lunes, 1 de junio de 2026

«Sin anclarnos...» UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Desde que tengo uso de razón me ha apasionado hacer garabatos... Hasta cuarto año de primaria utilizaba las dos manos con el lápiz, colores, marcadores, pluma y lo que llegara a mis manos. ¡Seguro mis primeros jeroglíficos quedaron plasmados en alguna de las paredes de la diminuta casa que habitamos hasta que cumplí los 5 años —la de ahora sigue siendo diminuta, pero es otra—! Gracias a la maestra Jesusita —que de Dios goce porque era en los años sesenta bastante mayor— experta en el uso de la regla y el borrador para corregir a los zurdos o ambidiestros, nunca más pude volver a escribir con la mano derecha, aunque para todo —antes de meter la pata— meta primero la mano izquierda. El caso es que hago esta inútil introducción para decir cuánto me gustan las esperas en los aeropuertos como medio para que me ponga a rezar, leer y sobre todo... ¡escribir! Sí y es que ver una pantalla en blanco, abre mi mente y mi corazón para que las letras fluyan sin interrupción alguna. 

Ahora escribo desde la sala 22B el aeropuerto Schiphol en Ámsterdam, Este inmenso puerto aéreo cuyo nombre proviene de la combinación de dos palabras en neerlandés antiguo: schip —barco— y hol —agujero o fosa)—. Literalmente se traduce como «agujero de barcos», debido a que se encuentra sobre el fondo de lo que solía ser el turbulento y traicionero lago Haarlemmermeer. Hay que recordar que aproximadamente la cuarta parte de esta nación —Llamada «Países Bajos» y conocida por sus dos provincias: Holanda del Norte y Holanda del Sur— se encuentra completamente por debajo del nivel del mar. Además, gran parte del resto del país apenas supera unos pocos metros de altitud. Esta base aérea se inauguró el 16 de septiembre de 1916 como aeropuerto militar durante la Primera Guerra Mundial. Poco después, en 1920, comenzó a operar para vuelos civiles. Actualmente ocupa el tercer lugar en extensión y volumen de pasajeros en Europa y el quinto en el mundo. Y es para mí un lugar que siempre me trae el recuerdo se haber sido el primer aeropuerto de Europa que conocí allá por 1984 cuando era un jovencillo destinado a estudiar en Roma.  Espero aquí mi vuelo a Cracovia a donde ustedes, mis queridos 17 lectores, me acompañarán en espíritu.

Me da gusto que este viaje y en concreto este mes, empiece para todos con la sensacional segunda carta de Pedro como primera lectura (1 Pe 1,1-7), porque esta carta inspirada se centra sobre todo en la conducta de los cristianos. El escritor sagrado basa la tesis de la centralidad de Jesucristo y de su divinidad y lo primero que manda a sus lectores es que crezca en ellos la gracia y la paz por el conocimiento de Dios y Salvador Jesucristo. Esto es de vital importancia para nosotros, que, viajeros de paso en este mundo, debemos tener muy en claro quien es Jesucristo, familiarizarnos con él y con la alegría de su Evangelio, porque ese es origen de la gracia, bendición y ayuda de Dios para ser constructores de la nueva evangelización como peregrinos hacia la patria celestial. El Papa León XIV ha destacado esta conciencia de ser peregrinos como una dimensión central de la fe cristiana, recordando que la Iglesia es una civitas peregrina —pueblo en camino hacia la patria celestial—. Este concepto marca un llamado a evitar el apego excesivo al mundo, el sedentarismo espiritual y el individualismo, animándonos a vivir con solidaridad y esperanza sin anclarnos a las cosas materiales. Que la Virgen Madre, que fue peregrina —Belén, Egipto, Nazaret, Caná, Éfeso— nos aliente a vivir con alegría en la libertad de los hijos de Dios. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 31 de mayo de 2026

«NO ME OLVIDO NUNCA QUE SOY UN PEREGRINO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este «pequeño pensamiento» lo empecé a escribir tranquilamente el día 27 en el escritorio de mi habitación del hotel en el que me tocó acompañar a 14 obispos de la provincia eclesiástica del noreste de México en un encuentro con más de 200 sacerdotes que estaban instalados en otro lugar. Inocentemente pensé que allí me podría explayar, pero poco duró el encanto... ¡Qué curiosos somos los humanos! Mientras que Jesús, en el Evangelio de ese día (Mc 10,32-45) enseñaba a sus discípulos que el Reino de Dios no se establecería mediante el poder humano, sino a través de la entrega, el sacrificio y el amor llevado hasta el extremo, como él lo demostraba con sus acciones y actitudes, las expectativas de sus seguidores estaban muy marcadas por una visión humana. Los discípulos, en su mayoría, soñaban con un reino de gloria visible, de poder y de prestigio, y aspiraban a ocupar los primeros puestos. Les resultaba sumamente difícil y complicado aceptar que el camino del Mesías debía pasar por la cruz y no por el triunfo inmediato. Así, mientras Jesús hablaba de entrega, ellos pensaban en privilegios e instalación.

He pensado, desde ese día mucho en esto y le he estado pidiendo a Dios que yo «no me instale», que tenga siempre claro que como misionero soy un peregrino cuya casa temporal es el mundo sin querer encontrar un espacio para eternizarme. De hecho los días han pasado «desinstalado», creo yo, pues llegué a ese encuentro luego de un curso para sacerdotes en el otro extremo de mi México lindo y querido y hoy domingo estoy escribiendo en la terminal 1 del desdichado y deschistado aeropuerto Benito Juárez de la Selva de Cemento (CDMX para quienes no recuerdan), esperando la inmensa aeronave de KLM que me hará cruzar —si Dios no dispone otro destino— el charco para pasar mañana lunes unas horas en Amsterdam y continuar a Cracovia y Varsovia en Polonia, de paso a Vilnius, la capital de Lituania a «chambear» de misionero de la misericordia en el Congreso Internacional de la Divina Misericordia que tiene por lema: «Construir la Ciudad de la Misericordia profundizando en el tema de la misión urbana en las grandes metrópolis.

Me da gusto que este domingo en que la Iglesia celebra a la Santísima Trinidad, me sirva de preparación para esta tarea que busca que la reivindicación de la construcción de una nueva Torre de Babel —de la que habla el Papa León en Magnifica Humanitas— no se haga realidad. La solemnidad de la Santísima Trinidad nos hace dirigir nuestra mente, nuestro corazón y en general todo nuestro ser, hacia el único Dios verdadero lleno de misericordia y bondad entrañables en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta realidad de Dios, ya pergeñada en el Antiguo Testamento, nos ha sido plenamente revelada en el Nuevo con la gracia del misterio pascual. Cristo, el Verbo divino hecho carne, nos ha revelado al Padre y nos ha hablado del Espíritu Santo que a su vez nos ha prometido, el Espíritu que nos hace comunidad, familia en la fe que camina en sinodalidad con la plena consciencia de que somos peregrinos en este mundo. Que el Dios uno y trino, lleno de amor, que «tanto nos amó» nos espere en nuestra patria definitiva y que no queramos instalarnos con la falsa ilusión que tenían los de la Torre de Babel. Yo, por mi parte, le pido a María Santísima, que nos abra los ojos. ¡Bendecida tarde de domingo!

Padre Alfredo.

martes, 26 de mayo de 2026

«MAGNIFICA HUMANITAS»... La primer encíclica del Papa León XIV.


El Papa León XIV su primera encíclica «Magnifica Humanitas», un «magnífico» documento que lleva por subtítulo: «sobre la Custodia de la Persona Humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial» y en el que expone la visión de la Iglesia sobre la doctrina social en la era de la inteligencia artificial. El Papa hace un fuerte llamado a promover la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz; junto con una fuerte insistencia a superar la teoría de la guerra justa y relanzar el diálogo y el multilateralismo en tiempos de la Inteligencia Artificial.

El Santo Padre firmó la encíclica el pasado 15 de mayo, celebrando con ello el 135 aniversario de la «Rerum Novarum» de León XIII y en un inédito acto de presentación la mostró al mundo ayer. Digo «inédito acto» porque nunca antes un Papa había estado en la presentación de uno de sus documentos y mucho menos la presentaba él mismo como en esta ocasión.

En cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, «Magnifica Humanitas» es un documento que exalta el valor de los adelantos tecnológicos de última generación, pero advierte de que todo eso, junto con la Inteligencia Artificial (IA), no conserva un carácter neutro y eso puede deshumanizar. Por ello, nuestro querido Robert Prevost pide, como Papa, «construir en el bien» y «permanecer humanos».

Desde el inicio de la lectura del documento, uno queda enganchado con los dos pasajes de la Escritura con los que el Papa abre su reflexión: La Torre de Babel (Gn11) con el que quiere representar el modelo del progreso tecnológico y del poder humano adviertiendo que cuando la tecnología se usa únicamente para el lucro y el deseo de dominar el cielo, se cae en lo que él llama el «síndrome de Babel». Esto, dice el Santo Padre, genera una sociedad unificada por la técnica, pero profundamente deshumanizada, orgullosa y fragmentada.

El otro texto que da pie a toda la encíclica, es el pasaje de la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías (Neh 2-6). Este relato le sirve al Papa para ir al modelo positivo de «reconstrucción», que no impone soluciones desde arriba. Nehemías escucha los temores de la gente y convoca a las familias a trabajar unidas, para trabajar todos y cada uno reconstruyendo una sección de la muralla. Representa el uso de las herramientas de nuestra época no para levantar muros de exclusión, sino para reconstruir los vínculos humanos.

Todos los temas que la encíclica trata, y que parten de estos dos relatos, son interesantes, pero entre ellos, luego de haberla impreso de inmediato y darle una rápida ojeada ,quiero destacar algunos que me parecen clave para su lectura:

El Papa exalta, en primer lugar, el valor de la innovación, pero advierte que la tecnología lleva el rostro y los intereses de quienes la financian y desarrollan, por lo que requiere una cuidadosa supervisión ética. De una forma muy certera, manifiesta un claro rechazo al colonialismo digital, denunciando cómo muchas de las grandes corporaciones extraen datos personales sin beneficiar a las comunidades vulnerables, creando nuevas formas de explotación y desigualdad.

León XIV deja ver la que tiene que ser la Ética que rija la Inteligencia Artificial, exige códigos éticos compartidos y transparencia sobre la misma, para evitar que el poder se concentre en unas pocas corporaciones, ensanchando la brecha entre incluidos y excluidos. Hablando de la centralidad del trabajo humano como condición de todos y para todos, invita a hacer frente a la automatización, defendiendo que la dignidad del trabajo debe prevalecer y que las herramientas digitales no deben reemplazar ni deshumanizar a la persona, por eso hace un firme llamado a «permanecer humanos». 

Nadie se escapa del llamado que el Papa hace. Él invita a legisladores, empresarios, desarrolladores y ciudadanos a construir un entorno digital orientado al bien común, custodiando nuestra humanidad por encima de cualquier máquina para edificar «la civilización del amor» entre todos, pero sabiendo que no es fácil.

La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, dice el Santo Padre, muestra al mundo que la gracia no elimina los conflictos con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien.

El documento termina hechando un vistazo al Magnificat, llevándonos con ello  a no permanecer como espectadores resignados, sino sintiéndonos tejedores de esperanza, con la misma fe que María, quien, en su humildad, bajo una dominación extranjera y en medio de un pueblo humillado y dividido, fue capaz de vislumbrar la obra invisible y salvífica de Dios.

¡Disfruten la lectura y reflexión de la misma!

MAGNIFICA HUMANITAS

Padre Alfredo.

P.D. Como una cuestión muy de Dios, esta mañana Monseñor Margarito Salazar, compañero de camino y amigo desde nuestros años mozos en el Seminario, me platicó que en Matehuala, de donde era Obispo hasta hace poco, antes de ser nombrado Obispo de Tampico, se está terminando de construir la Catedral, empezada muchos años atrás y el lema, para las tareas es: «TODOS SOMOS CATEDRAL», no cabe duda de que, estos santos varones, que liderean nuestras diócesis, van de la mano del Santo Padre.

El Maestro no defrauda nunca... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Las últimas semanas he estado muy empeñado en la Pastoral Sacerdotal, primero con la reunión en la CEM (Conferencia Episcopal Mexicana) con las comisiones de todo el país, la semana pasada en el curso David Noel y estos días en la reunión provincial del clero. No cabe duda de que así ha querido el Señor que me prepara para la próxima fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote este próximo jueves. Ser sacerdote en nuestros tiempos sigue siendo una de las formas más hermosas de hacer presente el Reino de los Cielos entre los hombres. El gozar de la alegre entrega de mis hermanos sacerdotes y obispos, reconstruye el alma y me alienta en el deseo de seguir sirviendo, buscando ser padre, profeta y pastor a imagen de Cristo como todos ellos, que en cada diócesis y en cada congregación religiosa, según el caso de la vocación sacerdotal específica, construimos todos un presbiterio que, en medio de un mundo plagado de caminos confusos, siembra esperanza.

A esta alegría se suma, indiscutiblemente la encíclica Magnifica Humanitas, apenas ayer promulgada por nuestro querido Papa León, en cuyo nombre, como misionero de la misericordia, emprenderé el vuelo hacia la Europa báltica, para colaborar en el Encuentro Internacional de la Divina Misericordia en Vilnius, la capital de Lituania. Esta encíclica , que en los apenas 31 números que he leído me tiene cautivado y que va enfocada a la Doctrina Social de la Iglesia, aborda, entre otras cosas, unos temas profundamente ligados a la misericordia. Ésta, la primera encíclica del Papa León XIV, aborda la custodia de la persona humana frente a los desafíos de la inteligencia artificial. El Papa subraya que la tecnología debe orientarse siempre al bien común y a la dignidad de los vulnerables, entendiendo que la Inteligencia Artificial (IA) debe ser desarmada «de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, exclusión o muerte», cosas que atentan en contra de lo que la Divina Misericordia nos llama a vivir.

Quiero ir ahora al Evangelio de hoy (Mc 10,28-31), que es bastante claro y da siempre luz. El Maestro no defrauda nunca a pesar de que los que nos sentimos seguidores fieles de su doctrina creemos haberlo dejado todo por Él y con frecuencia nos damos cuenta de que hay algo guardado por allí que procede de nuestra ambición y que no queremos perder. El uso de las tecnologías modernas no puede esclavizarnos, hay que dejar de lado incluso eso que parece solucionarnos todo y mantenernos radiantes en un mundo de confort. Parece que Pedro va también por ese camino: no parece pedir nada, pero le recuerda a Jesús su generosidad, buscando, tal vez, una confirmación, de manos del Maestro, de la recompensa que buscan tener... «Nosotros lo hemos dejado todo». Pero, como siempre, conociendo nuestra fragilidad, el Maestro no defrauda: sigue prometiendo el ciento por uno de lo abandonado por su causa, y seguro que lo ha cumplido, aunque nuestros ojos de carne no sean capaces de descubrirlo. El Papa León termina su encíclica mirando al Magnificat, que eleva a los pequeños, humildes y excluidos. Que Ella vea también nuestra pequeñez, a pesar de los apegos y nos conduzca de la mano a su Hijo Jesús. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

domingo, 24 de mayo de 2026

«PENTECOSTÉS, PAZ Y ALEGRÍA PARA EL MUNDO»... Un pequeño pensamiento para hoy


Celebramos este domingo al Espíritu Santo, al Espíritu que no suscita en nosotros sentimientos de turbación, de derrotismo y de tristeza; al Espíritu verdadero que nos conduce a la verdad plena. Celebramos al Espíritu que nos hace penetrar en lo profundo del misterio de Dios y en lo profundo del misterio de la vida, al Espíritu que nos enseña a discernir, a separar la paja del grano. Celebramos al Espíritu que nos muestra lo que conduce a la vida y nos hace diferenciarlo de lo que aleja de ella, al Espíritu que nos hace distinguir lo verdadero de lo falso. Celebramos al Espíritu que nos deja esa rica historia de los santos, que son los hombres y mujeres que se han dejado educar y guiar por Él.  Celebramos al Espíritu que nos une y nos envía al mundo, sediento de paz y de alegría.

Este domingo el Espíritu, la tercera persona de la Santísima Trinidad, alguien personal y no anónimo, se posa de manera personalizada en cada uno de los reunidos en el Cenáculo (Hch 2,1-11), dando a cada uno un don peculiar que les hizo hablar en una lengua distinta para abrir la acción de Dios al mundo entero, respetando la diversidad de lenguas y culturas, pero uniendo a todos con el lenguaje universal del amor, porque como dice san Pablo: «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1 Cor 12,3b-7.12-13). Este domingo de Pentecostés, es invitación definitiva y programática para que la Iglesia, nacida de la Pascua, se abra a todos los hombres y mujeres del mundo entero impulsándonos a la fraternidad: a ser testigos de la paz que el Señor nos trae y de la alegría que llena el corazón para darlas a quienes viven a nuestro lado (Jn 20,19-23). 

Sin fraternidad, sin comunidad de amor, la paz se diluye y nuestra predicación iría perdiendo poco a poco la alegría. La fraternidad, que nos trae el Espíritu Divino impulsa la predicación de la alegría. Pidamos a María, que reunida con los Apóstoles en el Cenáculo recibió este Don, que nos ayude a ser el reflejo luminoso del amor de Dios para ser, como decía la Beata María Inés Teresa, «almas pacíficas y pacificadoras» que llenen al mundo de la alegría de los hijos de Dios. Hoy apagamos el Cirio que ha estado encendido durante todas nuestras celebraciones de Pascua y que se mantiene vivo en nuestro corazón para ser, por la acción del Espíritu, luz de las naciones. ¡Bendecida fiesta de Pentecostés!

Padre Alfredo.

sábado, 23 de mayo de 2026

«EL CURSO DAVID NOEL 2026»... Un pequeño pensamiento para hoy


Esta madrugada regresé de Cancún luego de haber vivido unos días maravillosos de formación sacerdotal con casi 60 padres del presbiterio de Monterrey del cual, como Misionero de Cristo formo parte en esta etapa de mi vida. El Señor me permitió impartir la temática y las mesas de trabajo y reflexión de este curso en torno a la Fraternidad Sacramental en los sacerdotes y el don de la amistad. Me siento —a estas alturas de la vida— un poco cansado como todos los participantes porque el vuelo de regreso se retrasó 6 horas. Pero por supuesto, estoy feliz de haber podido servir a mis hermanos acompañándolos con la exposición y estudio de estos temas imprescindibles en nuestra vocación. Este curso anual, en el que ya he participado años y años como receptor, se debe a la iniciativa de nuestro querido y recordado David Noel Ramírez Padilla (+2025), quien fuera rector del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y un ferviente y comprometido católico que veló siempre por el cultivo de la espiritualidad, el estudio, el descanso y la convivencia entre sacerdotes. ¡Gracias infinitas David Noel!

La lectura del Evangelio de hoy (Jn 21,15-19), me cae como anillo al dedo luego de la experiencia de estos días, y no dudo que a mis hermanos que vivieron el curso les suceda lo mismo. Jesús, al igual que a Pedro y a cada uno de los apóstoles y discípulos, se acerca a nosotros tal como somos y estamos para dialogar y confiarnos su misión, Él se abaja hasta nuestro suelo y desde ahí nos invita al «seguimiento» que se reestrena cada día. Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús. Eso ha hecho con nosotros en estos días. El texto narra un encuentro, el largo diálogo que mantuvieron Jesús y Pedro en medio de una comida. El contenido del diálogo nos muestra la misericordia de Dios como su gran amor por los discípulos y el mundo. Ambos, hablan de amor, de amistad, de perseverancia y fidelidad. 

Junto al encargo que el Maestro le ha dado a Pedro y que ya desempeña al frente de sus hermanos, olvidando el pasado le invita a una confesión de amor. El Señor requiere el amor de Pedro por tres veces. Luego del interrogatorio en este clima de sencillez, Simón Pedro comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz y le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». El Pasaje evangélico nos enseña que el amor y el seguimiento de Cristo no son estáticos; se renuevan cada día y nos exigen un corazón dispuesto a aprender y a crecer constantemente. Sin la formación permanente, eso sería imposible de lograr. "Ayúdenme a darle gracias a Dios nuestro Señor por habernos regalado este tiempo de gracia contemplando el mar, que siempre me habla en especial de la misericordia de Dios. Para mí hasta el Padrenuestro de siempre, sabe especial en el mar. Que los frutos y los beneficios espirituales recibidos fructifiquen en el ser más amigos de Cristo, más amigos entre nosotros y en hacerle muchos amigos a Dios. Qué María santísima nos lo alcance de su Hijo Jesús. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 21 de mayo de 2026

¡Ánimo!... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Creo que en estos días de Pascua, con la lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos hemos dado cuenta bastante bien de quién es San Pablo, un hombre extraordinario, un hombre santo y muy culto que hablaba griego, que era judío pero ciudadano romano. En el plano humano y ante las acusaciones que en las lecturas de estos días ha venido enfrentando, las ventajas que tenía nos hacen ver en él un misionero de temple. En un mundo en el que aún no se hablaba de globalización, él había hecho que el Evangelio gracias a su visión global de su actividad a lo largo de un extenso territorio. Su formación griega le había preparado para tener esa perspectiva cristiana cósmica permitiéndole presentar una defensa de sí mismo y de su ministerio misionero.

San Pablo llega feliz a Jerusalén porque ha visto la acogida que la predicación del Evangelio ha tenido entre los gentiles y como éstos han abrazado la fe, pero su felicidad se ensombrece al ver la hostilidad de su propio pueblo, el pueblo judío, el pueblo elegido al que perteneció Jesús, el Cristo, a quien él predica. Esa hostilidad lo lleva a la cárcel, pero Pablo, inteligente y dotado de la sabiduría de Dios, saca provecho de esta situación y hace valer su ciudadanía romana para que su vida y misión no termine en Jerusalén sino que llegue a Roma, capital del Imperio. En el pasaje que nos narra la primera lectura de hoy (Hch 22,30;23,6-11), esta postura se enriquece en su corazón gracias a su relación con Cristo, con quien había tenido el sorprendente encuentro que cambió su vida. 

Ese mismo Cristo es el que había dicho en el Evangelio: «Sean sagaces como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10,16), advirtiéndonos de los peligros que hemos de afrontar —ovejas entre lobos—. Esta expresión significa combinar la prudencia y sabiduría para evitar riesgos, con la integridad, inocencia y nobleza de corazón. Es lo que hace este gran apóstol cuando sus hermanos intentan acorralarlo para empujarlo a la muerte. Su entrega valiente y generosa se ve recompensada por el mismo Señor que se le presentó en la intimidad de la noche para decirle: «¡Ánimo!, como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma». Además de admirar a san Pablo por todo esto, hemos de acogernos como él siempre a Dios que también a nosotros nos dirá: ¡Ánimo! Que la Virgen santísima nos acompañe y nos aliente a ser valientes como Pablo y sobre todo, como u Hijo Jesús.

Padre Alfredo.