martes, 8 de diciembre de 2015

«TRIDUO A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE»...


1º DÍA - 9 DE DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
 ¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
 Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
 Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Primera parte de la historia de las apariciones:
Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, el indio Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para participar en la misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac y escuchó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió..
La Virgen le habló en nahuatl. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María y le reveló que su deseo era tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos necesitasen de su amparo. La Virgen le dijo además: "Y para realizar lo que mi amor pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo". Juan Diego se inclinó ante ella y le dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo".
Cuando Juan Diego llegó a la casa del Obispo Fray Juan de Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho, pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.

B) Reflexión:
En esta parte de la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego, María como Madre, nos enseña que el diálogo es el mejor camino para llegar al otro, y sobre todo el diálogo respetuoso y cariñoso. Recordemos las palabras con las que la Virgen María se dirige a san Juan Diego: “Juanito, querido, Juan Dieguito”, con respeto, con cariño y al sentirse tratado con tanto cariño, como decirle que no a María, la respuesta fue: “¡Sí!... ¡Voy!...
 El dialogo es la mejor herramienta para exponer una idea, un pensamiento, una postura. Y es la mejor herramienta para llegar a un acuerdo, para buscar soluciones. El dialogo nos acerca. Pidámosle a Nuestra Madre bendita del Tepeyac que en nuestras vidas no falte el diálogo. Pidámosle a ella que nos enseñe a ser personas de diálogo, fieles discípulos misioneros de su Hijo Jesucristo que podamos utilizar el rico don de la palabra para expresar nuestras ideas, anhelos, pensamientos, sentimientos, desde una actitud de apertura que sea capaz de recibir lo que el otro me dice.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.
 Por nuestros sacerdotes, para que sean siempre signo de dialogo sincero y ejemplo de oración, siendo ellos los que hablan a Dios de los hombres y a los hombres de Dios.
 Por cada uno de nosotros los cristianos, para que podamos crecer en el diálogo con el Señor.
 Por nuestros gobernantes, para que tengan una actitud de apertura con las diferentes asociaciones civiles, sociales y gremiales, y que a través de un diálogo sincero puedan encontrar acciones que beneficien al conjunto de la sociedad.
 Por nosotros, para que seamos en nuestra familia, trabajo, comunidad, personas que buscan el diálogo como medio de comunión y herramienta para solucionar los problemas que se van presentando en la vida diaria.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo  de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:
Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.


2º DIA - 10 DE DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Segunda parte de la historia de las apariciones:
Ese mismo día, Juan Diego regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa.
Ella le pidió volver a ver al señor Obispo al día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal. Juan regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino, había enfermado gravemente.
Dos días más tarde, el día doce de diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan Diego le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó".
Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo: "Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia".

B) Reflexión:
La necesidad de pedir perdón y la de ser perdonados, nacen de un corazón que ama verdaderamente como el de Juan Diego y el de María.
En esta parte de la historia de las apariciones que hemos escuchado, san Juan Diego le pide disculpas a María Santísima, y ella, lejos de reprenderlo, lo acoge, lo perdona, lo comprende... Perdono al otro justamente cuando lo escucho, cuando me pongo en su lugar, cuando lo comprendo, cuando lo amo. Solo estas actitudes achican las distancias que nos desunen. Muchas veces nos cuesta mas pedir perdón que perdonar, porque para pedir perdón tenemos que reconocer que hemos fallado, que hemos actuado mal... cuesta... pero si realmente amamos, vamos a tratar de reparar el daño.
Pidámosle a María, la Dulce Morenita del Tepeyac, refugio de pecadores, que nos regale su espíritu humilde para ser capaces de pedir perdón, y que nos regale también su corazón abierto y misericordioso para perdonar a los que nos han herido.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.
 Por los sacerdotes, a quienes la Iglesia, y en nombre de Cristo, confiere el poder para perdonar los pecados en el sacramento de la reconciliación, para que con su vida sean testimonio de tan maravilloso don, y de la vocación recibida.
 Por nosotros los cristianos, para que descubramos la riqueza del sacramento de la reconciliación y no nos falten los auxilios de la gracia de Dios.
 Por las familias y comunidades que están separadas por el rencor y el resentimiento, para que María interceda, y Dios los bendiga con el perdón.
 Para que tengamos una mirada de misericordia para con nosotros mismos, y nos perdonemos nuestros propios errores.
 Por las personas que nos han herido y que nos cuesta perdonar, pidiéndole al Señor por sus necesidades y que nos conceda la Gracia del perdón.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:
Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.



3º Día: 11 de DICIEMBRE

Oración inicial para todos los días:
¡Virgen de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Amén.

A) Tercera parte de la historia de las apariciones:
Juan Diego subió al cerrito y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: "Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas".
Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.
El mismo día, doce de diciembre, muy temprano, la Santísima Virgen se presentó en la choza de Juan Bernardino para curarle de su mortal enfermedad. Su corazón se llenó de gozo cuando ella le dio el feliz mensaje de que su retrato milagrosamente aparecido en la tilma de Juan Diego, iba a ser el instrumento que aplastara la religión idólatra de sus hermanos por medio de la enseñanza que el divino códice-pintura encerraba.
Te-coa-tla-xope en náhuatl quiere decir "aplastará la serpiente de piedra". Los españoles oyeron la palabra de los labios de Juan Bernardino y les sonó como "de Guadalupe. Sorprendidos, se preguntaron el por qué de este nombre español, pero los hijos predilectos de América, conocían bien el sentido de la frase en su lengua nativa. Así fue como la imagen y el santuario adquirieron el nombre de Guadalupe, título que ha llevado por cuatro siglos.
Los indios de México temían a la serpiente, le dieron el nombre de Quetzalcoatl, serpiente con plumas. Le tenían mucho temor, y habían hecho ídolos de piedra, en forma de serpiente emplumada, a los cuales adoraban, ofreciéndoles sacrificios humanos para aplacarle. Después de ver la sagrada imagen y leer lo que les dijo, los indios abandonaron sus falsos dioses y abrazaron la fe católica. Ocho millones de indígenas se convirtieron en sólo siete años después de la aparición de la imagen.

B) Reflexión:
Como vemos, María como madre, hace todo lo posible para que sus hijos estén unidos, su aparición primero a san Juan Diego, un indígena, y su imagen plasmada en la tilma de éste, nos hablan de su intención de unir a todos sus hijos en una sola familia para disipar las diferencias culturales, de raza, y de creencias, ayudándonos a comprender que todas esas diferencias, no son importantes, porque lo realmente importante es el hijo de Dios, y Él nos enseña el amor.
El amor es creativo, pidámosle a Santa María de Guadalupe, causa de nuestra alegría, que nos ayude a encontrar maneras, palabras, medios para vivir siempre en unidad, para ser signo de unión en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestra comunidad.
Pidámosle tener su misma mirada, aquella que busca ver y encontrar las cosas que nos unen y no tanto las que nos separan.

C) Intenciones:
A cada intención respondemos: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”.

Te pedimos que bendigas a cada uno de los pastores de tu Iglesia, para que sean siempre signo de unión y amor, acompañando a tu pueblo con alegría.
 Por nosotros los cristianos, para que podamos ser personas que buscan y promueven la unidad en el hogar, en la escuela, entre nuestros vecinos, el trabajo, y llevemos amor, y unión a todo lugar y situación con nuestro alegre testimonio.
 Por todas las iniciativas de perdón y de diálogo que se realizan en las diversas Iglesias, para que el testimonio de unidad, en el ecumenismo, ayude a nuestro mundo a vivir en la unidad y en la alegría que vienen de Cristo.
 Por la unión y la conciliación, entre los gobernantes y las necesidades reales de todas las naciones de la tierra, para que juntos caminemos hacia la paz social, la justicia y la igualdad.
 Por nosotros mismos, para que la fe y la oración continúen, sosteniendo el encuentro con Dios y con los hermanos, más allá de estos días de triduo.

D) Rezamos:
Padre Nuestro, tres Avemarías y Gloria al Padre.

E) Jaculatoria:
P. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
A. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
P. Virgen santísima de Guadalupe,
A. Alcánzanos del Corazón sacratísimo de Jesús, la gracia de la perseverancia en la fe y en  la  vocación.

Oración final para todos los días:

Santa María de Guadalupe, Reina de América: A ti que nos amas con especial ternura y velas por nosotros con maternal intercesión, procurándonos siempre tu eficaz ayuda, te suplicamos protección y auxilio. Cúbrenos con tu manto, concédenos prudencia y serenidad para actuar siempre con mucha responsabilidad en nuestra vida diaria. Madre del Verdadero Dios por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia de Aquel que vino a encarnarse entre nosotros para alcanzarnos la salvación. Amén.


® ESTE TRIDUO GUADALUPANO HA SIDO REALIZADO COMPILANDO ALGUNOS DATOS DE DISTINTAS NOVENAS Y ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE. TODO EL MATERIAL UTILIZADO HA SIDO DEBIDAMENTE APROBADO. EL TRIDUO SE PUEDE RECITAR EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑO.

ALFREDO DELGADO RANGEL, M.C.I.U.

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