María define la esencia de la vida consagrada. La prisa de la Virgen no es ansiedad; es la urgencia del amor que no puede guardarse el don que ha recibido de lo alto. Nuestra vocación de misioneros nació de un encuentro con el Señor que nos puso en camino hacia los demás como María. Al igual que ella, nuestra misión es llevar a Cristo en el silencio del corazón y derramarlo en el servicio alegre de una misión marcada por el «Oportet Illum Regnare» —porque debe Él reinar— que nos recuerda la segunda lectura (1 Cor 15,20-27a). Cuando María llega con Isabel, portadora de Jesús en su vientre, proclama su alma la grandeza del Señor. Ella no canta sus propias virtudes, sino la fidelidad de Dios que ha mirado la pequeñez de su sierva. 

Esta fiesta, por lo tanto, me recuerda que la vida religiosa florece cuando se vive desde la humildad, desde la pequeñez, desde la aceptación de la propia miseria. Dios no hace grandes obras en los soberbios, sino en los corazones que se reconocen pequeños y necesitados de su gracia y ponen su miseria —como dice madre Inés— al servicio de su misericordia. Por eso este día, año con año, me alienta para que cuando el cansancio o la rutina quieran apagar mi alegría de consagrado, vaya al Magníficat y recuerde con María las maravillas que el Poderoso ha hecho en mi historia personal y en la de todos los consagrados. Contemplemos hoy a la Madre y Hermana mayor en la Iglesia —como nos ayuda a verla el Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab): «Asunta al cielo». Que ella sea siempre el faro de nuestra vida. Que nos enseñe a servir con prisa evangélica, a orar con profunda humildad y a mantener los ojos fijos en la meta del cielo. No caminamos solos. La misma que fue asunta a la gloria nos acompaña en cada jornada. ¡Bendecido sábado, fiesta de la Asunción de María!

Padre Alfredo.

P.D. Felicito a todos mis hermanos y amigos sacerdotes que hoy, en especial en la arquidiócesis de Monterrey, celebran su aniversario de ordenación sacerdotal. ¡Ad multos annos vivant!

«EL SELLO DE LA ALIANZA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Al leer una y otra vez la primera lectura del día de hoy (Ezequiel 16,1-15.60.63), impresiona la fuerza tan expresiva que lleva la narración, los matices y la acción apasionada de Dios en todo el desarrollo. Este relato de Ezequiel nos confronta con la cruda realidad de la historia compartida de muchas parejas que no han captado que el matrimonio no nace de la perfección de dos seres idílicos, sino del encuentro de dos vulnerabilidades que Dios decide abrazar. Así como Jerusalén fue recogida del abandono en su nacimiento, cada matrimonio tiene un origen bendecido por una gracia que le precede; los esposos no se unen porque son perfectos, sino porque han sido amados primero por Dios que los acompaña en las diferentes etapas de la vida —en el entusiasmo de la juventud, en la madurez de los compromisos y en los momentos de fragilidad—.

El Señor, en cada matrimonio, sella con los esposos una alianza que transforma la debilidad en dignidad real. Dios invita a los esposos a volver siempre al primer amor, a reconocer que la belleza y la fuerza de su unión no provienen de sus propias fuerzas, sino de un compromiso sagrado y gratuito que sostiene sus vidas desde el principio. Pero, a medida que el tiempo transcurre y el matrimonio alcanza estabilidad, prosperidad o reconocimiento, surge el peligro latente que llevó a Jerusalén a la perdición: la soberbia de creer que el éxito es un logro exclusivamente humano. El texto profético denuncia con dolor cómo la riqueza, el esplendor y los dones recibidos pueden transformarse en armas de doble filo si los esposos olvidan de dónde los rescató el Señor, cayendo en la ingratitud, el desprecio mutuo y la infidelidad a la promesa original. El pecado en el matrimonio muchas veces no comienza con grandes rupturas, sino con el sutil orgullo de la autosuficiencia. 

El esplendor de la vida matrimonial es un don prestado que requiere de un buen aderezo de humildad diaria para no prostituir la confianza ni traicionar al Amor que los unió. Creo que si todos los matrimonios cristianos le echaran un buen vistazo a esta fidelidad conyugal y reflexionaran el hecho de que es una bendición, entenderían que la cuestión fundamenta no es ser mágicamente perfectos, sino dejar que sea la fidelidad de Dios la que sane y bendiga. Al final del camino, el perdón no es el premio al esfuerzo humano, sino la obra maestra de un Dios fiel que abraza la fragilidad de los esposos para recordarles que, por encima de cualquier caída, el amor siempre tiene la última palabra. Como el matrimonio, la historia de salvación es en esencia una historia de amor. No somos nosotros los que nos transformamos en buenos ciudadanos de este mundo, es Dios quién con visión va haciendo su obra en nosotros como la hizo en san Maximiliano Kolbe, porque Dios es fiel. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 13 de agosto de 2026

«Dios nos perdona todo a todos, nos perdona siempre, y nunca nos pasa factura»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


No sé cuántas veces he venido al aeropuerto de Madrid-Barajas que es el cuarto aeropuerto en lo que se refiere a carga de pasajeros europeos y uno de los más grandes y mejor comunicados del mundo. Barajas se inauguró al tráfico aéreo en 1931 y desde entonces no ha dejado de crecer. Es uno de los pocos aeropuertos que cuenta con transporte público directo. su buena ubicación hace posible que se pueda acceder tanto por metro como por tren, lo que hace que sea uno de los espacios aéreos mejor comunicados de Europa, junto con el Aeropuerto de Heathrow en Londres. Esta vez estoy aquí para conectar a Roma y salir de allí, el domingo 16, a Yakarta, en Indonesia.

Mientras espero mi conexión viendo pasar por enfrente de mí a trabajadores, pilotos, azafatas, policías, empresarios, familias y turistas; aprovecho la oportunidad para hacer un rato de oración y contemplando el ir y venir de tanta gente —casi 6,5 millones de personas pasaron por aquí en julio— agradezco al Señor que seamos agraciados por la misericordia sin límites de nuestro Dios. Y es que la parábola de este jueves, en el Evangelio (Mateo 18,21–19, 1) habla de la inmensidad de la donación de Dios que se entrega a sí mismo a nosotros, entre otras formas, en la del perdón generoso que trata de infundir alegría al que es perdonado. Pienso en esa belleza de nuestra fe cristiana que es el saber que Dios no nos perdona sólo una o dos veces; sino cada vez que acudimos a Él con pureza de corazón y rectitud de intención, buscando el perdón a toda velocidad, como la gente que veo correr aquí para que el avión no los deje.  

El Señor nos enseña que el perdón que recibimos de nuestro Padre Dios conlleva una responsabilidad: extender esa misma gracia a los demás. ¿Cuánta de esta gente conocerá a Dios y será consciente del perdón que nos otorga? Así como recuerdo las tantas veces que he pisado este aeropuerto desde 1984, quiero recordar las acciones de Dios —a lo que nos invita el salmista hoy—, para que reconozcamos las infinitas veces en que hemos sido perdonados. Si Dios nos perdona todo a todos, nos perdona siempre, y nunca nos pasa factura. Que la Virgen María, que también fue viajera para ir a Belén, a Ain Karem, a Egipto y a Nazareth, nos acompañe en el viaje por este mundo, buscado el perdón de Dios hasta llegar al Cielo, nuestro destino final. ¡Bendecido jueves eucarístico y sacerdotal! 

Padre Alfredo.

miércoles, 12 de agosto de 2026

El Cristo que muchas veces desconcierta... Un pequeño pensamiento para hoy


Muchas ves las palabras de Jesús en el Evangelio son desconcertantes. Así parece ser este martes en el evangelio de la misa en el que san Mateo (18,1-5.10.12-14) nos narra cómo Jesús desconcierta a su audiencia al poner a los niños como ejemplo invirtiendo por completo los valores de estatus, poder y grandeza de la sociedad de su época. En el contexto histórico del siglo I, los niños no eran cuidado e idealizados como hoy, cuando incluso hoy muchos adultos se pasan, cumpliendo caprichos innecesarios.  Los niños, en aquellos tiempos, carecían de derechos legales, estatus social y valor económico. Al colocarlos en el centro y ponerlos de ejemplo para trabajar en un proceso de conversión, Jesús rompe las expectativas de sus discípulos. 

En la cultura grecorromana y judía, la grandeza se medía por la autoridad, los títulos y la pureza ritual. De repente el Señor afirma que los últimos en la escala social son los primeros. Él, con sus predicaciones sencillas, desafía la ambición de los discípulos. Acordémonos que los seguidores más cercanos de Jesús discutían sobre quién sería el más importante en su reino. Jesús les responde que para entrar en él hay que convertirse y hacerse pequeños, redefiniendo así el concepto de grandeza: Ser grande en el Reino de Dios no significa dominar a otros, sino servir y carecer de pretensiones. Los pequeños son, ciertamente, los niños, pero también toda persona vulnerable: quien sufre pobreza, soledad, enfermedad, exclusión, migración forzada, etc. Hacia ellos, Dios nos invita a dirigir una mirada nueva llena de amor.

Los Papas de los últimos tiempos lo han expresado con claridad al hacerse presentes en aquellos lugares donde se recibe a personas migrantes, en los centros penitenciarios o en residencias de personas en situación de calle. En sus actitudes Cristo nos sigue hablando y recordando que para sentirse convertidos no basta con admirar la pequeñez, la vulnerabilidad o la pobreza. Los niños no definen su condición por un estatus, por ocupar un puesto especial o por saber que traen una ropa cara de marcas finas y oler a perfumes finos... sólo seremos fieles a Dios y al Evangelio si olemos a oveja decía el Papa Francisco, si vivimos poniendo en el centro a la pequeñez y luchamos para dotar a todo ser humano de derechos y de dignidad. Allí donde una persona vulnerable como un niño es acompañada, es donde el Reino de Dios puede empezarse a hacerse visible. La Virgen la humilde sierva del Señor, sabe muy bien de todo esto. Dejémonos enseñar por ella. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

martes, 11 de agosto de 2026

«QUE EL CORAZÓN NO SE QUEDE DESENTENDIDAMENTE FRÍO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Me quiero detener hoy en el texto de san Pablo (2 Cor Corintios 9,6-10) que liturgia de la palabra señala para la fiesta de san Lorenzo a quien hoy celebramos. Y es que me llama la atención —comentaba con uno de los padres— que no habla de martirio, de derramamiento de sangre ni de persecución o claramente de martirio, como como lo hace Pablo en otras de sus cartas. Aquí el Apóstol de las gentes habla de generosidad. Y es que el martirio, es triunfo del mártir por su generosidad. «A mí nadie me quita la vida —había dicho Cristo (Jn 10,18)— yo la doy porque quiero». En realidad, entonces, no se es mártir solamente por ser asesinado por defender la fe; mártir es el testigo que, con su vida y su palabra da testimonio de la fe en Cristo porque ha sido generoso hasta el extremo.

San Lorenzo fue mártir por profesar, testificar y vivir su fe. Era diácono, y fiel a su vocación, atendía —por encargo especial del Papa san Sixto II— a los necesitados. Ese fue el servicio de su vida. Servicio realizado desde la generosidad. La generosidad, dice san Pablo, produce frutos en quien es generoso. Por lo tanto, el ser generoso beneficia no solo al que recibe la ayuda, sino al que la ofrece. Por allí leí que «La generosidad es desprenderse de la semilla para recibir el premio de la cosecha, que multiplica el valor de la semilla». Hoy, en una misa especial —y qué san Lorenzo me perdone porque le cambié el nombre por la emoción y le puse Lázaro— pude ver de cerca y en vivo, en una capillita de Tlalpan, en donde concelebré la santa misa, esa generosidad en un sacerdote —cuyo nombre omito porque no le pedí permiso de compartirlo— que se consagró de una manera especial al Señor para seguir dando vida y vida en abundancia con generosidad en su ministerio sacerdotal y misionero. Cada vez que veo estos testimonios, como el de este sacerdote, el de san Lorenzo y el de muchos más, me pregunto por el nivel de mi generosidad. 

Creo que esto es algo que todos deberíamos de preguntarnos en el examen diario de conciencia al llegar al final del día, aunque no nos espere una parrilla para achicharrarnos en defensa de la fe como al diácono Lorenzo, cuyo servicio que hizo con tanta dedicación y caridad, lo llevó hasta ofrecer su vida. Que él, bajo la mirada dulce de María, nos alcance fortaleza ante las pruebas, ayuda en nuestras necesidades económicas o laborales y un corazón generoso para ayudar a los más necesitados, inspirados por su amor a los pobres. Cómo me gusta este himno de Vísperas, compuesto por el padre José Luis Blanco Vega S.J. y que se reza en las Vísperas del lunes de la I semana del Tiempo Ordinario en la Liturgia de las Horas en el que rezamos: «Qué mi corazón no se me quede desentendidamente frío». ¡Bendecido lunes y que nuestro corazón se mantenga cálido y no frío para ser generosos hasta dar la vida!

Padre Alfredo.

P.D. ¡Felicidades a todos los diáconos en su día, especialmente a los de nuestra parroquia :Juanito y Paco!