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lunes, 16 de octubre de 2023

«C’est la confiance»... La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios

El Papa Francisco publicó este domingo 15 de octubre una nueva exhortación apostólica titulada en francés: «C’est la confiance». Se trata de un documento especial sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150° aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz para reconocer el tesoro de su «caminito espiritual».

No saben ustedes como me llenó de alegría encontrarme en las primeras horas de ayer con esta noticia y lo que me costó posponer el empezar a leer el texto, pues siendo domingo, las misas por celebrar se atravesaron desde primera hora y claro que el Señor lleva la primacía, pues sin celebrarlo a Él, sin escuchar su Palabra y hacerlo llegar a las almas su Eucaristía nada tendría sentido y la santidad no existiría como tal.

Pero la madrugada de este lunes 16, me brindó el gran regalo de la quietud de las primeras horas del día para sumergirme detenidamente en estas maravillosas páginas que comienzan con unas palabras de esta santa doctora de la Iglesia: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor» y que el Papa Francisco considera resumen la genialidad de la espiritualidad de la santita predilecta de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento y a quien tantas otras personas veneramos y sentimos siempre cerca.

En este 2023 se han conmemorado dos fechas importantes en la vida de santa Teresita: el 2 de enero el 150º aniversario de su nacimiento y el 23 de abril el centenario de su beatificación. El Papa Francisco quiso que esta exhortación apostólica vaya más allá de una celebración y «sea asumida como parte del tesoro espiritual de la Iglesia», por eso no la entregó en alguna de estas fechas, sino en otra no menos especial, el día de la memoria de santa Teresa de Ávila, con lo que quiere presentar a esta pequeña florecita, como un «fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española».

La Exhortación está compuesta por cuatro capítulos: «Jesús para los demás» es el primero, «El caminito de la confianza y del amor» el segundo, «Seré el amor» el tercero y «En el corazón del Evangelio» el cuarto y último. Así mismo el documento tiene 53 números en los que Francisco desmenuza la vida y la  experiencia espiritual de Teresita, que dejó este mundo a los 24 años de edad.

Haciendo un recorrido por la vida de algunos de los papas, el Santo Padre expone que «la Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica». Teresita, nos recuerda el Papa, conoció a León XIII en su peregrinación a Roma en 1887 a quien pidió permiso para entrar al Carmelo a la edad de 15 años. Nos dice que Pío X percibió su enorme estatura espiritual, luego de la muerte de joven santa y que Benedicto XV la declaró Venerable en 1921, elogiando sus virtudes centradas en el «caminito» de la infancia espiritual. El Pontífice nos narra también que Teresita fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI, «quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él. Este mismo Papa, escribe Francisco, la declaró patrona de las misiones en 1927. Luego, continúa el Papa, la santita fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII.  

Posteriormente, dice el Papa, san Pablo VI recordaba con frecuencia sus virtudes cristianas y San Juan Pablo II en 1997 la declaró «doctora de la Iglesia», considerándola además una experta en la scientia amoris. También, «Benedicto XVI retomó el tema de su «ciencia del amor», proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». Y él, el  Papa Francisco, canonizó a los papás de Santa Teresita, Luis y Celia en 2015, durante el Sínodo sobre la familia.

Voy a hacer un paréntesis en este pequeño resumen para invitarles a leer una carta que Juan Pablo I, el Pontífice que solamente estuvo un mes al frente de la Iglesia y que, cuando era cardenal de Venecia, en su bellísimo libro: «Ilustrísimos Señor» escribió. Porque ciertamente el Papa Francisco no lo cita en esta Exhortación pero fue un gran amante de la santa de Liseux. Pueden hacer click aquí para leer la carta.

Volviendo al documento, el Papa Francisco en el primer capítulo «Jesús para los demás», presenta la experiencia cristiana en Teresita, desde su oración, su vida mística con alma misionera y sin autoreferencialidad: «En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”», y «el Nombre de Jesús es continuamente 'respirado' por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento».

Como Patrona de las misiones, recuerda el Santo Padre que «como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la invitaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras dice: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar».

El Papa Francisco señala que, impregnada de la misión, ella enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo. Dice que vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: «Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo…». Así lo escribía la santa en las últimas páginas de «Historia de un alma» como su testamento misionero «con un ferviente espíritu apostólico», dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo: «Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí».

En el segundo capítulo, que titula «El caminito de la confianza y del amor», el Papa recuerda el valor de «El camino de la infancia espiritual» propuesto por Santa Teresita del Niño Jesús que subraya la primacía de la acción de Dios y «la confianza» plena en la misericordia de Cristo. Teresita, escribe el Santo Padre, relató el descubrimiento del caminito en su libro «Historia de un alma» en donde ella afirma cosas como ésta: «A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo».

Francisco señala que la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo. Sobre esta «confianza», él nos sugiere no asumirla solo en referencia a la santificación y salvación, sino también como un «abandono cotidiano» en Dios: «Tiene un sentido integral, que abraza la totalidad de la existencia concreta y se aplica a nuestra vida entera, donde muchas veces nos abruman los temores, el deseo de seguridades humanas, la necesidad de tener todo bajo nuestro control».

En el tercer capítulo de la Exhortación,  que lleva por título «Seré el amor», el Papa nos invita a ver la «Historia de un alma» como un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: «Ámense los unos a los otros, como yo los he amado». Así, el Santo Padre nos regala un panorama de la repuesta confiada del amor de la santa, a través del prójimo, al amor misericordiosos de Dios. Santa Teresita, nos recuerda el Santo Padre, expresaba en sus escritos su «amor esponsal» con Cristo: «Teresita tiene la viva certeza de que Jesús la amó y conoció personalmente en su Pasión: Me amó y se entregó por mí (Ga 2,20)» dice. Además nos lleva al acto de amor que, con la frase «Jesús, te amo», Teresita experimentaba como la misma respiración. Esta es su clave de lectura del Evangelio, asegura el Papa.

En este mismo capítulo nos invita a contemplar al «Amor» que santa Teresita vivió en la mayor sencillez y experimento en la vida cotidiana: «Teresita vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana», y en el corazón de la Iglesia, donde buscó su lugar, escribe Francisco y nos lleva al momento tan especial en que la santita descubre su vocación en la Iglesia: «comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…».

El Papa explica, con palabras sencillas, que este llamado de Dios a «poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad» le permitió a santa Teresita «pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar». Llegando de este modo «a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás».

Aquí en este capítulo el Santo Padre habla de María santísima y del amor a ella por parte de Santa Teresita. Él expone que María fue la primera en vivir el «caminito» en pura fe y humildad; así que Teresita no duda en escribir: «Yo sé que en Nazaret, Madre llena de gracia, viviste pobremente sin ambición de más. ¡ Ni éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros tu vida embellecieron, Reina del Santoral…! Muchos son en la tierra los pequeños y humildes: sus ojos hacia ti pueden sin miedo alzar. Madre, te place andar por la vía común, para guiar las almas al feliz Más Allá». 

Francisco llega en este capítulo a un punto central de su exhortación  indicando que «es la confianza la que nos lleva al Amor y así nos libera del temor, es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos, es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer». Esto, asegura el Papa, nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir: «Sólo cuento ya con el amor».

La Exhortación se cierra con un cuarto capítulo de título «En el corazón del Evangelio», en el que recuerda que el anuncio de una Iglesia misionera se centra en lo esencial: «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado», y el aporte especifico que regala Teresita, a quien define como «doctora de la síntesis»: «consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana».

El Papa Francisco afirma que la actualidad de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz perdura en toda su «pequeña grandeza: …En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio» y hace una oración en la que expresa: «Querida santa Teresita, la Iglesia necesita hacer resplandecer el color, el perfume, la alegría del Evangelio. ¡Mándanos tus rosas! Ayúdanos a confiar siempre, como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada día tu caminito de santidad. Amén».

Padre Alfredo.

Lee o descarga la Exhortación haciendo click aquí

miércoles, 4 de octubre de 2023

«LAUDATE DEUM» La nueva exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la crisis climática.


El día de hoy 4 de octubre de 2023, día de San Francisco de Asís, el Papa Francisco lanza una nueva exhortación apostólica  titulada «Laudate Deum» —Alaben a Dios—, para tratar en ella el tema de la crisis climática que tanto preocupa al mundo. En poco más de 12 páginas el Papa nos recuerda que han transcurrido ocho años desde que apareció su encíclica «Laudato si» (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común, y que escribe ahora ante la falta de «reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre».

«Laudate Deum» está dirigida «a todas las personas de buena voluntad». El Papa, entre otras cosas afirma: que «por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos». También afirma que «es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos».

El Pontífice afirma que hay quienes pretenden «burlarse de esta constatación» o buscan «ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global» y lamenta que también existan quienes «responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados. Como siempre, pareciera que la culpa es de los pobres. Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres». Al advertir que «en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años», Francisco refiere que «no es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX». En la exhortación apunta, además, que «una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia» y resalta que se ha visto obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentra incluso dentro de la Iglesia católica.

El Papa aclara que, ante esta situación, «se nos pide nada más que algo de responsabilidad ante la herencia que dejaremos tras nuestro paso por este mundo». La crisis climática sumada a la pandemia del covid, llevan al Papa a insistir hasta el cansancio sobre dos convicciones:  «Todo está conectado» y «nadie se salva solo». 

Francisco subraya, en una parte del documento, que «un ambiente sano también es producto de la interacción del ser humano con el ambiente, como ocurre en las culturas indígenas y como ha ocurrido durante siglos en distintas regiones de la tierra». «El gran problema actual es que el paradigma tecnocrático ha destrozado esta sana y armónica relación»

El Papa hace un repaso de las distintas conferencias mundiales, comenzando con la de Río de Janeiro en 1992, pasando por la COP (Conferencia de las Partes) de Copenhague de 2009 y la COP de París de 2015, esta última, un «momento significativo, porque generó un acuerdo que involucró a todos. Puede considerarse un nuevo comienzo, teniendo en cuenta el incumplimiento de los objetivos planteados en la etapa anterior». El Santo Padre nos recuerda que el acuerdo entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 y «presenta un gran objetivo a largo plazo: mantener el aumento de las temperaturas medias globales por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales, intentando aun bajar a los 1,5 grados». Luego de citar brevemente las COP25 de Madrid (2019), la COP26 de Glasgow (2021) y la COP27 de Sharm El Sheikh (2022), el Papa dedica unas palabras a lo que se espera de la COP28 de Dubai, que se realizará del 30 de noviembre al 12 de diciembre.

En esta exhortación, el Papa anima a terminar «de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, ‘verde’, romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos» y expresa su esperanza de que quienes «intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos, más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas».

Francisco señala que «la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano en medio del concierto maravilloso de todos los seres, pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un ‘antropocentrismo situado’. Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas, porque ’todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde’». El Santo Padre, sin hacer de lado la parte espiritual de este valioso documento de gran actualidad, hace un llamado especial: «Invito a cada uno a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga, y a embellecerlo con el propio aporte, porque ese empeño propio tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores. Sin embargo, no puedo negar que es necesario ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán sólo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional».

El Papa concluye su exhortación apostólica afirmando que : «'Alaben a Dios’ es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.

Padre Alfredo.

Haz click aquí para ver el documento completo.

viernes, 17 de abril de 2020

La riqueza de los jóvenes y la exhortación «Christus vivit»...


Ahora que estamos en cuarentena, por esta situación tan inesperada del coronavirus, el covid-19, he pensado mucho en la gran riqueza de valiosos jóvenes que han tenido muy buenas y fructíferas iniciativas para que vivamos la fe desde casa. Me viene a la mente el arduo trabajo del mes de octubre de 2018, cuando se desarrolló en Roma la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos tocando el tema de los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional y le he vuelto a echar una mirada al documento «Christus vivit».

El Papa Francisco participó con mucha intensidad de aquellas jornadas sinodales, haciendo un estimable ejercicio de escucha. Las conclusiones a las que llegó el Santo Padre, fruto de sus reflexiones y de las aportaciones hechas por los participantes, dieron lugar a esa exhortación apostólica postsinodal titulada «Christus vivit» (ChV) y que siento que en la Iglesia poco hemos conocido y difundido.

Esta carta, dirigida especialmente a los jóvenes, debe leerse iluminada con el Documento final del Sínodo (27-10-2018) y con el Instrumentum laboris que se confeccionó para el mismo, fruto de un trabajo muy intenso previo, lleno de aportaciones que llegaron a la secretaria del Sínodo desde todo el mundo y, también, por el trabajo hecho en el pre-sínodo de los jóvenes.

Creo que «Christus vivit» es un documento muy original en su planteamiento y que no podemos reducir el contacto con él solamente a una única vez que se lea. El Vicario de Cristo ha querido, en muchos momentos, dirigirse directamente a los jóvenes y lo hace con un lenguaje directo e incisivo, buscando el diálogo con ellos y buscando también respuestas a interrogantes importantes que les plantea directamente que deben estudiarse en los grupos juveniles y de manera particular. El Papa busca intriducir a toda la Iglesia en una reflexión pastoral que nos debe mover a redescubrir la sinodalidad como tarea fundamental en nuestra Iglesia y a realizar procesos de discernimiento eclesial que nos lleven a renovar la forma en la que se desarrolla la pastoral juvenil en una constante revisión y con el dinamismo que caracteriza a esta etapa de la vida.

Francisco centra su escrito en lo nuclear del mensaje cristiano que da título al propio documento: «¡Cristo vive y te quiere vivo!». El Papa quiere recordar algunas convicciones de nuestra fe, alentando a todos, especialmente a la gente joven, a crecer en santidad y en el compromiso con la propia vocación (cf. n. 3).

Los capítulos 4, 8 y 9 del documento, son muy incisivos y directos y en ellos el Santo Padre procura mantener un dialogo con los jóvenes presentándoles la fuerza de Cristo resucitado, la necesidad de descubrir la propia vocación y la búsqueda de un adecuado ejercicio de acompañamiento y discernimiento personal.

En el capítulo 7 el Vicario de Cristo nos introduce en una reflexión que nos lleve a revisar nuestra pastoral juvenil, abriendo sugerentes horizontes muy en consonancia con su propuesta pastoral en «Evangelii gaudium».

Yo creo que hay que seguirse asomando a este documento que el Papa ha escrito a los jóvenes y caminar con ellos, especialmente acompañando a los jóvenes que tenemos en nuestros grupos parroquiales. Ellos, como dice el Santo Padre: «¡son el presente de nuestra Iglesia y los necesitamos en nuestra tarea evangelizadora!» En estos tiempos difíciles nos hemos dado cuenta de las valiosas aportaciones que son capaces de dar a la Iglesia. Han sido, en medio de l pandemia hsta hoy, los grandes evangelizadores de las redes sociales, por ejemplo.

Me encontré por ahí 20 puntos muy importantes para captar la esencia de este valioso documento y las quiero compartir no solamente con mis jóvenes amigos, sino con todos aquellos que, con la «juventud acumulada en nuestros años» —como decía la beata María Inés—, queremos caminar con ellos, acompañarlos, alentarlos y ayudarles a vivir su compromiso bautismal dentro y fuera de la Iglesia:

1. «¡Cristo vive y te quiere vivo!»

Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero di­rigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: «¡Él vive y te quiere vivo!» (Chv 1).

2. Queremos una Iglesia rejuvenecida.

Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pa­sado, detenerla, volverla inmóvil. También pidamos que la libere de otra tentación: creer que es joven porque cede a todo lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mi­metiza con los demás. No. Es joven cuando es ella misma, cuando recibe la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu cada día. Es joven cuando es capaz de volver una y otra vez a su fuente (Chv 35).

3. «Los miembros de la Iglesia no somos bichos raros».

Es cierto que los miembros de la Iglesia no tenemos que ser «bichos raros». Todos tienen que sentirnos hermanos y cercanos, como los Apósto­les, que «gozaban de la simpatía de todo el pueblo » (Hch 2,47; cf. 4,21.33; 5,13). Pero al mismo tiempo tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a testimo­niar la belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social (Chv 36).

4. No podemos vivir «a la defensiva».

Una Iglesia a la defensiva, que pierde la humildad, que deja de escuchar, que no permite que la cuestionen, pier­de la juventud y se convierte en un museo. ¿Cómo podrá acoger de esa manera los sueños de los jóve­nes? Aunque tenga la verdad del Evangelio, eso no significa que la haya comprendido plenamente; más bien tiene que crecer siempre en la comprensión de ese tesoro inagotable (Chv 41).

5. Una mayor reciprocidad entre varones y mujeres.

Por ejemplo, una Iglesia demasiado teme­rosa y estructurada puede ser permanentemente crítica ante todos los discursos sobre la defensa de los derechos de las mujeres, y señalar constantemen­te los riesgos y los posibles errores de esos reclamos. En cambio, una Iglesia viva puede reaccionar pres­tando atención a las legítimas reivindicaciones de las mujeres que piden más justicia e igualdad. Puede recordar la historia y reconocer una larga trama de autoritarismo por parte de los varones, de someti­miento, de diversas formas de esclavitud, de abuso y de violencia machista. Con esta mirada será capaz de hacer suyos estos reclamos de derechos, y dará su aporte con convicción para una mayor reciprocidad entre varones y mujeres, aunque no esté de acuerdo con todo lo que propongan algunos grupos feminis­tas. En esta línea, el Sínodo quiso renovar el compro­miso de la Iglesia «contra toda clase de discrimina­ción y violencia sexual» (Chv 42).

6. La importancia de la sexualidad.

Los jóvenes reconocen que el cuerpo y la sexualidad tienen una importancia esencial para su vida y en el camino de crecimiento de su identidad. Sin embargo, en un mundo que enfatiza excesiva­mente la sexualidad, es difícil mantener una buena relación con el propio cuerpo y vivir serenamente las relaciones afectivas. Por esta y por otras razo­nes, la moral sexual suele ser muchas veces «causa de incomprensión y de alejamiento de la Iglesia, ya que se percibe como un espacio de juicio y de con­dena». Al mismo tiempo, los jóvenes expresan «un explícito deseo de confrontarse sobre las cuestio­nes relativas a la diferencia entre identidad mascu­lina y femenina, a la reciprocidad entre hombres y mujeres, y a la homosexualidad» (Chv 81)

7. El uso de los medios digitales.

La vida nueva y desbordante de los jóvenes, que empuja y busca autoafirmar la propia personalidad, se enfrenta hoy a un desafío nuevo: interactuar con un mundo real y virtual en el que se adentran so­los como en un continente global desconocido. Los jóvenes de hoy son los primeros en hacer esta sín­tesis entre lo personal, lo propio de cada cultura, y lo global. Pero esto requiere que logren pasar del contacto virtual a una buena y sana comunicación (Chv 90).

8. Contra el discurso antimigratorio.

Pido especialmente a los jóvenes que no caigan en las redes de quienes quieren enfrentarlos a otros jóvenes que llegan a sus países, haciéndolos ver como seres peligrosos y como si no tuvieran la misma inalienable dignidad de todo ser humano (Chv 94).

9. Aliados contra los abusos.

100. Así ustedes prestarán una invalora­ble ayuda en algo fundamental: la prevención que permita evitar que se repitan estas atrocidades. Esta nube negra se convierte también en un desafío para los jóvenes que aman a Jesucristo y a su Iglesia, por­que pueden aportar mucho en esta herida si ponen en juego su capacidad de renovar, de reclamar, de exigir coherencia y testimonio, de volver a soñar y de reinventar (Chv 100).

10. Ser santo no es ser una fotocopia.

Pero te recuerdo que no serás santo y ple­no copiando a otros. Ni siquiera imitar a los santos significa copiar su forma de ser y de vivir la santidad: «Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros». Tú tie­nes que descubrir quién eres y desarrollar tu forma propia de ser santo, más allá de lo que digan y opinen los demás. Llegar a ser santo es llegar a ser más plenamente tú mismo, a ser ese que Dios quiso soñar y crear, no una fotocopia (Chv 162).

11. Protagonistas de «la revolución de la caridad».

Pero so­bre todo, de una manera o de otra, sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial (Chv 174).

12. Jóvenes y ancianos, juntos.

Si caminamos juntos, jóvenes y ancia­nos, podremos estar bien arraigados en el presen­te, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer flo­recer esperanzas (Chv 199).

13. Actores principales en la Iglesia.

Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia. Por consiguiente, estaría de más que me detuviera aquí a proponer alguna especie de manual de pastoral juvenil o una guía de pastoral práctica. Se trata más bien de po­ner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes (Chv 203).

14. Los ejes de la pastoral juvenil.

Cualquier proyecto formativo, cualquier camino de crecimiento para los jóvenes, debe in­cluir ciertamente una formación doctrinal y moral. Es igualmente importante que esté centrado en dos grandes ejes: uno es la profundización del kerygma, la experiencia fundante del encuentro con Dios a través de Cristo muerto y resucitado. El otro es el crecimiento en el amor fraterno, en la vida comuni­taria, en el servicio (Chv 213).

15. El papel de la escuela.

 La escuela necesita una urgente autocrítica si vemos los resultados que deja la pastoral de muchas de ellas, una pastoral concen­trada en la instrucción religiosa que a menudo es incapaz de provocar experiencias de fe perdurables. Además, hay algunos colegios católicos que pare­cen estar organizados sólo para la preservación. La fobia al cambio hace que no puedan tolerar la in­certidumbre y se replieguen ante los peligros, reales o imaginarios, que todo cambio trae consigo. La es­cuela convertida en un “búnker” que protege de los errores “de afuera”, es la expresión caricaturizada de esta tendencia. (…) Aun las propuestas religiosas y morales que recibieron no los han preparado para confrontarlas con un mundo que las ridiculiza, y no han aprendido for­mas de orar y de vivir la fe que puedan ser fácilmen­te sostenidas en medio del ritmo de esta sociedad (Chv 221).

16. Servicio frente a doctrina.

Una oportunidad única para el creci­miento y también de apertura al don divino de la fe y la caridad es el servicio: muchos jóvenes se sien­ten atraídos por la posibilidad de ayudar a otros, es­pecialmente a niños y pobres. A menudo este servi­cio es el primer paso para descubrir o redescubrir la vida cristiana y eclesial. Muchos jóvenes se cansan de nuestros itinerarios de formación doctrinal, e in­cluso espiritual, y a veces reclaman la posibilidad de ser más protagonistas en actividades que hagan algo por la gente (Chv 225).

17. Apuesta por la «pastoral popular juvenil».

Además de la pastoral habitual que reali­zan las parroquias y los movimientos, según deter­minados esquemas, es muy importante dar lugar a una “pastoral popular juvenil”, que tiene otro es­tilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología. Consiste en una pastoral más amplia y flexible que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales, esos liderazgos naturales y esos carismas que el Espíritu Santo ya ha sembrado en­tre ellos (Chv 230).

18. Abiertos a los no 100% católicos.

En el Sínodo se exhortó a construir una pastoral juvenil capaz de crear espacios inclusivos, donde haya lugar para todo tipo de jóvenes y don­de se manifieste realmente que somos una Iglesia de puertas abiertas. Ni siquiera hace falta que al­guien asuma completamente todas las enseñanzas de la Iglesia para que pueda participar de algunos de nuestros espacios para jóvenes. Basta una acti­tud abierta para todos los que tengan el deseo y la disposición de dejarse encontrar por la verdad revelada por Dios (Chv 234).

19. Acompañar sin juzgar.

La comunidad tiene un rol muy impor­tante en el acompañamiento de los jóvenes, y es la comunidad entera la que debe sentirse responsable de acogerlos, motivarlos, alentarlos y estimularlos. Esto implica que se mire a los jóvenes con com­prensión, valoración y afecto, y no que se los juzgue permanentemente o se les exija una perfección que no responde a su edad (Chv 243).

20. Discernimiento y vocación.

 Para discernir la propia vocación, hay que reconocer que esa vocación es el llamado de un amigo: Jesús. A los amigos, si se les regala algo, se les regala lo mejor. Y eso mejor no necesariamente es lo más caro o difícil de conseguir, sino lo que uno sabe que al otro lo alegrará. Un amigo perci­be esto con tanta claridad que puede visualizar en su imaginación la sonrisa de su amigo cuando abra su regalo. Este discernimiento de amistad es el que propongo a los jóvenes como modelo si buscan encontrar cuál es la voluntad de Dios para sus vidas (Chv 287).

viernes, 14 de febrero de 2020

«Querida Amazonia»... Un resumen de la exhortación del Papa Francisco*


El miércoles 12 de febrero de este 2020, vio la luz la Exhortación Postsinodal «Querida Amazonia» del Papa Francisco, fruto del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica «Amazonia: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una ecología integral» que fue celebrado en el Vaticano del 6 al 27 de octubre de 2019.

El Papa explica, en la introducción del documento que  busca expresar las resonancias que el Sínodo provocó en él. En esa reunión participaron 28 cardenales, 29 arzobispos, 62 obispos residenciales, 7 auxiliares, 27 vicarios apostólicos y 10 obispos prelados, 21 no obispos, incluidos diocesanos y religiosos. Además de los invitados expertos en el tema y 55 auditores y auditoras, contando además en esta ocasión con representantes de diferentes pueblos originarios y grupos étnicos indígenas.

En este documento, el Papa divide en capítulos cuatro grandes sueños que tiene para la región sudamericana: un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico y un sueño eclesial. He aquí un resumen de cada uno de estos sueños:

Un sueño social:

Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida; una Amazonia que integre y promueva a todos sus habitantes para que puedan consolidar un «buen vivir». 

El Papa recuerda que, para los pueblos amazónicos, las relaciones humanas «están impregnadas por la naturaleza circundante». Por esta razón, escribe que viven como un verdadero «desarraigo» cuando son «obligados a emigrar a la ciudad». En el punto 10, el Papa denuncia «las peores formas de esclavitud, de sometimiento y miseria» con los indígenas cuando emigran a las ciudades. 

El Papa denuncia el mal de la corrupción que envenena al Estado y sus instituciones. Y espera que la Amazonia se convierta en «un lugar de diálogo social», en primer lugar, «con los últimos». La de los pobres, advierte Francisco, ha de ser «la voz más potente» en la Amazonia. 

Un sueño cultural:

Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. En el punto 28, el Papa invita a promover la Amazonía, pero aclara que “esto no implica colonizarla culturalmente sino ayudar a que ella misma saque lo mejor de sí.

«El asunto —afirma el Papa— es promover la Amazonia: cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir. Así como hay potencialidades en la naturaleza que podrían perderse para siempre, lo mismo puede ocurrir con culturas que tienen un mensaje todavía no escuchado y que hoy están amenazadas más que nunca».

Para el Santo Padre es urgente «cuidar las raíces». Citando a Laudato si y Christus vivit, subraya que la «visión consumista del ser humano» tiende a «homogeneizar las culturas» y esto repercute especialmente en los jóvenes. La diversidad no es «una frontera», sino «un puente», y dice no a un «indigenismo completamente cerrado».

Un sueño ecológico:

Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas.

El cuidado de las personas y el cuidado de los ecosistemas son inseparables, esto se vuelve particularmente significativo allí donde «la selva no es un recurso para explotar, es un ser, o varios seres con quienes relacionarse». La sabiduría de los pueblos originarios de la Amazonia «inspira el cuidado y el respeto por la creación, con conciencia clara de sus límites, prohibiendo su abuso».

Para el Santo Padre, es urgente escuchar «el grito de la Amazonia». Escuchando a los pueblos originarios, subraya que podemos amar a la Amazonia «y no solo utilizarla»; que podemos encontrar en ella «un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos». «Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonía y no solo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera. Podemos amarla y no solo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos íntimamente unidos a ella y no solo defenderla, y entonces la Amazonía se volverá nuestra como una madre», explica en el punto 55.

Un sueño eclesial:

Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos.

La Iglesia está llamada a caminar con los pueblos de la Amazonia. la tarea misionera, si quiere desarrollar una Iglesia con rostro amazónico, necesita crecer en una cultura del encuentro hacia una «pluriforme armonía» Pero para que sea posible esta encarnación de la Iglesia y del Evangelio debe resonar, una y otra vez, el gran anuncio misionero. Para ello, Francisco desarrolla una serie de propuestas concretas afirmando que esta inculturación, dada la situación de pobreza y abandono de tantos habitantes de la Amazonia, necesariamente tendrá que tener un perfume marcadamente social y caracterizarse por una firme defensa de los derechos humanos.

Sobre la «acuciante necesidad» de sacerdotes, exhorta en el punto 90 «a todos los obispos, en especial a los de América Latina, no solo a promover la oración por las vocaciones sacerdotales, sino también a ser más generosos, orientando a los que muestran vocación misionera para que opten por la Amazonia» y los invita a revisar la formación de los sacerdotes. Se necesitan sacerdotes, pero esto no excluye que ordinariamente los diáconos permanentes —que deberían ser muchos más en la Amazonia—, las religiosas y los mismos laicos asuman responsabilidades importantes para el crecimiento de las comunidades y que maduren en el ejercicio de esas funciones gracias a un acompañamiento adecuado.

El Santo Padre dedica en el documento, un espacio propio a la fuerza y al don de las mujeres. Reconoce que en la Amazonia algunas comunidades se han mantenido solo «gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas». Sin embargo, advierte que no se debe reducir la Iglesia a «estructuras funcionales”»Si este fuera el caso, de hecho, solo se les daría un papel si tuvieran acceso al Orden Sagrado. Para el Papa la clericalización de la mujer debe ser rechazada, aceptando en cambio la contribución según el modo femenino que prolonga «la fuerza y la ternura de María». 

El documento termina con una bellísima oración a la Virgen María:

Madre de la vida,
en tu seno materno se fue formando Jesús,
que es el Señor de todo lo que existe.
Resucitado, Él te transformó con su luz
y te hizo reina de toda la creación.
Por eso te pedimos que reines, María,
en el corazón palpitante de la Amazonia.

Muéstrate como madre de todas las creaturas,
en la belleza de las flores, de los ríos,
del gran río que la atraviesa
y de todo lo que vibra en sus selvas.
Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura.

Pide a Jesús que derrame todo su amor
en los hombres y en las mujeres que allí habitan,
para que sepan admirarla y cuidarla.

Haz nacer a tu hijo en sus corazones
para que Él brille en la Amazonia,
en sus pueblos y en sus culturas,
con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor,
con su mensaje de fraternidad y de justicia.

Que en cada Eucaristía
se eleve también tanta maravilla
para la gloria del Padre.

Madre, mira a los pobres de la Amazonia,
porque su hogar está siendo destruido
por intereses mezquinos.

¡Cuánto dolor y cuánta miseria,
cuánto abandono y cuánto atropello
en esta tierra bendita,
desbordante de vida!

Toca la sensibilidad de los poderosos
porque aunque sentimos que ya es tarde
nos llamas a salvar
lo que todavía vive.

Madre del corazón traspasado
que sufres en tus hijos ultrajados
y en la naturaleza herida,
reina tú en la Amazonia
junto con tu hijo.

Reina para que nadie más se sienta dueño
de la obra de Dios.

En ti confiamos, Madre de la vida
no nos abandones
en esta hora oscura.
Amén.

*Con información del periódico Desde la Fe, de la revista Vida Nueva y de Vatican News.