Mostrando entradas con la etiqueta Guadalupe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guadalupe. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de diciembre de 2018

«En el día del Vanclarista»... Este 12 de diciembre


«María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel» (Lc 1,39). Isabel, sin necesidad alguna de la Virgen hablara, comprendió quién estaba en su casa. La alegría de la «Sierva del Señor» se proyecta en esta visita.

Hoy recordamos la visita que hace muchos años María hizo a nuestro continente americano, a México en concreto en el cerrillo del Tepeyac. Y hoy, también ella nos visita para repetirnos aquellas palabras que dijo a san Juan Diego: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?». ¿Sabremos corresponder a su maternal protección en un mundo que cambia de un modo tan rápido y profundo y que parece hacer a un lado el cúmulo de valores evangélicos que Cristo vino a dejarnos?

Las debilidades y los errores de los hombres a lo largo de tantos años no han impedido a la protección materna de la Morenita del Tepeyac, que comenzó casi con la conquista, extenderse por todo el continente y por muchas partes más. Es más, Ella, la «Dulce Morenita del Tepeyac» como la llamaba la beata María Inés Teresa, ha marcado profundamente la conciencia y los corazones de muchos hombres y mujeres no sólo americanos, sino de los otros continentes. La espiritualidad mariana y guadalupana se extiendo por el mundo entero.

La espiritualidad mariana es algo muy especial de todo Vanclarista. Precisamente la beata María Inés, al fundar Van-Clar, quiso que el día del Vanclarista se celebrara precisamente el 12 de diciembre, recordando que cada uno debe vivir par Cristo bajo el amparo de Ella. En cada miembro de Van-Clar el ser mariano es una postura permanente de fidelidad a Jesús Eucaristía, a la Palabra de Dios, a la acción del Espíritu Santo, a María y a sí mismo por su compromiso misionero.


Sé que en muchas partes se reúnen en torno a este día para celebrar a la Madre Dios y para celebrar el «sí» que cada uno ha dado al aceptar la invitación a dar testimonio de vida cristiana en el lugar en donde se encuentren. Esta fiesta es, de esta manera, algo entrañable, pues al dejarla como Patrona Principal no solo de Van-Clar sino de toda la Familia Inesiana, Madre Inés ha querido dejarla como modelo de vida que se encamina presurosa a llevar a Cristo, quedando ligada indisolublemente a la historia de nuestra familia misionera invocada constantemente, como lo hacía ella, como amiga y compañera que nos visita y se queda con nosotros. 

En el Evangelio se narra que María visita a Isabel, Ella, la que ha comenzado a ser la Madre de Dios, la sierva del Señor, se encamina presurosa a compartir su dicha en el servicio, comunicando a Cristo la dicha de la que será siempre su misión de servicio al Padre: ¡Dar a Cristo a la humanidad!

Ella, la redimida y asociada al redentor, la humilde sierva y la que llaman dichosa todas las generaciones, es nuestra Patrona Principal, nuestra amiga y compañera, nuestro modelo de apóstol, por eso la beata solía repetir constantemente y con sencillez: «¡Vamos María!»

«¡Vamos María!», porque el apóstol, no puede prescindir de quien Cristo no ha querido prescindir. «¡Vamos María!», porque los sentimientos de Jesús acerca de su Madre deben estar presentes en la vida de todo apóstol: María en el Adviento, María en Belén, María en Nazareth, María en el Calvario, María en la Pascua. «¡Vamos María!», porque las devociones y medios de piedad marianos que vivimos, se transforman en actitudes profundas y convencidas que duran toda la vida. «¡Vamos María!», porque Ella nos habla de silencio fecundo, de servicio que edifica, de responsabilidad que conduce a la santidad.


Su visita, vestida de guadalupana, nos llenó de alegría en el Tepeyac, pero nos dejó también un compromiso, una tarea que cumplir... Su presencia entre nosotros en su santa imagen y en la casa que nos pidió que le construyéramos para allí mostrar todo su amor, nos invita a imitar, como discípulos–misioneros y como hijos de Madre María Inés, su actitud de paz, de consuelo, de gozo, de alegría.

En la Familia Inesiana su imagen y su casa las hemos reproducido ampliamente. Ella está en todas nuestras casas como estandarte de paz, de dicha, de amor, re reconciliación entre Dios y la tierra.

«María de Guadalupe será el alma del alma de este instituto» dijo nuestra amada fundadora. En el Tepeyac tenemos a nuestra Madre amorosa que nos ama como a un hijito tierno y delicado. Ella, con su calor maternal nos vivificará, Ella será la maestra por excelencia de cada Vanclarista. Ella infundirá en cada uno su mismo espíritu, aquel su amor que la hizo descender del cielo a esta tierra de Anáhuac para acoger, tierna y cariñosa, al pequeñito hijo que en la fe le había nacido.

Quien dice «Tepeyac» dice Madre amorosísima y tierna, Madre que arrulla y que acaricia, Madre que sonríe y protege; Madre que, en la cima de ese cerro bendito, quiso manifestar toda la ternura que encierra su corazón hacia un ser pequeñito y aparentemente insignificante.


Dice Madre Inés que todo en esta obra misionera que ella, inspirada por Dios fundó: «tiene el sello guadalupano». Pues ahora, con ese sello, quisiera terminar esta reflexión repitiendo unas palabras que dijo Madre Inés en una ocasión, según lo testimonia uno de sus escritos:

«Hoy, renovando mis donaciones anteriores, pongo en tus manos pastora y rebaño: mira que hay en él almas muy hermosas que viven sólo de Dios y por las almas: hay otras que, aun no valorizan como deben la gracia insigne de su vocación: sé de éstas aun mas Madre que de aquellas, porque te necesitan más: tú sabes que, a pesar de todo, todas tienen buena voluntad: en tus manos las dejo, en tu corazón purísimo las guardo: presérvalas del mal, ayúdalas, santifícalas, anímalas a realizar su ideal» (Ejercicios Espirituales de 1950).

Padre Alfredo.

martes, 29 de mayo de 2018

«AYER, HOY Y MAÑANA»... Un pequeño pensamiento para hoy


No cabe duda de que atravesamos el devenir de nuestra existencia viviendo entre la memoria y la profecía, entre el ayer y el mañana. Y sobre todo en la vivencia del presente, del hoy, luchando por hacer vida aquello de que «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Lo que los antiguos profetas anunciaron ayer, sucede hoy y se seguirá realizando mañana (cf. 1 Pe 1,10-16). Si miráramos más de dónde venimos y a dónde vamos, viviríamos nuestro presente más lúcidamente y sin angustias. No sólo porque nuestra existencia estaría transida de esperanza, sino también porque asumiríamos con decisión el compromiso de vivir vigilantes, no dormidos ni indolentes, sino con disponibilidad absoluta, guiados por Cristo, con la consigna de no amoldarnos a los criterios de este mundo sino a los de Dios porque, «camarón que se duerme, se lo lleva la corriente». Cada vez que vamos a Misa, ejercitamos este dinamismo de memoria del pasado, de profecía abierta al futuro y de celebración vivencial del presente: «Pues cada vez que comen este pan y beben este cáliz (hoy), anuncian la muerte del Señor (ayer), hasta que vuelva (Mañana)» (I Corintios 11,26). Por eso, nuestra participación en la Eucaristía escuchando y meditando la Palabra que nos ilumina, y participando de la fuerza de la comunión, nos hace entrar en una relación constante con el Señor porque «al que no habla, Dios no lo oye» y nos va ayudando a ordenar nuestra vida desde el ayer hasta el mañana para vivir el presente con serenidad y empeño. 

La Eucaristía es nuestro mejor «viático», nuestro alimento para el camino. Aunque como dicen por ahí: «al nopal lo van a ver sólo cuando tiene tunas» nosotros, como discípulos–misioneros, vamos al encuentro del Señor en tiempos de abundancia y de sequía, porque sabemos que «no hay cristiano sin via crucis». Y es que nuestro diario vivir está unido siempre a la cruz. La cruz es una palabra que ciertamente en el pasado resonó mucho en el corazón de los creyentes —basta pensar en la época de la cristiada— pero, hoy se quiere olvidar; sin embargo, no habrá vino de calidad (mañana) si el viñador no podó la cepa (ayer) y no cosecha el fruto (hoy). Si podó la planta, cuida ahora con amor y pasión la viña —aunque tenga que renunciar a muchas cosas— porque sabe que debe producir fruto. El hombre que renuncia a algo a alguien por un ideal, no es un fracasado ni una persona aburrida o sin visión, al contrario, es alguien que con los pies bien puestos en la tierra «no le busca mangas al chaleco, ni tres pies al gato». 

El Reino, que es riqueza, sólo puede colmar a los enamorados de la vida con una visión completa del pasado y del futuro, viviendo el presente con pasión, pues éstos distinguen lo que es esencial: su pobreza y su necesidad de alcanzar la gloria del cielo. Los verdaderos seguidores de Jesús son aquellos que asumen de una manera incondicional este camino del Reino, por eso el Evangelio de este día nos impulsa a luchar cada día por alcanzar la salvación (Mc 10,28-31). «Entonces, ¿quién puede salvarse?» —habían preguntado los apóstoles— (Mc 10,26) y hoy, en el Evangelio, está la clave. El cristianismo, aunque predica un determinado arte de vivir, nunca se reducirá a una moral. Si hemos de reconocer que ante Dios somos pobres, es para recobrar nuestra condición original. Salimos desnudos de las manos de Dios (ayer), luchamos por vivir cada día para Cristo (hoy) y anhelamos la salvación con la vida eterna (mañana). La salvación, lo mismo que la creación, siempre fue, es y será una gracia. Desde aquí entiendo un poco más las palabras de Jesús —que utiliza muchos dichos, como yo en la reflexión de hoy— y que cierran el evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros». Que María, que se considera siempre y se presenta como «la última», sin acaparar espacios de relevancia en el Evangelio, nos ayude, porque ella camina en la «lógica» de Dios. Hoy voy a la Basílica de Guadalupe, y la Dulce Morenita, que oye cada día tantos dichos, me enseña con su sí a vivir como Dios quiere. Su aparición en el Tepeyac, fue un «suave aroma de rosas que llegó hasta el Altísimo» (ayer); una presencia que sigue actuando hoy: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?» (hoy) y que ciertamente seguirá acompañándonos: «Para en él mostrar todo mi amor» (mañana y siempre). Además, al verla entiendo siempre que Dios es un buen «pagador», que da a los obreros de su viña, sin merecerlo, hasta «siete veces más», según el libro del Eclesiástico, y hasta «cien veces más» en este tiempo «y la vida eterna» en el futuro, según el texto del Evangelio de hoy. ¡Bendecido martes y a chambear, porque «la ociosidad es la madre de todos los vicios»! 

Padre Alfredo.

martes, 12 de diciembre de 2017

«Nuestra Señora de Guadalupe»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy celebramos con gozo la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. La devoción popular guadalupana es parte importante de la vida cultural y religiosa de México, de tal manera que todo mexicano debe conocer el relato de las pariciones de santa María Virgen en el Tepeyac. Y este día 12, es un buen momento para releerlas y reestrenarse en la tarea de ser hijos dignos de tan excelsa Madre. Ciertamente siempre nos quedaremos cortos —no sólo los mexicanos, sino todos aquellos que vamos teniendo una relación profunda con ella— para comprender el milagro guadalupano. Dios con los hilos mestizos de nuestra gente entretejió la imagen de Santa María siempre virgen en la tilma de san Juan Diego. Y ciertamente también, creo que nunca seremos lo suficientemente agradecidos ante este regalo maravilloso de Dios en nuestra querida Virgen Morena. En la segunda lectura de la fiesta de hoy (Gal 4,4-7), es notable que san Pablo alude a María exclamando con inmenso gozo y gratitud por los planes divinos: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley…».

Estas palabras, las únicas que el Apóstol de las Gentes refiere a María, son la expresión más clara del camino que el Padre Dios, en un gesto inefable de su amor por nosotros, quiso utilizar para hacer que la historia humana fuera el lugar desde el cual se realiza la salvación. Con la encarnación, Dios se hizo historia, asumiendo todo lo que en ella acontece como lugar, ocasión y causa de salvación. Desde entonces, la historia de la humanidad entera y la de cada uno de nosotros, han quedado vinculadas al plan de Dios trazado desde antiguo para nuestra salvación. Pero el Hijo de Dios irrumpió en la historia humana por medio de una mujer que, según los evangelios, se llamaba María. Por tanto, también desde entonces, nuestra señora, la Madre del verdadero Dios, por quien se vive, está íntima y misteriosamente unida a la aventura de todo creyente. A eso vino la Guadalupana a estas tierras del Anáhuac, a recordarnos que Dios nos ha dado la vida y la debemos entregar por él a cambio. Ella vino suplicando que se le construyera un Templo «para en él mostrar todo mi amor» dijo a Juan Diego, y ¿quién es el «Amor» de María que nos quiere mostrar? Ella se encaminó presurosa a nuestras tierras, como lo había hecho a las montañas de Judea (Lc 1,39) muchos años atrás para mostrar todo su «Amor», su Hijo, el redentor.

Hoy celebramos a la Guadalupana, hoy tenemos obligación de asistir a Misa para agradecer que de ella, de la Morenita del Tepeyac, aprendemos a ser portadores, discípulos-misioneros de la misericordia Divina. En medio de una sociedad que prácticamente ha sacado a Dios de la escena pública y lo ha reducido a quedarse encerrado en los sagrarios, anunciemos con nuestras palabras y con nuestro testimonio que nos queremos comprometer a seguir construyendo el Templo que ella pidió, ese Templo espiritual que es cada una de nuestras vidas, bendecidas por el amor de Dios; busquemos ser promotores del perdón y de la reconciliación con Dios volviendo a él para ganarle muchas almas, en todas partes; pero principalmente en el ámbito de nuestras familias y nuestras comunidades de fe. ¡Cuánto necesitamos reestrenar el mensaje guadalupano! Cuánto necesitamos volver a escuchar aquellas dulces palabras: «Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?». ¡Felicidades a quienes llevan el nombre de Guadalupe y felicidades a todos los que, en el corazón, llevan grabada la imagen de tan excelsa Reina y Señora. ¡Viva la siempre Virgen Santa María de Guadalupe! 

Padre Alfredo.

domingo, 4 de diciembre de 2016

The Virgin of Guadalupe and the call to vocation…


The feast of Our Lady of Guadalupe comes at the midway point of Advent. Mary, the Mother oh God, left her image for us on Juan Diego’s tilma (cloak). This is the only actual image that we have of her. The black «cinta» (belt) around her waist and the four-petal flower over her abdomen, signify that she is a woman with child, a pregnant Mary. There is much more symbolism to the image that Our Lady left us on December 12, 1531, but for discerners in Advent, this pregnant Mary is a good companion.

The beautiful lady of Tepeyac is a guide for all vocations. She helps humble Juan Diego  to understand his calling: “Juanito, my youngest and dearest son, where are you going?” Then she proceeded to direct his steps, to give him the courage to enter the halls of power as her representative and spokesperson. Maybe in  this Advent, some can hear her beautiful voice like an invitation to a deeper understanding and acceptance of God’s call..

The Virgin of Guadalupe is Mother. Her words to Juan Diego and to us from Tepeyac show how deeply Mary has embraced this calling: “Am I not here, I, who am your Mother? Are you not under my shadow and protection? Am I not the source of your joy? Are you not in the hollow of my mantle, in the crossing of my arms? Do you need anything more?” Cradled in her arms, close to her heart, our ears are best attuned to the voice of her Son. In her maternal embrace this Advent, maybe some can listen the voice of her Son like an invitation to follow Him.

Virgin of Guadalupe, pray for all the young people, specially for all that feel the call to follow Jesus, your beloved Son!

Fr. Alfredo.

miércoles, 3 de febrero de 2016

«VOY A BUSCAR LA RIQUEZA DE SU FE»... El Papa Francisco va a México

El Papa Francisco emprenderá del 12 al 17 de febrero un viaje a México. Con ese motivo la agencia Notimex ha recogido una serie de breves preguntas y expresiones de espera del pueblo mexicano. A su vez, el Papa ha respuesto con un vídeo que se transmite hoy en el sito de Notimex y que ahora comparto, una síntesis de preguntas y respuestas.


P. ¿A que viene a México? ¿Qué nos viene a traer a México?

Francisco .- ''Lo que más me mueve a mí es: ¿qué voy a buscar a México? Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas,... Yo voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo... voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de esa riqueza de fe... Ustedes tienen una idiosincrasia, una manera de ser que es fruto de un camino muy largo, de una historia que se fue forjando lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos, con búsquedas, pero hay como un hilo conductor. Ustedes tienen mucha riqueza en el corazón y, sobre todo, ustedes no son un pueblo huérfano porque se glorían de tener Madre, y cuando un hombre, o una mujer, o un pueblo no se olvida de su Madre, te da una riqueza que vos no la podés describir, la recibís, la transmitís. Bueno, yo voy a buscar un poco todo eso en ustedes. Un pueblo que no se olvida de su Madre, esa madre mestiza, esa madre que lo forjó en la esperanza''.

P.¿Que representa para el Papa la Virgen de Guadalupe?

'Francisco.- ''Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y uno no sabe como reaccionar, y le rezo, me gusta repetirme a mí mismo: ''No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?''. Son palabras de Ella: ''No tengas miedo''... Siento eso, que es Madre, que cuida, que protege, que lleva adelante un pueblo, que lleva adelante una familia, que da calor de hogar, que acaricia con ternura y que te quita el miedo..Dice mucho, es una imagen ''decidora'', la imagen de una Madre que cobija, que cuida, que está metida en su pueblo, con la tez de su pueblo. Eso es lo que siento delante de Ella. ... Lo que pediría es ? pero como un favor, a ustedes- que esta vez, que va a ser la tercera que piso suelo mexicano, me dejen un ratito sólo delante de la imagen. Es el favor que les pido''.

P.- ¿Cómo nos ayudaría a afrontar esta violencia que está pasando aquí?

Francisco.-''Violencia, corrupción, guerra, niños que no pueden ir a la escuela por sus países en guerra, tráfico, fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan seguir?: más o menos éste es el clima que hoy vivimos en el mundo, y ustedes están viviendo su pedacito, su pedacito de ''guerra'' entre comillas, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado. ...Si yo voy ahí, es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar con ustedes, para que los problemas... que ustedes saben que está sucediendo, se solucionen, porque el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los carteles, no es el México que quiere nuestra Madre, y, por supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas.

''Que nos traiga un poco de paz'' - decía alguno de ustedes. La paz es algo que hay que trabajarla todos los días, es más -yo diría una palabra que parece una contradicción-, ¡la paz hay que pelearla todos los días!, hay que combatir todos los días por la paz, no por la guerra. Sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz. San Francisco rezaba: ''Señor, hacé de mí un instrumento de tu paz''. Quisiera ser en México un instrumento de paz, pero con todos ustedes. .. Y ¿cómo se amasa la paz? La paz es un trabajo artesanal, ... que se amasa con las manos, desde cómo educo yo a un chico, hasta cómo acaricio a un anciano, son todas semillas de paz... La paz nace de la ternura, la paz nace de la comprensión, la paz nace o se hace en el diálogo, no en la ruptura, y ésta es la palabra clave, el dialogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo....No tenerle miedo a escuchar al otro, a ver qué razones tiene. Y, por favor, no entrar en ninguna, en ninguna trenza que por ganar dinero, me esclavice toda la vida en una guerra interior y me quite la libertad, porque la paz da libertad. Yo le voy a pedir a la Virgen, junto con ustedes, que les de esa paz, que la Guadalupana les regale la paz del corazón, de la familia, de la ciudad, y de todo el país''.

P. ¿Qué es lo que desearía y qué espera de nosotros?

Francisco .-''Yo voy para servir, para eso, para ser un servidor de la fe de ustedes, porque para eso me hice cura... porque sentí esa vocación... para servir a la fe del pueblo. Pero esa fe tiene que crecer y salir hacía afuera y meterse en la vida de todos los días, una fe pública. Y la fe se hace fuerte cuando es pública, sobre todo...en los momentos de crisis... Que hay una crisis de fe en el mundo, es verdad. Pero también es verdad que hay una gran bendición y un deseo.. de que la fe salga hacia afuera, que la fe sea misionera, que la fe no sea enfrascada, como en una lata de conserva. Nuestra fe no es una fe de museo y la Iglesia un museo. Nuestra fe es una fe que nace del contacto, del diálogo con Jesucristo, nuestro Salvador, con el Señor... Si la fe no sale a la calle, no sirve, y que la fe salga a la calle no significa solamente hacer una procesión. Que la fe salga a la calle significa que yo en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano.... La fe tiene que ser callejera, como Jesús. Si yo les pregunto a ustedes: ''¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo de su vida? ¡En la calle! predicando el Evangelio, dando testimonio... Nuestra fe nos tiene que empujar a salir y no quedarnos encerrados con nuestro Jesús, y no dejarlo salir, porque Jesús sale con nosotros, si nosotros no salimos, no sale.... Renovar la fe quiere decir hacerla ''salidora'', hacerla callejera, que no le tenga miedo a los conflictos, sino que busque solucionar los conflictos familiares, escolares, sociales, económicos. La fe tiene que ser la inspiración mía a comprometerme con mí pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros. Quisiera terminar robándole a la Madre sus palabras y que a través mío Ella se las diga a ustedes: ''No tengan miedo de salir, no tengas miedo hijito, hijita mía, acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre''.

viernes, 8 de enero de 2016

«LLEVANDO LA MISERICORDIA EN LA MISIÓN». Relatos de misión en Carolina del Norte

‎"SUS PENSAMIENTOS NO SON MIS PENSAMIENTOS 
NI SUS CAMINOS SON MIS CAMINOS" (Is 55, 8).

Todo comenzó con el envío inesperado de mi superior a una Mission Appeal (Actividad parroquial para solicitar ayuda para la misión en África) a Houston y a una misión Guadalupana a Asheboro, en Carolina del Norte, dos cosas que moverían lo previsto en mi agenda para diciembre de 2015.

Después de terminar la Mission Appeal en Houston, llegué al aeropuerto de Greensboro, Carolina del Norte, donde me esperaban algunos de los fieles laicos de esta comunidad que, encabezados por el coordinador de la comunidad latina y sin conocerme, me identificaron de inmediato como sacerdote, pero dudando que fuera este padrecito misionero al que ellos esperaban: —¡Lo veíamos como si fuera alguien que ya conocía el lugar! Ellos sabían que venía un padre que nunca había estado en Carolina del Norte, pero yo, que soy tan despistado, tengo que ir poniendo cuidado en cuanto letrero veo para no extraviarme, lo cual da la finta de ser alguien muy seguro y que conoce el lugar.

Isidro Fuentes el coordinador del ministerio latino, acompañado por Lupita, Carlos y Carlitos, me recibieron muy amablemente y me condujeron en auto hasta Asheboro en donde el padre Philip Kollithanath, me esperaba con los brazos abiertos. El sacerdote, originario de la India, es el párroco de esta comunidad de Saint Joseph de la que más o menos el 70% de la comunidad es hispana.

Desde el primer día, el 30 de noviembre; Gloria, la esposa de Isidro, con él y sus hijos, me llevaron a comprar las provisiones necesarias, ya que en casa no hay cocinera, pero, para mi sorpresa, cada día había una familia que pasaría por mí por la mañana, al mediodía y en la tarde para comer... ¡Ya pueden imaginarse la peregrinación de casas y restaurantes que realizamos! Cada día, al terminar el desayuno, empezaba mi turno de confesiones que se interrumpía para ir a tomar el "lunch" y luego para celebrar la Misa y tener la reflexión de cada noche. Esos momentos me daban la oportunidad de contemplar hermosísimos paisajes de esta parte de los Estados Unidos a la que nunca me imaginé que fuera a llegar algún día.

Empezamos los días de misión el 1 de diciembre con un taller para todos los servidores de la parroquia: coordinadores de pastoral, dirigentes de grupos, ministros extraordinarios de la comunión, lectores, coros, etc., con una participación muy nutrida. Enseguida vinieron dos días con preparación sobre el Adviento en el año de la Misericordia y el 3 empezó la novena de la Virgen de Guadalupe, con cantos y rezos muy animados. El viernes 4 nos reunimos con los coordinadores de esta misión para preparar el retiro parroquial de Adviento, que sería el sábado y en el que hubo una gran participación de todos, desde los niños de catecismo hasta gente que poco se acercaba a la Iglesia. Ese día por la tarde tuvimos la Santa Misa, que todos los sábados, preside el padre Philip quien hace un grandísimo esfuerzo por hablar español y lo hace bastante bien. Durante estos días me dejó las Misas de español, y una que otra bilingüe y en inglés... ¡Yo encantado con una comunidad así! Ese fin de semana tuve las Misas de 6 de la tarde el sábado y de 12 del mediodía el domingo.

La Fiesta de la Inmaculada Concepción es de precepto en los Estados Unidos, así que tuvimos la Misa Bilingüe en las Vísperas, el día 7, y el día 8, la Misa Solemne para la Apertura del Año de la Misericordia. ¡Cuánto amor tiene nuestra Iglesia a la Santísima Virgen! Igual, anglos y latinos participaron con gusto en la liturgia de la Palabra, en el coro y como ministros. ¡Es hermoso ver la integración de estas dos culturas y celebrar la gritería nicaragüense: Alguien grita: «¿Quien causa tanta alegría?» y todos responden: «¡La Concepción de María!».

Las horas de confesión, que eran bastantes gracias a Dios, eran aprovechadas por una gran cantidad de latinos, anglos y hasta vietnamitas, que sabiendo que estaba allí un misionero, llegaban en busca de la misericordia de Dios. Cada uno salía del confesionario llevando palabras de aliento y estampas de la beata María Inés que, siempre misericordiosa como el Padre, intercede por ellos allá en el cielo.

A lo largo de los días, el número de fieles que acudían a las charlas iba en aumento, y, como en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hubo algunas conversiones y personas que tenían más de 20 o 30 años de no confesarse. Cada día iba tomando diversos aspectos del mensaje de la Santísima Virgen de Guadalupe a Juan Diego y por supuesto, la doctrina Inesiana, que siempre lleva ese sello mariano-guadalupano. Escuchaba confesiones y el tiempo volaba, al igual que los pecados, que dejaban a la gente libre y gozosa para reemprender el camino de la fe. 

Tuvimos la noche del día 9 para hablar de la Misericordia de Dios a adolescentes y jóvenes, invitando a creyentes y no creyentes. En esa noche de oración, después de la Misa Bilingüe, oramos, cantamos y reflexionamos en una lectio divina en torno al pasaje del joven rico en Mt 19. El , el padre Philip Kollithanath, al ver tantos jóvenes, se llenó de alegría y mandó traer pizzas y refrescos para alrededor de 80 muchachos y muchachas que cantaban y alababan a Dios gozosos de saberse amados y llamados. ¡Claro está que al día siguiente de esa noche, ya me esperaban jovencitos de todos colores y sabores y de dos idiomas para recibir la absolución!

Al día siguiente, el 10, luego de la Misa con la comunidad de habla inglesa, se dieron cita matrimonios casados por la Iglesia o solo por el civil, así como parejas en unión libre para la reflexión sobre la Misericordia de Dios en la vida de familia. Igualmente invitamos a todos, creyentes y no creyentes, y la gente respondió. Meditamos juntos ayudados de la parábola del sembrador (Mateo 13,1-9, Marcos 4,1-9 y Lucas 8,4-8) y analizando lo que cada quien puede hacer con esa semilla de fe que ha caído en la tierra de su familia. ¡Al día siguiente tenía una gran cantidad de peces gordos que habían decidido acercarse al sacramento de la reconciliación!

Yo seguía en mi peregrinación en las casas de las familias que me ofrecían comida y más comida, sin faltar las tortillas hechas a mano y todos muy conscientes de lo que podía o no comer, igualmente visitando los diversos restaurantes de todo tipo y gozando sobre todo los momentos de convivencia con las familias de inmigrantes de los diversos países de América Latina que trabajan casi todos en la ebanistería y en maquiladoras de medias, calcetines, elásticos y otro tipo de ropa por el estilo.

Así llegamos a las Vísperas del día 12, con la Misa de Gallo de la noche del 11. para cantarle luego las mañanitas a la Morenita del Tepeyac a la media noche... ¡hasta con banda zacatecana! y ver luego comer tamales y más tamales a la gente, que gozaba como si estuviera en algún rincón de México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y como si fuera pleno mediodía.

El día 12, la Santa Misa se realizó en un gran auditorio, el "Asheboro High School Auditorium", ya que hubiera sido imposible meter a toda esa gente en la parroquia. La Eucaristía se inició con una procesión con una gran cantidad de niños que llevaba cada uno una rosa para la Virgen; fueron tantos que los recipientes para colocarlas resultaron insuficientes. Acompañaba la procesión —con muchos de los niños vestidos de juandieguitos y las niñas de guarecitas— un gran coro que ensayó desde muchos días antes y que puso a la celebración un tinte muy especial. Las lectoras también lucieron sendas ropas purépechas traídas de México para la ocasión. 

El padre Philip, desde días antes, me había dicho que quería que fuera yo quien presidiera y predicara en las dos celebraciones, y que en la del día 12 quería que hablara de nuestra misión en África pues habría una colecta especial para ayuda de la misma. Dado que había estado confesando desde el día 1 casi todo el día y parte de la noche, las filas de la comunión eran nutridas, mientras los cantos se prolongaban. Ese día, y todos los demás, durante las homilías, tuve la valiosa oportunidad de dar a conocer algo de la bellísima y sólida doctrina Inesiana en un lugar donde poco habían escuchado hablar de la beata María Inés, ahora presente en muchas casas del lugar y en bastantes corazones, en estampas de varios tamaños y en algunos casos, sobre todo de enfermos, en las medallitas con reliquia. Al final de la Santa Misa tuvo lugar la escenificación de las apariciones de una manera muy profesional. 

¡Cómo no agradecer a la Dulce Morenita del Tepeyac su elección por todo nuestro continente y más al ver a muchas naciones unidas en una celebración! ¡Cómo no agradecer al Pastor de esta comunidad, el padre Philiph, que no escatima en esfuerzos por conocer y profundizar más en la cultura religiosa de sus fieles latinos y tiene esta iniciativa de traer misioneros que les hablen en su lengua! ¡Cómo no agradecer a Isidro Fuentes y todo su equipazo de hombres y mujeres de fe que lo respaldan en este fuerte compromiso de liderar la comunidad hispana! ¡Cómo no agradecer a mi superior, que confió en mi para esta misión! ¡Cómo no agradecer a tanta gente que día a día, en las diversas partes del mundo por donde he pasado llevando el amor de Dios ora por mí! ¡Cómo no agradecer a toda la comunidad hispana de Asheboro que se desbordó en estos días! ¡Cómo pagar la generosidad de tanta gente! ¡Cómo no agradecer al Señor la cantidad de nuevos amigos que tengo ahora en Asheboro!

El día 13, muy temprano, Roberto y Lupita, Mingo e Isidro, me llevaron de regreso a Greensboro a tomar el avión para continuar mi misión en Costa Rica con una breve escala en Houston.

Me viene repetir ahora, dando gracias a Dios por esta experiencia, la jaculatoria que con tanta sencillez nuestra fundadora, la beata María Inés solía recitar al acabar cada misterio del Santo Rosario y que nos dejó en herencia: «Mi corazón en amarte, eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe». Amén.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

martes, 8 de diciembre de 2015

«TRIDUO A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE»...


1º DÍA - 9 DE DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
 ¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
 Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
 Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Primera parte de la historia de las apariciones:
Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, el indio Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para participar en la misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac y escuchó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió..
La Virgen le habló en nahuatl. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María y le reveló que su deseo era tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos necesitasen de su amparo. La Virgen le dijo además: "Y para realizar lo que mi amor pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo". Juan Diego se inclinó ante ella y le dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo".
Cuando Juan Diego llegó a la casa del Obispo Fray Juan de Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho, pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.

B) Reflexión:
En esta parte de la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego, María como Madre, nos enseña que el diálogo es el mejor camino para llegar al otro, y sobre todo el diálogo respetuoso y cariñoso. Recordemos las palabras con las que la Virgen María se dirige a san Juan Diego: “Juanito, querido, Juan Dieguito”, con respeto, con cariño y al sentirse tratado con tanto cariño, como decirle que no a María, la respuesta fue: “¡Sí!... ¡Voy!...
 El dialogo es la mejor herramienta para exponer una idea, un pensamiento, una postura. Y es la mejor herramienta para llegar a un acuerdo, para buscar soluciones. El dialogo nos acerca. Pidámosle a Nuestra Madre bendita del Tepeyac que en nuestras vidas no falte el diálogo. Pidámosle a ella que nos enseñe a ser personas de diálogo, fieles discípulos misioneros de su Hijo Jesucristo que podamos utilizar el rico don de la palabra para expresar nuestras ideas, anhelos, pensamientos, sentimientos, desde una actitud de apertura que sea capaz de recibir lo que el otro me dice.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.
 Por nuestros sacerdotes, para que sean siempre signo de dialogo sincero y ejemplo de oración, siendo ellos los que hablan a Dios de los hombres y a los hombres de Dios.
 Por cada uno de nosotros los cristianos, para que podamos crecer en el diálogo con el Señor.
 Por nuestros gobernantes, para que tengan una actitud de apertura con las diferentes asociaciones civiles, sociales y gremiales, y que a través de un diálogo sincero puedan encontrar acciones que beneficien al conjunto de la sociedad.
 Por nosotros, para que seamos en nuestra familia, trabajo, comunidad, personas que buscan el diálogo como medio de comunión y herramienta para solucionar los problemas que se van presentando en la vida diaria.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo  de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:
Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.


2º DIA - 10 DE DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Segunda parte de la historia de las apariciones:
Ese mismo día, Juan Diego regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa.
Ella le pidió volver a ver al señor Obispo al día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal. Juan regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino, había enfermado gravemente.
Dos días más tarde, el día doce de diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan Diego le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó".
Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo: "Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia".

B) Reflexión:
La necesidad de pedir perdón y la de ser perdonados, nacen de un corazón que ama verdaderamente como el de Juan Diego y el de María.
En esta parte de la historia de las apariciones que hemos escuchado, san Juan Diego le pide disculpas a María Santísima, y ella, lejos de reprenderlo, lo acoge, lo perdona, lo comprende... Perdono al otro justamente cuando lo escucho, cuando me pongo en su lugar, cuando lo comprendo, cuando lo amo. Solo estas actitudes achican las distancias que nos desunen. Muchas veces nos cuesta mas pedir perdón que perdonar, porque para pedir perdón tenemos que reconocer que hemos fallado, que hemos actuado mal... cuesta... pero si realmente amamos, vamos a tratar de reparar el daño.
Pidámosle a María, la Dulce Morenita del Tepeyac, refugio de pecadores, que nos regale su espíritu humilde para ser capaces de pedir perdón, y que nos regale también su corazón abierto y misericordioso para perdonar a los que nos han herido.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.
 Por los sacerdotes, a quienes la Iglesia, y en nombre de Cristo, confiere el poder para perdonar los pecados en el sacramento de la reconciliación, para que con su vida sean testimonio de tan maravilloso don, y de la vocación recibida.
 Por nosotros los cristianos, para que descubramos la riqueza del sacramento de la reconciliación y no nos falten los auxilios de la gracia de Dios.
 Por las familias y comunidades que están separadas por el rencor y el resentimiento, para que María interceda, y Dios los bendiga con el perdón.
 Para que tengamos una mirada de misericordia para con nosotros mismos, y nos perdonemos nuestros propios errores.
 Por las personas que nos han herido y que nos cuesta perdonar, pidiéndole al Señor por sus necesidades y que nos conceda la Gracia del perdón.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:
Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.



3º Día: 11 de DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Tercera parte de la historia de las apariciones:
Juan Diego subió al cerrito y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: "Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas".
Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.
El mismo día, doce de diciembre, muy temprano, la Santísima Virgen se presentó en la choza de Juan Bernardino para curarle de su mortal enfermedad. Su corazón se llenó de gozo cuando ella le dio el feliz mensaje de que su retrato milagrosamente aparecido en la tilma de Juan Diego, iba a ser el instrumento que aplastara la religión idólatra de sus hermanos por medio de la enseñanza que el divino códice-pintura encerraba.
Te-coa-tla-xope en náhuatl quiere decir "aplastará la serpiente de piedra". Los españoles oyeron la palabra de los labios de Juan Bernardino y les sonó como "de Guadalupe. Sorprendidos, se preguntaron el por qué de este nombre español, pero los hijos predilectos de América, conocían bien el sentido de la frase en su lengua nativa. Así fue como la imagen y el santuario adquirieron el nombre de Guadalupe, título que ha llevado por cuatro siglos.
Los indios de México temían a la serpiente, le dieron el nombre de Quetzalcoatl, serpiente con plumas. Le tenían mucho temor, y habían hecho ídolos de piedra, en forma de serpiente emplumada, a los cuales adoraban, ofreciéndoles sacrificios humanos para aplacarle. Después de ver la sagrada imagen y leer lo que les dijo, los indios abandonaron sus falsos dioses y abrazaron la fe católica. Ocho millones de indígenas se convirtieron en sólo siete años después de la aparición de la imagen.

B) Reflexión:
Como vemos, María como madre, hace todo lo posible para que sus hijos estén unidos, su aparición primero a san Juan Diego, un indígena, y su imagen plasmada en la tilma de éste, nos hablan de su intención de unir a todos sus hijos en una sola familia para disipar las diferencias culturales, de raza, y de creencias, ayudándonos a comprender que todas esas diferencias, no son importantes, porque lo realmente importante es el hijo de Dios, y Él nos enseña el amor.
El amor es creativo, pidámosle a Santa María de Guadalupe, causa de nuestra alegría, que nos ayude a encontrar maneras, palabras, medios para vivir siempre en unidad, para ser signo de unión en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestra comunidad.
Pidámosle tener su misma mirada, aquella que busca ver y encontrar las cosas que nos unen y no tanto las que nos separan.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.

Te pedimos que bendigas a cada uno de los pastores de tu Iglesia, para que sean siempre signo de unión y amor, acompañando a tu pueblo con alegría.
 Por nosotros los cristianos, para que podamos ser personas que buscan y promueven la unidad en el hogar, en la escuela, entre nuestros vecinos, el trabajo, y llevemos amor, y unión a todo lugar y situación con nuestro alegre testimonio.
 Por todas las iniciativas de perdón y de diálogo que se realizan en las diversas Iglesias, para que el testimonio de unidad, en el ecumenismo, ayude a nuestro mundo a vivir en la unidad y en la alegría que vienen de Cristo.
 Por la unión y la conciliación, entre los gobernantes y las necesidades reales de todas las naciones de la tierra, para que juntos caminemos hacia la paz social, la justicia y la igualdad.
 Por nosotros mismos, para que la fe y la oración continúen, sosteniendo el encuentro con Dios y con los hermanos, más allá de estos días de triduo.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:

Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.


® ESTE TRIDUO GUADALUPANO HA SIDO REALIZADO COMPILANDO ALGUNOS DATOS DE DISTINTAS NOVENAS Y ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE. TODO EL MATERIAL UTILIZADO HA SIDO DEBIDAMENTE APROBADO. EL TRIDUO SE PUEDE RECITAR EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑO.

ALFREDO DELGADO RANGEL, M.C.I.U.

jueves, 3 de diciembre de 2015

«DE CAMINO AL TEPEYAC CON LA MISERICORDIA DE DIOS AMOR»... Novena a la Virgen de Guadalupe



PRIMER DÍA,
3 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL PRIMER DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, reviviendo en mi corazón la alegría que sintió el santo indio Juan Diego al encontrarse contigo en cerro del Tepeyac, te suplico en este primer día de la novena que te ofrezco, que me concedas experimentar siempre en mi corazón la alegría que nace del encuentro con tu Hijo Jesús a quien tú trajiste a mi corazón y al de todos mis hermanos de este mundo. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


SEGUNDO DÍA,
4 DE DICIEMBRE

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL SEGUNDO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, en Ti la misericordia de Dios vino a nuestro encuentro porque eres portadora de Jesús. Te suplico, en este segundo día de la novena que te ofrezco, me ayudes a no dudar nunca del amor de Dios, el verdadero Dios por quien se vive. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


TERCER DÍA,
5 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL TERCER DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, Tú pediste que se te erigiera un templo en el Tepeyac para en él mostrar todo tu amor, y tu amor es Jesús, la Divina Misericordia del Padre Eterno. En este tercer día de la novena que te ofrezco, te pido que yo también sea, como Tú, un templo vivo del amor de Dios, para hacerlo conocer y amar del mundo entero. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


CUARTO DÍA,
6 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL CUARTO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, tu imagen ha quedado eternamente grabada en el humilde ayate del santo indio Juan Diego, como una muestra de que la misericordia de Dios es eterna. En este cuarto día de la novena que te ofrezco, dulce Madre bendita, te suplico que pensando siempre en esa eterna misericordia, busque siempre vivir en gracia. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

QUINTO DÍA,
7 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL QUINTO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, tu rostro bendito me habla de la tierna misericordia de Dios. Contemplando tu carita llena de bondad, te suplico, Madre amada, en este quinto día de la novena que te ofrezco, que nunca deje de amarte y que en ti y en tu valioso amor que me cobija y acompaña, experimente siempre el abrazo de la misericordia de Dios Amor. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

SEXTO DÍA,
8 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL SEXTO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, en Ti la misericordia de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. En este sexto día de la novena que te ofrezco, te pido que me des la sencillez de san Juan Diego para llenarme yo también de misericordia e imitar a tu Hijo Jesús para llevarlo, con mi testimonio de vida, a quienes no lo conocen o lo han olvidado. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

SÉPTIMO DÍA,
9 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL SÉPTIMO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, Tú nos mostraste en tus benditas apariciones del Tepeyac, que la misericordia es el máximo don de Dios. Te pido, en este séptimo día de la novena que ofrezco en tu honor, que yo también me haga un don para los demás, llevando ese amor divino a quienes me rodean en mi vida de cada día. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

OCTAVO DÍA,
10 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL OCTAVO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, al venir a pedir que se te erigiera un templo, nos viniste a hablar de un Dios misericordioso que suplica la conversión de sus hijos. En este octavo día de la novena que ofrezco en tu honor, te pido que ame siempre a la Iglesia como la casa de la misericordia y que sepa ver siempre, en el Santo Padre, al Vicario de Cristo misericordioso, que guía a su rebaño en el amor. Amén.

Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


NOVENO DÍA,
11 DE DICIEMBRE.

Hecha la Señal de la Cruz, se hace la oración inicial de cada día:


Virgen Santísima de Guadalupe, Madre y Reina de América, aquí me tienes humildemente postrado ante ti dulce Morenita del Tepeyac. En ti quiero poner

toda esperanza. Tú eres mi vida y mi consuelo. Estando bajo tu sombra protectora, y en tu maternal regazo, nada debo temer. Ayúdame en el peregrinar por esta tierra e intercede por mí y todos los que conmigo van en mi diario andar, ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte, para que alcancemos todos la eterna salvación del alma.  Amén.

ORACIÓN PARA EL NOVENO DÍA:
Virgen y Madre nuestra, dulce Morenita, tú elegiste a un indio sencillo y pobre, y en su ayate dejaste tu imagen bendita,  para mostrarnos que la misericordia de Dios es sencilla y humilde. Al llegar al final de esta novena que he rezado en tu honor, te suplico me des un poco de esa sencillez y humildad de la que contagiaste a san Juan Diego y que te quedes así plasmada en mi corazón y en el de todos los que he encomendado a nuestro Padre misericordioso ante Ti. Amén.
Petición, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Jaculatoria:
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Oración final:
Dios de poder y de misericordia, Tú bendijiste al continente de América en el Tepeyac con la presencia de la Inmaculada Virgen María de Guadalupe. Haz que su intercesión maternal, me ayude a mí y a todos a vivir, como ella, nuestra condición de discípulos y misioneros de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.  
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

® ESTA NOVENA ESTÁ REALIZADA COMPILANDO ALGUNOS DATOS DE DISTINTAS NOVENAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE. TODO EL MATERIAL UTILIZADO HA SIDO DEBIDAMENTE APROBADO. LA NOVENA SE PUEDE RECITAR EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑO.
ALFREDO DELGADO RANGEL, M.C.I.U.