viernes, 4 de septiembre de 2026

«La trampa de farmear aura»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Me han dicho estos días que no saben a qué hora escribo para compartir mis reflexiones... ¡que voy atrasado!... que más bien parece un diario... que les llega de madrugada... Es comprensible creo yo, debido a que, con una diferencia de 13 horas con mi lugar habitual de escritura y un trajín entre misas y conferencias; encuentros con las hermanas y los Vanclaristas; cenas con bienhechores y gente en consulta... me ataranto tanto, que de repente no sé qué hora es en México. Ahora son las 5:25 de la tarde aquí y entiendo que son las 4:25 de la mañana allá. Voy regresando de un arduo día de trabajo en la Universidad Católica de Surabaya con el gozo de haber impartido una conferencia —gracias a la magia de la traducción— sobre la importancia de las reliquias de los beatos y los santos en la Iglesia y en concreto, a 350 personas de una iglesia joven, como es esta de Indonesia.

Hoy ha resonado en mí con un especial impacto la primera lectura de la misa (1 Cor 4,1-5) haciéndome pensar —entre los nervios de dar una conferencia con traducción y a una cultura tan diversa de la nuestra— que lo que hemos aprendido a los que nos gusta estudiar o a los que nos ponen a estudiar, nos ha sido confiado por Dios no para beneficio propio, sino para beneficio de la comunidad. Es que si somos seguidores de Cristo, nos tiene que quedar bien claro que somos servidores, es decir, amigos de Cristo y administradores de su gracia. Esta es y debe ser también la identidad, la misión y el talante de una comunidad eclesial, como insta Pablo a los corintios. Hoy nos hemos reunido como familia en la fe, para valorar el recuerdo del testimonio de tantos hombres y mujeres que, marcados por el sello de la santidad, de alguna manera se hacen presentes en nuestras vidas en las reliquias que de ellos conservamos. ¡Qué seductora es la tentación de buscar aplausos y seguidores presentándose a sí mismo! Los santos y los beatos no cayeron en la trampa, esta trampa que hoy vivimos de otra manera con las redes digitales buscando likes y seguidores preocupados de «farmear aura» alimentando el ego personal. ¡Los santos no se dejaron llevar a pesar de la popularidad que muchos de ellos tuvieron! 

San Antonio de Padua (1195–1231) lograba reunir a más de 30,000 personas en sus sermones de Cuaresma; San Vicente Ferrer (1350–1419) reunían ntre 10,000 y 50,000 personas por conferencia; San Juan Pablo II (1920–2005) rompió todos los récords de auditoría presencial para un líder espiritual. Llegó a convocar auditorios de hasta 5 millones —como en Manila, Filipinas, en 1995— convirtiéndose en el conferencista más escuchado de la historia moderna. Esos hombres y mujeres son ahora intercesores, verdaderos influencers que, desde las reliquias que nos ayudan a sentirlos cercanos, ayudan al corazón cristiano para renovar su fe, y permiten así una mejor comprensión del Evangelio bajo el cuidado de María. Alguien me preguntaba que si me puse muy nervioso ante tanta gente... le dije que no, porque es Dios quien quiere que seamos santos y Él prepara y lleva la batuta en cada una de mis conferencias. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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