miércoles, 9 de septiembre de 2026

«Ser misericordiosos es una decisión valiente»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


La misericordia atraviesa todo el evangelio de san Lucas de manera explícita e implícita, porque expresa así el corazón mismo de la enseñanza de Jesús. Al final del pasaje de hoy (Lc 6,27-38), el Señor nos invita a imitar al Padre, cuyo amor no distingue entre buenos y malos, sino que abraza a todos sin medida. Esta invitación resume el evangelio entero: no juzgar, no condenar, perdonar de corazón y dar con generosidad. 

San Lucas nos muestra de esta manera a un Dios que no nos espera con una libreta de notas para castigarnos, sino con los brazos abiertos para recibirnos. Ser misericordiosos no es un sentimiento pasajero ni una debilidad: es una decisión valiente. Significa mirar al hermano con los ojos de Cristo, dejar a un lado el juicio, no condenarlo por sus errores y acompañarlo con un corazón compasivo, caminando a su paso. Porque, si somos sinceros, a veces, en las prisas de cada día nos parecemos a aquel señor que le decía a Dios: «Señor, dame paciencia… ¡pero dámela ya!». Y el Señor, con infinita ternura, nos va enseñando que la paciencia, como la misericordia, no se improvisa: se aprende amando.

Por eso hoy Jesús nos recuerda que la medida que usemos con los demás será la que Dios use con nosotros. Pidamos esta mañana la gracia de mirar el mundo con los ojos de Cristo, reflejo de la misericordia del Padre, para ser canales de su amor y constructores de paz en un mundo que tanto la necesita. Que la Virgen Madre, cuya mirada se cruzó tantas veces con la de Jesús, nos ayude a entender que la misericordia no es debilidad, sino la fuerza del amor divino que reconstruye y da vida a la comunidad de discípulos misioneros de Cristo. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

«Desde el sermón del llano... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El Evangelio el breve relato de san Lucas sobre las bienaventuranzas (Lc 6,20-26). A diferencia de san Mateo, Lucas presenta solo cuatro y sitúa este discurso en un terreno plano, conocido como el «Sermón del llano», no en la montaña a la que hace referencia Mateo. Además, utiliza términos muy concretos, como «pobres» y «hambrientos», poniendo el acento en la realidad social inmediata. A Dios no podemos separarlo de nuestro diario vivir.

Como bautizados, hemos de reconocer que la pobreza y el hambre también atraviesan la vida ordinaria de todo cristiano. Todos necesitamos de Dios y acudimos a su misericordia desde nuestra propia fragilidad. Por eso, las bienaventuranzas no pueden quedarse en una hermosa enseñanza: han de convertirse en una propuesta concreta de vida. Su lectura y meditación nos plantean, como discípulos–misioneros de Cristo en el siglo XXI, llamados a continuar la obra de Madre Inés, preguntas profundas: ¿cuáles son nuestros valores?, ¿qué actitudes apreciamos de verdad?, ¿qué criterios orientan nuestras decisiones? ¿Creemos realmente que los criterios de Jesús son aquellos desde los cuales hemos de optar y decidir?

No se trata simplemente de preguntarnos si somos buenos o malos; el discernimiento cristiano es más fino y exigente: ¿cómo miramos a nuestros hermanos de comunidad? ¿Es nuestra mirada la de Jesús, capaz de descubrir en el otro su hambre y su sed? Solo desde ahí podremos releer las bienaventuranzas en nuestra vida diaria. Ya casi al final de su vida, el 16 de abril de 1980, en una carta colectiva, Madre María Inés destacaba que «para entrelazar bien los eslabones de las bienaventuranzas, debemos dejar que el Espíritu Santo suelde, por decir así, un eslabón con el otro, para poder vivir a lo divino, sobrepasando todo lo terrestre, todo lo mundano para llegar a las alturas donde se encuentra Dios». Pongamos todo en manos de María: ella, sabiéndose pobre y hambrienta del amor de Dios, puede ayudarnos a imitar a Jesús y a ser verdaderamente bienaventurados. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 8 de septiembre de 2026

«SELAMAT ULANG TAHUN BUNDA MARIA»... Un pequeño pensamiento para hoy


En nuestra Familia Inesiana, tan amante de María santísima, hoy estamos de fiesta: celebramos el cumpleaños de la Virgen. Obviamente no sabemos el día exacto de su nacimiento, pero nuestro corazón de hijos agradecidos ha encontrado este día que, desde el siglo V, se celebra en el lugar en que se decía que estaba la casa de Joaquín y de Ana, los padres de la Virgen. Y cuando se habla de cumpleaños, aunque sea con sencillez, siempre se despierta algo muy familiar: el deseo de felicitar, de agradecer, de acercarse con cariño. Así que nos acercamos a María con cariño y además con una inmensa gratitud por haber dicho «sí».

He sabido que muchos católicos indonesios tienen una devoción profunda a esta fiesta y celebran una Misa de Acción de Gracias para cantarle a la Virgen: «Selamat Ulang Tahun Bunda Maria» —la canción de cumpleaños— y comparten pasteles decorados como en un cumpleaños muy familiar. Me imaginé esa escena con mucha ternura: una comunidad sencilla, tal vez después de la Misa, acercándose a María no con grandes discursos, sino con una canción, un pastel y un corazón de hijos. Así también nosotros podemos mirar hoy a la Virgen María, la Madre del Dios por quien se vive, Nuestra Señora de la ternura silenciosa, y decirle con alegría: gracias por haber nacido para Dios y para nosotros.

San Mateo, en la narración de la genealogía de Cristo (Mt 1,18-23), nos cuenta de María y nos hace ir a su desposorio con José. La aceptación de la Virgen del proyecto que Dios le designó da un sentido especial a su vida. Su historia la conocemos muy bien: mujer de pocas palabras y profundo corazón, gastó los años de su vida en permanecer siempre en concordancia con la voluntad de Dios. Y es que nosotros, como ella, también celebramos nuestro cumpleaños o nuestro día del santo, porque, como ella, tenemos una misión que cumplir. Nuestra vida no es una vida sin sentido, es una vida con una misión, esa que nos ha encomendado el Señor a través de la Beata María Inés Teresa, que hoy nos invita a ir a María para decirle: «Selamat Ulang Tahun Bunda Maria». ¡Bendecido martes y vamos María!

Padre Alfredo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

«IR MUCHO MÁS ALLÁ DE LA LEY DE LA LETRA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estoy entretenido todos estos días del viaje por estas tierras indonesias en la reflexión del evangelio para la reflexión diaria y hoy —debido a las impresionantes erupciones del Anak Krakatoa— la hago en el tren de regreso de Surabaya a Yakarta contemplando unos paisajes bellísimos en los que destacan los inmensos sembradíos en los que se van entrecruzando campos de arroz, cebolla, ajo, maíz, berenjenas, chayotes que me hacen comprender el por qué la gente por acá es en general delgada y fuerte. ¡Qué pena que en muchos países no se le de apoyo al campo! A la vez, pudimos contemplar el mar y enormes montañas antes de llegar a la estación de Padalarang, en donde tomamos el tren rápido de Indonesia, llamado Whoosh, que corre a una velocidad promedio de 350 kilómetros por hora. Desde 2023 este tren que conecta a Yakarta con Bandung hace que el recorrido que se hacía en 3 horas se haga en unos 45 minutos. Ciertamente quedé impresionado de todo, el trayecto de Surabaya hasta Padalarang y luego este último tramo ya cuando el día oscurece, que es alrededor de las 6 de la tarde en el primer tren rápido del sudeste asiático.

San Lucas, el día de hoy (Lc 6,6-11) nos lleva a pensar en lo lícito, lo bueno, lo útil, lo conveniente, lo humano que es hacer el bien yendo mucho más allá de la letra de la Ley. Pero... ¿Qué nos exige actuar así? Nada más y nada menos que fijarnos en el otro, en el hermano, en el prójimo: comprender sus necesidades, emplear nuestro tiempo en escucharle, poner nuestros dones y cualidades para socorrerlo y, sobre todo, hacer que nuestra mentalidad vaya cambiando desde un egoísmo narcisista que piensa que yo soy el centro del mundo y los demás sólo medios para mi felicidad o comodidad. Llegar a esto implica un verdadero proceso, a veces largo y doloroso, siempre costoso, de saber preguntarnos: ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por quién hago lo que hago?

Jesús, en el evangelio, descubre una sutil y peligrosísima corrupción de la religiosidad. En medio del culto de la sinagoga, en el día santo del sábado en el que se prohibía toda actividad, lanza la pregunta decisiva a los asistentes, poniendo en el centro del espacio a un paralítico: ¿Qué es más importante para Dios, el culto o la misericordia? Y aún más importante: ¿el Dios a quien doy culto es el Dios de la misericordia y de la compasión, del amor a sus hijos, o es un dios construido por mí que prefiere ser servido sin tener en cuenta a mis hermanos? «Extiende tu mano», le dice Nuestro Señor al paralítico... ¡en sábado! Pidamos María que interceda por nosotros para que conozcamos y entendamos que Dios y su misericordia son el centro de nuestro ser y la motivación más profunda de nuestro ser y quehacer como discípulos–misioneros de Cristo.

Padre Alfredo.

domingo, 6 de septiembre de 2026

«La comunidad y la corrección fraterna»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El Evangelio de este domingo nos presenta un tema tan necesario como difícil de llevar a la práctica: la corrección fraterna. En la vida consagrada este camino es indispensable, porque todos somos pecadores y, aunque cada uno tiene derecho a su intimidad, también necesitamos ayudarnos unos a otros a quitar de nuestro corazón aquello que hiere la comunión. Vivir juntos el proyecto de Jesús en la familia, en la comunidad religiosa, en la parroquia... implica hacer de la comunidad un reflejo del Reino: un Reino de paz y de justicia, de gozo y de amor. Por eso, en la vida comunitaria de nuestros ambientes eclesiales estamos llamados a ser presencia para el otro, espacio de santificación y lugar de encuentro con el Dios que nos ha llamado. Estar reunidos en el nombre de Jesús abre nuestros vínculos a su presencia y nos llama cada día a ser más hijos, más hermanos y más familia.

Es importante preguntarnos constantemente cómo participamos en ese tejido humano y comunitario que llamamos comunidad. Esta participación incluye también los momentos difíciles y los conflictos, porque forman parte de toda experiencia humana; pero, iluminados por el Evangelio, pueden convertirse en ocasión de crecimiento. Recuerdo una vez que en una de las conferencias que imparto, un joven religioso se acercó para contarme que a él le funcionaba acercarse con sencillez a los hermanos y decirles: «Mira, yo necesito mucha ayuda porque estoy aprendiendo y creo que esto que haces no me ayuda, más bien creo que nos hace difícil la vida diaria y yo quiero ayudarte porque tú también me ayudas a mí». Esas palabras, dichas sin superioridad y con verdadero cariño, abren siempre un diálogo que no sólo corrige una actitud, sino que fortalece la confianza en la comunidad porque se habla desde el corazón. Nuestras comunidades necesitan cuidar los espacios, los modos y las actitudes que permitan crecer en el amor y en la comunión, sentirse sostenidos por una comunidad concreta y, al mismo tiempo, responsables de ella.

En la interacción de cada día en la convivencia, tratamos con personas, rostros e historias reales: un espacio para amar a quienes nos rodean y para dejarnos amar por ellos. Dentro de ese dinamismo, la corrección fraterna ocupa un lugar muy importante, porque es una advertencia que se dirige al prójimo para ayudarle en el camino de la santidad. Tan importante es saber corregir como dejarse corregir. En el Evangelio, Jesús corrige a sus discípulos en diversas ocasiones: les amonesta ante el brote de envidia que manifiestan al ver a uno que expulsaba demonios en su nombre; reprende a Pedro con firmeza porque su modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres; y encauza la ambición desordenada de Santiago y Juan. A la luz de todo esto, preguntémonos: ¿cómo vivo yo la corrección fraterna?, ¿me dejo corregir? Que la Virgen nos ayude a dar una buena respuesta. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 5 de septiembre de 2026

«Misioneros desde nuestro bautismo»... Un pequeño pensamiento para hoy


¡Cuánto se nos ha hablado de que si no tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y quehacer nada tiene sentido! Leyendo el Evangelio de hoy (Lc 6,1-5) vuelvo a recordar esto porque no debemos perder de vista que la religión no solo son normas y leyes, formas externas y ritualismos que debemos de cumplir, sino dejar entrar a Dios en el corazón para hacerlo eso: ¡el centro de nuestro existir! No solamente los escribas y fariseos de valían de la religión para tranquilizar su conciencia mientras hacían de sus vidas espacios de egoísmo, soberbia y vanidad. ¡Qué diferente de esto es la vida de los santos y de los beatos que pasaron por el mundo dejando las huellas de Cristo! El cumplimiento de la ley por parte de los santos, los beatos y tantos venerables, se entiende desde su mirada con un tinte espiritual y moral especial, donde los mandamientos divinos reflejan el carácter santo de Dios y sirven como guía para su vida y la de nosotros, que buscamos imitarles.

Al contrario de estos hombres empecinados en las leyes por sí solas, la gente santa nos grita con su vida, sus obras y sus escritos: ¡Somos libres en Cristo! Me da gusto que esto coincida con un día muy especial que hemos vivido con más de 500 padres de familia, maestros, enfermeros y demás personal del sector salud de Surabaya, Madiun y otros lugares cercanos. En un ambiente de familia en la fe, vivimos una mañana que nadie queríamos que se terminara y en la que nos adentramos en el compromiso misionero que brota de nuestro bautismo acompañados por la vida y el ejemplo de la Beata María Inés Teresa como mujer contemporánea portadora de la fe. ¡Qué mañana tan sensacional! Jesús, obviamente, fue el centro de nuestro encuentro; Él es el que va marcando la pauta de lo que somos y de lo que podemos hacer como misioneros en el entorno de nuestra vida diaria. ¿Qué nos detiene para ser misioneros del diario vivir? ¿Por qué no podemos ejercer la tarea sencilla de escuchar, de acompañar, de animar, de alentar a vivir la fe a quienes no la han recibido o la han perdido? 

Esta mañana me llamó mucho la atención la pregunta de una chiquilla como de unos ocho años que, cuando la moderadora invitó al auditorio a hacer algunas preguntas, la niña interpeló con esto, sencillo y profundo a la vez: —¿Cómo hago para que mi papá no vaya a misa únicamente en las bodas y en los velorios? Yo quiero ser misionera en mi casa. Cristo, el Señor del sábado, nos invita a vivir diario con Él centrándonos en lo que es lo fundamental del seguimiento: el amor, la misericordia, la invitación, la escucha y por supuesto: el servicio. Pienso en María santísima, y en cómo ella, sencilla y humilde, nos puede ayudar. María se sometió a los mandatos de la Ley de Moisés, como el rito de la purificación tras el nacimiento de Jesús, la peregrinación a Jerusalén y seguro otras cosas más, pero no hizo de la Ley su centro ni se valió e ella para beneficio propio; pensó en nosotros para darnos vino bueno, el vino del amor y la misericordia de su Hijo Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 4 de septiembre de 2026

«La trampa de farmear aura»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Me han dicho estos días que no saben a qué hora escribo para compartir mis reflexiones... ¡que voy atrasado!... que más bien parece un diario... que les llega de madrugada... Es comprensible creo yo, debido a que, con una diferencia de 13 horas con mi lugar habitual de escritura y un trajín entre misas y conferencias; encuentros con las hermanas y los Vanclaristas; cenas con bienhechores y gente en consulta... me ataranto tanto, que de repente no sé qué hora es en México. Ahora son las 5:25 de la tarde aquí y entiendo que son las 4:25 de la mañana allá. Voy regresando de un arduo día de trabajo en la Universidad Católica de Surabaya con el gozo de haber impartido una conferencia —gracias a la magia de la traducción— sobre la importancia de las reliquias de los beatos y los santos en la Iglesia y en concreto, a 350 personas de una iglesia joven, como es esta de Indonesia.

Hoy ha resonado en mí con un especial impacto la primera lectura de la misa (1 Cor 4,1-5) haciéndome pensar —entre los nervios de dar una conferencia con traducción y a una cultura tan diversa de la nuestra— que lo que hemos aprendido a los que nos gusta estudiar o a los que nos ponen a estudiar, nos ha sido confiado por Dios no para beneficio propio, sino para beneficio de la comunidad. Es que si somos seguidores de Cristo, nos tiene que quedar bien claro que somos servidores, es decir, amigos de Cristo y administradores de su gracia. Esta es y debe ser también la identidad, la misión y el talante de una comunidad eclesial, como insta Pablo a los corintios. Hoy nos hemos reunido como familia en la fe, para valorar el recuerdo del testimonio de tantos hombres y mujeres que, marcados por el sello de la santidad, de alguna manera se hacen presentes en nuestras vidas en las reliquias que de ellos conservamos. ¡Qué seductora es la tentación de buscar aplausos y seguidores presentándose a sí mismo! Los santos y los beatos no cayeron en la trampa, esta trampa que hoy vivimos de otra manera con las redes digitales buscando likes y seguidores preocupados de «farmear aura» alimentando el ego personal. ¡Los santos no se dejaron llevar a pesar de la popularidad que muchos de ellos tuvieron! 

San Antonio de Padua (1195–1231) lograba reunir a más de 30,000 personas en sus sermones de Cuaresma; San Vicente Ferrer (1350–1419) reunían ntre 10,000 y 50,000 personas por conferencia; San Juan Pablo II (1920–2005) rompió todos los récords de auditoría presencial para un líder espiritual. Llegó a convocar auditorios de hasta 5 millones —como en Manila, Filipinas, en 1995— convirtiéndose en el conferencista más escuchado de la historia moderna. Esos hombres y mujeres son ahora intercesores, verdaderos influencers que, desde las reliquias que nos ayudan a sentirlos cercanos, ayudan al corazón cristiano para renovar su fe, y permiten así una mejor comprensión del Evangelio bajo el cuidado de María. Alguien me preguntaba que si me puse muy nervioso ante tanta gente... le dije que no, porque es Dios quien quiere que seamos santos y Él prepara y lleva la batuta en cada una de mis conferencias. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 3 de septiembre de 2026

«La pesca abundante... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Luego de una hora de vuelo en Batik Air, ayer llegamos a Surabaya, la segunda ciudad más grande de Indonesia y la vibrante capital de la provincia de Java Oriental. Su nombre proviene de la leyenda de la pelea entre un tiburón —sura— y un cocodrilo —baya y es un importante centro económico, comercial y portuario del sudeste asiático. Aquí estaremos unos cuantos días para tener un encuentro con los alumnos y maestros del colegio que nuestra familia misionera tiene, dar un taller sobre las Causas de los Santos y las Reliquias y compartir una tarde con nuestros hermanos Vanclaristas indonesios. ¡Llegando fue un gusto encontrar a las hermanas Misioneras Clarisas de esta comunidad —entre ellas algunas conocidas— que nos recibieron al estilo inesiano! Entramos a la hermosa capilla donde la Virgen de Guadalupe acompaña a su Hijo oculto en el sagrario y a cenar para luego pasar aquí la primera noche.

Hoy amanecimos tempranito, como lo marca el vaivén de esta agitada ciudad, pues la misa es, de ordinario, tanto en casa como en la parroquia, a las 5 o 5:30 de la mañana. Así que en lugar de entrenar el cuerpo a esas horas como o hago, prolongo el ejercicio espiritual cada día y ya repondré después... El evangelio de este jueves tiene totalmente un tinte vocacional. Es pasaje de San Lucas que narra la llamada de los primeros discípulos (Lc 5,1-11) nos introduce en una escena sencilla, pero llena de profundidad. Jesús está junto al lago y la gente se agolpa para escuchar la Palabra de Dios. Entonces sube a la barca de Simón, quien había regresado cansado y frustrado después de una noche entera sin pescar nada. Desde esa barca, Jesús enseña a la multitud y también prepara el corazón de sus discípulos; después invita a Simón a ir mar adentro y a echar nuevamente las redes. La respuesta de Simón revela cansancio y desaliento: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada». 

Como pescador experto, Pedro sabe que no parece razonable volver a pescar de día, menos aún después de haber fracasado durante la noche, que era el momento más propicio. Sin embargo, se fía de la palabra de Jesús y obedece. Al echar las redes, la pesca resulta tan abundante que casi se rompen, y las barcas están a punto de hundirse. Simón necesita entonces la ayuda de Juan y de Santiago, que se encuentran en la otra barca. Ante esta manifestación del poder de Jesús, un poder que viene del Dios Santo, Pedro descubre una dimensión nueva del Maestro: Jesús no es solo quien enseña con autoridad, sino el Santo de Dios. Por eso él y sus compañeros, dejándolo todo, lo siguieron. Seguir a Jesús exige abandonarlo todo y supone una conversión interior que se expresa en una radicalidad concreta: dar prioridad a su presencia y a su proyecto. San Lucas nos muestra así que la comunidad cristiana nace de un encuentro personal con Cristo, capaz de transformar las tareas ordinarias en misión evangelizadora. Así vivió la Virgen, así vivieron los santos; pidámosle a ella que también nos ayude a seguirlo con la misma disponibilidad.

Padre Alfredo.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

«A dispensar el amor, la compasión y la ternura de nuestro Dios»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estos días, mientras estoy en Indonesia, baso mis reflexiones en el evangelio. No saben cuánto lo he disfrutado al tener que hacer síntesis y síntesis porque todo ha de ser traducido al momento de estar hablando ¡El indonesio no se parece para nada al español y aquí me tienen como niño de kinder aprendiendo por lo menos los saludos básicos, los números y una que otra cosilla más! San Lucas nos narra hoy la escena en la que Jesús entra en la casa de Simón Pedro y la convierte en un santuario (Lc 4,38-44). Él, esta vez, no predica con palabras, sino con un gesto rotundo: cura a la suegra de Simón, quien de inmediato se levanta para ponerse a servir. Más allá de los debates de algunos estudiosos sobre el estado civil de Pedro —porque algunos deducen de esto que él era viudo— lo verdaderamente central aquí es que el signo de una sanación real es siempre la diaconía. La vida recobrada se verifica en el servicio desinteresado, jamás en la autocelebración.

Cuando ha caído la tarde, narra el evangelista, una multitud acude a Jesús en busca de salud. Me gusta pensar que cada uno de ellos representa un encuentro irrepetible, porque Lucas nos muestra que Jesús no evita el contacto humano, sino que toca a cada enfermo personalmente: Él es la pureza absoluta que abraza y purifica nuestra miseria. Incluso los demonios lo reconocen y gritan su identidad, pero él los silencia con firmeza porque rehúsa la fama fácil y rechaza cualquier definición mesiánica que pretenda esquivar la cruz.

Finalmente, este relato del evangelio, en los últimos renglones, nos muestra la pedagogía del silencio de Jesús. La intensa compasión del día anterior desemboca de madrugada en la soledad orante, y es justamente de ese silencio de donde nace su urgencia apostólica: «Es necesario que vaya...». Jesús es el misionero del Padre que camina hacia donde el Reino aún no ha llegado; transita de la curación a la misión, de lo privado a lo público, de lo conocido a lo que todavía espera una palabra de vida. Él también ha pasado por nuestra historia y hoy nos envía a hacer lo mismo. Hoy, en unas horas, volaré a la ciudad de Surabaya, a una hora de aquí, en esta misma isla de Java. Allá me esperan nuevos compromisos y en ellos el gozo de ser un misionero de la misericordia llevando con ello la tarea de dispensar el amor, la compasión y la ternura de nuestro Dios. Que su Madre nos acompañe. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo. 

martes, 1 de septiembre de 2026

«Que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Para un padrecito hiperactivo como yo, el tiempo pasa como agua pero tengo la certeza de que en estos días ha pasado como agua clara de Cristo que nos ha lavado por dentro en unos días de gracia en la «Experiencia Inesiana» —el curso que imparto con dos de nuestras hermanas: Silvia y Tere— con el primer grupo de participantes aquí en Yakarta. El espíritu y espiritualidad de la Beata María Inés, una fundadora valiente cuyo secreto para moldear su entrega lo aprendió directamente de María nos ha hecho reestrenar el gozo de ser misioneros. Nuestras hermanas viven en un entorno que está marcado por una grandísima presencia de la religión de Mahoma, pues solamente el 3% es cristiano en esta nación.

A pesar de la barrera del idioma indonesio, que me impidió profundizar en las homilías como hubiera deseado para evitarles el cansancio que ocasiona el estar escuchando la traducción en cada eucaristía, siento que la palabra del evangelio ha tocado con fuerza nuestros corazones en estos días, mostrándonos cómo la Madre María Inés sintoniza en todo con Jesús. Y es que la verdad del evangelio jamás nos deja indiferentes, pues la autoridad de Jesús convence desde su propio ser, como afirma el evangelio de este día (Lc 4,31-37). Sin la Eucaristía diaria y la Adoración, este, y cualquier otro curso, habría sido un simple pasatiempo o un requisito formativo que cumplir; sin ella nada habríamos logrado. En cada Santa Misa, el Señor se ha hecho presente en hechos concretos, demostrando que contra Él nada ni nadie puede, ni siquiera los espíritus malignos o el pecado que a veces nos seduce y nos cierra a la gracia. 

Jesús fue saliendo a nuestro encuentro cada jornada con sus palabras de Vida, su entrega amorosa y su escucha atenta en medio de nuestra realidad cotidiana. Para interpretar lo que Jesús ha obrado en nuestros corazones a través de nuestra fundadora en esta experiencia de vida espiritual y fraterna, el Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas, nos dice que incluso en las noches más oscuras el Señor suscita personas capaces de perseverar en el bien y generar una resistencia activa al mal. Ahora, la Virgen María también hará su parte: ella ha venido presurosa con su Hijo estos días, como cuando fue con Isabel y nos ha traído el vino de la alegría. Ella, que perseveró al pie de la cruz, nos alienta y cada vez que un curso termina o que una experiencia como esta llega a su fin, regresa con nosotros las comunidades de donde hemos venido para que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio a quienes aún no conocen a Cristo. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.