jueves, 30 de noviembre de 2023

«San Andrés al fin de mes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos en la Iglesia al Apóstol san Andrés, fiesta que viene muy bien para cerrar con una breve reflexión este mes de noviembre que nos invita a la perseverancia y la necesidad de prepararnos para iniciar mañana el último mes del año. Un mes que iniciamos en el clima del Adviento y que está lleno de bendiciones al celebrar a la Virgen santísima en sus fiestas de la Inmaculada y Guadalupe para luego celebrar la Navidad. 

La figura de san Andrés, juntamente con su hermano san Pedro, nos enseña, en este clima de cierre de mes, cómo vale la pena hacer caso a la invitación de Jesús a seguirle: «Síganme y los haré pescadores de hombres» (Mt 4, 18-22). El evangelista aclara que inmediatamente ellos dejaron las redes y le siguieron. Su confianza en el Señor fue mayor que en lo temporal. Yo quiero preguntarme junto con ustedes: ¿podríamos hacer lo mismo nosotros?

Creo que cerrar noviembre podemos pedirle al Padre Misericordioso que nos ayude a comprender que su amor rebasa nuestros criterios y no depende de nuestras cualidades y limitaciones, sino de lo que Él sabe que necesitamos. Él nos llama como llamó a Andrés, a Pedro y a los otros, para estar con él y para predicar en su nombre con nuestro testimonio de vida. ¡Qué mejor que caminar así, de la mano de María hacia la vivencia de la Navidad! Que no nos desaliente nada que nos sepamos nosotros también «pescadores de hombres». ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo. 

martes, 28 de noviembre de 2023

«Celebrar la vida, celebrar el encuentro con el Señor que vendrá de nuevo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy en mi familia de sangre ha sido un día especial. Mi hermano Eduardo Antonio —el único hermano de sangre que tengo— ha llegado al sexto piso y lo hemos celebrado con gratitud a Dios por el don de la vida que le ha dado y por la hermosa familia que ha formado. Como saben, los sacerdotes también formamos parte de una familia de sangre y no nos olvidamos, en lo posible, de compartir bellos momentos como este del cumpleaños de Lalo. Por eso y por el resto de actividades del día que llenan mi rutina diaria, encuentro hasta ahorita un espacio para escribir un poco de la reflexión que comencé en mi mente y en mi corazón desde el rezo de la Liturgia de las Horas al amanecer, pues, como para muchos de ustedes, mi día ordinariamente empieza a las 4:30 o 5:00 de la mañana en el encuentro con el Señor.

A partir de hoy, y hasta el próximo sábado, el Evangelio de la Misa nos presenta el «discurso escatológico» de Jesús, en el que nos habla de los acontecimientos futuros y los relativos al fin del mundo. Hoy tenemos el segundo lamento de Jesús sobre su ciudad, Jerusalén anunciando su próxima ruina. Pero san Lucas lo cuenta mezclando planos con otro acontecimiento más lejano, el final de los tiempos, porque es difícil deslindar los dos (Lc 21,5-11). La perspectiva futura la anuncia Jesús con un lenguaje apocalíptico y misterioso: guerras y revoluciones, terremotos, epidemias, espantos y grandes signos en el cielo. Pero «el final no vendrá en seguida», y no hay que hacer caso de los que vayan diciendo «yo soy», o «el momento está cerca».

El final de los tiempos, está por llegar. No es inminente, pero sí es serio. El mirar hacia ese futuro no significa aguarnos la fiesta de esta vida, sino hacernos sabios, porque la vida —como la que celebra y agradece hoy mi hermano— hay que vivirla en plenitud, sí, pero responsablemente, siguiendo el camino que nos ha señalado Dios y que es el que conduce a la plenitud. Esta semana, y durante el Adviento, escucharemos repetidamente la invitación a mantenernos vigilantes. Que María santísima, intercediendo por nosotros, nos ayude a permanecer así, atentos, vigilantes, conscientes de nuestra condición de peregrinos que caminan hacia el encuentro definitivo con el Señor. ¡Bendecida noche de martes!

Padre Alfredo.

lunes, 27 de noviembre de 2023

«Aquella viuda en el Templo»... Un pequeño pensamiento para hoy


No escribía nada desde hace días y, como anoté en mis últimas líneas, aquí voy de nuevo con unas cuantas palabras ahora que estamos terminando el año litúrgico y después de unos días de descanso que me permití tomar junto a mi madre y con Manolo y Carmen después del arduo trabajo de la Asamblea Nacional de Van-Clar de este 2023. Debo ser sincero y decirles que he gozado muchísimo estos días que se me fueron como agua y que marcan una de las semanas más maravillosas que he tenido en este año. Me llena de alegría el poder haber tenido la oportunidad de valorar lo necesario que es el descanso para reponer fuerzas y seguir adelante dándole al Señor la gloria que me merece en la entrega diaria.

Ahora voy a las últimas páginas que leeremos, del evangelio según san Lucas, en esta semana 34 del tiempo ordinario, y que se refieren a los últimos días de la vida terrestre de Jesús, justo antes de la Pasión. Hoy Jesús enseña en el Templo, después de haber hablado tanto, en los caminos, en los pueblos, a la orilla del mar, en las sinagogas provincianas. Él, el Hijo de Dios, el Portavoz de Dios, se contenta con reunir a su alrededor, como lo hace un simple orador de paso, a los pocos oyentes que tengan a bien escucharle. Allí vio a los ricos que depositaban sus donativos y también a una viuda necesitada que echaba dos moneditas (Lc 21,1-4).

La mirada de Dios, la apreciación de Dios sobre lo que somos y hacemos es muy importante. Él no se deja ganar en generosidad y por eso está atento a los pequeños signos que hablan de «darlo todo», como la viuda en cuestión. La buena mujer dio poco, pero lo dio con humildad y amor. Y, además, dio todo lo que tenía, no lo que le sobraba. Aunque no sepamos su nombre, su gesto está en el Evangelio y ha sido conocido por todas las generaciones, como el «sí» de María y de los santos, que lo dieron todo por el Reino. Que el Señor nos aliente a darlo todo. ¡Bendecida noche de lunes!

Padre Alfredo.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Desde la xxxv Asamblea de Van-Clar… Un pequeño pensamiento para hoy


Estoy nuevamente de viaje, luego de unos días muy agitados en los que ha sido imposible sentarme a escribir un poco de manera espontánea, dado que más bien he tenido que escribir para terminar tareas pendientes respondiendo correos, haciendo cartas y demás encomiendas que me hacen pasar largos ratos frente a la computadora sin poder darme el lujo de hacer este pequeño pensamiento desde hace algunos días. Tuve, la noche del 16, luego de una noche intensa de trabajo, el anhelo de escribir un poco, pero, para dejar unos cuantos de los 58,760 pendientes a medio resolver ya no dormí y mucho menos escribí. Intenté ayer en mi vuelo a mi querida «Selva de Cemento» en donde solamente estuve unas cuantas horas, entre otras cosas, en una reunión virtual con zoom con uno de nuestros obispos y algunos sacerdotes y continué a Cuernavaca en donde me encuentro. Igual quise escribir en el autobús, pero, de nueva cuenta, caí rendido. Aquí estaré hasta mañana y volaré Dios mediante a una región de nuestro México lindo y querido en donde no sé ni siquiera si habrá señal. Así que lo más probable es que vuelva a dar señales de vida, si Dios permite, hasta el domingo 26 o lunes 27.

Me encuentro aquí en la ciudad de la eterna primavera porque desde ayer nuestra Familia Inesiana se engalana con la celebración de la XXXV Asamblea Nacional de Van-Clar. Estamos reunidos de las diversas regiones de México en donde Van-Clar está presente. Tal vez se preguntará más de uno de mis 7 lectores de dónde viene ese nombre de Van-Clar. La beata María Inés lo eligió porque pensaba —adelantada a sus tiempos— que los laicos eran la «vanguardia» de la Iglesia en la tarea de la evangelización y, por su cariño a Santa Clara —fue 16 años monja Clarisa de clausura antes de la fundación— les puso por nombre: «Vanguardias Clarisas», abreviándolo como VanClar.

Bien, después de este preámbulo que parece querer adueñarse de la reflexión de este pobre padrecito para el día de hoy, voy rápidamente al Evangelio que es de la memoria de la dedicación de las basílicas de san Pedro y San Pablo en Roma y está tomado de san Mateo (Mt 14,22-33). En él, el evangelista nos narra la escena de aquel momento en el que Pedro, caminando por encima del agua como lo hacía Jesús, duda de que pueda culminar el sendero emprendido y empieza a ahogarse. ¡Cómo debe haber quedado grabado en el corazón de Pedro aquella enseñanza!: «hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste? No dudemos nunca de que el Señor está con nosotros. Pidamos con sencillez a María, la Madre de Dios y la mujer rebosante de confianza en el Señor, que nos haga valientes para vivir la fe y contagiarla. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

domingo, 12 de noviembre de 2023

MENSAJE DE APERTURA DE LA ASAMBLEA PARROQUIAL 2023. NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO EN SAN NICOLÁS


Queridos hermanos miembros de los diversos servicios pastorales, movimientos apostólicos y grupos de nuestra querida comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás. Estimado padre Luis, hermano en religión y vicario parroquial (esto si está presente). Muy apreciado diácono Juan, necesario colaborador en nuestra parroquia.

Nos ha convocado el Señor en esta Santa Misa para hacer la apertura de nuestra primera Asamblea Parroquial desde que el Señor quiso ponerme al frente de ella como párroco. Esta reunión, por este motivo, tiene un significado especial al que se une la reciente promulgación del plan de pastoral de nuestra arquidiócesis y la insistente llamada del Santo Padre, sobre todo en la síntesis de la primera fase del Sínodo de los Obispos, que acaba de concluir, para trabajar en sinodalidad.

No solamente el Papa Francisco, sino los papas anteriores, han exhortando a lo largo de un siglo a que todos los bautizados asumamos el compromiso misionero, que es envío y tarea de la Iglesia universal. Las enseñanzas de los Papas siguen orientando, junto al magisterio del Papa Francisco, nuestra acción evangelizadora y pastoral, ayudándonos a superar la idea errónea de que el respeto a las demás religiones y a las culturas de los pueblos tenga que inhibir la proclamación del Evangelio. Tampoco la que hoy llamamos «inculturación» de la fe puede significar capitular ante el reto de las diversas culturas, que han de ser también evangelizadas, porque el Evangelio purifica y transforma todas las realidades humanas y, en consecuencia, también las culturas. El Santo Padre nos invita constantemente a abrir las puertas de la Iglesia para que todos quepan y se encuentren con el Evangelio de la alegría, porque el Evangelio purifica y transforma todas las realidades humanas que convergen en nuestra segunda casa, que es la parroquia.

En el número 20 de la síntesis que el 28 de octubre pasado nos dejó el Sínodo de los Obispos, los participantes, junto al Papa, nos han dicho que «Dios nos está ofreciendo la ocasión de experimentar una nueva cultura de la sinodalidad, capaz de orientar la vida y la misión de la Iglesia. Se ha recordado, sin embargo, que no basta con crear estructuras de corresponsabilidad, si falta la conversión personal a una sinodalidad misionera. Las instancias sinodales, en todo nivel, no reducen la responsabilidad personal de quienes son llamados a tomar parte en ellas, sea por su ministerio o por sus carismas, pero la reclaman después.»

En el número 8, del mismo reciente documento, encontramos lo siguiente: «Los fieles laicos están siempre muy presentes y activos en el servicio al interior de las comunidades cristianas. Muchos de ellos componen y animan comunidades pastorales, sirven como educadores en la fe, teólogos y formadores, animadores espirituales y catequistas y participan en diferentes organismos parroquiales y diocesanos. En muchas regiones, la vida de las comunidades cristianas y la misión de la Iglesia recaen sobre la figura de los catequistas. Además, los laicos prestan el servicio del safeguarding (salvaguardas) y de la administración. Su aportación es indispensable para la misión de la Iglesia; hay que cuidar, por tanto, que adquieran las competencias necesarias.»

Antes de leer este documento, un servidor sentía ya la urgente necesidad de dar paso a nuestra primera Asamblea, para dar paso a ese reto de la sinodalidad que tanto enriquece la vida de la Iglesia. Por muy importantes y útiles que sean el Consejo de Pastoral, la comisión de asistencia parroquial y el Consejo de Asuntos Económicos, se trata siempre de grupos minoritarios en relación con todos los fieles que pertenecen a la parroquia. ¿cómo reunirlos a todos? Resulta, ciertamente, algo imposible. Pero puede haber una institución que, al menos, los represente a todos y les ofrezca la posibilidad de hablar, y colaborar. Esta instancia es la Asamblea Parroquial.

A esto se une, de una manera muy especial, la invitación de nuestro Señor Arzobispo, que estuvo con nosotros presidiendo nuestra fiesta patronal, a trabajar en la puesta en práctica del nuevo Plan de pastoral de esta Iglesia diocesana y el anhelo, de muchos de ustedes, de conocer más la vida y la obra de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que con su espíritu y espiritualidad impregna, de una manera particular, esta comunidad parroquial haciéndola misionera para que todos conozcan y amen al Señor. 

El nuevo Plan de pastoral, como lo vamos a ver en nuestras diversas sesiones de estudio y trabajo, concreta propuestas y tareas con las que hemos de responder al difícil reto de la evangelización de la sociedad de nuestro tiempo, abierta y plural, enriquecida por muchas cosas, pero amenazada también por una serie de ideologías que llegan de muchos ámbitos y ante las cuales, abriendo las puertas de la parroquia, debemos prepararnos para saber cómo actuar conservando el apostolado de la sonrisa, como dice la beata María Inés. 

Quiero traer a colación, en este contexto, una figura bíblica que siento que viene a iluminarnos con su ejemplo ante una situación muy parecida a la nuestra, en la que hemos de enfrentarnos a un mundo que necesita de conversión para volver al camino del Señor. Me refiero a Jonás, porque, como comunidad parroquial, podemos tener su misma tentación, rebelde a la llamada de Dios a proclamar su palabra y exhortar a la conversión de Nínive, la ciudad símbolo del pecado. Jonás conoce la misericordia de Dios, sabe que es compasivo, misericordioso y perdonador, y siente celos del trato que Dios puede dar a los que se conviertan, los que a su juicio no merecen sino la condena eterna como enemigos de Dios y pecadores. El profeta Jonás representa al nacionalismo judío, refractario a la actitud misericordiosa de Dios con los extranjeros que, aunque son pecadores y enemigos de Israel, pueden responder a la llamada de Dios a la penitencia y convertirse. Jonás trata de convencerse a sí mismo de que los habitantes de Nínive son malos por principio y no merecen el perdón de Dios. Su postura es la misma que la del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo: se disgusta por la misericordia gozosa del padre ante el regreso de mal hermano pródigo, que ha vuelto a casa (cf. Lc 15,28-30).

Es la tentación de los buenos que tienden a refugiarse en su propia comunidad de ideas y afectos, excluyendo la novedad y el riesgo de hallarse, en palabras del Papa Francisco, «en salida». No quieren abrir las puertas del cenáculo en el que se han refugiado contra los peligros, y proclamar el Evangelio afrontando dificultades y obstáculos de una sociedad indiferente o marcadamente contraria a su proclamación y vigencia social. Algunos, además de esto, caen en la terrible tentación de criticar y dejar en mal a otros grupos de la parroquia, pastorales o movimientos, pensando que solamente su núcleo es pluscuamperfecto y que todo lo demás está mal, incluso al interno de la parroquia.

Al lado de esta tentación de los buenos está la tentación de los que no dan a la libertad infinita con la que Dios y lentamente han ido convenciéndose de que no es necesario evangelizar, porque Dios tiene caminos de salvación para cada pueblo y cultura, pues «todas las culturas son iguales», dicen con aplomo, y la proclamación evangélica podría atentar contra ellas. Jonás huía de Dios para sustraerse a la misión. Hoy nos parece que la misión ha terminado su tiempo y que es preciso convivir, sin molestarlas con la predicación, con todas las posturas religiosas, la indiferencia y el ateísmo, renunciando a proponer el Evangelio. Se duda de la necesidad de la Iglesia y de los medios de gracia para la salvación y así se relativiza estar o no bautizados, recibir o no los sacramentos de la fe que transmiten la vida sobrenatural a los fieles cristianos y sostienen la comunión de la Iglesia.

No podemos dejar de producir los frutos que Él espera de nosotros mediante la puesta en práctica de los compromisos apostólicos de ustedes, como laicos y el ejercicio pastoral de los que presidimos las comunidades la Iglesia y la pastoreamos con amor, llamados a dar su vida por ella.

Tenemos por delante un arduo trabajo de dos días, nunca antes realizado en esta extensión de tiempo en la comunidad, según me dice la mayoría. A pesar de que no se tratará de pláticas o conferencias solamente, sino de un arduo trabajo en dos días en los que no habrá tiempo de teorizar, hay que agradecer que el Señor nos regala este tiempo que es gracia de salvación. Es tiempo para fortalecer el apostolado de ustedes como laicos, para que la presencia de los cristianos en la sociedad tenga el alcance evangelizador que Cristo ha confiado a la Iglesia. Los diversos apostolados y carismas no pueden encerrarnos en compartimentos estancos en los movimientos o grupos, en una vida a veces paralela a la de Iglesia diocesana como comunidad abarcadora del conjunto de los fieles cristianos, que por el bautismo se hallan integrados en ella.

Todos nosotros, tenemos conciencia de que fuimos creados para alabar a Dios, para estar en contacto con Él, para tenerlo como fundamente de nuestras vidas. En él nos movemos, existimos y somos (Hch 17,28), por eso la Pastoral Litúrgica de nuestra parroquia nos hace vivir, como comunidad, este encuentro profundo con el Señor en la Santa Misa, en la Hora Santa y en las demás expresiones de fe en torno al Señor, a la Santísima Virgen, a los santos ya los beatos.

A nadie escapa que la educación en la fe, la Pastoral Catequética, reviste, al igual que la Pastoral Litúrgica y las demás pastorales, una importancia que no podemos dejar de valorar, cediendo lentamente terreno que el laicismo de una sociedad alejada del cristianismo ha infiltrado en la cultura cristiana. La educación de la fe en la etapa inicial para muchos niños y adolescentes, incluso jóvenes y alguno que otro adulto —tenemos entre el catecumenado para los sacramentos de la iniciación en el curso actual, a una persona de 42 años, que apenas se prepara para recibir el bautismo, la confirmación y la primera comunión—es tarea ineludible de la formación en la fe, de la cual no podemos abdicar en la Iglesia. 

Sin esa formación permanente, estaríamos perdidos, por eso la Pastoral Profética, la pastoral de la Palabra, impregna nuestro caminar como personas y como parroquia. Del mismo modo hemos de fortalecer la formación de todos en la vida familiar conforme a la fe en la Pastoral Familiar, que debe abarcar también el amor a la vida y la defensa de la misma; el acompañamiento de los novios, especialmente a los que caminan ya acercándose al compromiso matrimonial y a los divorciados vueltos a casar o en segunda unión.

Estamos llamados, como comunidad parroquial, a afianzar la dimensión caritativa y social de la vida y la acción de los cristianos en favor de los más necesitados y débiles fortaleciendo la más débiles y olvidadas de nuestras pastorales, la Pastoral Social. A esta se une un área que debemos cultivar, la Pastoral de la Salud. No podemos olvidar, los nuevos retos como el paso de migrantes por nuestro territorio parroquial a quienes nos falta atenderles por lo menos en lo más básico.

Nuestra parroquia, bendecida, además con la presencia y participación de muchos jóvenes, debe tener, también, gracias a la Pastoral Juvenil, un espacio para ellos, porque, como afirma también la síntesis del Sínodo a la que me he referido: «con sus dones y sus fragilidades, al tiempo que crecen en la amistad con Jesús, se hacen apóstoles del Evangelio entre sus coetáneos», y son, como he afirmado varias veces, nuestros relevos en la vida eclesial. Un área importantísima en nuestra parroquia, es la Pastoral del Hermano Mayor, atendiendo a la realidad de que, nuestro territorio parroquial está habitado, en gran parte, por personas que, como su párroco, pasan los sesenta años de vida y requieren, los más grandes, de una atención especial. Falta abrir, entre otras cosas, un espacio especialpara las personas viudas.

Todo esto es evangelizar y hacer de la vida ordinaria de cada día, un campo de misión, sin renunciar a poner mente y corazón en sostener con la plegaria y la colaboración material la acción «ad gentes»: la acción evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión, y el apoyo que hemos de prestar a las Iglesias jóvenes. Para lograrlo también hemos de sentirnos como Iglesia que valora la Pastoral Misionera que envía, porque, como dice el Apóstol en la carta a los Romanos: «¿Cómo van a invocar a Dios, si no creen en él?, ¿Cómo van a creer, si no oyen hablar de él?, y ¿cómo van a oír sin nadie que proclame?, y ¿cómo van a proclamar si no los envían?» (Rm 10,14-15a). Todos los miembros de los grupos que integran nuestra parroquia son hoy como siempre valiosos agentes de evangelización, colaboradores del ministerio pastoral que requieren formación y compromiso.

Un campo especial en esta «Iglesia en salida» es la reciente creación en la parroquia, de la Pastoral Penitencial, que, desde esta condición misionera, lleva, junto a la Palabra de Dios, la esperanza del Señor, que no abandona. 

El número 17 de la síntesis del Sínodo, habla de una Pastoral que en nuestra parroquia está en pañales y que se integra por unas cuantas personas, la Pastoral de las Redes Sociales. Este valioso documento de la Iglesia anota: «Internet está cada vez más presente en la vida de los muchachos y de las familias. Si es verdad que tiene un gran potencial para mejorar nuestra vida, puede también causar daños y heridas, por ejemplo, a través del bullying, la desinformación, la explotación sexual y la dependencia. Es urgente reflexionar sobre cómo la comunidad cristiana pueda apoyar a las familias para garantizar que el espacio online sea no sólo seguro, sino también espiritualmente vivificante. Las iniciativas apostólicas online tienen un alcance y un radio de acción que se extiende más allá de los tradicionales confines territoriales».

Hermanos, vivimos como parroquia, las nuevas realidades del siglo XXI, entre las que destaco que la mayoría de los miembros que están activos en nuestros grupos parroquiales son personas de todas las edades, colores y sabores, que viven fuera del territorio parroquial y que han  encontrado aquí, en esta nuestra segunda casa, un espacio que les abre al encuentro con Dios, con su Madre Santísima, con la beata María Inés y con una comunidad de puertas abiertas

En una carta circular del 29 de junio de 1977, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, expresa algo que ahora, nos viene muy bien: «Lo importante hijos es que no estemos ni un solo momento pasivos ni interior ni exteriormente, que recordemos y en todo momento que «es urgente que Él reine» en los corazones, en las familias, en las comunidades religiosas, parroquiales, diocesanas, nacionales y mundiales. Que Él viva en todos, reine en todos, sea conocido y amado por todos: de palabra y de obra. Mientras vivamos nos movemos y somos».

Hermanos, el Evangelio (Lc 16,9-15) que hemos escuchado en esta Misa de Apertura de nuestra Asamblea Parroquial, viene a iluminar nuestro ser y quehacer en estos días al recordarnos que el que es fiel en las cosas pequeñas, será fiel en las grandes y que no podemos servir a dos amos. De Jesús, queridos hermanos, se burlaron los fariseos, dice también el relato. No entendían ese desapego de las cosas materiales, el dinero en concreto en este pasaje, que él predicaba. También se podrán burlar de nosotros porque ponemos a Cristo y sus intereses en primer lugar y renunciamos, por conciencia ética y cristiana, a hacer los negocios sucios y trampas que otros hacen, al parecer impunemente en el mundo que nos puede contagiar. 

Recordemos el aviso que Jesús repite sobre el peligro de aferrarse a los bienes materiales: nos bloquean para las cosas del espíritu, de modo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino. Los que aceptan el Reino son los que no están llenos de sí mismos ni de ambiciones humanas sino los que saben, como dice la beata María Inés, que Jesús es la única realidad y que en torno a él, especialmente teniéndolo como centro en la Eucaristía, debe girar nuestra vida. No podemos quedarnos como el joven rico del Evangelio, que no acogió la invitación de Jesús y se marchó triste, porque en el fondo, estaba lleno de sí mismo, cosa que también estorba para el Reino.

Este mensaje de apertura parece interminable, pero ya casi llego al final. Quiero terminar, antes de continuar con la celebración de la Santa Misa, invitando a todos a comenzar con ilusión esperanzada este peliagudo trabajo en nuestra Asamblea Parroquial, dispuestos a fortalecer la vida parroquial y proyectarla con voluntad misionera en la sociedad actual. Pidámosle a la Reina de las misiones y Estrella de la evangelización, a quien en nuestra parroquia la vemos vestida de Nuestra Señora del Rosario, que nos ayude a llevar a Cristo a nuestros hermanos. Ella nos alienta a tener a Jesús en el centro de nuestra existencia en lo momentos de gozo, de luz, de dolor y de gloria. Que su intercesión nos ayude a vivir aquella adhesión a Cristo que es comunión por medio de Él con el Padre en el Espíritu Santo, para que el mundo crea que Jesús es el único Salvador de todos.

¡Buen trabajo para todos en esta Asamblea Parroquial!

Padre Alfredo, M.C.I.U.

11 de noviembre de 2023.

viernes, 10 de noviembre de 2023

«El administrador deshonesto»... Un pequeño pensamiento para hoy


En el Evangelio de hoy (Lc 16,1-8) encontramos una parábola que trata de la administración de los bienes. Se le conoce como la parábola del administrador deshonesto; una parábola que es desconcertante, pues el administrador emplea contactos, conocidos y habilidades comerciales para lograr su objetivo con audacia y astucia, aunque eso lleve prácticamente la acción de robar.

Hay que entender que Jesús no está alabando el robo, sino precisamente esa «sagacidad» del administrador, que sabe calcular bien las cosas y encontrar una salida en una situación extrema. Por eso afirma que los hijos de este mundo saben ser expertos en sus cosas, aunque recurran a triquiñuelas como la que el administrador hace y que los hijos de la luz deben aprender a ser expertos en la solución de sus problemas, usando, por supuesto, no los criterios del mundo —pues que Jesús no avala el pecado— sino los criterios del Reino. La virtud humana de la «sagacidad» consiste en la habilidad para encontrar los medios justos y más eficaces para alcanzar un objetivo, y, en el caso del hombre y la mujer de fe, debe ser la búsqueda de cómo vivir mejor nuestra fe y amor a Dios.

Jesús, continuamente, insiste en que nos arriesguemos y dejemos todo por el Reino de Dios. Hay algunos son muy capaces de obtener lo que se proponen en el ámbito del trabajo, de la familia o con las amistades. En cambio, se comportan con temor y se sienten impotentes a la hora de hablar de Jesucristo y de su doctrina, o de hacer algo por la construcción de la civilización de la justicia y del amor cristianos. Bajo la mirada de María, nos podemos preguntar: ¿cómo andamos en esto? ¿tendremos la audacia para lograr una relación profunda con Cristo? ¿Podremos arrancar del Corazón de Jesús la conversión de quienes se han dejado llevar por los criterios del mundo? ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 9 de noviembre de 2023

«El celo por la Casa del Padre»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estos días he estado acompañando a un grupo de más de 350 señoras miembros de la Agrupación de Esposas Cristianas en Ejercicios Espirituales. Hemos estado reflexionando, iluminados por la Palabra de Dios en el Evangelio de San Lucas y llevando a la vida de cada una y sus circunstancias, el ejemplo vivo de su fundadora la señora María Luisa Josefina Morales Parkman, mejor conocida como la «Señora Campos», por el apellido de su esposo Salvador, también, como ella, de feliz memoria. No falta quien, en medio de las otras ocupaciones del día a día, me dice que me meto en muchos líos porque me comprometo a una y otra cosa. La verdad es que, cuando se trata de Ejercicios Espirituales, me cuesta mucho trabajo decir «no puedo», porque sé del gran bien que el Señor hace en este tiempo que siempre es de gracia.

El día de hoy, junto a las reflexiones que he de compartir con estas maravillosas mujeres, la liturgia de la Palabra, en la fiesta de la dedicación de la basílica de San Juan de Letrán, nos ofrece, en el Evangelio de San Juan, una perícopa evangélica (Jn 2,13-22) que nos deja una gran enseñanza y que sintoniza mucho con los temas que estoy tratando en este retiro particularmente destinado a señoras dirigentes de grupos de mujeres que han sido llamadas a la vocación del matrimonio, algunas de ellas ya viudas. El pasaje nos muestra una actitud de Jesús nada vistas en otros relatos. Jesús expulsa a los mercaderes del templo tomando una actitud fuerte contra ellos, porque el celo por la casa del Padre le devora y no puede ver que a su Padre no se le dé la gloria que le corresponde. 

Al ver la figura excepcional de la Señora Campos, veo el «celo» por la casa de Dios que a ella le devoraba también. No en balde dejó la comodidad de su hogar para lanzarse a fundar una Agrupación que ayudara a la mujer casa a vivir en plenitud su vocación de esposa, madre y apóstol del hogar y del mundo. ¿Conocen ustedes algo de esta increíble mujer? Les invito a buscar en Internet los artículos y videos sobre ella y les pido encomienden a estas señoras que aguantan a este padrecito que no quiere en ellas otra cosa, sino ver hecho vida el ideal de su fundadora. Que María Santísima, cuyo celo por los intereses de su Hijo es siempre motivante, nos ayude. Ella nos dirá: «Hagan lo que Él les diga». ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

«Hay que cargar con la cruz para seguir a Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy

El seguimiento de Jesús nunca ha sido fácil. Eso explica el por qué el Evangelio afirma que algunos no aceptan la invitación al banquete del Reino, porque se trata de una cuestión exigente y no se trata sólo de sentarse a una mesa. En el relato evangélico de hoy (Lc 14,25-33) Jesús nos dice que, para ser discípulos suyos, hay que diferir los asuntos del padre y la madre, la familia, e incluso hay que dejarse sí mismo, además de estar dispuestos a llevar la cruz detrás de Él.

Si se tratara de hacer una selección en las páginas del evangelio, y construirnos, —como algunas gentes de nuestro tiempo quieren— un cristianismo a nuestra medida, «a la carta», entonces sí que tendríamos un camino fácil. Pero el estilo de vida de Jesús es exigente y radical, y hay que aceptarlo entero. La fe en Cristo abarca toda la vida y todas las circunstancias de la vida. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar para ser discípulos–misioneros de Jesús y asegurarnos así los valores definitivos? Para las cosas de este mundo solemos ser muy sabios, y las programamos y revisamos muy bien: negocios, estudios, deportes. ¿También nos sentamos a hacer cálculos en las cosas del espíritu?

Jesús, para llevar a cabo su misión salvadora de la humanidad, renunció a todo, incluso a su vida. Por eso fue constituido Señor y Salvador de todos. Y nos dice que también nosotros debemos saber llevar la cruz de cada día, para hacer el bien como él y con él. Cada quien sabe cuál es esa cruz que ha de llevar y cada uno sabe también las condiciones de terreno por donde ha de llevar la cruz. Pidamos a María santísima su intercesión para no desfallecer en el arduo camino que nos toca recorrer. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

viernes, 3 de noviembre de 2023

«Ver por los que nos necesitan»... Un pequeño pensamiento para hoy


Lo fundamental, en los pasajes en los que Jesús dialoga con sus adversarios sobre el sentido del sábado, es que él quiere darles a entender que la mejor manera de honrar el sábado, que para los judíos es el día santo, es practicar la caridad con los necesitados. Y por eso les echa en cara que por interés personal, por ejemplo para ayudar a un animal de su propiedad, como sucede en el Evangelio de hoy (Lc 14,1-6), sí suelen encontrar motivos para interpretar más benignamente la ley del descanso. Por lo tanto, no pueden atreverse a acusarle a él si ayuda a un enfermo.

Uno de los 39 trabajos que se prohibían en sábado era el de curar. Pero una reglamentación, por religiosa que pretenda ser, que impida ayudar al que está en necesidad, no puede venir de Dios. Será, como en el caso de este pasaje, una interpretación exagerada, obra de las escuelas rigoristas que se habían adueñado de la enseñanza de la ley. A la luz de esto podemos preguntarnos: ¿qué excusas ponemos nosotros para no salir de nuestro horario, en ayuda del hermano? ¿el rezo? ¿el trabajo? ¿el derecho al descanso? Todos los días son días de caridad, en que nos ocupan detalles pequeños de humanidad con los demás.

Es curioso que la «Ley» que se impone en nuestra sociedad actual mueve cielo y tierra para perseguir beneficios individuales, pero poco hace para ayudar al necesitado. A veces, si nos descuidamos, ese mal se nos puede pegar... Hay que pedir la intercesión de María santísima, siempre atenta a las necesidades del prójimo, como nos muestra el hecho de que se encaminó presurosa y estuvo al tanto de los novios en Caná. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 2 de noviembre de 2023

«En el día de los fieles difuntos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ayer nuestra reflexión se centró en ver, para imitar, a todos aquellos que por su santidad, anónima o no, gozan de la plenitud de Dios. Hoy en cambio recordamos a los fieles difuntos. De todos los fieles difuntos no podemos afirmar su comunión con Dios como podemos hacer cuando hablamos de los santos, sino que, más conscientes de sus vidas, de su debilidad, oramos por ellos para que lleguen a unirse a todos los santos del cielo. Evidentemente que las dos celebraciones están muy ligadas, pero hoy, recordando a los difuntos, nos debemos sentir llamados a una actitud de oración, de esperanza, de confianza.

Todos hemos pasado por la experiencia de la muerte de una persona querida. Esos momentos de despedida, ¿no son siempre un momento para hacer balance? ¿Para pensar en la vida? ¿Para pensar cómo amamos a Dios y al prójimo? Y algunos, ya de juventud acumulada —como decía la beata María Inés—, tal vez pensamos en nuestra vida porque toda muerte nos hace pensar que sólo tenemos una vida. Oramos por los difuntos, porque sabemos que no fueron perfectos aquí y porque sabemos que nosotros tampoco lo somos, y seguramente necesitaremos también de los sufragios que eleven los demás por nuestras almas.

Como discípulos–misioneros de Cristo, tanto nuestra vida hoy como nuestra esperanza de resucitar, debe estar centrada en Él. Cuando Jesucristo vivía entre la gente, antes de su muerte nos dijo muchas cosas útiles para vivir plenamente, las podríamos resumir diciendo que dijo que quisiéramos a Dios y nos amáramos unos a otros. ¡No dijo esto y se fue! Lo más interesante es que resucitó, se hizo presente y sigue presente entre nosotros y llama a todos a vivir como él vivió, para después poder seguir viviendo con él en la vida que nunca se acaba. Con María, oremos por nuestros difuntos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

«Ser santos... tarea y conquista»... UN pequeño pensamiento para hoy


Definitivamente me llama la atención, en primer lugar a mí, que no sea capaz de encontrar un espacio en el día para escribir, cosa que tanto me gusta, pero de verdad, creo que la vida me sobrepasa seguramente porque con los años ya no rindo lo mismo. Pero, qué más puedo hacer, aceptar que aunque mucha gente me reclame que no escriba, entienda que esto no es una obligación que nadie me haya impuesto y que el compartir mi pensar, es cosa que yo quiero hacer a pesar de enfrentarme con mi incapacidad de hacer rendir más el día, tal vez por no organizarme. En fin, ya es miércoles y el lunes pasado por la mañana empecé a escribir esto que entrecomillo y que era la reflexión para ese día: «Al leer el Evangelio de hoy (Lc 13,10-17), la figura de la mujer «encorvada» que no podía enderezarse. Es decir, una mujer que no podía ver la vida en plenitud, pues el que pasa la vida agachado solamente ve el piso y no puede contemplar el cielo. Una mujer que, como dice uno de los estudiosos de este pasaje bíblico, se agacha para que otros pasen, que, como describía el profeta exílico, “a ti misma te decían: póstrate para que pasemos, y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle de los que pasaban” (Is 51,23). Esta mujer, si vemos, es todo un símbolo de muchos que, agachados por l vida, sumergidos en tantas preocupaciones, críticas, incomprensiones y demás, van “agachados por la vida”.» Resulta que ya estamos iniciando un nuevo mes, noviembre, y yo aquí sigo sumergido en un sin fin de tareas, proyectos y encomiendas que no logro organizar ni terminar.

Ahora, que es día de todos los santos, retomo el escrito empezado, pero continúo con la reflexión para este día, mientras le pido a Dios que me conceda, si es su voluntad, seguir escribiendo. Y es que la verdad tengo un gran defecto que se ha acrecentado con los años... ¡necesito dormir por lo menos 6 horas diarias y en la noche, después de las 10 no doy una! No cabe duda de que para ser santo se requieren cosas tan sencillas y muchas de las cuales no soy capaz de abrazar. Sólo Dios es Santo, eso lo sabemos. La Santidad es algo propio de Dios. Por eso, hoy 1 de noviembre celebramos su santidad comunicada y manifestada en hombres y mujeres que se abrieron al torrente de la gracia de Dios y respondieron a ella en su vida entregándolo todo, viviendo de una manera heroica. Las bienaventuranzas, que san Mateo nos regala en el Evangelio de hoy (Mt 5,1-12), son un resumen de las enseñanzas de Jesús que nos muestran el modo de vivir cristiano que es una imitación del modo de vivir de Cristo, quien nos vino a demostrar que la felicidad está en la actitud de apertura y sencillez de los pobres, los sencillos, los humildes, los desapegados de los bienes, los pacíficos...

Las bienaventuranzas son un proyecto de felicidad que pasa por la imitación de Cristo, es decir, por la entrega de sí mismo y por la cruz. Jesús proclama bienaventurados a los que el mundo llama desafortunados, porque es Dios el único capaz de colmar el deseo insaciable de felicidad del hombre. Celebramos a todos los Santos, es decir también a los que no tienen un día en el Santoral, a tantos santos desconocidos, nuestros familiares, conocidos de nuestro pueblo, hombres y mujeres que en su vida cooperaron con la gracia, vivieron haciendo la voluntad de Dios y ahora gozan de su presencia en la Iglesia triunfante en el cielo. Dice el Apocalipsis que son una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas. Sus vidas nos dicen que «si se puede», que el camino de las bienaventuranzas es realmente un camino de gozo y plenitud. Con María y todos los santos, demos gracias por el regalo de la tarea y conquista de la santidad. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.